Camp español
«Vota Malena Gracia»: elecciones galácticas para salvar Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

El planeta Gayfolk está en peligro. Dos multimillonarios muy reconocibles del mundo real, convertidos en personajes de ficción, han decidido que quieren comprarlo. Lo de siempre: ven un lugar donde la gente vive libre, hace arte y se ríe, y piensan que tendría que tener un precio. Para impedirlo, el planeta convoca elecciones galácticas. Y quien se presenta como cabeza de la resistencia es una diva.
Esa es, más o menos, la sinopsis del videoclip de «Vota Malena Gracia». Ya sé que suena a delirio. Es un delirio. Y es de los que más me ha divertido inventar.
Un homenaje antes que nada
Lo primero que quiero dejar claro es el tono. Esta canción es un tributo. Para mucha gente de mi generación ciertos nombres de la tele y la música española son iconos de una época en la que el brillo, el descaro y el exceso eran una forma de estar en el mundo. El título usa uno de esos nombres como símbolo, y en el universo del videoclip comparte cartel con otra figura de la misma constelación.
No cuento nada de su vida ni les pongo palabras en la boca. En Gayfolk son personajes, emblemas, candidatas de una campaña imaginaria. Lo que me interesa es lo que representan en la fantasía: la diversidad, el amor, la ironía camp frente a la codicia. La belleza convertida en acto político. Una flor frente al acero.
Por qué una diva y no un líder serio
Podría haber imaginado un héroe clásico, alguien con traje, discurso solemne y mirada al horizonte. Pero eso ya existe en todas las películas. La gracia está en que la resistencia no se parezca al poder al que se enfrenta.
El camp tiene esta virtud: desarma la seriedad del poderoso. Frente a alguien que quiere comprar un planeta como quien compra una red social, una candidata con plumas, lentejuelas y una sonrisa de plató es una respuesta mucho más subversiva que otro hombre gritando. Le quita importancia al magnate. Lo vuelve ridículo. Y a la vez reivindica que lo frívolo, lo festivo y lo exagerado también pueden ser una postura.
Hay una larga tradición en la cultura LGTBI de elegir como iconos precisamente a las figuras que el mundo serio despreciaba por excesivas. Las folclóricas, las vedettes, las cantantes de verano, las presentadoras con más laca que guion. Las hemos adoptado porque en ellas veíamos algo que nos reconocía: el derecho a ser demasiado.
Gayfolk no está en venta
Detrás del chiste hay una idea que me importa. Los espacios de libertad siempre acaban atrayendo a quien quiere comprarlos, gestionarlos o convertirlos en negocio. Pasa con barrios, con fiestas, con plataformas, con palabras. Algo nace de la gente y para la gente, y en cuanto brilla aparece alguien con chequera.
Gayfolk es mi planeta inventado, el universo donde viven todas mis canciones. Que en una de ellas el planeta esté en venta es una manera de preguntarme qué pasa cuando lo que hemos construido con cariño se vuelve apetecible para el poder. La respuesta del videoclip es votar. Organizarse. Elegir a alguien que represente lo que somos, aunque lleve tacones de doce centímetros.
Un voto con purpurina
No soy ingenuo. Una canción no salva planetas ni gana elecciones. Pero creo en el valor simbólico de reírse del poderoso y de colocar en el centro a quien normalmente queda en los márgenes del relato serio. Esta pieza pertenece a la primera parte de la trilogía, DESCUBIERTO UN NUEVO PLANETA LLAMADO GAYFOLK, que es donde el planeta se presenta al mundo. Y qué mejor presentación que unas elecciones con papeletas de colores.
Me hace gracia pensar en la campaña completa: mítines con coreografía, debates moderados por una presentadora de verbena, carteles con brillos en cada farola del planeta. Si viviera en Gayfolk, ya sabéis a quién votaría.
El texto de «Vota Malena Gracia» está en la web, y la canción, como todas las demás, se puede descargar gratis en la sección de descargas.