Letras
Un embarcadero que se pierde en la niebla, un lago sin orilla y coches flotando sobre un mar de nubes: las nieblas de Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

La niebla es una nube que ha bajado a ras de suelo. No hay ninguna diferencia química entre las dos: millones de gotitas de agua diminutas, suspendidas en el aire, tan pequeñas que no caen. La única diferencia es dónde están. Cuando flotan arriba, las miramos; cuando descienden hasta nosotros, nos envuelven. Y entonces el mundo cambia de tamaño. Lo que estaba a cien metros desaparece, lo que estaba a diez se vuelve un fantasma, y el universo se reduce a un círculo gris alrededor de quien camina.
En Planeta Gayfolk hay muchas nieblas. Detrás de ellas está Mike Sain't Louis, que suele presentarse así: «el primer cantautor IA», letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). En sus vídeos la bruma cubre lagos de montaña, se traga embarcaderos, deja flotando coches sobre un mar blanco, borra a medias las vías de una feria. Estas líneas se pierden entre esas nieblas siguiendo la canción que más vive dentro de ellas: «So Insignificant».
Una lista de cansancios
«So Insignificant» está escrita en inglés y empieza con una confesión muy simple: «I’m so tired,». Estoy muy cansado. No hay metáforas, no hay rodeos. Y enseguida explica de qué: una inquietud nueva que sumar a la pila de las que ya carga. Después, otra decepción, malas noticias recién llegadas, y una pregunta que cualquiera se ha hecho alguna vez en una mala racha: ¿cuándo se va a acabar esto?

La segunda estrofa sigue la misma lógica de acumulación. Falta de motivación, otra ruptura, la sensación de que todo es igual, de que las fuerzas se han agotado y de uno solo queda la etiqueta, «just a name.». Es uno de los versos más tristes del catálogo, porque describe con mucha precisión lo que hace la depresión con la identidad: vacía a la persona hasta dejarla en una etiqueta, en un nombre sin contenido.
Y luego llega el estribillo, que da título al tema. El narrador se describe como alguien de poca importancia, sin actuación, que nunca suma nada al día de nadie. «So insignificant». La palabra se repite tres, cuatro, cinco veces al final de cada estribillo, cada vez un poco más apagada, como una sirena de niebla que suena una y otra vez en la distancia sin que nadie conteste.
El embarcadero
El vídeo de «So Insignificant», que llegó a YouTube a primeros de diciembre de 2024, abre en un lugar que parece hecho de niebla. Un hombre vestido de cuero oscuro está de pie, de espaldas, al principio de un embarcadero de madera que se adentra en un lago. Delante de él no hay nada. O, mejor dicho, hay agua gris que se funde con un cielo gris, sin línea de horizonte, sin orilla al otro lado. El muelle se pierde en esa blancura como si condujera a ninguna parte.

En otros planos aparecen montañas oscuras, de perfil afilado, que asoman entre la bruma y vuelven a desaparecer. Hay viejos pilotes de madera que salen del agua, restos de embarcaderos que ya no se usan. Todo está quieto. El agua apenas se mueve. La niebla lo envuelve todo con una paciencia infinita.
La figura de espaldas encaja perfectamente con la letra. No le vemos la cara. No sabemos qué expresión tiene. Solo vemos a alguien que mira hacia un vacío gris, solo, al final de un camino de tablas. Es la imagen exacta de sentirse insignificante: una persona pequeña frente a un paisaje que no le devuelve nada.
Caminar sin ver
Quien ha conducido alguna vez de noche con niebla cerrada conoce esa tensión particular. Los faros no ayudan: la luz rebota en las gotas y forma una pared blanca delante del coche. Hay que bajar las luces, reducir la velocidad, seguir las líneas pintadas en el borde de la carretera como si fueran un hilo de Ariadna. Cada curva es una sorpresa. Cada coche que aparece de frente lo hace de golpe, de la nada.
Caminar a pie es parecido, aunque más lento. Se pierde la noción de distancia. Un árbol que parecía lejano aparece de pronto a dos pasos. Los sonidos llegan amortiguados, extraños, sin dirección clara. El perro de una granja ladra y no sabes si está a cien metros o a un kilómetro. Uno se vuelve muy consciente de su propio cuerpo, de sus pasos, de su respiración, porque es lo único que se percibe con claridad.
Muchas personas con depresión o ansiedad describen sus días exactamente así. No es que todo duela de forma aguda; es que todo se percibe amortiguado, lejano, sin contornos. Las conversaciones llegan como a través de algodón. Las tareas sencillas exigen una concentración enorme, como conducir en niebla. Y la sensación de soledad se multiplica, porque aunque haya gente cerca, no se la ve.
«So Insignificant» habla desde ese lugar. Su narrador no grita ni se rebela. Está cansado, apagado, envuelto en gris. Y su pregunta, cuándo se acabará esto, es la de quien lleva mucho rato conduciendo despacio sin ver el final de la carretera.
El lago sin orilla
Hay un detalle de los planos del lago que me parece fundamental. Nunca vemos la otra orilla. El agua gris se funde con el cielo gris sin que haya una línea que los separe, y eso convierte el paisaje en algo infinito, sin límites. Un lago es, por definición, una masa de agua rodeada de tierra. Pero aquí la tierra ha desaparecido.
Esa falta de orilla es lo que vuelve tan angustiosa la imagen. Cuando miras un lago normal, sabes que al otro lado hay algo: un pueblo, un bosque, una carretera. Puedes imaginar que llegas. En el lago de «So Insignificant», en cambio, el muelle termina y delante solo hay blanco. No hay destino visible.
Y sin embargo, cualquiera que conozca un poco la montaña sabe que esos lagos tienen orilla. La niebla simplemente la tapa. Si uno esperara unas horas, o volviera otro día, vería el bosque de enfrente, las casas, las barcas amarradas. La ausencia es temporal. Es una ilusión del tiempo atmosférico, no una verdad del paisaje.
Pilotes en el agua
Hacia el final del vídeo, la cámara vuelve a los muelles, pero ahora son más viejos, más rotos. Una figura camina sola por un embarcadero de tablas desgastadas hacia un mar envuelto en neblina, entre pilotes negros que sobresalen del agua como dientes. La luz es blanca, lechosa, sin sombras.
En otro momento, alguien con un acordeón a la espalda avanza por las tablas mojadas hacia el agua, que brilla un poco bajo un sol tapado por la bruma. Es una escena casi de película europea antigua, de puerto de pescadores en invierno. El acordeón, instrumento de verbena y de taberna, se ve aquí extrañamente solitario, como una fiesta que se ha quedado sin invitados.
Los embarcaderos son lugares de partida. Desde ahí salen las barcas, ahí se despide a quien se va. Pero en «So Insignificant» nadie embarca. Las figuras llegan al final del muelle y se quedan mirando. No hay barco. No hay nadie que venga a recogerlas. Solo niebla.
Niebla, neblina, bruma
Los meteorólogos distinguen entre varios tipos de humedad suspendida según cuánto deja ver. Si la visibilidad baja de un kilómetro, se habla de niebla. Si se ve algo más lejos, de neblina. Y la bruma, en muchos usos, es esa niebla ligera y salada que se forma sobre el mar o junto a la costa, más luminosa que la niebla espesa del interior.
Las tres palabras describen grados de ceguera. Y las tres sirven para hablar de estados de ánimo. Hay días de bruma, en los que uno ve el mundo un poco velado, como a través de un cristal empañado. Hay días de neblina, en los que cuesta concentrarse y decidir. Y hay días de niebla cerrada, en los que no se ve más allá del propio cuerpo y todo lo demás parece haber desaparecido.
La depresión tiene mucho de niebla. No se trata solo de tristeza: es una especie de bruma mental que dificulta pensar, recordar, tomar decisiones sencillas. Mucha gente la describe así, como caminar dentro de una nube. «So Insignificant» está escrita desde el corazón de esa nube.
Coches sobre un mar de nubes
La segunda niebla de esta nota es luminosa y juguetona. Está en el vídeo de «Brilla Bruma», publicado el 25 de septiembre de 2025, cuyo título ya juega con la palabra. Aquí la bruma no es gris, sino blanca y dorada, y no está a ras de suelo: forma un mar de nubes por encima del cual flotan coches antiguos de colores.

En cierto momento, un sol enorme estalla en rayos sobre ese mar blanco, y en primer plano varios coches de los años setenta, crema, turquesa, verde menta, cobre, descansan sobre las nubes como si estuvieran aparcados en un descampado. En otro, una fila de utilitarios de colores vivos avanza por encima de la blancura hacia el borde del encuadre. Y en otro, tres coches, uno de ellos con franjas de arcoíris en la carrocería, cruzan el aire a distintas alturas, suspendidos sin ruedas que los sostengan.
Aparece además una carretera recta en mitad de un páramo, con un coche blanco aparcado en el arcén y otro naranja asomando por el borde de la imagen. Es el único plano con suelo firme, y funciona como recordatorio de dónde venimos: de la tierra, de la carretera, antes de subir por encima de la niebla.
El mar de nubes
En Canarias hay una palabra preciosa para un fenómeno muy concreto: el mar de nubes. Cuando los vientos alisios empujan la humedad del océano contra las montañas, se forma una capa de nubes bajas que queda atrapada a media altura, entre los mil y los mil quinientos metros. Quien sube a una cumbre por encima de esa capa ve algo extraordinario: un océano blanco, inmóvil, que se extiende hasta el horizonte, con las cimas de otras islas asomando como si fueran barcos.
Abajo, en la costa, la gente vive ese mismo fenómeno de otra manera. Para ellos es un cielo gris, cubierto, lo que en algunas islas se llama panza de burro. Un techo bajo que tapa el sol durante días. La misma nube, vista desde abajo, es tristeza; vista desde arriba, es maravilla.
«Brilla Bruma» parece contarnos la versión de arriba. Los coches flotan por encima del techo gris, al sol. Es la misma niebla que en «So Insignificant», pero vista desde el otro lado. Y me gusta pensar en las dos canciones como dos alturas de la misma montaña. En una, estás en el embarcadero, dentro de la nube. En otra, has subido por fin por encima de ella.
Una vía que no se ve terminar
Hay una tercera niebla en el catálogo, más inquietante. En el videoclip de «Montaña rusa» aparece una vía de atracción vacía que se adentra en la bruma entre los árboles, con los rizos de acero dibujados al fondo como esqueletos. No hay vagones. No hay gente gritando. Solo los raíles que suben y bajan hasta perderse en el gris.
Es una imagen muy precisa de la incertidumbre. En una montaña rusa sabes que habrá subidas y bajadas, pero normalmente ves el trazado completo antes de subir. Aquí no. La niebla oculta lo que viene después de la próxima curva. Podría ser una caída, podría ser una subida, podría ser el final del recorrido. No hay manera de saberlo hasta llegar.
En «So Insignificant» también aparece una feria entre la niebla: estructuras de atracciones, una noria, raíles oxidados medio tragados por la bruma y la hierba. Una feria sin música, sin luces, sin nadie. Es el lugar de la alegría convertido en ruina silenciosa, y encaja con esa sensación de que lo que antes divertía ya no consigue llegar.
Vapor en el andén
No todas las nieblas son naturales. En las estaciones de antes, cuando las locomotoras funcionaban con carbón, el andén se llenaba de nubes enormes de vapor cada vez que un tren entraba o salía. Durante unos segundos todo desaparecía: los vagones, las farolas, la gente que esperaba con la maleta en la mano. Y luego, poco a poco, las formas volvían a dibujarse entre el blanco, y alguien bajaba del tren y buscaba con los ojos a quien había venido a recogerle.
Era una niebla de llegadas, no de despedidas. Ese vapor anunciaba que el tren estaba ahí. Pienso en esas imágenes cuando escucho «Holy Stillness», la nana tranquila del catálogo, que habla de calma, de quietud y de una oscuridad que se vuelve amable. No describe estaciones, pero comparte con ellas esa idea de un gris que no amenaza, que envuelve y protege mientras llega el momento de ver claro.
Me gusta tenerla presente junto a «So Insignificant». Las dos hablan de cansancio y de soledad en algún momento. Pero en una el gris se queda quieto sobre el lago, y en la otra el silencio arropa, como una manta. La niebla no siempre es un muro. A veces es solo el instante previo a ver aparecer a quien esperabas.
Sirenas de niebla
En los faros y en los puertos antiguos había un aparato pensado precisamente para los días de niebla: la sirena de niebla. Cuando la bruma impedía ver la luz del faro, se encendía un sonido grave y potente, que se repetía cada pocos segundos para que los barcos supieran dónde estaba la costa y no se estrellaran contra las rocas. Un aviso sonoro para cuando la vista no sirve.
El estribillo de «So Insignificant» funciona de manera parecida. Esa palabra repetida al final, una y otra vez, es una señal en mitad de la niebla. Alguien que no consigue ver a nadie a su alrededor, y que aun así sigue emitiendo un sonido, por si acaso hay alguien cerca que lo escuche.
Y ahí está, creo, lo más importante de la canción. Quien se siente insignificante no se calla del todo. Sigue diciendo que lo es. Y decirlo, aunque sea en forma de queja, ya es una manera de pedir que alguien conteste. Las sirenas de niebla no sonaban para nadie concreto. Sonaban para quien estuviera ahí, en la oscuridad, intentando llegar a puerto.
Lo que la niebla no borra
La niebla engaña. Hace parecer que las cosas han desaparecido, pero no se ha ido nada. La montaña sigue en su sitio aunque no se vea. El otro lado del lago existe aunque el muelle parezca acabar en el vacío. Las personas que queremos siguen ahí, a unos pasos, aunque en un día de niebla mental no consigamos verlas.

Mike ha atravesado bancos de niebla muy densos. Casi veinte años de su vida transcurrieron junto a dos novios narcisistas, primero uno y luego otro. Le costó mucho poner palabras a aquello, y cuando lo hizo, se encontró con que habían convencido a una parte de sus conocidos de que el problema era él. Hubo un momento en que quiso morir y estuvo a punto de intentarlo. Ahora le siguen psiquiatras y psicólogos; el informe habla de TEPT, de una depresión mayor en su forma más grave, de fobia social, de ansiedad y de un trastorno evitativo. Componer es una de sus linternas para no extraviarse del todo en el gris.
Si tú andas ahora metido en una bruma así, no esperes sentado a que escampe. Haz sonar tu propia sirena: un mensaje a quien te quiere, una visita al centro de salud, una consulta con una psicóloga. Marcando el 024 desde España te responde una persona preparada para escuchar ideas de suicidio, sin coste, sin que quede tu nombre, a las once de la mañana o a las tres de la madrugada. Y si sientes que el riesgo es inmediato, el 112.
Cuando se levanta
La niebla de la mañana suele levantarse cuando el sol calienta el aire. Primero se adelgaza, se vuelve más blanca, más luminosa. Luego empiezan a asomar las formas: la silueta de un árbol, la punta de un tejado, el contorno de una montaña. Y al final, a veces de golpe, el paisaje entero aparece, nítido, como si alguien hubiera retirado una sábana.
Es un proceso que no se puede forzar. No sirve de nada soplar a la niebla ni gritarle. Hay que esperar a que el sol haga su trabajo. Pero mientras tanto, se puede caminar despacio, con cuidado, tanteando el suelo. Se puede encender una linterna. Se puede ir de la mano de alguien.
En el vídeo de «So Insignificant», la niebla no se levanta. La canción termina con la misma palabra repetida y el mismo gris alrededor. Pero el simple hecho de que exista «Brilla Bruma», con sus coches flotando al sol por encima de las nubes, sugiere que en Planeta Gayfolk hay una continuación posible. Que la niebla, vista desde arriba, también brilla.
Gris entre tanto rosa
La paleta visual del planeta es casi siempre rosa, magenta, neón. Por eso los vídeos de niebla destacan tanto. Introducen una paleta de grises, blancos lechosos, azules apagados, verdes húmedos. Son la cara silenciosa del planeta, la que aparece cuando se apaga la fiesta.
Pero incluso ahí asoma el color. En «Brilla Bruma», los coches de tonos pastel y el sol dorado devuelven la calidez al mar de nubes. En «So Insignificant», algunos planos nocturnos de avenidas mojadas, con letreros de neón rosas y verdes reflejados en el asfalto mojado, rompen el gris del lago. El planeta nunca se queda del todo sin color. Solo lo esconde un rato detrás de la bruma.
Para escucharlas y descargarlas
«So Insignificant» abre camino en el disco del descubrimiento del planeta, la primera parte de la trilogía. Cada tema citado aquí puede oírse de principio a fin en su ficha, y hay muchos más en el listado de canciones. Quien quiera tenerlos sin gastar un céntimo puede pasar por la tienda o por mikesaintlouis.com/descargas. «So Insignificant» está también en Spotify, y su vídeo se puede ver entero en su página, igual que el de «Brilla Bruma». Para periodistas, la información está en prensa.
Al final del muelle
Vuelvo al embarcadero del principio. La figura vestida de negro sigue de espaldas, mirando el lago sin orilla. Delante, solo gris. Detrás, las tablas por las que ha venido.
Me gustaría decirle lo que la niebla no deja ver. Que al otro lado del agua hay una orilla, aunque ahora no la distinga. Que la montaña sigue ahí, esperando a que se levante la bruma para enseñar su perfil. Que no es tan insignificante como cree, porque alguien, en alguna parte, está oyendo su sirena. Y que a veces basta con quedarse un poco más en el muelle, sin saltar al agua, sin rendirse, hasta que el sol de media mañana empiece a calentar el aire y el mundo vuelva, poco a poco, a tener contornos.
Preguntas frecuentes
¿En qué videoclips de Mike Sain't Louis hay niebla?
Sobre todo en «So Insignificant», con un lago cubierto de bruma, embarcaderos de madera que se pierden en el gris y una feria de atracciones medio borrada. También en «Brilla Bruma», donde coches de colores flotan sobre un mar de nubes, y en «Montaña rusa», con una vía vacía que se adentra en la niebla.
¿De qué habla «So Insignificant»?
Es una canción en inglés sobre el agotamiento y la sensación de no importar: otra preocupación, otra decepción, otra ruptura, y la idea de no sumar nada al día de nadie. El estribillo repite casi como un eco la palabra que le da título. Está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk».
¿Cuándo se publicó su vídeo?
El 4 de diciembre de 2024. Dura cuatro minutos y diecinueve segundos.
¿Cómo puedo escucharlas o bajarlas?
Las tres tienen ficha en gayfolkplanet.com para oírlas enteras, y se descargan sin pagar en la tienda de la web y en mikesaintlouis.com/descargas. Están también en Spotify.
¿Qué hago si todo me parece gris y sin sentido?
Busca a alguien con quien hablar: una persona cercana, tu médico, un psicólogo. En España, el 024 atiende gratis y en cualquier momento a quien piensa en el suicidio o sufre por alguien; si la vida corre peligro, llama al 112.