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Cuatro chihuahuas, una guagua en llamas y un volcán en la tele: el videoclip de «Como a mi chihuahua», escena a escena

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Fotograma de «Como a mi chihuahua»: vista aérea de una isla verde en mitad del mar azul, partida por ríos de lava naranja que bajan desde un cráter cubierto por una nube blanca

Al empezar «Como a mi chihuahua» el título aparece en letras blancas y azules, de trazo redondo, sobre un paisaje de noche: unas montañas negras por las que bajan ríos de lava naranja, con un rayo que cae a la derecha. Tres segundos después, un volcán escupe fuego contra un cielo de atardecer. Y justo en el plano siguiente, sin transición, un hombre con traje marrón pasea a cuatro chihuahuas por un camino de jardín, entre plataneras y flores rojas, con la tranquilidad de quien sale a por el pan.

Ese salto, de la catástrofe al paseo del perro, es el vídeo entero. Durante 4:27, el clip alterna dos mundos que no deberían caber juntos: el de los perritos y el del volcán. Salió el 21 de mayo de 2025 y se puede ver en su ficha de vídeo. En el diario ya hay notas sobre el corazón a mil por hora y una carta desde la canción. Aquí me fijo solo en lo que se ve. Marco cada escena con el minuto entre paréntesis, y la letra entra cuando hace falta.

El señor de los cuatro perritos

(0:09) El primer paseo. Un hombre joven, con barba y el pelo corto, lleva un traje marrón con chaleco y camisa blanca. Camina por un sendero de tierra en un jardín muy verde, con plataneras a los lados y matas de flores rojas y amarillas. Delante, cuatro chihuahuas con correa: uno canela, uno blanco y negro, uno marrón y otro más claro.

(0:12) Otro escenario, otro traje. Ahora es azul marino, con corbata, y la calle es de casas encaladas con macetas de geranios y buganvillas fucsias trepando por las paredes. Los cuatro perros van delante, tirando un poco de la correa.

(0:21) y (0:24) Los dos paseos vuelven, alternándose. (0:30) Un tercer traje, gris claro, y el hombre agachado entre dos muros de piedra con flores, rodeado por los perritos, que le miran.

El paseo es el hilo que cose todo el clip. Vuelve una y otra vez, cada vez con un traje distinto y en un sitio diferente: un jardín tropical, una calle blanca de pueblo, los jardines de un palacio, una costa de roca volcánica, una playa de arena negra. Lo que no cambia son los cuatro chihuahuas, que van siempre por delante, y la cara del hombre, que parece no enterarse de nada de lo que ocurre a su alrededor.

El volcán que no para

(0:06) El volcán aparece por primera vez. Un cono oscuro en mitad de un paisaje montañoso, con una columna de fuego que sale del cráter y un río de lava que baja por la ladera hasta el valle.

(0:27) y (0:36) Vuelve, ahora con una columna de humo negro y gris que se levanta muy alta, y abajo, a los pies de la montaña, las luces de un pueblo.

(0:48) La lava ha llegado a la costa. Un río negro y humeante entra en el mar junto a una playa de arena clara y aguas turquesas, con palmeras a la derecha.

(1:45), (2:18), (2:33) y (2:45) La lava sigue avanzando, ahora por un pueblo de casas bajas junto al mar, al atardecer, con el humo cubriendo el cielo.

En el clip, el volcán es lo contrario del paseo. Todo lo que el paseo tiene de calma, el volcán lo tiene de amenaza. Y lo curioso es que los dos nunca coinciden en el mismo plano durante la primera mitad. El hombre de los chihuahuas pasea por un mundo y el volcán arde en otro. Solo más adelante, en la playa negra, los dos mundos empiezan a tocarse.

Te voy a contar por qué no veo las noticias

Los toreros

(0:15) Una escena que no se espera. Una plaza de toros al atardecer, con las gradas al fondo y el cielo morado. Un torero joven, con un traje de luces rojo y dorado, de chaquetilla bordada, está frente a una figura oscura, casi una estatua de piedra negra, que le agarra del brazo.

Tira de fotogramas de «Como a mi chihuahua»: paseos con perritos diminutos, la guagua verde ardiendo y la erupción vista desde el sofá

(0:18) El torero abraza a esa figura negra, de espaldas a cámara, con la cabeza apoyada en su hombro.

(0:51) y (0:54) Otro decorado: un dormitorio de paredes rosas, con una cama de sábanas azules, luces de neón rosa y fucsia en el techo y cuadros colgados. Dos toreros están de pie, uno a cada lado de la cama. Uno lleva un traje de luces azul y el otro uno verde claro con bordados. Se miran.

Es la parte más difícil de leer del clip, y la más del planeta. Un torero que abraza una sombra, dos toreros en un dormitorio rosa de neón: es el folclore español de toda la vida metido en un decorado de discoteca, con una carga de deseo que la letra no explica pero que la imagen deja clara. El traje de luces es uno de los motivos más queridos de la estética camp, y aquí aparece fuera de la plaza, en un cuarto con cama.

La guagua

(1:15) Una de las imágenes más fuertes del vídeo. Una guagua verde, de las de línea, parada en una carretera, envuelta en llamas. Sale fuego por las ventanas y por el techo, y una columna de humo negro sube hacia un cielo donde, al fondo, humea el volcán. A la derecha, unos edificios de pisos.

(2:03), (2:06), (2:09) y (3:21) La guagua vuelve, ardiendo cada vez más, desde ángulos distintos.

Esa guagua sale de la letra. Es el único canarismo de todo el texto, y el vídeo la convierte en un objeto en llamas. En la letra, la guagua es el sitio del beso que nunca llega:

y tú no me dabas ni un beso ni antes de coger la guagua

En el vídeo, la guagua arde. Es una manera brutal de enseñar lo que pasa con lo que no se dice. El beso que no se dio antes de subir al autobús se queda ahí, quemándose en mitad de la carretera.

Los perritos en la cama

(1:03) Un cambio total de tono. Un primer plano de dos chihuahuas tumbados entre unas sábanas moradas, uno encima del otro, con una manta de cuadros. La imagen está un poco movida, como grabada con el móvil.

(1:06) y (1:09) Un chihuahua color crema, de orejas grandes, mira a cámara desde la cama morada. Al lado, otro blanco y negro le olisquea.

(1:12) Los dos perros juntos, dormidos sobre la sábana.

(1:54) y (1:57) Primerísimos planos de las caras de los perritos, tan cerca que se les ven los bigotes.

(3:15), (3:18) y (3:24) Otra vez la cama morada, con un chihuahua que mira de lado con los ojos muy abiertos.

Estos planos son los más caseros de todo el vídeo, y tienen otra textura. Parecen fotos y vídeos del móvil, tomados en una habitación cualquiera, sin decorado. Frente a los trajes, los volcanes y los toreros, los chihuahuas en la cama son la vida de verdad, la del sofá y las sábanas, la que uno tiene cuando cierra la puerta de casa.

La gente que huye

(0:33) Una multitud de noche, con el volcán iluminando el cielo detrás. Caras de preocupación, hombres y mujeres que miran hacia la cámara.

(0:39) y (0:42) La misma gente, ahora corriendo, con gestos de miedo. Una mujer grita con la boca abierta.

(1:18) y (1:21) Un hombre y un niño corren por una playa, de espaldas, alejándose de una erupción enorme que llena el horizonte.

(1:24), (1:27), (1:30) y (1:33) Una calle polvorienta de un pueblo junto al mar, con postes de luz y casas bajas. Hombres en camiseta corren hacia la cámara, con humo blanco detrás.

(1:36) Una pareja, de espaldas, corre por la orilla hacia el volcán, cogidos de la mano.

(2:21) y (2:24) Una calle de casas de ladrillo, con dos hombres sin camiseta y una figura con túnica oscura en el centro, delante de una llamarada.

(2:27) y (1:39) Un niño solo corre por una calle con palmeras y humo.

Son las imágenes del telediario. Las que la letra no quiere ver. Y el vídeo las pone delante sin filtro, intercaladas con los paseos de los perritos. Eso es exactamente lo que dice la canción: hay un mundo ahí fuera que duele demasiado, y uno elige no mirarlo.

El niño que se tapa la cabeza

(2:36) Un primer plano de un niño pequeño, de pelo oscuro, con una camiseta gris. Llora con la boca muy abierta. Detrás, el volcán en erupción, rojo y naranja, con una nube de humo negro.

Escenario rosa con un planeta anillado al fondo y el verso «tu risa es el antídoto contra mi soledad», del clip del chihuahua

(2:39) y (2:42) El niño se tapa la cabeza con las dos manos, sin dejar de llorar, y luego se tapa los ojos.

(2:48) y (2:51) Una figura pequeña, sentada en el suelo, de espaldas, delante del volcán, que ya es solo una montaña negra con ríos de lava bajo un cielo azul de anochecer.

Es el momento más duro del clip. No hay paseo que lo compense. El niño que se tapa los ojos delante del volcán es la imagen exacta de lo que hace la letra: taparse los ojos para no ver. El gesto es infantil y es de todos. Es el gesto de cualquiera que cambia de canal cuando salen las noticias.

La playa negra

(1:42), (2:00) y (2:15) El hombre de los chihuahuas, ahora con un traje negro, camina por una costa de roca oscura, con el mar azul detrás y unas peñas en el agua.

(2:54) y (2:57) Un traje azul claro. El hombre, de pie sobre una playa de arena negra, con el mar y unas montañas al fondo, envueltas en bruma. Los cuatro perros a sus pies.

(3:00) Se ha agachado, con los perritos alrededor, y detrás se levantan unos roques de piedra puntiaguda que salen del mar.

(3:03), (3:06) y (3:09) Otra vez de pie, con el traje azul, mirando al horizonte. Los perros van y vienen por la arena.

(3:12) Un plano de sus piernas y de los perritos, que caminan delante de él por la arena negra.

La arena negra es arena de volcán. Sin decirlo, el vídeo ha llevado el paseo al terreno del desastre. El hombre de los chihuahuas pisa ahora la misma tierra que la lava, aunque ya fría. Es una forma de juntar los dos mundos del clip en un solo plano: la calma del paseo sobre los restos de la catástrofe. Es también un paisaje muy de Canarias, con sus roques y sus playas oscuras.

Los jardines del palacio

(1:48) y (1:51) El hombre, con un traje color crema de chaqueta cruzada, camina por un césped muy verde delante de un edificio antiguo de piedra, con arcos y balaustradas, rodeado de palmeras y matas de flores rosas. Los chihuahuas van delante, en abanico.

(2:12) y (2:30) La misma escena, desde un poco más cerca. El hombre sonríe.

Este es el paseo más elegante del vídeo, el de los domingos. El traje crema, el palacio, las palmeras: todo parece sacado de un anuncio de perfume. Y llega justo después de la guagua ardiendo y antes de los hombres que corren por la calle, como si el clip quisiera subrayar el contraste.

El volcán en la televisión

(3:27), (3:30), (3:33) y (3:36) Una vista aérea de una isla en el mar, verde, con ríos de lava naranja que bajan del cráter y una nube blanca enorme encima. Es la imagen que he elegido como portada, porque es la única en la que se ve el volcán entero, desde arriba, sin nadie cerca.

Mosaico que junta un recorte de la portada del chihuahua con las de «Doña Rogelia», «Punto muerto» y «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk»

(3:39) De golpe, un salón de casa. Una familia, sentada a una mesa de madera, mira una televisión colgada en la pared. En la pantalla, el volcán.

(3:42) y (3:45) Otro salón. Cinco o seis personas, de espaldas, sentadas en un sofá, miran una televisión enorme donde la lava sale del cráter.

(3:54) y (3:57) Un tercer salón, con arcos blancos. Una familia entera, de pie y sentada en el suelo, mira la erupción en una pantalla grande.

(4:03) Una buhardilla con techo de madera y un grupo sentado en el suelo, delante de la tele.

(4:15) Una familia en el sofá, con una televisión antigua, de tubo, en primer plano.

(4:18) Dos personas se abrazan en ese mismo sofá, detrás de la televisión.

Esta es la última secuencia del clip, y lo recoloca todo. Hasta aquí, el volcán estaba en el vídeo. Ahora está en la tele. Todo cambia de sentido. Las imágenes de la catástrofe que hemos visto durante tres minutos eran, en realidad, lo que salía en las noticias. Y la gente las mira desde casa, como las mira cualquiera.

Es un final muy fino. Quien habla en la letra presume de apagar el informativo y de llegar tarde a cada tragedia, semanas después, por una red social. El vídeo termina enseñando a gente que sí las ve, en familia, con la tele encendida. Y entre ellos, una pareja que se abraza, como quien se protege de lo que sale en la pantalla.

Por qué el chihuahua

La comparación que da nombre a la pieza es sencilla: un pulso tan disparado como el de esos perros diminutos. Quien haya tenido uno lo sabe. Son perros que tiemblan con cualquier ruido, que se asustan con todo, que tienen el corazón siempre acelerado.

El vídeo usa esa idea con mucha inteligencia. Los cuatro chihuahuas que pasean con el hombre son la sensibilidad a flor de piel de la letra, la de alguien a quien le afecta todo, que no puede ver a nadie llorar sin derrumbarse. Y el hombre que los lleva, siempre trajeado, siempre tranquilo, es la fachada que uno se pone para salir a la calle sin que se note. Por fuera, traje y calma. Por dentro, cuatro perritos temblando.

Cinco trajes para un paseo

Si se cuentan, el hombre de los chihuahuas lleva al menos cinco trajes distintos a lo largo del vídeo. Marrón con chaleco en el jardín de plataneras. Azul marino con corbata en la calle encalada. Gris claro entre los muros de piedra. Crema, de chaqueta cruzada, delante del palacio. Negro en la costa de roca. Y un azul más claro, casi celeste, en la playa de arena negra.

Ningún traje se ensucia. Ninguno se arruga. Pasa la lava, arde la guagua, corre la gente por la calle, y el hombre sigue impecable, con la raya del pantalón en su sitio y los perros bien atados. Es casi cómico, y creo que está hecho a propósito. El traje es la armadura de quien ha decidido no enterarse. Cada vez que el vídeo vuelve a él, el contraste con lo que acaba de enseñar se hace más grande.

Hay también algo de desfile en esos cambios de ropa. El hombre no pasea a los perros, los presenta. Camina hacia la cámara como un modelo por una pasarela, con los chihuahuas abriendo paso. Es la elegancia de alguien que sabe que le están mirando y que ha decidido que, pase lo que pase alrededor, él va a estar guapo.

Las calles blancas y las flores

Otro detalle que se repite es el de las flores. En el primer paseo hay matas rojas y amarillas a los dos lados del sendero. En la calle encalada, buganvillas fucsias que cuelgan de las fachadas y macetas de geranios en cada puerta. Entre los muros de piedra, más flores, moradas y rosas. Y delante del palacio, arriates enteros de color rosa.

Tarjeta de «Como a mi chihuahua»: álbum «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra, composición y producción de Mike Sain't Louis

Las flores son la vida que sigue. Mientras el volcán arrasa casas en otro plano, en este las buganvillas están en su mejor momento. No es una contradicción del vídeo, es su tesis. El mundo arde y florece a la vez, y uno elige por qué calle pasear. El hombre de los chihuahuas elige siempre la calle con flores.

Las casas encaladas, además, tienen algo de pueblo de toda la vida, de los que aparecen en las postales del sur o de las islas. Puertas de madera, ventanas pequeñas, suelos empedrados. Es un decorado de calma, de siesta y de vecinas que charlan en la puerta. El volcán, en esos planos, queda lejísimos.

Quien no aparece

Como en otros clips del planeta, hay alguien que la letra nombra y el vídeo nunca enseña. La canción está dirigida a un tú: alguien a quien se le pregunta directamente, alguien que no daba besos antes de subir al autobús, alguien cuya risa cura. Ese tú no sale en ningún plano.

El hombre de los chihuahuas pasea solo, con sus perros. Los toreros están entre ellos. La gente que huye no tiene nombre. Y la pareja que se abraza en el sofá del final está tan al fondo, detrás de la televisión de tubo, que no se le ven las caras. El destinatario de la canción se queda fuera de cuadro, y eso hace que la pregunta de la letra quede en el aire, sin respuesta.

El orden del caos

Repasando el vídeo con calma, se ve que el montaje no es tan caótico como parece. Hay un orden. En el primer minuto se presentan los tres mundos: el paseo, el volcán y los toreros. En el segundo, entran la guagua, los perritos en la cama y la gente que huye. En el tercero, el niño que llora y la playa negra. Y en el último, la televisión.

Cada bloque se acerca un poco más al espectador. Primero el volcán lejano, luego la gente que corre, luego un niño solo, luego el salón de casa. Es un movimiento de zoom, del paisaje a la persona y de la persona al sofá. El vídeo termina donde estamos nosotros cuando lo vemos: delante de una pantalla.

Lo que la canción dice al final

La letra tiene un giro en sus últimos versos. Después de hablar del mundo de fuera, de las desgracias y del pulso disparado, se pone íntima. Confiesa que la risa de la otra persona es lo único que le cura la soledad. Lo dice en una sola línea, sin adornos, y ahí termina. El vídeo responde a ese giro con el abrazo del sofá, el último plano antes de la cortinilla final. Dos personas que se abrazan delante de una televisión donde arde un volcán. Es la única respuesta posible a todo lo que se ha visto: no apagar la tele, sino tener a alguien al lado mientras se mira.

Dónde está en el disco

En el segundo disco de la trilogía ocupa el puesto treinta y nueve. Va justo después de «Doña Rogelia» y justo antes de «Punto muerto», dos canciones muy distintas entre sí. El vídeo cierra con la cortinilla del primer disco, la de los tres chicos con chaqueta de flores bajo un planeta rosa. El resto de clips está en canciones.

Mis dos planos

Me quedo con el chihuahua color crema de la cama morada, mirando a cámara con las orejas tiesas. Es la imagen más pequeña del vídeo y la que más corazón tiene.

Y con la familia del sofá y la televisión de tubo, al final, con la pareja abrazada detrás. Es el planeta entero en una sola habitación.

El tema está en Spotify. Quien escriba sobre el disco tiene material en prensa. Y si esta noche apagáis la tele antes de las noticias, dadle un beso a alguien antes de que se suba a la guagua.

Preguntas frecuentes

¿Qué se ve en el videoclip de «Como a mi chihuahua»?

Un hombre con traje que pasea cuatro chihuahuas por un jardín tropical, por calles blancas con flores, delante de un palacio y por una playa de arena negra. Entre esos paseos, un volcán en erupción, ríos de lava que llegan a las casas y al mar, una guagua verde ardiendo, gente que huye por la calle, un niño que llora, dos toreros en un dormitorio rosa y, al final, varias familias que ven la erupción por televisión desde el sofá.

¿De qué habla la letra?

De alguien que explica por qué no ve las noticias y por qué le afectan tanto las injusticias, y que prefiere enterarse de las desgracias por Twitter meses después. Luego cambia de tema y pregunta directamente si al otro también le late el corazón a mil por hora, como a su chihuahua.

¿Cuándo se estrenó el videoclip?

El 21 de mayo de 2025. Dura cuatro minutos y veintisiete segundos.

¿En qué disco está?

Es la pista 39 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía GAYFOLK, entre «Doña Rogelia» y «Punto muerto».

¿Quién la escribió?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, firma la letra, la composición y la producción. Las personas y los perros del vídeo son personajes inventados.

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