Planeta Gayfolk

Humor

Cluedo de resaca: «Garrafón de China» leída como una partida de detectives en la propia casa

Por ·

Portada de «Garrafón De China», canción de Mike Sain't Louis

Hay un juego de mesa que casi todo el mundo ha jugado alguna tarde de lluvia: el Cluedo. Hay un crimen en una mansión, unos cuantos sospechosos, unas cuantas armas y unas cuantas habitaciones, y gana quien adivina antes que nadie la combinación exacta. Fue tal persona, con tal objeto, en tal sitio. Entre las habitaciones del tablero, por cierto, hay una cocina.

«Garrafón de China» empieza como empiezan las partidas de Cluedo: con alguien que se encuentra un misterio en su propia casa. Esta mañana me he levantado, dice la letra, con un pavo que no sé ni quién es al lado. Y termina con otro misterio todavía más doméstico: ahora tengo a un extraño en mi cocina. Entre una cosa y otra, el protagonista hace lo que haría cualquier detective con dolor de cabeza: repasa a los sospechosos, busca el arma y revisa las habitaciones.

En este diario ya hay una nota sobre la canción y la resaca como género musical, y en la ficha de la canción Mike la presenta como la crónica de una mañana con la cabeza a punto de explotar. Este post la lee de otra manera: como una partida de Cluedo, con su tablero, sus cartas y su sobre secreto.

Aviso previo, como en las instrucciones del juego: todos los personajes de las letras de Mike son inventados. El pavo, el cachas y el extraño de la cocina no existen fuera de la canción. Y ninguna partida de este post es una invitación a beber garrafón; más bien lo contrario.

La caja del juego

Todo juego de mesa se vende por la ilustración de la caja, y la de este parece la portada de una edición especial muy loca. Dos hombres morenos, peinados hacia atrás, están tumbados en una cama enorme de colcha rosa, con un cabecero acolchado de color turquesa. Los dos llevan chaquetillas de torero, con hombreras y bordados dorados: uno, a la izquierda, la tiene negra y oro, con gafas de sol y corbata estrecha, y se lleva una mano a la nuca; el otro, a la derecha, la lleva rosa y oro, a juego con el pantalón, y mira de reojo con cara de pocos amigos.

Alrededor, el dormitorio es un decorado de pop art. Un corazón de neón rosa en la pared. Una lámpara rosa con flecos a un lado. Un cojín de lunares. Un teléfono rojo de disco en la mesilla amarilla. Y en la pared del fondo, un retrato enorme de una mujer de pelo negro, en estilo de cómic, que parece vigilar la escena.

Abajo, el título en letras amarillas de brocha sobre un manchurrón negro y rosa: «GARRAFÓN DE CHINA». Y debajo, en turquesa, entre dos estrellas, Mike Sain't Louis.

Como caja de Cluedo funciona a la perfección. Hay una habitación, hay dos sospechosos vestidos para un crimen de lujo, hay un teléfono por si hay que llamar a alguien y hay un testigo mudo colgado en la pared. Lo único que falta es el sobre con la solución.

Las reglas del juego

En el Cluedo, el objetivo es responder a tres preguntas: quién, con qué y dónde. En «Garrafón de China» las preguntas son parecidas, aunque el crimen es más modesto. No hay un asesinato; hay una resaca, un señor desnudo en la habitación y un extraño en la cocina. Las tres preguntas serían:

  • Quién tiene la culpa de esta mañana.
  • Con qué se cometió el estropicio.
  • En qué habitación pasó cada cosa.

El detective es el propio protagonista, que tiene un problema serio para resolver el caso: no se acuerda de nada. No recuerdo cómo llegó este tío a mi cama, dice. Es un detective con amnesia, una figura con mucha tradición en las novelas de misterio, solo que aquí la amnesia no viene de un golpe en la cabeza sino de haber mezclado demasiado en el fiestón.

Sospechoso número uno: el pavo

El primer sospechoso aparece en la primera línea, al lado del detective, en la cama. Es un pavo que no sé ni quién es. Pavo, en el castellano coloquial, es un chico, un tío, sin más; es una palabra informal y un poco despectiva, que se usa para alguien a quien no se conoce de nada. Que el protagonista lo llame así ya dice mucho: no tiene nombre, no tiene historia, solo está ahí.

Fotogramas del videoclip oficial de «Garrafón de China», de Mike Sain't Louis

Datos conocidos del sospechoso, según la letra: ha acabado desnudo en la habitación. Nadie sabe cómo llegó a la cama. Y hay una pista de carácter físico que la letra deja caer con muchísima sorna: no sé si tendrá que ver su dotación. Es decir, el detective sospecha que, si este señor está aquí, puede que sea por un motivo muy concreto que no se apunta en las fichas del juego.

Coartada: ninguna. El sospechoso no habla en toda la canción. No se defiende ni se explica. En una partida de Cluedo, eso lo convertiría en el primero de la lista.

Sospechoso número dos: el cachas de la barra

El segundo sospechoso no está en la casa, pero es el que más papeletas tiene. La letra lo acusa sin rodeos en la cuarta línea: el cachas de la barra nos vendió garrafón.

Es un personaje muy reconocible. El camarero musculoso, de los que se ponen detrás de la barra en según qué locales y sirven las copas con camiseta ajustada. En la acusación hay un matiz importante: nos vendió. En plural. El detective no fue la única víctima; había un grupo, una pandilla de fiesta, y a todos les sirvió lo mismo.

En la ficha de la canción, Mike tiene un detalle con el gremio: la dedica también a los camareros honrados, que haberlos haylos. Lo que confirma que el cachas de la barra es un caso particular y no una acusación general. Este sospechoso tiene motivo, que es ganar dinero sirviendo alcohol barato a precio de caro, y tiene la oportunidad, porque es quien pone las copas.

Sospechoso número tres: el extraño de la cocina

El tercer sospechoso es el más misterioso de todos, porque ni siquiera está claro si es el mismo que el primero. Y ahora tengo a un extraño en mi cocina, dice el estribillo, dos veces seguidas, cada vez que suena.

La letra no lo aclara, y esa ambigüedad es una de las mejores cosas de la canción. Puede que el pavo de la cama se haya levantado y esté trasteando entre los armarios, abriendo la nevera, buscando el café. Puede que sea otra persona que llegó también en algún momento de la noche y de la que nadie se acuerda. En el Cluedo esto sería imposible, porque cada sospechoso tiene su ficha, pero en la vida real de las resacas pasa más de lo que se reconoce.

Lo que sí está claro es la sensación. Un extraño en tu cocina es una de las imágenes más inquietantes de lo cotidiano. La cocina es el sitio de las cosas propias: tus tazas, tu cafetera, tu forma de ordenar las especias. Tener a alguien desconocido ahí, a primera hora, es como encontrarse a un intruso en el corazón de la casa. Y la canción lo grita como si fuera la sirena de una alarma.

Sospechoso número cuatro: el propio detective

En las buenas novelas de misterio, a veces el culpable es el narrador. «Garrafón de China» juega un poco con esa idea, porque el protagonista, entre acusación y acusación, se va reconociendo algunas culpas.

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Ha acabado desnudo en mi habitación No se si tendrá que ver su dotación» de «Garrafón de China»

La primera, en la tercera línea: no debí de mezclar tanto en el fiestón. La segunda, en la segunda vuelta de la canción: debí retirarme antes de la celebración. Y la tercera es una descripción de su estado que no deja mucho lugar a dudas: esta mañana me he levantado con una mezcla entre cansado y fumado.

Es decir, el detective tiene coartada para muy poco. Mezcló, no se retiró a tiempo y amaneció a medio camino entre el sueño y el humo. Si el juego fuera justo, tendría que poner su propia ficha encima de la mesa. La gracia de la canción es que no lo hace del todo: reconoce lo suyo con la boca pequeña y sigue señalando al garrafón.

El arma: una botella sin etiqueta

En el Cluedo, las armas son objetos clásicos de novela inglesa: una cuerda, un candelabro, una llave inglesa, un puñal. En «Garrafón de China», el arma es un líquido. El garrafón.

Garrafón es el nombre que se da en España al alcohol de mala calidad que algunos bares sirven en las copas haciéndolo pasar por una marca mejor. El nombre viene de la garrafa, el recipiente grande del que supuestamente se rellenan las botellas. Tiene fama de dejar resacas espantosas, y la fama tiene base: el alcohol adulterado o de origen dudoso puede ser peligroso de verdad, y las autoridades sanitarias han advertido en distintas ocasiones de los riesgos de las bebidas falsificadas.

La letra lo describe con dos efectos concretos: la cabeza me va a explotar de la resaca, y ahora me ha pasado por encima un camión. La segunda imagen es de las más gráficas del idioma para describir el cuerpo después de una noche mala. No hace falta más ficha técnica.

El apellido del arma

¿Y por qué de China? La respuesta más sencilla está en el propio estribillo: porque rima con cocina. ¡Garrafón de China! Y ahora tengo a un extraño en mi cocina. El apellido llega para cerrar la rima, y lo hace con una exclamación de grito, de esos que se sueltan al abrir los ojos y verlo todo dar vueltas.

En el habla de la calle, poner un apellido geográfico a algo de mala calidad es una forma de decir que no se sabe de dónde ha salido. Aquí el apellido funciona como el sello de una botella sin etiqueta: origen desconocido, contenido sospechoso. Y como sonido, China y cocina encajan como dos piezas del mismo puzle.

Las habitaciones del tablero

El tablero del Cluedo es el plano de una casa, con sus habitaciones conectadas por pasillos. El de «Garrafón de China» tiene tres escenarios, y la canción los recorre en el orden en que el detective los va descubriendo.

La barra. Es el escenario del crimen original, aunque la canción no está allí. Solo se recuerda. Es donde estaba el cachas y donde se sirvió el arma. Fuera del tablero, en el pasado.

La habitación. Es donde empieza la partida. El detective abre los ojos y ahí está el pavo, desnudo. La letra dice mi habitación y mi cama, con posesivo, porque el detective está en su propia casa. Eso hace el misterio más raro: no se ha despertado en un sitio desconocido; lo desconocido ha venido a su sitio.

La cocina. Es donde termina cada estribillo. El extraño está ahí. No se sabe qué hace. La canción no entra; se queda en la puerta, gritando.

En el tablero de la portada solo aparece la habitación, con su cama rosa y su teléfono rojo. La barra y la cocina quedan fuera de plano, como esas habitaciones del Cluedo a las que hay que llegar tirando los dados.

Los testigos mudos

Todo buen misterio tiene testigos, y en la portada hay dos que no pueden hablar. El primero es el retrato de la pared: una mujer de pelo negro y labios rojos, dibujada en estilo de cómic, con la mirada de lado. Está colgada justo encima de la mesilla, como si llevara toda la noche observando la habitación. Si pudiera declarar, resolvería el caso en un minuto. Pero es un cuadro, y los cuadros no prestan declaración.

Collage con un detalle de la carátula de «Garrafón de China» y las carátulas de «Carta de recomendación», «Boys Like Us», «Mi pena»

El segundo testigo es el teléfono rojo de disco, en la mesilla amarilla. En el Cluedo no hay teléfono, pero en las películas de misterio siempre hay uno que suena en el peor momento o que nadie se atreve a descolgar. En la canción nadie llama a nadie. El detective no pide ayuda, no avisa a un amigo, no pregunta a la pandilla del fiestón qué pasó. Se queda en casa con su hoja de detective vacía y su extraño en la cocina.

Y hay un tercer elemento que funciona casi como pista falsa: los trajes de torero. En la letra no hay toros, ni plaza, ni paseíllo. Las chaquetillas bordadas de los dos hombres de la cama son puro vestuario de fiesta, de esas que se alargan tanto que nadie recuerda en qué momento se cambió de ropa. Si alguien buscara en ellos una pista sobre el crimen, se equivocaría. Son el disfraz de una noche que, a la mañana siguiente, ya nadie sabe explicar.

Las cartas: lo que se sabe y lo que no

En el Cluedo, cada jugador tiene unas cartas en la mano y va tachando posibilidades en su hoja de detective. Si el protagonista de la canción tuviera esa hoja, estaría bastante vacía. Haciendo recuento:

Lo que se sabe: que hubo un fiestón, que se mezcló mucho, que el cachas sirvió garrafón, que el pavo está desnudo en la habitación, que hay un extraño en la cocina, que la cabeza va a explotar, que el cuerpo está como si le hubiera pasado por encima un camión.

Lo que no se sabe: quién es el pavo, cómo llegó a la cama, si el extraño de la cocina es el mismo pavo o es otro, a qué hora terminó la noche, qué pasó entre la barra y la cama.

Esa hoja de detective, con más huecos que respuestas, es el retrato exacto de una mañana de resaca. La memoria viene a trozos, como las cartas que se van enseñando una a una en la partida.

La acusación final

En el Cluedo, cuando un jugador cree tener la solución, hace la acusación en voz alta y mira el sobre secreto. Si acierta, gana. Si falla, queda eliminado.

La acusación del protagonista llega con el estribillo y es siempre la misma: el garrafón. Garrafón malo, me siento acabado. Garrafón mal, me siento fatal. Son dos líneas que riman con la torpeza de quien todavía no se ha tomado el café, malo con acabado, mal con fatal, y que suenan casi a cántico de grada, de esos que se corean sin pensar.

¿Acierta el detective? Según el sobre, a medias. El garrafón tiene su parte, sin duda. Pero las otras cartas, las de la mezcla y la retirada tardía, apuntan también al jugador. El juego, como la vida, no tiene una sola solución.

Repetir la partida

Hay una cosa que llama la atención al leer la letra entera: la canción se repite. Las estrofas vuelven, el estribillo vuelve, y la primera estrofa reaparece casi idéntica al final, con su esta mañana me he levantado con un pavo al lado.

Ficha de la canción «Garrafón de China» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En términos de juego, es como si el detective, al terminar la partida, volviera a repartir las cartas y empezara otra exactamente igual. Es el bucle de la resaca: cada mañana de domingo se jura que nunca más, y la siguiente vez la partida empieza en el mismo sitio, con el mismo dolor de cabeza y el mismo misterio en la cocina. Mike lo dice en su ficha con una frase muy certera: es un arrepentimiento que dura hasta el sábado siguiente.

Esa estructura circular hace que la canción funcione también como advertencia. Se puede escuchar el domingo, como consuelo, o el sábado por la tarde, como aviso al que nadie va a hacer caso.

Dónde está en el disco

«Garrafón de China» es la pista 22 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», justo después de «Carta de recomendación» y justo antes de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!». Es el mismo disco de «Vas a escuchar un disco muy raro», que también tiene su fiesta, su humo y su vecindario escandalizado.

En la lista numerada de singles de la web es la 41 de 273, entre «Boys Like Us» y «Mi pena». El videoclip oficial dura 3:46 y tiene su página en el planeta.

La canción la firma Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical, el primer cantautor IA. La letra es suya, y la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial.

Por qué un Cluedo

Se podría leer «Garrafón de China» como una simple canción de juerga, y lo es. Pero tiene algo que la acerca a los misterios de sobremesa: la estructura de la pregunta sin respuesta. Quién es este, cómo ha llegado aquí, qué hace en mi cocina. Son preguntas de detective, hechas con gafas de sol dentro de casa.

Y tiene también el tono de los juegos de mesa: nadie sale herido de verdad. La canción no es un drama. El pavo no es peligroso, el extraño de la cocina no amenaza a nadie, el cachas no aparece para defenderse. Todo se queda en el terreno del juego, del susto cómico, de la anécdota que se contará el lunes a los amigos entre risas.

Esa ligereza no quita que, detrás del chiste, haya una advertencia razonable. Mezclar mucho tiene consecuencias, el alcohol de origen dudoso también, y retirarse antes de la celebración es una opción que siempre está disponible. La canción no lo dice con sermón; lo dice con un dolor de cabeza.

Hoja de detective, para recortar

Para quien quiera la versión rápida, aquí va la partida entera resuelta en un párrafo, como la hoja que se guarda en la caja al terminar.

Caso: Garrafón de China. Detective: el protagonista, con amnesia. Sospechosos: el pavo de la cama, el cachas de la barra, el extraño de la cocina y el propio detective. Arma: garrafón, botella sin etiqueta. Habitaciones: la barra, fuera del tablero; la habitación, con el pavo; la cocina, con el extraño. Pista clave: la dotación. Acusación: garrafón malo, garrafón mal. Solución: compartida. Partida siguiente: el sábado.

Para jugar, la canción está en Spotify y la letra completa en la sección de letras del planeta. Y para quien escriba sobre música, la información del proyecto está en la sala de prensa del planeta.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Garrafón de China»?

De una mañana de resaca después de un fiestón. El protagonista se despierta con un desconocido al lado, no recuerda cómo llegó a su cama, culpa al garrafón que les vendió el cachas de la barra y termina con un extraño en su cocina.

¿Qué es el garrafón?

En España se llama garrafón al alcohol de mala calidad que algunos bares sirven en copas como si fuera de marca. Tiene fama de dar resacas terribles, y la canción lo convierte en el culpable de todo.

¿Quiénes son el pavo y el cachas de la barra?

Personajes de la letra, como todos los de las canciones de Mike. El pavo es el desconocido que amanece en la cama y el cachas es el camarero al que la letra acusa de servir garrafón.

¿En qué disco está?

Es la pista 22 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», entre «Carta de recomendación» y «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!». En la lista numerada de singles de la web es la 41 de 273, y el videoclip oficial dura 3:46.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

Más notas

Apoyar en Ko-fi