Copla y raíces
«Verde»: una rumba, un guiño a Lorca y una planta polémica
Por Mike Sain't Louis ·

Si eres de aquí, hay un verso que llevas dentro aunque no recuerdes dónde lo aprendiste. «Verde que te quiero verde». Lo dijo Lorca en un romance y desde entonces es patrimonio común, de los libros de texto, de las camisetas, de las pintadas en las paredes de cualquier pueblo. Mi canción lo coge prestado en el segundo verso y lo lleva a un sitio que seguramente no estaba en el plan original: una planta que crece en el rincón del jardín y que no es precisamente hierbabuena.
Robar a los clásicos con cariño
Tomar un verso tan conocido es arriesgado. O lo haces con respeto o queda como una broma de mal gusto. Yo lo veo como una tradición muy española: la de coger lo culto y llevarlo a la verbena. La copla, la rumba, el flamenco popular siempre han hecho eso. Han mezclado poesía con picardía, lo sagrado con lo festivo, lo serio con lo gamberro, y de esa mezcla ha salido buena parte de lo mejor de nuestra cultura musical.
Además, el verde de aquel romance ya tenía algo de misterio, algo que no se acaba de explicar. Mi verde es mucho más prosaico. Es un color, un olor en la plaza, una sonrisa floja. Pero comparte con el original esa obsesión con un color que lo tiñe todo.
Rumba y risas
La canción es una rumba de principio a fin. Guitarras, cajones, palmas, la plaza llena, la luna cómplice. Todo el imaginario de la fiesta popular está ahí, puesto al servicio de una celebración que tiene su punto de travesura. La planta aparece como una compañera de baile, alguien en cuyos brazos se va a bailar, y el ritmo invita a volar.
Me gusta que el tono sea tan inocente en la forma. No hay nada sórdido, ni oscuro, ni moralista. Es una canción alegre que se ríe de su propio tema, con la misma ligereza con la que las rumbas de toda la vida cantaban al vino, a la juerga y a los amores que no convenían. Si alguien espera un panfleto, se va a llevar una decepción. Si alguien espera una canción para dar palmas, aquí la tiene.
El verso que mira al debate
Hay una estrofa en la que la canción asoma la cabeza fuera de la fiesta. Habla de todos los colores de la tierra natal, de que el verde es el que anima, y remata con una idea muy concreta: la vida es más bella con la hierba legal. Es el único momento en que la letra se acerca a algo parecido a una opinión pública.
No pretendo convertir este diario en un debate sobre legislación. Cada cual tendrá su postura, y hay muchas razones serias en todos los lados. Lo que sí me interesa es que una rumba pueda tocar un tema así sin solemnidad. La música popular siempre ha comentado la actualidad a su manera, entre chiste y chiste, y esta canción hace eso: lanza la idea, sonríe y vuelve al estribillo.
También quiero decirlo claro: es una canción para adultos, con el humor y la complicidad de quien habla de una realidad que existe. No es una invitación a nada. Cada persona sabe lo que le sienta bien y lo que no, y la fiesta de verdad es la que se disfruta con la cabeza en su sitio.
Que siga la fiesta
La letra termina sin terminar. Que siga la fiesta, y ya. No hay cierre, no hay moraleja, no hay último verso redondo. Se queda abierta, como esas noches de plaza que nadie quiere dar por acabadas.
Dentro del planeta Gayfolk, esta canción está en la zona de las que me sirven para respirar entre temas más duros. Igual que hago canciones sobre ansiedad o sobre relaciones que duelen, necesito otras que solo quieran poner a la gente a dar palmas. Y si de paso se cuela un guiño a un poeta universal, mejor que mejor.
Para dar palmas con la letra delante, aquí tenéis «Verde» completa. La rumba se puede descargar gratis en la sección de descargas, cajón no incluido.