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Cuenta atrás con el casco a la espalda: «Fear Zero» y el beso que no necesita oxígeno

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Portada de «Fear Zero», canción de Mike Sain't Louis

Uno de los dos se ha quitado el casco.

Es un detalle mínimo y lo cambia todo. En la portada de «Fear Zero» hay dos astronautas con trajes rosas, abrazados en mitad de un paisaje de asteroides, frente con frente, a punto de besarse. Uno lleva el casco colgando a la espalda. Mike lo describe así en la ficha del single: como si se lo hubiera quitado sin pensar para acercarse al otro.

Sin pensar. En el espacio. Donde no hay aire.

Y luego remata con una frase que podría ser el estribillo de cualquier canción de amor y que aquí es solo un pie de foto: no hace falta oxígeno cuando tienes delante a quien quieres.

La letra de «Fear Zero» está sin publicar. En su ficha de letras pone «próximamente», y Mike, en la presentación del single, no la adelanta: prefiere que la escuches con la imagen en la cabeza y decidas tú qué pasa en ese planeta rosa cuando el abrazo termina. Así que esta crónica no va a citar el tema ni a imaginar sus versos. Se va a quedar flotando en la portada, que tiene mucho que contar, y en el título, que tiene todavía más.

Todo es rosa

Lo primero que se nota al mirar la imagen es que no hay otro color.

Rosa el planeta del fondo. Rosa la luna. Rosas las rocas que flotan alrededor. Rosa el cielo, si es que en el espacio puede hablarse de cielo. Rosas los trajes de los astronautas. Mike lo resume con una sola frase: todo es rosa.

En el universo GAYFOLK, el rosa es casi una bandera. Aparece en sirenas, en olas, en gallinas, en trajes de torero y en chubasqueros. Pero en «Fear Zero» alcanza una forma de totalidad. No es que haya algo rosa en la portada: es que la portada entera es una burbuja rosa. Un sistema solar teñido.

Eso tiene una lectura sencilla y bonita. El planeta del fondo podría ser el propio planeta Gayfolk, el lugar imaginario que da nombre a toda la trilogía. Y los dos astronautas, dos viajeros que por fin han llegado. O que se han encontrado a mitad de camino.

El parche del brazo

Hay un detalle que se escapa si no se mira de cerca: en el brazo de uno de los trajes hay un parche.

Los astronautas de verdad llevan en el hombro el emblema de su misión. Un escudo bordado con el nombre de la nave, las banderas de los países, los apellidos de la tripulación. Son piezas de coleccionista, se venden en las tiendas de los museos del espacio y todo niño que soñó con ir a la luna tuvo alguno pegado en la mochila.

El parche de la portada de «Fear Zero» es un corazón dentro de un planeta. Es el emblema de una misión que no existe en ninguna agencia espacial. La misión de llegar a alguien.

Es un chiste visual muy fino, y muy del planeta. Coger el código más serio del mundo, el de las misiones espaciales, con su protocolo, su ciencia y su épica, y bordarle un corazón. Como quien pone una pegatina de Hello Kitty en un ordenador de la NASA.

Miedo cero

Ahora, el título.

«Fear Zero» es inglés de cartel. Miedo cero. Dos palabras que suenan a eslogan de anuncio de bebida energética, a frase de entrenador de gimnasio, a tatuaje en un antebrazo. Y, al mismo tiempo, tienen algo de cuenta atrás.

Mike lo lee así: le gusta leerlo como una cuenta atrás que ya ha llegado al final, el instante del despegue en que no hay marcha atrás.

Diez, nueve, ocho, siete. El miedo va bajando con cada número. Tres, dos, uno. Cero. Y en el cero, el cohete se va. Ya no hay manera de echarse atrás, de abrir la escotilla y bajar a tierra. Lo que tenga que pasar, pasará en el aire.

Es una imagen muy precisa de ciertos momentos del amor. El instante antes de decir algo que cambiará las cosas. El instante antes de dar el primer beso a alguien que te gusta desde hace meses. El instante antes de coger la mano de tu novio en la calle por primera vez, delante de todo el mundo. Diez, nueve, ocho. Y luego, cero. Y luego, el despegue.

Querer en un sitio hostil

Mike añade una segunda lectura del título, y es la que más pesa: también como una forma de querer. Abrazarse en un sitio hostil, lejos de todo, sin pedir permiso a nadie.

Fotogramas del videoclip oficial de «Fear Zero», de Mike Sain't Louis

Un sitio hostil. El espacio exterior es, literalmente, el lugar más hostil que existe para un cuerpo humano. No hay aire, la temperatura salta de un extremo a otro, la radiación atraviesa la piel. Quitarse el casco allí es una locura.

Pero para muchas personas LGTBI, la palabra hostil no necesita irse tan lejos. Hostil ha sido el patio del colegio, la cena familiar de Nochebuena, la calle de un pueblo a ciertas horas, el vestuario del gimnasio. Lugares donde abrazarse con alguien de tu mismo sexo era, y en muchos sitios sigue siendo, quitarse el casco en el vacío.

La portada de «Fear Zero» convierte esa hostilidad en paisaje de ciencia ficción. Dos chicos abrazados entre asteroides, sin pedir permiso. El miedo, a cero.

El casco colgando

Volvamos al casco, porque es el centro emocional de la imagen.

Un casco espacial es la frontera entre la vida y la muerte. Es lo que te separa del vacío. Cada astronauta que sale de la nave lo comprueba una y otra vez antes de abrir la compuerta. No se quita nunca fuera.

En la portada, uno de los dos lo lleva colgando a la espalda. No está roto, no se le ha caído. Se lo ha quitado. Y lo ha hecho, dice Mike, sin pensar.

Esa expresión, sin pensar, es la clave del amor según el planeta. En sus letras publicadas, Mike retrata muchas veces la parte calculada de las relaciones, sobre todo cuando habla de narcisistas. En «Ni con un palo» hay un diagnóstico seco del cálculo emocional: «No es rechazo, es cálculo. / Es saber que el otro sufre y quedarse quieto.» Es la antítesis exacta de la portada de «Fear Zero». Allí, alguien que calcula y se queda quieto. Aquí, alguien que no calcula nada y se quita el casco para acercarse.

Dos formas de estar con otra persona: la del que mide cada gesto y la del que se lanza sin oxígeno. El planeta sabe muy bien cuál prefiere.

Frente con frente

Hay otra cosa en la postura que merece atención: están frente con frente, a punto de besarse. No se están besando todavía.

Ese a punto de es uno de los momentos más poderosos del cine romántico. El segundo antes del beso, cuando las dos caras están muy cerca y el mundo se para. Las películas lo estiran todo lo posible, con música y cámara lenta, porque saben que el espectador lo está deseando.

La portada congela justo ese segundo. Y lo coloca en el espacio, donde el tiempo, como dicen los físicos, se comporta de forma rara. Es un segundo que podría durar siglos.

Mike lo deja abierto a propósito en su presentación: prefiere que decidas tú qué pasa en ese planeta rosa cuando el abrazo termina. No dice si se besan. No dice si se separan. No dice si vuelven a la nave. Te deja el segundo congelado y la canción.

Astronautas de verdad

La exploración espacial tiene sus propias historias de amor escondidas, y alguna viene muy a cuento.

Sally Ride fue, en 1983, la primera mujer estadounidense en viajar al espacio, a bordo del transbordador Challenger. Fue un símbolo durante décadas, una heroína para millones de niñas. Pero hasta su muerte, en 2012, no se supo públicamente que había compartido veintisiete años de su vida con otra mujer, Tam O'Shaughnessy. La noticia apareció en su obituario. Sally Ride es considerada la primera persona LGTBI conocida que viajó al espacio, aunque nunca pudo decirlo en vida.

Esa historia tiene algo de la portada de «Fear Zero» al revés. Ella llegó al espacio y tuvo que guardar su amor en tierra, escondido. Los astronautas de la portada hacen lo contrario: se llevan su amor al espacio y se quitan el casco para que se vea.

Es como si el planeta le diera a aquella mujer la foto que no pudo tener.

Gravedad cero

El título tiene un eco que cualquiera con oído percibe enseguida. Fear Zero. Gravedad cero. Zero gravity.

La ingravidez es el estado en que los cuerpos flotan, en que no hay arriba ni abajo, en que un vaso de agua se convierte en una bola temblorosa suspendida en el aire. Es lo que experimentan los astronautas en órbita y lo que se puede probar, durante unos segundos, en los famosos vuelos parabólicos, esos aviones que suben y caen en picado para que la gente flote dentro de la cabina.

La portada no muestra a nadie flotando del todo, pero las rocas sí flotan alrededor. Y el abrazo de los dos astronautas tiene algo de ingravidez. Como si, en el momento de acercarse, hubieran dejado de pesar.

Hay una idea preciosa escondida en ese juego de palabras. El miedo pesa. Pesa en el estómago, en los hombros, en las piernas. Cuando el miedo llega a cero, el cuerpo flota. Gravedad cero y miedo cero son, en la portada, casi la misma cosa.

La Tierra desde lejos

Los astronautas cuentan una experiencia que tiene nombre propio. El escritor Frank White la llamó en 1987 el efecto perspectiva, o efecto visión general: la sensación que describen muchos de los que han visto la Tierra desde el espacio. Una bola azul, frágil, sin fronteras visibles, flotando en el negro. Muchos dicen que, después de verla así, las peleas de la superficie les parecen absurdas.

Collage con un detalle de la carátula de «Fear Zero» y las carátulas de «Otro bombardeo», «Vas a escuchar un disco muy raro», «Soy marica sideral»

La portada de «Fear Zero» no enseña la Tierra. Enseña un planeta rosa. Pero el efecto parece el mismo. Desde allí, lejos de todo, las reglas de abajo dejan de importar. Lo que digan los vecinos, lo que piense la familia, lo que se comente en el bar del pueblo, todo queda a miles de kilómetros. Solo están los dos, el abrazo y el planeta del fondo.

Mike lo dice con una expresión muy exacta: lejos de todo. Ese lejos de todo es, para mucha gente que ha tenido que esconderse, el único sitio donde se ha sentido libre.

Un astronauta de Madrid

España también tiene su capítulo en esta historia. En 1998, el ingeniero madrileño Pedro Duque se convirtió en el primer astronauta español al viajar a bordo del transbordador Discovery. Volvió al espacio en 2003, a la Estación Espacial Internacional, y años después fue ministro de Ciencia. Durante su primera misión, medio país estuvo pendiente de la tele para ver a un chico de Madrid flotando en una nave.

Para los niños de los noventa, aquel vuelo fue un pequeño acontecimiento. Un madrileño en el espacio. Lo imposible, de repente, a la vuelta de la esquina.

La portada de «Fear Zero» recoge, sin nombrarlo, ese mismo sueño de niño madrileño. Llegar al espacio. Solo que aquí el astronauta lleva traje rosa y no va solo: va abrazado a otro chico. Si Pedro Duque abrió la puerta a que un niño de Madrid soñara con las estrellas, el planeta añade la segunda parte del sueño: llegar allí con quien quieres.

El deseo de viaje

«Fear Zero» está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía. Es la pista 29 de 86.

Pocas portadas del catálogo encajan tan literalmente con el título de su disco. El segundo álbum habla del anhelo de llegar al planeta: la distancia, la espera, las ganas de viajar a un lugar donde vivir sin pedir permiso. Y la portada de «Fear Zero» es, sencillamente, ese lugar. Dos astronautas que han viajado. Un planeta rosa al fondo. Un abrazo sin permiso.

El deseo se ha cumplido. Al menos durante el segundo que dura la foto.

Sus vecinas en el disco son también reveladoras. Antes, en la 28, está «Vas a escuchar un disco muy raro», un título que suena a advertencia para el oyente. Después, en la 30, «Otro bombardeo». De la advertencia al abrazo espacial, y del abrazo al bombardeo. El orden parece decir que la paz rosa del espacio dura poco: que después del despegue vuelve la guerra.

En la transmisión de vídeos de la web, el clip de «Fear Zero» aparece entre «Otro bombardeo» y «Vas a escuchar un disco muy raro», las mismas vecinas en orden inverso.

El planeta como destino

Para entender el sitio de esta canción en el universo GAYFOLK, conviene recordar de dónde viene todo.

La trilogía se construye sobre una ficción: el descubrimiento de un planeta queer imaginario, el deseo de llegar a él y, finalmente, la liberación. El proyecto tiene incluso un manifiesto que habla de ese planeta como de un territorio a colonizar, con sus propias reglas y sus propias divas en órbita.

En ese relato, los viajes espaciales no son una metáfora más. Son el núcleo. Hay naves rosas, cohetes, bases aeroespaciales, órbitas geoestacionarias. En «La despedida», una de las pocas letras publicadas que tocan directamente el viaje al planeta, aparece la imagen del despegue en mayúsculas: «CAMELA Y UN COHETE ROSA EN ESTE VIAJE SIDERAL». El cohete es rosa, como los trajes de «Fear Zero».

Y en el catálogo hay otros títulos con ese pie en el cosmos, como «Soy marica sideral», del mismo segundo álbum. El planeta es un sitio al que se va. Y «Fear Zero» es la foto de la llegada.

Ciencia ficción con pluma

La ciencia ficción ha sido durante mucho tiempo un género bastante heterosexual. Héroes musculosos, princesas en apuros, capitanes de nave que besaban a la alienígena de turno. Las parejas del mismo sexo tardaron décadas en aparecer en las series y películas del espacio, y cuando lo hicieron, a menudo fue de forma tímida, en un segundo plano, sin beso.

Ficha de la canción «Fear Zero» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La portada de «Fear Zero» hace lo que muchas de esas películas no se atrevieron a hacer: pone a dos hombres en el centro de la imagen espacial, abrazados, a punto de besarse, con trajes rosas. Sin metáfora, sin disimulo. La pareja protagonista de la misión.

Hay algo muy camp en esos trajes rosas, por supuesto. Un traje espacial es una prenda de ingeniería, de color blanco o naranja, pensada para sobrevivir. Teñirlo de rosa es convertirlo en vestuario de musical. Es la nave espacial de Barbarella pasada por el filtro de una discoteca de Chueca.

Pero el gesto es serio. Los dos astronautas no posan para la cámara: se miran entre ellos. El rosa es la broma. El abrazo, no.

Tres minutos y quince segundos

El videoclip oficial dura 3:15. Un tiempo razonable para una misión corta: despegue, órbita, regreso.

No se va a describir aquí lo que pasa en él. Quien lo vea después de mirar la portada sabrá en qué paisaje entra: asteroides rosas, un planeta rosa, dos trajes rosas.

Sobre la fabricación de la canción, el planeta es claro y no lo esconde. Mike escribe la letra él mismo, sin IA, y la música y las voces se crean con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Lo explica en la sala de prensa del proyecto, donde hay una nota dedicada a la autoedición y al uso declarado de estas herramientas. Hay una coherencia bonita en eso: un tema sobre astronautas, hecho con la tecnología más nueva, y una letra escrita a mano por un señor de Madrid.

Lo que consta

Antes de terminar, conviene separar lo que se sabe de lo que se intuye. Esto es lo que consta en las fichas públicas del single:

  • El título está en inglés, «Fear Zero», que significa miedo cero.
  • La portada muestra a dos astronautas con trajes rosas, abrazados frente con frente entre asteroides, con un planeta y una luna rosas al fondo.
  • Uno de ellos lleva el casco colgando a la espalda y en el brazo hay un parche con un corazón dentro de un planeta.
  • La canción está en el segundo álbum de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», en la pista 29.
  • Tiene videoclip oficial de 3:15.
  • La letra es de Mike, escrita sin IA, y sigue sin publicarse.

Todo lo demás es mirar con calma y poner la foto al lado de otras cosas: la cuenta atrás de un despegue, la ingravidez, una astronauta que no pudo contar su amor, un chico de Madrid que llegó al espacio. Cuando la letra salga, se verá qué parte de todo esto estaba en la canción y qué parte solo en la imagen. Mientras tanto, la imagen basta para entender por qué esta portada es de las que más le gusta mirar a su autor.

Cuando el abrazo termina

Mike cierra su texto con una pregunta que no contesta: qué pasa en ese planeta rosa cuando el abrazo termina.

Es la pregunta de todas las historias de amor. El abrazo, el beso, el despegue, todo eso es el principio. Lo difícil viene después. Hay que volver a la nave. Hay que ponerse el casco otra vez. Hay que decidir si se vuelve a la Tierra o si uno se queda allí, en el planeta rosa, a vivir.

En el catálogo del planeta hay canciones para todas las respuestas. Hay finales felices, hay finales amargos, hay despedidas con ataúd de neón, hay narcisistas que lo estropean todo y hay amores tranquilos que se quedan. No sabemos qué respuesta elige «Fear Zero», porque su letra no se ha publicado.

Pero la portada ya ha elegido algo. Ha elegido el segundo antes. El del miedo a cero. Y lo ha guardado en rosa.

Para escucharla

«Fear Zero» está en Spotify y en su ficha del planeta, con descarga directa y gratuita. Escúchala con esa imagen en la cabeza, como propone Mike. Si tienes a alguien a quien quieras quitarte el casco delante, piensa en esa persona.

Y si no la tienes todavía, piensa en el cero de la cuenta atrás. Ese momento en que no hay marcha atrás y, por una vez, da igual.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se puede leer la letra de «Fear Zero»?

Todavía en ningún sitio: la página de letras de gayfolkplanet.com la anuncia como «próximamente». Esta crónica no cita ni recrea sus versos y se apoya en la portada, el título, el vídeo y el álbum.

¿En qué álbum está «Fear Zero»?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», la segunda parte de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 29 de 86, entre «Vas a escuchar un disco muy raro» y «Otro bombardeo».

¿Quién compuso «Fear Zero»?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, y está escrita sin IA. Música y voces se han generado con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Cuánto dura el videoclip?

El videoclip oficial dura 3:15 y está disponible en la sección de vídeos de gayfolkplanet.com y en YouTube.

¿Qué significa «Fear Zero»?

En inglés, «miedo cero». Mike lo lee como una cuenta atrás que ha llegado al final, el instante del despegue, y como una forma de querer sin pedir permiso.

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