Letras
Un globo dorado sobre las flores, corazones negros sobre una procesión y un pasillo lleno de aire: los globos de Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

De pequeños, casi todos hemos soltado un globo sin querer. Se escapa el cordel de la mano, el globo sube, y uno se queda mirándolo con la boca abierta hasta que se convierte en un punto y luego en nada. Es una de las primeras pérdidas que se aprenden: algo que era tuyo y que ya no vuelve. Y también una de las primeras imágenes de libertad: algo que se va porque puede.
En los videoclips de Mike Sain't Louis hay muchos globos, y casi nunca son de cumpleaños. Hay globos aerostáticos, pompas de jabón, esferas de cristal, corazones de goma del tamaño de una casa, pasillos enteros llenos de aire de colores. Mike, compositor, letrista y productor, que se presenta como «el primer cantautor IA» (música e interpretación vocal hechas con IA), los ha ido repartiendo por canciones muy distintas. Esta nota los junta, empezando por la más ligera de todas, que es también la que menos palabras tiene.
«Lai», una canción hecha de aire
«Lai» pertenece a «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía. Su letra es casi un soplo. Unas pocas palabras sueltas en inglés, cada una con sus puntos suspensivos («Dream, soft dream...», «Shine, gentle shine...», «Glimmer, glimmer, fade...») y, entre ellas, un estribillo de sílabas que no significan nada y lo significan todo: «Lara-li, loora-li, Lai...». Es lo que se tararea cuando no se sabe la letra, o cuando no hace falta saberla.

Una canción así podría tener cualquier vídeo, y el que tiene es exactamente lo que pide: cosas que flotan. El videoclip, publicado el 8 de noviembre de 2025 y de tres minutos y cuarenta y tres segundos, no tiene personajes en el sentido habitual. Tiene bicicletas aparcadas en campos de lavanda, una galleta con forma de estrella, una cajita de música con espejo, unas sombras que bailan en una pared, unas zapatillas en la orilla, un columpio. Y, sobre todo eso, flotando, burbujas de luz de todos los colores. Es un vídeo que parece hecho para mirar mientras uno se duerme.
Lo que rodea a los globos
Conviene describir también lo que hay alrededor, porque los globos de «Lai» no flotan en el vacío. Flotan sobre cosas que cuentan algo. Una bicicleta blanca, de cesta delantera, aparcada en mitad de un campo de lavanda al amanecer, con los surcos morados alejándose hacia el sol. Otra bicicleta, fucsia, en otro campo igual, con el sol ya más alto. Una galleta con forma de estrella que primero aparece sobre un fondo crema y después dentro de un vaso de leche, rodeada de burbujas moradas. Una cajita de música de plata con un espejo ovalado que se abre y deja escapar una nube de purpurina turquesa.
Y luego cosas más quietas: la sombra de una bailarina proyectada en una pared de ladrillo, unas zapatillas de deporte abandonadas en la orilla mientras el mar se pone rosa, un columpio de madera colgado de cadenas en mitad de un prado, con una cinta azul ondeando a un lado. Todo son objetos de infancia o de vacaciones. Ninguno tiene dueño a la vista. Es como si alguien hubiera estado ahí hace un rato y se hubiera ido, dejando las cosas en su sitio y los globos en el aire.
Ese decorado hace que los globos se lean de una manera muy concreta. No son globos de fiesta, son globos de recuerdo. Los que se quedan flotando sobre los sitios donde fuimos felices.
La pompa sobre las dunas
El primer globo de «Lai» aparece a los pocos segundos, justo después del título en letras rosas. Es una pompa de jabón enorme, perfectamente redonda, suspendida sobre unas dunas de color rosa, con el sol bajo detrás. Su superficie tiene esos reflejos de arcoíris que tienen las pompas de verdad, que cambian de color según de dónde les dé la luz. Alrededor caen motas de luz verdes y amarillas, como si nevara confeti.
Una pompa de jabón es el globo más frágil que existe. Dura unos segundos. Nadie la puede atar. Basta un roce para que desaparezca sin dejar más que una gota. Que el vídeo empiece con ella dice mucho sobre el tono de la canción: todo lo que va a pasar aquí es delicado, se puede romper, hay que mirarlo con cuidado. La pompa vuelve más adelante, ya hacia la mitad, sobre una arena rosa todavía más pálida, y en esa segunda aparición parece aún más quieta, como si contuviera la respiración.
Esferas en la calle mojada
Poco después, el vídeo deja el paisaje y se mete en una ciudad. Una calle comercial de noche, con escaparates iluminados en rosa y el asfalto mojado por la lluvia. Sobre la calle, a distintas alturas, flotan esferas relucientes: rojas, azules, amarillas, moradas, algunas como bolas de árbol de Navidad, otras como canicas gigantes. Se reflejan en los charcos. No las sujeta nadie.
Esta escena tiene algo de sueño urbano. Las calles de noche suelen ser sitios de paso, con prisa, con frío. Aquí, en cambio, la calle está vacía y llena de juguetes que flotan. Más adelante vuelve en otra versión, más oscura, con esferas naranjas, verdes y blancas que parecen farolillos encendidos sobre una avenida de rascacielos. Es como si alguien hubiera soltado todos los globos de una feria en mitad de una ciudad dormida y estos hubieran decidido quedarse a la altura de las farolas.
El globo dorado
Y llega el globo más bonito de todo el planeta. Un globo aerostático dorado, de cesta pequeña, que flota sobre un campo de flores rosas al atardecer. El sol está detrás, muy bajo, y atraviesa la tela con una luz cálida que la hace parecer de metal. Las flores están ligeramente desenfocadas en primer término. Del fondo del globo cae una especie de neblina dorada que se mezcla con el polen.

Este globo aparece tres veces a lo largo del vídeo. La primera, sobre las flores rosas, a media altura. La segunda, más cerca, sobre un campo de flores parecidas, ya con el cielo más claro. Y la tercera, al final, sobre un mar de cosmos fucsias, subiendo poco a poco mientras el sol se pone. Entre medias hay una cuarta versión, diminuta: un globito dorado casi del tamaño de una cereza, flotando sobre un árbol de flores blancas contra un cielo azul celeste.
Lo que más me gusta de este globo es que no tiene prisa. No sube disparado como los globos de helio que se escapan. Sube despacio, se queda, vuelve a subir. Es un globo que sabe que tiene todo el tiempo del mundo. Y en una canción que repite «Lara-li, loora-li» hasta convertirlo en una nana, esa lentitud es justo lo que hace falta.
Burbujas por todas partes
Hay otro tipo de globo en «Lai» que no se nota a la primera porque está en todas partes: las burbujas de luz. Esas manchas redondas y desenfocadas de colores, verdes, rosas, amarillas, turquesas, que flotan delante de casi todos los planos. Sobre la galleta de estrella, sobre la cajita de música, delante de las sombras de la bailarina en la pared, sobre la orilla donde descansan las zapatillas.
En fotografía se llaman bokeh, y se producen cuando una luz queda fuera de foco. Aquí están puestas a propósito, y funcionan como pompas de jabón que nunca estallan. Hacen que todo el vídeo parezca visto a través de una lágrima o de unos ojos medio dormidos. Hay un plano precioso en el que una mano sostiene entre los dedos una pequeña joya redonda, como una canica de cristal, contra un fondo de manchas verdes; y otro, casi al final, en el que dos manos abiertas sostienen una piedra cubierta de destellos. Son globos que se pueden tocar.
Las sílabas como globos
Antes de salir de «Lai», merece la pena detenerse en su letra, porque también funciona como un globo. Las palabras que tiene están todas sueltas, separadas por puntos suspensivos, flotando. «Serene, serene...». «Veil, veil...». «Myst, silent myst...». «Hush...». Ninguna se une a otra para formar una frase. Son como pompas que salen de un aro: cada una por su lado, cada una con su forma, y todas se deshacen antes de tocar el suelo.

Y luego está el estribillo, que es puro aire. «Lara-li, loora-li, Lai...». Son sílabas que no pesan nada porque no significan nada. No hay que entenderlas, no hay que traducirlas, no hay que interpretarlas. Basta con dejarlas subir. Hay algo muy liberador en una canción así dentro de un catálogo donde muchas letras cargan con historias pesadas: narcisistas, mentiras, rupturas, años perdidos. «Lai» es el momento en el que todo eso se suelta y lo único que queda es el sonido.
Esa ligereza no es casual en el disco donde está. «El día de la liberación» es el disco de las salidas, de los portazos y de las celebraciones. Y una canción hecha solo de sílabas que flotan es, en cierto modo, la forma más pura de celebrar: sin explicar nada, sin ajustar cuentas, solo con aire.
Corazones negros sobre una procesión
Si «Lai» es el globo como ligereza, «Dark corners» es el globo como peso. Su videoclip, del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», tiene una de las imágenes más extrañas de todo el catálogo: una procesión de personas vestidas de negro, con capuchas y velas encendidas en las manos, avanza por una calle estrecha de piedra. Y por encima de sus cabezas flotan corazones negros gigantes, de esos globos metalizados con forma de corazón que se regalan en San Valentín, pero del tamaño de un coche y de un negro charolado, que refleja las llamas.
La imagen vuelve muchas veces. Desde abajo, con los corazones tapando el cielo. Desde arriba, con la procesión convertida en un río de puntos de luz y un corazón negro posado encima como una nube. De frente, con una mujer de cara pálida y labios oscuros caminando delante, como si llevara el globo atado a la espalda.
Un corazón es lo más ligero que hay en una fiesta y lo más pesado que hay en un duelo. El vídeo junta las dos cosas. Es un desfile de luto con globos de enamorados. Y encaja con la canción, que habla de bailar en las esquinas oscuras con una sombra que manda, de sonreír por fuera para no sentir por dentro. Esos corazones son la sonrisa: grandes, relucientes, alegres de forma, pero negros. En otro tramo del mismo vídeo, el corazón se convierte en fuego: un corazón de llamas en una plaza, con bailarines a su alrededor. Es como si el globo, en algún momento, hubiera decidido arder.
Un pasillo lleno de aire
En «Antisocial», del tercer disco, los globos aparecen en un pasillo de paredes claras, con globos de látex blancos, amarillos y azul celeste apretados contra el techo y contra una de las paredes. Por el centro camina un chico con camiseta negra. En un momento se detiene y abre los brazos, como quien llega a su propia fiesta sorpresa. Más tarde lo vemos de espaldas, alejándose por un túnel de globos atravesado por rayos de luz rosa que salen del fondo.
La canción habla de alguien que elige su soledad, que prefiere a los pocos que conoce antes que a la gente nueva, que vive en un mundo pequeño y lo defiende. Y el pasillo de globos es exactamente eso: una fiesta para uno. Los globos están ahí, de colores, en abundancia, pero no hay invitados. Él abre los brazos y no abraza a nadie. Lo bonito es que no parece triste. Parece contento de estar ahí.
Tiene sentido. Para alguien que ha vivido mucho tiempo rodeado de gente que le hacía daño, una fiesta sin nadie puede ser la mejor fiesta posible. Los globos no juzgan, no mienten, no ponen al resto en tu contra.
La cabeza como globo
No todos los globos del planeta están en los vídeos. Hay uno escondido en una letra. En «El espejo de enfrente», del primer disco, alguien se mira de madrugada y dice: «Siento que mi cabeza es un globo sonda». Es una de las imágenes más raras del catálogo y, a la vez, de las más exactas. Un globo sonda es de esos que no llevan a nadie: se lanzan al cielo con aparatos colgando para tomar datos del tiempo y suben hasta que revientan.
Sentir que la cabeza es eso es sentir que va sola, que flota por encima del cuerpo sin rumbo propio, que alguien la ha soltado para ver qué pasa. Es el globo en su versión más inquietante: el que no sube por gusto, sino porque lo empuja el aire. En esa canción, frente al espejo, la sensación es de asco y de agotamiento. Y es interesante ponerla al lado del globo dorado de «Lai», que sube igual pero en paz. Es el mismo movimiento. Lo que cambia es quién lo decide.
Entre aquella cabeza del primer disco y este globo dorado del tercero hay, en cierto modo, el recorrido entero de la trilogía. Del globo que se escapa al que se suelta a propósito.
Lunas de papel en un dormitorio
El último globo de esta lista no flota: se enciende. En «María María», del tercer disco, hay una habitación con las paredes pintadas de rayas onduladas en blanco y negro, una alfombra de pelo morado y, a su alrededor, lámparas redondas de luz blanca a distintas alturas. Una chica se sienta con las piernas cruzadas en medio de todas ellas, como si estuviera rodeada de lunas.
En el mismo vídeo hay otra esfera enorme, una lámpara que parece un planeta de colores rosas y naranjas, y una pecera redonda con nubes blancas dentro. Son globos domésticos, de los que se quedan en casa. No suben, no se escapan, pero tienen la misma forma y la misma luz. Son la versión tranquila de todo lo anterior: el globo que acompaña en lugar de irse.
Lo que sube sin hacer ruido
Puestos uno junto a otro, estos globos cuentan algo. La pompa de «Lai» es lo frágil, lo que puede romperse en cualquier momento. El globo dorado es lo que sube despacio, sin prisa. Los corazones negros de «Dark corners» son lo que pesa aunque parezca ligero. El pasillo de «Antisocial» es la fiesta que uno se monta para sí mismo. Y las lámparas de «María María» son lo que se queda encendido en casa.

Todo eso se parece mucho a lo que ocurre cuando alguien sale de una época mala. Primero, todo es frágil, como una pompa. Luego, poco a poco, algo empieza a subir, sin ruido. A veces la sonrisa que se lleva por fuera es un corazón negro, lustroso y pesado. A veces la mejor compañía es un pasillo vacío lleno de colores. Y al final, si hay suerte, queda una lámpara encendida en el dormitorio.
El aire que faltaba
Mike ha contado que pasó cerca de veinte años con dos parejas, una tras otra, que resultaron ser narcisistas. Cuando lo que ocurría salió a la luz, las dos consiguieron que parte de su gente cercana se pusiera de su lado. Las canciones fueron el sitio donde guardar su versión de los hechos. En lo peor de aquella época estuvo muy cerca de quitarse la vida. Ahora está en tratamiento psiquiátrico y psicológico, con diagnósticos de estrés postraumático, depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y trastorno de la personalidad por evitación, y lo cuenta para que el abuso narcisista se nombre más.
Leídos así, los globos de sus videoclips tienen algo de respiración. Un globo es aire guardado. Para quien ha pasado años sintiendo que le faltaba el aire, llenar un vídeo de globos es casi una forma de recuperarlo. «Lai», con sus sílabas que no dicen nada, es probablemente la canción en la que mejor se nota: una canción hecha solo de aire.
Si ahora mismo te pesa todo, como uno de esos corazones negros, no tienes que cargar con ello sin compañía. Habla con alguien en quien confíes o con un profesional. En España, el 024 es un teléfono gratuito y confidencial, abierto de día y de noche, y para una urgencia está el 112.
Cómo se ven los globos en el planeta
Hay una coherencia visual en todo esto que conviene mirar de cerca. Los globos de Planeta Gayfolk casi nunca están atados. No hay cordeles, no hay manos que los sujeten, no hay niños tirando de ellos. Flotan solos, a su altura, como si fueran parte del paisaje. Las esferas de la calle mojada, el globo dorado, los corazones negros, la pompa sobre las dunas: ninguno tiene dueño.
Y casi todos están iluminados desde dentro o desde atrás. El sol atraviesa el globo dorado, las velas iluminan los corazones desde abajo, los rayos rosas atraviesan el pasillo de «Antisocial», las lámparas de «María María» brillan por sí mismas. Es la misma paleta de la estética de Planeta Gayfolk: rosas, dorados, fucsias, y la luz siempre a contraluz, como en un atardecer que no termina.
Los colores de lo que flota
Si se ponen en fila todos los globos de esta nota, aparece también un mapa de colores. El dorado de «Lai», que es el color de la luz de tarde. El negro de «Dark corners», que es el color del luto, pero también el de los trajes de noche. El blanco, amarillo y celeste de los globos de «Antisocial», que son los colores de una fiesta infantil. El blanco lechoso de las lámparas de «María María», que es el de la luna. Y el arcoíris líquido de la pompa sobre las dunas, que es todos a la vez y ninguno del todo.
Cada color cuenta su parte de la historia. El dorado es lo que se recupera. El negro, lo que se arrastra. Los colores pastel, lo que uno se regala a sí mismo cuando ya no espera que se lo regale nadie. El blanco, lo que acompaña en casa. Y el arcoíris de la pompa es la promesa de todo lo anterior, frágil como es.
No es casual que el rosa, el color de casi todo en Planeta Gayfolk, esté también en el fondo de muchos de estos planos: en las dunas, en las flores bajo el globo dorado, en la luz que entra por el pasillo de «Antisocial», en los escaparates de la calle mojada. Los globos son de muchos colores, pero el cielo sobre el que flotan es, casi siempre, rosa.
Escucharlas y llevárselas
Las cuatro canciones de esta nota se pueden escuchar enteras en sus fichas y se pueden descargar gratis desde la tienda de la web, sin pagar y sin cuenta. «Lai» está también en Spotify, igual que el resto del catálogo, que aparece completo en canciones. Para periodistas, fotos y contacto en prensa.
Soltar el cordel
Vuelvo al globo de la infancia, el que se escapaba. Durante mucho tiempo esa imagen es una pérdida: algo que se va y no vuelve. Pero en el vídeo de «Lai» el globo dorado no se escapa de nadie. Nadie lo estaba sujetando. Sube porque es su naturaleza, despacio, sobre un campo de flores, mientras alguien tararea «Lara-li, loora-li».
Quizá eso es lo que enseñan todos estos globos. Que hay cosas que pesan como un corazón negro y cosas que suben como un globo dorado, y que a veces la diferencia está solo en soltar el cordel. No para perderlas, sino para dejarlas subir.
Preguntas frecuentes
¿Qué globos aparecen en los videoclips de Mike Sain't Louis?
Entre otros, el globo aerostático dorado y las pompas de «Lai», los enormes corazones negros que flotan sobre una procesión en «Dark corners», el pasillo repleto de globos de colores de «Antisocial» y las lámparas redondas como lunas de «María María».
¿Qué es «Lai»?
Una canción casi sin palabras del disco «El día de la liberación», hecha de sílabas como «Lara-li, loora-li» y de unas pocas palabras sueltas en inglés. Su videoclip, publicado el 8 de noviembre de 2025, dura tres minutos y cuarenta y tres segundos.
¿Por qué un texto sobre globos?
Porque en estos vídeos los globos no son simple decoración: unos suben despacio, otros cuelgan sobre gente de luto, otros llenan un pasillo para una fiesta a la que no llega nadie. Juntos hablan de lo que pesa y de lo que se aligera.
¿Se pueden descargar gratis las canciones?
Sí. Todas las que salen aquí se bajan sin pagar desde la tienda de gayfolkplanet.com, sin crear cuenta, y también están en Spotify y en las demás plataformas.
¿Tiene que ver con la historia personal de Mike?
De forma indirecta. Muchas de sus canciones nacen de salir de dos relaciones con narcisistas y de un tratamiento psicológico y psiquiátrico que sigue en marcha. Si alguien lo está pasando mal, en España el 024 atiende gratis a cualquier hora.