Planeta Gayfolk

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Una sábana arrugada, un cojín de punto y ropa que se lleva el tornado: las telas de Planeta Gayfolk

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Fotograma de «Limón»: un chihuahua de color crema dormita con los ojos entornados sobre una sábana blanca, con la cabeza apoyada en un cojín gris de punto con dibujos rojos

La primera tela que conocemos es una manta. Antes de saber hablar, alguien nos envolvió en algo suave, y desde entonces una parte del cerebro asocia el tacto del algodón con estar a salvo. Por eso los niños arrastran su mantita por toda la casa, por eso los adultos se tapan hasta la nariz cuando están tristes, por eso hay quien no puede dormir sin una sábana encima aunque haga cuarenta grados.

Por los vídeos que acompañan las canciones de Mike Sain't Louis pasa muchísima tela, y casi nunca está de relleno. Hay sábanas revueltas, cojines de lana, pañuelos que vuelan, un lienzo blanco que envuelve a un hombre de los hombros a la cintura, una cinta que se mueve con el viento. Él firma letras, composición y producción musical, y suele presentarse con una etiqueta concreta, «el primer cantautor IA», porque la música e interpretación vocal hechas con IA forman parte de su manera de trabajar. En esas imágenes la tela aparece una y otra vez para decir lo mismo de maneras distintas: qué nos cubre, qué nos deja al aire, qué se lleva el viento. Esta nota las reúne, y empieza por la más tierna de todas.

«Limón», una nana sobre una cama

«Limón» está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco con el que arranca la trilogía. Es una nana, pero no para un bebé: para un perro. Un chihuahua pequeño, de color crema, con las orejas grandes y los ojos castaños, que da nombre a la canción. La letra le habla directamente, le da las gracias, le dice que ya toca dormir y le promete cuidarlo.

Ficha de «Limón», del disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», con su carátula: un chihuahua de color crema tumbado sobre mantas claras junto a un limón, con el título en letras verdes

El videoclip, estrenado el 23 de enero de 2025 y de algo más de cinco minutos, no tiene historia, ni escenarios, ni cambios de plano llamativos. Tiene un perro tumbado en una cama. Durante toda la canción, la cámara se queda con él mientras se le van cerrando los ojos. A veces levanta la cabeza, a veces la apoya otra vez, a veces estira una pata. La imagen tiene un filtro cálido, amarillento, como de foto antigua, que hace que todo parezca un poco más lejano y un poco más dulce.

Y en ese vídeo tan quieto, lo que más se ve, después del perro, es tela.

La sábana blanca

El chihuahua está hundido en una sábana blanca. No una sábana tensa de hotel, sino una sábana de casa, arrugada, con pliegues que forman montañas y valles alrededor del cuerpo del animal. En algunos planos casi desaparece entre ellos: solo se le ven el hocico negro y una oreja. En otros, la tela le hace de almohada y de nido a la vez.

Fotograma del videoclip de «Limón»: el chihuahua mira a cámara con la cabeza apoyada en un cojín gris de punto con dibujos rojos, junto a tres miniaturas del perro adormilado sobre la sábana

Hay algo muy honesto en esos pliegues. Nadie ha estirado la cama para el vídeo. Es la cama tal como queda después de que alguien se haya revuelto en ella, quizá la noche anterior, quizá esa misma tarde. Esa sábana sin planchar dice más sobre la vida real de quien grabó el vídeo que cualquier decorado. Es la cama de alguien que pasa tiempo tumbado, que a veces no tiene fuerzas para hacerla, y que comparte ese espacio con un perro.

Los pliegues, además, cambian con cada movimiento del animal. Cuando se estira, la tela se abre; cuando se acurruca, se cierra sobre él. Es una sábana que respira con el perro.

El cojín de punto

Detrás del perro, plano tras plano, asoma un cojín, o quizá una manta doblada, de punto grueso. Es gris claro, con zonas tejidas en rojo que dibujan formas que, según el plano, parecen corazones o flores. Tiene esa textura de lana trenzada que se reconoce de lejos: la de las cosas que hace una abuela, o que se compran en invierno para el sofá.

El perro apoya la cabeza contra él una y otra vez. En uno de los planos más bonitos, tiene la cara pegada al punto gris y mira a cámara con los ojos muy abiertos, como si acabara de oír su nombre. En otro, ya medio dormido, el rojo del cojín le enmarca el hocico como un fondo de estudio fotográfico.

Ese contraste es lo que da color a todo el vídeo. Sin el cojín, todo sería crema y blanco. Con él, aparece una nota roja, cálida, que hace pensar en una chimenea o en un jersey de Navidad. Es la tela que dice que esto es un hogar.

Lo que dice la nana

La letra de «Limón» es corta y se repite mucho, como deben ser las nanas. Empieza con un «Muchas gracias por hacerme tan feliz» que ya marca el tono: quien habla no está calmando al perro por obligación, sino por gratitud. Luego llega el estribillo, que es una orden cariñosa: «Duérmete limón», «ya es hora de dormir», y la razón: «Que tú eres chiquitín».

Mike Sain't Louis con gorra azul y camiseta oscura con las letras «Bcn», en un callejón de noche con un espejo de marco dorado, junto a los versos «Duérmete limón, ya es hora de dormir» y «Que tú eres chiquitín»

Hay un verso largo, casi hablado, que es el corazón de la canción. En él aparecen las promesas: «Que tu dueño está aquí», «te voy a proteger», «eres amor de verdad». Y aparece algo que, en el contexto de todo el catálogo de Mike, tiene mucho peso: el animal es «siempre tan leal», y «tú nunca me vas a fallar».

En un repertorio donde abundan las canciones sobre gente que mintió, que manipuló, que se puso una careta en público, una nana a un perro que nunca falla es un respiro enorme. La lealtad que no se encuentra en algunas personas aparece, entera, en un chihuahua dormido sobre una sábana.

Hay incluso un momento de humor: la letra asegura que entre los dos hay «una conexión telepática», y que lo ha consultado «hasta un gurú». Es la clase de exageración que todos hemos dicho alguna vez de un animal querido, medio en broma y medio en serio.

Un filtro de miel

Merece la pena fijarse en cómo está grabado «Limón», porque la imagen también es una tela. Todo el vídeo está cubierto por un velo amarillento, como si la cámara mirara a través de una gasa teñida con té. Los blancos de la sábana se vuelven color mantequilla, el rojo del cojín se apaga un poco, la piel clara del chihuahua parece de melocotón.

Ese tratamiento recuerda a las películas caseras de los años setenta y ochenta, las de súper 8 que se proyectaban en el salón con una sábana colgada en la pared. Es una manera de decir que esto es un recuerdo, aunque se haya grabado ayer. Que el perro dormido es algo que se quiere guardar.

También hay planos en los que la cámara se acerca tanto que el encuadre se llena de pliegues desenfocados, y la tela se convierte en un paisaje: dunas blancas, colinas suaves, sombras doradas en los huecos. Desde tan cerca, una cama deshecha parece un desierto tranquilo, y el animal, un pequeño caminante que ha encontrado dónde echarse.

Una foto en blanco y negro

Al final del vídeo, cuando la nana se acaba, la imagen cambia. Aparece una fotografía en blanco y negro con dos chihuahuas juntos, uno claro y otro de manchas oscuras, con sus nombres escritos en letras rosas de neón: Limón y Pitufo. Pitufo tiene la boca abierta, como si bostezara o protestara; Limón mira de lado, tranquilo.

Es un cierre muy de álbum familiar. Después de cinco minutos de un solo perro sobre la cama, la última imagen recuerda que en esa casa hay dos, y que el cariño se reparte. Pitufo tiene, además, su propia canción dentro del catálogo. Y aunque en la foto no se distinguen sábanas, sí se adivina detrás la textura de una manta, como si la misma casa siguiera ahí.

Capuchas en la calle

Antes de llegar al tornado, conviene mencionar una tela más oscura. En el vídeo de «Dark corners» hay un cortejo nocturno en el que mucha gente lleva capucha negra, larga, que cae hasta los hombros y deja la cara en sombra. Avanzan con cirios en las manos por una calle empedrada y estrecha.

La capucha es la tela que esconde. No arropa ni suelta: oculta. Y en una canción que trata de sonreír en público mientras por dentro todo es oscuridad, esas capuchas son el uniforme de quien no quiere que le vean la cara. Es la tela de la vergüenza, de lo que todavía no se puede contar. En el planeta aparece pocas veces, y casi siempre en grupo, como si fuera algo que se lleva entre muchos para que pese menos.

Arropar

Si se piensa en la tela como gesto, «Limón» es el gesto de arropar. Toda la canción es eso: tapar a alguien pequeño para que duerma tranquilo. Las nanas existen en todas las culturas, y casi todas van acompañadas del mismo movimiento de manos: subir la manta, remeterla por los lados, alisarla sobre el pecho.

En el vídeo no se ven manos. Pero la sábana está ahí, alrededor del perro, como si alguien acabara de colocarla. Y el «Mmmm mmmmm mmmm» que suena entre estrofas, ese tarareo sin palabras, es exactamente el sonido que se hace mientras se arropa a alguien.

Arropar tiene algo de doble dirección. Quien tapa al perro también se está cuidando a sí mismo. La gratitud del primer verso lo deja claro: el animal hace feliz a quien le dedica la nana, es decir, a quien la escribió. La sábana cubre a los dos.

Ropa que se lleva el tornado

Si «Limón» es la tela quieta, «Antisocial» es la tela en el aire. Su videoclip, del tercer disco, arranca con un tornado enorme, una columna gris que gira en mitad de un cielo nublado. Y más adelante el tornado vuelve, esta vez sobre un chico con chaleco bordado que levanta los brazos en mitad de un campo abierto.

Por encima de su cabeza vuelan telas. Pañuelos rosas, azules, mostaza, prendas enteras que se despliegan en el aire como si alguien hubiera abierto un armario en mitad del viento. El chico no intenta atraparlas. Las mira subir y se ríe, o grita, o las dos cosas. En otra secuencia del mismo vídeo, telas de colores ondean sobre un salón de sillones amarillos, como si la tormenta se hubiera colado dentro de casa.

La letra de «Antisocial» habla de alguien que ha decidido quedarse con muy poca gente. Dice que su silencio es «un castillo», que es «una armadura sin llave», y tiene un verso que conecta de forma directa con «Limón»: prefiere mil veces «a mis animales» antes que aguantar a un narcisista. La tela que vuela en el tornado es la ropa de antes, la que ya no le sirve, la que se lleva el viento sin que nadie la eche de menos.

Soltar

Si arropar es tapar, lo del tornado es lo contrario: soltar. Dejar que las telas se vayan. Y no por descuido, sino porque ya no hacen falta.

Quien ha salido de una relación de abuso conoce esa sensación. Durante años, uno se viste para el otro: se pone lo que le gusta, se quita lo que le molesta, se tapa lo que podría provocar una pelea. Cuando todo termina, hay un momento en el que se mira el armario y se ve ropa que no es de uno. Esa ropa sobra.

El chico de «Antisocial» no está triste mientras las telas vuelan. Abre los brazos. Es la misma postura del pasillo de globos que aparece al principio del vídeo: alguien que, por fin, tiene sitio.

El lienzo blanco bajo la luna

El tercer gran momento textil del planeta es mucho más serio. En «Me rindo», del segundo disco, el protagonista aparece envuelto en una tela blanca, enrollada alrededor del torso, de los hombros y de los brazos, como un lienzo o como una sábana atada. Detrás de él, casi siempre, hay una luna llena enorme.

Con esa tela encima, camina por un pasillo vacío de paredes descascarilladas, corre por un paseo junto a unos rascacielos iluminados mientras el agua salpica a sus pies, se sienta con una guitarra frente a la luna. La tela le cubre, pero no le abriga. Más bien le sujeta. Hay en esa imagen algo de vendaje y algo de sudario, y el vídeo no explica cuál de las dos cosas es.

La canción es de las más duras del catálogo. Habla de abrir el corazón de verdad, de alguien a quien se le dice «me has comprendido y me has abrazado», y de lo que pasa después, cuando todo se rompe. El estribillo lo repite muchas veces: «y me rindo, y sigo temblando siempre.» Rendirse aquí no es dejar de luchar: es soltar el control, reconocer que uno ya no puede más con el disfraz de fuerte.

Tapar

Si «Limón» es arropar y «Antisocial» es soltar, «Me rindo» es tapar. Es la tela que se usa para cubrir una herida, para que no se vea, para que no duela tanto al roce. La tela que se pone uno mismo cuando se siente expuesto.

Hay un detalle visual que lo cambia todo: en los últimos planos, el protagonista aparece de perfil, con una camiseta clara, sin lienzo, delante de la luna, y junto a él se dibuja un ave de fuego, un fénix naranja con las alas abiertas. La tela ha desaparecido. Lo que queda es alguien que respira.

Ese final es importante. La tela de «Me rindo» no es para siempre. Es lo que se lleva puesto mientras se atraviesa lo peor, y luego se quita.

La cinta del columpio

Hay una tela más, pequeña, casi escondida. En el videoclip de «Lai», del tercer disco, aparece un balancín de tablas sujeto por dos cadenas sobre la hierba, y a su lado se agita una cinta de color azul cielo. No la sujeta nadie, no sirve para nada, solo se mueve con el aire.

Es la tela más ligera del planeta, y está en la canción más ligera: una pieza que apenas usa palabras y que vuelve una y otra vez a su estribillo de sílabas, «Lara-li, loora-li», como quien tararea para sí. Esa cinta resume bien hacia dónde se mueven todas las telas anteriores. Empiezan pesando, tapando, sujetando, y acaban ondeando.

El aire entre las telas

Mike ha hablado en público de lo que hay detrás de muchas de sus canciones: unos veinte años de su vida junto a dos parejas narcisistas, una detrás de otra. Cuando por fin vio lo que pasaba y lo dijo, ellas supieron poner a parte de su entorno en su contra, porque en público resultaban encantadoras. Las canciones se convirtieron en el único lugar donde contar su lado. Hubo un momento, en lo más hondo de aquello, en que estuvo muy cerca del suicidio. Hoy está en manos de profesionales, que le han diagnosticado un trastorno de estrés postraumático, una depresión mayor grave, fobia social, ansiedad y un trastorno de personalidad por evitación, y escribir canciones forma parte de cómo sale adelante.

Visto así, las telas de sus videoclips son casi una biografía. Hubo un tiempo de tapar, de envolverse en algo que sujetara. Hay un presente de arropar a un perro que nunca falla, de agradecerle cada noche que esté ahí. Y hay, cada vez más, momentos de soltar: de dejar que la ropa vieja se la lleve el viento.

Si te reconoces en ese tiempo de taparse, no tienes que pasarlo sin nadie al lado. Díselo a una amiga, a un familiar, a tu médica. En España existe el 024, una línea gratuita y confidencial que coge el teléfono de día y de noche; si el peligro es inmediato, llama al 112.

Telas de casa

Hay algo en común en todas estas telas: ninguna es de lujo. No hay terciopelo, ni seda, ni brocados. Hay algodón de cama, lana de cojín, pañuelos baratos, un lienzo sin forma, una cinta. Son telas de casa, de las que se lavan y se vuelven a usar.

También comparten luz. La sábana de «Limón» se ve a través de un filtro de miel. Las telas del tornado de «Antisocial» se recortan contra un cielo de tormenta que se abre. El lienzo de «Me rindo» brilla en azul y plata bajo la luna. La cinta de «Lai» flota en una tarde clara. Todas obedecen a los mismos tonos que definen la estética del planeta: calidez, contraluz y un fondo que tira a rosa y a oro.

Y todas se mueven. Ninguna está planchada, ninguna está colgada en una percha. La sábana se arruga, los pañuelos vuelan, el lienzo se arrastra, la cinta ondea. En Planeta Gayfolk la tela nunca es un objeto: siempre es un movimiento.

Dormir otra vez

Hay una razón más para que «Limón» sea una nana y no otra cosa. Quien ha pasado por una depresión fuerte sabe que el sueño es lo primero que se rompe. Se duerme demasiado o no se duerme nada; la cama deja de ser un sitio de descanso y se convierte en un sitio donde esconderse, o en un sitio donde dar vueltas hasta las cinco de la mañana.

Por eso tiene tanto valor un vídeo entero dedicado a ver dormir a un animal. El chihuahua no sabe nada de insomnio. Cierra los ojos, los abre, suspira y vuelve a cerrarlos. Mirarlo es como recibir una pequeña lección de algo que se había olvidado: que es posible tumbarse sobre una sábana y simplemente descansar.

Y la nana, aunque está dirigida al perro, funciona también hacia dentro. Repetir «ya es hora de dormir» una y otra vez, con ese tono suave, es lo mismo que se diría a uno mismo en una noche difícil. Cuidar el sueño de otro es una manera de recordar que el propio también merece cuidado.

Tres verbos

Si hubiera que resumir esta nota en tres verbos, serían esos: arropar, tapar, soltar. «Limón» arropa. «Me rindo» tapa. «Antisocial» suelta. Y «Lai», con su cinta, se queda en el aire, en el instante después de soltar.

Collage con un fotograma de «Limón» y las carátulas de «Lai», «Me rindo» y «Antisocial», con el verso «Muchas gracias por hacerme tan feliz»

No es un orden fijo. Hay días que uno necesita taparse otra vez, aunque ya haya soltado mucho. Hay días que lo único que se puede hacer es arropar a un animal y dejar que él te arrope a ti. Lo bonito es que las cuatro canciones existen a la vez, en el mismo planeta, y se puede ir de una a otra según lo que pida el día.

Para escucharlas y bajarlas

Cada canción mencionada aquí tiene ficha propia en la web, donde se escuchan enteras, y se descargan gratis desde la tienda, sin pagar nada y sin abrir cuenta. «Limón» está también en Spotify, y el catálogo completo se puede recorrer en canciones. Quien escriba sobre música tiene fotos, textos y contacto en la sección de prensa.

Remeter la sábana

Vuelvo a la primera manta, la de cuando éramos tan pequeños que no lo recordamos. En el vídeo de «Limón», un perro se duerme sobre una sábana arrugada mientras alguien le dice que es hora de dormir y que no está solo. Es una escena mínima, de cinco minutos, sin nada más.

Y quizá por eso funciona. Después de tanto tornado y tanto lienzo, lo que queda al final es un gesto sencillo: remeter la sábana, apagar la luz, decir buenas noches. A un perro, a uno mismo, a quien haga falta.

Preguntas frecuentes

¿Qué telas aparecen en los videoclips de Mike Sain't Louis?

Entre otras, la sábana blanca y el cojín de punto gris con dibujos rojos de «Limón», los pañuelos y prendas de colores que levanta el tornado de «Antisocial», el lienzo blanco con el que se envuelve el protagonista de «Me rindo» y la cinta azul que ondea junto al columpio de «Lai».

¿Qué es «Limón»?

Una nana dedicada a un chihuahua, incluida en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía. Su videoclip salió el 23 de enero de 2025, dura poco más de cinco minutos y enseña solo al perro adormilado sobre la cama.

¿Por qué escribir sobre telas?

Porque en estos vídeos la tela cumple funciones muy distintas: abriga a un animal que se duerme, sale volando cuando todo se desordena, envuelve a alguien que está al límite. Juntas cuentan cómo se pasa de taparse a soltar.

¿Dónde se escuchan y se bajan estas canciones?

En sus fichas de gayfolkplanet.com se escuchan enteras, y la tienda de la web las deja descargar gratis, sin registro. También están en Spotify y en el resto de plataformas.

¿Qué hago si estoy pasando una mala racha?

Buscar compañía: alguien de confianza, un profesional o una línea de ayuda. En España, el 024 contesta gratis y a cualquier hora, y para una emergencia está el 112.

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