Relaciones
Telegrama: «Hoy es el último adiós», palabra por palabra y con acuse de recibo
Por Mike Sain't Louis ·

Durante más de un siglo, la forma más rápida de dar una noticia a distancia fue el telegrama. Se iba a una ventanilla, se pedía un impreso, se escribía el mensaje en mayúsculas y el funcionario contaba las palabras con la punta del bolígrafo. Se pagaba por cada una. Por eso los telegramas tenían un estilo propio, seco y sin adornos, en el que sobraban los artículos, las cortesías y las explicaciones. Nadie pagaba por un «porque». LLEGO MARTES. NIÑO NACIDO BIEN. ABUELA GRAVE VEN. Las noticias más grandes de muchas familias cupieron en cinco palabras.
«Hoy es el último adiós» parece redactada en una de esas ventanillas. Tiene una sola frase, y la frase tiene once palabras: yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós. Todo lo demás es esa misma frase, repetida, cortada, recortada, hasta que al final se queda en una palabra que se envía sola. Es el mensaje de alguien que ha decidido no pagar ni una palabra de más.
Este post trata la canción como lo que parece: un telegrama. Se cuentan sus palabras como las contaría el funcionario, se lee cada una por separado, se mira el sello y el sobre, y se guarda la copia. En este diario ya hay una nota de Mike sobre despedirse sin dar explicaciones, centrada en la repetición y en el permiso para no justificarse, y un despacho sideral más breve. Aquí se hace otra cosa, más de oficina: el recuento.
Una aclaración de las que irían impresas al dorso del formulario: el remitente y el destinatario de la canción no tienen nombre. No hay un «tú» identificable ni una historia contada. Son personajes, y cualquier parecido con una despedida real es cosa de quien escucha.
Datos del envío
Mensaje: «Hoy es el último adiós».
Disco: pista 98 de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK.
Enviado justo después de: «Cara de asco», la pista 97. Justo antes de: «El día de la liberación», la 99, la canción que da título al disco. Que el último adiós vaya pegado a la liberación no parece casualidad de ventanilla.
Duración del videoclip oficial: 3:03. Está en la sala de vídeo del planeta.
Dónde escucharla: en Spotify y en el resto de plataformas, con el sello propio MIKE SAIN'T LOUIS.
Autoría: Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.
Tarifa: ciento veinticinco palabras. Para un telegrama, una fortuna. Para lo que dice, una sola frase.
El telegrama original
Es una letra corta, así que en este post aparece completa dos veces. Esta es la primera: el original, tal como sale de la ventanilla, con los cortes de línea y las mayúsculas del videoclip oficial, sin tocar nada.
yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós Yo Solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós Yo Solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós Es el último adiós Yo Solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós El último adiós Adiós Adiós
Treinta y una líneas. Ciento veinticinco palabras. Y solo doce palabras distintas: yo, solo, he, venido, a, decirte, que, hoy, es, el, último, adiós. Con esas doce piezas está construida la canción entera, como un mensaje hecho con las letras sueltas de un tablero.
El recuento del funcionario
Antes de leer el mensaje, el funcionario lo cuenta. Es lo primero que se hace en una oficina de telégrafos, porque de eso depende el precio. Y el recuento de esta canción dice mucho antes de que se entienda nada.

«Adiós» aparece diecisiete veces. «Último», quince. La frase completa, desde «he venido» hasta «hoy», ocho veces. «Yo» y «solo», otras ocho cada una, a veces dentro de la frase y a veces sueltas, cada una en su línea.
Lo que más se repite, por tanto, no es el remitente ni la razón, que no existe, sino la palabra final. Es como si el telegrama hubiera ido acumulando en el último renglón todo el peso que no se gasta en explicaciones. Hay mensajes que se alargan para convencer. Este se alarga para insistir en lo único que importa.
Y hay algo que el recuento no puede medir: lo que no está. En ciento veinticinco palabras no hay un solo nombre, un lugar, una fecha concreta, un motivo, un reproche, un «te quiero» ni un «lo siento». La canción tiene presupuesto para todo eso y decide no gastarlo.
Palabra 1. Yo
Los telegramas solían ahorrarse el sujeto. LLEGO MARTES, no YO LLEGO MARTES. El «yo» se daba por supuesto, porque el nombre del remitente ya iba al pie. Por eso llama la atención que este mensaje empiece por ahí, y que además, en varias ocasiones, el «yo» se quede solo en su línea.
Ese «yo» es una firma puesta al principio. Mike lo señaló en su comentario de la canción en mikesaintlouis.com: no es «nos despedimos», no es «esto se acaba». Es una decisión tomada en primera persona. En un catálogo lleno de canciones donde quien narra está a merced de lo que hace el otro, aquí manda el remitente.
Cuando el «yo» aparece aislado, la frase se detiene. Es el momento en que alguien, ante una puerta, dice la primera palabra y necesita tomar aire antes de la segunda. En el papel es un salto de línea. En la canción es un titubeo que no llega a ser duda.
Palabra 2. Solo
«Solo» es la palabra más barata del mensaje y la que más trabaja. Tiene dos lecturas, y las dos funcionan.
La primera es la de «únicamente»: he venido únicamente a esto. No a hablar, no a discutir, no a recoger mis cosas, no a que me convenzas. Es una palabra que pone límites. Recorta el encuentro a su mínima expresión antes de que empiece.
La segunda lectura es la de «sin compañía». Yo, solo. Quien viene a despedirse viene sin nadie. Sin la amiga que espera en el coche, sin el hermano que da valor. Las dos lecturas conviven, y cuando la palabra aparece aislada en su línea, después del «yo», la segunda pesa más. Yo. Solo. Como quien se presenta en una ventanilla y da su nombre.
La ortografía académica recomienda escribir «solo» sin tilde en los dos casos, y la letra lo hace así. Es una coincidencia gráfica que le viene muy bien a la canción: no hay manera de distinguir, sobre el papel, el «solo» que limita del «solo» que acompaña. Hay que decidirlo al oído.
Palabras 3 y 4. He venido
Aquí el telegrama se contradice. Un telegrama se envía precisamente para no tener que ir. Es el mensaje de quien está lejos, de quien no puede o no quiere presentarse. Y la canción dice «he venido». El remitente está en la puerta. Ha hecho el camino.
Eso cambia mucho la despedida. Decir adiós por mensaje, por correo, por una nota en la nevera, es una forma de ahorrarse la cara del otro. Venir en persona es lo contrario: es darle al otro la oportunidad de mirarte mientras te vas. La canción tiene el estilo de un telegrama y el valor de una visita.
El tiempo verbal también importa. No es «vengo», que suena a acción en marcha, ni «vine», que suena a historia contada después. Es «he venido», el pretérito perfecto que en Madrid se usa para lo que acaba de pasar y todavía está pasando. El remitente ha llegado hace un momento y aún no se ha ido. Todo el mensaje ocurre en ese hueco.
Palabras 5 y 6. A decirte
El destinatario aparece pegado al verbo, en ese «te» final que casi no se oye. Es la única huella del otro en toda la canción. No sabemos cómo se llama, qué hizo, cuánto tiempo estuvieron juntos, si la despedida es de una pareja, de un amigo, de una familia o de una ciudad. Solo sabemos que alguien recibe.

En los telegramas, el nombre y la dirección del destinatario iban arriba, en una casilla aparte, y no se cobraban como texto. La canción hace algo parecido: deja al otro fuera del mensaje, en el sobre. Lo que paga es lo que se le dice, no a quién.
Y «decir» es un verbo elegido con cuidado. No es «explicarte», no es «contarte», no es «pedirte». Decir es lo mínimo que se puede hacer con las palabras: pronunciarlas. No hay negociación posible con alguien que solo ha venido a decir.
Palabras 7 y 8. Que hoy
La fecha. En todo telegrama había una casilla para la fecha y la hora de admisión, y muchos mensajes dependían de ella: llego mañana, salgo hoy. La canción solo tiene una referencia temporal, y es la más inmediata posible. Hoy.
No es «pronto», no es «un día de estos», no es «cuando estés preparado». Es hoy. Y como la frase se repite ocho veces, el hoy se repite ocho veces, como un sello de fecha estampado una y otra vez sobre el mismo papel para que no quede ninguna duda.
Hay algo de alivio en esa palabra. Las despedidas que se aplazan son las que más duelen, porque se viven muchas veces antes de ocurrir. Fijar el día es ya una forma de cerrar.
Palabras 9 a 12. Es el último adiós
Y por fin, el contenido. Cuatro palabras, una de las cuales, «último», hace todo el trabajo. Todos los adioses podrían ser provisionales; este no. «El último adiós» es además una expresión que en español se usa para los entierros. Se le da el último adiós a un difunto. Las esquelas, las crónicas de funerales, las despedidas en los tanatorios usan esa fórmula.
La canción la toma prestada para una despedida entre vivos, y con eso le da al adiós la solemnidad de lo irreversible. No es «hasta luego», que deja la puerta entornada, ni «adiós» a secas, que puede ser de un día. Es el último, el que no tiene vuelta.
En el catálogo del planeta, esa fórmula hace pareja con otra canción que juega con el funeral, «Nadie hablará de mí cuando haya muerto», donde quien narra imagina su propio entierro con humor negro. Allí el último adiós se lo dan a él. Aquí lo da él, en vida, a alguien que sigue vivo.
Los cortes de línea
En los telegramas de las películas, las frases se separaban con una palabra inventada para eso: STOP. Hacía falta, porque los signos de puntuación no siempre viajaban bien por el cable, y sin ellos el mensaje se volvía una ristra de palabras.
«Hoy es el último adiós» tiene sus propios STOP. Son los saltos de línea. En algunas vueltas, la frase sale entera de un tirón. En otras, se parte: «Yo», salto, «Solo», salto, «he venido a decirte que hoy». La nota del diario dice que esos cortes, sobre el papel, parecen un capricho tipográfico y en la canción se convierten en titubeo.
Leídos como telegrama, esos cortes son también pausas pagadas. Cada salto de línea es un momento en que el remitente podría callarse y no lo hace. Podría dejarlo en «yo». Podría dejarlo en «solo». Pero sigue hasta el final cada vez, como quien ha decidido enviar el mensaje completo aunque le cueste.
Y hay un detalle de ritmo que el recuento revela. Hacia el centro y el final, «es el último adiós» empieza a aparecer dos veces seguidas. Primero el mensaje entero, luego el remate repetido, como un eco. Y en la línea veinte aparece una mayúscula nueva: «Es el último adiós», con la E grande, como si en ese punto el remitente hubiera apretado más el bolígrafo.
El final que se envía solo
Las últimas tres líneas de la canción son las más baratas del telegrama:

El último adiós Adiós Adiós
Primero cae el «es». Luego cae «el último». Al final solo queda «adiós», dos veces, cada una en su línea. Mike lo escribió en su comentario de la canción: cada vez más corta, como alguien que se aleja por un pasillo.
En términos de ventanilla, es lo contrario de lo que hace la gente cuando tiene dinero de sobra: aquí el mensaje se va abaratando a medida que el remitente se marcha. Ya no hace falta decir quién ha venido ni a qué. Eso ya está dicho, ocho veces. Lo único que queda es la palabra que se lleva puesta al salir.
Y el último «adiós» no lleva punto. Ni ningún otro verso lo lleva. Es un telegrama sin STOP final, un mensaje que no se cierra con un signo sino con la ausencia de más palabras.
El sobre y el sello
Los telegramas llegaban en un sobre con la palabra TELEGRAMA bien visible. Antes de abrirlo, la gente ya sabía que algo importante pasaba. La portada del single funciona como ese sobre.
Es un cartel de estética retro, de los que imitan la imprenta antigua con sus tramas de puntos. El fondo son rayos rosas y crema que salen desde un lado, como los de un anuncio de feria o un sello de los años cincuenta. Detrás del título hay un gran círculo turquesa. Las letras de «HOY ES EL ÚLTIMO ADIÓS» son de color coral con contorno negro, gruesas, inclinadas, y debajo, en una franja turquesa, va el nombre de Mike Sain't Louis con una estrellita.
A la derecha, un hombre mira de frente, serio, con el ceño un poco fruncido. Lleva un tupé alto de estilo rockabilly, barba recortada, un pendiente y una camiseta negra de tirantes. En el pecho asoma un tatuaje: un corazón rojo con alas y llamas, de los del tatuaje tradicional.
El contraste es el mismo que tiene la canción. El envoltorio es festivo, de cartel de verbena, con colores de helado. La mirada es la de alguien que no ha venido a bromear. Y el corazón tatuado, con sus alas, dice algo que la letra no dice en ninguna de sus ciento veinticinco palabras: que lo que se despide aquí tuvo fuego. Un corazón con alas es un corazón que se va volando.
Lo que el telegrama no dice
Cualquiera que haya leído telegramas viejos en una caja de recuerdos sabe que lo más interesante es lo que falta. ABUELA GRAVE VEN no cuenta cómo estaba la abuela ni quién lo escribió llorando. La canción comparte esa virtud.
No sabemos qué pasó. No sabemos si hubo una traición, un desgaste, una mudanza o una enfermedad. No sabemos si el otro lo esperaba. Mike, en su nota, dice que la canción da permiso para no justificarse, sobre todo a quien sale de una relación donde explicarse era darle munición al otro. El telegrama no incluye esa razón, y por eso sirve para muchas.
El disco donde está ayuda a leerla. «El día de la liberación» cierra la trilogía GAYFOLK, y que esta despedida vaya justo antes de la canción que da título al álbum le da un sentido de umbral. Lo último que se dice antes de salir por la puerta.
La copia que se queda en la oficina
En las oficinas de telégrafos se archivaba el impreso de cada mensaje admitido, con su fecha y su número. Si alguna vez había una reclamación, se iba a buscar ese papel. Esta es la segunda vez que aparece la letra en este post, completa, sin un solo cambio. Es la copia de la oficina, y se lee de otra manera porque ya se sabe cómo termina.

yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós Yo Solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós Yo Solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós Es el último adiós Yo Solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós es el último adiós El último adiós Adiós Adiós
Leída por segunda vez, con el recuento en la cabeza, la letra cambia de forma. En la primera lectura, la repetición parecía insistencia: alguien que repite porque teme que no le crean. En la copia se ve otra cosa. Cada vuelta es un poco más corta en su final, y la mayúscula de la línea veinte aparece justo cuando el mensaje ya ha pasado la mitad. Es el punto en que el remitente deja de convencer al otro y empieza a convencerse a sí mismo.
Y se nota también que la palabra «yo», que al principio parecía una firma, termina desapareciendo. En las últimas líneas ya no hay sujeto, ni verbo, ni fecha. Solo «adiós». Quien vino a decirlo ya se ha ido, y lo único que queda en la copia es lo dicho.
Ventanillas cercanas
En el disco y en el catálogo hay mensajes que conviven con este. «Cara de asco», justo antes, tiene un título que es casi un gesto, y «El día de la liberación», justo después, lleva en el título la fecha que sigue a cualquier despedida de verdad. En el catálogo, «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» lleva la fórmula del último adiós a su sitio original, el funeral, con mala uva y sillas vacías.
Para el contexto completo de la trilogía y del proyecto, está la página de prensa del planeta.
Si un adiós te pesa demasiado
Una canción sobre el último adiós se escucha casi siempre en clave de ruptura, que es lo que es. Pero si alguna vez esa frase se te parece a otra cosa, a una despedida de todo, no la cargues solo. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratis y a cualquier hora. Si hay un peligro inmediato, llama al 112. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país. Hablar con alguien también es una forma de quedarse.
Acuse de recibo
Los telegramas importantes podían enviarse con acuse de recibo: una notificación que volvía al remitente para confirmar que el mensaje había llegado. Es lo único que esta canción no pide. No espera respuesta. No pregunta si se ha entendido. Ha venido, lo ha dicho ocho veces, y se ha ido dejando dos adioses sueltos en el felpudo.
Este post hace el acuse que la canción no pide: mensaje recibido, ciento veinticinco palabras, doce distintas, ninguna explicación, ningún STOP final. Si quieres escucharla, está en el videoclip oficial, en Spotify y en la ficha del single. Y si alguna vez tienes que despedirte de verdad, ya sabes cuánto cuesta el mensaje: once palabras, y el valor de presentarte en la puerta.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Hoy es el último adiós»?
De una despedida definitiva sin explicaciones. Toda la letra es una sola frase, «yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós», repetida y partida de distintas maneras hasta quedarse en «adiós, adiós».
¿Por qué la letra aparece dos veces en este post?
Porque es una letra muy corta, y el planeta ha decidido publicarla completa dos veces en lugar de dejar la canción sin post. Aquí son el telegrama original y la copia que se queda en la oficina, leída después de saber cómo termina.
¿Cuántas palabras tiene la letra?
Ciento veinticinco palabras en treinta y una líneas, pero solo doce palabras distintas. «Adiós» aparece diecisiete veces y «último», quince.
¿En qué disco está?
Es la pista 98 de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, entre «Cara de asco» y la canción que da título al disco. El videoclip oficial dura 3:03.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.