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Cultura pop

Que isso: cultura queer brasileña, de los Dzi Croquettes y Ney Matogrosso a Pabllo Vittar, leída con las letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «Pura Magia», canción de Mike Sain't Louis

En Brasil, cuando algo te pilla por sorpresa, se dice «que isso». Es una exclamación a medio camino entre el asombro y el «anda ya», que puede servir para recibir una buena noticia, un piropo exagerado o un disparate. Mike Sain't Louis la eligió como título de una de las canciones de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. Y es también la mejor manera de empezar a hablar de la cultura queer brasileña, porque casi todo en ella provoca esa reacción: que isso.

Este texto recorre medio siglo de esa cultura, de los escenarios de Río en plena dictadura a la Parada de São Paulo y el pop drag que hoy suena en medio mundo. Complementa lo que este diario ya ha contado sobre la jerga pajubá y el cine latinoamericano, y lo lee con las letras del planeta. No es un tratado. Es una visita con la boca abierta, como quien entra en un carnaval sin saber muy bien dónde está la salida.

Un país de contrastes

Brasil es un país de contrastes extremos en todo lo que tiene que ver con la diversidad sexual. Tiene una de las mayores manifestaciones del Orgullo del planeta, un carnaval donde el travestismo forma parte de la fiesta desde hace generaciones y una producción musical con estrellas queer de primera línea. Y, al mismo tiempo, las organizaciones de derechos humanos llevan años señalando que es uno de los países donde más personas LGTBI, especialmente mujeres trans, son asesinadas.

Las dos cosas son verdad a la vez, y ninguna anula a la otra. Contar solo la fiesta sería mentir. Contar solo la violencia también, porque borraría la enorme creatividad con la que la comunidad queer brasileña ha respondido, década tras década, a la persecución.

Dzi Croquettes: purpurina contra la censura

En 1972, Brasil vivía bajo una dictadura militar que había empezado en 1964 y que censuraba canciones, películas y obras de teatro. Ese año, en Río de Janeiro, se creó un grupo de teatro y danza que se llamó Dzi Croquettes. Lo formaban hombres que salían a escena con maquillaje, purpurina, pestañas postizas, medias de rejilla y tacones, pero sin esconder la barba, el vello del pecho ni los músculos.

Esa mezcla era lo más desconcertante. No eran imitadores de mujeres ni pretendían pasar por ellas. Eran otra cosa, algo que todavía no tenía nombre en el Brasil de entonces: una ambigüedad orgullosa, cómica y muy bien bailada. Su espectáculo combinaba cabaret, revista, humor y crítica, y lo hacía en un país donde los censores buscaban mensajes subversivos en cada letra.

El grupo acabó actuando también en Europa, y su historia se recuperó en 2009 con un documental que devolvió sus nombres a una generación que no los conocía. Hoy se les considera precursores del teatro queer brasileño y de una forma de libertad escénica que después heredarían muchas drag queens.

Plumas en el escenario

Hay una canción del planeta que entendería muy bien a los Dzi Croquettes. Se llama «Mueve las plumas», pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» y su letra todavía no está publicada. Su portada es pura pista de baile: todo rosa, una bola de espejos en el techo y un chico vestido con chaqueta y pantalón de plumas rosa chicle, con el dedo apuntando al cielo.

En la presentación de la canción, Mike explica el juego del título: la expresión tener pluma, que a muchos les han lanzado como reproche, se convierte aquí en una instrucción de baile. Moverlas, sacudirlas, que vuelen por la pista. Y añade que es una manera muy sana de reírse de quien todavía lo ve como un defecto.

Eso es exactamente lo que hacían los Dzi Croquettes con la purpurina en plena dictadura: convertir en espectáculo lo que se usaba como insulto. Y es lo que hace cada año el carnaval brasileño, donde las plumas no son un adorno sino un idioma. Las plumas del planeta y las de Río hablan la misma lengua, aunque una sea rosa chicle y la otra tenga los colores de una escuela de samba.

Ney Matogrosso: el cuerpo como pregunta

En 1973, un año después de la creación de los Dzi Croquettes, el trío Secos & Molhados publicó su primer disco y se convirtió en un fenómeno de ventas. En el centro del grupo estaba Ney Matogrosso, con el rostro pintado, el torso desnudo, plumas, collares y una manera de moverse en escena que no encajaba en ninguna categoría.

Fotogramas del videoclip oficial de «Pura magia», de Mike Sain't Louis

Matogrosso siguió después en solitario y se convirtió en una de las figuras más importantes de la música popular brasileña. Su presencia escénica andrógina, en un país gobernado por militares, era una pregunta incómoda que se hacía sin palabras. No hacía falta ningún discurso: bastaba con que aquel cuerpo apareciera en televisión para que millones de personas se preguntaran qué estaban viendo.

La lección de Ney es una de las más valiosas de la cultura queer: la ambigüedad también es una forma de resistencia. No siempre hay que explicarse. A veces basta con estar, con plumas, en el sitio donde nadie te esperaba.

Lampião da Esquina: un periódico desde la esquina

En 1978, cuando la dictadura empezaba a abrirse lentamente, apareció en Río de Janeiro Lampião da Esquina, el primer periódico gay de circulación nacional en Brasil. Se publicó hasta 1981, con 38 números. Entre sus editores había escritores, periodistas, artistas e investigadores, como João Silvério Trevisan, Aguinaldo Silva, Darcy Penteado, Jean-Claude Bernardet o el antropólogo Peter Fry.

El nombre jugaba con la figura del farol de la esquina, la luz bajo la que se encontraban quienes no podían hacerlo a plena luz del día. El periódico hablaba de homosexualidad, pero también de feminismo, de racismo, de los derechos de los pueblos indígenas y de la represión policial. Sus responsables llegaron a sufrir una investigación policial por atentar contra la moral.

Lampião ayudó a que nacieran los primeros grupos organizados del país, como Somos, en São Paulo, y en 1980 se fundó en Salvador el Grupo Gay da Bahia, impulsado por el antropólogo Luiz Mott, que desde entonces documenta los asesinatos de personas LGTBI en Brasil. Era la misma historia que en España: primero, un papel donde leerse; después, un grupo donde encontrarse.

La noche en portugués

El planeta tiene una canción entera escrita en portugués. Se llama «Pura magia», pertenece a «El día de la liberación» y es una canción de baile, de noche urbana y neón. Empieza con una ciudad encendida: «Luzes brilham na cidade / A noite é só diversão». Las luces brillan en la ciudad, la noche es pura diversión.

La letra no habla de política ni de historia. Habla de bailar, de dejarse llevar por el ritmo, de una fiesta que no se acaba. Pero el gesto de escribirla en portugués ya dice algo. La pista de baile brasileña, de la discoteca carioca al baile funk de las periferias, ha sido durante décadas uno de los grandes refugios de la juventud queer del país. Y el estribillo tiene ese tono de invitación colectiva: «Vem cá dançar comigo», ven a bailar conmigo, y enseguida «Vamos ser um só», seamos uno solo.

Hay un verso que funciona casi como postal de una noche de Orgullo en la avenida Paulista: «Neste mar de neon». En este mar de neón. Y la canción cierra con una promesa que cualquier persona que haya salido del armario en una discoteca reconocerá: «Nossa festa não termina». Nuestra fiesta no termina.

Escribir en la lengua del otro

Que una canción madrileña esté escrita entera en portugués no es un detalle menor. Escribir en la lengua del otro siempre es un gesto de acercamiento, y también un pequeño riesgo: se pueden perder matices, se puede sonar a turista. «Pura magia» evita ese riesgo de la manera más sencilla, con frases cortas, verbos de movimiento y palabras que cualquiera entiende aunque no hable portugués: luzes, noite, batida, emoção, neon.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Luzes brilham na cidade A noite é só diversão» de «Pura magia»

Esa elección tiene sentido en una canción de baile. En la pista, el idioma importa menos que el ritmo. Un estribillo como «Vem cá dançar comigo» se entiende en Lisboa, en Río, en Madrid y en cualquier discoteca donde haya alguien que mire a otro desde la barra sin atreverse a acercarse. La invitación no necesita traducción.

Para una persona queer que ha crecido en un sitio pequeño, el idioma de otro país muchas veces fue la primera puerta a otra vida posible. Una canción en inglés, en francés o en portugués que hablaba de algo que en casa no se nombraba. Hay generaciones enteras que aprendieron palabras sueltas de otras lenguas antes de aprender a decir en la suya propia quiénes eran.

El planeta juega con esa experiencia en casi todos sus discos. Mezcla castellano e inglés, cuela palabras de otros idiomas, se va a Brasil en una canción y a París en otra. No es exotismo. Es la manera en que se forma una identidad cuando la que te ofrecen en casa no te sirve: con trozos de muchos sitios, cosidos como un traje de carnaval.

Cazuza y Renato Russo: el sida con nombre propio

Los años ochenta trajeron a Brasil la explosión del rock nacional y, con ella, dos figuras que cambiaron la manera de hablar del sida. Cazuza, que había empezado con el grupo Barão Vermelho y después siguió en solitario, contó públicamente en 1989 que tenía el VIH, algo que casi nadie con su fama se atrevía a hacer entonces. Murió en julio de 1990, con treinta y dos años.

Su decisión de hablar abiertamente, en un momento en que el diagnóstico era sinónimo de estigma, convirtió una enfermedad escondida en un tema de conversación nacional. Su vida se llevó al cine en 2004. Su madre, Lucinha Araujo, creó después una sociedad de apoyo a niños y jóvenes con VIH que lleva su nombre.

Renato Russo, líder de Legião Urbana, uno de los grupos más importantes del rock brasileño, habló de su bisexualidad en una época en la que eso tampoco era habitual, y en una de sus canciones más conocidas, «Meninos e meninas», de 1989, la letra decía con naturalidad que le gustaban los chicos y las chicas. Murió en 1996 por complicaciones relacionadas con el sida.

Este diario ya ha contado cómo el planeta aborda el VIH con respeto y sin estigma. Aquí basta con recordar que dos de las figuras más queridas del pop brasileño eligieron hablar cuando callar habría sido más fácil.

La Parada de São Paulo: millones en la avenida

El 28 de junio de 1997 se celebró en São Paulo la primera Parada del Orgullo Gay de la ciudad. Fue una marcha modesta. En pocos años se convirtió en una de las mayores del mundo, y en 2006 entró en el Libro Guinness de los récords con unos 2,5 millones de participantes.

La Parada ocupa cada año la avenida Paulista, el gran eje financiero de la ciudad, con carrozas, música, activismo y una mezcla de público que va de familias a grupos religiosos inclusivos y colectivos trans. Cada edición tiene un lema político, y en los últimos años muchos se han dedicado a pedir protección frente a la violencia y a exigir visibilidad para las personas trans y negras.

Ver esas imágenes desde Madrid es una buena lección de escala. El Orgullo madrileño, que este diario ya ha repasado, también es enorme. Pero la Paulista llena de punta a punta tiene algo de fenómeno natural, como una marea que sube una vez al año y deja la ciudad cambiada.

Leyes que llegaron por los tribunales

En Brasil, buena parte de los derechos LGTBI no llegaron por el Parlamento, sino por los tribunales. En 2011, el Supremo Tribunal Federal reconoció las uniones estables entre personas del mismo sexo. En 2013, una resolución del Consejo Nacional de Justicia obligó a los registros de todo el país a celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo.

Collage con un detalle de la carátula de «Pura magia» y las carátulas de «que isso», «Mueve las plumas», «Soy marica sideral»

En junio de 2019, el mismo Supremo decidió que la homofobia y la transfobia se castigaran con la ley contra el racismo mientras el Congreso no aprobara una ley específica. Fue una decisión muy discutida, celebrada por las organizaciones LGTBI y criticada por sectores conservadores, en un país con un peso político creciente de las iglesias evangélicas.

Esa forma de avanzar dice mucho de un país donde el Congreso ha sido durante años un terreno difícil para estos derechos. Y explica por qué la cultura, la calle y la música han tenido tanto protagonismo: cuando la ley tarda, la gente se adelanta.

La violencia que no se puede callar

Hablar de Brasil exige hablar de la violencia. El Grupo Gay da Bahia y la Asociación Nacional de Travestis y Transexuales, ANTRA, publican cada año informes sobre los asesinatos de personas LGTBI. Y en los recuentos internacionales sobre asesinatos de personas trans, Brasil aparece año tras año entre los países con más casos del mundo.

Detrás de esas cifras hay nombres, barrios y familias. Las mujeres trans negras y pobres, muchas de ellas trabajadoras sexuales, son las más expuestas. Por eso el activismo trans brasileño ha insistido tanto en la interseccionalidad: no se puede separar la transfobia del racismo ni de la pobreza.

Leer estas cifras puede doler, sobre todo si uno ha sufrido violencia o miedo por ser quien es. Si te pasa, pide ayuda. En España puedes llamar al 024, la línea gratuita y confidencial de atención a la conducta suicida, o al 112 si hay un peligro inmediato. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país.

Pabllo Vittar y el pop drag

En medio de ese contraste apareció, a mediados de la década de 2010, una figura que nadie habría imaginado veinte años antes. Pabllo Vittar, una drag queen nacida en el estado de Maranhão, se convirtió en una de las artistas más escuchadas de Brasil. Su canción «K.O.», de 2017, fue un éxito enorme, y ese mismo año participó en «Sua Cara», junto a Major Lazer y Anitta.

Una drag queen en lo más alto de las listas de un país con tanta violencia contra las personas queer es una imagen poderosa. Pabllo no ha pedido permiso para ocupar ese lugar. Lo ha hecho con pelucas, tacones, coreografías y un pop que mezcla ritmos del norte del país con electrónica.

Detrás de ella llegó toda una generación. Liniker, artista trans de São Paulo, ganó un Grammy Latino en 2022, y se convirtió en la primera persona trans brasileña en lograrlo. Linn da Quebrada llevó el rap y la performance trans al gran público. Y en la política, Erika Hilton fue elegida diputada federal en 2022, una de las primeras mujeres trans en llegar a la Cámara de Diputados.

Silencio con tacones

Si hubiera que elegir una letra del planeta para poner al lado de esta generación, sería «Soy marica sideral». Escrita en una mezcla de castellano e inglés, tiene la misma actitud de quien ocupa su sitio sin pedir permiso: «No vine a salvar tu mood, / vine a tomar mi space».

Hay un verso que parece escrito para una drag queen que se sube al escenario en un país hostil: «Soy silencio con tacones, / soy marica sideral». Y otro que responde a quien ve un problema en la pluma: «Y si no sabes mirarme, / no es mi pluma el problema».

La mezcla de idiomas también acerca la canción a Brasil. Allí, como en casi toda América Latina, el pop queer mezcla portugués, inglés y español sin complejos. El planeta hace lo mismo: castellano, inglés, portugués en «Pura magia», y títulos brasileños como «Que isso».

Sonrisas y caretas

Brasil tiene fama de país sonriente, y esa fama a veces esconde lo que hay debajo. Una de las letras del planeta habla precisamente de una sonrisa que no es lo que parece: «Extravaganza». Su estribillo es directo: «Extravaganza, / ¡qué sonrisa más falsa!».

Ficha de la canción «Pura magia» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

La canción no habla de Brasil, sino de una persona concreta y ficticia que sonríe mientras hiere. Pero sirve para pensar en esa doble cara de los países que presumen de alegría y tolerancia mientras sus estadísticas cuentan otra cosa. España también la tiene. La fiesta del Orgullo y el delito de odio en la misma calle, a veces en la misma semana.

Lo que enseña la cultura queer brasileña es que no hace falta elegir entre la fiesta y la denuncia. Los Dzi Croquettes hacían reír y protestaban. Lampião publicaba crónicas de ambiente y denuncias de la policía. La Parada es carnaval y es manifestación. Pabllo Vittar baila y, con solo estar ahí, señala.

Del carnaval al planeta

El carnaval brasileño merece una mención aparte. Durante siglos ha sido el momento del año en que se permitía lo que el resto del calendario prohibía: hombres vestidos de mujer, mujeres vestidas de hombre, cuerpos que se exhibían, jerarquías que se ponían del revés. La cultura queer brasileña ha bebido mucho de ese permiso temporal, y ha luchado para que no fuera solo temporal.

El planeta tiene su propia versión de esa idea en su nombre. Un planeta, como un carnaval, es un lugar donde las reglas de aquí no valen. La diferencia es que el carnaval termina el miércoles de ceniza y el planeta quiere quedarse. O, como dice «Pura magia», «Nossa festa não termina».

Y hay un último guiño. La portada de «Que isso» muestra a dos vaqueros que se toman de las manos con las frentes casi juntas. Mike la describe como una imagen muy tierna, la de dos hombres a los que el decorado les pedía ser duros. Ponerle a esa imagen una exclamación brasileña de sorpresa es un pequeño resumen de esta historia: lo que parecía imposible ocurre, y la única respuesta posible es que isso.

Para seguir escuchando

Quien quiera seguir el hilo puede empezar por el primer disco de Secos & Molhados, de 1973, y la etapa en solitario de Ney Matogrosso. Seguir con Cazuza y con «Meninos e meninas», de Legião Urbana. Saltar después a «K.O.», de Pabllo Vittar, y a los discos de Liniker. Y, para el contexto, buscar el documental sobre los Dzi Croquettes o los números de Lampião da Esquina que hoy se pueden consultar en archivos digitales.

Entre canción y canción, la sección de letras de la web permite leer «Pura magia» en portugués, «Soy marica sideral» en su mezcla de idiomas y «Extravaganza» con su sonrisa falsa. Son canciones escritas desde Madrid, pero con la ventana abierta hacia una cultura que lleva medio siglo enseñando que la purpurina también es política.

Ficha

Esta lectura toma como punto de partida «Pura magia», la canción en portugués de «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, que se puede escuchar en Spotify. Mike Sain't Louis escribe las letras y trabaja como compositor y productor musical; se presenta como «el primer cantautor IA», ya que la música y las voces se crean con inteligencia artificial. Los personajes de sus canciones son inventados, y de los artistas, grupos e instituciones de Brasil citados aquí solo se recogen hechos públicos. Para cualquier dato oficial del proyecto, conviene consultar la sala de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes eran los Dzi Croquettes?

Un grupo de teatro y danza creado en Río de Janeiro en 1972, formado por hombres que actuaban con maquillaje, purpurina, pestañas y ropa de mujer mezclada con cuerpos peludos y musculosos. En plena dictadura militar, su mezcla de humor, cabaret y ambigüedad fue un desafío a la censura.

¿Qué fue Lampião da Esquina?

El primer periódico gay de circulación nacional en Brasil. Se publicó entre 1978 y 1981, con 38 números, y entre sus editores estaban João Silvério Trevisan, Aguinaldo Silva, Darcy Penteado y Peter Fry.

¿Cuándo empezó la Parada del Orgullo de São Paulo?

La primera se celebró el 28 de junio de 1997. La edición de 2006 entró en el Libro Guinness de los récords con unos 2,5 millones de participantes.

¿Cómo protege la ley brasileña a las personas LGTBI?

En 2013, una resolución del Consejo Nacional de Justicia obligó a los registros a celebrar matrimonios entre personas del mismo sexo. En 2019, el Supremo Tribunal Federal decidió que la homofobia y la transfobia se castiguen con la ley contra el racismo mientras el Congreso no apruebe una ley específica.

¿Qué canciones del Planeta Gayfolk tienen relación con Brasil?

«Pura magia» tiene la letra en portugués y describe una noche de baile con luces de neón; «Que isso» lleva por título una exclamación brasileña de sorpresa; y «Mueve las plumas» convierte la pluma en instrucción de baile, como hacen los escenarios del carnaval.

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