Cultura
Lorca y la memoria queer: el poeta del amor oscuro leído junto a las letras de Mike Sain't Louis
Por Mike Sain't Louis ·

Hay nombres que aparecen en una conversación sobre memoria LGTBI española antes que ningún otro, y el primero casi siempre es el de Federico García Lorca. Poeta, dramaturgo, músico, dibujante, hombre de teatro ambulante, autor de algunos de los versos más conocidos de la lengua y asesinado en agosto de 1936, en los primeros días de la Guerra Civil. Durante décadas, la parte de su vida que tenía que ver con el amor entre hombres se contó a medias, con eufemismos o directamente no se contó. Hoy es una de las figuras centrales de la historia queer de España.
Este texto propone recorrer esa historia con un acompañamiento poco habitual: las letras de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño y autor de la trilogía GAYFOLK. No porque sus canciones hablen de Lorca, que solo lo cita una vez, sino porque varias tocan los mismos temas que atraviesan la vida y la obra del poeta: el amor escondido, la palabra «amigo» como disfraz, el teatro como máscara, el miedo a que nadie te recuerde y la tradición popular convertida en arte. Leídas una al lado de la otra, se iluminan mutuamente.
Los datos biográficos de este recorrido son públicos y están bien documentados por la prensa y por los biógrafos del poeta. Las citas de canciones reproducen las letras tal como están publicadas en la web del Planeta Gayfolk.
Un verso que todo el mundo conoce
Empecemos por lo más visible. Hay una canción del catálogo que cita a Lorca sin disimulo: «Verde», del tercer álbum de la trilogía, «El día de la liberación». Su segundo verso dice:
verde que te quiero verde, marihuana querida.
«Verde que te quiero verde» es el arranque del «Romance sonámbulo», incluido en el «Romancero gitano», que Lorca publicó en 1928 y que lo convirtió en el poeta más popular de su generación. En la página de «Canción a canción», Mike lo resume con una frase que cualquier lector reconoce: «Cualquiera que haya pasado por el instituto reconoce el verso de Lorca». La canción lo toma prestado y lo lleva a otro terreno, una rumba festiva dedicada a la marihuana, con palmas, guitarras y cajones.
El préstamo tiene algo de justicia poética. Lorca se pasó la vida tomando cosas del pueblo, coplas, romances, nanas, giros del habla andaluza, y devolviéndolas convertidas en literatura. Que uno de sus versos acabe en una rumba de barrio es la operación inversa: la literatura vuelve a la calle. Y en un proyecto que se llama GAYFOLK, que mezcla lo queer con lo folclórico, esa idea tiene algo de declaración de principios.
El folclore como laboratorio
Lorca no solo escribió sobre la tradición popular: la tocó. Era un pianista notable, se formó en el piano desde muy joven y conocía a fondo el repertorio popular. En 1931 grabó con la bailaora y artista Encarnación López, La Argentinita, una colección de canciones populares españolas para La Voz de su Amo, con él mismo al piano. En aquellos discos están temas como «Anda jaleo», «Los cuatro muleros» o «Zorongo», que Lorca había recogido y armonizado.
Esa combinación, tradición recogida con respeto y vuelta del revés con mirada propia, es exactamente lo que define al folk en su sentido más amplio. El Planeta Gayfolk juega en otra liga y con otros instrumentos, pero comparte la intuición de fondo: que lo popular, lo que suena en las verbenas, en los coches y en las cocinas, merece ser tomado en serio. En el catálogo conviven la copla, la rumba, el tecno-rumba y el pop, y la mezcla funciona precisamente porque no pide perdón por ser popular.
Nueva York, 1929: el crack y el poeta
En junio de 1929, Lorca llegó a Nueva York. Venía de una crisis personal y sentimental profunda, se instaló en la Universidad de Columbia y pasó en la ciudad varios meses, hasta que en la primavera de 1930 se marchó a Cuba. Estuvo allí, por tanto, durante el hundimiento de la bolsa de octubre de 1929, el famoso crack que abrió la Gran Depresión. De esa estancia salió «Poeta en Nueva York», un libro áspero, surrealista, lleno de rabia contra la ciudad de las finanzas y de ternura por sus marginados, que no se publicó completo hasta 1940, cuatro años después de su muerte.

En el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK hay una canción que transcurre exactamente en ese mismo otoño y en ese mismo tipo de ciudad. «The Great Depression» arranca así:
October bit like cheap gin in the throat, I read the numbers in my fraying coat.
Octubre muerde como ginebra barata, alguien lee los números de la bolsa con un abrigo raído. Y en medio del caos, la multitud, la radio de un escaparate escupiendo jazz, alguien le agarra la muñeca al narrador. Mike lo describe en su ficha como «una historia de amor entre dos hombres en plena Gran Depresión. Una historia escondida, como tantas». No es una canción sobre Lorca, y conviene no forzar la comparación: sus personajes son inventados y no hay ningún poeta español en la letra. Pero quien la escuche sabiendo que Lorca paseaba por esas mismas calles aquel mismo otoño, con su propio amor complicado a cuestas, la oirá de otra manera.
«Friend» nunca fue suficiente
La estrofa final de «The Great Depression» contiene la idea que mejor resume la historia de la memoria queer, y la de Lorca en particular:
They won't write how you fixed my cuff, How "friend" was never word enough.
No escribirán cómo me arreglabas el puño de la camisa. Ni que «amigo» nunca fue palabra suficiente. Mike explica en su ficha que es la estrofa que más le toca, porque «es una forma de recordar que la historia oficial siempre deja fuera a la gente como nosotros, a los amores que eran ilegales».
Durante buena parte del siglo XX, las biografías de Lorca estuvieron llenas de amigos. Amigos íntimos, amistades apasionadas, camaradas de la Residencia de Estudiantes. La palabra hacía un trabajo enorme: decía y tapaba al mismo tiempo. Su relación con Salvador Dalí, a quien dedicó en 1926 una «Oda a Salvador Dalí», se contó durante años como una gran amistad entre artistas. Las relaciones con el escultor Emilio Aladrén o con Rafael Rodríguez Rapún, secretario de La Barraca, quedaron en notas al pie. Fue sobre todo a partir de los años ochenta, con el trabajo de biógrafos como Ian Gibson, que en 2009 dedicó un libro entero a la relación del poeta con el mundo gay, cuando esa parte de su vida pasó a contarse con todas las letras.
Esa es exactamente la operación que denuncia la canción. La historia oficial escribe bancos y pan, deudas sin pagar, hombres que saltaron por la ventana. Lo que no escribe es el gesto doméstico, el puño de la camisa, la corbata colgada de un gancho en la cocina. Con Lorca pasó lo mismo: durante décadas se escribió el poeta y se borró al hombre que amaba.
La Oda a Walt Whitman: un texto incómodo
Si hay un poema de Lorca que se cita siempre al hablar de su homosexualidad es la «Oda a Walt Whitman», incluida en «Poeta en Nueva York» y publicada por primera vez en México en 1933, en una edición muy corta. Es un poema hermoso y también incómodo. Empieza con un homenaje lleno de ternura al poeta norteamericano:

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman, he dejado de ver tu barba llena de mariposas,
Y, sin embargo, más adelante dedica versos durísimos a los «maricas de las ciudades», a los que acusa de degradar el amor. Los estudiosos llevan décadas discutiendo cómo leer ese contraste: como un rechazo interiorizado, como una crítica a una forma concreta de vivir la homosexualidad en la ciudad moderna o como las dos cosas a la vez. Lo que nadie discute es que el poema muestra a un hombre que se pelea consigo mismo y con su época por la forma de nombrar lo que siente.
Esa pelea con las palabras, con los insultos que vienen de fuera y los que uno interioriza, recorre buena parte del catálogo del Planeta Gayfolk. En «Soy marica sideral», del segundo álbum, la palabra que Lorca usaba como insulto aparece en el título con la cabeza bien alta, y la letra le da la vuelta al juicio ajeno con una frase que el poeta quizá habría envidiado: «no es mi pluma el problema». Casi un siglo separa los dos textos, y en ese siglo la misma palabra ha pasado de golpe a bandera.
El público: el teatro bajo la arena
En 1930, de vuelta de Cuba, Lorca escribió «El público», la obra de teatro en la que habló del amor entre hombres de forma más abierta. Es un texto difícil, surrealista, lleno de máscaras, de personajes que se transforman y de una pregunta constante sobre quién es uno cuando se quita el disfraz. El propio Lorca la consideraba irrepresentable en su tiempo. Y tenía razón: no se estrenó hasta el 12 de diciembre de 1986, en el Teatro Studio de Milán, con dirección de Lluís Pasqual y el Centro Dramático Nacional, y llegó a Madrid en enero de 1987. Más de medio siglo de espera.
La crónica del estreno en El País recogía una de sus frases más famosas: «¡Hay que destruir el teatro o vivir en el teatro!». Toda la obra gira en torno a esa idea: el teatro como máscara que permite decir lo que no se puede decir a cara descubierta, y como trampa en la que uno acaba viviendo para siempre.
El catálogo del Planeta Gayfolk tiene una canción con ese título casi literal, aunque en un registro muy distinto. «Una obra de teatro», del segundo álbum, no trata del armario, sino de una relación con alguien que fingía. Empieza con una pregunta llena de incredulidad: «Me estás diciendo que todo / Era Una / Obra de teatro?». Y sigue: «Siete años en un escenario?». Mike lo resume en su ficha como una relación que «parece haber sido una función ensayada al milímetro», y subraya el detalle de las lágrimas: él no lloraba, y las pocas veces que lo hacía, lo fingía.
Las dos obras se miran desde extremos opuestos. En Lorca, la máscara es una necesidad, la única forma de sobrevivir en un mundo que castiga la verdad. En la canción, la máscara es una estafa, el arma de quien finge para manipular. Juntas recuerdan que el teatro puede ser refugio o engaño, y que la diferencia está en quién lo usa y para qué.
Los Sonetos del amor oscuro
En los dos últimos años de su vida, Lorca escribió once sonetos de amor dirigidos a un hombre. Varios biógrafos los relacionan con Rafael Rodríguez Rapún, aunque el poeta no dejó ninguna dedicatoria explícita. Durante décadas, su existencia fue casi una leyenda: se sabía que estaban ahí, Vicente Aleixandre había hablado de ellos, algunos se habían publicado sueltos o en traducciones, pero la familia no había autorizado su edición en España.

A finales de 1983, un grupo de estudiosos y poetas recibió por correo, desde Granada, una edición clandestina de 250 ejemplares, sin nombre del autor, con cubierta roja y una sola frase: se publicaban «para recordar la pasión de quien los escribió». Cuatro meses después, el 17 de marzo de 1984, el diario ABC los publicó por primera vez en castellano, con permiso de la familia. Uno de ellos empieza así:
Amor de mis entrañas, viva muerte, en vano espero tu palabra escrita
Es un poema de espera, de alguien que aguarda una carta que no llega. Y es difícil leerlo sin pensar en la cantidad de amores que solo pudieron existir por escrito, en cartas que se guardaban o se quemaban, en palabras que se decían a medias. «The Great Depression» termina con una imagen parecida: el narrador guarda a su amante doblado dentro del pecho, «A quiet headline no one guessed», un titular silencioso que nadie adivinó. El soneto de Lorca y la canción del planeta hablan de lo mismo con ochenta años de distancia: del amor que solo existe mientras alguien lo recuerda.
«Nadie hablará de mí cuando haya muerto»
El 18 de agosto de 1936, en los primeros días de la Guerra Civil, Lorca fue asesinado en el camino entre Víznar y Alfacar, en Granada, junto a un maestro y dos banderilleros. Su cuerpo nunca se ha encontrado. Varias búsquedas, la primera en 2009, han excavado en la zona sin hallar sus restos. Es, probablemente, el desaparecido más famoso de la historia de España.
Y es, al mismo tiempo, uno de los muertos de los que más se ha hablado. Esa paradoja, un cuerpo perdido y un nombre que nadie olvida, invita a releer una de las canciones más negras y más divertidas del primer álbum de la trilogía, «Nadie hablará de mí cuando haya muerto». Su protagonista imagina su propio funeral y hace recuento de asistentes:
Dos amigos, como mucho, tal vez uno.
Y más adelante remata con un pronóstico demoledor: «y será como si nunca hubieras existido». Mike la describe en su ficha como un funeral con humor negro, que mezcla «dos cosas que en España se nos dan muy bien: el dramatismo y la guasa». Es una canción sobre el miedo al olvido, y también sobre la soledad de quien siente que su vida no ha dejado huella en nadie.
Hay que decirlo con claridad: es una canción de humor negro, no un plan. Pero si alguna vez esa sensación de que nadie te echaría de menos deja de ser un chiste y empieza a pesar de verdad, en España puedes llamar gratis al 024, a cualquier hora, y en caso de emergencia al 112. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país.
La historia de Lorca es el reverso exacto de esa canción. Hicieron todo lo posible por borrarlo, sin tumba, sin nombre en una lápida, y sin embargo se convirtió en lo contrario: alguien de quien se habla en todas partes, en todos los idiomas. La memoria queer funciona a menudo así. No la construyen los que mandan, sino los que se niegan a olvidar.
Reescribir los lugares donde no nos invitaron
La memoria LGTBI no consiste solo en recordar a los muertos. También consiste en volver a mirar los lugares, los museos, los libros, las bibliotecas, y encontrar lo que siempre estuvo ahí y no se quería ver. En los últimos años, museos como el Prado han organizado recorridos que releen sus colecciones desde esta perspectiva, y la obra de Lorca se estudia hoy en las aulas con una franqueza impensable hace cuarenta años.

Mike escribió algo parecido sobre su canción «Louvre», del segundo álbum, en la que un chico con alas rosas sobrevuela la pirámide de cristal. En su ficha explica que esas salas «están llenas de cuerpos desnudos, de amores ambiguos y de belleza masculina pintada por gente que no siempre pudo vivir su deseo en libertad», y añade la idea que más le importa: «reescribir los lugares donde nunca nos invitaron». Es una buena descripción de lo que ha pasado con Lorca. El poeta siempre estuvo en el canon. Lo que ha cambiado es que ahora se le lee entero.
La memoria como forma de amor
Hay una frase en el texto que acompaña a «Kaaa Miga», el homenaje de Mike a La Veneno, que podría aplicarse a casi toda la memoria queer: el tema forma parte, dice, de su universo GAYFOLK, «donde la memoria queer se mezcla con el pop art, la crítica y la ternura». Las tres cosas importan. La crítica, para señalar quién borró qué. La ternura, para recordar a las personas y no solo a los símbolos. Y el pop, para que la memoria no se quede en los libros, sino que suene en la calle.
Lorca sería un buen patrón para esa mezcla. Fue un intelectual que se sabía de memoria las canciones de las abuelas, un vanguardista que llevó el teatro clásico a los pueblos con La Barraca, un poeta trágico que en las fiestas tocaba el piano y hacía reír a todo el mundo. La memoria que merece abarca al mártir y también al hombre alegre y contradictorio que amó a quien quiso en una época que no se lo permitía.
Para leer y escuchar
Para quien quiera hacer el recorrido completo, una propuesta de lectura y escucha en paralelo:
- El «Romance sonámbulo» del «Romancero gitano», seguido de «Verde», para ver cómo un verso sale del libro y vuelve a la calle.
- «Poeta en Nueva York», seguido de «The Great Depression», para pasear por el mismo otoño de 1929.
- La «Oda a Walt Whitman», seguida de «Soy marica sideral», para medir lo que ha cambiado una palabra en un siglo.
- «El público», seguido de «Una obra de teatro», para comparar la máscara que salva con la máscara que engaña.
- Los «Sonetos del amor oscuro», seguidos de la última estrofa de «The Great Depression», para escuchar el amor que solo existe por escrito.
- Y, para terminar, «Nadie hablará de mí cuando haya muerto», con una sonrisa y sabiendo que, a veces, la historia demuestra lo contrario.
Todas las letras citadas, con sus mayúsculas y su ortografía originales, están en el archivo de letras, y las de «Boys Like Us», otra canción del segundo álbum sobre el amor que se esconde, se pueden leer junto a su ficha en «Boys Like Us».
Ficha
«The Great Depression» pertenece a «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los nombres y personajes de las letras son inventados. Las citas reproducen las letras publicadas tal como aparecen en la web, con su ortografía, y los versos de Lorca, en dominio público, se citan por sus ediciones habituales. Los datos biográficos proceden de fuentes periodísticas y biográficas públicas. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los Sonetos del amor oscuro?
Son once sonetos de amor que Federico García Lorca escribió en los últimos años de su vida, dirigidos a un amor masculino. Circularon en una edición clandestina a finales de 1983 y el diario ABC los publicó por primera vez en castellano, con permiso de la familia, el 17 de marzo de 1984.
¿Estuvo Lorca en Nueva York durante el crack de 1929?
Sí. Llegó a Nueva York en junio de 1929 y pasó allí varios meses, hasta su viaje a Cuba en la primavera de 1930, así que vivió en la ciudad el hundimiento de la bolsa de octubre. De esa estancia nació «Poeta en Nueva York», publicado tras su muerte, en 1940.
¿Qué canción de Mike Sain't Louis habla de un amor escondido en 1929?
«The Great Depression», del tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación». Cuenta la historia clandestina de dos hombres durante el crack del 29 y termina diciendo que los libros de historia no escribirán que la palabra «amigo» nunca fue suficiente.
¿Qué relación tiene la canción «Verde» con Lorca?
Su segundo verso es «verde que te quiero verde», el comienzo del «Romance sonámbulo» de Lorca, publicado en el «Romancero gitano» en 1928. La canción lleva la cita a una rumba festiva.
¿Cuándo se estrenó El público?
El público, la obra más abiertamente homosexual de Lorca, escrita hacia 1930, no se estrenó hasta el 12 de diciembre de 1986, en Milán, con dirección de Lluís Pasqual. Llegó a Madrid en enero de 1987.