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«Y Sigo Temblando Siempre»: tomas falsas y un Kit Kat eterno

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Portada de «Y Sigo Temblando Siempre», de Mike Sain't Louis

Pedir un Kit Kat eterno como respuesta a un desengaño es probablemente lo más honesto que he metido en una letra. No una terapia de choque, no un viaje iniciático, no una mudanza a otra ciudad. Una pausa de chocolate que no se acabe nunca. Así de pequeño y así de enorme es lo que necesita a veces una persona cuando todo se le ha venido abajo.

«Y Sigo Temblando Siempre» es una canción desordenada a propósito. Va y viene, repite, se interrumpe, salta del llanto al chiste televisivo y vuelve al llanto. Como la cabeza cuando intenta entender algo que no tiene sentido.

Abrirse en cuarenta partes

La canción empieza por el momento más vulnerable: cuando abres el corazón de verdad, cuando diseccionas tu personalidad en cuarenta partes para que alguien te comprenda. Y justo ahí, en ese instante, te ganan. Te enamoras porque te han comprendido y te han abrazado.

Me interesa mucho esa secuencia porque explica por qué algunas relaciones dañinas enganchan tanto. No te atrapan en un momento de fuerza. Te atrapan en el momento exacto en que te sientes visto. Y luego, cuando todo sale mal, lo que duele no es solo perder a la persona, sino la sospecha de que esa comprensión era una estrategia.

Tomas falsas

Aquí entra la parte que más me gusta, porque mezcla la tragedia con la televisión de sobremesa. El protagonista repasa los recuerdos buenos: los viajes al pueblo, los paseos con los perros, las navidades, aquella frase cariñosa para que dejara de llorar. Y se pregunta si todo eso eran tomas falsas de La que se avecina o de Caso cerrado.

Me parece una imagen muy precisa de lo que pasa cuando descubres que alguien te ha manipulado. No solo se rompe el presente. Se rompe el pasado. Cada recuerdo bonito se vuelve sospechoso, como si hubieras estado actuando en una comedia sin saber que había cámaras. Y las dos series no están elegidas al azar: una es la comedia coral de vecinos desquiciados, la otra un tribunal televisado donde se airean los trapos sucios. Entre las dos queda la vida del protagonista, a medio camino entre el gag y el juicio.

Hay un verso que lanza una pregunta directa a las personas narcisistas: si no les duele la sangre ni un tres por ciento. Me hace gracia y me duele a la vez ese porcentaje. Ni siquiera pide que sientan mucho. Pide un tres por ciento. Es el regateo de quien ya ha aceptado que no recibirá empatía completa y se conformaría con una migaja.

Temblar no es perder

El estribillo es una rendición: «y me rindo, y sigo temblando siempre». No es un himno de superación, y no quise que lo fuera. Hay canciones del proyecto que celebran la salida, como «EL DÍA DE LA LIBERACIÓN». Esta se queda en el antes, en ese tiempo en que todavía no hay victoria, solo temblor.

La letra lo dice con claridad: da igual aparentar o no ser fuerte. Me importa esa idea. Se nos exige reponernos rápido, demostrar que estamos bien, no dar el gusto. Pero a veces lo más sano es admitir que todavía tiemblas. Que escribes y vuelves a llorar. Que no entiendes nada y no pasa nada por no entenderlo todavía.

Una nota de cuidado

Hay un momento de la letra en que el protagonista imagina acabar con la cabeza destrozada contra una roca de alguna cala. Es una imagen que nace del agotamiento más extremo, y no quiero pasarla por alto ni adornarla. Si alguna vez te encuentras pensando en hacerte daño o en no seguir, no estás solo y no tienes que aguantarlo en silencio. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratis y a cualquier hora. Hablar con alguien es un primer paso, y no es un paso pequeño.

Esta canción está hecha para acompañar ese temblor, no para quedarse a vivir en él. Ojalá suene en tu peor día y te recuerde que hay otros días, aunque ahora no se vean desde aquí.

La letra de «Y Sigo Temblando Siempre» está completa en la web, con sus series, sus perros y su Kit Kat, y la canción se puede descargar gratis desde la sección de descargas.

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