Cultura pop
Diccionario de refranes con peineta: «La boca», de la mosca al lobo
Por Mike Sain't Louis ·

En boca cerrada no entran moscas.
Lo decía tu abuela. Lo decía la abuela de todo el mundo. Lo decía la monja del colegio cuando levantabas la mano para preguntar algo que no tocaba. Es probablemente el refrán más repetido de la historia de España, y es un consejo de supervivencia muy concreto: si te callas, no te pasa nada.
Ahora mira la portada de «La boca».
Un chico en una calle mojada de noche, con las farolas reflejadas en el asfalto como en los anuncios de colonia de los noventa. Cascos de neón rosa en las orejas. Chaleco de cuero sin camiseta debajo. Tatuajes por todo el torso. Y un dedo corazón levantado, mirando a cámara, sin la menor intención de pedir disculpas.
La boca no se le ve abierta. Pero el gesto habla más alto que cualquier grito.
Ahí tienes la respuesta del planeta al refranero: que entren las moscas que tengan que entrar.
La letra de la canción todavía no está publicada (sale como «próximamente» en su página de letras), y aquí no inventamos versos ni aunque nos lo pidan con la boca pequeña. Así que hoy toca otra cosa. Vamos a abrir el diccionario de refranes por la letra B, buscar todas las entradas con la palabra «boca» y leerlas con esa portada al lado. A ver cuántas sobreviven.
Spoiler: pocas. Y las que sobreviven lo hacen de milagro, con la peineta puesta y el moño deshecho.
Entrada 1: en boca cerrada no entran moscas
Empecemos por la reina.
Este refrán tiene siglos. Aparece en las colecciones de refranes del Siglo de Oro, cuando España ya tenía una opinión muy firme sobre la conveniencia de no abrir la boca delante del cura, del señor, del alguacil o de la Inquisición, que en aquella época eran más o menos la misma persona con distinto sombrero. Es un refrán de miedo disfrazado de prudencia.
Y para muchas generaciones de maricas en este país ha sido algo más que un consejo. Ha sido una regla de vida. No digas con quién sales. No digas a dónde vas los sábados. No digas que te gusta ese actor. No digas nada en la cena de Nochebuena cuando el tío suelta el chiste de siempre. En boca cerrada no entran moscas, ni insultos, ni hostias en el patio del instituto.
Lo que el refrán no cuenta es lo que pasa dentro de una boca cerrada durante años. Que se pudre algo. Que las palabras que no salen se convierten en otra cosa: en ansiedad, en úlcera, en un nudo en la garganta que te acompaña al metro todas las mañanas.
La portada de «La boca» no discute el refrán. Lo ignora. Levanta el dedo y sigue andando.
Entrada 2: hacer la peineta
Y aquí viene el gesto, que en España tiene un nombre maravilloso.
Llamamos «hacer la peineta» a enseñar el dedo corazón con el resto del puño cerrado. El nombre viene del parecido con la peineta alta que se pone en el moño con el traje de flamenca, la de carey o de imitación que asoma por encima de la cabeza en la Feria de Abril y en las procesiones de Semana Santa con mantilla.
Es decir: el insulto más universal del planeta Tierra, en este país, lleva nombre de complemento de folclórica.
Si eso no es la definición exacta de lo que es el universo GAYFOLK, que venga Lola Flores y lo explique. Una cultura que mezcla la copla con el desprecio, la mantilla con el dedo, la tradición con el corte de mangas. El chico de la portada no hace un gesto americano de película de instituto. Hace una peineta. Con todo lo que tiene de flamenco.
Y la hace con cascos de neón, que es como ponerse una peineta en la discoteca.
Entrada 3: la boca del lobo
«Meterse en la boca del lobo». Ir directo al sitio peligroso sabiendo que es peligroso.
La portada tiene un poco de eso. Una calle de noche, mojada, sin nadie alrededor. El chico va solo, con la música puesta y el chaleco abierto. En cualquier película de los ochenta, esta es la escena en la que el espectador piensa: «hijo mío, vete a casa».
Pero aquí la boca del lobo es otra cosa. La calle de noche es el sitio donde mucha gente del colectivo ha aprendido a moverse con los cascos puestos y la mirada al frente. Volver a casa a las cinco de la mañana desde Chueca o desde Malasaña por calles mojadas, con la música alta para no oír lo que te grita el de la esquina. Con el dedo preparado, por si acaso.
El lobo existe. Ese es el problema. Lo que cambia en esta portada es quién enseña los dientes.
Entrada 4: callarse la boca
«¡Cállate la boca!». Es la orden más vieja del mundo y se dice siempre a gritos, que tiene su gracia.

Se la dicen los padres a los hijos, los maridos a las mujeres, los jefes a los empleados, los mayores a los pequeños. En la tele de los noventa se la decían los tertulianos entre ellos a la una de la madrugada, y la audiencia subía. En las redes sociales se dice con otras palabras: «nadie te ha preguntado», «quién te ha dado vela en este entierro», «tus letras son basura».
Esta última, por cierto, la conoce bien el planeta. Hay una canción entera, «Tus letras son basura», que responde a los que mandan callar desde la caja de comentarios. Y es una respuesta que no se calla.
La portada de «La boca» funciona como el cartel de esa respuesta. No hay texto. No hay argumento. Hay una peineta en neón. Es la contestación más corta posible a un «cállate»: un gesto que no necesita voz.
Entrada 5: a pedir de boca
Ahora un refrán bonito, para descansar.
«Salió a pedir de boca». Todo como querías. Sin un fallo. Como cuando pides un plato en un restaurante y llega exactamente como lo imaginabas, con el punto de sal justo y la patata frita crujiente.
Es una expresión que me encanta porque pone la boca en el sitio del deseo. La boca no solo habla: pide. Y lo que pide, si tienes suerte, llega.
Y aquí la portada vuelve a jugar. Los cascos de neón rosa son el detalle de alguien que se ha dado un capricho. No son los cascos grises de la oficina ni los del gimnasio. Son rosas, brillan y no los llevas para pasar desapercibido. Son el «a pedir de boca» del armario: lo que te pones cuando ya no tienes que pedir permiso.
Entrada 6: irse de la boca
«Se le fue la boca». Dijo lo que no tenía que decir.
Este refrán es más de barrio y de oficina que de libro, y es el que más miedo da a los que mandan, porque es el refrán del chisme que se escapa. La secretaria que se va de la boca. El primo que se va de la boca en la boda. El amigo que se va de la boca y cuenta en el grupo de WhatsApp que te vio salir del bar con quien no debías.
Para el planeta, irse de la boca no es un defecto. Es un género. La mitad del catálogo de Mike Sain't Louis es una lengua que se escapa: nombres, apodos, cuentas pendientes, verdades que nadie quería oír dichas con gracia. Sus vecinas en la discografía ya avisan desde el título de que vienen a soltar algo: antes está «Elon Musk ha anunciado», que suena a titular de telediario, y después «María Teresa de Calcuta», que suena a estampita con trampa.
«La boca», con ese título, parece el manifiesto de toda esa familia. La canción que se llama como el órgano del delito.
Entrada 7: boca a boca
Y llegamos a la entrada más tierna del diccionario, que también es la más útil.
El boca a boca es lo que se hace para salvar a alguien que no respira. Es la boca al servicio de otro. Y es también la forma en que se ha transmitido casi todo lo que importa en la cultura marica de este país: de boca en boca.
Antes de internet, nadie te decía dónde estaban los bares. Te lo contaba alguien. «Hay un sitio en la calle tal, entras, bajas una escalera». Los nombres de los locales, las fechas de las fiestas, el médico que no te miraba raro, la abogada que te ayudaba con los papeles, el sitio donde hacerse la prueba sin dar el nombre. Todo eso viajaba de boca en boca, como un secreto que había que pasar para que no se perdiera.
Ese boca a boca salvó vidas, literalmente. En los años más duros del sida, la información que llegaba de boca en boca era a veces la única que llegaba.
Y la canción, como todas las del catálogo, se transmite así también. Se descarga gratis desde la web, se comparte con un enlace, se le pasa a alguien a las tres de la mañana con un «escucha esto». El boca a boca del siglo veintiuno lleva cascos de neón.
Entrada 8: con la boca pequeña
«Lo dijo con la boca pequeña». Lo dijo sin creérselo. Por quedar bien.

Es la expresión de la disculpa falsa, del «lo siento si te ha molestado», del «claro que te apoyo» de quien luego no aparece. Es el refrán de los hipócritas, que en el planeta también tienen su canción, «Hipócritas», con su tienda de caretas.
Y es exactamente lo contrario de lo que hace la portada. El dedo corazón levantado será muchas cosas, pero no es un gesto dicho con la boca pequeña. Es un gesto de boca grande. De boca que no se esconde.
Hay quien prefiere a la gente educada que miente con la boca pequeña. El planeta prefiere a la gente que te enseña el dedo a la cara y luego, a lo mejor, te invita a una caña.
Con esos, al menos, sabes a qué atenerte.
Entrada 9: hacerse la boca agua
Y una entrada golosa, porque la boca también es hambre.
«Se me hace la boca agua» es lo que dices delante del escaparate de una pastelería, delante de una paella en una terraza de la Malvarrosa o delante de un chico con chaleco de cuero sin camiseta debajo. El refranero, que es muy de comida, lo usa para los platos. La vida lo usa para otras cosas.
La portada está diseñada para eso también. El torso tatuado, el chaleco abierto, la noche mojada. Es un póster que se mira, y el planeta nunca ha tenido ningún complejo en reconocer que sus portadas se miran con hambre. La boca que se cierra por miedo es la misma que se abre por deseo. Lo que cambia es quién decide.
Entrada 10: por la boca muere el pez
Este es el refrán más cruel del diccionario, y el más sincero.
El pez muere por la boca porque muerde el anzuelo. Y la persona, según el refranero, también: por lo que dice. Por la frase que se le escapa, por la opinión que suelta en la sobremesa, por el comentario que alguien guarda y luego saca en el peor momento. Es el refrán de los que han aprendido a tener miedo de su propia lengua.
En el planeta, ese miedo tiene historia. Durante décadas, en este país, una frase dicha en el sitio equivocado podía costarte el trabajo, la familia o algo peor. No hace falta irse muy atrás: cualquiera que haya salido del armario en un pueblo pequeño sabe lo que es medir cada palabra en la panadería.
Y aun así, la boca se abre. Ese es el gesto que la portada convierte en póster. Sabiendo que por la boca muere el pez, el chico de los cascos rosas ha decidido que prefiere morir de lo que dice que vivir de lo que se calla.
Que tampoco es para tanto, oye. Que no es Shakespeare. Es una peineta en una calle mojada.
Pero a veces una peineta en una calle mojada es lo más parecido a Shakespeare que tienes a mano un martes por la noche.
Entrada 11: quedarse con la boca abierta
Y para terminar el diccionario, la expresión del asombro.
«Me quedé con la boca abierta». Es lo que pasa cuando algo te sorprende tanto que se te olvida cerrar la mandíbula. Cuando ves a tu tía bailar reguetón en una boda. Cuando tu jefe te pide perdón. Cuando el chico de la portada se gira y te levanta el dedo a ti, que solo pasabas por allí.
Es la única entrada del diccionario donde la boca abierta no es culpa ni peligro, sino pura sorpresa. Y es, si lo piensas, lo que busca cualquier canción del planeta: que te quedes con la boca abierta durante tres minutos. De risa, de rabia, de vergüenza ajena o de lo que sea.
Una boca abierta de asombro tampoco deja entrar moscas. Está demasiado ocupada mirando.
La boca como retrato
Antes de cerrar, una idea que no viene en ningún refranero pero que la portada sugiere sin decirla.

Las bocas son, quizá, la parte más famosa del pop. La lengua de los Rolling Stones, que diseñó John Pasche en 1971 y que acabó en camisetas de medio mundo. Los labios rojos de las portadas de los ochenta. La boca pintada de las drags, que se dibuja por encima del labio real para que se vea desde la última fila. En el pop, la boca es un logotipo antes que un órgano.
El título de esta canción va por ese camino. «La boca», con artículo, como si fuera la única. Como si dijeras «la Jurado» o «la Pantoja». No es una boca cualquiera: es la boca. La que habla, la que besa, la que se calla y la que ya no se calla más.
Y lo más gracioso es que, en la portada, esa boca no protagoniza nada. Protagoniza el dedo. Como si la boca hubiera mandado al dedo a hacer el trabajo sucio mientras ella se guarda para la canción.
Fanzine, fotocopia y letras rotas
Y ahora, cerramos el diccionario un momento para mirar el diseño, porque en la portada hay más cosas que el chico.
Tiene algo de fanzine punk de los noventa. Letras rotas en rosa y crema, como recortadas de revistas distintas y pegadas con barra de pegamento. Estrellas de cómic en las esquinas. Una trama de puntos, como de fotocopia vieja hecha en la copistería del barrio a cinco pesetas la hoja.
Los fanzines fueron el boca a boca impreso de las subculturas. Revistas hechas en casa, grapadas, fotocopiadas, repartidas en conciertos y en tiendas de discos. Los hubo punks, los hubo de cómic, los hubo de cine de terror y los hubo queer, hechos por gente que no salía en ninguna revista de quiosco y decidió hacer la suya. En Madrid, en Barcelona, en Bilbao, en cualquier ciudad con una fotocopiadora y alguien con ganas de decir algo, aparecían esos cuadernillos que olían a tóner.
El fanzine es, por definición, la publicación de los que no tienen permiso para publicar. Y la portada de «La boca» se viste de fanzine para decir lo mismo que el dedo: esto no ha pasado por ningún comité.
Es la estética de «Otra pandemia», con su cresta rosa y su parche de calavera, llevada a la calle. El punk del planeta siempre va maquillado.
La boca en la calle mojada
Queda un detalle de la portada que no es refrán ni fanzine: la calle.
Mojada, de noche, con las farolas reflejadas en el asfalto. Es una imagen muy de Madrid en noviembre, cuando ha llovido a última hora de la tarde y la Gran Vía brilla como un suelo recién fregado. Volver a casa por esa calle con los cascos puestos es una experiencia que cualquier madrileño reconoce: la ciudad suena a lo que tú quieras que suene.
El diseño no dice que sea Madrid, y no voy a inventarlo. Pero en la sección de Madrid de la web hay mucho de esa ciudad nocturna que sirve de escenario al planeta. Y en esta portada, sea la calle que sea, la noche es el sitio donde la boca por fin se suelta.
De día, en boca cerrada no entran moscas. De noche, con los cascos rosas, entra lo que tú quieras.
Ficha técnica
Para quien quiera escucharla con el diccionario en la mano, estos son los datos.
«La boca» forma parte de «El día de la liberación», uno de los tres discos de la trilogía GAYFOLK. Tiene un videoclip oficial de casi tres minutos en la web y en YouTube. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que la escribió sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno. La sección de prensa lo cuenta con detalle.
Se escucha en Spotify y en las demás plataformas, y se descarga gratis desde la web. Boca a boca, como siempre.
El refrán que falta
Ningún diccionario de refranes trae el que inventa esta portada. Así que, ya que estamos, lo escribimos aquí para que conste.
En boca abierta entran moscas, sí. Y también sale todo lo que llevabas años guardando.
Las moscas se espantan con la mano. Lo otro, si no sale, se queda dentro para siempre.
Piénsalo la próxima vez que alguien te suelte el refrán de la abuela en una comida familiar, con el dedo índice levantado y la servilleta todavía en el cuello. Puedes darle la razón con la boca pequeña. Puedes irte de la boca y contestarle. Puedes quedarte con la boca abierta. O puedes hacer como el chico de la portada: no decir nada, sonreír por dentro y enseñarle, muy educadamente, otro dedo distinto del suyo.
Así que ponte los cascos. Que sean rosas, a ser posible. Sal a la calle mojada. Y si alguien te manda callar, ya sabes qué dedo usar.
El de la peineta.
Preguntas frecuentes
¿Está publicada la letra de «La boca»?
Todavía no: en gayfolkplanet.com/letras aparece como «próximamente». Esta crónica no cita versos de la canción; habla de su portada, de su título y de los refranes españoles con la palabra boca.
¿Qué se ve en la portada de «La boca»?
Un chico con cascos de neón rosa, chaleco de cuero sin camiseta y tatuajes, en una calle mojada de noche, que levanta el dedo corazón a cámara. El diseño imita un fanzine punk: letras rotas en rosa y crema, estrellas de cómic y trama de fotocopia.
¿En qué álbum está «La boca»?
En «El día de la liberación», uno de los tres discos de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.
¿Por qué en España se llama «peineta» al dedo corazón levantado?
Es una expresión coloquial muy extendida: «hacer la peineta» es enseñar el dedo corazón con el resto del puño cerrado, por el parecido del gesto con la peineta alta del traje de flamenca.