Planeta Gayfolk

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Bestiario del Planeta Gayfolk: chihuahuas, marranos, vampiros y un ave fénix con tacones

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Portada de «Chihuahua», canción de Mike Sain't Louis

En la Edad Media los monjes escribían bestiarios. Libros con un animal por página, su dibujo y su moraleja: el pelícano que se abre el pecho para alimentar a sus crías, el unicornio que solo se deja tocar por una doncella, la comadreja que hace no se sabe qué con las orejas. Cada bicho era una lección. Cada lección, un sermón.

El Planeta Gayfolk también tiene su bestiario. Solo que aquí el pelícano es un chihuahua que baila bajo la bola de discoteca, y el sermón lo da un marrano de El Médano.

Este post recorre los animales que aparecen en las letras publicadas de Mike Sain't Louis, uno detrás de otro, como en aquellos libros. Con una diferencia importante: en este bestiario los animales de verdad suelen ser los buenos de la película. Los malos son personas a las que la letra les ha puesto rabo.

El chihuahua, animal de compañía y de pista

Empecemos por el patrón del planeta. El chihuahua tiene dos canciones, una firma y un sitio de honor en la discografía.

La primera canción es «Chihuahua», del primer álbum, y es un tema de baile en inglés con un perro pequeño de pareja. Ni ex, ni narcisista, ni drama. Una pista de baile y dos que se entienden:

«Every step, every move, / We sync up, get into the groove, / The DJ spins, we find our beat, / With my chihuahua, life's so sweet.»

Hay una ternura muy particular en esta letra. La pareja de baile perfecta, según el planeta, es alguien que mide veinte centímetros, ladra cuando le apetece y no tiene ni idea de lo que es Grindr. «Bark it out, feel the heat», pide el estribillo, y uno se imagina al perro ladrando al ritmo del bajo. Es la canción más feliz del bestiario, y no es casualidad que el protagonista sea el único animal que nunca traiciona.

La segunda canción es «Como a mi chihuahua», y aquí el perro pasa a ser una medida. La letra empieza como una confesión larga, «Te voy a contar por qué no veo las noticias», y en mitad de la lista de razones llega la comparación:

«si cuando me ves también te late el corazón / a mil por hora como a mí / chihuahua»

Quien haya tenido un chihuahua en brazos sabe de qué habla la letra. Ese corazón diminuto que va a toda velocidad, como si el animal viviera siempre a punto de un susto o de una alegría. Es una imagen muy precisa para el enamoramiento ansioso: el corazón de alguien que tiene miedo y ganas a la vez.

Y luego está la firma. En varias de las fichas de las canciones que escribe el propio Mike, como las de «Tus letras son basura», «París restera gris» o «Primer aniversario», aparece la misma despedida con una huella de pata delante: «Con mis chihuahuas, mi historia y mi verdad». Los chihuahuas firmando al lado de la verdad. En un bestiario medieval, eso sería el escudo de armas.

Los animales de la casa: mejor solos con ellos

Hay un grupo de animales en el bestiario que no tienen especie concreta. Se les llama «mis animales», en plural, y aparecen siempre en el mismo papel: el de la compañía que no miente.

Fotogramas del videoclip oficial de «Chihuahua», de Mike Sain't Louis

La versión más clara está en «Judith Bécker», una de las letras más reconocibles del primer álbum. Tras un día de llorar y de ver temporadas enteras de «La que se avecina», llega la conclusión, repetida hasta alargarse:

«Mejor estar solo con mis animales que rodeado de gente falsa»

Es una frase que cualquiera que haya salido de una mala época entiende sin explicación. Los animales no hacen preguntas con segunda intención, no te miran el móvil, no te cuentan versiones distintas según con quién hablen. Están. La letra se lo dice primero a sí misma y luego al oyente, porque hay una versión con «tus animales» y otra con «mis animales». Como si dijera: esto me sirve a mí y te puede servir a ti.

En «Antisocial» la frase se endurece: «prefiero mil veces a mis animales que aguantar a un narci y a su puta madre». Ya no es nostalgia, es elección. Y en otras letras los animales aparecen como la parte invisible del trabajo de casa en una relación desigual. En «Si Don AussieBum hablase»: «y yo mientras limpiando la casa / y cuidando de los animales». En «Un puñetazo al día»: «mientras yo en casa, / fregando y cuidando a los animales». El que cuida a los animales es el que se queda. El otro, según la letra, se va de cruising.

Hay incluso una letra en mayúsculas, «El día más ideal», que hace un inventario de lo que queda en casa y no se olvida de ellos: «HE DEJADO CON AGUA Y COMIDA A LOS ANIMALES». Aunque el mundo se acabe, los cuencos llenos.

Pitufo, el que no tiene especie

En medio de este grupo hay un nombre propio. «El abrazo de Pitufo» es una de las letras más cortas y más limpias del planeta, escrita casi como una nota de agradecimiento:

«Pitufo no pregunta, no finge, no exige. / Solo se acerca, me mira y se tumba encima de mí como si supiera que me está salvando otra vez.»

La letra no dice qué es Pitufo. No hace falta. Cualquiera que comparta casa con un animal reconoce ese gesto de tumbarse encima justo el día que peor estás, como si lo supiera. Lo bonito es que la canción no lo explica ni lo convierte en chiste. En un bestiario lleno de burlas, Pitufo es la página en blanco y oro.

«Te quiero, Pitufo. / Gracias por ser mi refugio.» Ahí se acaba la canción. No hay estribillo, no hay giro. Hay un abrazo.

El marrano con apellido

Pasemos a la sección de los animales que en realidad son personas. La reina de esta sección, o más bien el rey, es el marrano.

En el planeta el marrano tiene domicilio: El Médano, en Tenerife. «Marrano de El Médano» aparece en tantas letras que ya funciona como un nombre compuesto, de los que se dicen de un tirón. Sale en «Carta de recomendación», en «Karma», en «Un puñetazo al día», en «Escupiré sobre tu tumba», en «Ese Pinocho nunca me comía el chocho», en «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara» y en «En un musical gay», donde el coro lo señala como en un número de revista: «¡Cuidado con ese / que es un marrano!».

¿Por qué el cerdo? Porque en el castellano de la calle el marrano es a la vez el sucio, el aprovechado y el que no tiene vergüenza. Es un insulto completo, de los que no necesitan adjetivos. Y además suena bien, con esa doble erre que se puede alargar en un grito.

El cerdo tiene más apariciones. En «El panda del acoso sexual» llega con el refrán en la mano: «Es lo que tiene ser un cerdo / que se piensa que nunca le va / a llegar su San Martín». El refranero español lo sabe desde hace siglos: a cada cerdo le llega su San Martín, que es el día tradicional de la matanza. La letra no necesita completar la frase. El refrán hace el trabajo. Y en «Ese Pinocho nunca me comía el chocho» aparece incluso una especie exótica, «ya tuve una cerda vietnamita», que es probablemente el insulto más rebuscado de toda la granja.

El panda que no se explica

El panda merece una nota aparte, porque es el animal más misterioso del bestiario. Da título a una canción, «El panda del acoso sexual» (y en un verso, «El panda de abuso sexual»), pero la letra no vuelve a hablar de pandas. Lo que hay dentro es un currículum furioso, «que soy poeta, empresario, / dietista, teleoperador, diseñador de páginas web», y una despedida de alguien que no merecía ni la amistad.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Bark it out, feel the heat» de «Chihuahua»

¿Por qué un panda, entonces? La letra no lo dice. Y quizá el chiste esté ahí: el panda es el animal más tierno y más fotografiado del mundo, el de los peluches y los documentales. Ponerlo al lado de «acoso sexual» crea un choque que obliga a mirar dos veces. Igual que pasa con ciertas personas que parecen un peluche hasta que dejan de parecerlo. El bestiario medieval también tenía animales que no se explicaban. Este es el nuestro.

Vampiros, rata y cucaracha: la fauna de terror

El planeta tiene debilidad por el cine de terror, y su bestiario lo nota. Aquí están las criaturas de la noche.

El vampiro es la más importante. En «Como en la matanza de Texas» da nombre al diagnóstico de toda una relación:

«Eres un vampiro emocional, depredador sin piedad»

El vampiro emocional es una de esas expresiones que la psicología de divulgación ha hecho populares, y la letra la usa con todas sus consecuencias: alguien que se alimenta de otro hasta dejarlo seco. Lo interesante es que el planeta también tiene un vampiro bueno, o al menos un vampiro triste. En «El castigo más duro» la voz de la letra se queja de que el otro «se cree / que soy un vampiro que llora bajo la luz de la luna». El mismo animal, en la otra orilla: el que llora, no el que muerde. Así de flexible es el bestiario. Un bicho puede ser villano en una canción y víctima en la siguiente.

Luego viene la rata, que en «Dientes, dientes» aparece en un verso con estructura de cartel de boxeo:

«Yo soy el oro y tú no llegas ni a plata / Yo soy un ave fénix y tu eres una rata»

Es un podio. Oro contra plata, ave fénix contra rata. El animal mitológico que renace de sus cenizas frente al animal que vive en las alcantarillas. No hay mucho más que decir: la letra ha puesto a cada uno en su sitio con una rima consonante.

Y la cucaracha, en «La casa de los mil cadáveres», como despedida final: «Te mando un hasta nunca ¡ maldita cucaracha!». La cucaracha es el bicho que sobrevive a todo, que vuelve aunque la pises. Llamar así a un ex es reconocer, con asco, que va a seguir apareciendo.

El pez con memoria corta

Un animal pequeño, pero con mucha mala uva. En «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara» la letra recuerda una cosa que ya había dicho antes:

«Te lo dije en otra canción una vez / Que tienes la memoria de un pez»

Es un insulto de patio de colegio, el de la memoria de pez, esa que la sabiduría popular calcula en tres segundos. Pero aquí tiene un giro metaliterario: la propia letra presume de haberlo dicho «en otra canción». El bestiario se cita a sí mismo. El pez, de paso, queda como el animal más olvidadizo de la trilogía, que es justo lo que se le reprocha al ex.

El canario, el pajarito y el lobo

Hay un pájaro en el bestiario que en realidad es un gentilicio. El canario. En las letras del planeta casi nunca es el pájaro amarillo de la jaula de la abuela: es la persona nacida en las islas, y casi siempre el ex. Pero el castellano tiene esa suerte, que la misma palabra sirve para el ave y para el vecino de Tenerife, y las letras juegan con las dos a la vez.

Collage con un detalle de la carátula de «Chihuahua» y las carátulas de «El abrazo de Pitufo», «Como a mi chihuahua», «Dientes, dientes»

El caso más claro es el título «El canario que miente». La ficha de la canción, escrita por Mike, lo define como un tema para «todos esos que se esconden detrás de una sonrisa y un "qué majo parece"», y lo remata con una imagen de cuento: «El trozo de pan… que siempre tiene veneno». Un canario que miente es un pájaro que trina en falso, el que te despierta con una melodía preciosa y luego resulta que la había ensayado para otro. Y la palabra «canario» deja abierta la puerta del doble sentido: el que trina bonito y el que viene de El Médano.

En «No quiero otro novio cojín» el gentilicio sale con un encogimiento de hombros, «Normal, eres canario», y en la canción del traje de SHEIN se mezcla con la granja para fabricar un animal híbrido que no está en ningún libro de zoología: «canario marrana». Medio pájaro, medio cerda. Solo podía nacer en este bestiario.

El pájaro de verdad aparece una sola vez, y en su papel más clásico: el de chismoso. En «Croquetas en el crucero», cuando la letra quiere contar un cotilleo sobre las chonis de la piscina, lo atribuye a la fuente de siempre: «Un pajarito me ha dicho». El pajarito que cuenta cosas es tan viejo como el castellano, y aquí está, en la cubierta de un crucero, con su información de primera mano.

Y queda el lobo, que entra en el bestiario por la puerta de la filosofía. En «Mentes diabólicas», una letra hecha casi enteramente de sentencias entre comillas, aparece la frase de Plauto que luego popularizó Hobbes, aquí en versión de barrio: «"El hombre al hombre lobo, en juego despiadado"». En la misma canción se cuela otra sentencia célebre, la de La Rochefoucauld sobre la hipocresía como homenaje del vicio a la virtud. El lobo es el único animal del bestiario que llega citado de un libro. Y es el único que no necesita insulto: el refrán ya lo dice todo de las personas.

Mariposas que no salen del cuaderno

Las mariposas tienen en el planeta un papel doble. Por un lado son la expresión de siempre, la del enamoramiento. En «Ese chulito» se repite como quien se resigna: «Otra vez mariposas en el estómago». Ese «otra vez» lo dice todo. No es la primera, no será la última.

Por otro lado, la mariposa es el animal de la autoparodia. En «Un invitado VIP cortando cebolla» aparece una de las imágenes más tristes y más graciosas de toda la discografía:

«Yo el único idiota que va pintando en invierno / Mariposas en un cuaderno encerrado en mi cuarto»

Mariposas en invierno, cuando no hay. Pintadas, porque no se pueden tener. Y en un cuarto cerrado. Es el bestiario de la soledad: el animal más libre del mundo encerrado en un cuaderno. Y la letra se llama a sí misma «idiota» antes de que lo haga nadie, que es la forma más eficaz de protegerse.

Y luego está la mariposa de la expresión hecha. En «El segundo exacto» llega como despedida de un hater: «A otra cosa mariposa, / a otra cosa mariposón, señor de León». El refrán infantil se convierte en una palabra de barrio, «mariposón», que durante décadas se usó como insulto contra los maricas. La letra la recoge y la devuelve. La mariposa también se reapropia.

El ave fénix, el animal del planeta

Si el bestiario tiene un animal heráldico, es el ave fénix. El pájaro de la mitología que muere en el fuego y renace de sus cenizas aparece varias veces, y siempre del mismo lado: el de quien sobrevive.

Ficha de la canción «Chihuahua» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En «Dientes, dientes» ya lo hemos visto, frente a la rata. En «Si Don AussieBum hablase», en medio de la historia de los bañadores robados, la voz de la letra se planta: «pero ya sabes que yo soy / siempre Ave Fénix». Y tiene canción propia, «Tattoo de fénix», donde el pájaro ya no es una metáfora sino un dibujo en la piel: «Tattoo de fénix, en mi pecho ardiendo». Tatuarse el fénix es comprometerse a renacer todas las veces que haga falta.

Es una elección muy coherente con el resto del bestiario, y tiene algo de promesa hecha en voz baja delante del espejo del baño, de esas que nadie más oye pero que obligan igual. Los animales de verdad acompañan. Los animales insulto señalan a quien hizo daño. Y el animal mitológico es el que queda cuando todo lo demás ha ardido. Es el único bicho del planeta que la voz de las letras se pone a sí misma, con orgullo y sin ironía.

Los fantásticos: sirenas, sirenos y canguros en la luna

Todo bestiario que se precie termina con los animales imposibles. El nuestro tiene una canción entera para ellos, «Canguros», del segundo álbum. Es una letra de rumores, construida con «Dicen que...» como una canción de cuna:

«Dicen que hay sirenas y sirenos / Mírame a los ojos / No te creo»

Sirenas y sirenos, en masculino también, porque en el Planeta Gayfolk la mitología tiene que dejar sitio a todos. Y luego la imagen más bonita de todo este recorrido: «Y dicen que en la luna hay canguros / Saltando entre galaxias». No es un chiste. Es una imagen infantil, de las que se dicen a un niño para que se duerma, puesta al lado de una promesa rota: «Dicen que te encontraré de nuevo / Vuelve / Prometiste / Te espero».

Es la última página del bestiario y es la más triste. Los canguros en la luna son tan imposibles como la vuelta de alguien que ya se fue. Y aun así se dicen, porque decirlos ayuda.

La moraleja, como en los libros de los monjes

Los bestiarios medievales terminaban cada página con una lección. Este solo tiene una, y es bastante clara: en el Planeta Gayfolk los animales son mejores que las personas, salvo cuando las personas se portan como animales, en cuyo caso la culpa no es del animal.

El chihuahua baila. Pitufo abraza. Los animales de la casa esperan con el cuenco lleno. El marrano, el cerdo, la rata, la cucaracha y el pez son insultos con pezuña, pero ninguno de esos bichos le ha hecho nada a nadie: son disfraces que la letra le pone al ex para poder reírse de él. Y el ave fénix se queda para quien escribe.

Todas las citas de este post están en letras publicadas que se pueden leer en el archivo de letras, y los datos de álbumes y lanzamientos están en la sala de prensa. Las personas que aparecen en las canciones son personajes. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. La canción del perro de pista se puede escuchar en Spotify, preferiblemente con un chihuahua cerca.

Si no hay chihuahua, cualquier animal de la casa vale. Ellos no preguntan.

Preguntas frecuentes

¿Qué animales aparecen en las letras de Mike Sain't Louis?

Chihuahuas, perros, un panda, marranos y cerdos, una rata, una cucaracha, un pez, mariposas, vampiros, un ave fénix, sirenas y hasta canguros en la luna, además de los animales de la casa a los que varias letras prefieren antes que a la gente falsa.

¿Hay canciones dedicadas a un chihuahua?

Sí. «Chihuahua», del primer álbum, es un tema de baile en inglés con un chihuahua como pareja de pista, y «Como a mi chihuahua» compara un corazón acelerado con el de un chihuahua.

¿Quién es Pitufo?

Es el protagonista de «El abrazo de Pitufo», una letra de agradecimiento a alguien que «no pregunta, no finge, no exige» y se tumba encima de quien escribe. La canción no explica más, y no le hace falta.

¿Qué es un «vampiro emocional» en sus letras?

Es la imagen con la que «Como en la matanza de Texas» describe a quien se alimenta de la energía y la esperanza de su pareja: «Eres un vampiro emocional, depredador sin piedad».

¿Quién escribe las letras?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Las letras son suyas, sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

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