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Trilogía

Guía de lectura de la trilogía GAYFOLK: cómo se recorre un planeta en tres discos y 275 pistas

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Portada de la nota «Guía de lectura de la trilogía GAYFOLK: cómo se recorre un planeta en tres discos y 275 pistas», de Mike Sain't Louis

Hay discos que se escuchan y discos que se leen. La trilogía GAYFOLK pertenece a la segunda familia. Son tres álbumes, 275 pistas en total, y no están pensados como un montón de canciones sueltas sino como un relato. La propia web del planeta lo resume en una flecha: «descubrimiento → deseo de viaje → liberación». Cada paso es un disco.

Quien llega por primera vez a la página de la trilogía se encuentra con un catálogo que asusta. Noventa pistas el primero, ochenta y seis el segundo, noventa y nueve el tercero. Nadie se sienta a escuchar eso de una vez. Por eso hace falta algo parecido a una guía de lectura: por dónde entrar, dónde mirar, qué canciones funcionan como capítulos de apertura y de cierre, y qué hilo une los tres libros.

Esta guía no es oficial. Usa los datos que publica la propia web (las descripciones de cada álbum, el orden de las pistas, la nota de prensa sobre la trilogía) y los versos que están en el archivo de letras. Lo demás es la lectura de alguien que ha recorrido el planeta con paciencia.

Por qué tres libros y no uno

Antes de abrir el primer disco, una pregunta práctica: ¿por qué tres? La respuesta tiene dos capas.

La primera es narrativa. La nota de prensa lo explica así: los tres álbumes «se escuchan como un relato con principio, nudo y desenlace», y «el orden no es decorativo: cada álbum ocupa un lugar fijo en la progresión narrativa del proyecto y retoma el punto donde termina el anterior». Es la estructura clásica de cualquier historia. Planteamiento, nudo, desenlace. Descubrir un sitio, querer ir, llegar por fin.

La segunda capa es mucho más prosaica, y por eso mismo encantadora. Según esa misma nota, «los formatos digitales de distribución establecen un límite de 99 pistas por lanzamiento, y el material acumulado lo desbordaba». Es decir: el planeta no cabía en un disco. Había tantas canciones que la industria obligó a partirlo. El tercer volumen tiene exactamente 99 pistas, el máximo permitido. Lleno hasta el borde.

Hay algo casi conmovedor en ese número. Noventa y nueve es la cifra de los precios que no quieren llegar a cien, de los saldos de mercadillo, de las cosas que se quedan a un paso. El último libro del planeta se queda justo ahí, a una pista del límite que no existe.

Esa mezcla de ambición literaria y límite técnico es muy del proyecto. Un universo que, según su propio manifiesto, aspira a la «totalidad como aspiración imposible», y que se topa con una casilla de formulario que dice «máximo 99». La épica y el trámite, juntos.

Primer libro: el planeta aparece

El primer álbum se titula «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». Su descripción oficial habla de «el punto de partida del universo: la aparición de un planeta queer imaginario y el primer contacto con su paisaje, sus personajes y su vocabulario».

Fotogramas del videoclip oficial de «El día de la liberación», de Mike Sain't Louis

Lo que sorprende al leer su orden de pistas es por dónde empieza. La pista 1 no es el tema titular ni una canción de presentación solemne. Es «La primera drag», un estallido en mayúsculas donde alguien quiere que le vista Ana Locking y proclama: «¡SOY LA PRIMERA DRAG!», «INTER ESTELAR», «SOY LA DRAG UNIVERSAL». El planeta no se presenta con un discurso. Se presenta con una drag. Es una declaración de principios: aquí lo primero que se ve es la pluma.

La pista 2 da un giro brusco. Es «El día más ideal», una de las letras más duras del catálogo, una despedida escrita en mayúsculas en la que alguien pide perdón «si no he escogido el día más ideal». La letra está publicada en el archivo, en «El día más ideal», y conviene leerla con cuidado, porque habla de quitarse la vida. Si estás pasando por algo parecido, en España puedes llamar gratis al 024, a cualquier hora; si es una emergencia, al 112. Que la trilogía ponga esta canción en segundo lugar, justo después de la fiesta, dice mucho de su forma de mirar: el duelo y el humor, como dice el manifiesto, «en la misma semana». Aquí, en la misma página.

Después, el primer libro va presentando a su reparto. Malena Gracia en la pista 3, con su campaña electoral. «La despedida» en la 4. Los trabalenguas, los narcisistas, los coordinadores, las suegras. Es el disco de los personajes y del vocabulario: aquí se aprenden las palabras del planeta. Novio cojín, cucurucho, polvo perfecto, karma. Muchas nacen en una canción de este libro y luego reaparecen en otras como un código interno; el calcetín, que tendrá canción propia en el tercer libro, pasa antes por el gofio del segundo. Quien escuche primero este libro entenderá mejor los otros dos, igual que quien lee el primer tomo de una saga entiende los apodos del segundo.

Y termina, en la pista 90, con su canción titular. Es un cierre muy elegante, porque el disco acaba donde la historia empieza de verdad. La canción «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» arranca en la Tierra, en la crueldad de las aplicaciones de ligue, con perfiles que insultan («Eres gordo, eres calvo, / No eres lo que estoy buscando») y un consejo deprimente de un antiguo follamigo de Toledo. Y entonces, de repente, el hallazgo:

«Descubierto un nuevo planeta llamado GayFolk / No hay grinder ni aplicaciones, tampoco hay complejos, / No hay de qué preocuparse a los que van de discretos, / Y las personas allí no son simples objetos.»

Esa es la promesa fundacional. Un sitio donde las personas no son objetos. El primer libro termina con el planeta recién visto en el telescopio.

Segundo libro: las ganas de ir

El segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», es el del deseo. La descripción oficial lo define así: «Una vez descubierto el planeta, el relato se centra en el anhelo de llegar a él: la distancia, la espera y las ganas de viajar a un lugar donde vivir sin pedir permiso.»

El título ya lo dice todo. Ojalá. Es la palabra del deseo que no depende de uno, la que viene del árabe y significa algo así como «si Dios quiere». No dice «voy a viajar». Dice «ojalá se pudiera». El planeta está ahí, se ve, pero no se llega.

Y la pista 1 del segundo libro es, con mucha intención, «Spoiler». Una canción titulada «destripe» abriendo un disco entero. La letra cuenta, fase por fase, cómo alguien empieza a tontear en redes: primero «me gusta a fotos de Madonna», luego fotos de perfil «con los labios perfectos», luego «la fase de corazones». Y avisa: «Ya sabes como va a acabar este maldito e inocente tonteo». Abrir el disco del deseo con una canción que te cuenta el final es un gesto de una ironía preciosa. Ya sabes cómo acaba. Y aun así vas a escuchar las ochenta y cinco pistas siguientes.

El segundo libro es el más largo en emociones. Es el disco de la espera, y la espera, en las letras de Mike, se llena de ex, de narcisistas, de canarios que mienten, de concursos literarios, de bebés que no hay que despertar. La distancia hasta el planeta se mide en desengaños.

La canción titular aparece casi al final, en la pista 85. Y el libro se cierra en la 86 con «Gatekeeping», una canción en inglés contra los porteros de la cultura, los que deciden quién entra: «You draw a line / around yourself / and call it culture.» Es un final perfecto para un disco sobre no poder llegar. El problema no era la distancia. Era la puerta.

Tercer libro: el día que llega

El tercer álbum, «El día de la liberación», cierra la historia. Su descripción oficial es la más breve de las tres: «el cierre de la progresión narrativa: tras el descubrimiento y el deseo de viaje, llega el día de la liberación».

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Gritemos con fuerza ¡somos libres!» de «El día de la liberación»

Empieza con «Free Britney». No hay elección más clara para un disco sobre la libertad: la estrella del pop que pasó años bajo una tutela legal que controlaba su vida. Liberar a Britney es el primer gesto del último libro. Después vienen calcetines, cuchillos, basureros, bañadores. El tercer disco tiene de todo, porque la libertad, cuando por fin llega, se parece mucho a poder hablar de cualquier cosa.

Y es el disco de los homenajes. Aquí están «Lola Flores», «Los Javis», «I Am Yurena», «Con el taconeo», «Verde». Como si, una vez libre, el planeta pudiera por fin dar las gracias a quienes abrieron el camino.

El final del tercer libro está construido con mucho cuidado. La pista 98 es «Hoy es el último adiós», una de las letras más cortas del catálogo:

«yo solo he venido a decirte que hoy / es el último adiós»

Nada más. Una frase dicha a alguien, repetida hasta que se deshace en un «Adiós» suelto. Después de cientos de canciones sobre ex que vuelven, mensajes que se leen, puertas que se cierran y se abren, la penúltima pista de la trilogía es una despedida sin adornos. Ya no hay insulto. Solo hay adiós.

Y entonces, pista 99, la última posible, el tema titular. «El día de la liberación»:

«Hoy es el día / De la liberación / El día en el que ya hay un vencedor / Y no eres tú manipulador perdedor»

La canción es una celebración con los pies en el suelo. No hay discursos sobre la libertad abstracta. Hay heridas que ya no sangran, un grito colectivo, «Gritemos con fuerza / ¡somos libres!», y una despedida al manipulador con el humor de siempre: «Que te cocine ahora tu madre / o nútrete con un bote de pringles». Y el final feliz, en cuatro palabras: «Yo feliz en Benidorm».

Es el planeta, por fin. Y resulta que se parece mucho a Benidorm. No a una utopía de ciencia ficción con edificios de cristal, sino a una ciudad de costa con rascacielos, sombrillas y espectáculos de drag por la noche. La liberación, en el planeta, tiene olor a crema solar.

Tres libros, un mismo hilo

Si se leen las tres descripciones juntas, el arco es limpio. Aparición, deseo, llegada. Pero las letras añaden un hilo que las descripciones no cuentan: el del amor tóxico y su salida.

Collage con un detalle de la carátula de «El día de la liberación» y las carátulas de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», «Spoiler»

En el primer libro, el planeta aparece como respuesta a la crueldad de las aplicaciones: un sitio donde la gente no es un objeto. En el segundo, el deseo de llegar se ve frustrado una y otra vez por relaciones que repiten el mismo patrón, el que «Spoiler» anuncia desde la primera pista. En el tercero, la liberación llega cuando por fin se gana a ese «manipulador perdedor». Visto así, la trilogía es también la historia de alguien que sale de una relación que le hacía daño. El planeta es el lugar al que se llega cuando se sale.

Los títulos de las canciones sobre el narcisismo permiten seguir ese hilo casi como un expediente. En el primer libro están «El narcisista» y «Manual de escape de un narci»: el retrato y las instrucciones para salir. Es la fase del diagnóstico, cuando uno por fin le pone nombre a lo que le pasa. En el segundo libro llegan «El descarte del narcisista», «El castigo más duro», «Me rindo», «Y sigo temblando siempre»: la fase del desgaste, del silencio como castigo, de las fuerzas que se acaban. Es el disco en el que el planeta se ve desde lejos y no se alcanza, y no es casual que sea también el disco donde más pesa la relación tóxica.

En el tercer libro el tono cambia. El narcisista sigue apareciendo, en «Sing Me a Sad Song», en «El calcetín» o en «La playa del Mal Pas», pero ya no manda. Se le nombra con distancia, a veces con burla, como a alguien que ya no tiene llaves de casa. La canción titular lo llama «manipulador perdedor» y lo manda a buscar «otra fuente narci de alimentación». La palabra fuente es técnica: es la que usan los textos sobre narcisismo para describir a la persona de la que el narcisista se alimenta. Que aparezca en el último tema de la trilogía, dicha con desprecio, es el mejor resumen del arco. Al principio uno era la fuente. Al final, la fuente se ha secado y se ha ido a Benidorm.

Esa doble lectura, la cósmica y la íntima, es exactamente lo que el manifiesto del universo llama «íntimo y universal a la vez»: «preguntas grandes en lenguaje pequeño». Una travesía espacial contada con capturas de pantalla de Grindr.

El mapa cambia de un libro a otro

Hay una manera muy concreta de comprobar que la trilogía avanza: mirar dónde ocurren las canciones y quién aparece en ellas. Si se repasan las letras publicadas en el archivo y se colocan en su disco, el mapa se mueve.

El Médano, la playa del sur de Tenerife donde vive el ex más recordado del planeta, el que «le da mucho al alpiste», es sobre todo territorio del primer libro. Entre las letras publicadas, aparece en media docena de canciones del primer álbum, en un par del segundo y en ninguna del tercero. Es el escenario de la herida. Cuanto más avanza la historia, menos se vuelve a él.

Benidorm hace el camino contrario. Casi no está en el primer libro, asoma en el segundo y se vuelve protagonista en el tercero, donde aparece en varias letras: «Madrid to Benidorm», «Mi salvador», «La playa del Mal Pas» y la propia canción titular, la del final feliz. Si El Médano es el lugar del que hay que salir, Benidorm es el lugar al que se llega. La trilogía se puede leer, también, como una mudanza de playa.

Con los personajes pasa algo parecido. El coordinador, el villano de las oficinas de Grupo Mienten, domina el primer libro: «Asqueroso coordinador», «En grupo mienten explotan siempre», «Igual que en las pelis slasher». En el segundo sobrevive en algún verso suelto. En el tercero ya casi no se le nombra. Las aplicaciones de ligue siguen la misma curva: están en la canción titular del primer libro, en «Buscando el polvo perfecto», en «Mi novio de Albacete», y luego van desapareciendo.

Paco León, en cambio, se queda. Aparece en cuatro letras del primer libro y vuelve en el tercero con canción propia, «¡Que polvo tiene Paco León!». Los amores imposibles sobreviven a la trilogía. Los ex, no.

La palabra «planeta», por último, no para de crecer. Está en unas pocas letras del primer disco, en más del segundo y en todavía más del tercero, donde se cuela en canciones sobre París, sobre la crítica o sobre Madonna. Es como si el sitio inventado se fuera haciendo más real a fuerza de nombrarlo. En el primer libro se descubre. En el último ya es la casa.

Cómo recorrerla sin perderse

Con 275 pistas, conviene tener un plan. Estas son algunas maneras de entrar.

Ficha de la canción «El día de la liberación» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

La primera es la ruta de los extremos: escuchar solo la primera y la última pista de cada disco. Son seis canciones. «La primera drag» y «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»; «Spoiler» y «Gatekeeping»; «Free Britney» y «El día de la liberación». En seis canciones está el arco entero: de la drag que se proclama a la liberación en Benidorm, pasando por el tonteo que acaba mal y la puerta cerrada.

La segunda es la ruta de los títulos: escuchar las tres canciones titulares seguidas. Tres versiones del mismo deseo. El hallazgo, el «ojalá» y el grito. Es como leer solo los títulos de los capítulos de una novela, y aun así entender de qué va.

La tercera es la ruta de un personaje. El coordinador, Paco León, las Marías, los narcisistas, Malena Gracia. Muchos aparecen en más de un disco. Seguir a uno a través de los tres libros es una forma de ver cómo cambia la mirada sobre él.

Y la cuarta, la más lenta, es la del propio proyecto: leerla entera. La página de proceso del universo lo pide sin rodeos: comprender el planeta «se parece más a leer una novela larga que a scrollear». Y advierte que «la recompensa no llega en el primer contacto: crece con la profundidad».

Lo que la trilogía no cierra

Una trilogía suele ser una forma cerrada. Tres actos, telón. Pero el planeta se resiste a terminar. El manifiesto habla de un universo «potencialmente infinito, pensado como organismo vivo que siempre admite nuevos personajes, lugares y perspectivas». Y Mike sigue publicando singles fuera de la trilogía, a un ritmo que su propia web describe como semanal.

Así que la trilogía funciona como el núcleo, no como el todo. Es la novela principal de una saga que tiene cuentos sueltos alrededor. Se puede leer sola. Pero el planeta sigue creciendo por los bordes, como esas ciudades que tienen un casco antiguo amurallado y luego barrios nuevos que no paran de aparecer.

Tampoco cierra todas las preguntas, y eso es deliberado. El manifiesto habla de «una canción, muchas lecturas» y de una obra que «admite interpretaciones que aún no existen». Esta guía propone un recorrido, pero hay otros. Quien escuche los tres discos buscando solo las canciones de playa encontrará otra trilogía. Quien busque solo las de duelo, otra. Quien siga a las divas, a los ex o a las ciudades, otra más. Las 275 pistas permiten muchas novelas distintas con el mismo material, como esos libros infantiles en los que el lector decide en qué página seguir. En eso, la trilogía se parece más a un mapa que a un libro: no obliga a un camino, solo marca dónde están las cosas.

La información oficial de cada disco, con su lista completa de pistas y su enlace de escucha, está en la página de cada álbum. Para datos de prensa está la sala de prensa. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Y la canción que cierra todo, la del grito y Benidorm, está en Spotify.

Empiecen por la drag. Terminen en la playa. Lo de en medio es la vida.

Preguntas frecuentes

¿En qué orden se escucha la trilogía GAYFOLK?

Primero «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», luego «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» y por último «El día de la liberación». Cada álbum retoma el punto donde termina el anterior: descubrimiento, deseo de viaje y liberación.

¿Cuántas pistas tiene la trilogía?

275 pistas en total, repartidas en 90, 86 y 99. El reparto en tres discos responde en parte a un límite práctico: los formatos digitales de distribución admiten un máximo de 99 pistas por lanzamiento.

¿Con qué canción empieza y termina cada disco?

El primero empieza con «La primera drag» y termina con su tema titular. El segundo empieza con «Spoiler» y termina con «Gatekeeping». El tercero empieza con «Free Britney» y cierra con «Hoy es el último adiós» y «El día de la liberación».

¿Quién escribe las letras?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Las letras son suyas; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Dónde está la información oficial de cada álbum?

En la página de la trilogía, /gayfolk, y en la página propia de cada álbum, con lista de pistas y enlace de escucha.

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