Relaciones tóxicas
Fiesta nacional de una sola persona: el calendario de «El día de la liberación»
Por Mike Sain't Louis ·

El 25 de abril, Italia cierra las oficinas. Es la Festa della Liberazione, el día en que se recuerda el final de la ocupación nazi y del fascismo, en 1945. Hay desfiles, hay flores en los monumentos, suena «Bella ciao» en las plazas. El 5 de mayo, en los Países Bajos, se celebra el Bevrijdingsdag, también por el final de la ocupación. Francia tiene su liberación de París, en agosto de 1944, con aquellas fotos de la gente subida a los tanques en los Campos Elíseos.
Los países recuerdan el día en que se libraron de algo. Le ponen fecha. Lo marcan en rojo en el calendario. Y lo celebran cada año, para que no se olvide.
«El día de la liberación» hace eso mismo con una sola persona. Declara fiesta nacional el día en que alguien se libra de un narcisista. Con su parte de victoria, su grito colectivo, su desfile en Benidorm y su enemigo derrotado comiendo patatas de bote.
En el diario ya hay una nota que se centra en Benidorm, las patatas de bote y la libertad. Esta crónica coge el calendario. Mira la canción como si fuera la proclamación de una efeméride: qué se celebra, quién ha ganado, cómo es el desfile y qué pasa con el vencido.
Hoy es el día
La canción empieza con tres palabras que suenan a anuncio oficial: «Hoy es el día».
No «un día». No «algún día». Hoy. El día. Con artículo determinado, como en los grandes acontecimientos. El Día D. El día de la boda. El día del juicio.
Esa fórmula tiene un aire de bando municipal, de pregón de fiestas, de locutor de radio interrumpiendo la programación. Hoy es el día. Todo el mundo se para a escuchar. Algo ha pasado que cambia las cosas.
Y lo que ha pasado, en la canción, no es una guerra ni una revolución. Es el final de una relación. Pero la letra lo anuncia con la misma pompa. Y esa desproporción es lo que la convierte en camp: tratar un asunto privado con el tono de un acontecimiento histórico. El que ha salido de una relación así sabe que no es exagerado. Para él, sí ha terminado una guerra.
Ya hay un vencedor
«El día en el que ya hay un vencedor / Y no eres tú manipulador perdedor.»
Esto es un parte de guerra. Los partes, los comunicados militares que se leían por la radio al final de una contienda, tenían siempre la misma estructura: ha terminado, hay un vencedor, el enemigo ha sido derrotado. La canción usa ese esquema para hablar de una ruptura.
Lo interesante es que no dice quién ha ganado. Dice quién no ha ganado. «No eres tú.» Es una victoria definida por la derrota del otro. Como si lo importante no fuera tanto estar arriba como que el otro ya no lo esté.
Y luego el insulto compuesto: «manipulador perdedor». Dos palabras que riman y que funcionan como un título nobiliario al revés. El manipulador, que durante toda la relación ganaba todas las discusiones, que tenía siempre la última palabra, que conseguía que el otro pidiera perdón por cosas que no había hecho, ahora es perdedor.
En el mundo del narcisista no hay derrota posible. Siempre gana. Por eso el verso es tan potente. Le pone una etiqueta que su ego no puede soportar.
Sin sangre
«El día en el que ya no sale / sangre / De todas las heridas que ayer causaste.»

Fíjate en cómo está cortado el verso. «Ya no sale» y luego, solo, en una línea propia, «sangre». Como si la palabra necesitara su espacio. Como si costara decirla.
Esta es la parte más seria de la canción, y tiene una precisión médica. No dice que no haya heridas. No dice que se hayan curado. Dice que ya no sangran. Que es el primer paso. Una herida que deja de sangrar todavía duele, todavía se puede infectar, todavía deja cicatriz. Pero ya no te estás desangrando.
Y las heridas son «de ayer». No de hace un año. De ayer. Es decir: la liberación es muy reciente. El que celebra el día de la liberación todavía tiene las vendas puestas. No está curado. Está libre, que no es lo mismo.
En las fiestas de liberación de los países pasa algo parecido. Se celebran con alegría, pero se recuerda a los muertos. Hay flores en los monumentos. Los dos sentimientos van juntos. Aquí también.
Gritemos con fuerza
Y de pronto, un plural: «Gritemos con fuerza / ¡somos libres!».
La canción, que hasta aquí hablaba en primera persona, se abre a un nosotros. Somos libres. Gritemos. Es el momento en que la fiesta privada se convierte en colectiva.
¿Quiénes son ese nosotros? La letra no lo dice. Pueden ser los amigos que acompañaron durante la ruptura, los que escucharon las mismas quejas cincuenta veces, los que dijeron «ya era hora» cuando por fin llegó el día. Pueden ser todas las personas que han salido de una relación así, que son muchas más de las que se cree. Puede ser el planeta entero, el Gayfolk, que celebra en este disco el final de su relato.
Ese grito colectivo es lo que convierte la canción en himno. No es «soy libre». Es «somos libres». Y eso, en un disco que cierra una trilogía sobre un planeta queer, pesa.
El banquete del vencido
Ahora el humor. «Que te cocine ahora tu madre / o nútrete con un bote de pringles.»
La nota anterior del diario ya disfrutó de la escena. Aquí, mirándola con el calendario delante, se ve otra cosa. En las liberaciones de verdad, el vencido se queda sin recursos. Sin ejército, sin poder, sin territorio. En esta, el vencido se queda sin cocinero.
Eso dice mucho de cómo funcionaba la relación. El narrador cocinaba. Cuidaba. Ponía la mesa. Y el otro comía. Ahora, sin él, el manipulador perdedor tiene dos opciones: volver a casa de su madre, que es la derrota más humillante para un hombre que se cree el rey, o abrir un tubo de patatas fritas y cenar de pie en la cocina.
«Nútrete» es un verbo de nutricionista, de folleto de dietética. Y se usa para un bote de Pringles. La ironía está en el registro: el lenguaje de la alimentación saludable aplicado a la cena más triste del mundo.
La fuente
Y luego, la frase más técnica de la canción: «Y tú desesperado por conseguir / Otra fuente narci de alimentación».
En psicología hay un concepto que se usa mucho cuando se habla de narcisismo, el de suministro narcisista. Lo propuso el psicoanalista Otto Fenichel en los años treinta y luego se popularizó muchísimo. Viene a decir que el narcisista necesita alimentarse de la atención, la admiración o el sufrimiento de los demás para sostener la imagen que tiene de sí mismo. Sin esa fuente, se viene abajo.
La canción traduce el concepto a castellano de barrio: «fuente narci de alimentación». Y al ponerlo justo después del bote de Pringles, hace un chiste doble. El otro se ha quedado sin comida en dos sentidos. Sin la cena que le hacían y sin la persona de la que se alimentaba por dentro.
«Desesperado por conseguir otra.» Eso también lo sabe quien ha salido de una relación así. El narcisista no llora la pérdida. Busca sustituto. Rápido. Y a veces el sustituto aparece en las fotos de Instagram a la semana siguiente.
El narrador no se preocupa por eso. Está en Benidorm.
Ay de los vencidos
Hay una cosa en la canción que la distingue de los himnos de liberación de los países. Le habla al vencido. De tú.

Los himnos nacionales hablan del pueblo, de la patria, de los caídos. Nunca se dirigen al enemigo derrotado. Esta canción sí. «Que te cocine ahora tu madre.» «Y tú desesperado.» «¡Y tú solito!» El narrador celebra su libertad mirando a la cara del que se la quitaba.
Cuentan los historiadores romanos que, cuando los galos de Breno saquearon Roma hacia el año 390 antes de Cristo, los romanos tuvieron que pagar un rescate en oro. Se quejaron de que las pesas estaban trucadas. Y Breno tiró su espada encima de la balanza y dijo: «Vae victis». Ay de los vencidos.
La canción tiene algo de eso, pero en versión camp. No hay espada sobre la balanza. Hay un bote de Pringles sobre la encimera. El vencedor no exige oro. Exige que el otro se haga la cena.
Y ese tuteo final, «¡Y tú solito!», es la puntilla. Después de años de soportar el desprecio del otro, el narrador se permite un minuto de burla. Uno solo. Y luego se va a la playa.
El día después
La canción termina en la fiesta. No cuenta lo que pasa al día siguiente. Pero la pregunta es inevitable para quien haya vivido algo así.
El día después de la liberación es raro. Uno se despierta y no hay nadie a quien esperar. No hay mensajes que vigilar, no hay humor que adivinar, no hay que medir las palabras antes de decirlas. Todo ese trabajo, que ocupaba tanto, desaparece de golpe. Y deja un hueco.
Mucha gente que sale de una relación así cuenta lo mismo: los primeros días no sabe qué hacer con el tiempo. Se ha acostumbrado tanto a girar alrededor del otro que, sin él, se queda sin órbita. Va al supermercado y compra lo que le gustaba al otro. Pone la tele en el canal que veía el otro. Se sorprende pidiendo perdón por cosas que nadie le ha reprochado.
Y poco a poco, eso se va. Se aprende a cocinar para uno. A elegir la película. A dormir en el centro de la cama.
La canción no habla de eso. Pero el grito de «¡somos libres!» lo lleva dentro. Ser libre dura bastante más que un día. Es aprender a vivir sin el que mandaba. El día de la liberación es el primero de muchos.
Benidorm como capital
Hay que decir algo de Benidorm, aunque ya lo hiciera la nota anterior. Pero desde el calendario.
Si esto es una fiesta nacional, necesita una capital. Y la capital del día de la liberación es Benidorm. No París, no Roma, no Ámsterdam. Benidorm. Los rascacielos frente al mar, la playa de Levante con las sombrillas alineadas, los bares de la calle de los ingleses, el Orgullo de Benidorm que cada verano llena la ciudad.
Es una capital perfecta para una fiesta así. Porque en Benidorm nadie te juzga. Nadie te pregunta por qué estás solo, ni con quién has venido, ni por qué te has puesto ese bañador. Benidorm es la ciudad del exceso alegre, del buffet libre, de la piscina a las doce del mediodía con un mojito en la mano.
«Yo feliz en Benidorm.» Cuatro palabras que valen como un desfile militar. El vencedor no está en un arco de triunfo. Está en una tumbona.
Y la tumbona tiene su protocolo, como cualquier tribuna de autoridades. Crema solar de factor cincuenta, gafas de sol de gasolinera, una novela de bolsillo que no se va a leer y el móvil boca abajo, para no ver si escribe quien no tiene que escribir. Ese móvil boca abajo es la bandera de la fiesta.
De mito a vómito
En la última estrofa aparece una expresión que también es título de otra canción del catálogo: «De mito a vómito».

Es un juego de palabras de una crueldad deliciosa. El otro fue mito. Alguien a quien se admiraba, se idealizaba, se ponía en un altar. Y ahora es vómito. Lo que se expulsa. Lo que da asco. La rima entre las dos palabras hace todo el trabajo: mito y vómito suenan casi igual y significan lo contrario.
En el planeta, esa expresión tiene canción propia, «De mito a vómito». Aquí aparece como cita, como guiño, como si el narrador recordara otra de sus propias frases en mitad de la fiesta.
Y luego: «¡Y tú solito! / ¡Que bonito!». Un diminutivo y una exclamación de abuela. «Solito» es como se le dice a un niño que se ha quedado sin amigos en el recreo. «Qué bonito» es la ironía más vieja del castellano, la que se dice con la ceja levantada cuando algo es todo lo contrario de bonito.
Es el final de la estrofa y el final del enemigo. Solito y sin cena.
El estribillo que vuelve
La canción repite su estribillo una y otra vez. «Hoy es el día / De la liberación.» Cada vuelta suena igual, y no es pereza. Es lo que se hace con las fiestas.
Las fiestas se repiten. Cada año, el mismo día, las mismas canciones, los mismos rituales. La repetición es lo que las convierte en tradición. Un día de la liberación que se dijera una vez y no se repitiera sería un comentario. Repetido es una efeméride.
Y hay algo más en la repetición. Quien sale de una relación con un narcisista necesita repetirse que ha salido. Porque la tentación de volver existe. Porque el otro intentará volver. Porque hay noches en que se le echa de menos, aunque no tenga sentido. El estribillo funciona como mantra. Hoy es el día. Hoy es el día. Hoy es el día. Hasta que se lo cree uno mismo.
El día y el disco
La canción da título al tercer álbum de la trilogía, «El día de la liberación». La nota de prensa sobre la trilogía lo explica como el cierre del relato: primero el descubrimiento del planeta, luego el deseo de viajar a él y, al final, la liberación.
Y eso le da a la canción una segunda lectura. Además del día en que uno se libra de un narcisista, es el día en que el planeta Gayfolk llega a su desenlace. El día en que ya no hace falta pedir permiso para vivir como uno quiera.
Las dos liberaciones se superponen. La personal y la colectiva. La del que deja a un manipulador y la de una comunidad que se libra de la vergüenza. El diario tiene una nota sobre el tercer álbum que habla de ese cierre con más calma.
Lo que se celebra y lo que no
Una cosa interesante de la canción es lo que no hace. No hay venganza. Nadie le rompe el coche al otro, nadie publica sus mensajes, nadie le deja en evidencia delante de su familia. La única venganza es irse a Benidorm y dejar que el otro se haga la cena.

Tampoco hay perdón. No hay ningún verso del tipo «te deseo lo mejor». El vencido es vencido y punto. Se le despide con un «qué bonito» irónico y se le deja buscando otra fuente.
Y no hay tristeza, al menos en la superficie. La sangre, las heridas, todo eso está, pero se dice deprisa y se pasa a la fiesta. Es una canción que ha decidido celebrar. Ya habrá tiempo para llorar otro día. Hoy no.
En el mismo planeta hay otra canción que va por el mismo camino, «Not your supply», escrita en inglés, sobre dejar de ser el suministro de alguien. Es la víspera de este día. Esta es la fiesta.
Cómo se celebra
Si esto es una fiesta nacional, tiene que tener su manera de celebrarse. La canción da algunas pistas.
Se grita. Con fuerza. Se dice en plural. Se va a Benidorm, o al Benidorm de cada uno, que puede ser una playa, una terraza o el sofá de una amiga. Se come bien, que el otro ya se apañará con sus Pringles. Y se repite el estribillo tantas veces como haga falta.
Tiene su videoclip oficial, de unos tres minutos y medio, en la página del vídeo. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor madrileño, y la música y las voces se han hecho con inteligencia artificial, como explica la sala de prensa.
Para el aniversario
Esta canción es para ponerla una vez al año. El día exacto. El aniversario de tu liberación, si tienes una.
Mucha gente que ha salido de una relación así recuerda la fecha. El día del último mensaje, el día de la mudanza, el día en que bloqueó el número. Ese día puede pasar desapercibido en el calendario de todos, pero no en el suyo. Esta es la canción para ese día.
Hay quien lo apunta en el calendario del móvil con un nombre en clave, para que salte el aviso cada año. Hay quien se hace un pequeño ritual: una cena, una copa, una llamada a la amiga que estuvo ahí. Hay quien prefiere no acordarse y que el día pase como cualquier otro, que también es una forma de victoria. Todas valen. Lo que la canción propone es la más ruidosa, la de la fiesta con himno, pero no obliga a nadie.
Y si no tienes fecha, si tu liberación fue un proceso lento, de meses, sin un día concreto en el que todo cambió, invéntate una. Los países también lo hacen. Muchas fiestas nacionales celebran un día simbólico que no coincide exactamente con el momento en que las cosas cambiaron de verdad. Elegir la fecha ya es parte de la liberación.
Ponla alta. Grita con ella. Hazte una cena rica. Y si tienes la suerte de estar en Benidorm, mejor.
La letra completa y los enlaces de escucha están en la ficha del single. Y en Spotify, para el próximo aniversario.
Fiesta en el calendario
Los países ponen sus liberaciones en el calendario para no olvidar. Para que las generaciones siguientes sepan que hubo algo de lo que librarse. Para que el día sea festivo y nadie trabaje.
Esta canción hace lo mismo con una vida. Le pone fecha a una libertad pequeña, de una sola persona, que nadie más celebrará. Y la convierte en fiesta con himno propio.
No hay desfile en la Castellana. No hay flores en los monumentos. Hay una tumbona en Benidorm y un bote de Pringles en otra cocina.
Basta para cerrar las oficinas. Y para no abrirlas hasta el lunes.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «El día de la liberación»?
Del día en que se acaba una relación con un manipulador: «Hoy es el día / De la liberación / El día en el que ya hay un vencedor / Y no eres tú manipulador perdedor».
¿Qué es la «fuente narci de alimentación»?
Es la forma que tiene la letra de nombrar a la persona de la que se alimenta un narcisista. El otro queda «desesperado por conseguir / Otra fuente narci de alimentación».
¿Por qué el disco se llama igual?
Porque es la canción que da título al tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación», el cierre del relato.
¿Quién la ha hecho?
La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se han hecho con inteligencia artificial.