Cultura queer
Antes de Stonewall: Mattachine, las Hijas de Bilitis, los piquetes de traje de Kameny, el Compton's y «Boys from the Village»
Por Mike Sain't Louis ·

En la canción «Boys from the Village», del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», hay una palabra que en inglés tiene doble fondo. Village significa pueblo, y el videoclip lo deja claro: plazas empedradas, guirnaldas de bombillas, muros de piedra y chicos que pasean de la mano por calles que parecen de otro siglo. El diario ya habló de esta pieza en un despacho sideral y en su órbita.
Pero para cualquiera que conozca un poco la historia LGTBI, «the Village» tiene otro significado. Así llaman en Nueva York a Greenwich Village, el barrio del sur de Manhattan donde, en la madrugada del 28 de junio de 1969, una redada policial en el Stonewall Inn acabó en revuelta. Esa fecha es la que el mundo recuerda como el nacimiento del Orgullo. Lo que se suele olvidar es todo lo que pasó antes. Este artículo cuenta esa prehistoria: veinte años de reuniones secretas, revistas pequeñas, juicios, piquetes con corbata y bares que se negaban a servir una copa.
Los años del miedo
Para entender a los pioneros hay que entender su época. A principios de los años cincuenta, Estados Unidos vivía obsesionado con la amenaza comunista. Junto al llamado miedo rojo creció otro, menos conocido, que los historiadores han bautizado como el miedo lavanda.
El 27 de abril de 1953, el presidente Dwight Eisenhower firmó la Orden Ejecutiva 10450, que endurecía las investigaciones de seguridad sobre los empleados federales. Entre las causas para considerar a alguien no apto, la orden incluía la «perversión sexual». Los Archivos Nacionales de Estados Unidos y el Servicio de Parques Nacionales explican que aquella norma contribuyó a que miles de trabajadores LGTBI perdieran su empleo en la administración o se vieran obligados a dimitir. Ser descubierto podía significar quedarse sin trabajo, sin casa y sin familia de un día para otro.
En ese clima, reunirse con otros hombres homosexuales para hablar de derechos era un acto de enorme valentía. Y alguien decidió hacerlo.
11 de noviembre de 1950: la sociedad de las máscaras
La Biblioteca del Congreso y el Zinn Education Project sitúan la fundación de la Sociedad Mattachine en Los Ángeles el 11 de noviembre de 1950. Su impulsor más conocido fue Harry Hay, un activista de izquierdas que reunió a un pequeño grupo de hombres para hablar de algo que no tenía nombre público: que eran homosexuales y que querían dejar de vivir con miedo.
El nombre ya era toda una declaración. Las compañías de mattachines eran grupos de bufones enmascarados de la Europa medieval y renacentista que podían decir verdades incómodas porque llevaban la cara tapada. Era una buena metáfora para una organización que, al principio, funcionaba en secreto, con grupos pequeños que no conocían la identidad de todos los demás miembros.
El grupo creció deprisa. El Servicio de Parques Nacionales señala que en pocos años llegó a tener miles de miembros por todo el país, y que sus delegaciones organizaban charlas, reuniones y, con el tiempo, manifestaciones. Su tono era prudente, casi tímido para lo que vendría después, pero en su contexto fue radical.
Una revista que ganó en el Supremo
De aquel ambiente salió también ONE, una revista que se vendía en quioscos y que hablaba abiertamente de la vida homosexual. Las autoridades postales de Los Ángeles se negaron a distribuir un número por considerarlo obsceno, y el caso llegó a los tribunales.
En 1958, en la sentencia ONE, Inc. contra Olesen, el Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló la decisión del tribunal inferior. La resolución fue muy breve, pero su efecto fue enorme: escribir sobre la homosexualidad de forma favorable no era obsceno por sí mismo. Por primera vez, una revista gay podía circular por correo con la protección de la Primera Enmienda.
1955: un club en San Francisco
Las mujeres lesbianas tenían su propia historia de invisibilidad, a menudo doble. En 1955, en San Francisco, Del Martin y Phyllis Lyon fundaron, junto a otras parejas, las Hijas de Bilitis. La Biblioteca del Congreso lo describe como un club social privado de lesbianas. El nombre venía de un libro de poemas franceses de finales del siglo XIX que fingía recoger la obra de una contemporánea de Safo, y tenía la ventaja de sonar inocente para quien no conociera la referencia.

Al principio era sobre todo un lugar donde encontrarse sin miedo, una alternativa a los bares, que sufrían redadas policiales frecuentes. En 1956 el club empezó a publicar «The Ladder», que la Biblioteca del Congreso considera la primera revista lésbica de distribución nacional en Estados Unidos. Sus páginas llegaban por correo a mujeres que vivían en ciudades pequeñas, convencidas muchas veces de que eran las únicas en sentir lo que sentían.
Del Martin y Phyllis Lyon pasaron más de cincuenta años juntas. El 16 de junio de 2008, cuando California abrió durante unos meses la puerta al matrimonio igualitario, se casaron en San Francisco. Es una de esas fotos que resumen medio siglo de historia en una sola imagen: dos mujeres mayores, sonrientes, con flores, saliendo del ayuntamiento de la ciudad donde habían fundado un club secreto.
La editora y la fotógrafa
Entre 1963 y 1966, «The Ladder» la dirigió Barbara Gittings, una activista de Filadelfia que se convertiría en una de las figuras imprescindibles del movimiento. Su compañera, Kay Lahusen, era fotógrafa. Según los archivos de la Biblioteca Pública de Nueva York, que conservan los papeles de las dos, Lahusen aportó a la revista portadas con fotografías de lesbianas reales, en lugar de los dibujos o las imágenes anónimas que se usaban hasta entonces, y firmó parte de su trabajo con el seudónimo Kay Tobin.
Parece un detalle menor y no lo es. Durante décadas, la lesbiana fue una figura sin cara en la cultura popular estadounidense, o aparecía solo como personaje trágico en novelas baratas. Poner rostros reales en la portada de una revista que llegaba por correo a todo el país era una forma silenciosa de decir: existimos, tenemos cara, no somos un caso clínico.
El astrónomo que se negó a callar
Frank Kameny era astrónomo, doctor por Harvard, y trabajaba para el Servicio Cartográfico del Ejército de Estados Unidos cuando, en 1957, lo despidieron por ser homosexual. En lugar de esconderse, recurrió. La Biblioteca del Congreso, que conserva sus papeles, recuerda que llevó su caso por todas las instancias hasta el Tribunal Supremo. No ganó. Pero de aquella derrota salió un activista implacable.
En 1961 cofundó la Sociedad Mattachine de Washington. El 17 de abril de 1965 encabezó el primer piquete organizado por los derechos de los homosexuales ante la Casa Blanca. Y en 1968 acuñó un lema que sigue circulando hoy: «Gay is good», ser gay es bueno.
Su historia tiene un final que llegó tarde, pero llegó. El 24 de junio de 2009, el director de la Oficina de Gestión de Personal del Gobierno federal, John Berry, le pidió disculpas formalmente por aquel despido de 1957. La respuesta de Kameny, con más de ochenta años, quedó recogida en la prensa: «Disculpas aceptadas».
Piquetes con corbata frente al Independence Hall
La idea fue de Craig Rodwell, un joven activista de Nueva York. El Museo de la Revolución Americana, en Filadelfia, cuenta que propuso organizar un piquete el 4 de julio frente al Independence Hall, el edificio donde se firmó la Declaración de Independencia, para recordar al país que un grupo de estadounidenses seguía sin los derechos básicos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Lo llamaron el Annual Reminder, el Recordatorio Anual.
El primero se celebró en julio de 1965, con 44 participantes. Lo organizaron Kameny, Barbara Gittings y Kay Lahusen, y se repitió cada año hasta 1969. Kameny, inspirado por el movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King, impuso una regla estricta: había que ir con ropa formal de oficina. Ellos con traje y corbata; ellas con vestido. Las pancartas decían cosas como «Los homosexuales también son ciudadanos estadounidenses» o «La búsqueda de la felicidad es un derecho inalienable también para los homosexuales».
Vistas hoy, las fotos de aquellos piquetes impresionan por su contención. Filas de hombres y mujeres impecables, en silencio, caminando en círculo bajo el sol de julio mientras los turistas los miraban con curiosidad o desprecio. No había purpurina, ni música, ni besos. Había una estrategia: demostrar que eran tan respetables como cualquiera. Era una apuesta arriesgada en una época en la que dejarse fotografiar podía costar el empleo.
Lo que el pueblo del videoclip cuenta
Aquí la canción del planeta ofrece un contraste curioso. En el videoclip de «Boys from the Village», los chicos van como quieren: camisetas blancas, vaqueros rotos, camisas abiertas, chaquetas vaqueras. Se cogen de la mano en plazas iluminadas y se apoyan unos en otros contra los muros de piedra, sin pedir permiso a nadie.

Es justo lo que los pioneros del Annual Reminder no podían hacer. La libertad que el planeta da por supuesta, la de pasear de la mano por la plaza del pueblo, fue durante décadas una aspiración lejana. En el diario, la historia de «The Great Depression» ya recordó un amor de los años treinta que nunca salió en los periódicos, y la lectura de «Boys like us» como himno con la mano escondida habló de una mano que solo podía cogerse donde nadie miraba. «Boys from the Village» es la otra cara: la mano a la vista, en el centro de la plaza.
Abril de 1965: un bar de Filadelfia
Los piquetes de traje no fueron la única forma de protesta. La Enciclopedia del Gran Filadelfia recoge que el 25 de abril de 1965, en Dewey's, una cafetería de la ciudad que se negaba a atender a clientes queer y a personas que no se ajustaban a las normas de género, varios jóvenes se negaron a marcharse. Fue una sentada, al estilo de las que el movimiento por los derechos civiles había hecho en los comedores segregados del sur. La Janus Society, un grupo local, se sumó con protestas durante cinco días.
Aquella acción tenía un perfil muy distinto al de los piquetes de Kameny. Sus protagonistas eran más jóvenes, más pobres y menos preocupados por la respetabilidad. Y anticipaban lo que estaba a punto de llegar.
21 de abril de 1966: el vaso tapado
Un año después le tocó a Nueva York. En aquella época, la autoridad que concedía las licencias de alcohol del estado podía retirarlas a cualquier local que albergara «conducta desordenada», y para ella cualquier gesto íntimo entre dos hombres entraba en esa categoría. Muchos bares, por miedo, se negaban a servir a quien pareciera gay.
El Servicio de Parques Nacionales cuenta lo que pasó el 21 de abril de 1966. Cuatro miembros de la Sociedad Mattachine, John Timmins, Dick Leitsch, Craig Rodwell y Randy Wicker, salieron a buscar un bar que se negara a servirles. El primero que tenían previsto había cerrado antes de tiempo al enterarse. En los dos siguientes les sirvieron sin problemas. Al final llegaron a Julius', una taberna de Greenwich Village. Dijeron que eran homosexuales y pidieron una copa. El camarero puso la mano encima del vaso.
Esa foto, con la palma tapando el cristal, se convirtió en un símbolo. La llamaron «sip-in», un juego de palabras con las sentadas, los sit-in. Habían invitado a periodistas del Village Voice, del New York Times y del New York Post. Presentaron una queja formal y el asunto llegó a los tribunales, que reconocieron que las personas tienen derecho a reunirse pacíficamente y que la autoridad de licencias no podía impedir que la gente gay se juntara en los bares. Años después, Dick Leitsch explicó en la radio pública que lo importante fue que, por primera vez, habían plantado cara. En 2016, Julius' entró en el Registro Nacional de Lugares Históricos.
Agosto de 1966: la noche del Compton's
Pocos meses después, en San Francisco, estalló algo mucho menos educado. En el Tenderloin, un barrio pobre de la ciudad, la cafetería Compton's era uno de los pocos sitios donde podían sentarse mujeres trans, drag queens, chaperos y chicos gais sin dinero. La policía hacía redadas con frecuencia.

Una noche de agosto de 1966, durante una de esas redadas, la clientela se rebeló. Las crónicas reunidas por la cadena History cuentan que mujeres trans, drag queens y clientes gais se enfrentaron a la policía, rompieron cristales y quemaron un quiosco de prensa. No hay fotos de aquella noche, y durante décadas casi nadie la recordó. Hoy se considera uno de los primeros levantamientos trans de la historia, tres años antes de Stonewall. Su recuperación se debe en buena medida a la historiadora Susan Stryker, que en 2005 codirigió con Victor Silverman el documental «Screaming Queens: The Riot at Compton's Cafeteria», basado en testimonios de quienes estuvieron allí. En 2017, San Francisco creó en el Tenderloin el Distrito Cultural Transgénero Compton's, hoy llamado The Transgender District, que su propia organización presenta como el primer distrito transgénero reconocido legalmente en el mundo. La cafetería ya no existe, pero el barrio tiene ahora un nombre que la recuerda. El diario del planeta ha hablado del peso que tiene salir del armario en la salud mental, y la historia de Compton's es un recordatorio de quiénes pagaban más caro no poder esconderse.
Lo que tenían en común
Vistas juntas, estas historias dibujan dos estilos muy distintos de lucha. Por un lado, la vía de Kameny, Gittings y la Sociedad Mattachine: organizaciones, revistas, tribunales, piquetes ordenados, corbatas. Por otro, la de Dewey's y Compton's: gente joven, pobre, trans o con pluma, que no tenía nada que perder porque ya lo había perdido casi todo, y que respondió a la policía con lo que tenía a mano.
Durante años se ha contado la historia como si una vía hubiera sustituido a la otra, como si los disturbios hubieran barrido a los moderados. Pero la realidad es que se necesitaron mutuamente. Los tribunales que dieron la razón a ONE o al sip-in de Julius' crearon un marco legal; las revueltas pusieron sobre la mesa a quienes ese marco dejaba fuera. Y algunas personas, como Craig Rodwell, se movieron entre los dos mundos: propuso el piquete de corbata, entró en Julius' a pedir una copa y, después de Stonewall, empujó para que el recordatorio se convirtiera en marcha.
Nochevieja de 1967: el gato negro
En Los Ángeles, la noche de fin de año de 1966 a 1967, la policía hizo una redada en el Black Cat, un bar del barrio de Silver Lake. Según la cadena History, el 11 de febrero de 1967 más de doscientas personas se manifestaron con pancartas frente al local para protestar por la violencia policial. Fue otra de esas piezas que, sumadas, preparaban el terreno.
Junio de 1969: el Village otra vez
Y entonces llegó Stonewall. La madrugada del 28 de junio de 1969, la policía entró en el Stonewall Inn, un bar de Greenwich Village a pocas calles de Julius'. Las redadas eran habituales, pero esa noche la clientela respondió, y los disturbios duraron varias noches.
Días después, el 4 de julio de 1969, se celebró el último Annual Reminder en Filadelfia. El Museo de la Revolución Americana cuenta un detalle precioso: muchos participantes desobedecieron las normas de los organizadores, se vistieron como quisieron y se cogieron de la mano. Craig Rodwell, el mismo que había propuesto el piquete y que había ido a Julius', planteó trasladar la cita a Nueva York y celebrarla en junio, en recuerdo de Stonewall. En junio de 1970 se celebró la primera marcha de lo que acabaría llamándose Orgullo, en Nueva York, Los Ángeles y Chicago. Los piquetes silenciosos se habían convertido en desfiles.
El 24 de junio de 2016, el presidente Barack Obama declaró el Stonewall Inn y su entorno monumento nacional, el primero de Estados Unidos dedicado a la historia LGTBI.
El psiquiatra con máscara
Hay una batalla de aquellos años que se libró lejos de la calle y que acabó teniendo consecuencias enormes. Hasta 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría consideraba la homosexualidad un trastorno mental en su manual diagnóstico. Kameny y Gittings llevaban años protestando contra esa clasificación, porque sabían que sostenía buena parte de la discriminación laboral y familiar.

En la reunión anual de la asociación de 1972, los dos participaron en una mesa redonda con un título elocuente: «Psiquiatría: ¿amiga o enemiga de los homosexuales?». A su lado se sentó un psiquiatra que se presentó como «doctor H. Anónimo», con una máscara de goma que le cubría la cara y una peluca. Era John Fryer, un psiquiatra gay que sabía que, si se le reconocía, perdería su carrera. Ante sus colegas, explicó que era homosexual y psiquiatra a la vez, y que había muchos más como él en aquella misma sala.
El 15 de diciembre de 1973, la Asociación Americana de Psiquiatría retiró la homosexualidad de su manual diagnóstico. Fue una de las victorias más importantes de aquel movimiento, y llegó gracias a una mezcla muy de la época: activistas con corbata, investigación científica y un hombre que tuvo que ponerse una máscara para poder decir la verdad, igual que los bufones medievales que dieron nombre a la Sociedad Mattachine. La historia, a veces, rima.
La herencia que llegó a Madrid
La historia de los pioneros estadounidenses tiene una prolongación evidente en España. Las primeras manifestaciones del Orgullo en Barcelona y Madrid, a finales de los setenta, bebieron del modelo de Nueva York, aunque aquí la lucha se libraba contra una ley franquista que seguía en vigor. El diario defiende la idea de un orgullo que se vive cada día, no solo en junio, y esa idea tiene mucho de Kameny y de las Hijas de Bilitis: la constancia de quien sale a la calle aunque nadie le mire.
Hoy el Orgullo de Madrid es una fiesta multitudinaria, y la canción «Madrid to Benidorm» lo celebra como un himno de carretera. Es fácil olvidar que aquella fiesta tiene antepasados que caminaban en círculo, en silencio, con corbata, bajo el sol de Filadelfia.
Cuatro paradas en Nueva York
Para quien viaje a Nueva York con esta historia en la cabeza, el Village concentra buena parte de la memoria.
Julius', en la calle 10 Oeste, en la esquina con Waverly Place. Desde 2016 figura en el Registro Nacional de Lugares Históricos, y una placa recuerda el vaso tapado de 1966.
El Stonewall Inn y el parque Christopher, enfrente, forman parte del monumento nacional. En el parque hay unas esculturas blancas de dos parejas, una de hombres y otra de mujeres, obra del artista George Segal.
El Centro LGBT de la calle 13 Oeste, a pocos minutos a pie, organiza actividades y acoge archivos comunitarios.
Y, si el viaje sigue hacia el sur, Filadelfia está a menos de dos horas en tren. Ante el Independence Hall hay un marcador histórico estatal que recuerda los Annual Reminders.
Epílogo: la mano en la plaza
«Boys from the Village» forma parte del disco que toma su nombre de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», y su título, para quien quiera leerlo así, une dos pueblos. El de las plazas de piedra del videoclip, donde dos chicos pasean de la mano bajo las bombillas, y el Village de Nueva York, donde durante años eso mismo era motivo de redada.
Entre uno y otro hay más de setenta años de historia y miles de nombres que casi nadie recuerda: los primeros miembros de una sociedad que se reunía en secreto, las mujeres que leían una revista llegada por correo, un astrónomo despedido que se negó a callar, cuarenta y cuatro personas con corbata frente a un edificio histórico, cuatro hombres que pidieron una copa y una noche de rebelión en una cafetería de San Francisco.
La próxima vez que dos chicos se cojan de la mano en cualquier plaza, de Chueca a un pueblo de la sierra, merece la pena pensar en ellos un momento. No hace falta solemnidad. Basta con saber que esa mano a la vista tiene una genealogía.
Escuchar la canción es fácil: está en Spotify. Para todo lo demás sobre Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, la referencia es su página de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué fue la Sociedad Mattachine?
Una de las primeras organizaciones por los derechos de los hombres homosexuales en Estados Unidos. Se fundó en Los Ángeles el 11 de noviembre de 1950, con Harry Hay entre sus impulsores, y al principio funcionaba en secreto.
¿Quiénes eran las Hijas de Bilitis?
Un club social de lesbianas fundado en San Francisco en 1955 por Del Martin y Phyllis Lyon, junto a otras parejas. En 1956 empezó a publicar «The Ladder», la primera revista lésbica de distribución nacional en Estados Unidos. Martin y Lyon se casaron el 16 de junio de 2008, después de más de cincuenta años juntas.
¿Qué fue el Annual Reminder?
Un piquete silencioso que se celebró cada 4 de julio, de 1965 a 1969, frente al Independence Hall de Filadelfia, para recordar que las personas homosexuales no tenían los derechos que promete la Declaración de Independencia. Lo organizaron Frank Kameny, Barbara Gittings y Kay Lahusen, y Kameny exigía ir con ropa formal de oficina.
¿Qué pasó en Julius' en 1966?
El 21 de abril de 1966, cuatro miembros de la Sociedad Mattachine entraron en el bar Julius', en Greenwich Village, dijeron que eran homosexuales y pidieron una copa. El camarero tapó el vaso con la mano. Aquel «sip-in» acabó en los tribunales y ayudó a que se reconociera el derecho de las personas gais a reunirse en los bares.
¿Qué tiene que ver «Boys from the Village» con esta historia?
Es una canción del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, con un videoclip de chicos que pasean de la mano por un pueblo. Su título juega con la palabra village, que en Nueva York es también el nombre del barrio donde estaban Julius' y el Stonewall Inn.