Planeta Gayfolk

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Billete al Planeta Gayfolk: cruceros, guaguas, carreteras y naves rosas en las letras de Mike Sain't Louis

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Portada de «Elon Musk Ha Anunciado», canción de Mike Sain't Louis

Todo viaje empieza con un billete. A veces es de papel, con su número de asiento y su hora de embarque. A veces es un correo con un código QR. Y a veces es solo una frase dicha en voz alta un día cualquiera: «Me voy».

Las letras de Mike Sain't Louis están llenas de billetes. Hay un crucero por el Mediterráneo con el buffet equivocado, una guagua canaria, la carretera que une Madrid con Benidorm, un viaje de cinco horas para dejar una nota, aviones que se cogen sin coger sentimientos, un París que se planeó mil veces y no se pisó nunca, y, por encima de todo, una nave espacial rosa camino de otro planeta.

Este texto revisa esos billetes uno a uno. La puerta de embarque es una canción del segundo álbum que convierte la rutina en una cuenta atrás: «Elon Musk ha anunciado».

La sala de espera: la rutina

Antes de cualquier viaje hay una sala de espera. En «Elon Musk ha anunciado», esa sala es la vida diaria, y la letra la describe con frases cortas, casi telegramas: «Despierto solo / Miradas vacías / Olvido el tiempo / Rutina fría».

La enumeración sigue, y cada verso pesa un poco más que el anterior: «Calle sin nombre / Pasos sin prisa / Gente sin rostro / Rutina sin risa». No hay drama en estas líneas. No hay ex, ni narcisista, ni traición. Solo hay algo que mucha gente conoce mejor que cualquier ruptura: la repetición. «Todo se repite / Nada me sorprende / Siempre lo mismo». Y de pronto, un estallido que le da la vuelta a todo con una sola palabra: «¡Me ofende!».

Es un detalle muy del planeta. La rutina no se describe como triste, se describe como ofensiva. Como si la monotonía fuera una falta de respeto personal. Y la segunda estrofa lo confirma con el mismo tono: «Trabajo insípido / Café amargo / Todo es tan rígido / Maldito letargo».

El anuncio

Entonces llega la noticia. Y llega como llegan las noticias hoy, con nombre de multimillonario: «Y menos mal que ¡hoy! / Elon Musk ha anunciado / El primer viaje tripulado / Al planeta recientemente descubierto / Llamado GayFolk».

El chiste funciona en varias capas. La primera es la evidente: el hombre que promete viajes a Marte anuncia ahora un vuelo a un planeta queer. La segunda es más fina: el planeta «recientemente descubierto» es el mismo que da título al primer álbum de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». La canción se convierte así en la segunda parte de una historia. Primero se descubre el planeta. Después, alguien organiza el viaje.

Hay una tercera capa, más irónica todavía. En otra canción del universo, «Vota Malena Gracia», el texto de presentación cuenta una crisis inventada en la que Donald Trump y Elon Musk quieren comprar el planeta. El mismo nombre que aquí abre la puerta de embarque, allí aparece como amenaza. El planeta no se fía de nadie, ni siquiera de quien le vende los billetes.

¿Te vienes conmigo?

Lo más bonito de «Elon Musk ha anunciado» no es el anuncio, sino lo que viene después. Quien habla en la letra no se queda mirando la noticia en el móvil. Se apunta. Y pregunta: «Yo ya me he apuntado ¿Te vienes conmigo? / ¿Te vienes conmigo?».

Es una invitación, y es también una declaración de amistad. Nadie se va a otro planeta solo si puede evitarlo. Y la propuesta tiene algo de escapada juvenil: «Hagamos la locura, / Volvamos a los veinte años. / Vayamos a GayFolk».

Volver a los veinte años. No dice volver a ser jóvenes, dice volver a esa edad concreta en la que todo parecía posible y nadie pedía explicaciones por hacer una locura. El viaje a Gayfolk es, en el fondo, un viaje en el tiempo.

El equipaje: lo que se queda en la Tierra

Todo viaje obliga a decidir qué se lleva. En este, la respuesta es radical: casi nada. «Dejemos en la Tierra / Todo lo material, esta oportunidad / No es algo casual».

Fotogramas del videoclip oficial de «Elon Musk ha anunciado», de Mike Sain't Louis

Después llega el verso que explica el porqué: «Quiero dejar de ser un simple mortal». El viaje no es turismo. Es transformación. Se deja atrás lo que pesa para convertirse en otra cosa.

Y la canción no esconde el riesgo. Al contrario, lo pone por escrito con una honestidad casi de contrato: «Aunque nos juguemos la vida / Y haya esa posibilidad / De quedarnos enganchados en otra / Órbita gravitacional y aunque puede / Que nunca podamos regresar».

Pocas canciones de evasión se atreven a decir eso. Que el viaje puede no tener vuelta. Que, a lo mejor, no se regresa. Y aun así, la pregunta sigue siendo la misma: ¿te vienes conmigo?

Por qué una nave y no un avión

Podría haber sido un tren nocturno o un vuelo barato. Pero el viaje a Gayfolk se hace siempre hacia arriba, en cohete o en nave, y eso tiene su lógica.

Un avión te lleva a otra ciudad, pero dentro del mismo mundo. Con las mismas leyes, los mismos prejuicios y las mismas preguntas en la cola de facturación. Una nave te saca del mundo entero. Por eso el planeta elige el espacio: porque lo que se quiere dejar atrás no es un barrio ni un país, sino una manera de mirar.

Hay algo muy queer en esa idea. Durante mucho tiempo, muchas personas LGTBI sintieron que no había un lugar en la Tierra donde pudieran ser quienes eran sin dar explicaciones. La respuesta de la ciencia ficción, y de las canciones del planeta, es imaginar ese lugar fuera. No como resignación, sino como juego: si aquí no cabemos, nos inventamos un planeta. Y luego, poco a poco, se descubre que ese planeta también se puede construir aquí abajo, canción a canción.

La nave rosa de «La despedida»

El viaje a Gayfolk no empieza en el segundo álbum. Su primer despegue está en «La despedida», del primer disco, una canción construida como una larga lista de recuerdos con Camela de fondo.

Entre besos, casi bodas y veranos de fiesta, la lista va cambiando de paisaje hasta convertirse en una cuenta atrás aeroespacial: «CAMELA, DE CAMINO A LA BASE AEROESPACIAL / CAMELA EN ESTE RECORRIDO VERTICAL / CAMELA Y UN COHETE ROSA EN ESTE VIAJE SIDERAL». El cohete cambia de color sin perder la gracia: «UN COHETE COLOR CHICLE». Y aparece también un vehículo de feria: «UN COCHE DE CHOQUE ROSA DE UN PLANETA IDEAL».

El momento más emocionante es el despegue definitivo: «CAMELA EN LA NAVE ROSA QUE SE ALEJA DE LA TIERRA PARA / NO VOLVER JAMÁS». Y luego el grito: «ADIÓS PLANETA TIERRAAAA».

Es la misma idea de «Elon Musk ha anunciado», pero sin ironía. Aquí no hay multimillonario que venda billetes. Hay una nave rosa, música de tecno-rumba y un adiós a gritos. La despedida, en el planeta, se hace con mayúsculas.

Ojalá se pudiera viajar

Entre los dos despegues hay una canción cuyo título resume el deseo de toda la trilogía: «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». El texto que la acompaña lo explica con claridad: «Hay días en los que uno desearía poder escapar a otro planeta… uno donde no hiciera falta explicarse, defenderse ni fingir».

Y describe el destino como un lugar de llegada más que como un sitio en el mapa: «Un planeta donde las emociones fueran arte, donde la tristeza tuviera banda sonora y donde los raros no tuviéramos que pedir perdón por serlo».

El mismo texto define el viaje como «un viaje interior, una metáfora del deseo de huir de lo que duele, de reinventarse y encontrar un lugar donde el amor no duela y la identidad no se negocie». No hace falta nave. El planeta existe, dice, y se llama GAYFOLK: es el propio universo de las canciones.

Por carretera: de Madrid a Benidorm

Antes de las naves, el planeta viaja por tierra. La ruta más importante es la que une las dos ciudades del universo, y tiene himno propio: «Madrid to Benidorm», del tercer álbum.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Yo ya me he apuntado ¿Te vienes conmigo? ¿Te vienes conmigo?» de «Elon Musk ha anunciado»

La canción convierte la carretera en una marcha del Orgullo. «Hand in hand, we pave the way», de la mano abrimos el camino, dice un verso. Y el estribillo invita a bailar «under the rainbow, Madrid to Benidorm». Es un viaje que mucha gente de Madrid ha hecho en verano, con la maleta en el maletero y la música alta. La canción le añade una bandera.

Hay otro viaje por carretera, mucho menos festivo. En «Mi novio de Albacete», del primer álbum, el estribillo recoge un trayecto absurdo: «Has viajado cinco horas para dejar una nota / ¡Que ha acabado en el retrete!». Cinco horas de coche, de autobús o de lo que fuera, para una nota que termina donde termina. Es el viaje más inútil del catálogo, y por eso uno de los más divertidos. El personaje, como todos los de las letras, es inventado. Lo que no es inventado es el tipo de gesto: el esfuerzo enorme puesto en el sitio equivocado.

La guagua

En Canarias, el autobús se llama guagua. Y en el planeta, la palabra aparece en una de las letras más tiernas del segundo álbum.

En «Como a mi chihuahua», la letra hace un reproche pequeño y muy concreto: «y tú no me dabas ni un beso ni antes de coger la guagua». Es un verso que cualquiera entiende sin saber nada de la historia. La despedida en la parada, el autobús que llega, y el beso que no llega.

La guagua es el transporte de lo cotidiano. No tiene el glamour del crucero ni la épica de la nave. Pero precisamente por eso duele más. Las grandes ausencias se notan en los viajes pequeños: el de todas las mañanas, el de ir al trabajo, el de volver a casa. Un beso antes de la guagua no cuesta nada, y aun así faltó.

Por mar: el crucero de las croquetas

Si hubiera que elegir el viaje más cómico del planeta, sería el de «Croquetas en el crucero», del segundo álbum. La canción empieza con unas expectativas muy concretas: «Me apunté a un crucero por el Mediterráneo / pensando en playas, sol y algún italiano».

La realidad, claro, es otra: «pero en el buffet solo había croquetas y queso malo». A partir de ahí, todo va cuesta abajo con mucha gracia. En la piscina hay una discusión sobre quién tiene el novio más macho. El capitán guiña un ojo y ofrece una copa. Y en el peor momento suena la alarma: «al sonar la alarma de evacuación / corrimos todos en bata y sin depilación».

La pregunta que resume el viaje es una de las mejores del catálogo: «¿Esto era un crucero o un Tanatorio de alta mar?». Y la respuesta llega con otro chiste: «No lo sé, pero hay sardinas en el minibar». Hasta la bebida sale mal: «pedí champán, me dieron calimocho».

El crucero es el viaje soñado convertido en verbena flotante. Y funciona como una parodia de las vacaciones de catálogo, esas que prometen lujo y entregan croquetas.

Hay también algo de retrato colectivo en esa cubierta. El crucero junta en un mismo barco a gente que en tierra nunca coincidiría: el capitán que guiña, las parejas que presumen de marido, un cura con su jardinero, el reguetonero con el que se acaba en misa. Es un pequeño país flotante, con sus clases, sus chismes y su buffet común. Y la protagonista lo mira todo con los ojos de quien ha venido a pasarlo bien y descubre que el plan era otro. Quien haya hecho unas vacaciones de grupo reconocerá la sensación: la foto del folleto y la foto real nunca coinciden, pero la segunda suele dar mejores historias.

Un barco de madera

Hay otro barco en el planeta, mucho más misterioso. En «Canguros», del segundo álbum, la letra habla en un tono casi de leyenda: «Dicen que hay un límite en el mundo / Dicen que hay un faro en la bahía / Dicen que si sigues a esa estrella / Terminarás en un barco de madera».

Collage con un detalle de la carátula de «Elon Musk ha anunciado» y las carátulas de «Croquetas en el crucero», «La despedida», «Paris restera gris»

No hay croquetas aquí, ni alarmas, ni minibar. Hay un faro, una estrella y un barco antiguo. Es el viaje de los cuentos, el que se hace siguiendo una señal en el cielo sin saber muy bien adónde lleva. En un catálogo tan lleno de humor y de rabia, estas líneas tienen algo de calma marinera.

Por aire: aviones sin sentimientos

Los aviones aparecen poco, pero cuando lo hacen tienen estilo. En «Licenciada en derecho», del segundo álbum, la protagonista recorre el mundo con los libros de leyes en el bolso: «From Madrid to Miami, style's never sloppy». Y explica su filosofía de viaje con un juego de palabras en inglés: «Catching flights, not feelings, that's the way I roll».

Coger vuelos, no sentimientos. Es la versión aérea de la independencia. El avión, aquí, no es huida ni escapada romántica. Es trabajo, ambición y una forma de moverse por la vida sin quedarse enganchada a nadie.

El viaje que no se hizo

Y luego está el billete que nunca se usó. «Paris restera gris», del tercer álbum, cuenta, según el texto que la presenta, «el final de una relación gay de muchos años» y «un viaje a París que se planeó mil veces y nunca se hizo».

El mismo texto describe ese viaje fantasma con detalles que cualquiera que haya planeado algo en pareja reconocerá: «los planes que quedaron flotando en el aire», «las maletas que nunca salieron del armario» y «los hoteles que vimos en Google Maps y que se convirtieron en ruinas imaginarias».

Muchas parejas tienen un viaje así guardado en algún sitio. Un destino del que se habló tanto que llegó a parecer un recuerdo. Una lista de restaurantes apuntados en el móvil. Una fecha que se fue moviendo hasta desaparecer del calendario. Cuando la relación termina, ese viaje se queda huérfano, y nadie sabe muy bien qué hacer con él.

Es el viaje más triste del planeta porque no tiene ni siquiera un mal recuerdo. No hubo crucero desastroso ni guagua sin beso. No hubo nada. París, dice el texto, «no es la ciudad del amor, sino el escenario de una ausencia». Y la canción no lo cuenta con rabia: lo cuenta, según su propia presentación, como «una carta que nunca se envió».

Destinos en lista de espera

El catálogo tiene, además, algunos billetes que todavía no se pueden leer. Hay canciones con nombre de destino, como «Dubai», en el tercer álbum, y «Amsterdam», en el segundo, cuyas letras aún no están publicadas. Por ahora son solo títulos en un panel de salidas. Este texto no les inventa contenido: cuando sus letras se publiquen, sabremos si son viajes de ida, de vuelta o de los que no se llegan a hacer.

Qué dicen los viajes

Vistos todos juntos, los viajes del planeta se ordenan en dos grandes grupos.

Ficha de la canción «Elon Musk ha anunciado» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Por un lado están los viajes de la Tierra: el crucero de las croquetas, la guagua, la carretera de Albacete, los vuelos de la licenciada, el París que no se pisó. Son viajes reales, o casi, y casi todos salen mal o se quedan a medias. Tienen buffets equivocados, besos que faltan, notas que acaban en el retrete y maletas que no salen del armario.

Por otro lado están los viajes a Gayfolk: la nave rosa de «La despedida», el billete de «Elon Musk ha anunciado», el deseo de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Son viajes imposibles, y precisamente por eso nunca salen mal. Todo lo que falla en la Tierra se arregla, en teoría, al llegar allí.

Hay, además, una diferencia en quién viaja. En los viajes de la Tierra, quien habla en las letras suele ir solo o mal acompañada: con un ex que no da besos, con un novio que cruza media España para una nota, con unas chonis en la piscina. En los viajes a Gayfolk, en cambio, siempre hay una invitación. Alguien pregunta si vienes. Alguien grita adiós a la Tierra con Camela sonando. El viaje imposible es, también, el único que se hace en buena compañía.

La trilogía juega con esa diferencia. En la Tierra, viajar es un lío. Hacia Gayfolk, viajar es una promesa. Y entre medias está la carretera de «Madrid to Benidorm», que tiene un pie en cada mundo: es un trayecto real, con su asfalto y su peaje, pero se recorre de la mano y bajo un arcoíris.

Cómo usar estos billetes

Este texto se puede recorrer como un itinerario. Primero, la sala de espera de «Elon Musk ha anunciado». Después, los viajes terrestres: «Mi novio de Albacete», «Como a mi chihuahua» y «Madrid to Benidorm». Luego, el mar: «Croquetas en el crucero» y «Canguros». Un vuelo con «Licenciada en derecho». Una parada triste en «Paris restera gris». Y, para terminar, el despegue: «La despedida» y «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk».

Todas las letras publicadas están en el archivo de letras, por si se quiere revisar el billete antes de subir.

Última llamada

Al final del recorrido, conviene volver a la puerta de embarque. «Elon Musk ha anunciado» es una canción sobre escapar de la rutina, pero no es una canción triste. Es una invitación. Hay alguien que ya se ha apuntado y que pregunta, dos veces, si le acompañas.

Quizá ese es el sentido de todos los viajes del planeta. No importa tanto el destino como la compañía. Un crucero con croquetas se aguanta mejor con alguien al lado. Una guagua sin beso duele porque había alguien a quien besar. Un París que no se pisó pesa porque iba a ser de dos. Y una nave rosa camino de Gayfolk solo tiene sentido si va llena.

La pregunta sigue en el aire, como un anuncio por megafonía: ¿te vienes conmigo?

Ficha

«Elon Musk ha anunciado» pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.

El panel de salidas se apaga aquí. Cuando lleguen canciones nuevas, habrá nuevos destinos.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Elon Musk ha anunciado»?

De una vida atrapada en la rutina («Rutina fría», «Café amargo») que de repente recibe una noticia: Elon Musk ha anunciado «el primer viaje tripulado / al planeta recientemente descubierto / llamado GayFolk». La canción es una invitación a apuntarse, aunque el viaje no tenga vuelta.

¿Qué canción habla de un crucero?

«Croquetas en el crucero», del segundo álbum. Es una comedia: un crucero por el Mediterráneo que prometía playas y acaba con croquetas, queso malo y una alarma de evacuación.

¿Qué es la nave rosa de «La despedida»?

En «La despedida», del primer álbum, aparecen un cohete rosa, una base aeroespacial y «la nave rosa que se aleja de la Tierra para no volver jamás». Es la manera que tiene la trilogía de despedirse del planeta Tierra camino de Gayfolk.

¿«París restera gris» cuenta un viaje real?

Cuenta un viaje que nunca se hizo. El texto de la canción habla de una relación gay de muchos años y de un viaje a París que se planeó mil veces, con maletas que no salieron del armario.

¿En qué disco está «Elon Musk ha anunciado»?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK.

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