Salud mental
«El día más ideal»: inventario de lo que sigue en la casa (y de los hilos que atan a quedarse)
Por Mike Sain't Louis ·

Antes de empezar, lo importante. Si estás leyendo esto en un mal momento, si alguna frase de esta canción te suena demasiado tuya, para un segundo y llama al 024. Es la línea de atención a la conducta suicida en España: gratuita, confidencial y abierta las 24 horas, todos los días. Si hay peligro inmediato, el número es el 112. No hace falta tener las palabras preparadas. Basta con decir «no estoy bien».
Esta crónica va a estar aquí cuando vuelvas.
Por qué otra lectura
«El día más ideal» es la segunda canción del primer disco de la trilogía, y una de las más difíciles del planeta. Está escrita como una despedida. Una voz que pide perdón a los suyos por no haber escogido el mejor día para irse. El diario ya publicó una nota imprescindible sobre ella, hablar del suicidio para prevenirlo, con las señales de alarma y los recursos de ayuda. Si no la has leído, empieza por ahí.
Esta crónica propone una cosa distinta. No va a contar la canción como un final. Va a hacer inventario. Porque la letra, además de despedirse, enumera. Habla del pijama, del pelo, de los dientes, de la casa sin limpiar, de las fotos del móvil, de los animales, de la madre, del trabajo, de los mensajes sin leer. Es una lista de la casa. Y en esa lista, si se mira con calma, hay algo que la voz de la canción no ve en ese momento: casi todo lo que nombra sigue esperando a que alguien se quede.
Vamos a recorrer la casa, habitación por habitación. Sin prisa y con la luz encendida.
Un aviso sobre cómo leer esta canción
Antes del recorrido, una aclaración necesaria. La canción no describe ningún método y esta crónica tampoco lo hará. No vamos a presentar la muerte como una salida, ni como algo poético, ni como un final bonito de película. No lo es.
Lo que la canción retrata es una forma de pensar que aparece en las crisis más graves. Una mente agotada que se convence de que los demás estarán bien, de que ya no hay nada que hacer, de que la ausencia propia apenas cambiará nada. Esos pensamientos son síntomas de un sufrimiento enorme. No son una descripción real de las cosas. Y pasan. Las crisis, por largas que parezcan, tienen un final, sobre todo cuando se pide ayuda.
Con eso dicho, entramos.
El recibidor: la frase que da título
Lo primero que se encuentra uno al abrir la puerta de esta canción es la disculpa:
«OS PIDO PERDÓN SI NO HE ESCOGIDO EL DÍA MÁS IDEAL»
Es una frase terrible y a la vez muy reconocible. Incluso en el peor momento, la voz se preocupa por molestar. Por el calendario de los demás. Por si el día no venía bien. Es la educación de quien lleva toda la vida pidiendo perdón por ocupar espacio.
Mucha gente LGTBI conoce esa costumbre. Crecer pidiendo perdón por ser como eres deja una marca. Te enseña a no molestar, a no hacer ruido, a no ser una carga. Y esa enseñanza, en una crisis, se vuelve en contra. La mente dice: ni siquiera para esto lo has hecho bien.
Hay que contestarle a esa mente con claridad. No hay día ideal para irse, porque no hay que irse. Y nadie que te quiera está contando los días para ver si eliges el mejor. Lo que la gente que te quiere desea, si se le pregunta, es que te quedes. Aunque el día sea malo. Aunque la casa esté sin barrer.
Una gramática imposible
Un apunte de lengua, porque el título lo merece. «Más ideal» es una expresión que cualquier corrector señalaría con rojo. Ideal es un adjetivo que ya contiene la perfección: algo es ideal o no lo es. Decir «más ideal» es como decir «más perfecto» o «más único». Gramaticalmente sobra el «más».
Y sin embargo, el título lo lleva. Es un error deliberado o un error de habla, de esos que se dicen sin pensar cuando uno está desbordado. En ambos casos dice algo. La voz de la canción busca un día que sea mejor que perfecto, un día imposible. Y como no lo encuentra, pide perdón.
Esta crónica lee esa gramática rota como una pista. El día más ideal no existe, porque no existe un día mejor que perfecto. Y si no existe, nadie puede exigírtelo. No hay calendario que cumplir. No hay fecha que acertar. Solo hay días, uno detrás de otro, unos peores y otros mejores, y el trabajo de llegar al siguiente.
El dormitorio: el pijama y el pelo
En el dormitorio, la canción encuentra dos cosas que no ha hecho. No se ha comprado un pijama de marca. No se ha arreglado ni peinado el pelo.

La letra lo dice con un humor amargo que es muy del planeta: comprarse un pijama de marca «ahora mismo es el mejor de los dramas». Incluso al borde del abismo, la voz no pierde del todo el sentido del ridículo. Se imagina la escena, se ve mal vestida, despeinada, y le da apuro.
En esta crónica queremos leer ese apuro de otra manera. Ese pequeño destello de humor, esa capacidad de ver lo absurdo de la situación, es una parte de la persona que sigue viva y despierta. La que se preocupa por el pijama es la misma que mañana podría reírse de algo. La que quiere peinarse es la que todavía se mira al espejo.
No es poco. En los peores momentos, el humor es una cuerda fina, pero es cuerda. Y desde el dormitorio, esa cuerda está diciendo algo muy simple: todavía te importa cómo te ven. Eso significa que todavía hay un tú que importa.
El baño: los dientes
Al pasar por el baño, la canción confiesa que no se ha lavado los dientes, ni se ha bañado. La higiene abandonada es uno de los retratos más precisos de la depresión que se pueden hacer. Quien la ha vivido lo sabe: hay días en que ducharse parece escalar una montaña. Lavarse los dientes, una tarea imposible.
Esto no es pereza ni dejadez. Es agotamiento. La depresión se come la energía de las cosas pequeñas antes que la de las grandes. Y cuando alguien deja de cuidarse, a menudo es una señal de que está sufriendo mucho más de lo que dice.
Si conoces a alguien que de repente ha dejado de ducharse, de salir, de contestar, no lo interpretes como descuido. Pregúntale cómo está. De verdad, con tiempo. Preguntar con calma si alguien está pensando en hacerse daño no le mete la idea en la cabeza; muchas veces es un alivio para quien llevaba semanas sin poder decirlo.
El salón: la casa sin limpiar y la carta sin escribir
En el salón hay dos ausencias más. La casa no está limpia. Y no hay carta: «NO HE ESCRITO NI UNA CARTA». La voz de la canción no ha dejado nada por escrito. Solo esta canción.
Aquí la crónica se detiene en algo que importa. La carta que no se escribió es, en realidad, todo lo que todavía no se ha dicho. Y lo que no se ha dicho se puede decir mañana. Se puede decir hoy, en voz alta, a alguien que escuche. A una amiga. A un médico. A una persona desconocida al otro lado del 024.
Las palabras que faltan en esa carta no tienen por qué ser de despedida. Pueden ser de petición. Estoy mal. No puedo más. Necesito que alguien me acompañe. Son las cartas más difíciles de escribir y las que más vidas salvan.
El móvil: las fotos y el WhatsApp
En la mesa hay un iPhone. La canción menciona que no ha borrado las fotos. Las fotos siguen ahí, guardadas en la memoria del teléfono. Fiestas, viajes, caras. Una vida entera en miniatura, esperando en la galería.
Y más adelante, el teléfono vuelve a aparecer desde el otro lado. Alguien llama a la madre de la voz. Y la madre contesta:
«TAMPOCO HA LEÍDO MIS MENSAJES / Y NI HA ABIERTO EL WHATSAPP»
Esa frase es la más dolorosa de la canción, y en esta crónica es también la más importante. Porque demuestra lo que la mente en crisis se niega a ver: hay alguien escribiendo. Hay una madre que manda mensajes y espera a que aparezcan las dos rayitas azules. Hay alguien en el trabajo que nota la ausencia y llama. La red existe. Está ahí, intentando llegar.
Los mensajes sin leer son, literalmente, gente que te busca. Si estás en ese punto, abre uno. Solo uno. Contesta aunque sea con una palabra. A veces el hilo que te saca empieza con un «hola» escrito con el pulgar temblando.
La cocina: los animales
Y llegamos a la cocina, donde está, para esta crónica, el centro de toda la canción:

«HE DEJADO CON AGUA Y COMIDA A LOS ANIMALES, / NO HE PARADO DE DARLES BESOS Y BESOS»
Incluso en el peor momento, la voz se ha ocupado de sus animales. Les ha puesto agua. Les ha puesto comida. Les ha dado besos. Y calcula que estarán bien hasta mañana por la tarde.
Detengámonos aquí, porque en esta frase está todo. La persona que escribe esto es alguien que cuida. Que piensa en otros seres vivos antes que en sí misma. Que sabe cuántas horas aguanta un cuenco de agua. Ese cuidado no es un detalle menor. Es la prueba de que hay amor dentro, y de que hay seres que dependen de ese amor.
Quien tiene un perro o un gato sabe lo que significa. Ellos no entienden de crisis ni de días ideales. Solo saben que su persona les pone el plato y les rasca detrás de la oreja. Mañana por la tarde, el plato estará vacío y seguirán esperando en la puerta. Para ellos no hay sustituto.
Esta crónica no quiere usar a los animales como un argumento de culpa. La culpa no ayuda a nadie en una crisis. Lo que quiere es señalar algo más hermoso: la ternura que se ve en esos besos sigue ahí. Es tuya. Y merece ser cuidada igual que tú cuidas a los que duermen en tu sofá.
La puerta de la madre
La canción imagina también la llamada a la madre. Alguien del trabajo llama «SOBREACTUADO» y la madre responde preocupada. La voz se imagina la escena desde fuera, como si fuera un espectador de su propia ausencia.
Esa imaginación es una de las trampas de la crisis: la mente cree que puede prever cómo se sentirán los demás y lo hace siempre a la baja. Que se exagera, que se sobreactúa, que en unos días lo olvidarán. No es así. Las personas que pierden a alguien de esta manera cargan con ese dolor durante muchísimo tiempo. Las madres, especialmente.
Si en tu vida hay una madre, o un padre, o una hermana, o una amiga que haría de madre, esa persona no estaría mejor sin ti. Esa es la frase que el diario ya escribió y que esta crónica repite tal cual, porque merece repetirse: las personas que te quieren no estarían mejor sin ti.
Y si sientes que no tienes a nadie, que tu familia no te aceptó o que la red se rompió, también hay gente para ti. Los profesionales del 024 están para eso. Los colectivos LGTBI de tu ciudad, también. La familia elegida, esa que el planeta celebra tanto, empieza muchas veces con una sola persona que dice «cuéntame».
El estribillo que se repite
La canción repite varias veces una frase de cierre: «NUNCA MÁS NOS VOLVEREMOS A VER». Y después, tres «ADIÓS», el último alargado.
Es curioso que esa misma frase sea también el título de otra canción del mismo disco, la pista 09, «Nunca más nos volveremos a ver». El disco vuelve sobre ella como quien vuelve a una herida. Pero vuelve. Y eso tiene un significado: el planeta sigue después de este «adiós». El disco no se termina en la pista 02. Le siguen decenas de canciones. Hay drag, hay humor, hay amor, hay rabia, hay fiesta, hay Canarias, hay Benidorm.
Esa es quizá la lectura más honesta que se puede hacer de la posición de la canción. Está al principio, no al final. Justo después de «La primera drag», que es una celebración, y justo antes de «Vota Malena Gracia», que es puro carnaval. Y dos pistas después llega «La despedida», que convierte el adiós en una travesía imaginaria. El disco no se queda en esta habitación. Sale de ella.
Lo que la canción no dice, y conviene decir
La canción es un retrato de un momento, no un consejo. Por eso conviene completar lo que no dice.
No dice que las crisis suicidas suelen ser temporales, aunque se vivan como eternas. Que la intensidad del deseo de morir sube y baja, y que muchas personas que pasaron por ahí hoy están vivas y se alegran de estarlo. No dice que la depresión se trata, que hay medicación, terapia y apoyo que funcionan. No dice que pedir ayuda no es de débiles: es lo más valiente que se puede hacer en ese momento.
Tampoco dice algo que es especialmente importante para el público del planeta. Las personas LGTBI tienen más riesgo de sufrir ideación suicida, no por ser quienes son, sino por el rechazo, el acoso y la soledad que a menudo les toca vivir. Ese riesgo no es un destino. Disminuye cuando hay aceptación, comunidad y apoyo.
Eso significa que cada gesto cuenta. Un amigo que no se aparta cuando sales del armario. Una tía que pregunta por tu novio con naturalidad. Un profesor que corta una broma homófoba en clase. Un bar donde puedes ser tú. Ninguno de esos gestos parece gran cosa, y todos juntos forman la red que sostiene a alguien en sus peores días. Si eres parte de la vida de una persona LGTBI, tú eres uno de esos hilos. No lo sueltes.
Si conoces a alguien que podría estar así
Este inventario también sirve para quien está al otro lado. Para la madre que escribe y no recibe respuesta. Para el compañero de trabajo que nota la ausencia. Para el amigo que ve a alguien apagarse.

Algunas señales a las que prestar atención: hablar de desaparecer o de ser una carga, despedirse de forma extraña, regalar cosas importantes, descuidar la higiene, aislarse de golpe, o una calma repentina después de una temporada muy mala. Si las ves, no esperes. Pregunta directamente. Escucha sin juzgar. No dejes sola a la persona si crees que hay peligro. Y ayúdala a pedir ayuda, llamando con ella al 024 o al 112 si hace falta.
No necesitas ser experto. Necesitas estar.
Y si no sabes qué decir, di eso mismo: no sé qué decir, pero estoy aquí. Siéntate al lado. Prepara un café. Acompaña a la cita del médico. Quédate a dormir si hace falta. La presencia hace más que cualquier frase perfecta.
Cómo escuchar esta canción sin hacerte daño
Una última recomendación práctica, pensada para quien llega a esta canción en un momento frágil. Las canciones tristes pueden acompañar. Muchas personas cuentan que escuchar a alguien poner palabras a lo que sienten les hizo sentirse menos solas. Pero también pueden hundir si se escuchan en bucle, a solas, de madrugada.
Si notas que «El día más ideal» te remueve demasiado, para la reproducción. No pasa nada. Pon otra cosa. El mismo planeta tiene canciones para levantar el ánimo, empezando por la que abre el disco. Sal a la calle aunque sea a comprar el pan. Escribe a alguien. Y si la canción te ha hecho darte cuenta de que estás peor de lo que pensabas, eso también es útil: es una señal para pedir ayuda hoy, no la semana que viene.
Si la escuchas acompañado, mejor. Hablar de ella con alguien de confianza puede abrir una conversación que lleva tiempo esperando. ¿Te ha pasado alguna vez sentirte así? Es una pregunta difícil de hacer y de contestar, pero es de las que salvan.
Y si eres de los que la escuchan desde un lugar tranquilo, porque ya pasaste por ahí o porque nunca te tocó, guárdala como lo que es: un recordatorio de que alguien cerca de ti podría estar pidiendo perdón en silencio por existir. Mira a tu alrededor. Escribe ese mensaje que tenías pendiente. Pregunta cómo están, de verdad.
Datos de la canción
«El día más ideal» es la pista 02 del álbum «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primera parte de la trilogía. En el catálogo general figura como pista 88 de 273. La letra completa está publicada en la web, y la canción tiene videoclip y se puede escuchar en Spotify.
La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. El centro de prensa recoge la información oficial del proyecto.
Fin del inventario
Hemos recorrido la casa entera. El recibidor con la disculpa. El dormitorio con el pijama. El baño con los dientes. El salón con la carta sin escribir. El móvil con las fotos y los mensajes. La cocina con los animales. La puerta por donde entra la voz de la madre.
En cada habitación, la canción veía algo que faltaba. Esta crónica ha querido ver lo que sobra: la ternura, el humor, el cuidado, la gente que escribe, los animales que esperan. Nada de eso desaparece en un mal día. Se queda en la casa. Y la casa sigue necesitando a quien la habita.
Si hoy es uno de esos días, no tiene que ser el día ideal para nada. Basta con que sea un día que se pasa. Mañana se pone el agua a los animales otra vez. Se abre un mensaje. Se llama a alguien.
024. A cualquier hora. Gratis. Confidencial. Y si el peligro es inmediato, 112.
Quédate. La casa te espera, con la luz encendida y los cuencos llenos.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «El día más ideal»?
Está escrita como una despedida de alguien en una crisis muy grave, que pide perdón «si no he escogido el día más ideal». No describe ningún método ni presenta la muerte como una salida bonita.
¿Dónde pedir ayuda si me siento así?
En España, el 024 atiende la conducta suicida las 24 horas, gratis y de forma confidencial. Si hay peligro inmediato, llama al 112. También puedes acudir a urgencias o hablar con tu médico de cabecera.
¿Por qué esta crónica habla de un inventario?
Porque la letra enumera detalles de la casa: los animales, las fotos del móvil, el pijama, la madre. Esta lectura se fija en todo eso como hilos que siguen unidos a la vida.
¿En qué disco está?
Es la pista 02 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primera parte de la trilogía GAYFOLK.