Cultura pop
«The Queen of Pop»: devoción, no imitación
Por Mike Sain't Louis ·

Hacer un homenaje es un ejercicio de equilibrio. Si te quedas corto, parece que no te importa. Si te pasas, acabas haciendo una imitación de feria. «The Queen of Pop» nació de esa duda y de una frase que tenía muy clara antes de empezar: no es imitación, es devoción convertida en arte performativo.
Una carta de amor
La canción es mi tributo personal e independiente a Madonna, a la que muchos llamamos la Reina del Pop sin necesidad de añadir nada más. No pretendo contar su vida ni explicar su importancia; eso lo han hecho otros con muchos más datos y muchas más páginas. Lo que quería era otra cosa: escribir una carta de amor de un artista a otra, desde un lugar muy pequeño hacia uno enorme.
Me gusta esa asimetría. Yo hago canciones desde Madrid, con las letras que escribo y la música que construyo con herramientas de inteligencia artificial. Ella es un icono planetario. Entre esos dos puntos hay una distancia ridícula, y precisamente por eso el homenaje tiene sentido. Los homenajes de verdad siempre van de abajo hacia arriba.
Por qué amamos a las divas
Hay una pregunta que sale mucho en las conversaciones: por qué tantos hombres gais tienen una relación tan intensa con las grandes cantantes del pop. Hay muchas respuestas posibles, y no pretendo tener la definitiva. Pero tengo una intuición.
Durante mucho tiempo, para mucha gente LGTBI, las divas fueron un espejo posible. Mujeres que se reinventaban, que provocaban, que se negaban a pedir perdón por existir de una forma excesiva. En una etapa de la vida en la que tú tenías que esconderte, ver a alguien en un escenario haciendo exactamente lo contrario era casi un permiso. No hacía falta que esa persona supiera que existías. Bastaba con que estuviera ahí, brillando.
Ese tipo de devoción no tiene nada de pasivo. Se baila, se copia el gesto delante del espejo, se discute con los amigos qué etapa es la mejor. Se convierte en identidad compartida. Y cuando uno empieza a crear su propio trabajo, esa devoción se cuela por todas partes, aunque no la nombres.
Estética retro, mirada propia
En el homenaje mezclo estética retro, arte queer y una nostalgia electrónica que me lleva directamente a las pistas de baile de otra época. Pero lo hago desde mi universo, Planeta Gayfolk, que tiene sus propias reglas. No quería disfrazarme de nadie. Quería mirar a una figura enorme con los ojos de alguien que viene de otro planeta, uno más pequeño, más casero, con más copla y más humor.
La diferencia entre imitar y reinterpretar está ahí. Imitar es copiar el traje. Reinterpretar es preguntarse qué te provocó ese traje la primera vez que lo viste y tratar de provocar algo parecido con tus propios materiales. Los míos son limitados, lo sé. Pero la intención es sincera.
También es una forma de rebeldía, aunque suene grande. Hacer un tributo independiente, con las herramientas que tengo a mano y sin esperar a que nadie me dé permiso, es un pequeño acto de libertad. Y si algo aprendimos muchos mirando a las divas es precisamente eso: que no hace falta esperar a que te abran la puerta para subirte al escenario.
El espíritu del outsider
En la presentación de la canción hablaba del espíritu outsider del pop independiente. Me reconozco en esa palabra. Hago lo que puedo con lo que tengo, y a veces lo que tengo es poco más que una idea y muchas ganas. Y sin embargo, la emoción que siento cuando suena una canción de mi diva favorita es la misma que siente cualquiera en primera fila de un estadio. La devoción no entiende de presupuestos.
Este tema es para quien alguna vez bailó delante del espejo creyéndose otra persona y descubrió, con el tiempo, que en realidad se estaba convirtiendo en sí mismo.
Si quieres leer el texto que acompaña a la canción, lo tienes en «The Queen of Pop». Y la canción se puede descargar gratis en la sección de descargas. Sube el volumen.