Letras
Dos hombres de la mano en la orilla, dos novias de espaldas y una silueta al anochecer: los años de Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Hay una pregunta que muchas parejas se hacen en algún momento, casi siempre en susurros, casi siempre en la cama o en un paseo largo: ¿te imaginas cuando seamos viejos? Es una pregunta que parece inocente y que en realidad lo contiene todo. Habla de futuro, de compromiso, de cuerpos que cambiarán, de manos que seguirán buscándose. Quien la hace está ofreciendo algo enorme. Quien la contesta que sí, también.
Mike Sain't Louis, a quien se conoce como «el primer cantautor IA», escribe, compone y produce (música e interpretación vocal hechas con IA), y una de sus canciones gira entera alrededor de esa pregunta. Pero lo hace desde el otro lado, desde el momento en que uno comprende que la persona que la formulaba no estaba siendo sincera. Este paseo recorre los años en Planeta Gayfolk, el paso del tiempo, las parejas que envejecen y las que no llegan a hacerlo, de la mano de «Envejecer».
La pregunta de los viejitos
La letra de «Envejecer» es muy breve y muy repetitiva, como suelen ser las frases que se quedan clavadas después de un golpe. Empieza con una determinación: ya no va a volver a confiar en nadie, nunca más. Y enseguida aparece la pregunta que lo explica todo. Por qué me preguntabas, dice, si me imaginaba a los dos viejitos cogidos de la mano.

Lo devastador no es la pregunta en sí, sino lo que viene después. La otra persona la hacía mientras, al mismo tiempo, le estaba engañando. La canción descompone esa frase palabra por palabra, una por línea, como si el narrador necesitara repetirla muy despacio para poder creérsela. Por. Qué. Lo. Preguntabas.
Ese recurso, el de partir la frase en pedazos, tiene algo de tartamudeo, de respiración entrecortada. Es la forma en que hablamos cuando algo nos ha dejado sin aire. Y es también la forma en que funciona la memoria después de una traición: vuelve una y otra vez a la misma escena, la desmonta, busca la grieta que no vio.
Dos hombres de la mano en la orilla
El vídeo de «Envejecer» está rodado en blanco y negro, en una playa amplia, con el mar siempre presente. Y la imagen que más se repite es precisamente la de la pregunta: dos hombres mayores, de espaldas, caminando juntos por la arena. En uno de los planos se ven sus manos entrelazadas. Al fondo, una línea de edificios altos junto a la costa. El pelo blanco de uno, la calva del otro, las camisas de manga corta, los pasos lentos.

Es exactamente la escena que la letra imagina. Los dos viejitos cogidos de la mano. El vídeo la muestra con una ternura enorme, sin subrayados, sin música dramática en la imagen. Solo dos cuerpos que han vivido mucho y que siguen buscándose.
Lo extraño, lo que hace que el vídeo duela tanto, es que esa escena aparece como algo que pudo ser y no fue. Los dos hombres de la orilla son la promesa incumplida. Son el futuro que el narrador se había imaginado y que de repente se ha quedado sin protagonistas.
Dos espaldas frente al mar
Otros planos muestran a dos hombres mayores mirando el mar, muy juntos, de espaldas a la cámara. Las olas rompen delante de ellos. La luz del sol entra desde arriba y quema un poco la imagen, como en las fotografías antiguas. No sabemos de qué hablan, ni si hablan. Solo vemos que están ahí, hombro con hombro, frente a algo inmenso.
Me gusta mucho esa imagen porque resume lo que significa envejecer acompañado. No hace falta decir nada. Basta con estar al lado, mirando lo mismo. Las parejas que llevan muchos años juntas conocen ese silencio cómodo, el de quien ya no necesita llenar los huecos de la conversación.
El blanco y negro ayuda. Quita a la escena cualquier distracción, cualquier detalle de época. Esos dos hombres podrían estar en los años cincuenta o en el presente. Son atemporales, como la pregunta que la canción les dedica.
Dos novias de espaldas
Hay en el vídeo un plano distinto, muy luminoso. Dos mujeres vestidas de novia, con vestidos largos y blancos, caminan juntas de espaldas hacia el mar. Una apoya la cabeza en la otra. El viento mueve las telas. Detrás, un cabo rocoso se adentra en el agua.
Es una boda. O el momento justo después de una boda. Dos mujeres que acaban de casarse y que se alejan hacia la orilla, como si el mar fuera el primer lugar de su vida en común. Y en el contexto de «Envejecer», esa imagen tiene una doble lectura: es el principio de algo que se promete para siempre, y es también el recuerdo de que esas promesas, a veces, se rompen.
Durante mucho tiempo, en España, dos mujeres o dos hombres no podían casarse. El matrimonio igualitario llegó en 2005, después de décadas de lucha. Ver a dos novias caminar juntas hacia el mar es, para muchas personas LGTBI, una imagen que hace no tanto parecía imposible. Que ahora forme parte de un videoclip es un pequeño triunfo de la normalidad.
Mujeres que caminan juntas
Otro plano muestra a dos mujeres más mayores, también de espaldas, caminando por la orilla. Una lleva un vestido oscuro, la otra un estampado claro. Al fondo, palmeras, un promontorio, el chiringuito de una playa. Caminan despacio, como quien pasea después de comer.
No sabemos si son pareja, amigas, hermanas. El vídeo no lo aclara y no hace falta. Lo que muestra es la compañía en la edad madura. La posibilidad de seguir caminando junto a alguien cuando el cuerpo ya no corre, cuando los años pesan, cuando se han perdido muchas cosas por el camino.
Una silueta al anochecer
Y luego está el reverso. En los últimos planos del vídeo, cuando ya cae la noche sobre la playa, una figura solitaria aparece recortada contra el cielo gris. Está de pie en la arena, de espaldas, con las luces de un pueblo costero encendiéndose al fondo. No hay nadie a su lado.

Esa silueta es el narrador de la canción. Es lo que queda cuando la pregunta de los viejitos resulta haber sido una mentira. Alguien que se había imaginado envejeciendo acompañado y que se encuentra solo en la orilla, mientras se hace de noche.
La imagen tiene algo de definitivo, pero también algo de suspendido. La figura no se va. Se queda ahí, mirando el mar oscuro. Quizá esperando. Quizá simplemente respirando antes de dar el siguiente paso.
Lo imaginaba
El final de «Envejecer» es el momento más desgarrador de la canción. Después de repetir tantas veces la pregunta, el narrador decide contestarla. Te voy a contestar, dice, cuando ya es demasiado tarde. Sí. Lo imaginaba. Estaba tan seguro de que juntos íbamos a envejecer.

Hay algo terrible en esa respuesta tardía. La pregunta se hizo, y en su momento quizá no se contestó del todo, o se contestó con una sonrisa, con un beso. Ahora llega la respuesta completa, sincera, cuando ya no sirve para nada. Sí, me lo imaginaba. Lo había visto con todo detalle. Y la palabra final, envejecer, se estira una y otra vez, como si el narrador no quisiera soltarla.
Esa repetición es el duelo. No solo se llora a la persona que engañó. Se llora el futuro que se había construido en la imaginación. Los paseos por la playa, las manos arrugadas, la casa compartida, las tardes de invierno. Todo eso desaparece de golpe, y hay que despedirse de algo que nunca existió.
El duelo por lo que no fue
Los psicólogos hablan a veces de un tipo de pérdida especialmente difícil de elaborar: la del futuro imaginado. Cuando una relación termina, no solo se pierde lo vivido. Se pierden también los planes, las fantasías, los proyectos compartidos que ocupaban un lugar enorme en la mente. Y como ese futuro nunca llegó a ser real, cuesta mucho darle forma al duelo.
La gente alrededor suele entender que se llore por los años pasados. Le cuesta más entender que se llore por los años que no van a llegar. Pero ese llanto es igual de legítimo. Quien se había imaginado de viejo junto a alguien tiene que reconstruir de arriba abajo su idea de lo que será su vida.
«Envejecer» le da palabras a ese duelo particular. Y en ese sentido es una canción muy útil para quien está pasándolo. Escucharla puede ser una forma de reconocer lo que se siente y de darse permiso para sentirlo.
Nunca más
La canción empieza y termina con una determinación absoluta: no volver a confiar en nadie nunca más. Es una frase que cualquiera ha dicho o pensado después de una traición. Y es comprensible. Cuando alguien en quien depositabas todo te engaña, la reacción natural es cerrar todas las puertas para que nadie más pueda hacerte daño.
Pero esa determinación tiene un precio. Quien no vuelve a confiar en nadie se protege del engaño, sí, pero también se aísla. Se condena a una soledad que, con los años, puede pesar más que el recuerdo de la traición. La silueta sola en la orilla al anochecer es también eso: el riesgo de quedarse para siempre en esa playa.
No hay una respuesta fácil. La canción no la da, y hace bien. Pero quizá el camino esté en algún punto intermedio: aprender a confiar de otra manera, más despacio, con más atención a las señales, sin entregarlo todo de golpe. Y con ayuda, si hace falta.
Envejecer siendo LGTBI
Hay un tema que la canción toca de forma indirecta y que merece atención: la vejez de las personas LGTBI. Durante décadas, imaginarse envejeciendo junto a una pareja del mismo sexo era casi un acto de fe. No había modelos, no había referentes, no había leyes que protegieran a esas parejas. Muchos hombres y mujeres mayores vivieron toda su vida en el armario, o con relaciones que nadie reconocía.
Hoy, la primera generación de personas abiertamente LGTBI está llegando a la vejez. Y se encuentra con problemas específicos. Muchas no tienen hijos, o tienen relaciones difíciles con su familia de origen. Algunas temen volver al armario cuando necesiten entrar en una residencia, por miedo a ser tratadas peor. Otras viven solas después de haber perdido a sus parejas o a sus amigos.
En varias ciudades españolas han surgido asociaciones y proyectos dedicados a las personas mayores LGTBI: grupos de encuentro, programas de acompañamiento, iniciativas para crear residencias donde puedan vivir sin esconderse. Son esfuerzos todavía pequeños, pero necesarios.
Las arrugas que se cuentan
Hay algo muy bonito en la manera en que el vídeo muestra los cuerpos mayores. No los esconde ni los embellece artificialmente. Los enseña como son: espaldas un poco curvadas, cabellos blancos, brazos que han perdido firmeza. Y los coloca en el centro de la imagen, como protagonistas absolutos.
Nuestra cultura tiende a apartar la vejez. Los anuncios, las películas, las redes sociales están llenos de cuerpos jóvenes. En el ambiente gay, además, existe una presión especialmente fuerte en torno a la juventud y la apariencia física. Muchos hombres gais cuentan que, a partir de cierta edad, empiezan a sentirse invisibles.
«Envejecer» propone lo contrario. Que la imagen de dos hombres mayores cogidos de la mano sea el sueño, la meta, lo deseable. Que llegar a viejo junto a alguien no sea un fracaso de la juventud, sino su mejor recompensa.
El tiempo en blanco y negro
Hay una razón por la que tantas películas y fotografías sobre el paso del tiempo eligen el blanco y negro. Es el color de los álbumes antiguos, de las fotos de los abuelos, de los recuerdos que ya no tienen el brillo del presente. Rodar «Envejecer» así es colocarlo directamente en el territorio de la memoria.
Pero el blanco y negro también tiene algo de intemporal. Las imágenes de la playa podrían ser de cualquier década. Eso hace que la pregunta de la canción se vuelva universal. Ya no es únicamente la pregunta de una pareja concreta en un momento concreto. Es la pregunta que se han hecho todas las parejas, en todas las épocas, mirando el mar.
Las manos que se buscan
En los planos de «Envejecer» las manos tienen un protagonismo especial. Se buscan, se encuentran, se sueltan. En uno de ellos, los dos hombres mayores caminan con los dedos entrelazados, y la cámara se sitúa justo detrás, a la altura de la cintura, para que esas manos ocupen el centro. Son manos con manchas, con nudillos marcados, con la piel fina de quien ha vivido mucho.
Cogerse de la mano en público fue durante décadas un gesto prohibido para las parejas del mismo sexo. Un gesto que podía costar un insulto, una paliza o una detención. Muchos de los hombres que hoy tienen ochenta años nunca se atrevieron a hacerlo en la calle. Por eso esa imagen tiene un peso particular: dos ancianos que pasean de la mano a plena luz del día, en una playa llena de gente, sin miedo.
Hay quien empezó a hacerlo ya mayor, después de toda una vida escondiéndose. Personas que salieron del armario a los sesenta o a los setenta, que se enamoraron por primera vez abiertamente cuando ya peinaban canas. Sus historias son de las más conmovedoras que existen. Demuestran que nunca es tarde para coger una mano en público.
Las fotos del cajón
Casi todas las familias tienen un cajón lleno de fotografías antiguas. Bodas en blanco y negro, excursiones a la playa, retratos de estudio con fondos pintados. Y en muchas de esas fotos, si se mira con atención, aparecen dos tíos solteros que vivían juntos, dos amigas inseparables que nunca se casaron, un vecino que siempre iba acompañado del mismo hombre.
Durante mucho tiempo nadie hablaba de ellos en esos términos. Eran los solteros de la familia, los raros, los que tenían un amigo. Hoy, mirando esas mismas fotos, muchas personas LGTBI reconocen en ellos a sus antepasados. Parejas que envejecieron juntas sin poder decirlo, que compartieron casa durante cuarenta años y que en los papeles figuraban como compañeros de piso.
El vídeo de «Envejecer», con su blanco y negro y sus parejas en la orilla, parece un homenaje a todos ellos. A las fotos del cajón que por fin pueden leerse completas.
Hacerse mayor sin hijos
Una de las preguntas que más inquietan a muchas personas LGTBI al pensar en la vejez es quién las cuidará. La sociedad española ha confiado tradicionalmente el cuidado de los mayores a las familias, y en particular a los hijos. Quien no los tiene, o quien ha roto con su familia de origen, se enfrenta a un horizonte incierto.
Por eso la pregunta de la canción pesa tanto. Imaginarse de viejo junto a una pareja es también imaginarse cuidado y cuidando. Saber que habrá alguien que te acompañe al médico, que te prepare la comida cuando estés enfermo, que se acuerde de tus pastillas. Cuando esa pareja desaparece, o resulta no haber sido quien creías, la vejez se vuelve de repente mucho más fría.
La respuesta a ese miedo pasa, para muchos, por las familias elegidas: los amigos de toda la vida, las redes de apoyo de la comunidad, las asociaciones. Pero también pasa por exigir que los servicios públicos tengan en cuenta a las personas mayores que no encajan en el modelo tradicional de familia.
Las bodas de oro
En muchos pueblos y barrios de España se celebran todavía las bodas de oro: cincuenta años de matrimonio, una misa, una comida con toda la familia, una foto con la tarta. Es una celebración que habla de resistencia, de haber atravesado juntos crisis, enfermedades, mudanzas, pérdidas.
Las parejas del mismo sexo que se casaron en 2005, cuando se aprobó el matrimonio igualitario, celebrarán sus bodas de oro en 2055. Muchas de ellas llevaban ya años o décadas juntas antes de poder firmar. Algunas no llegarán a esa fecha. Pero la posibilidad existe, y es nueva. Por primera vez, dos hombres o dos mujeres pueden imaginarse soplando las velas de su cincuenta aniversario delante de toda su familia.
Esa imagen futura está muy cerca de la que plantea «Envejecer». La pregunta de los viejitos es, en el fondo, la pregunta de las bodas de oro. ¿Llegaremos? ¿Seguiremos aquí, juntos, cuando todo haya cambiado? Que la canción la convierta en una herida no la invalida. Al contrario: muestra lo mucho que vale cuando se formula de verdad.
El mar que no envejece
Hay algo en el mar que ayuda a pensar en el tiempo. Las olas llevan rompiendo en esa misma playa desde mucho antes de que existieran los edificios del fondo, y seguirán haciéndolo cuando ya no estén. El mar no envejece. O mejor dicho, envejece a un ritmo tan lento que a escala humana parece eterno.
Por eso tanta gente mayor se sienta frente al agua. Hay algo consolador en esa permanencia. Mientras el cuerpo cambia y la memoria se vuelve frágil, el mar sigue igual que cuando éramos niños. Las parejas de «Envejecer» miran ese mar como quien mira un viejo amigo.
Una historia que se cuenta despacio
Mike ha compartido abiertamente lo que vivió durante unos veinte años: dos relaciones seguidas con hombres narcisistas que le infligieron maltrato psicológico. Al hacerlo público vio que ellos se habían adelantado y habían sembrado sospechas sobre él entre gente de su entorno, de modo que varias personas se distanciaron. Llegó a estar muy cerca de quitarse la vida. Ahora le atiende un equipo de profesionales de la salud mental, con diagnósticos de estrés postraumático, depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y trastorno de la personalidad por evitación. «Envejecer» nace de ese territorio, el de quien creyó en un futuro compartido y lo vio desmoronarse.
Si estás atravesando una ruptura que te ha dejado sin suelo y sientes que no vas a volver a confiar en nadie, no tienes por qué cargar con ello a solas. Habla con alguien cercano, o pide cita en tu centro de salud. Y si alguna vez se te cruza la idea del suicidio, recuerda que en España el 024 escucha a cualquier hora, gratis y en confianza. En una urgencia, el 112.
Oírla, verla y guardarla
El vídeo de «Envejecer», con sus parejas en blanco y negro junto al mar, está completo en su página. La canción suena también en Spotify. Si te interesa la soledad y el descarte en la edad avanzada, «Trasto viejo» aborda ese tema desde otro ángulo, y «Entre cuatro paredes» habla del aislamiento. Todo lo demás está en el catálogo.
Nada de esto cuesta dinero. Puedes bajarte las canciones desde la tienda de esta web o desde mikesaintlouis.com/descargas, sin cuenta y sin pagar. Para periodistas hay material en prensa.
La orilla de mañana
Vuelvo al plano de los dos hombres de la mano. Las espaldas, la arena, los edificios al fondo, el sol que quema un poco la imagen. Caminan despacio, sin prisa, hacia ningún sitio concreto. Solo pasean.
Quizá esa sea la imagen que «Envejecer» quiere dejarnos, a pesar de todo. No la silueta sola del anochecer, sino esta otra. La prueba de que es posible llegar a viejo junto a alguien, de que hay parejas que lo consiguen, de que la pregunta de los viejitos, cuando se hace con sinceridad, puede tener la mejor de las respuestas. Y de que quien ha sido engañado una vez merece, algún día, volver a caminar de la mano por la orilla.
Preguntas frecuentes
¿Qué aparece en el vídeo de «Envejecer»?
Está rodado en blanco y negro junto al mar. Hay parejas de hombres mayores que pasean de la mano por la orilla, dos mujeres vestidas de novia que se alejan juntas hacia el agua y una silueta solitaria en la arena cuando cae la noche.
¿De qué habla «Envejecer»?
De alguien que estaba convencido de que iba a hacerse viejo junto a su pareja y se entera de que, mientras le preguntaba si se imaginaba a los dos de ancianos cogidos de la mano, le estaba engañando. Es una canción sobre la confianza rota y el duelo por un futuro que ya no llegará.
¿Por qué importa hablar de la vejez LGTBI?
Muchas personas mayores LGTBI vivieron décadas de persecución y hoy afrontan la vejez con menos apoyo familiar y más riesgo de soledad. Hacerlas visibles ayuda a que se diseñen recursos pensados para ellas.
¿Dónde puedo escuchar o descargar la canción?
Tiene ficha propia en gayfolkplanet.com para oírla completa. La descarga es libre y gratuita desde la tienda de la web y desde mikesaintlouis.com/descargas, y también se encuentra en Spotify.
¿Qué hago si una traición me ha dejado sin ganas de nada?
El duelo por una relación puede durar y doler mucho, y a veces se convierte en depresión. Apóyate en personas cercanas y consulta con tu médico o con un psicólogo. Si piensas en quitarte la vida, el 024 atiende en España sin coste y a cualquier hora; para emergencias, el 112.