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Una jaula con mariposas, un supermercado de reinas y un salón de espejos que estalla: el videoclip de «No Contact» escena a escena

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Fotograma de «No Contact»: un corazón luminoso dentro de una jaula dorada, rodeado de mariposas azules y lilas en la oscuridad

Hay videoclips que se quedan en un sitio y lo exprimen. Y hay otros que no paran quietos, que saltan de escenario cada pocos segundos como si alguien estuviera cambiando de canal sin parar. El de «No Contact» es de los segundos. En menos de tres minutos pasa por una jaula, un disco de vinilo gigante, un archivo en llamas, un teatro en ruinas, una habitación llena de televisores, una iglesia, un supermercado, un banquete, un salón de espejos y una plaza llena de gente con máscaras de cerdo. Y termina con un ángel.

Parece un caos, y en parte lo es. Pero tiene un orden. La canción, firmada por el autor que se hace llamar «el primer cantautor IA»: letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA), habla de algo muy concreto: cortar todo contacto con una expareja que hizo daño y salir a bailar. El vídeo traduce esa decisión en imágenes que van del encierro a la explosión. Lo recorro aquí en el orden del montaje, con los segundos aproximados entre paréntesis, para que se pueda seguir con el videoclip delante.

Ficha rápida

Subido al canal a finales de julio de 2025, el clip se queda a cuatro segundos de los tres minutos. El tema forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segundo disco de la trilogía, ese volumen en el que el planeta empieza a imaginarse como refugio. La letra mezcla castellano e inglés casi en cada línea, con un estribillo que repite el título como una consigna. Aquí se cita solo a trozos, en su forma publicada, y nunca los dos versos que llevan una palabra que el texto prefiere dejar fuera; quien quiera leerla sin cortes la tiene entera en su página.

Ficha de «No Contact», del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», con su carátula: un hombre con gafas de sol y camisa manchada delante de una figura encapuchada con un corazón roto rojo

Un corazón entre barrotes (0 a 8 segundos)

El clip arranca con el título en letras rojas sobre una imagen que ya lo dice todo. Un corazón humano, anatómico, de color cobre, con sus venas y sus arterias, está metido dentro de una jaula de pájaro de barrotes dorados. No late. Está quieto, encerrado, como una pieza de museo o como un animal disecado.

Unos segundos después, la misma jaula aparece en la oscuridad, pero ahora el corazón brilla con una luz blanca y a su alrededor revolotean decenas de mariposas azules y lilas. Es la primera transformación del vídeo, y también la más importante, porque anuncia el recorrido entero: un corazón que estaba encerrado empieza a iluminarse, y las mariposas, que suelen ser imagen de enamoramiento, aquí parecen otra cosa. Parecen todo lo que estaba esperando para salir.

Es una apertura casi de cuento, y contrasta con lo que viene justo después. La jaula volverá al menos dos veces más en distintos momentos del clip, como un estribillo visual. Cada vez que el montaje se pierde en el ruido, regresa a ese corazón para recordar de qué va todo esto.

El hombre de espejos sobre el vinilo (9 a 17 segundos)

Primer cambio brusco. Un hombre con una chaqueta cubierta de pequeños espejos, como si alguien hubiera forrado una americana con teselas de bola de club, aparece bajo un foco. Luego se le ve de cuerpo entero, de pie sobre un vinilo de tamaño descomunal con la etiqueta naranja, abriendo los brazos mientras la luz le rebota por todas partes.

Es la imagen de la pista. El vinilo es el suelo, el foco es el sol, y quien está encima no se esconde. La letra empieza justo con esa idea, la de la pista sin mirar atrás, «I don’t look back», y el hombre de espejos la cumple al pie de la letra: no se gira, no busca a nadie entre el público, simplemente devuelve la luz que recibe. Es alguien que ya no absorbe lo que le echan, sino que lo refleja.

El archivo en llamas (18 a 20 segundos)

Dura apenas un parpadeo, pero es una de las imágenes más potentes del vídeo. Un hombre con camisa de flores y una banda negra tapándole los ojos camina por un pasillo de archivadores metálicos. A ambos lados, los cajones arden. Las llamas salen de los muebles mientras él avanza por el centro, sin ver, sin detenerse.

Es fácil leerlo como lo que es: los papeles del pasado, los recuerdos archivados, las pruebas, los mensajes guardados, todo ardiendo. La letra habla de cerrar puertas, «cierro puertas», y de dejar atrás el drama. El vídeo va un paso más allá y prende fuego al archivo. Y el detalle de la venda es interesante: quien camina entre las llamas no necesita mirar. Sabe adónde va.

Volantes rojos entre ruinas (21 a 31 segundos)

Llega la primera explosión de color. Una mujer de pelo platino, con un traje de fiesta encarnado y volantes enormes, baila en mitad de un teatro destrozado, con gradas de piedra y cascotes por todas partes. A su alrededor vuelan papeles en llamas, hojas sueltas que caen ardiendo como confeti, y en el suelo hay pequeños fuegos encendidos. Ella gira, levanta los brazos, abre el vestido como una flor.

Es la escena más claramente festiva del primer tramo, y conecta con el archivo de antes: los papeles que ardían en los cajones ahora vuelan alrededor de alguien que baila. El fuego ya no es una amenaza. Es la decoración de una fiesta. La letra, en ese momento, se proclama reina sin complejos, «I’m the queen», y la diva del teatro lo encarna con un vestido que ocupa media pantalla.

Las habitaciones de los televisores (32 a 40 segundos)

El tono cambia a rosa pastel. Una mujer con vestido de lentejuelas se pasea por un cuarto abarrotado de aparatos de televisión viejos, con pantalla abombada, amontonados y encendidos con una luz blanca. Después, en un espacio parecido, aparece un muchacho de tirantes con purpurina, rodeado de pantallas y de burbujas de cristal, que mira a cámara con cara seria.

Los televisores encendidos sin imagen son una metáfora muy de nuestro tiempo. Representan todas las pantallas por las que llega el otro: el móvil, las redes, las notificaciones. Y aquí están encendidas, pero vacías. Nadie las mira. La letra lo dice con una de sus frases más sencillas, la de la llamada que ya no suena, «tu llamada», y el vídeo lo muestra con una habitación entera de pantallas que siguen ahí y ya no dicen nada.

Una caja de casetes (41 a 47 segundos)

Un chico joven, casi un niño, aparece entre humo azul y rosa junto a una caja repleta de casetes. Luego se le ve de pie sobre otra caja, en un espacio blanco y rojo, sujetando un palo largo como si fuera un director de orquesta o un explorador.

Los casetes son memoria grabada, canciones de otro tiempo, mixtapes que alguien hizo para alguien. Ponerlas en una caja junto a un niño sugiere una vuelta atrás, hacia una infancia anterior a todo el daño. Y el palo levantado tiene algo de conquista: subirse a la caja de los recuerdos y plantarse encima, en lugar de quedarse dentro.

La iglesia y el funeral de flores (48 a 58 segundos)

El clip entra en una iglesia. En uno de los bancos, de espaldas al altar, hay una figura sentada hecha de fragmentos de espejo, como una escultura de cristal roto con forma humana, junto a un ramo de lirios blancos. Por el pasillo central avanza un hombre de traje negro. Poco después, en un espacio de madera oscura, un hombre con camisa blanca está detrás de un ataúd cubierto de flores blancas y rosas rojas, rodeado de hombres de traje que se mueven a su alrededor.

Es un funeral, y no hace falta preguntar de quién. En una canción sobre el contacto cero, lo que se entierra es la relación. Pero el vídeo no lo filma con tristeza. Los hombres de negro, más que llorar, parecen ensayar un baile. La figura de espejos rotos sentada en el banco es quizá la imagen más precisa de todo el clip: alguien hecho pedazos que, sin embargo, sigue entero, sentado, sosteniendo su forma.

El supermercado de las reinas (59 a 89 segundos)

Llega el tramo más largo y más delirante. Un pasillo de supermercado, con baldas abarrotadas y fluorescentes en el techo, se llena de mujeres con vestidos azul celeste y coronas doradas que avanzan juntas, en formación, mirando a cámara. Después, en el mismo escenario, aparecen otras con cuernos rojos y vestidos negros, que sostienen tartas rosas de varios pisos entre nubes de humo de colores. Luego llegan figuras con trajes dorados, máscaras y coronas enormes, como una procesión barroca entre la sección de lácteos y la de conservas. En un momento, una figura dorada cuelga cabeza abajo sobre un mar de manos levantadas, entre humo morado.

Fotogramas del videoclip de «No Contact»: un hombre con traje de espejos sobre un vinilo gigante bajo un foco, una mujer de volantes rojos entre papeles en llamas, reinas con corona en un pasillo de supermercado y un chico de pelo platino entre espejos que estallan

El supermercado es un lugar perfecto para esta parte de la historia. Es el espacio más cotidiano posible, donde uno entra a por leche y papel higiénico, convertido en un desfile de reinas y diablas. Hay en esa mezcla algo muy camp, muy del planeta: lo épico metido en lo doméstico, la corona en el pasillo del súper.

Pero también se puede leer de otra manera. El supermercado es el lugar de lo que se consume, de lo que se coge de la estantería y se lleva. Llenarlo de reinas que no están en venta tiene algo de respuesta a todo lo que cuenta «Not Your Supply», otra canción del mismo universo: aquí nadie es mercancía. Las reinas caminan por los pasillos como dueñas, no como productos. Y las diablas con tartas, más que amenazar, parecen invitar a una fiesta de cumpleaños.

El banquete y la tormenta (90 a 107 segundos)

El vídeo cambia a una mesa de banquete larguísima, con copas, platos y pétalos rojos sobre el mantel, en un salón oscuro. De pronto, una nube de humo negro estalla en el centro de la mesa. Después, un grupo de personas vestidas de negro, con camisa blanca y corbata, baila con gestos bruscos. Hay un plano breve de varias mujeres con vestidos rosas de volantes bajo relámpagos violetas. Y vuelve el banquete, ahora lleno de gente de pie alrededor de la mesa, entre humo.

En ese tramo aparece también una imagen absurda y divertida: un supermercado inundado, con el agua hasta las caderas, y un señor de chistera que empuja un carro de la compra lleno hasta arriba mientras otras personas chapotean a su alrededor. Es como si la fiesta hubiera desbordado los límites del edificio.

El banquete con la explosión de humo es otra forma de contar el corte. La mesa estaba puesta, la cena preparada, todo en orden, y de repente algo revienta en el centro. Se acabó la cena. La letra, en esa zona, insiste en que el otro ya no merece ni una mínima concesión, ni siquiera un gesto, «ni mi snapback», y el vídeo responde dinamitando la mesa.

La máscara de metal y las siluetas (108 a 125 segundos)

Aparece un hombre con traje oscuro y una máscara metálica que le cubre toda la cara, plateada y con rasgos de calavera, mirando a cámara desde un pasillo. Luego, una silueta roja sobre fondo azul, con pétalos blancos revoloteando. Vuelve la jaula del corazón, con las mariposas. Y después, siluetas negras que bailan entre humo verde y naranja, recortadas contra la luz como en una discoteca a contraluz.

Este tramo funciona como un respiro. Después del supermercado y del banquete, el vídeo se vuelve más abstracto, más de sombras. La máscara de metal puede leerse como el rostro de quien se fue: una cara fría, de calavera, imposible de leer. Y justo después, como respuesta, regresa el corazón en su jaula, otra vez entre mariposas. El montaje enfrenta así la máscara vacía con el corazón vivo, y deja claro de qué lado está.

El salón de espejos que estalla (126 a 168 segundos)

La parte final del clip pasa a un salón barroco lleno de espejos dorados, con molduras recargadas y lámparas, donde un hombre de pelo platino mira a cámara mientras los espejos revientan a su alrededor y los fragmentos vuelan por el aire. Detrás de él, un grupo de hombres de negro baila en formación. En varios planos, la imagen se multiplica como en un caleidoscopio: el mismo rostro repetido en círculo, girando, incluso del revés.

Entre esos planos se cuelan otros: una persona con un televisor en lugar de cabeza, en una habitación con cruces de neón rojo; el niño de antes bailando entre humo morado; el hombre del traje de espejos girando sobre su vinilo, ahora envuelto en niebla; tres siluetas sobre fondo violeta; y una plaza con columnas llena de gente con máscaras de cerdo y trajes rojos, con un hombre de abrigo negro al frente que mira a cámara sin inmutarse.

El salón de espejos que estalla es el clímax del vídeo, y tiene mucho sentido. Durante años, quien ha vivido una relación así se ha mirado en la mirada ajena como en un espejo deformante. Romper esos espejos es romper la imagen que el otro te devolvía. Los fragmentos vuelan y, en lugar de una cara rota, aparece un caleidoscopio: muchas versiones de uno mismo, girando, todas a la vez. La plaza de los cerdos, por su parte, es pura sátira: el coro de quienes juzgan, disfrazados, mientras alguien camina delante sin hacerles caso.

El ángel del final (169 a 176 segundos)

El vídeo termina con una imagen casi religiosa. Una figura con alas de colores del arcoíris, vestida de blanco y rojo, aparece en el centro con un cáliz dorado delante, rodeada de siluetas negras que bailan. En el último plano, el ángel se ve a contraluz, también como silueta, con las alas abiertas.

Es un cierre luminoso para un vídeo lleno de fuego, humo y cristales rotos. Las alas del arcoíris no necesitan explicación en un universo queer. El cáliz, en cambio, admite muchas lecturas: un trofeo, una copa para brindar, el santo grial de la canción, que no es otra cosa que la vida propia recuperada. La letra lo resume con una frase que llega varias veces, «finally free», y el ángel la convierte en imagen.

Lo que cuenta el montaje

Visto entero, el vídeo tiene una estructura clara, aunque al principio parezca un torbellino. Empieza con un corazón encerrado. Pasa por el fuego, que quema el archivo y los papeles. Atraviesa un funeral, donde se entierra la relación. Se desata en un supermercado y en un banquete, donde la vida cotidiana se vuelve fiesta. Rompe los espejos. Y termina con un ángel. Es, en imágenes, un proceso de recuperación contado a ritmo de pista: encierro, duelo, rabia, celebración y libertad.

Mike Sain't Louis con abrigo negro largo en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, junto al verso «Aunque tiemble, I won’t fall» de «No Contact»

La letra hace un recorrido parecido con muchas menos imágenes. Habla de despertar libre, de cerrar puertas, de una terapeuta que ha ayudado, «mi therapist», de temblar sin caer, «I won’t fall», de cambiar cada lágrima por el beat. Su autor ha explicado sin rodeos que encadenó dos parejas narcisistas durante dos décadas y que, cuando se destapó la verdad, ambos lograron que una parte de su gente le diera la espalda. Hoy vive con un diagnóstico de ansiedad, fobia social, depresión mayor y estrés postraumático, y va a terapia y al psiquiatra. Aquí no hay nombres propios. Lo que da es un plan: no responder, no mirar atrás, salir a bailar.

Si estás en ese momento

Romper toda comunicación con quien te ha herido puede ser liberador, pero también muy duro, sobre todo al principio. Si estás pasando por algo así y sientes que te desbordas, que no duermes, que todo pesa o que no ves salida, no tienes por qué hacerlo solo. Busca a una persona cercana o a un especialista y cuéntaselo. En España, el 024 es una línea gratuita y confidencial que atiende a cualquier hora a quien tiene pensamientos de quitarse la vida o está muy mal; si hay riesgo inmediato, llama al 112. Pedir ayuda también forma parte de cerrar esa puerta.

Dónde encaja en el catálogo

«No Contact» comparte familia con otras canciones que hablan del mismo proceso desde ángulos distintos. El tema del suministro es el límite dicho en frío, en inglés y con techno duro. «Gaslighting» es la rabia contra la manipulación, con neón y purpurina. Y «Flash», del primer disco, es la noche de club en la que alguien decide salir del barro y darlo todo. «No Contact» es la celebración: la fiesta que llega cuando el corte ya está hecho.

Collage con la carátula de «No Contact» y las de «Flash», «Gaslighting» y «Not Your Supply», junto a los versos de la lágrima cambiada por el beat

Visualmente, el clip también dialoga con la estética del planeta: el gusto por los escenarios imposibles, la mezcla de lo sagrado y lo cotidiano, las coronas en sitios inesperados, los espejos como personajes. Es uno de los vídeos más cargados de todo el universo de Mike, y uno de los que más premian volver a verlo.

Cuatro cosas para el segundo visionado

Si se vuelve a ver, merece la pena fijarse en algunas cosas que se escapan la primera vez. La jaula del corazón aparece al principio, hacia la mitad y casi al final, unas veces con el corazón de cobre apagado y otras encendido de blanco. Los papeles en llamas del teatro vienen del archivo de antes. Las mariposas de la jaula parecen tener un eco en los pétalos que rodean a la silueta roja. Y el hombre de espejos del principio vuelve en el tramo final, girando sobre su disco, como si hubiera estado bailando todo el rato aunque la cámara no lo mirara.

Escucharla y descargarla

Para tenerla en el móvil basta con pasar por la tienda de la web: la descarga no cuesta nada y no pide cuenta. Quien prefiera escucharla en streaming la tiene en Spotify y en el resto de servicios habituales. Para medios y blogs, hay fotos y contacto en la sección de prensa.

La jaula abierta

Lo último que queda en la memoria después de ver el clip no es el supermercado ni el banquete, sino el corazón. Ese corazón de cobre que al principio estaba quieto entre barrotes y que, al final, brilla rodeado de mariposas. El vídeo nunca muestra la jaula abriéndose. No hace falta. Basta con ver cómo cambia la luz.

Así funciona también el contacto cero. No hay un momento épico en el que todo se resuelve. Hay una decisión, repetida cada día, y una luz que va creciendo poco a poco dentro de la jaula hasta que un día uno se da cuenta de que ya no está encerrado. Y entonces, como pide la canción, se sale a la pista sin mirar atrás.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto dura el videoclip de «No Contact» y cuándo salió?

Dura dos minutos y cincuenta y seis segundos y se publicó el 26 de julio de 2025 en el canal de Mike Sain't Louis. También se puede ver en la página del vídeo en gayfolkplanet.com.

¿De qué disco es la canción?

De «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. Mezcla inglés y castellano en casi todos los versos.

¿Qué significa «no contact»?

Es la expresión con la que se conoce cortar toda comunicación con una expareja que ha hecho daño: no responder llamadas ni mensajes, no mirar sus redes. En la canción, ese corte se celebra en una pista de baile.

¿Se puede descargar gratis?

Sí. «No Contact» se escucha en su ficha de gayfolkplanet.com y se descarga gratis desde la tienda, sin registro. También está en Spotify y en el resto de plataformas.

¿Hay ayuda si estoy saliendo de una relación así?

Sí. Hablarlo con alguien de confianza o con un profesional ayuda mucho. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora a quien lo esté pasando mal, y en una emergencia está el 112.

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