Cultura
Del romancero al gayfolk: la canción popular como periódico de la calle
Por Mike Sain't Louis ·

Mucho antes de que existieran los periódicos, la gente se enteraba de lo que pasaba por canciones. Una batalla perdida en la frontera, un crimen en un pueblo vecino, la boda de un rey, el último escándalo de la corte: todo se convertía en versos que se aprendían de memoria y viajaban de plaza en plaza. La canción popular española tiene una larga vocación de periódico de la calle, y esa vocación no ha desaparecido. Ha cambiado de formato, de soporte y de público, pero sigue ahí.
Este texto recorre esa tradición, del romancero medieval a las redes sociales, y la pone al lado de las letras del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Mike llama gayfolk a su música, y la segunda mitad de la palabra no es casual. Folk significa pueblo, y la música del pueblo siempre ha hecho lo mismo: contar lo que pasa, comentar a los poderosos y reírse de quien se lo merece.
No se trata de decir que estas canciones sean romances ni coplas, que no lo son. Se trata de ver qué gestos de la tradición sobreviven en ellas, a veces de forma consciente y a veces por pura herencia. Las citas de las letras están tomadas del archivo de letras del Planeta Gayfolk, tal como están publicadas.
El romance: la noticia en octosílabos
El romance es la forma más antigua y más duradera de la poesía narrativa en castellano. Son poemas de longitud variable, en versos de ocho sílabas, con rima asonante en los versos pares. Esa estructura tan sencilla tiene una ventaja enorme: es fácil de recordar. Por eso el romance pudo vivir durante siglos sin necesidad de papel, transmitido de boca en boca, cambiando un poco en cada pueblo y en cada generación.
Los romances más antiguos que se conservan son de finales de la Edad Media, y a mediados del siglo XVI ya se imprimían en colecciones como el «Cancionero de romances» de Amberes. Pero lo más llamativo es que la tradición oral no se cortó con la imprenta. En el siglo XX, investigadores como Ramón Menéndez Pidal recorrieron pueblos de España, de América y de las comunidades sefardíes recogiendo romances que la gente seguía recitando de memoria, a veces con versos que llevaban quinientos años pasando de abuelas a nietas.
Entre todos los tipos de romance, hay uno que interesa especialmente aquí: el romance noticiero. Son los que cuentan sucesos recientes, casi en caliente, para que la gente se entere. Los más famosos son los romances fronterizos, que narraban episodios de la guerra de Granada a finales del siglo XV. El de la pérdida de Alhama, con su lamento repetido, cuenta cómo el rey de Granada recibe la noticia de que la ciudad ha caído. Es, literalmente, una noticia de guerra convertida en poema.
El romance noticiero tiene varias características que conviene retener, porque las vamos a encontrar de nuevo muchos siglos después. Empieza muchas veces in medias res, en mitad de la acción. Usa mucho el diálogo, con personajes que hablan en estilo directo. Tiene un estribillo o una frase que se repite. Y no tiene miedo de tomar partido: el romance no es neutral, cuenta la noticia desde un lado.
El pliego de cordel: la prensa amarilla de los ciegos
Con la imprenta llegó un formato que dominaría la cultura popular española durante más de tres siglos: el pliego de cordel. Eran hojas de papel barato, dobladas en unas pocas páginas, que se vendían en ferias, mercados y plazas. Se llamaban así porque los vendedores las colgaban de una cuerda para exponerlas, como quien tiende la ropa.

Y muchas veces quienes las vendían eran ciegos. El ciego de los romances es una figura clásica de la cultura española: recorría los pueblos con su lazarillo, se plantaba en la plaza, recitaba o entonaba el romance del día y después vendía el pliego impreso a quien quisiera llevárselo a casa. En algunos casos, el ciego se acompañaba de un cartelón con viñetas pintadas, y señalaba con una vara cada escena según avanzaba la historia. Era, a su manera, un telediario con imágenes.
¿Y qué contaban esos pliegos? Lo que vendía. Crímenes espantosos, con detalle macabro. Bandoleros generosos y bandoleros sanguinarios. Milagros, apariciones, monstruos nacidos en pueblos lejanos. Hijas que mataban a sus padres, maridos celosos, novias abandonadas. El pliego de cordel era la prensa sensacionalista de su tiempo, y su lenguaje se parecía mucho al de los titulares de hoy: exagerado, emocional, con el nombre del pueblo y la fecha para dar verosimilitud.
Muchos de los rasgos del pliego de cordel están vivos todavía en la música popular. El gusto por el suceso truculento, la mezcla de risa y espanto, el título larguísimo que resume toda la historia, la sensación de estar contando algo que acaba de pasar. Quien haya escuchado las letras del Planeta Gayfolk reconocerá varios.
El titular como título
El primer álbum de la trilogía GAYFOLK se llama «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». No es un título poético al uso. Es un titular de prensa, con su participio inicial, su sujeto y su información concreta. Podría estar en la portada de cualquier periódico, en la sección de ciencia, junto a la foto de un telescopio.
El catálogo está lleno de títulos así. «Elon Musk ha anunciado», del segundo álbum, tiene el formato exacto de una noticia de agencia: alguien conocido ha hecho un anuncio. La letra empieza retratando una vida gris, con versos cortos que suenan como un parte de situación:
Despierto solo Miradas vacías Olvido el tiempo Rutina fría
Y entonces llega la noticia, con su exclamación y su redacción casi periodística:
Y menos mal que ¡hoy! Elon Musk ha anunciado El primer viaje tripulado Al planeta recientemente descubierto Llamado GayFolk
El chiste está en el tono. La letra adopta el lenguaje solemne de los comunicados oficiales, «primer viaje tripulado», «recientemente descubierto», para anunciar una utopía queer. Es el mismo mecanismo del pliego de cordel que contaba un milagro con el nombre del pueblo y la fecha: la forma de la noticia da credibilidad a lo increíble. Y la respuesta del protagonista es inmediata, como la de quien lee un anuncio y corre a apuntarse: «Yo ya me he apuntado ¿Te vienes conmigo?».
Hay otros títulos-titular en el catálogo. «Franco ha muerto», del tercer álbum, toma prestada la frase más famosa de la historia de la televisión española: el anuncio de la muerte del dictador, el 20 de noviembre de 1975, que el entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro, leyó ante las cámaras. La letra de esa canción figura todavía como «próximamente» en la web, pero el título por sí solo ya es una noticia, y una de las más cargadas de sentido para la historia LGTBI española, porque marcó el principio del fin de la persecución legal.
La declaración pública
Otro género periodístico que el catálogo imita con gracia es la declaración de apoyo. «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», del primer álbum, tiene el formato de un comunicado oficial, de esos que se publican cuando un personaje público está en el centro de una polémica:

Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla Yo soy como Ylenia Padilla Yo defiendo a Ylenia Padilla Yo estoy a favor de Ylenia Padilla
Ylenia Padilla es un personaje conocido de la televisión española gracias a los realities. La canción no cuenta ningún hecho concreto sobre ella, sino que se pone de su lado, en una forma de identificación que la letra explica sin rodeos: «Yo también he sentido alguna vez / Que todo el mundo me ha fallado».
Aquí hay un eco directo de la tradición. El romance noticiero tomaba partido, y el pliego de cordel convertía a personajes de actualidad en héroes o villanos populares. La canción popular nunca ha sido neutral. La diferencia es que aquí el personaje no es un rey ni un bandolero, sino una figura de la televisión, y la toma de partido tiene el tono de los hilos de apoyo que se publican en redes sociales. La anáfora, ese «Yo» que abre cada verso, es la misma herramienta retórica de los romances y de las letanías: repetir el comienzo para que el mensaje entre a martillazos.
El cuplé y la picardía
A principios del siglo XX, en los teatros y cafés de Madrid y Barcelona, triunfó un género que trajo a la canción española algo que la tradición oral ya tenía pero que no se decía en voz alta en los escenarios: la picardía. El cuplé era una canción breve, ligera, a menudo con doble sentido, interpretada por artistas que se convirtieron en las primeras grandes estrellas populares del país, como Raquel Meller.
El cuplé tenía sus versiones sicalípticas, con letras atrevidas que jugaban con el escándalo, y sus versiones sentimentales y castizas. Pero en todas había algo que conecta con el Planeta Gayfolk: la idea de que una canción corta puede contar una historia completa, con un guiño al público que entiende.
«El anillo de casado», del primer álbum, tiene mucho de cuplé contemporáneo. Es una historia picante contada con humor, sobre un hombre casado por la iglesia que tiene un amante, y empieza con un detalle costumbrista muy concreto:
Nos tomamos CINCO jarras en los cien montaditos Entre risas y miradas, bien escondiditos
La letra combina la picardía, la sátira social, porque el casado «por la iglesia ha pasado» y luce su anillo, y un fondo amargo que el cuplé también conocía: la pareja de amantes buscando por Madrid hostales con el cartel de «completo». Hay incluso un estribillo festivo que juega con la rima consonante como lo hacían los cuplés, «casado», «enamorado», «pasado», con la alegría de quien sabe que está contando algo que no se debería contar.
La copla y los que tuvieron que callar
En los años treinta y cuarenta, la canción española encontró su forma más poderosa en la copla, con autores como el trío formado por Quintero, León y Quiroga y figuras como Concha Piquer o, más tarde, Lola Flores y Rocío Jurado. La copla contaba dramas: amores prohibidos, mujeres abandonadas, celos, honra, pasiones que terminaban en tragedia. Era el folletín hecho canción.
En la historia de la copla hay un nombre que importa especialmente para este recorrido. Miguel de Molina fue uno de sus grandes intérpretes masculinos en los años treinta y cuarenta, conocido por su estilo, sus camisas de colores y una manera de estar en el escenario que no encajaba con el modelo de hombre del régimen. En los años cuarenta sufrió una paliza y acabó exiliado en Argentina. Su historia es una de tantas que la memoria queer española ha ido recuperando en las últimas décadas.
La copla tiene un lugar propio en el catálogo, y la web ya le ha dedicado su atención, con la copla de desamor de «Voy a olvidarme de ti» como ejemplo más claro, con sus espinas, su fuego por dentro y su promesa de olvido «de la noche a la mañana». Lo que interesa aquí es la parte de la copla que funcionaba como crónica: muchas coplas contaban historias que el público conocía de los periódicos o de los rumores, y las convertían en mitos. La copla era la forma en que un país que no podía hablar de ciertas cosas las contaba de todos modos.
La chirigota: el periódico satírico del carnaval
Si hay una tradición española que ha mantenido intacta la vocación de periódico de la canción popular, es el carnaval de Cádiz. Cada año, las chirigotas y las comparsas escriben repertorios nuevos que repasan la actualidad del año: la política local y nacional, los famosos, los escándalos, las modas. La chirigota, en particular, es humor puro, crítica social con disfraz y sin piedad.

El catálogo del Planeta Gayfolk comparte mucho con ese espíritu. «Un político español», del segundo álbum, es un buen ejemplo. Su planteamiento podría salir de cualquier repertorio de carnaval:
Habrá que esperar y esperar A que aparezca un político honrado A quién votar Pues espera bien sentado
La letra sigue con una crítica sin matices a la clase política y con una referencia histórica muy precisa: «Se van turnando cada cierto tiempo». Es una alusión que cualquier estudiante de bachillerato reconoce, el turno pacífico de la Restauración, cuando conservadores y liberales se alternaban en el poder por acuerdo. La canción lo trae al presente con una ironía que la chirigota entendería perfectamente.
Hay también un parentesco en la forma. Las chirigotas se presentan con un tipo, un disfraz y un personaje que habla en primera persona, y el humor nace de la distancia entre ese personaje y lo que dice. Muchas letras del Planeta Gayfolk funcionan igual: un narrador con una voz muy marcada, a veces exagerada hasta la caricatura, que comenta el mundo desde su sofá, desde la cola de un concierto o desde la puerta de la oficina.
La canción protesta y la canción de autor
En los años sesenta y setenta, en los últimos años de la dictadura, surgió en España una canción comprometida que tomó el relevo de la tradición popular para decir lo que no se podía decir en otros sitios. La Nova Cançó en Cataluña, con nombres como Raimon o Lluís Llach, cuya «L'estaca» se convirtió en himno; Paco Ibáñez poniendo música a los grandes poetas; los autores que llenaban recitales universitarios con canciones sobre la libertad, el trabajo y la memoria.
Esa tradición tiene herederos en la canción de autor de las décadas siguientes, y uno de ellos aparece con nombre propio en el catálogo. «El concierto de Ismael Serrano», del segundo álbum, no es una canción protesta, sino una queja de amor muy doméstica: alguien que ha esperado en la fila desde temprano porque el otro prometió acompañarle al concierto, y que ha acabado solo escuchando «Caperucita», una de las canciones de Ismael Serrano.
¿Por qué me prometiste acompañarme al concierto de Ismael Serrano? He estado esperando en la fila desde bien temprano
Lo interesante es el gesto. La canción de autor, que durante décadas fue el territorio de lo serio y lo comprometido, aparece aquí como escenario cotidiano de un desamor gay. Ismael Serrano, madrileño como Mike, es un referente generacional, y citarlo es una forma de situarse en una genealogía: la de las canciones que se escuchan en la fila, que se saben de memoria y que se asocian a una persona concreta.
La protesta laboral también tiene su sitio. «En grupo mienten explotan siempre», del primer álbum, es una queja contra una empresa ficticia, con un trabajador que consulta a un inspector de trabajo si es legal que le obliguen a formarse en su tiempo libre, y un grito final que podría salir de cualquier manifestación: «¡Lucha obreraaaaaaaaaa siempre!». La letra incluso se comenta a sí misma, como hacían los romances de ciego cuando pedían atención al público: «Quédate con este estribillo pegadizo».
Las noticias que no se quieren ver
No todas las canciones del catálogo persiguen la actualidad. Algunas hablan precisamente de la fatiga de las noticias, algo muy de este tiempo. «Como a mi chihuahua», del segundo álbum, empieza con una confesión:

Te voy a contar por qué no veo las noticias Te voy a contar por qué me afectan tanto las injusticias
Y más adelante: «de las desgracias importantes / prefiero enterarme por Twitter dos meses más tarde». Es la otra cara de la canción como periódico. Si durante siglos la canción popular fue la forma de enterarse de lo que pasaba, hoy, con información de sobra a todas horas, una canción puede ser también el refugio donde no entran los titulares. La letra pasa enseguida a otra cosa, a un corazón que late «a mil por hora», y la noticia deja sitio a lo íntimo.
Esa tensión también es tradicional. Junto a los romances noticieros siempre hubo romances líricos, de amor y de pena, que no contaban nada del mundo y lo contaban todo de una persona. El romancero tiene las dos caras, y el Planeta Gayfolk también.
Lo que sobrevive de la tradición
Si se pone el catálogo al lado de esta larga historia, aparecen varios gestos que se repiten.
El primero es la actualidad. Igual que el romance noticiero, el pliego de cordel o la chirigota, muchas letras del Planeta Gayfolk nombran a personajes y hechos del presente: magnates de la tecnología, personajes de la televisión, políticos, empresas, aplicaciones. Esas referencias envejecerán, como envejecieron los nombres de los romances fronterizos, pero también funcionarán como documento de una época.
El segundo es la toma de partido. La canción popular no ha sido nunca imparcial, y estas letras tampoco: apoyan, critican, se burlan, defienden. Y lo hacen casi siempre desde una mirada queer, que es la que la tradición popular española casi nunca pudo tener abiertamente.
El tercero es el humor. El pliego de cordel mezclaba espanto y risa; el cuplé, picardía y melancolía; la chirigota, crítica y carcajada. El catálogo de Mike vive en esa mezcla.
El cuarto es la memoria. El romance sobrevivió porque se podía recordar. Las letras del Planeta Gayfolk usan los mismos recursos que hacían memorables los romances: repetición, anáfora, estribillo, rima. Ninguno es invento moderno.
Y el quinto es el soporte. El romance se transmitía de boca en boca; el pliego, en papel barato; la copla, por la radio. Las canciones del Planeta Gayfolk viajan por plataformas de streaming, vídeos y redes sociales, y se producen con herramientas de inteligencia artificial. El soporte cambia, la vocación es la misma: que la canción llegue a la plaza, a la gente, al pueblo. Que sea folk.
Para seguir leyendo
Quien quiera explorar la tradición tiene muchas puertas abiertas. Las grandes antologías del romancero se encuentran en cualquier biblioteca, y el archivo de romances orales recogidos durante el siglo XX es uno de los tesoros de la filología española. Los pliegos de cordel se conservan en bibliotecas y colecciones públicas, muchas digitalizadas. Y el carnaval de Cádiz publica cada año sus repertorios, que se pueden escuchar enteros.
Para el lado contemporáneo, el archivo de letras del Planeta Gayfolk reúne todas las letras publicadas del catálogo, con su ortografía original, y permite leer las canciones citadas aquí completas.
Ficha
«Elon Musk ha anunciado» pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes inventados de las letras son ficción; las referencias a personas reales recogen solo hechos públicos. Los datos históricos de este texto son de dominio público. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un romance noticiero?
Es un romance, el poema narrativo tradicional en versos de ocho sílabas con rima asonante en los pares, que cuenta un suceso reciente. Los más conocidos son los romances fronterizos de la guerra de Granada, como el de la pérdida de Alhama, que difundían las noticias de la frontera de boca en boca.
¿Qué eran los pliegos de cordel?
Hojas impresas baratas, dobladas en pocas páginas, que se vendían en ferias y mercados colgadas de una cuerda. Durante siglos llevaron romances de crímenes, milagros, bandoleros y sucesos, y muchas veces los vendían ciegos que los recitaban en voz alta.
¿Qué tiene que ver el gayfolk con esa tradición?
Mike Sain't Louis llama gayfolk a su música, y muchas de sus letras funcionan como la canción popular de siempre: cuentan noticias, comentan la política y retratan a la gente de la calle. El propio título del primer álbum de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», está escrito como un titular.
¿Qué canciones del Planeta Gayfolk tienen forma de noticia?
Entre otras, «Elon Musk ha anunciado», que imagina el primer viaje tripulado al planeta Gayfolk; «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», escrita como una declaración pública; «Un político español», sobre la espera de un político honrado; y «Franco ha muerto», cuyo título recuerda el anuncio de 1975.
¿Quién escribe las canciones del Planeta Gayfolk?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Escribe las letras y produce las canciones de la trilogía GAYFOLK; la música y las voces se crean con herramientas de inteligencia artificial.