Planeta Gayfolk

Humor

El carrito de la compra del planeta: SHEIN, Mercadona y el Todo a un Euro como vocabulario del desamor

Por ·

Portada de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», canción de Mike Sain't Louis

«Los he comprado en SHEIN».

Así, sin anestesia. Hay gente que tarda años en confesar en una cena que la chaqueta es de un outlet, y en el Planeta Gayfolk la confesión llega en la primera línea de una canción y encima a gritos. Es el arranque de «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara», y sirve como entrada para algo que recorre toda la trilogía: en las letras de Mike Sain't Louis se compra mucho, se compra barato y se dice dónde.

Este post es un ticket de caja. Una lista de las marcas, las tiendas y los precios que salen en las letras publicadas, y de lo que hacen ahí. Porque una marca en una canción nunca es solo una marca. Es una clase social, un insulto o una forma de quererse. Y a veces las tres cosas en la misma estrofa, aunque aquí intentaremos ir de una en una.

Primera caja: SHEIN contra Zara

Empecemos por el traje. La canción tiene un estribillo que es una declaración de principios de consumo:

«Que no pienso decir que mis trajes son de Zara / Los he comprado en SHEIN»

Hay que entender la jerarquía. Zara es la tienda que uno nombra con orgullo moderado: no es lujo, pero queda bien. SHEIN es la tienda que uno no nombra. La que llega en bolsa de plástico gris y se esconde en el armario detrás de lo que sí se enseña. Lo normal, en sociedad, sería subir un escalón y decir «es de Zara». La letra baja el escalón a propósito.

¿Por qué? Porque la canción va dirigida a alguien que vive de aparentar. Es el ex que, según la letra, haría cualquier cosa «Con tal de decir que el BMW blanco es de usted». Frente a un mentiroso de coche blanco, la mejor arma es la verdad más barata posible. Si el otro presume, tú confiesas. Y la confesión, dicha con la barbilla alta, deja al otro en evidencia.

Es una táctica camp de manual. La página sobre el camp en el planeta lo explica a su manera: se trata de tomar lo demasiado, o lo vergonzoso, y convertirlo en herramienta. Aquí lo vergonzoso es la etiqueta de SHEIN. Y la herramienta funciona.

Luego la canción remata con una línea que es casi un balance contable: «Guarda tu dinerito que a esta marrana / Le da igual mangar café, bañadores y / Hasta tus antiguas alianzas». El diminutivo «dinerito» ya es una burla en sí. Y la lista de lo robado mezcla lo insignificante con lo sagrado, el café con las alianzas, que es exactamente como se mezclan las cosas cuando una relación se rompe y alguien hace inventario.

Segunda caja: Mercadona, de siete a ocho

Si SHEIN es la ropa, Mercadona es la vida. El supermercado valenciano aparece en dos letras, y en las dos con un papel distinto.

El primero es tierno. En «La despedida», esa larga letanía en mayúsculas dedicada a Camela, hay un verso que funciona como foto de familia:

«CAMELA CUANDO TE ACERCABAS A MERCADONA A / COMPRARME LA LACA DE L'ORÉAL»

Hay que fijarse en la precisión. No es «una laca». Es la laca de L'Oréal, comprada en Mercadona. Es el tipo de detalle que solo recuerda alguien que estaba allí, en el cuarto de baño, con el bote en la mano. En una canción llena de cohetes rosas y viajes siderales, de repente aparece un pasillo de supermercado. Y es el verso que más pesa.

El segundo papel de Mercadona es el de símbolo de la vida corriente, y llega en «El productor de Madonna no compra en Mercadona». El título ya es un chiste de contraste: la reina del pop en un lado, la caja registradora del otro. Pero dentro hay algo más fino. La letra compara a Madonna con un desodorante, «Madonna era como / Rexona / que nunca te abandona», y luego anuncia un cambio de marca:

«pues mira bonito / me he cambiado / a la marca blanca de / Mercadona y / también funciona»

Cambiarse a la marca blanca. Es la imagen perfecta para algo que cualquiera que haya salido de una relación conoce: descubrir que lo que creías imprescindible tenía un sustituto más barato y que, oye, también funciona. La letra cuenta además que al ex le encantaba Madonna, así que el cambio de marca tiene destinatario. Dejar a Madonna es dejar al ex. Y hacerlo en el lineal de Mercadona tiene una crueldad doméstica que da mucha risa.

Más adelante la canción se ríe de sí misma, que es lo que mejor se le da al planeta: «Voy a acabar / como todos los demás / de siete a ocho / en mercadona / y eso que odio hacer la compra / y cuando voy al super no soy persona». Cualquiera que haya ido a un supermercado a la hora de salida del trabajo sabe lo que significa «no ser persona» entre dos carros. Y el remate es de comedia de barrio: «encima no me gusta la piña / así que tendré que ir atento por si alguien me / guiña».

Para quien no lo sepa: hace unos años se popularizó en redes la idea de que una piña boca abajo en el carro de Mercadona, a cierta hora, servía para ligar. La letra no lo explica, ni falta que hace. Lo da por sabido, como se dan por sabidas las cosas en una conversación de amigos.

Tercera caja: el Todo a un Euro

Hay tiendas que son un adjetivo. El Todo a un Euro es una de ellas. Cuando algo es «de Todo a un Euro» todo el mundo entiende que es una imitación, que se va a romper pronto y que da un poco de pena y un poco de ternura.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara Los he comprado en SHEIN» de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!»

«La Shakira y el Piqué de Todo a 1 Euro» usa la tienda exactamente así. La canción empieza con la voz del vecindario mirando a una pareja que sale en la tele, «Mírales que monos ellos / y qué fashion, qué modernos / son la pareja gay del año / salen mucho ahora en Telecinco», y luego aplica la etiqueta de precio:

«Es la Shakira marica del Todo a un Euro / y el Piqué del excremento»

Es una rebaja doble. Primero se compara a la pareja con la ruptura más mediática de su época, y luego se le pone el precio más bajo posible. Lo bueno llega al final, cuando la letra cambia de pronombre y la etiqueta se la queda la propia voz de la canción: «a partir de ahora yo soy / la Shakira marica del Todo a un Euro / y tú eres el Piqué del excremento». Es la jugada de SHEIN otra vez: quedarse con la versión barata y presumir de ella. Mejor ser la Shakira de bazar que el otro.

Esa operación, la de apropiarse del insulto barato y llevarlo como un broche, es probablemente lo más reconocible de toda la trilogía. Lo cutre no se esconde. Se exhibe con orgullo de escaparate.

Cuarta caja: el mercadillo y el saldo

Y llegamos a la sección más concurrida. Si hubiera que elegir una sola palabra del comercio que defina las letras de Mike, no sería ninguna marca. Sería «mercadillo». O su prima, «saldo».

El personaje del ex tiene un cargo que se repite como un estribillo en varias canciones: coordinador de mercadillo. Sale en «Carta de recomendación», en «Asqueroso coordinador», en «Esperma» y en «Doña Rogelia». En «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara» el cargo muta y se vuelve «coordinador de saldo de Villaverde». En «Doña Rogelia» se amplía la plantilla: «Liante, farsante, comercial de saldo, / de mercadillo, el coordinador».

¿Por qué funciona tanto? Porque «coordinador» es una palabra de oficina, con su tarjeta de visita y su correo corporativo. Y «mercadillo» es la palabra contraria: el puesto de los martes, la manta en el suelo, los calcetines de cinco por tres euros. Juntas fabrican a un señor que se da importancia en un sitio donde nadie la tiene. Es un retrato económico de una persona en dos palabras.

El saldo, además, contagia otras cosas. En «No te vuelvo a mirar más» alguien se ha inventado «un papel de víctima de saldo». La victimización comprada en las rebajas. Y en «Si Don AussieBum hablase» la palabra aparece aplicada al cuerpo, en una de las líneas más descaradas del planeta: «hoy tengo de saldo el filete / y lo puede probar cualquiera». La carnicería, el saldo, el cuerpo. Todo en el mismo mostrador.

Pero lo bonito es que el mercadillo no siempre es insulto. En «Marica Chill», que es la canción más relajada de la lista, el mercadillo vuelve como moda propia, en Spanglish y sin complejos:

«Marica chill, sin pena, sin stress / Walkin' like a diva en mi mercadillo dress»

El vestido de mercadillo como vestido de diva. Es la misma lógica de SHEIN y del Todo a un Euro, pero ya sin rabia. Aquí no hay ningún ex al que contestar. Solo un cuerpo bajando a la playa con tacones y un abanico. La misma canción tiene otra compra preciosa: «Pero el frutero me regaló un mango lush». El comercio de barrio en su versión más amable, el frutero que te regala algo. Lo único gratis de todo el ticket.

Quinta caja: las marcas de verdad, las robadas

Hay una marca que tiene canción propia y es, curiosamente, la única marca cara de toda la lista. AussieBum, la marca australiana de bañadores y ropa interior, que en el planeta se ha convertido en un personaje con tratamiento de respeto: Don AussieBum.

Collage con un detalle de la carátula de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» y las carátulas de «El productor de Madonna no compra en Mercadona», «Si Don AussieBum hablase», «La Shakira y el Piqué de Todo a 1 Euro»

La historia es de juzgado de guardia. Un «falso amore» se ha llevado los bañadores. Pero no todos:

«Los de / Aliexpress / bien que los ha dejado / pero los AussieBum / aunque eran míos / no lo ha dudado / y me los ha mangado.»

Es un robo con criterio de comprador. El ladrón distingue perfectamente lo original de la copia y elige lo original. Y en esa elección hay un retrato entero: alguien que sabe el valor de las cosas que no son suyas. La letra incluso precisa que eran «AussieBum originales», con la palabra que se usa en los mercadillos para defenderse de las falsificaciones.

Luego la canción se desmadra en una lista larguísima de todo lo que contaría el bañador si hablara, «estaríamos todos sin / maridos / parejas, / conocidos / familiares», y se va hasta «la prima Carmen» y «el que va de santo en la iglesia». El bañador como testigo de cargo. La marca como chivato.

Hay que decir que la misma historia del robo de bañadores tiene otra canción en el planeta, «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca», y la de Don AussieBum la cita en su primer verso. El título lo dice todo: «de marca». Cuando lo que te roban es barato, te enfadas. Cuando es de marca, escribes dos canciones.

Sexta caja: el picoteo

El ticket también trae comida, aunque eso merece su propio recetario. Aquí solo los productos con nombre.

Pringles, en «El día de la liberación», como castigo final al narcisista que se queda solo: «Que te cocine ahora tu madre / o nútrete con un bote de pringles». La comida de bote, la cena de quien no tiene a nadie que le haga la cena. Es un insulto que huele a sofá.

Kit Kat, en «Me rindo» y en «Y sigo temblando siempre»: «necesito un eterno Kit Kat». El descanso del anuncio de toda la vida estirado hasta lo eterno. Quien haya crecido con aquel eslogan entiende que es una manera de pedir que el mundo se pare.

Y los Cien Montaditos, en «El anillo de casado», con sus «CINCO jarras». La cervecería de cadena donde se puede cenar por poco y emborracharse por un poco más. Es el escenario exacto para una historia de amor con un hombre casado: barato, a la vista de todos y con mucho ruido para que nadie escuche.

El crucero: cuando el lujo sale de saldo

Hay una canción que hace la operación contraria a las demás. En lugar de reivindicar lo barato, cuenta lo que pasa cuando uno paga por el lujo y le dan saldo. Es «Croquetas en el crucero».

La premisa es la de cualquier folleto: «Me apunté a un crucero por el Mediterráneo / pensando en playas, sol y algún italiano». Y la realidad llega en el verso siguiente: «pero en el buffet solo había croquetas y queso malo». A partir de ahí todo es rebaja. Sardinas en el minibar. Champán pedido y calimocho servido. Y la pregunta que resume la experiencia de muchos paquetes vacacionales:

«¿Esto era un crucero o un Tanatorio de alta mar?»

Es el reverso perfecto del traje de SHEIN. Allí se compraba barato y se presumía. Aquí se compra caro y se recibe barato, y no hay forma de presumir de nada. El planeta tiene clarísimo cuál de las dos situaciones es peor. La de SHEIN es una elección. La del crucero es una estafa con chaleco salvavidas.

Al por mayor: noventa y tres en vez de trece

Hay una última forma de comercio en las letras, y no tiene que ver con lo que se compra sino con lo que se fabrica. En «El productor de Madonna no compra en Mercadona» la voz de la letra explica cómo piensa responder a quienes dudan de su talento por usar inteligencia artificial:

Ficha de la canción «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

«Tendré que superar con creces / Cualquier disco tradicional / Noventa y tres canciones en vez de trece»

Es una lógica de mayorista. Si el disco tradicional trae trece canciones, aquí vendrán noventa y tres. «Con sus Noventa y tres videoclips / Incluidos si hace falta», añade la letra, con ese «si hace falta» que suena a dependiente de tienda de barrio que te mete una bolsa más sin que se la pidas. Y el motivo es de una sinceridad que desarma: «Con tal de que no me den la lata».

Lo gracioso es que el chiste no es ninguna exageración. La trilogía GAYFOLK, tal como la cuenta la propia página de la trilogía, suma tres álbumes con cientos de pistas, y el catálogo del sitio habla de 273 canciones publicadas. Es decir: el planeta funciona como un mercadillo en el mejor sentido de la palabra. Mucho género, mucho puesto, mucha gente pasando. Frente a la boutique de trece canciones con su escaparate minimalista, aquí hay una nave entera.

Eso cambia la manera de escuchar. Una boutique se recorre en diez minutos y uno sale con una bolsa elegante y poca cosa dentro. Un mercadillo se recorre con calma, se vuelve otro día y siempre aparece algo que no se había visto. Hay puestos de copla, puestos de electropop, puestos de baladas en inglés y puestos de insultos con nombre propio. Quien entra al planeta buscando una sola canción suele salir con cinco en la bolsa.

Y hay otra cosa que el ticket enseña aquí. El mercadillo es, históricamente, el sitio de quien no tiene tienda propia. El vendedor que no puede pagar un local en la calle principal y monta su puesto en la plaza. Un artista que se autoedita sin sello grande detrás hace algo muy parecido: monta su puesto, pone el género a la vista y espera a que la gente pase. La página de Madrid del sitio lo resume así: «Un proyecto de una sola persona», «sin oficina y sin permiso». El coordinador de mercadillo de las letras es un villano. El mercadillo, en cambio, es el modelo de negocio.

Para rematar, la misma letra se burla de su propio sermón con una línea que vale como etiqueta de oferta: «y tendré que esforzarme más». Noventa y tres canciones y todavía hay que esforzarse más. Así es la vida del puesto.

Lo que dice el ticket

Si se suma todo el carrito, sale un retrato bastante preciso de una clase social y de una época. Es la España de Mercadona y del Todo a un Euro, de los paquetes de AussieBum guardados como un tesoro y de los vestidos de mercadillo. La España que sabe distinguir lo original de la copia porque ha tenido que elegir muchas veces.

Y sale también una forma de pelear. En casi todas las canciones, la marca barata es un escudo y la marca cara es un arma del enemigo. El BMW blanco, el traje de Zara que hay que fingir, los bañadores de marca que se roban: todo lo caro pertenece al mundo de las apariencias. Lo barato pertenece al mundo de la verdad. «No soy como tú que solo quieres aparentar», dice la letra de SHEIN, y ahí está la tesis de todo el ticket.

Hay algo muy serio debajo del chiste. Una persona que ha vivido con alguien que lo medía todo por el precio acaba desconfiando de los precios. Y entonces reivindicar SHEIN, la marca blanca y el mercadillo no es tacañería. Es salud. Es negarse a que el valor de uno lo decida la etiqueta. La línea de Rexona y la marca blanca lo dice con la ligereza de un anuncio: también funciona.

Se dice en una frase. Lo barato también te viste.

Una nota de autoría

Todas las marcas, tiendas y frases de este post salen de letras publicadas de la trilogía GAYFOLK, que se pueden leer enteras en el archivo de letras. Las personas que aparecen en ellas, los coordinadores, los falsos amores y los ex con BMW, son personajes. Las marcas son marcas de verdad, nombradas como las nombra cualquiera en una conversación: con la confianza de quien las ha tenido en la mano.

Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Están escritas sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Lo cual, por cierto, también tiene su chiste en el ticket: «El productor de Madonna no compra en Mercadona» es una canción sobre usar IA y que te lo echen en cara, y su respuesta es comparar al productor de la reina del pop con quien hace la compra a las siete de la tarde. Para fechas y datos de cada álbum, la referencia es la sala de prensa.

La canción del traje se puede escuchar en Spotify. Quien la escuche con un vestido de SHEIN puesto, que no lo esconda.

Preguntas frecuentes

¿Qué marcas aparecen en las letras de Mike Sain't Louis?

Entre otras, SHEIN, Zara, Mercadona y su marca blanca, L'Oréal, Rexona, AussieBum, Aliexpress, Pringles, Kit Kat, BMW y los Cien Montaditos, además de tiendas genéricas como el Todo a un Euro y el mercadillo.

¿De qué va «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara»?

Es una respuesta a un ex que presume y miente. La voz de la letra confiesa sin vergüenza que sus trajes son de SHEIN y convierte esa confesión en un arma contra quien vive de aparentar.

¿Qué significa «coordinador de saldo» en sus letras?

Es una de las fórmulas con las que las letras rebajan a un personaje que se da importancia: un cargo que suena a despacho unido a la palabra «saldo», que lo devuelve al mercadillo. Los personajes de las letras son ficticios.

¿Quién hace la música de estas canciones?

Mike Sain't Louis es letrista, compositor y productor musical. Las letras son suyas y están escritas sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Dónde se pueden leer las letras completas?

En el archivo de letras de gayfolkplanet.com, en /letras.

Más notas

Apoyar en Ko-fi