Planeta Gayfolk

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Un mar helado detrás de dos chaquetas, una llamarada sobre la escarcha y una aurora sobre la nieve: el hielo de Planeta Gayfolk

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Fotograma de «The Northern Lights»: una llanura nevada de noche bajo una aurora boreal verde y violeta que se enrosca en el cielo, con una figura diminuta que camina sola sobre la nieve

El agua es una de las pocas sustancias que ocupa más espacio cuando se congela. Casi todo lo demás encoge con el frío; el agua, en cambio, se expande. Por eso las botellas revientan en el congelador, por eso las tuberías se rajan en las noches de helada, por eso el hielo flota en lugar de hundirse. Y gracias a esa rareza, cuando un lago se congela en invierno, lo hace desde arriba: se forma una tapa blanca en la superficie y debajo, en el agua oscura que no llega a helarse, los peces siguen vivos hasta la primavera.

El hielo, por tanto, es dos cosas a la vez. Es una pared que separa y una manta que protege. Es lo que impide el paso y lo que guarda. En los vídeos de Mike Sain't Louis aparece con las dos caras, y casi siempre al lado de alguna emoción difícil. Mike Sain't Louis es «el primer cantautor IA»: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). En su planeta hay mares de bloques helados, fuego que no consigue derretir la escarcha, llanuras de nieve bajo auroras verdes. Esta nota los recorre empezando por la canción donde el hielo está dentro de alguien: «El narcisista».

Un corazón que no se descongela

La canción arranca con una afirmación seca, casi de manual: «El narcisista odia a quien le ama». Y enseguida añade que nunca ha querido de verdad. No hay rodeos. Lo que sigue es la imagen que sostiene todo el tema, repetida en cada estribillo con una insistencia que tiene algo de conjuro: el corazón de esa persona está helado. La letra lo dice primero en inglés, con una vocal que se estira hasta casi romperse, y luego en castellano, por si quedaba alguna duda: «su corazón está congelado».

Mike Sain't Louis en blanco y negro, con camisa abierta y un tatuaje en el pecho, ante un brocal de piedra y un planeta rosa, junto al verso «su corazón está congelado.» de «El narcisista»

Entre una cosa y otra, la canción mete una exageración maravillosa: «Lo has intentado hasta con un lanzallamas». Me parece perfecta esa línea, porque resume en un solo gesto años de esfuerzo inútil. Todo el que ha querido a alguien incapaz de corresponder sabe lo que es eso. Probar con paciencia, con regalos, con conversaciones largas, con silencios, con cambios de uno mismo. Calentar y calentar. Y comprobar, una y otra vez, que el hielo sigue en su sitio.

El lanzallamas es tan desproporcionado que hace sonreír, y ahí está su inteligencia. No hay herramienta suficiente. Si ni siquiera el fuego a chorro funciona, el problema no está en la temperatura que tú pones, sino en lo que hay al otro lado. Es una manera muy gráfica de quitarse la culpa de encima: no has fallado tú. Ese corazón estaba congelado antes de que llegaras.

Una vocal que tiembla

Hay un detalle sonoro en «El narcisista» que merece atención. Cuando llega la palabra en inglés, «frozen», la canción no la dice sin más: la estira, la alarga durante varios segundos, como si la vocal se quedara atrapada en el aire. En la letra publicada aparece escrita con una ristra de letras repetidas, y en otras vueltas del estribillo se multiplica: «frozen frozen frozen».

Ese alargamiento funciona como un escalofrío. Es lo que hace el cuerpo cuando tiene frío de verdad: tiembla, castañetea, no consigue terminar la frase. La palabra se congela mientras se pronuncia. Y luego, justo después, la traducción al castellano llega limpia y directa, como quien explica el temblor una vez que se ha pasado.

El cambio de idioma tiene también su gracia. El inglés pone el impacto, la palabra corta y rotunda que todo el mundo reconoce. El castellano pone la explicación, más larga, más concreta, más íntima. Entre las dos, el corazón helado queda nombrado dos veces, como si una no bastara.

Bloques blancos detrás de dos chaquetas

El vídeo de «El narcisista», publicado el 11 de febrero de 2025, coloca ese frío en el paisaje desde los primeros segundos. Dos hombres con chaquetas oscuras discuten de pie, muy cerca el uno del otro, y detrás de ellos no hay ciudad ni casa ni carretera: hay un mar helado. Bloques blancos y azulados que se amontonan hasta el horizonte, placas de hielo partidas, un cielo pálido de invierno.

El fondo convierte la escena en algo más que una discusión. Esos dos hombres hablan con un desierto blanco a sus espaldas, como si la conversación estuviera ocurriendo en el fin del mundo. No hay dónde refugiarse. No hay un bar donde entrar a calentarse. El frío no es una metáfora que haya que imaginar: está ahí, en cada plano, rodeándolos.

Y entonces aparece el tubo. Uno de los dos levanta un aparato negro y alargado, y de su boca sale una llamarada naranja que cruza el aire helado. La letra se ha hecho imagen literal. Alguien ha sacado, de verdad, el lanzallamas.

Fuego sobre la escarcha

Más adelante, el vídeo vuelve al hielo con otra escena todavía más clara. Ya no hay mar detrás, sino una llanura blanca, con montículos de nieve endurecida y un cielo rosado de amanecer polar. Dos figuras, pequeñas en la distancia, apuntan con sus lanzallamas, y el chorro de fuego avanza sobre la superficie helada formando una nube dorada. En el suelo arden unas tablas, y alrededor se levanta un vapor blanco que se mezcla con el humo.

Mike Sain't Louis con gorra azul y camiseta negra con letras rojas, ante un escenario con un foco rosa y un planeta con anillos, junto al verso «Lo has intentado hasta con un lanzallamas,» de «El narcisista»

Lo extraordinario de la imagen es lo que no pasa. El fuego arde, el vapor sube, las llamas bailan sobre la escarcha, pero el hielo no desaparece. La llanura sigue blanca. Las placas siguen en su sitio. Es la demostración visual de lo que dice el estribillo: puedes poner todo el calor que tengas, y el frío de fondo sigue siendo el mismo.

Hay algo muy triste y muy liberador a la vez en esa escena. Triste, porque confirma que el esfuerzo no sirve. Liberador, porque lo confirma de una vez por todas. Después de ver arder el lanzallamas sobre la nieve sin resultado, ya no hace falta seguir intentándolo. Se puede apagar el aparato, darse la vuelta y marcharse.

Lo que se cuenta a los demás

La canción tiene una parte central más amarga, que habla de lo que ocurre cuando uno se atreve a señalar ese frío. La persona helada no se queda quieta: va contando a los demás su propia versión y presenta al otro como alguien falso y exagerado. Hasta pedir ayuda profesional se convierte en un arma contra él, y la letra lo resume con una ironía amarga: «que voy hasta a un psicólogo». El narrador se queda solo, con la sensación de que nadie le cree.

Hay un verso tremendo en esa parte: el de quien se siente dejado «moribundo» mientras se hunde en el lodo, y ve a los demás sonreír. Es la imagen opuesta al hielo, el barro, lo blando que atrapa, y funciona como contrapunto. Fuera, todo está congelado; dentro de quien sufre, todo se ha vuelto un lodazal donde cuesta moverse.

Y la canción termina esa parte con un deseo muy concreto: que salga a la luz «la verdad real», no la versión inventada. No pide venganza ni castigo. Pide que se sepa lo que pasó, contado por quien lo vivió. Esa es, creo, la petición más humana de todo el tema.

Una pared que protege

Vuelvo a lo del principio, a esa doble cara del hielo. En «El narcisista», el frío está en el otro: es su corazón el que no se descongela. Pero hay otra manera de leer el hielo en esta historia, y tiene que ver con quien se aleja.

Cuando alguien ha pasado mucho tiempo dando calor sin recibir nada, a veces necesita congelarse un poco para sobrevivir. No por maldad, sino por protección. Igual que el lago que se cubre de una capa blanca para que el agua de debajo no se hiele del todo. Esa costra de frío que se pone uno mismo, la distancia, el no contestar, el no volver, es lo que permite que algo siga vivo por dentro hasta que llegue la primavera.

No es lo mismo un corazón congelado que un corazón que se protege. El primero no siente; el segundo siente demasiado y por eso se tapa. La canción no lo dice así, pero el vídeo lo sugiere: el que empuña el lanzallamas acaba bajándolo, y ese gesto de renuncia también es una forma de cuidarse.

Glaciares que tallan valles

Los glaciares son ríos de hielo que se mueven tan despacio que no se nota. Avanzan unos pocos metros al año, arrastrando rocas, puliendo laderas, excavando el suelo con un peso descomunal. Cuando por fin se retiran, siglos después, dejan atrás un paisaje transformado: valles en forma de U, piedras enormes en sitios donde no deberían estar, montones de grava que marcan hasta dónde llegó el hielo.

Las relaciones largas con alguien de corazón helado se parecen mucho a eso. El daño no llega de golpe, con una gran explosión. Llega poco a poco, año tras año, como un peso que va limando por dentro sin que uno se dé cuenta. Y cuando por fin la relación se acaba, el paisaje interior ya no es el mismo. Quedan marcas, hondonadas, piedras fuera de sitio.

Pero los glaciares, al retirarse, también dejan lagos. Los huecos que excavaron se llenan de agua de deshielo, limpia y azul, y con los años alrededor crecen hierba, flores, árboles. Algunos de los paisajes más bonitos del mundo son precisamente lo que queda después de que un glaciar se marchara. No justifica el peso ni el daño. Pero dice algo importante: lo que viene después puede ser hermoso.

Una figura sola sobre la nieve

El segundo hielo de esta nota es mucho más luminoso. Está en el videoclip de «The Northern Lights», que llegó a YouTube el 1 de noviembre de 2025 y forma parte del tercer disco de la trilogía. Aquí no hay discusiones ni fuego. Hay llanuras enormes cubiertas de nieve, montañas lejanas, lagos que reflejan el cielo, y encima de todo una aurora boreal que se enrosca como una cinta verde y violeta.

Fotograma del videoclip de «The Northern Lights»: una figura de espaldas con bastón que camina por un sendero de nieve pisada hacia una aurora boreal verde enroscada en el cielo, junto a tres miniaturas con una carretera con estelas de luz, una silueta bajo la aurora y alguien que corre por la nieve

En uno de los planos más bonitos, una persona camina de espaldas por un sendero de nieve pisada, apoyándose en un bastón, hacia el centro de la aurora. Las huellas que deja atrás se ven nítidas en primer plano. Delante, el cielo se curva en un remolino verde que parece una puerta. No se le ve la cara: solo la espalda, la mochila, el paso lento de quien ha decidido llegar a algún sitio aunque cueste.

En otro, una figura se queda quieta en mitad de una llanura blanca, de espaldas a la cámara, mirando cómo las cortinas de luz se mueven sobre el horizonte. Y en otro, alguien abre los brazos frente a un lago que ha tomado el color verde de la aurora, como quien recibe algo enorme sin saber muy bien qué hacer con ello.

La nieve guarda huellas

La nieve tiene una cualidad que el hielo no tiene: registra. Cada paso queda marcado en ella, cada animal que pasa deja su rastro, cada caída se ve al día siguiente. Es un suelo que recuerda. Mientras no vuelva a nevar, todo lo que ha ocurrido sobre ella sigue ahí, a la vista.

En «The Northern Lights», las huellas en la nieve son casi un personaje más. Las del caminante del bastón, las de quienes corren por la llanura levantando nubecillas blancas, las del sendero que se pierde hacia el horizonte. Son la prueba de que alguien ha pasado por ahí, de que el camino se ha hecho paso a paso.

Me gusta leerlo junto a «El narcisista». Allí, el narrador pedía que saliera a la luz la verdad real, la que no se ha inventado nadie. La nieve es exactamente eso: una superficie donde la verdad queda escrita sin que nadie pueda reescribirla. Las huellas no mienten. Están o no están. Y el que camina bajo la aurora deja las suyas sin miedo, sabiendo que cualquiera que venga detrás podrá ver por dónde fue.

Carreteras de luz en mitad del frío

«The Northern Lights» tiene también planos sin nadie. Una carretera serpentea entre colinas de hierba seca y nieve, con las estelas rojas y blancas de los coches dibujando curvas largas en la oscuridad, mientras la aurora llena el cielo de verde. En otro plano, el asfalto mismo parece encendido de verde, como si la luz del cielo hubiera bajado a pintar la carretera.

Son imágenes de movimiento en mitad de la quietud. El paisaje está helado, inmóvil, dormido. Pero por esa carretera alguien sigue avanzando, con los faros encendidos, dejando un rastro de luz. Es una idea muy sencilla y muy poderosa: el frío no obliga a pararse. Se puede seguir conduciendo, despacio, con cuidado, por la carretera helada, hasta llegar a casa.

La luz que sale del frío

Las auroras boreales solo se ven en los lugares más fríos del planeta, cerca de los polos, en noches largas de invierno. Se producen cuando partículas que vienen del sol chocan con el aire de las capas altas de la atmósfera, y el choque hace que el oxígeno brille en verde y el nitrógeno en violeta. Es una luz que necesita la oscuridad y el frío para verse. En las ciudades cálidas y llenas de farolas no hay manera de encontrarla.

Fotograma del videoclip de «The Northern Lights»: una figura quieta de espaldas en mitad de una llanura nevada bajo cortinas de luz verde, junto a tres miniaturas con una carretera teñida de verde, otra silueta sobre la nieve y estelas rojas de coches bajo la aurora

Hay en eso una lección que la música de Mike conoce bien. Algunas de las cosas más bonitas solo aparecen en las noches más duras. No porque el sufrimiento sea bueno, que no lo es, sino porque en medio de él a veces se ve con más claridad lo que importa. La aurora no compensa el frío, pero lo acompaña. Y quien ha caminado mucho tiempo por la nieve sabe valorar de una forma especial esa luz verde que de repente se enciende en el cielo.

Calles nevadas en blanco y negro

Hay un tercer frío en el catálogo, muy distinto de los anteriores. Está en el videoclip de «Holy Stillness», estrenado en Nochebuena de 2025, rodado entero en blanco y negro con estética de los años cuarenta. Calles con coches antiguos aparcados junto a la acera, montones de nieve sucia en las esquinas, escalinatas de casas de ladrillo cubiertas de blanco, el vapor de una locomotora que se mezcla con el aire helado del andén. Y, al final, casas de madera con luces de Navidad en los aleros, reflejadas en la nieve del jardín.

Aquí el frío no es amenaza ni prueba. Es el fondo de un reencuentro. La canción, una nana en inglés, abre con «Holy stillness, gentle night,», y enseguida describe un mundo que por fin respira: «The world exhales, the dark turns kind,». La oscuridad se vuelve amable. Fuera hace un frío terrible, pero dentro de las casas iluminadas hay alguien que vuelve, alguien que espera, alguien que abraza.

Es el hielo en su versión más tierna: la nieve como silencio, como pausa, como el momento en que el mundo deja de correr. Y la canción termina prometiendo justo eso: «Only love remains tonight.». Después de tanto frío, queda el cariño.

Descongelar despacio

El hielo no se derrite de golpe. Ni siquiera con un lanzallamas. Lo hace gota a gota, desde los bordes, a medida que suben las temperaturas y los días se alargan. Si se intenta acelerar el proceso, el resultado suele ser un charco y muchas grietas. Lo que funciona es el tiempo.

Mike ha tenido que aprender a descongelarse así, despacio. Durante unas dos décadas compartió su vida con dos parejas narcisistas, una tras otra. Cuando por fin habló de lo que le hacían, ellos lograron que una parte de su entorno se pusiera de su lado y le diera la espalda. Llegó a estar al borde del suicidio. Ahora está en manos de profesionales, que le han diagnosticado estrés postraumático, depresión mayor en grado grave, fobia social, ansiedad y un trastorno de la personalidad por evitación. Componer le da una forma de ordenar todo eso y de seguir.

Si algo de esto se parece demasiado a tu propio invierno, no lo pases en soledad. Busca a una persona que te escuche sin juzgarte, pide cita en tu centro de salud, habla con un profesional. Y si en algún momento la idea de quitarte la vida aparece, en España tienes el 024: es una línea gratuita y confidencial que contesta a cualquier hora, también de madrugada. Si el peligro es inmediato, llama al 112.

Seis puntas

Cada copo de nieve tiene seis brazos. Siempre seis, porque así se ordenan las moléculas de agua cuando se congelan. Pero no hay dos copos iguales: la temperatura, la humedad y el camino que recorren al caer hacen que cada uno desarrolle sus ramas de una forma distinta. Una ley común y un resultado único.

Me parece una buena imagen para terminar de entender el hielo de Planeta Gayfolk. El frío es el mismo para todos, pero cada persona lo atraviesa a su manera. Unos lo viven como una pared contra la que estrellarse, otros como una manta que les protege mientras se recuperan, otros como el escenario silencioso de un reencuentro. Ninguna forma es mejor que otra. Lo importante es saber que, debajo de la capa blanca, el agua sigue viva.

El frío en la paleta del planeta

En la estética de Planeta Gayfolk mandan casi siempre los colores cálidos: rosas, magentas, naranjas de atardecer. Por eso los vídeos helados llaman tanto la atención. Introducen azules pálidos, blancos de escarcha, verdes eléctricos de aurora, grises de película antigua. Son la otra mitad de la paleta, la que aparece cuando las emociones se enfrían o cuando hace falta calma.

Y, curiosamente, en casi todos esos paisajes helados aparece algo cálido: la llamarada naranja del lanzallamas, las estelas rojas de los coches, las luces de Navidad en los aleros. El planeta nunca deja el frío solo. Siempre le pone al lado una pequeña llama, aunque no sirva para derretirlo.

Dónde escucharlas y descargarlas

«El narcisista» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», y «The Northern Lights» y «Holy Stillness» llegaron después. Las tres se pueden escuchar enteras en sus fichas, y el resto del repertorio está en canciones. Se descargan sin pagar en la tienda de gayfolkplanet.com y en la zona de descargas de mikesaintlouis.com. «El narcisista» suena también en Spotify, y los vídeos completos están en sus páginas: «El narcisista» y «The Northern Lights». Si eres periodista, hay más información en prensa.

Primavera

Vuelvo al lago del principio, al que se congela por arriba para que los peces sobrevivan debajo. Un día de marzo, la tapa blanca empieza a crujir. Aparecen grietas oscuras, el hielo se vuelve gris y fino, y por los bordes asoma el agua. No hay lanzallamas ni prisa. Solo un sol que cada día dura un poco más.

Así termina, en el fondo, cualquier invierno. No porque alguien consiga derretir a la fuerza el corazón helado de otro, que eso no pasa, sino porque uno mismo sale de debajo del hielo cuando está preparado. El que caminaba bajo la aurora llega por fin al final del sendero. El coche de la carretera helada aparca delante de casa. En la ventana de madera se enciende una luz. Y la nieve, que lo recuerda todo, guarda todavía las huellas de quien llegó hasta aquí.

Preguntas frecuentes

¿En qué videoclips de Mike Sain't Louis aparece el hielo?

Sobre todo en «El narcisista», con un mar de bloques helados detrás de dos hombres y un lanzallamas que escupe fuego sobre la escarcha, y en «The Northern Lights», donde varias figuras caminan, corren o abren los brazos sobre la nieve bajo una aurora boreal. También hay calles nevadas en blanco y negro en «Holy Stillness».

¿Qué significa el corazón congelado de «El narcisista»?

Es la imagen central de la canción: alguien que no puede querer de verdad, por mucho que se intente calentarle. La letra lo dice con una exageración muy gráfica: se ha probado hasta con un lanzallamas y el hielo sigue ahí. Está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía.

¿Cuándo salió el vídeo de «El narcisista»?

Se publicó en YouTube el 11 de febrero de 2025 y dura cuatro minutos y cinco segundos. El de «The Northern Lights» llegó el 1 de noviembre de 2025.

¿Puedo escuchar y bajar estas canciones gratis?

Sí. Todas tienen ficha en gayfolkplanet.com para escucharlas completas, y se descargan sin coste en la tienda de la web y en mikesaintlouis.com/descargas. También están en Spotify.

¿Qué hago si me siento atrapado en una relación que me hace daño?

Contarlo a alguien de confianza o a un profesional es un buen primer paso. Si en algún momento piensas en quitarte la vida, en España el 024 atiende gratis, de forma confidencial y a cualquier hora; si hay peligro inmediato, llama al 112.

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