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Un torero contra el enmascarado: el videoclip de «Ni un pimiento», del pasillo de verduras a la ola gigante
Por Mike Sain't Louis · · Actualizado

La expresión es de las de toda la vida: eso no vale un pimiento. Se dice de lo que no sirve para nada, de lo que no merece ni un minuto de pena. «Ni un pimiento» la aplica a llorar por el pasado, y su videoclip hace lo que el planeta hace siempre con las frases hechas, que es cogerlas al pie de la letra. Durante tres minutos hay pimientos por todas partes: pimientos verdes desparramados por el asfalto, pimientos apilados en las neveras de un supermercado, pimientos que revientan contra la cámara, pimientos que arden en la mano de un tipo con careta. Y cuando ya parece que el vídeo va a ser solo eso, aparece un torero.
El clip se publicó el 7 de mayo de 2025 y dura tres minutos y siete segundos. El reproductor está en la página del clip. En el diario hay otras dos notas sobre la canción, una sobre la estafa emocional y el envasado al vacío y un despacho sideral que la cuenta desde el planeta. Esta se queda con las imágenes. Lo he repasado congelando la imagen a intervalos cortos, con una libreta al lado; marco cada escena con su minuto y su segundo, y traigo la letra solo cuando el plano la pide.
El rótulo: el enmascarado en el callejón
En el 0:00, el título. Un callejón estrecho de noche, entre dos fachadas de ladrillo con escaleras de incendios, iluminado en azul. En el centro, de pie, un hombre con una careta blanca de portero de hockey, chaqueta oscura y pantalones vaqueros. A sus pies, el suelo está cubierto de pimientos verdes y algún pimiento rojo, como si alguien hubiera volcado un camión de la frutería. Encima de todo, en letras blancas con brillo rosa, «Ni un pimiento», y más arriba mi nombre en rosa chicle, en una letra redonda de chuchería.
El contraste es la broma. La careta, el callejón, la luz fría y la postura quieta son de película de miedo de los ochenta. Lo que hay en el suelo es la compra de la semana. El vídeo presenta al villano y, en la misma imagen, le quita toda la amenaza poniéndole verduras alrededor.
Brazos abiertos entre el humo
En el 0:06, el mismo enmascarado está ahora en otro callejón, junto a una persiana metálica bajada y una pared con grafitis, envuelto en humo blanco. Tiene los brazos abiertos en cruz y las manos enfundadas en unos guantes rojos. A sus pies, un montón de pimientos verdes y rojos. En el 0:09 y en el 0:12, camina hacia la cámara por una calle de casas de madera con niebla, entre farolas y coches aparcados, y a cada paso hay pimientos rodando por el asfalto.
Es la postura del monstruo que se presenta, la del que abre los brazos para que se le vea bien. Y el humo es de película, de máquina de niebla de discoteca. Me gusta que el clip no tenga prisa en esta parte. Deja que el personaje camine, que se le vea entero, que el espectador se pregunte qué hace un tipo así entre tanta verdura.
El almacén y las dos columnas de fuego
En el 0:15 cambia el decorado y sube la temperatura. Estamos en un almacén o en una cocina industrial de paredes grises, con estanterías al fondo. El enmascarado está agachado, en cuclillas, con las piernas flexionadas y las manos colgando entre las piernas, como un luchador antes de saltar. A cada lado tiene una columna de fuego que sale del suelo, blanca y anaranjada, y delante, desparramados sobre un charco rojo, montones de pimientos verdes.
Esa imagen vuelve varias veces, casi idéntica, en el 1:36, el 1:57, el 2:00, el 2:12 y el 2:18. Es la escena fija del clip, la que funciona como un estribillo visual. Cada vez que el estribillo de la letra vuelve, vuelve también el enmascarado agachado entre las llamas. El fuego es de espectáculo, de esos chorros que se encienden en los conciertos de estadio. El charco rojo y los pimientos le dan a la escena algo de cocina en plena faena, de sofrito que se ha ido de las manos.
No vale un pimiento llorar por el pasado Mejor ríe alto que el mundo está marcado
El pasillo de las verduras
En el 0:30 llega la escena que más me gusta de la primera mitad. El enmascarado entra en un supermercado. Está de pie en un pasillo de neveras de cristal, iluminado con fluorescentes, y a su izquierda hay una estantería entera, de arriba abajo, llena de pimientos verdes colocados en filas, como en una frutería de anuncio. Él lleva una cosa en la mano, levantada, como si fuera a tirarla. En el suelo, delante de sus botas, hay unos cuantos pimientos que se han caído.

En el 0:48 y en el 0:51 vuelve al supermercado, ahora en un pasillo más ancho, con fruta roja a un lado y verdura verde al otro. Y en el 0:51, de repente, dos pimientos verdes enormes revientan delante de la cámara, en primer plano, desenfocados, como si el enmascarado los hubiera lanzado contra el objetivo. En el 1:30 y en el 1:33, el pasillo vuelve, con el enmascarado parado en medio y el suelo cubierto de pimientos.
El supermercado es el lugar perfecto para esta canción. Es donde se decide lo que vale y lo que no, donde todo tiene un precio pegado. Poner al villano de película de terror en el pasillo de la verdura es una manera muy gráfica de decir que lo que se pisotea aquí no es nada importante. Son pimientos. No valen nada. Que los pise.
El hombre del rastrillo
En el 0:36 y en el 0:39 aparece otra figura en otro callejón, con humo de colores, azul a un lado y rosa al otro. Es un hombre con capucha y ropa oscura, encorvado, con un palo largo en las manos, como un rastrillo o una escoba, con el que arrastra o barre algo del suelo. A sus pies, otra vez, pimientos rojos y verdes. En el 0:42, el mismo personaje, o uno muy parecido, con una camiseta roja de tirantes, está de pie en un almacén vacío con el suelo de cemento cubierto de pimientos.
No sé muy bien quién es este segundo personaje, y el vídeo no lo aclara. Puede ser el mismo enmascarado sin careta, puede ser un ayudante. Lo que importa es lo que hace: barrer los pimientos, arrastrarlos con el palo. Si el primero los pisotea, el segundo los recoge. Es casi una tarea doméstica en mitad de un decorado de película de miedo.
Verdes casi todos, rojos unos pocos
Si uno se fija en el color de lo que hay en el suelo, el clip tiene una lógica bastante clara. Casi todos los pimientos son verdes, de los de freír, los más baratos de la frutería. Los rojos aparecen sueltos, mezclados, como la excepción. Es un detalle pequeño, pero encaja con la expresión del título: el pimiento verde es el de la tapa de bar, el que se compra a kilos, el que nadie guarda como un tesoro. Si el vídeo hubiera llenado el suelo de pimientos de piquillo en lata, la broma habría sido otra.
El verde, además, choca con todo lo demás. Los callejones son azules o grises, el almacén es de cemento, el humo es blanco. Lo único que tiene color de verdad en esas escenas son los pimientos y, más tarde, el fuego. El ojo se va directo a ellos. Es una manera muy eficaz de decir que, en esta historia, lo importante es precisamente lo que no vale nada.
Los pimientos que arden
En el 1:06 y en el 1:09, el decorado vuelve a la calle. Es una calle de casas bajas, con césped delante y coches americanos antiguos aparcados, uno blanco a la izquierda y uno azul a la derecha. El enmascarado lleva ahora una camisa naranja abierta sobre una camiseta oscura, y en cada mano tiene un pimiento que arde con una llama alta y amarilla. A su alrededor, en el suelo, hay docenas de pimientos verdes desparramados. En el 1:18 vuelve la misma escena, con las llamas todavía más altas.

Es el momento más absurdo y más divertido del clip. Un villano de película de los ochenta en una calle de suburbio americano, con dos pimientos en llamas en las manos, como si fueran antorchas o bengalas. Si hay una imagen que resume el humor del planeta, es esta: la amenaza convertida en verdura y la verdura convertida en fuegos artificiales.
Lo que la letra cuenta debajo de los pimientos
Antes de que llegue el torero, merece la pena pararse en lo que dice la canción, porque el vídeo lo traduce de una manera muy particular. La letra arranca muy seria, preguntándose por qué ya nada parece importar y midiendo el sufrimiento en pizcas de sal. Luego va bajando, verso a verso, hacia el disparate. Habla de una pareja que promete devoción total y se olvida del mundo, de cupido que dispara y falla, de cruzar los dedos y rezar al vecino. Y de repente, en mitad de la historia, aparece la imagen que da título a todo: alguien a quien el narrador salvó cuando ya lo habían descartado, cuando lo habían tirado al suelo y estaban a punto de aplastarlo con las botas.
Esa imagen, la de algo tirado en el suelo a punto de ser aplastado por unas botas, es la que el vídeo multiplica por cien. Cada pimiento del suelo es eso: algo descartado, tirado, a merced de las botas del enmascarado. Y la canción, que podría haberse quedado en el drama, lo convierte en una lección para reírse:
Mejor ríe alto que el mundo está marcado Que la estafa emocional ya te la han dado
El torero entra en escena
En el 1:21 pasa algo que no se espera. El vídeo deja de golpe los callejones y los supermercados, y aparece un torero. Viste de luces de pies a cabeza, de color grana con bordados dorados, la chaquetilla rígida con las hombreras llenas de alamares, la camisa blanca y la corbata fina. Tiene el pelo oscuro, peinado hacia atrás con brillantina. Está forcejeando con una figura vestida de negro, con capucha, cuya cara no se ve, sobre un fondo azul oscuro. En el 1:24, el torero mira hacia abajo, al hombre de negro, que parece haber caído o estar agachado.
Es un cambio de género total. Del cine de terror de serie B pasamos al cartel de toros. Pero el vídeo no lo trata como un corte, lo trata como una respuesta. Si la primera mitad del clip es el villano que pisotea lo descartado, la segunda es alguien que le planta cara. El torero es el «guerrero listo para lo inesperado» de la letra, y el vídeo lo viste de luces para que no quede ninguna duda.
Eres un guerrero listo para lo inesperado
La plaza al atardecer
En el 1:48 y en el 1:51, el torero está en una plaza de toros de verdad, con los tendidos llenos de público detrás, bajo un cielo de atardecer con nubes rosas, naranjas y violetas. Agarra por el hombro a un hombre vestido de negro, con pasamontañas, que intenta resistirse. El torero tiene el brazo estirado y la cara de concentración de quien está a punto de dar un pase.

En el 2:15, el combate ha terminado. El torero está de pie, en el centro del ruedo, con las piernas firmes y la cara al frente, y a sus pies, tirado en la arena, está el enmascarado, boca abajo, con un traje de colores rojo y azul. En el 2:21 y en el 2:24, el torero sigue de pie, ahora más lejos, en la plaza vacía, con el capote en la mano y el cuerpo del otro tumbado en la arena a unos metros.
Es la imagen que da título a esta nota. El villano que pisoteaba los pimientos acaba en el suelo, como ellos. Y el que queda de pie es un torero, que en el planeta es mucho más que un torero: es la figura del folclore español con chaquetilla de oro, la estrella del ruedo, el que sale a hombros. Que el vengador de los pimientos sea un matador con bordados dorados es una de esas decisiones camp que hacen que el clip funcione.
El estoque y la luna llena
En el 2:27, un plano lateral del torero en la plaza, con el cielo azul oscuro y las arcadas de los tendidos detrás. Lleva en la mano una espada larga, o un palo, levantado hacia arriba, y delante tiene la sombra de la figura de negro. En el 2:30 y en el 2:33, otra vez el torero frente al hombre de la capucha, ahora en un decorado más oscuro, de color azul petróleo, sujetando el palo con las dos manos. En el 2:36 y en el 2:39, el hombre de negro le pone la mano en el hombro al torero, que mira hacia otro lado con la cara seria.
Y en el 2:51 y en el 2:54 llega el plano más teatral de todos. El torero levanta el puño hacia arriba, delante de una luna llena enorme, blanca y azulada, en un decorado de arcos góticos. A su lado, la figura encapuchada de negro baja la cabeza, como si se rindiera o como si rezara. Es la foto del triunfo, el cartel de la última corrida.
Lo que te han dejado es lección tatuado
El almacén abandonado
Entre la plaza y la luna, en el 2:42, hay un plano más tranquilo. El torero está en un almacén abandonado, con ventanales grandes y polvorientos al fondo, y a su izquierda, un hombre vestido de negro se inclina hacia delante, casi en una reverencia. El torero lo mira de reojo, con el brazo extendido hacia abajo. La luz entra blanca por las ventanas.
Es el único momento del clip en que el torero no está en la plaza, y me gusta mucho que lo traslade a un sitio como ese. Es como si el vídeo dijera que la valentía del ruedo vale también fuera, en un almacén vacío, en la vida normal. El que se inclina ya no parece un enemigo. Parece alguien que pide perdón.
La ola gigante
En el 2:45 y en el 2:48 el vídeo se olvida de todos los personajes. De repente estamos en una playa, con palmeras a la derecha y casas bajas a lo lejos, y desde el mar llega una ola turquesa gigantesca, de esas que solo existen en las películas de catástrofes, con la cresta blanca a punto de romper. El cielo está cubierto de nubes grises. No hay nadie en la playa.
Por eso está arriba, encabezando esta nota: en ese plano no aparece nadie, ni villano, ni torero, ni pimientos. Y porque es la más grande. Después de tanto forcejeo en callejones y plazas, la ola dice que hay cosas que vienen sin que nadie las llame, y que lo único que se puede hacer es verlas llegar. Es lo inesperado de la letra, en tamaño real.
El volcán
En el 2:57 llega otra catástrofe. Un volcán en erupción, con la lava naranja bajando por la ladera y una columna de fuego y humo saliendo del cráter, sobre un valle con un pueblo de casas blancas a los pies. El cielo es de color rosa y naranja, de atardecer o de incendio.

Con la ola y el volcán, el vídeo cierra su escalada. Ha empezado con un tipo pisando pimientos en un callejón y acaba con la naturaleza desatada. Es la versión exagerada, muy del planeta, de una idea sencilla: el mundo está marcado, todo puede pasar, y llorar por el pasado no vale un pimiento cuando lo que viene puede ser una ola o un volcán.
El cartel del final
En el 3:00 llega la despedida gráfica de siempre, la imagen de la trilogía con su trío de chicos elegantes y el nombre del primer disco en letras enormes. Es la firma de la casa, la que remata muchos clips del planeta.
La frase que el vídeo no enseña
Hay un verso de la canción que el vídeo no intenta ilustrar, y me hace gracia que no lo haga, porque es el más surrealista de toda la letra:
Serás más feliz con un congelador portátil paseando de la mano y un sellador de bolsas al vacío
Es la solución que la canción propone al desamor: antes que otra estafa emocional, mejor pasear de la mano con un congelador portátil. En el vídeo no hay ningún congelador, pero sí hay neveras: las del supermercado, las de cristal con los pimientos apilados en filas. Es lo más cerca que el clip llega de esa frase. Las neveras llenas de verdura, frías, ordenadas, a salvo de las botas del villano, son el congelador de la letra visto desde el pasillo del súper.
Dónde vive «Ni un pimiento» en el planeta
«Ni un pimiento» es la pista 33 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía. La precede «La primera drag de Benidorm», y la sigue «Ojete calor en versión low cost». Es un trío de canciones de humor muy castizo, de las que se ríen de todo, empezando por uno mismo.
La mezcla del clip, cine de terror de los ochenta, verdulería, traje de luces y catástrofe natural, entra de lleno en el camp a la española del que habla la web. Para situarlo entre los demás clips, la lista completa está en canciones.
Si solo pudiera guardar dos
Dos imágenes se me han quedado dentro. La primera, el enmascarado en la calle de casas bajas con un pimiento ardiendo en cada mano, entre los coches antiguos. Es la imagen más ridícula del clip y la más alegre. Convierte al villano en un camarero de feria que hace malabares con fuego.
La segunda, el torero de pie en el centro del ruedo, con el enmascarado tirado en la arena a sus pies. Después de todo el vídeo viendo cómo se pisotea lo que se ha descartado, alguien con brillo en la chaquetilla se planta y dice que ya basta.
Para escucharla sin el susto del enmascarado, la pista está en Spotify. Periodistas y programadores de radio tienen fotos y notas oficiales en prensa. Y cuando veáis un pimiento tirado en el suelo del súper, pensad que alguien, en algún sitio, lo está defendiendo con traje de luces.
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el videoclip de «Ni un pimiento»?
Un hombre con una careta blanca de portero de hockey que pisotea pimientos verdes en callejones con humo, en un almacén, en un pasillo de supermercado y en una calle de casas bajas con coches antiguos, donde los pimientos le arden en las manos. Después llega un torero con traje de luces que se enfrenta a una figura encapuchada en una plaza, en un almacén abandonado y bajo una luna llena. El clip se cierra con una ola gigante, un volcán y el cartel del planeta.
¿Qué significa «no vale un pimiento»?
Es la expresión castiza para decir que algo no vale nada. En la canción se aplica a llorar por el pasado: «No vale un pimiento llorar por el pasado / Mejor ríe alto que el mundo está marcado». El vídeo se lo toma al pie de la letra y llena la pantalla de pimientos.
¿Cuándo se estrenó el videoclip?
Se publicó en YouTube el 7 de mayo de 2025. Dura tres minutos y siete segundos.
¿En qué disco está «Ni un pimiento»?
Es la pista 33 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía GAYFOLK, entre «La primera drag de Benidorm» y «Ojete calor en versión low cost».
¿Quién escribió «Ni un pimiento»?
La letra, la composición y la producción son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. El enmascarado y el torero del vídeo son personajes inventados.