Planeta Gayfolk

Folk

Folclore del Planeta Gayfolk: copla con sintetizador, rumba verde y una folclórica engañada en La Tejita

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Portada de «Voy a Olvidarme De Ti», canción de Mike Sain't Louis

Hay una palabra escondida dentro del nombre del planeta y casi nadie se para a mirarla. Gay, sí, eso se ve desde lejos. Pero la segunda mitad es folk. Y folk, en inglés, quiere decir pueblo, gente, lo que se canturrea en la cocina sin saber quién lo escribió. Cuando Mike Sain't Louis bautizó su proyecto, no eligió «gaypop» ni «gaytrónica». Eligió una palabra que mira hacia atrás, hacia la copla de la abuela, la verbena del pueblo y el disco de vinilo con la portada de una mujer con peineta.

La definición de gayfolk lo dice con todas las letras: una mirada estética que cruza «pop alternativo, electropop, copla y camp español desde una perspectiva queer y autoeditada». La copla está ahí, en la lista, al mismo nivel que el electropop. Y en la página de Madrid en el planeta aparece todavía más cerca de casa: «la copla de la abuela y el synth del vecino». Dos tabiques, dos tiempos, la misma escalera.

Este texto es un paseo por el folclore del planeta. Dónde está la copla, dónde suena la rumba, quién es la folclórica, qué canciones de otros ha recogido Mike para darles otra luz. Como siempre, solo se citan versos publicados en el archivo de letras. Y donde la letra es de otra persona, se dice.

Puñales, condenas y rosas con espina

La canción del planeta que más suena a copla es «Voy a olvidarme de ti», del primer álbum. Basta leer la primera estrofa para oír el mantón:

«Voy a olvidar un "te quiero" / De la noche a la mañana / Y unos ojos traicioneros / Que como puñales clavan / Me clavan, me clavan»

Ojos traicioneros. Puñales. La repetición del verbo, «me clavan, me clavan», como un eco que se queda en el patio. Es el idioma de la copla clásica, el de las canciones que convertían el desamor en tragedia de cuchillo. Nadie en esas canciones decía «estoy triste». Decían que algo se les clavaba.

La segunda estrofa sube la apuesta con el juramento típico del género, el que se hace con la vida por delante:

«Voy a olvidarme de ti / Aunque me cueste la vida / Y a mí me toque sufrir / Aunque pierda esta partida»

Y después llega el fuego, los celos y la palabra que cualquier folclórica habría firmado: «Y por culpa de los celos / Este amor es mi condena». Condena. Es la palabra exacta. En la copla el amor no es una relación, es una sentencia. Se cumple, se arrastra, se lleva como un luto.

La última imagen de la canción es la más bonita. Una rosa, una espina, una flor que se deshoja:

«Voy a cortar esa rosa / Que me hiere con su espina / Y verás cómo deshoja / Ese amor que me lastima»

Lo interesante es que el planeta no se ríe de este lenguaje. «Voy a olvidarme de ti» no es una parodia. Es una copla escrita en serio, con el mismo dramatismo que las de los años cincuenta, y luego vestida con la producción del siglo XXI. Ese es el gesto camp que la página de camp en el planeta describe tan bien: tomar «la seriedad excesiva de las canciones de desamor» y no burlarse de ella. «Emocionarse sin ironía barata».

La folclórica engañada

Si «Voy a olvidarme de ti» toma el idioma de la copla, «¿Me hago un folclórica engañada?» toma a su protagonista. La folclórica engañada es un personaje que España conoce de memoria: la gran artista que el país entero ve sufrir por un hombre infiel, que llora en las revistas y luego sale al escenario con más rabia que nunca. Media historia de la prensa del corazón está hecha con ese molde.

Fotogramas del videoclip oficial de «Voy a olvidarme de ti», de Mike Sain't Louis

La canción se pregunta si ponerse ese traje. La situación es de lo más terrenal: un novio de «cincuenta y pico» que, la víspera de ir a La Tejita, una playa del sur de Tenerife, se depila entero y pide cita en la peluquería. El narrador lo cuenta con el asombro de quien acaba de atar cabos:

«¿Me hago un folclórica engañada, apenada, humillada, / Que sabe todo y a la vez no sabe nada?»

Los tres adjetivos en fila, «engañada, apenada, humillada», tienen ritmo de copla. Y el remate, «que sabe todo y a la vez no sabe nada», describe con precisión el papel: la que se entera la última y finge que no se ha enterado. Es lo que le aconseja la hermana del infiel, «Otra lagarta», y aquí llega uno de esos chistes de geografía canaria que Mike borda: «Y no lagarta del Teide, / Sino de las liantas».

La canción decide no hacer el papel entero. En lugar de llorar, escribe: «Y ahora de mayor yo tengo una nueva canción, / Porque me inspiras en cada creación». La folclórica engañada clásica convertía su pena en espectáculo. La del planeta la convierte en single. Y el final, con un «Ja, jé, jí, jo, jú» de patio de colegio, deja claro que esta folclórica se ríe la última.

El origen del título está en un refrán de padre, el primero de la letra: «Los niños, / Oír, / Ver, / Y callar». La copla y el refranero son primos hermanos. Los dos son sabiduría popular sin autor. La canción los pone en la misma mesa y luego los desobedece.

Rumba verde en la plaza

El planeta también tiene rumba. «Verde», del tercer álbum, arranca con una cita que todo el mundo reconoce:

«En el rincón de mi jardín, florece la alegría, / verde que te quiero verde, marihuana querida.»

«Verde que te quiero verde» es el primer verso del «Romance sonámbulo» de Federico García Lorca, uno de los poemas más conocidos de la literatura española. Lorca, poeta andaluz, gay y asesinado en 1936, es quizá la figura que mejor une lo queer y lo popular en la cultura española. La canción toma su verso más famoso y lo lleva a un jardín con una planta que el poeta no tenía en mente. Es irreverente, sí. También es un homenaje: en el planeta a Lorca se le cita de memoria, como se cita a un vecino.

Y luego llega la rumba, con todos sus instrumentos dichos en voz alta:

«Entre risas y palmas la vemos crecer»

«Guitarras y cajones, la noche se enciende»

«Al compás de la rumba, mi mente a volar»

Palmas, guitarras, cajones, compás. Es el inventario de una fiesta de rumba en la plaza, la que se arma en las noches de verano en tantos pueblos del sur. La letra dice incluso que «La plaza se llena de un perfume especial, / es la señal para empezar a festejar». Que cada cual imagine el perfume.

La rumba es el folclore de la alegría, el de las bodas, los bautizos y las verbenas. La copla llora, la rumba palmea. El planeta necesita las dos. Lo dice el propio manifiesto del universo: «Duelo y humor en la misma semana».

Canciones de otros, con otra luz

Una parte del folclore del planeta no está escrita por Mike. Son versiones, y conviene decirlo claro, porque aquí se defiende que las letras de Mike son suyas, y por eso mismo hay que señalar cuándo no lo son.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Y por culpa de los celos Este amor es mi condena» de «Voy a olvidarme de ti»

«La Tarara» es una canción tradicional española que generaciones de niños aprendieron en el patio del colegio, y que Mike dedica a Marisol. En el texto que la acompaña en su página, Mike la presenta así: «Esta versión de LA TARARA no es un simple cover. / Es un acto de amor, de memoria y de irreverencia.» Y la dedica: «A Marisol, a las que bailaron cuando no se podía, / y a las que seguimos bailando aunque aún moleste.» La Tarara, en esta versión, «baila entre neones, tacones y azoteas futuristas».

«Cariño trianero» es un homenaje a Carmen Sevilla. Su texto de presentación es muy claro sobre la autoría: «He respetado la letra tal cual, porque no hacía falta tocar ni una palabra: la historia ya lo dice todo.» Ahí está la clave del gesto. No se trata de reescribir la copla. Se trata de traerla, como dice el mismo texto, «con una mirada diferente, marica, libre y contemporánea».

Y está «Ya está amaneciendo», del repertorio de El Fary, en el segundo álbum, cuya página recoge los créditos de sus autores originales. El Fary, el taxista de Madrid convertido en estrella, es puro folclore urbano madrileño: la jornada, el hogar, la radio, las ganas de reír. Que esté en el planeta dice mucho de qué entiende Mike por pueblo.

El Fary merece una línea más. Su nombre real, José Luis Cantero, figura en los créditos que recoge la página de la canción, y su figura es la de un madrileño de barrio que llegó a la tele sin perder el acento. En los ochenta y noventa fue objeto de chistes por su físico y por su forma de hablar, y a la vez lo quería media España. Esa mezcla de burla y cariño es exactamente el terreno donde el planeta se mueve con soltura. Lo mismo pasa con Camela, con las folclóricas, con las vedettes. El folclore que recoge Mike suele ser el que la gente fina miraba por encima del hombro.

Las versiones funcionan como reliquias de familia. Se sacan del cajón, se limpian, se vuelven a poner sobre la mesa. No se tocan las palabras. Se cambia la luz.

Camela, la tecno-rumba de los coches

Hay un grupo que ocupa un sitio especial en el folclore del planeta: Camela. Para varias generaciones de España, Camela es el sonido de los viajes en coche, de las ferias, de las gasolineras de carretera. Su tecno-rumba fue durante años algo que «no se escuchaba» en según qué ambientes y que sin embargo sonaba en todas partes.

Mike le dedica una canción con su nombre, «Camela», en el segundo álbum. Su texto de presentación lo explica con cariño: «Esta canción es mi homenaje sincero a ese sonido que sigue sonando en cada coche, en cada pueblo, en cada corazón.» Y añade: «No es nostalgia: es memoria viva, es alegría compartida.»

Camela aparece también en «La despedida», donde su nombre se repite en mayúsculas como un conjuro, línea tras línea: «CAMELA, TUS CANCIONES EN EL COCHE», «CAMELA LOS VERANOS DE FIESTA», «CAMELA EN UN COCHE DE CHOQUE ROSA DE UN PLANETA IDEAL». Cada línea es una postal de una vida acompañada por ese grupo. Y la última hace algo precioso: mete a Camela en la nave espacial. «CAMELA Y UN COHETE ROSA EN ESTE VIAJE SIDERAL». El folclore se sube al cohete. No se queda en la Tierra.

Maldiciones gitanas, ferias y tacones rotos

La copla y el cante popular tienen una tradición de maldición. Las canciones que desean al traidor que no encuentre paz, que se le cierren las puertas, que se le pudra el pan. El planeta la recoge, a su manera.

Collage con un detalle de la carátula de «Voy a olvidarme de ti» y las carátulas de «¿Me hago un folclórica engañada?», «Verde», «Aquí escupo»

En «Bareback», la despedida de un ex llega con fórmula antigua: «quédate con estas palabras / como si estuvieras recibiendo / una auténtica / maldición gitana / que todo llega / y se llama karma». La maldición de toda la vida, con la palabra karma de las tazas de desayuno de ahora. En «El panda del acoso sexual», la maldición se hace con nombre de amiga: «como mi amiga Ana Belén la gitana, yo a ti te maldigo». Un personaje inventado, como todos los de las letras, que funciona como la tía del pueblo que sabía echar mal de ojo.

Y hay una canción que convierte el folclore en confesión rota. En «Aquí escupo», del segundo disco, la voz de la letra enumera lo que lleva dentro como quien vacía un bolsillo en la plaza:

«mi sangre de feria, / mis noches de polvo, / mis sueños de piedra.»

«Sangre de feria». Una expresión que no existe y que se entiende a la primera: la sangre de quien ha crecido entre casetas, farolillos y orquestas. Y unas líneas antes, «mis tacones rotos, / mi falda manchada», la imagen de una folclórica al final de la noche, cuando ya no queda público. Es el lado oscuro del folclore: el del día después.

Abanicos y flamenco en la playa

El folclore del planeta no siempre llora. A veces se va a la playa. En «Marica chill», del segundo álbum, el protagonista baja a la orilla con los accesorios de siempre y la actitud de ahora:

«Con un abanico y mi short transparente / Dije: life is short, no soy prudente»

El abanico es probablemente el objeto más folclórico de España. Lo llevaban las abuelas en misa, las folclóricas en el escenario y las drags en el Orgullo. Aquí acompaña a un short transparente y a una frase en inglés. La mezcla es el planeta entero en dos versos. Y más adelante, otro guiño: «Le dije: only if you dance flamenco, man». Solo si bailas flamenco. El ligue, para entrar en el planeta, tiene que pasar por el tablao.

Los títulos del tercer álbum confirman que el folclore no es una fase. «Con el taconeo», «Ay, gachó», «Ay chavoro», «Mi pena», «Viva la alegría», «Lola Flores». Son títulos que podrían estar en la carátula de un disco de los sesenta, de esos con una mujer con volantes en la portada. Sus letras aún no están en el archivo, así que no las citamos. Pero los títulos ya cuentan algo: «Ay, gachó» y «Ay chavoro» usan palabras del caló, la lengua de los gitanos españoles, que el castellano popular adoptó hace siglos; «Lola Flores» nombra a la más grande de las folclóricas; «Mi pena» es el sentimiento que la copla convirtió en género.

La copla como manera de escribir

Más allá de las canciones con mantón, la copla deja una huella en la manera de escribir de todo el planeta. Se nota en tres costumbres.

La primera es la hipérbole. La copla nunca dice que algo duele un poco. Dice que mata, que condena, que clava. Las letras de Mike heredan esa exageración incluso cuando hablan de un ex de Grindr: hay ataúdes, féretros, maldiciones, puñales, casas con mil cadáveres. Una de sus canciones se titula, de hecho, «La ley de la exageración». Lo que en un pop más comedido sería una tristeza discreta, en el planeta es una tragedia con orquesta.

La segunda es la segunda persona. La copla casi siempre le habla a alguien: al hombre que se fue, al que miente, al que volverá. «Verás cómo deshoja / ese amor que me lastima», dice «Voy a olvidarme de ti», y ese «verás» es puro género. El planeta escribe así casi siempre. Las letras se dirigen a un tú concreto, el ex, el coordinador, el narcisista, y lo señalan con el dedo como se señalaba desde el escenario del teatro de variedades.

La tercera es la repetición. «Me clavan, me clavan», «Condena, condena», «Lastima, lastima». La copla repite la última palabra como un eco que se queda en el patio después de que la folclórica se haya callado. Las letras del planeta repiten nombres, insultos y estribillos con la misma insistencia. «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», una y otra vez, hasta que el nombre se queda pegado. Es una retórica de plaza, pensada para que la gente la recuerde al salir.

Ninguna de estas tres costumbres es exclusiva de la copla, claro. Pero juntas dibujan un parentesco. Cuando alguien escucha el planeta y piensa «esto es muy exagerado», está oyendo, sin saberlo, a la abuela.

Por qué el folclore y no otra cosa

Se puede hacer pop queer sin mirar atrás. Mucha gente lo hace. Lo que distingue al planeta es que mira atrás con cariño y sin miedo, y eso tiene una explicación.

Ficha de la canción «Voy a olvidarme de ti» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Durante décadas, la copla fue también un refugio para la gente queer en España. Las folclóricas eran mujeres excesivas, dramáticas, independientes en un país que no quería mujeres así. Los maricas de los pueblos se aprendían sus canciones, las imitaban en las fiestas, las llevaban dentro como un idioma secreto. No es casualidad que la página de camp del planeta cite a Rocío Jurado, a Sara Montiel o a Massiel. Ese linaje une a la folclórica con la drag queen de la verbena.

El manifiesto del universo lo resume en una de sus capas: «Diálogo con la memoria cultural. Música popular, retro, cine, internet, IA y siglo XXI». Y en otra: «Analógico y digital en el mismo cuarto». El folclore es la parte analógica. La que llega en vinilo, en cinta de casete, en la radio de la cocina. La IA y el sintetizador son la parte digital. El planeta los pone a vivir juntos sin que ninguno pida perdón.

Hay también algo de reapropiación. La copla, durante una época, se asoció a la España más oficial y cerrada. Recogerla desde un planeta marica, independiente y sin permiso, es devolverla al pueblo de verdad, que siempre fue más raro de lo que decían los noticiarios.

La copla del futuro

La imagen final de este folclore está en «La despedida», con Camela subida al cohete rosa. Es una imagen que resume el proyecto: la música de las gasolineras viajando a un planeta inventado. La tradición no se queda en el museo. Se sube a la nave.

Quizá la copla del futuro suene exactamente así: con las mismas rosas, los mismos puñales y las mismas condenas, pero con una nave espacial al fondo y un chico con abanico en la orilla. Las abuelas que tarareaban en la cocina no se habrían imaginado esta mezcla. O quizá sí. Las abuelas suelen saber más de lo que dicen. Muchas de ellas tenían un sobrino que se aprendía las coplas antes que nadie y las representaba en el salón con una toalla en la cabeza. El planeta es, en parte, ese sobrino, ya mayor, con un estudio en casa.

Las letras originales son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Las versiones conservan sus letras originales y así lo indican sus páginas. Para datos de los discos está la sala de prensa. Y la copla del planeta, la de los puñales y la rosa, está en Spotify, para escucharla con abanico, aunque sea en noviembre.

Que se clave, que se clave. Para eso está la copla.

Preguntas frecuentes

¿Por qué el proyecto se llama gayfolk?

Porque cruza pop alternativo y electropop con la copla y el camp español desde una mirada queer. La palabra folk apunta a esa raíz popular: canciones de la abuela, verbenas y folclóricas pasadas por un sintetizador.

¿Qué canciones de Mike Sain't Louis tienen aire de copla?

«Voy a olvidarme de ti» usa el vocabulario clásico de la copla: puñales, condena, rosa con espina. «¿Me hago un folclórica engañada?» toma la figura de la folclórica traicionada para reírse de un infiel.

¿Tiene versiones de canciones populares?

Sí. Entre sus publicaciones hay versiones como «La Tarara», dedicada a Marisol, «Cariño trianero», en homenaje a Carmen Sevilla, y «Ya está amaneciendo», del repertorio de El Fary. En esas versiones la letra no es suya.

¿Quién escribe las letras originales?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Las letras originales son suyas; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Dónde se pueden leer las letras?

En el archivo de letras de gayfolkplanet.com, en /letras.

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