Salud mental
«Flow ⧸ We Glow»: manual para hacer el muerto en el mar
Por Mike Sain't Louis ·

Paso uno: túmbate boca arriba. Paso dos: deja que las orejas se hundan hasta que el ruido de la playa desaparezca y solo quede un zumbido de agua. Paso tres: abre los brazos en cruz. Paso cuatro, el más difícil: no hagas nada.
Así se hace el muerto. Lo aprendimos todos de pequeños en alguna playa de Levante, con un padre sujetándonos la espalda con una mano y diciendo «relájate, que si te pones tieso te hundes». Y era verdad. El que se pone tieso, se hunde. El que pelea con el agua, traga agua. El único que flota es el que se rinde.
En un planeta lleno de cadáveres, de ataúdes de neón, de casas encantadas y de matanzas de Texas, hay una canción que enseña a hacer el muerto de la buena manera. Sin funeral. Flotando.
Se llama «Flow ⧸ We Glow», y su texto empieza por el sitio exacto donde empieza este manual: «“Flow / We Glow” es una de esas canciones que nacen de la calma y del mar.»
Material necesario
Para hacer el muerto no hace falta casi nada. Un bañador, que puede ser el slip de rayas de hace tres veranos con la goma un poco dada de sí. Un trozo de mar más o menos tranquilo. Y ganas de no hacer nada durante un rato, que es lo que más cuesta conseguir en la vida moderna.
Lo que no hace falta: el móvil, que se queda en la toalla, debajo de la camiseta, para que no se caliente. Las gafas de sol, que se pierden en la primera ola. La conversación con el de la sombrilla de al lado. El plan para la tarde. La lista de la compra. El correo del trabajo sin contestar. El mensaje del ex. La notificación de Grindr de uno que está a doscientos metros y que, por la foto, también está en la playa. Todo eso se queda en tierra, debajo de la camiseta, esperando. Ya contestarás luego. O no.
El texto de la canción hace un inventario parecido de lo que no trae: «No hay historia de amor ni de dolor detrás». Y en un catálogo como el de Mike Sain't Louis, eso es casi una noticia de portada. Aquí no hay ex con nombre y apellidos, no hay narcisista que castiga con silencios, no hay coordinador de mercadillo ni marrano de ningún sitio. No hay nadie a quien insultar.
El planeta, que tiene la costumbre de insultar con mucha creatividad, se queda con la lengua quieta. Le cuesta. Pero lo intenta.
Primera fase: entrar en el agua
Nadie entra en el mar de golpe. Bueno, sí: los niños y los alemanes. El resto entramos poco a poco, con los brazos en alto como si nos estuvieran atracando, dando saltitos cada vez que una ola nos moja la barriga. Es una coreografía que se repite en todas las playas de España cada verano, de Cádiz a Girona.
La canción no describe esa entrada, pero el planeta la imagina, porque toda calma empieza con un pequeño escándalo. Antes de flotar hay que pasar por el frío, por el pinchazo del agua en la espalda, por el grito involuntario que se te escapa cuando te llega a la cintura. La calma no es el punto de partida. Es el punto de llegada.
Y el texto lo dice a su manera cuando cuenta desde dónde se escribió la canción: «La escribí en un momento donde todo lo que necesitaba era respirar».
Todo lo que necesitaba. Esa frase no la escribe quien está bien. La escribe quien llevaba tiempo sin poder respirar a gusto. Quien ha pasado por otras canciones de este mismo catálogo, las de los ataúdes y los bombardeos, y por fin ha llegado a la orilla.
Segunda fase: soltar el suelo
El momento clave de hacer el muerto es cuando levantas los pies del fondo. Hasta ese momento, todavía estás de pie, todavía controlas. En cuanto los pies se despegan de la arena, ya no hay vuelta atrás. O flotas o te hundes.

Ese segundo de pánico es universal. Lo siente el niño de cinco años con manguitos y lo siente el señor de setenta con la barriga al sol. Es el segundo en que tu cuerpo no sabe si confiar en el agua. Y casi siempre, la primera vez, desconfía. Se pone rígido. Y se hunde un poco. Y tragas una bocanada de mar salada que te deja la garganta escocida toda la tarde.
El título de la canción tiene la respuesta en su primera palabra: flow. Fluir. No resistirse. Dejar que el agua haga su trabajo. El texto lo describe como el instante «donde dejas de luchar y simplemente fluyes».
Dejar de luchar. En un catálogo que pelea tanto, que tiene canciones enteras dedicadas a plantar cara, a no pedir permiso, a escupir sobre tumbas, esta frase tiene algo de rendición. Pero el planeta la lee de otra forma. Hay batallas que se ganan peleando y otras que se ganan soltando. La del agua es de las segundas.
Tercera fase: las orejas debajo
Hay un detalle técnico de hacer el muerto que casi nadie te explica: las orejas tienen que quedar debajo del agua. Si intentas mantener la cabeza fuera, para seguir oyendo lo que pasa en la playa, el cuerpo se dobla y te hundes. Para flotar de verdad, tienes que aceptar dejar de oír.
Y cuando lo aceptas, pasa algo muy raro. El ruido de la playa desaparece. Los gritos de los niños, el vendedor de cocos con su «¡coco fresquito!», la radio de la sombrilla de al lado con los éxitos del verano, el helicóptero de salvamento. Todo se apaga. Solo queda un zumbido grave, el ruido del mar por dentro, y el latido de tu propio corazón.
El texto de la canción da una instrucción para escucharla que es exactamente eso, pero en tierra firme: «🎧 Escúchala con auriculares, con las luces bajas y la luna de fondo.»
Auriculares. Es la versión urbana de meter las orejas en el agua. Te aíslas del ruido de fuera para oír lo de dentro. Y la luna de fondo convierte el salón de un piso de Madrid en algo parecido a una playa de noche.
Cuarta fase: el cuerpo y la cabeza
Cuando ya flotas, con los brazos en cruz y las orejas bajo el agua, llega lo mejor. El cuerpo deja de pesar. La cabeza deja de dar vueltas. Y por un momento, los dos se ponen de acuerdo.
El texto de la canción lo describe con una frase que el planeta considera de las más limpias del tercer disco: la canción habla de «la sensación de paz cuando el cuerpo y la mente por fin van al mismo ritmo».
Por fin. Ese «por fin» lleva detrás muchas noches en las que no iban al mismo ritmo. En las que el cuerpo estaba agotado y la cabeza no paraba. O en las que la cabeza quería descansar y el cuerpo tenía el corazón a cien sin motivo. Cualquiera que haya tenido ansiedad conoce ese desacuerdo. Es como vivir con un compañero de piso que tiene horarios opuestos a los tuyos.
Flotar en el mar es una de las pocas situaciones en las que ese compañero de piso y tú os sentáis por fin a la misma mesa. No por mucho tiempo. Unos minutos. Pero lo suficiente para acordarte de que es posible.
Quinta fase: el sol en la cara
Con los ojos cerrados y la cara al sol, los párpados se ponen naranjas. Es una de las cosas más bonitas del mundo y nadie la menciona nunca. El naranja del sol a través de la piel de tus propios ojos.

El título de la canción tiene una segunda palabra para ese momento: glow. Brillar, resplandecer. Pero no como brilla un foco de discoteca, sino como brilla una brasa. Desde dentro, sin hacer ruido.
El texto lo dice con una fórmula que el planeta guarda para las tardes difíciles: la canción habla «de rendirse sin miedo, de brillar sin gritar, de existir sin prisa».
Brillar sin gritar es casi un desafío para un proyecto como este, que está hecho de gritos camp, de exclamaciones, de «¡Patán!» y de «¡pringado!». Es como pedirle a una drag que salga a escena sin peluca. Pero hay noches en que hasta la drag más escandalosa se quita las pestañas, se pone el pijama y se queda mirando la luna desde la ventana. Esta canción es esa noche.
Un apunte sobre los dos idiomas
Mientras flotas, el planeta aprovecha para comentar algo del texto que tiene su miga. La canción, según su propia presentación, «está mitad en inglés, mitad en español, como yo: entre dos mundos».
Ese «como yo» es de las frases más personales del texto. Habla de quien escribe, de alguien que se mueve entre dos idiomas, entre dos registros, entre lo que se dice en voz alta y lo que se piensa en otra lengua. El texto lo amplía con dos parejas de opuestos: entre la razón y la emoción, entre el ruido y el silencio.
Hacer el muerto también es estar entre dos mundos. Medio cuerpo en el agua, medio cuerpo en el aire. Las orejas en un sitio, la nariz en otro. Ni dentro ni fuera. Y lo curioso es que esa posición intermedia, que en tierra firme suele ser incómoda, en el mar es la única que funciona. Si te vas del todo hacia un lado, te hundes. Si te vas del todo hacia el otro, sales del agua.
El planeta, que es marica, madrileño y bilingüe de discoteca, conoce bien eso de vivir entre dos mundos. Y se alegra de que alguna vez sea cómodo.
Versión de secano: la piscina municipal
Madrid no tiene mar. Es una de esas verdades que todo madrileño sabe y que todo madrileño olvida cada vez que dice «me voy a la playa» refiriéndose al Manzanares en verano o a la piscina de la Casa de Campo. Para quien vive en el centro de la península, hacer el muerto exige un poco de imaginación.
La piscina municipal de agosto es el mar de secano. Tiene su cloro, su socorrista con silbato colgado del cuello, sus carteles de prohibido tirarse de cabeza, su césped lleno de toallas de propaganda de bancos y su quiosco con bocadillos de calamares a precio de oro. Hacer el muerto ahí es más difícil, porque siempre hay un niño que te salpica o un señor haciendo largos que te pasa rozando como un submarino nuclear.
Pero se puede. Las orejas bajo el agua clorada funcionan igual que bajo el agua salada. El ruido se apaga. El cielo de Madrid, que en agosto es de un azul tan limpio que parece pintado, se queda arriba sin una sola nube. Y durante unos segundos, en mitad de la piscina de Aluche o de la del barrio que te toque, estás tan lejos de todo como si flotaras frente a una cala de Menorca.
El planeta se ríe de sí mismo aquí, porque ha hecho el muerto en muchas piscinas municipales con la tripa al aire y la marca del bañador en la cintura, y nunca se ha sentido menos ridículo que en esos ratos. La calma no necesita paisaje. Necesita orejas debajo del agua.
Errores frecuentes
Todo manual que se precie tiene una sección de errores frecuentes. Este también.

Error número uno: intentar flotar mientras piensas en si estás flotando bien. No funciona. En cuanto empiezas a vigilarte, el cuerpo se tensa y te hundes. Es como intentar dormirte pensando en que tienes que dormirte.
Error número dos: hacer el muerto con mala mar. Si hay olas, no hay calma posible. Hay que esperar a que el mar esté en su sitio. Hay días para flotar y días para quedarse en la toalla leyendo el Hola.
Error número tres: creer que flotar es para siempre. No lo es. Al cabo de un rato se te enfrían las manos, te pica la nariz, una medusa pasa cerca o tu madre te grita desde la orilla que salgas ya, que se va a enfriar la tortilla. Flotar es un rato. Y está bien que lo sea.
Error número cuatro, el más gracioso: hacer el muerto en una playa del planeta y que alguien llame a salvamento pensando que eres un cadáver de verdad. En este universo, con tanto ataúd suelto, no sería de extrañar.
Hacer el muerto de noche
Hay una versión avanzada de este manual que solo se atreve a practicar cierta gente: hacer el muerto de noche. Con la luna encima, el mar negro y la playa vacía. En los veranos de muchos chicos gais de este país, esa escena tiene su propia mitología. La noche en la playa con los amigos, el botellón en la arena, alguien que dice «¿nos bañamos?» y el resto que contesta que sí sin pensarlo, quitándose la ropa a toda prisa.
Flotar de noche es otra cosa. No ves el fondo. No ves dónde termina el agua y dónde empieza el cielo. Solo ves la luna y, si tienes suerte, las estrellas. Y el agua está más templada que el aire, que es una de esas sorpresas que el mar guarda para quien se atreve.
El texto de la canción lo propone de otra forma, pero con los mismos ingredientes: auriculares, luces bajas y «la luna de fondo». Es la versión doméstica de esa noche en la playa. El salón como mar, el sofá como arena, la ventana abierta como horizonte.
Y aquí el chiste se calla, porque esa escena tiene algo de verdad muy seria. Hay gente para la que la única forma de flotar es esa: a oscuras, sola, con una canción en los oídos, cuando todo el mundo ya duerme. No es poca cosa encontrar ese rato. Hay quien tarda años.
Contraindicaciones
Como todo manual responsable, este también tiene su apartado de contraindicaciones, aunque sean de broma. No se recomienda hacer el muerto justo después de comer una paella entera en el chiringuito, por mucho que tu abuela lo haya repetido durante cuarenta años. No se recomienda hacerlo con bandera roja. No se recomienda hacerlo cerca de una zona de motos de agua conducidas por chavales con gafas de espejo.
Y tampoco se recomienda, y esto ya va en serio, confundir la calma con no sentir nada. Flotar no es desconectarse para siempre. Es descansar un rato para poder volver. La canción no habla de huir. Habla de respirar. Son cosas muy distintas, aunque desde la orilla se parezcan.
La familia del mar
«Flow ⧸ We Glow» no es la única canción del planeta con olor a sal. En el catálogo hay otras que miran al agua desde distintos sitios. Está «La Playa del Mal Pas», que mira una playa desde lejos con frases limpias de las que no admiten chistes. Está «Me Gusta el Verano», que ya lo dice todo en el título. Está «Ride the Wave», que en vez de flotar se sube a la ola. Y está «Holy Stillness», cuyo título en inglés habla de una quietud sagrada que se parece mucho a la del muerto flotando.

El mar tiene también presencia en el mapa del planeta: hay una sección entera dedicada a Canarias, y en la galería una imagen con volcán canario que podría ser el decorado de fondo de esta canción, con el mar al pie.
Quién escribió el manual
La letra de «Flow ⧸ We Glow» es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, y la ha escrito sin IA. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Él no pone la voz. Pone el mar, la calma y las instrucciones para encontrarla.
Hay una coherencia curiosa entre esta canción y el método del proyecto. Para hacer el muerto, hay que confiar en que el agua te sostenga. Para hacer canciones así, el letrista confía en que la herramienta sostenga sus palabras. Él pone el cuerpo, que es la letra. La máquina pone el agua, que es el sonido. La ficha completa del proyecto está en la sala de prensa.
Dónde se flota
«Flow ⧸ We Glow» forma parte de «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía. Tiene su videoclip oficial, se puede escuchar en Spotify y la letra completa está en la sección de letras del planeta.
Que una canción tan tranquila esté en el disco de la liberación tiene su lógica. Después de tanto pelear, liberarse también es poder quedarse quieto sin miedo.
Salir del agua
Todo muerto que flota tiene que resucitar en algún momento. Bajas los pies, buscas la arena, te pones de pie. El ruido de la playa vuelve de golpe. El vendedor de cocos. Los niños. La radio. Tu madre con la tortilla.
Sales del agua con los dedos arrugados como pasas y la piel salada. Te sientas en la toalla. Te pones las gafas de sol. Y durante un rato, no mucho, el ruido de fuera no te molesta tanto.
El texto de la canción termina con una despedida que parece una canción de cuna para adultos y que el planeta copia tal cual, porque no se puede decir mejor: «Gracias por acompañarme en este planeta llamado GAYFOLK, donde todo suena un poco raro pero siempre sincero.»
Un poco raro, pero siempre sincero. Es la mejor definición del planeta que se ha escrito nunca. Y la ha escrito su autor, flotando.
Mañana habrá otra canción con un ex retratado con nombre y defectos, otra noche de ataúdes de neón, otro narcisista al que no derrite ni un lanzallamas. El planeta volverá a gritar, porque gritar es su idioma. Pero esta tarde, con los dedos arrugados y la toalla llena de arena, se permite un rato de silencio. Lo ha aprendido de una canción. Y de un padre que, hace muchos veranos, le sujetaba la espalda en la orilla y le decía que no se pusiera tieso.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Flow / We Glow»?
Según su propio texto, nace «de la calma y del mar». No hay historia de amor ni de dolor detrás, solo la sensación de paz cuando el cuerpo y la mente van por fin al mismo ritmo.
¿En qué idioma está?
El texto que la acompaña dice que está «mitad en inglés, mitad en español», y lo relaciona con estar entre dos mundos.
¿En qué disco está?
En «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single la fecha el 19 de junio de 2026.
¿Quién la ha escrito?
La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, escrita sin IA. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.