Relaciones tóxicas
Charla en el salón de actos: «El panda del acoso sexual» y la unidad didáctica de una ruptura
Por Mike Sain't Louis ·

Todos los que fuimos al colegio en España recordamos alguna. Un día, a media mañana, la profesora nos sacaba de clase y nos llevaba en fila al salón de actos. Sillas de plástico, un escenario con cortina granate, un proyector que no funcionaba a la primera. Y en el escenario, alguien que venía a darnos una charla. Sobre los dientes. Sobre el tráfico. Sobre el reciclaje. A veces venía un señor disfrazado de algo, una mascota con una canción pegadiza, para que el mensaje entrara mejor.
Salíamos de allí sin acordarnos de casi nada. Pero la canción de la mascota se nos quedaba para siempre.
En South Park, la serie de dibujos animados de los cuatro niños de Colorado, hay un episodio de finales de los noventa con una mascota así. Un panda que va por los colegios dando charlas sobre el acoso sexual. De ahí sale el título de «El panda del acoso sexual», y la lógica que lo une todo la explica la propia letra: si tu vida parece un capítulo de South Park, el estribillo tiene que sonar a South Park.
Así que hoy el planeta organiza su propia charla en el salón de actos. Con ponente, temario, examen sorpresa y mascota.
Una nota antes de que se apaguen las luces: el ex al que va dirigida la canción, y la amiga que aparece en un verso, son personajes inventados del universo GAYFOLK. Ficción. Como el panda.
Presentación del ponente
Toda charla empieza con la presentación del que la da. El director del colegio se acerca al micrófono, carraspea y lee el currículum del invitado.
En esta canción, el ponente se presenta solo, y a toda velocidad:
«No me trates como tonto, que soy poeta, empresario, dietista, teleoperador, diseñador de páginas web»
Y sigue. Escritor, director, actor, guionista, productor, emprendedor, autónomo, creativo. La lista no se acaba nunca, como esos perfiles de redes sociales en los que la gente pone siete profesiones separadas por barras.
Es uno de los arranques más graciosos del catálogo. Porque la lista es una respuesta. «No me trates como tonto». Alguien le ha hecho sentir pequeño, y él responde sacando todos los títulos a la vez, como quien vacía los bolsillos encima de la mesa.
Y la lista se cierra con dos títulos que no salen en ningún perfil profesional:
«pollón y maricón»
Ahí está la firma. Después de toda la retahíla de oficios serios, el remate canalla. Para que quede claro con quién se está hablando. Y para que nadie en el salón de actos se quede dormido.
Primer punto del temario: compañeros de piso
La charla entra en materia. Primer punto: qué era exactamente aquella relación.
«Si solo éramos compañeros de piso. / Y ni eso, porque normalmente ellos ven la televisión juntos.»
Es una de las frases más tristes y más certeras de toda la letra. Ni compañeros de piso. Porque los compañeros de piso, al menos, coinciden en el sofá una noche a la semana para ver una serie, comentan el programa de la tele, se pasan el mando. Aquí ni eso. «Tú y yo, ni comíamos juntos».
Cualquiera que haya estado en una relación que se apagaba sabe de qué habla. Dos personas viviendo en la misma casa como si fueran dos inquilinos con horarios distintos. Uno llega cuando el otro se va. Uno cena cuando el otro ya ha cenado. La casa como pensión.
Y el comentario final, con toda la sorna del mundo:
«Ya ves, la pareja gay del año.»
Es la ironía perfecta. Porque desde fuera quizá lo parecían. Las fotos, las redes, los amigos que decían «qué bonitos». Y por dentro, ni una cena juntos.
Segundo punto: rejuvenecer diez años
Las charlas del colegio siempre tienen una parte positiva. «Si os laváis los dientes, tendréis una sonrisa bonita». «Si recicláis, el planeta os lo agradecerá».

Esta tiene la suya, y es una maravilla:
«Qué alivio tengo, he rejuvenecido diez años de mente, de repente, / creo que ha sido por dejar de verte.»
Diez años de mente. De golpe. Es la sensación exacta de salir de una relación que pesaba. Te levantas un día y te das cuenta de que respiras mejor. De que te ríes más. De que tienes ganas de cosas que habías olvidado.
Y la letra añade un detalle que a mí me parece importantísimo:
«no necesito beber nada ni para recordarte ni para maldecirte»
Sin alcohol. Ni para olvidar ni para maldecir. Ese es el verdadero signo de que se ha superado algo: cuando ya no necesitas nada para estar bien. Ni el vino de la noche, ni la copa del sábado. Lo recuerdas, lo maldices si toca, y sigues con tu día.
El pronóstico, además, es optimista: «En menos de un mes ya vas a empezar a ser totalmente indiferente». La indiferencia como meta. Que es mucho más sana que el odio.
Lección de refranero: San Martín
Toda charla escolar tiene una frase para apuntar en el cuaderno. Esta tiene un refrán:
«Es lo que tiene ser un cerdo que se piensa que nunca le va a llegar su San Martín.»
El refrán completo es «a cada cerdo le llega su San Martín». Viene de la tradición de la matanza en los pueblos de España, que se hacía en torno al 11 de noviembre, el día de San Martín, cuando empezaba el frío. El cerdo engordaba tranquilo todo el año, sin sospechar nada, y un día llegaba su fecha.
Es el karma en versión rural. Y es un refrán que el castellano usa para decir que a quien hace daño le acaba llegando lo suyo, tarde o temprano, aunque se crea a salvo.
La canción lo usa con toda la intención. Y lo remata con una patada:
«Pues toma, patada en el culo para ti, por fin, soy tan feliz.»
Tercer punto: soltería
La charla continúa con un consejo práctico. Lo que viene ahora:
«Venga, al cancaneo mejor soltero, que en esta vida no se puede tener todo.»
El cancaneo, en el habla de la calle, es salir de ligue, andar de flirteo por ahí. Y la letra lo dice con un sarcasmo amable: hala, vete, que soltero te irá mejor, que no se puede tener todo. Que no se puede tener un novio que te busca recetas en casa y, a la vez, la vida de soltero fuera.
Y luego otro verso que es pura dignidad herida:
«Buen intento que se piensa que a un programador se la puede colar alguien sin estudios, cultura ni educación.»
El narrador de la canción, en la ficción, es programador, y el verso es su forma de decir que se dio cuenta de todo. Que no le engañaron. Que el intento fue malo. Es el orgullo de quien sabe leer los datos, aunque durante un tiempo prefiriera no mirarlos.
Examen sorpresa
Y de repente, como en las charlas de verdad, llega la pregunta. El ponente baja del escenario, se acerca a la primera fila y pregunta directamente a un alumno.

«¿Papá y mamá no te enseñaron de pequeño que no se miente a quien supuestamente más quieres?»
La pregunta se repite dos veces, con tono de madre enfadada. Es una de esas preguntas que no esperan respuesta. Que se hacen para que el otro se quede callado y se sonroje.
Y es una pregunta muy buena, porque va a lo básico. No pregunta por qué le engañó. Pregunta si nadie le enseñó, de pequeño, lo más elemental. Que a quien quieres no le mientes. Es la lección que se aprende antes que las tablas de multiplicar.
Y la palabra «supuestamente» es la que hace todo el trabajo. A quien supuestamente más quieres. Porque, a la vista de los hechos, ese querer está en duda.
Recetas en YouTube
En mitad de la charla, la canción cuenta una escena que rompe el corazón. Mientras uno andaba engañando, el otro estaba en casa:
«Y mientras, tu querido novio mirando recetas en YouTube / para cuando volvieras tuvieras un regalo muy dulce y ponerme romanticón.»
Es la imagen más tierna de toda la letra, y por eso duele tanto. Un hombre en la cocina, con el móvil apoyado en el bote de las especias, viendo vídeos de recetas para preparar un postre. Para cuando el otro volviera. Para tener un detalle. Para ponerse romántico.
Y el otro, mientras tanto, estaba en otra cosa. La letra lo cuenta con bastante crudeza y con mucha mala leche, así que lo dejo para quien escuche la canción. Basta con saber que la escena de la cocina y la otra escena ocurren a la vez.
Ese contraste es la canción entera. La ternura y la traición en el mismo minuto.
Una maldición prestada
En el colegio, a veces, la charla incluía la intervención de algún invitado. Un bombero. Un policía. Una enfermera.
En esta canción, el invitado es una amiga, y su intervención es una maldición:
«Y tú no vales ni para comerme el higo, / como mi amiga Ana Belén la gitana, yo a ti te maldigo»
La amiga es un personaje de la letra, inventado como el resto. Y la maldición prestada es un recurso de copla, de romance antiguo, de cante de mujeres que se plantan delante del hombre que les ha hecho daño y le echan una maldición para siete generaciones. «Yo a ti te maldigo».
Y antes de la maldición, el desprecio: «no vales ni para comerme el higo». Que es una de esas frases que no necesitan traducción en castellano. Ni para eso sirves.
Y por si alguien tenía esperanzas: «lo llevas claro si piensas que vamos a ser amigos». No. Ni amigos. La puerta, cerrada.
Una anécdota de traca
Toda charla tiene un momento en que el ponente se va por las ramas y cuenta una anécdota. La de esta canción viene sin explicación:
«me viene a la cabeza justo ahora la anécdota de la almorrana y cómo metió a la hermana / es que es de traca»
No sabemos qué pasó. La letra no lo cuenta. Solo deja caer la anécdota, con su rima absurda, y sigue. Y eso es lo más gracioso: la sensación de que hay una historia enorme detrás que el narrador se guarda. Como cuando alguien en una cena dice «bueno, y lo de aquella vez mejor ni lo cuento» y toda la mesa se queda con la intriga.
«Es de traca». Es una expresión valenciana, de las fallas y los petardos, que significa que algo es tremendo, increíble, de no creérselo. La traca es la ristra de petardos que explota toda seguida al final de una fiesta. Y eso es la anécdota: un petardazo que se oye de lejos y del que no vemos el origen.
La mascota
Y llega la mascota. El momento que todos los niños esperan en una charla del colegio.

«y luego me preguntan por qué mi vida es como un capítulo de South Park / puesto que todo empezó también con un abuso sexual»
Aquí la canción se pone seria por un segundo, y es importante no pasarlo por alto. Detrás del humor, de los refranes y de las anécdotas de traca, la letra menciona un abuso. Y lo hace a través de la serie, porque a veces la única forma de nombrar algo muy duro es meterlo dentro de un dibujo animado.
El diario del planeta tiene un texto sobre ponerle nombre al acoso sexual, que explica que también afecta a hombres y a personas LGTBI, y que a veces es más difícil contarlo por miedo a que no te crean o a que se ridiculice lo que pasó. Esta canción lo cuenta a su manera. Con un panda.
Material de apoyo: los dibujos para adultos
En las charlas del colegio siempre había material de apoyo. Un vídeo, unas diapositivas, un folleto que se repartía a la salida y que acababa en la papelera.
El material de apoyo de esta canción es una serie que ningún colegio pondría en el salón de actos. South Park empezó a emitirse en 1997 y se convirtió en el ejemplo perfecto de los dibujos animados que no son para niños aunque lo parezcan. Cuatro críos de un pueblo de montaña, dibujados como si fueran recortables de cartulina, metidos en historias brutales, absurdas y muy incorrectas.
Esa es la clave de por qué la canción la elige. Porque South Park hace exactamente lo que hace esta letra: coge un formato inocente, el del dibujo animado, el de la canción infantil, el de la charla escolar, y lo llena de cosas que nadie se atreve a decir en voz alta. La inocencia de la forma sirve para que el contenido entre sin pedir permiso.
Y además, South Park lleva décadas riéndose de todo, empezando por la propia idea de que la vida tiene sentido. Cuando el narrador dice que su vida parece un capítulo de la serie, está diciendo que su vida es absurda, desproporcionada, de las que no se pueden contar sin que alguien se ría o se escandalice. O las dos cosas a la vez.
¿Quién vive en medio del bosque?
Y entonces llega el estribillo, que es la canción de la mascota:
«¿Quién vive en medio del bosque? / El panda de acoso sexual»
Pregunta y respuesta, repetidas como en una canción infantil retorcida. Es la estructura de las canciones de los programas de niños, de los anuncios de dibujos de los sábados por la mañana. Alguien pregunta, el coro responde. Y la respuesta, en vez de un osito simpático, es un panda que se llama como se llama.
Y en la segunda vuelta, la respuesta cambia una palabra. Ya no es acoso. Es abuso. El panda de abuso sexual. Ese pequeño cambio es todo un mensaje. Es como si la canción infantil se fuera oscureciendo poco a poco, verso a verso, hasta decir lo que de verdad quería decir.
Es el tipo de humor que el planeta adora: el que te hace reír y, justo después, te deja callado.
Ni Almodóvar en sus mejores tiempos
El estribillo se cierra con una frase que también es un guiño de la casa:
«no me hagas hablar que ni Almodóvar en sus mejores tiempos»
Es lo que se dice cuando una historia es tan retorcida, tan llena de giros, de melodrama, de personajes imposibles, que ni el director manchego la habría imaginado. Es el máximo elogio y la máxima advertencia a la vez. «No me hagas hablar». Que si hablo, aquí no queda nadie.
Almodóvar es un nombre que sale mucho en el planeta. Tiene incluso su propia canción en el catálogo, «Almodóvar». Y en esta letra funciona como la vara de medir del drama: cuando tu vida supera a una película suya, es que la cosa va en serio.
Turno de preguntas
Al final de las charlas, el ponente siempre decía lo mismo: «¿Alguna pregunta?». Y se hacía un silencio largo, hasta que el gracioso de la clase levantaba la mano para preguntar algo que no tenía nada que ver.

Si esta canción tuviera turno de preguntas, la primera mano levantada sería la del propio narrador. Y la pregunta sería la que ya ha hecho dos veces: por qué. Por qué mentir. Por qué así. Por qué a quien estaba en la cocina buscando recetas.
Y la respuesta, como en las charlas de verdad, no llegaría nunca. Porque hay preguntas que no tienen respuesta, o que la tienen tan pobre que no merece la pena escucharla. «Es la sangre caliente», diría el otro, según la letra. Y la canción ya se ha adelantado: «Ahora dime que es la sangre caliente que te hace escuchar lo que tu polla quiere».
Así que el turno de preguntas se cierra sin respuestas. Con el gracioso de la clase preguntando por el panda. Y con todos riéndose, que también es una forma de cerrar.
Evaluación final: el disco
Toda charla termina con una evaluación. ¿Qué hemos aprendido hoy?
La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», uno de los tres discos de la trilogía GAYFOLK. Tiene un videoclip oficial de casi cuatro minutos.
En el disco tiene dos compañeros de pupitre. Antes va «I Want to Be a Tiktok Star», que es la ambición de la pantalla del móvil. Después va «Mood», que es el estado de ánimo convertido en título. Tres canciones que hablan de cómo nos vemos y de cómo nos ven, con el filtro del humor siempre puesto.
Ficha del ponente
La letra de «El panda del acoso sexual» es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que la escribió sin IA. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno. En la sección de prensa está todo explicado.
Se escucha en Spotify y en el resto de plataformas, y se descarga gratis desde la web.
Fin de la charla
Se encienden las luces del salón de actos. Los alumnos se levantan, arrastrando las sillas de plástico. La profesora pide silencio y vuelven a clase en fila.
De la charla se acordarán de poco. Pero el estribillo de la mascota se les quedará pegado durante días. Lo tararearán en el patio, en el autobús, en la ducha. ¿Quién vive en medio del bosque?
Y quizá, alguno, años después, en mitad de una ruptura, se acuerde de la mascota y entienda por fin de qué iba la charla. Que no era sobre el panda. Que era sobre aprender a reconocer cuándo alguien te hace daño, ponerle nombre y decirlo en voz alta, aunque sea con un chiste.
Esa es la trampa de esta canción, y su acierto. Te entra por la risa y se te queda por lo que dice. Va del final de la paciencia, de la dignidad de quien estaba haciendo un postre mientras le engañaban, y de una herida más antigua que solo se puede nombrar con un dibujo animado.
Y deja una lección que no viene en ningún temario: que no se miente a quien supuestamente más quieres.
Apuntadlo en el cuaderno. Entra en el examen.
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el título?
De South Park, de un episodio de finales de los noventa en el que una mascota con forma de panda da charlas en los colegios sobre el acoso sexual. La letra toma esa imagen porque, dice, la vida del narrador parece un capítulo de la serie.
¿Los personajes son reales?
No. El ex al que se dirige la letra y la amiga que aparece en ella son personajes de ficción del universo GAYFOLK.
¿En qué disco está?
En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», uno de los tres álbumes de la trilogía GAYFOLK. Tiene videoclip oficial de casi cuatro minutos.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.