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Cultura pop

«Ya no nos gusta La Oreja de Van Gogh»: querer las voces, no el envoltorio

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Portada de «Ya No Nos Gusta la Oreja de Van Gogh», de Mike Sain't Louis

El título suena a pelea de patio de colegio. Ya no nos gusta. Así, en plural, como cuando un grupo de amigas decide en el recreo que la canción de moda ha dejado de molar. Lo elegí precisamente por eso, porque tiene algo de rabieta adolescente, y la adolescencia es justo el territorio de esta canción.

Crecer con unas voces

Crecí cantando esas canciones a pleno pulmón. Las voces que han pasado por el grupo forman parte de la historia del pop español y también de la mía, como cuenta la presentación de la canción. Son divas en el mejor sentido de la palabra: voces inmensas que te enseñaban a sentir en voz alta cuando no sabías hacerlo de otra manera.

Para muchos chicos gais, el pop español cantado por mujeres con voz enorme ha sido un refugio. Ahí cabían las emociones que en casa o en clase no tenían sitio. Se cantaba a escondidas en la habitación, se gritaba en el coche con amigas, se bailaba con el cepillo del pelo como micrófono. Ese vínculo no se rompe porque cambie una formación o una estrategia.

Lo que no nos gusta

Entonces, ¿qué es lo que ya no nos gusta? No son ellas. La canción lo deja claro: no va de odio. Lo que no nos gusta es el envoltorio. La sensación de que una banda que un día fue pura emoción se ha convertido en una marca domesticada, con todo calculado para no molestar a nadie.

Es una crítica que podría aplicarse a muchas otras bandas y a muchos otros artistas. Pasa con frecuencia en la industria: algo nace con una verdad un poco torpe, un poco cursi, muy sincera, y con el tiempo se pule tanto que pierde el brillo que tenía. Suena mejor, pero emociona menos.

Lo que me interesaba era esa contradicción. Puedes querer muchísimo a unas cantantes y, a la vez, sentir que el proyecto que las rodea ya no te dice nada. Puedes tener nostalgia de un sonido y rechazar su versión actual. No es incoherente. Es lo que pasa cuando creces con algo y luego creces un poco más.

Ironía con cariño

La canción tiene un tono irónico, claro. Es Planeta Gayfolk: aquí casi todo se dice con una ceja levantada. Pero es ironía de fan, no de enemigo. Solo te ríes así de algo que te ha importado mucho. Nadie dedica una canción entera a algo que le resulta indiferente.

También me hace gracia que hable de nostalgia en una época en la que la nostalgia es casi una industria en sí misma. Reencuentros, aniversarios, revivals de todo tipo. Hay algo bonito en eso y algo un poco tramposo. La presentación lo dice con una frase que suscribo: las divas siguen brillando, pero el sistema ya no emociona.

La música, como en todo el proyecto, está hecha con herramientas de IA, y quizá eso le añade una capa más de ironía. Una canción que se queja de que el pop ha perdido verdad, hecha con herramientas que mucha gente asocia con lo artificial. Yo lo veo al revés: la verdad no está en el instrumento, está en lo que tienes que decir. La letra es mía, la rabieta es mía y el cariño también.

Que el pop vuelva a sentir

Al final, la idea que resume la canción es una petición más que una queja: el pop necesita volver a sentir. No necesita sonar más perfecto, ni más pulido, ni más seguro. Necesita equivocarse un poco, emocionarse, decir algo que dé vergüenza. Eso es lo que nos enganchó en su día y lo que seguimos buscando.

Así que gracias por las canciones. Siguen sonando en mi cabeza, aunque ya no me guste el envoltorio. Que es, si lo piensas, la forma más fiel de seguir siendo fan.

La letra de «Ya no nos gusta La Oreja de Van Gogh» está en la web. Y la canción, como todas, se descarga gratis en la sección de descargas.

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