Cultura LGTBI
«Kaaa Miga»: una sirena de saludo, una portada de quiosco y La Veneno en mayúsculas
Por Mike Sain't Louis ·

¡Kaaaa-miga!
Si lo has oído alguna vez en la puerta de un bar de Chueca, ya sabes cómo suena. La primera sílaba se estira, sube, ulula. Mike Sain't Louis lo describe en su blog mejor que nadie: un saludo que alarga el arranque «hasta que parece una sirena».
Una sirena. De ambulancia, no de mar. Algo que se oye desde la otra acera y que anuncia que ha llegado alguien importante.
Aunque, bien mirado, las dos sirenas son la misma. Según la entrada de sirena como alarma, el aparato lo perfeccionó y le puso nombre en 1819 el barón Charles Cagniard de la Tour. Su invento podía sonar debajo del agua, y por eso lo bautizó como las sirenas de la mitología griega. La alarma de la ambulancia se llama como las criaturas que hechizaban con la voz a los marineros. Un saludo de bar de Chueca con ascendencia homérica.
Y para el planeta, en esta canción, ese alguien importante tiene nombre propio. El texto con el que Mike presenta «Kaaa Miga» lo dice en la segunda línea: es «un tributo directo, sin filtros y con mucho arte» a La Veneno.
La forma más castiza de decir amiga
Primero, el saludo. En el blog, Mike lo define así: «Es la forma más castiza y más marica de decir amiga, con todo el énfasis puesto en el arranque».
Castiza y marica. En la misma frase y sin pedir permiso. Ese es el idioma del planeta: el Madrid de toda la vida y el de la purpurina, hablando con la misma boca.
La gracia del «kaaa-miga» es que la palabra se rompe por donde no debe. En castellano normal, «amiga» se parte en a-mi-ga. Aquí se parte en «kaaa» y «miga», con una ka que no existe en la palabra original y que aparece solo por el golpe de voz. Es una consonante de puro énfasis. Un portazo fonético antes del abrazo.
Y la «miga» que queda tiene su doble sentido. Tener miga es tener chicha, tener historia. La amiga con miga es la que tiene algo que contar. Y La Veneno tenía para varias enciclopedias.
Tres aes o cuatro
Un detalle de archivo para obsesivos, que en este planeta somos legión. El título no se escribe siempre igual.
En la ficha del single es «Kaaa Miga», con tres aes. En la tracklist del tercer disco es «Kaaaa Miga», con cuatro. En el texto de presentación aparece en mayúsculas como «KAAAA MIGA», también con cuatro, y en el blog el saludo se escribe «¡Kaaaa-miga!», con guion y exclamación.
Tres o cuatro. Nadie se pone de acuerdo, y eso es lo bonito. Un saludo así no se mide con regla. Se alarga lo que haga falta según la amiga y según las copas. La ortografía de la emoción no tiene academia.
Adra, 1964
¿Quién era La Veneno? La entrada de Wikipedia empieza por los datos: Cristina Ortiz Rodríguez, nacida en Adra, Almería, el 19 de marzo de 1964, y fallecida en Madrid el 9 de noviembre de 2016. Una de las mujeres trans más populares de los noventa y los dos mil en España, y reconocida hoy como icono trans y referente de visibilidad LGTBI.
La misma entrada cuenta una infancia que no tiene nada de pop art. Según sus propias palabras, recogidas allí, en su niñez y adolescencia sufrió agresiones y malos tratos por parte de familiares y vecinos del pueblo, durante años, por rechazo a su identidad.
Esa es la frase seria de esta crónica, y no necesita adorno.
Luego vienen los giros de guion que parecen inventados y no lo son. Antes de su transición, ganó el título de Míster Andalucía en 1989. En 1990 empezó a trabajar en un espectáculo de transformismo en Torremolinos, donde conoció a Paca La Piraña. En 1991 se mudó a Madrid y trabajó al principio en la cocina de un hospital. Ese mismo año fue concursante de «Vivan los novios» en Telecinco y el premio la llevó a Tailandia, donde vio por primera vez un espectáculo drag en Bangkok.
Míster Andalucía. Torremolinos. Un concurso de novios. Bangkok. Si esto fuera un guion, el productor diría que es demasiado.
El apodo lo puso Paca
Hay un dato que encanta a cualquier habitante del planeta: el apodo. Según la misma entrada, a Cristina la bautizó «La Veneno» su amiga Paca La Piraña, tras un desencuentro entre Cristina y una de sus parejas.

Una amiga le puso el nombre. Kaaa-miga.
Ahí la canción y la historia se tocan. «Kaaa Miga» es, por título, un saludo entre amigas. Y el nombre que hizo famosa a Cristina se lo dio una amiga. El planeta no lo dice así, y aquí no se le atribuye esa intención. Pero la coincidencia está en los datos, y es preciosa.
La entrada de Paca La Piraña la presenta, con mucha justicia, como Francisca Aracil Cáceres, nacida en Almería en 1962, «más conocida como la amiga de Cristina "La Veneno"». Hay gente que pasa a la historia por sus títulos. Paca pasó por su amistad.
Lunes a jueves, de madrugada
La fama llegó por la tele. Según la entrada de La Veneno, en abril de 1996 la descubrió la periodista Faela Sainz en un reportaje. Y la entrada de «Esta noche cruzamos el Mississippi» pone el escenario: un programa de Pepe Navarro en Telecinco, emitido entre el 18 de septiembre de 1995 y el 10 de julio de 1997, de lunes a jueves, en la franja de madrugada.
Entrevistas y sketches de madrugada. Y en mitad de todo eso, según esa misma entrada, «personajes icónicos en toda la extensión de la palabra, como Cristina La Veneno, una de las primeras mujeres transexuales en dar visibilidad al colectivo LGBT en España».
Toda la extensión de la palabra. Hasta Wikipedia se pone camp cuando habla de ella.
Después vino «La sonrisa del pelícano», también con Pepe Navarro. Y luego, años de platós del corazón y de cosas que la propia serie de 2020 contó sin maquillaje. Aquí se queda en eso: en que la tele que la hizo famosa no siempre la trató bien.
Tanya, Cristina, La Veneno
La misma entrada cuenta que el nombre tardó en llegar. En 1992, a la vuelta de Tailandia, comenzó su transición. Al principio se hizo llamar «Tanya». Después eligió «Cristina», en honor a una compañera que había muerto.
Un nombre elegido en homenaje a una amiga. Y luego un apodo puesto por otra. La biografía de La Veneno es, entre otras muchas cosas, una cadena de amigas.
Hay un dato de geografía madrileña que también está ahí. Durante aquellos primeros años, según la entrada, trabajó en la calle en la zona del parque del Oeste y del paseo del Pintor Rosales. El parque de los atardeceres sobre la Casa de Campo y de las parejas en los bancos. Para muchas mujeres trans de su generación, el mapa de Madrid tenía otras rutas, de noche, que no salen en las guías.
Y antes de la fama, un primer asomo a la tele pública: en 1994 apareció en «Testigo directo», el espacio de reportajes de TVE, en las primeras fases de su transición. Dos años antes de que la descubriera el late night.
Espejo de una época
El texto de Mike la retrata con una frase que va directa al grano: «Ella fue escándalo, humor, coraje y espejo de una época que intentó silenciarla».
Espejo de una época. Es la parte que más importa. La España de los noventa miraba a La Veneno de madrugada y se reía, y al mismo tiempo se veía reflejada en ella con todas sus contradicciones. La que se reía en el sofá era la misma que en el pueblo no habría querido verla en la plaza.
Y el texto remata: «precisamente por eso, merecía una canción que gritara su nombre con el mismo descaro con el que ella se plantó frente al mundo».
Gritar su nombre. Con el mismo descaro. La canción no pide perdón ni contextualiza. Saluda a gritos, desde la acera de enfrente.
¡Digo!
Hay un libro que convierte la leyenda en voz propia. Las memorias de Cristina, «¡Digo! Ni puta ni santa», escritas con la periodista Valeria Vegas. La entrada de Valeria Vegas recuerda que esa biografía sirvió de base para la serie de Atresmedia de 2020. Valeria, periodista valenciana nacida en 1985, se había mudado a Madrid en 2015, y ese mismo año había publicado su primer libro, «Grandes actrices del cine español». De las grandes actrices del cine a la gran diva de la madrugada. Hay trayectorias que ya traen el guion escrito, y esta pasa por la misma ciudad que el planeta: Madrid, otra vez, como el sitio donde se llega para contarse.
«¡Digo!». La exclamación va en el título, como el «kaaa» va en el de la canción. Las dos obras empiezan con una interjección. Antes de contar nada, se planta un grito.
Y el subtítulo, «Ni puta ni santa», es de una precisión que da vértigo. Ni lo uno ni lo otro, que es como decir: ni vuestra caricatura ni vuestra estampita. Ni el chiste del late night ni la mártir del documental. Una mujer entera.
Descubrir, desear, llegar
Hay una nota de prensa del propio proyecto que ayuda a entender dónde encaja La Veneno en el planeta. Se titula «GAYFOLK: un planeta queer construido con memoria cultural española», y la primera línea ya es un programa: «Copla, camp y crónica cotidiana conviven con la ciencia ficción en un universo imaginario donde vivir sin pedir permiso».

Vivir sin pedir permiso. Si hay una biografía española que encaje en esa frase, es la de Cristina Ortiz.
La misma nota explica la lógica de la trilogía: «descubrir el planeta, desear viajar a él y llegar al día de la liberación». Y lo traduce en clave de identidad: «del reconocimiento a la búsqueda de un lugar propio».
«Kaaa Miga» está en el tercer disco. En el de la liberación. No en el del descubrimiento ni en el del deseo. La Veneno llega al planeta cuando ya se ha llegado, como invitada de honor a la fiesta de llegada. Tiene sentido. Ella no esperó a que nadie le diera permiso para aterrizar.
Los Javis
La serie llegó el 29 de marzo de 2020, y la fecha no es menor: España llevaba dos semanas encerrada en casa. Según la entrada de «Veneno», la crearon Javier Calvo y Javier Ambrossi, tuvo una única temporada de ocho capítulos en Atresplayer Premium y, por su éxito, Antena 3 la estrenó en abierto el 25 de octubre de ese año. A finales de 2020 llegó a Estados Unidos por HBO Max.
Tres actrices interpretaron a Cristina en sus distintas etapas, y una de ellas, Daniela Santiago, la del salto a los platós y a la fama.
En el catálogo del planeta, los creadores tienen canción propia: «Los Javis», pista 51 del mismo tercer disco. Y la serie tiene su eco en otra, «Veneno», del segundo álbum. Las dos tienen la letra pendiente de publicar, así que aquí se dejan señaladas, no citadas. El diario dedicó una nota a ese fenómeno en «Los Javis y la nueva cultura queer».
Lo que sí se puede decir es el orden: el planeta tiene una canción para la mujer y otra para quienes contaron su historia. Memoria en dos tiempos. Primero el personaje, luego el relato.
Pop art de quiosco
Ahora, la portada, que el blog describe con la precisión de un estilista: «Fondo fucsia con trama de puntos de cómic, estrellas amarillas y un bocadillo de explosión donde el título estalla en rosa y amarillo». Y en el centro, «un rostro rubio de flequillo recto, raya negra marcadísima, labios rojos de los que no pasan desapercibidos, un lunar y unos aros enormes».
Y la mirada: «de sorpresa, de quien acaba de escuchar un cotilleo que no se esperaba».
La cara de cotilleo. Esa expresión de cejas arriba y boca en O que se pone en la peluquería cuando la de al lado cuenta lo de la del quinto. Mike la llama «pop art de quiosco, exagerado a propósito». Quiosco. No museo. El pop art que se compra con la revista del corazón.
Puntos para hacer rosa
Esa «trama de puntos de cómic» tiene nombre y fecha. Según la entrada de puntos Ben-Day, es un proceso de impresión que lleva el nombre del ilustrador e impresor estadounidense Benjamin Henry Day Jr. y que data de 1879.
Y viene con un dato que parece escrito para esta portada. Cuando solo se podía imprimir con unos pocos colores básicos, para conseguir el rosa se dibujaban puntos rojos sobre fondo blanco. Vistos de lejos, el ojo los mezclaba y aparecía el rosa.
El rosa, en la imprenta antigua, era una ilusión hecha de puntitos rojos. Algo que no estaba en la tinta y que aparecía solo si mirabas desde la distancia justa.
No hace falta forzar la metáfora. Basta con decir que a mucha gente del planeta la vieron durante años solo de cerca, punto a punto, y que hizo falta alejarse un poco para ver el color entero. La portada de «Kaaa Miga» está hecha de esos puntos.
La versión inglesa de la misma entrada, Ben Day process, añade el contexto que falta: la técnica se usó muchísimo en los tebeos en color, sobre todo a mediados del siglo XX, para conseguir sombras y colores secundarios de forma barata. Puntos magenta separados para hacer rosa, puntos cian y amarillo intercalados para hacer verde.
De forma barata. Ahí está la palabra que une la técnica con el quiosco. El pop art que Mike describe no viene del museo, viene del tebeo de papel malo que se compraba con la paga del domingo. Lujo visual hecho con lo más barato que había en la imprenta. Que es, por otra parte, una buena definición del camp.
Lo que pasa dentro
Hay una frase en el blog que es una pequeña travesura: «Lo que pasa dentro te lo dejo para cuando la escuches».

Y es justo, porque de «Kaaa Miga» no hay letra publicada en verso. La página de letra recoge el texto de presentación de Mike, que es lo que aquí se cita. Lo único que el texto adelanta del contenido es que el videoclip incluye «un guiño a su mítica forma de hablar, que aún hoy nos hace sonreír y pensar».
Sonreír y pensar. En ese orden. Es la receta de casi todo el planeta.
Y la última línea antes del cierre, la que el texto pone en boca de ella con un «como diría ella», es la que se queda pegada: «¡Yo soy La Veneno, y tú quién eres, maricón!».
Esa frase es una presentación y un desafío. Yo soy esto. ¿Y tú? Es la pregunta que el planeta le devuelve al mundo cada vez que alguien le pide explicaciones.
Yo no soy Tamara la mala
«Kaaa Miga» no es la única canción del catálogo que trae una diva de la tele de vuelta al presente. En «I Am Yurena», pista 19 del mismo disco, otra figura de los platós se planta con la misma chulería: «Yo no soy Tamara la mala / Tira de / hemeroteca».
Tira de hemeroteca. Es la defensa de quien ha sido carne de tertulia: no te creas lo que te contaron, ve a las fuentes. Y el remate de esa canción es irrepetible en un blog de familia, así que se deja para que lo escuches tú.
Entre la pista 19 y la 61, el tercer disco va construyendo su propio salón de la fama de la tele española. Divas de madrugada que el país usó como chiste y que el planeta recupera como heroínas. Sin pedestal y sin estampita.
Un falso amore
En el listado de singles, justo antes de «Kaaa Miga», hay una canción que conviene escuchar seguida, porque comparte el gusto por el exceso y la chulería: «Si Don Aussiebum hablase». Arranca con un verso repetido seis veces, como un disco rayado de indignación: «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca».
Amore, con e final, a la italiana. El ex como galán de fotonovela. Y el crimen, de lo más concreto: se ha llevado los bañadores buenos. La letra lo detalla con una precisión de inventario que da risa y pena a la vez: «Los de / Aliexpress / bien que los ha dejado».
Bien que los ha dejado. El ladrón tiene criterio. Se lleva los originales y deja las imitaciones.
Puesta al lado de «Kaaa Miga», la canción completa el retrato del tramo. En una, un saludo a una diva que se inventó a sí misma. En la otra, un ex que solo sabe vestirse con lo ajeno. Original contra imitación. El planeta tiene claro de qué lado está.
La pista 61
En la tracklist publicada de «El día de la liberación», «Kaaaa Miga» es la pista 61. Justo antes, en la 60, está «La boca». Justo después, en la 62, «Weed weed weed».
Y un poco antes, en la 59, «Primer aniversario». El tramo es muy del planeta: una canción sobre celebrar sin aplausos, otra sobre una boca, un saludo a gritos a La Veneno y un estribillo de hierba. Duelo y humor en la misma semana, como dice el manifiesto de estética del universo.
En el listado de singles de la web, «Kaaa Miga» es la pista 223 de 273, entre «Si Don Aussiebum hablase» y «Contact Overwhelms Me». No tiene, por ahora, videoclip en la transmisión del planeta, aunque el texto de presentación hable de uno.
Viva La Veneno
El texto de Mike termina con dos frases. La primera: «Es una canción hecha desde el cariño, desde el respeto y desde el orgullo de ser quienes somos». La segunda, una pancarta: «Viva La Veneno, hoy y siempre».
Hoy y siempre. Diez años después de su muerte, que se cumplen el próximo 9 de noviembre, el saludo sigue sonando como una sirena.
Escúchala en Spotify o descárgala gratis, sin registro, desde la ficha del single. Y sigue el consejo del blog: «Pónsela a tu kaaamiga de toda la vida, que seguro que entiende el saludo a la primera».
Si no lo entiende a la primera, no es tu kaaamiga. Es una conocida.
Preguntas frecuentes
¿A quién homenajea «Kaaa Miga»?
A La Veneno. El texto de presentación de Mike Sain't Louis la llama «un tributo directo, sin filtros y con mucho arte» a «una de las figuras más salvajes, libres y magnéticas que ha tenido España».
¿Qué significa «Kaaa Miga»?
Es el saludo «amiga» con la primera sílaba alargada. En su blog, Mike lo describe como «la forma más castiza y más marica de decir amiga».
¿En qué disco está?
En la tracklist de la web es la pista 61 de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, entre «La boca» y «Weed weed weed».
¿Quién la ha hecho?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, firma la letra. La música y las voces se producen con herramientas de inteligencia artificial, entre ellas Suno, como explica el press kit.