Camp español
Alivio de luto en rosa chicle: «El Luto del Puto» y el torero que se sentó a recordar
Por Mike Sain't Louis ·

Un traje de luces no suele ser rosa chicle.
Lo dice Mike en la primera línea de su presentación de «El Luto del Puto», y es verdad. Los trajes de luces son de color tabaco y oro, grana y oro, azul pavo, verde botella, blanco y plata, catafalco y azabache. Tienen nombres de cuadro antiguo. Rosa chicle, ninguno.
En la portada, sí. Una chaquetilla rosa bordada en oro, con todos sus alamares y sus hombreras, puesta sobre una camiseta negra. Tupé alto. Un pendiente con forma de cruz. Y la mirada perdida hacia un lado, como quien piensa en algo que ya no tiene arreglo.
La letra de la canción no está publicada; en la web pone «próximamente». Así que no se va a citar ningún verso ni a imaginar lo que cuenta. Mike tampoco lo desvela: termina su texto diciendo que las respuestas están en la canción. Lo que sí deja son preguntas, y muy buenas. ¿Quién guarda luto? ¿Por quién? ¿Se puede estar de duelo y vestido de rosa al mismo tiempo?
Él contesta a la última: cree que sí, y que eso es muy de PLANETA GAYFOLK. Esta crónica intenta explicar por qué.
Dos palabras que suenan casi igual
Empecemos por el título, que es un juego de sonido.
Luto. Puto. Cambia una letra y cambia el mundo. Mike lo describe así: el título juega con la rima de manera descarada, el luto y el puto, dos palabras que suenan casi igual y que juntas hacen sonreír y pensar a la vez.
Sonreír, porque el choque es gamberro. Poner la palabra más solemne del castellano, la del negro riguroso y las cortinas cerradas, al lado de uno de los insultos más gastados del idioma, tiene la gracia de una pintada en la puerta de una iglesia.
Pensar, porque el insulto no está ahí por casualidad. «Puto», en el castellano de calle, se usa para casi todo, como intensificador o como desprecio. Pero también ha sido, durante mucho tiempo, una de las palabras con las que se señalaba a los hombres que se acostaban con hombres, y a los que cobraban por hacerlo. Y el planeta tiene la costumbre de coger esas palabras, las que se usaron como piedra, y devolverlas con purpurina. Lo hace con «marica», con «maricón», con «loca». Lo hace aquí con «puto».
El luto del puto, entonces, puede ser muchas cosas. El luto que guarda alguien a quien insultaban así. El luto por alguien a quien llamaban así. El luto que nadie pensó que esa persona tuviera derecho a guardar.
El luto en España
Para entender lo que significa poner la palabra luto en un título, hay que recordar lo que era el luto en este país.
Durante generaciones, la muerte de un familiar cercano obligaba a vestir de negro durante meses o años, sobre todo a las mujeres. Las viudas de los pueblos podían llevar el negro el resto de su vida. Había reglas no escritas, pero que todo el mundo conocía: cuánto tiempo por un padre, cuánto por un hermano, cuánto por un marido. Había que cerrar las ventanas, no poner la radio, no ir a fiestas, no bailar.
Después venía el alivio de luto. Esa etapa en la que se dejaba el negro riguroso y se volvían a llevar poco a poco algunos colores permitidos: el gris, el morado, el blanco. Era una forma de decirle al pueblo entero que el duelo empezaba a aflojar, que la persona volvía, despacio, a la vida.
La portada de «El Luto del Puto» parece una versión marica del alivio de luto. La camiseta de debajo es negra, como mandaba la costumbre. Pero encima va una chaquetilla rosa chicle bordada en oro. Es el negro con algo encima. El duelo con brillo. Como si el que lo lleva hubiera decidido aliviar el luto a su manera, saltándose el gris y el morado y yendo directamente al rosa.
El torero en el rincón
Mike propone en su texto una imagen preciosa: es como si el torero hubiera salido de la plaza y se hubiera sentado en un rincón a recordar.
El torero, en la imaginación popular, es la figura del triunfo. Sale a hombros por la puerta grande, recibe las orejas, saluda desde el tercio. Pero el toreo es también una profesión de muerte, y la historia de la tauromaquia está llena de lutos. Manolete murió en Linares en 1947. Paquirri, en Pozoblanco, en 1984, y su viuda, Isabel Pantoja, se convirtió en el rostro del luto más famoso de la España de los ochenta. Son historias que cualquier persona de cierta edad recuerda, aunque nunca haya pisado una plaza.
La portada de «El Luto del Puto» no muestra la plaza. Muestra el después. El torero ya no está en el ruedo, está quieto, con la chaquetilla puesta y la mirada perdida. No sabemos si ha triunfado o ha fracasado. No sabemos si el luto es por alguien que ha muerto o por algo que ha terminado. Lo que se ve es el contraste, y Mike lo señala: todo el brillo del traje torero, que es pura fiesta y espectáculo, frente a un gesto serio, casi melancólico.
El traje de luces del planeta
Este no es el único traje de luces del universo GAYFOLK. Ni mucho menos.

En la portada de «Con el Taconeo», del tercer álbum, hay un pantalón de traje de luces rosa con bordados negros, combinado con tacones de aguja y volantes de bailaor. En la de «Contact Overwhelms Me», un traje de luces rosa fucsia y oro con capote y hombreras cargadas de perlas. Y en el catálogo está «Cada cornada», cuyo título ya viene de la plaza.
El traje de luces es casi una prenda fetiche del planeta. Tiene sentido: pocas prendas de la cultura española son tan camp. Un hombre cubierto de lentejuelas y bordados, con medias rosas y zapatillas planas, que se juega la vida delante de miles de personas con un trapo de colores. Es teatro, es ballet, es tragedia y es cabaret.
Pero en «El Luto del Puto» el traje de luces se usa de una forma distinta. No hay capote, no hay montera, no hay pose triunfal. La chaquetilla va sobre una camiseta negra de diario, como quien se pone la chaqueta del uniforme para ir al bar. Es un torero de paisano. O un chico que ha encontrado la chaquetilla en un armario y se la ha puesto para acordarse de alguien.
La cruz en la oreja
Hay un detalle pequeño que conviene no pasar por alto: el pendiente con forma de cruz.
La cruz aparece mucho en las portadas del planeta. En el pecho, en tatuajes grandes en la espalda, colgando del cuello, en las orejas. Es un elemento que mezcla lo religioso con lo estético, como lo mezclan las procesiones de Semana Santa, que son a la vez fe y espectáculo, devoción y pasarela.
En una portada que se llama «El Luto del Puto», la cruz tiene un peso extra. Es el símbolo del cementerio, de la esquela, del recordatorio que se reparte en los funerales. Llevarla en la oreja, como un pendiente, es convertir el duelo en accesorio. No para frivolizarlo. Para llevarlo puesto.
En los barrios de España hay mucha gente que lleva al cuello la cruz o la medalla de un familiar que murió. Es una forma de luto discreto, cotidiano, que no necesita vestirse de negro. El pendiente de la portada puede leerse así: como un luto pequeño, de diario, que se lleva sin que nadie pregunte.
Duelos que nadie reconocía
Aquí la portada toca algo muy serio, y conviene decirlo con cuidado.
Hay un concepto en psicología, el de duelo no reconocido, que propuso el investigador Kenneth Doka a finales de los años ochenta. Describe las pérdidas que la sociedad no considera dignas de luto: la muerte de un amante secreto, de una expareja, de alguien con quien no tenías un vínculo oficial. El que sufre esa pérdida no recibe pésames, no tiene días libres en el trabajo, no puede vestirse de negro. Llora a escondidas.
La comunidad gay conoce ese duelo de primera mano. Durante décadas, cuando moría un hombre gay, su pareja no tenía ningún derecho: ni a estar en el hospital, ni a decidir sobre el entierro, ni a heredar la casa en la que vivían juntos. A veces la familia del muerto, que lo había rechazado en vida, se presentaba en el funeral y echaba al novio. Durante los años más duros del sida, en los ochenta y noventa, miles de hombres enterraron a sus amigos y a sus parejas en silencio, sin que nadie les diera el pésame.
El luto del puto, leído desde ahí, es el luto que no se permitía. El de quien no podía llorar en público porque en público no existía.
La portada no dice que la canción vaya de eso. No hay ninguna pista concreta y la letra está sin publicar. Pero la pregunta de Mike, quién guarda luto y por quién, se abre exactamente hacia ese lugar. Y la respuesta de la imagen, un luto vestido de rosa, suena a reivindicación: este duelo también cuenta.
Si estás atravesando una pérdida que se te hace muy pesada, o una tristeza que no se va, no tienes por qué cargar con ella a solas. En España, el teléfono 024 atiende de forma gratuita y confidencial, a cualquier hora, a quien lo necesite.
Del infierno al cielo y vuelta
El planeta tiene otras canciones sobre finales, despedidas y duelos, y algunas sí tienen la letra publicada.

En «Un invitado VIP cortando cebolla», del primer álbum, el final de una relación se cuenta como una expulsión del paraíso, con una exageración teatral muy del planeta: «Hoy es mi vuelta a los infiernoooooooos / Después de cuatro años como invitado Vip en el cielo». La vocal alargada es pura copla. El dolor está ahí, pero vestido de espectáculo.
Ese es el mismo mecanismo que parece activar la portada de «El Luto del Puto». El dolor no se esconde, pero se viste. Se le pone una chaquetilla de torero rosa. Se le pone un tupé. Se le pone una cruz en la oreja. No para negar el dolor, sino para poder mirarlo.
El diario del planeta dedicó una nota a los duelos y las despedidas del catálogo, que son muchos. En el planeta, despedirse es casi un género. Hay ataúdes de neón, funerales con gafas de sol, últimas cartas, últimos adioses. Y hay este torero en un rincón, recordando.
Ataúd de neón
Si hay una canción del catálogo que parezca prima hermana de esta, es «Ataúd de neón», del tercer álbum.
Su título ya lo dice todo: un ataúd, pero iluminado como un rótulo de discoteca. La muerte con luz rosa. Es la misma idea que «El Luto del Puto», llevada al objeto: si aquí el luto se viste de rosa, allí el féretro se enciende de neón.
Juntas, las dos canciones dibujan una pequeña filosofía del planeta sobre la muerte. No hay que esconderla ni hay que solemnizarla hasta asfixiarla. Se puede mirar de frente, con brillo, con color, con humor incluso. Como se miraba en algunos velatorios de pueblo, donde a la tercera hora ya había alguien contando chistes del difunto y todo el mundo se reía llorando.
El tramo de la copla
«El Luto del Puto» está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía, el del deseo de viaje. Es la pista 11 de 86.
Su vecindad es muy de copla y de memoria. Justo antes, en la 10, está «Ya está amaneciendo», una versión de un tema de El Fary. Justo después, en la 12, «El concierto de Ismael Serrano». En el arranque del segundo disco, entonces, hay un pequeño bloque dedicado a la canción española de siempre: la rumba de taxista madrileño, el luto torero en rosa, la canción de autor.
En la transmisión de vídeos de la web, el clip aparece entre «Cariño trianero», otra versión, y «Ya está amaneciendo». Es decir, rodeado de copla.
Ese contexto ayuda a leer la portada. El torero rosa no es un elemento aislado. Forma parte de un tramo en el que el planeta se sienta a escuchar la música de sus padres y abuelos y la reinterpreta con su propio vestuario.
Casi cinco minutos
El videoclip oficial dura 4:49. Es de los largos del catálogo. Tiempo suficiente para una canción con estrofas, estribillo y remate, o para un número de copla completo.
No se va a contar aquí lo que se ve en él, porque cada uno tiene que llegar a sus propias conclusiones. Basta decir que quien vaya al vídeo después de mirar la portada sabrá en qué tono entra.
En cuanto a cómo se ha hecho, el planeta no tiene secretos. Mike escribe sus letras sin IA. La música y las voces salen de herramientas de inteligencia artificial como Suno. La sala de prensa del proyecto tiene una nota entera sobre esa forma de trabajar, la autoedición y el uso declarado de la IA. En el caso de «El Luto del Puto», el contraste vuelve a ser llamativo: una de las tradiciones más antiguas del país, la del luto, contada con las herramientas más nuevas.
La mirada hacia un lado
Volvamos a la cara, que es lo último que se mira y lo primero que se recuerda.

La mirada está perdida hacia un lado. No mira a cámara, como en tantas otras portadas del planeta, donde el protagonista desafía al espectador con una ceja levantada. Aquí no hay desafío. Hay ausencia. Es la mirada de quien está en la foto y a la vez está en otro sitio, en un recuerdo, en una persona.
Mike lo dice con una frase muy exacta: como quien piensa en algo que ya no tiene arreglo.
Esas cosas existen. Las que ya no tienen arreglo. Una conversación que no tuviste, un perdón que no pediste, una llamada que no hiciste a tiempo. El luto, en el fondo, es eso: aprender a vivir con lo que ya no tiene arreglo. Y la portada lo enseña sin llorar, sin dramatizar, con la chaquetilla puesta y el tupé en su sitio.
La esquela que no se publicó
En España, las muertes se anuncian con esquelas. Ese recuadro negro en el periódico, con la cruz arriba, el nombre del difunto en mayúsculas y la lista de los que lo lloran: su esposa, sus hijos, sus hijos políticos, sus nietos, sus hermanos, sobrinos y demás familia. Las esquelas son un pequeño censo de quién tiene derecho a llorar a quién.
Durante muchísimo tiempo, en esas listas no había novios. No había «su compañero». No había «su amigo del alma con quien vivió treinta años». El que compartía la cama del muerto no aparecía en el recuadro. A veces ni siquiera se le avisaba del funeral.
Hoy eso ha cambiado, al menos en la ley. Desde 2005 los hombres pueden casarse con hombres en este país, y un marido aparece en la esquela con todas las letras. Pero la memoria de las esquelas sin novio sigue ahí, en los que tienen cierta edad, en los que perdieron a alguien antes de que cambiara nada.
La portada de «El Luto del Puto» funciona un poco como la esquela que no se publicó. Un retrato del que llora sin estar en la lista. Vestido, eso sí, con la chaquetilla más llamativa del armario, para que esta vez nadie pueda decir que no lo vio.
Lo que se ve y lo que falta
Para no mezclar lectura e información, conviene apuntar en limpio lo que consta del single:
- El título, «El Luto del Puto», rima luto con puto de forma deliberada.
- La portada muestra una chaquetilla de torero rosa chicle bordada en oro sobre una camiseta negra, tupé alto, pendiente con forma de cruz y la mirada perdida hacia un lado.
- La canción está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», pista 11, junto a una versión de El Fary y a «El concierto de Ismael Serrano».
- Tiene videoclip oficial de 4:49.
- La letra está escrita por Mike sin IA y todavía no se ha publicado.
Lo que falta es justo lo más importante: saber quién es el muerto, si lo hay, y quién es el que guarda el luto. Esas respuestas, como dice Mike, están en la canción. Todo lo demás de esta crónica es mirar la foto con atención y con memoria.
Duelo y rosa al mismo tiempo
La pregunta final de Mike es la que da sentido a todo: ¿se puede estar de duelo y vestido de rosa al mismo tiempo?
En la España del negro riguroso, la respuesta habría sido un no rotundo. Vestirse de color durante el luto era una falta de respeto, un escándalo, motivo de comentario en la panadería durante semanas. La viuda que se ponía una blusa de flores antes de tiempo era la comidilla del pueblo.
El planeta responde que sí. Que el dolor no tiene uniforme. Que se puede echar de menos a alguien con una chaquetilla rosa. Que el duelo de una loca no tiene por qué parecerse al de una viuda de los cincuenta. Que cada uno llora como sabe, y que hay quien llora mejor con lentejuelas.
Esa es, probablemente, la idea más bonita de la portada. No es una broma sobre el luto. Es una forma de reclamarlo.
Para escucharla
«El Luto del Puto» está en Spotify y en su ficha del planeta, donde se descarga gratis y sin registrarse. Mike invita a escucharla para descubrir qué hay detrás de ese luto tan poco convencional.
Hazlo en un rato tranquilo, si puedes. No es una canción para ponerla de fondo mientras friegas, al menos a juzgar por la portada. Es para sentarse, como el torero del rincón, y dejar que la cabeza vaya a donde tenga que ir. A una persona, a una casa, a un verano, a una conversación que se quedó a medias. A veces una canción hace de velatorio pequeño: te da tres o cuatro minutos para acordarte de alguien sin que nadie te interrumpa. Y si estás pasando por una pérdida, ponte algo de color mientras la escuchas. No para olvidar. Para recordar que el duelo también se puede llevar en rosa.
Preguntas frecuentes
¿Se ha publicado la letra de «El Luto del Puto»?
No por ahora. En gayfolkplanet.com su letra figura como «próximamente», por lo que esta crónica no cita ninguno de sus versos y se limita a la portada, el título, el vídeo y el disco.
¿En qué álbum está?
En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segunda parte de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 11 de 86, justo antes de «El concierto de Ismael Serrano».
¿Quién es el autor?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. Escribe sus letras sin IA; la música y las voces se producen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.
¿Tiene videoclip?
Sí. El videoclip oficial dura 4:49 y está en la sección de vídeos de gayfolkplanet.com y en YouTube.
¿Qué es el alivio de luto?
En la tradición española, la etapa final del luto, en la que se dejaba el negro riguroso y se volvían a llevar poco a poco colores como el gris, el morado o el blanco.