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La tele del Planeta Gayfolk: la parrilla de programación que se esconde en las letras de Mike Sain't Louis

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Portada de «Judith BéCker», canción de Mike Sain't Louis

En muchas casas españolas la televisión no se ve: se tiene puesta. Está encendida mientras se come, mientras se friega, mientras se discute y mientras se llora. Nadie la mira del todo, pero todos saben qué está echando. Es el ruido de fondo de la vida doméstica, la chimenea moderna.

Las letras de Mike Sain't Louis tienen esa tele encendida. No como tema principal, sino de fondo, en una esquina del salón, soltando frases que se cuelan en las canciones. Una serie de vecinos, un programa de juicios, una cadena, un festival, un anuncio. Juntas forman una parrilla de programación completa, desde la mañana hasta el cierre de emisión.

Este texto ordena esa parrilla franja a franja, como las revistas de programación que se compraban los domingos en el quiosco. La serie estrella de la cadena es «Judith Bécker», del primer álbum de la trilogía. Pero antes de llegar al prime time, hay que encender el aparato por la mañana.

Una nota de continuidad, como las que leían las locutoras: los famosos que aparecen en esta parrilla son reales y los programas citados existen, salvo uno, que es inventado y se señala. Los personajes privados de las letras, en cambio, son personajes de ficción.

Franja de mañana: la teletienda

Las mañanas de la tele son de anuncios largos y productos milagrosos. La primera canción de la parrilla es exactamente eso: un anuncio de teletienda convertido en historia de amor. Se llama «3 años de garantía» y empieza así: «Anunciaron a un chico / muy mono moreno / En televisión».

La letra sigue la lógica de la compra a distancia con una seriedad cómica impecable. Al protagonista le gusta el producto, «Yo quiero uno entero / Caí en la tentación», y lo recibe enseguida: «A las veinticuatro / horas laborables / Ya lo tenía en el salón». Incluso deja una reseña: «Les puse en Google / Una buena opinión». Lo paga «contra reembolso». Y la venta incluye las promesas de siempre: «Un mes de prueba / Y sobre todo / Tres años de garantía».

El chiste es redondo porque es un chiste sobre el amor, no sobre la tele. A los dos años y pico el moreno «empezó a fallar». Y en cuanto vence la garantía, se estropea del todo: «el moreno ha empezado a / Fallar de noche y de día, ha sido desde que / Ha cumplido la garantía». El final es pura burocracia madrileña: hoja de reclamación, oficina de consumo y un número de referencia larguísimo recitado cifra a cifra, firmado por «la comunidad» de Madrid.

Pocas canciones explican tan bien la idea de pareja como producto de consumo. La teletienda vende un sueño, lo envía en veinticuatro horas y, cuando falla, te remite a un formulario.

Sobremesa: el programa de juicios

Después de comer llega la franja de los tribunales televisados. En el planeta, el programa de referencia es «Caso cerrado», el programa de juicios de arbitraje presentado por la doctora Ana María Polo, que en España se ha visto mucho en la sobremesa.

Aparece en «Me rindo», del segundo álbum, en uno de los momentos más amargos del catálogo. La voz de la canción repasa la relación que acaba de terminar, los recuerdos que creía verdaderos, «los viajes al pueblo, el paseo con los perros, las navidades, / cuando decías "ven aquí, no llores"», y de pronto lo ve todo como una grabación: «¿Todo eso eran tomas falsas de La que se avecina o de Caso cerrado?».

La pregunta es tremenda. Las tomas falsas son lo que se ve al final de las series, los errores, las risas de los actores. Si los momentos felices de una pareja fueron tomas falsas, entonces todo lo demás era guion. Y si el programa de referencia es uno de juicios, la relación termina con un veredicto. La frase siguiente lo confirma: «Sigo impactado y estoy conmocionado».

Tarde de corazón: Telecinco y el programa inventado

La tarde es la franja del corazón: tertulias, exclusivas, parejas del momento. En el planeta, la cadena se nombra sin rodeos. En «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro», del segundo álbum, la canción presenta a una pareja con voz de colaboradora de plató: «Mírales que monos ellos / y qué fashion, qué modernos / son la pareja gay del año / salen mucho ahora en Telecinco».

Fotogramas del videoclip oficial de «Judith Bécker», de Mike Sain't Louis

El tono es el de las tertulias rosas que repasan fotos de una pareja famosa con fingido entusiasmo. Y la puntilla llega enseguida, con el apodo que da título a la canción: «Es la Shakira marica del Todo a un Euro». El título toma prestados los nombres de una de las parejas más comentadas por la prensa rosa y los rebaja al bazar de barrio. Es la tarde de la tele, con su glamour de saldo.

En la misma franja hay un programa que no existe. En «El descarte del narcisista», también del segundo álbum, la voz de la canción amenaza con hacer lo que hace la gente en las tertulias de corazón: vender su historia. «Aunque sea voy a contarlo al programa Facha Rosa / Como si tengo que escribir un libro contando tu historia». El nombre del programa es inventado, y suena a los de toda la vida, con un insulto metido dentro.

El personaje de la tarde: Ylenia Padilla

Toda tarde de televisión tiene su personaje, alguien que sale en todas partes y de quien todo el mundo opina. En el planeta, ese personaje tiene canción propia: «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla», del primer álbum.

Ylenia Padilla es una de esas caras que la televisión de los realities hizo populares, de las que la gente comenta con una mezcla de burla y cariño. La canción elige el cariño. En lugar de reírse de ella, se pone de su lado con una serie de declaraciones solemnes: «Yo sí entiendo a Ylenia Padilla / Yo también soy Ylenia Padilla / Yo también he sentido alguna vez / Que todo el mundo me ha fallado».

Esa es una de las operaciones más bonitas que hace el planeta con la tele: coger a alguien de quien se ríe medio país y decir «yo soy como ella». Es el gesto de las fans, que no ven la caricatura sino a la persona. Y es también un gesto muy queer: reconocerse en la figura que el resto mira por encima del hombro.

Prime time: La que se avecina

Llega la noche y llega la serie estrella. Si hay un programa de televisión que atraviese el catálogo del planeta de punta a punta, es «La que se avecina», la comedia de Telecinco sobre una comunidad de vecinos imposible, en emisión desde 2007. Aparece en al menos cinco letras distintas.

La canción que le pone nombre propio es «Judith Bécker», titulada como uno de los personajes de la serie. Su planteamiento es tan sencillo como reconocible. Un día malo, de esos en los que «me llegan las ojeras al suelo de tanto llorar». Un día en el que, «después de trabajar y de tanto y tanto llorar», solo hay un plan posible: «Solo me apetece ver la temporada enterita / Donde más salga Judith Bécker en La que se Avecina».

Quien haya pasado una mala racha conoce ese plan. La serie de siempre, vista de un tirón, en el sofá, como una manta. No hace falta prestar atención: los episodios ya se saben, los chistes ya se esperan. Es la tele como consuelo, la tele que acompaña cuando no se quiere hablar con nadie. Y la canción lo alarga como un gemido de folclórica: «Solo me apetece ver la temporada enteriiiiiiiiitaaaaaaaaa».

Luego viene la conclusión, que convierte una canción de sofá en una declaración de principios: «Para qué estar con parejas farsantes que siempre te engañan / Mejor estar solo con mis animales que rodeado de gente falsa». La serie, los animales y el sofá contra el mundo. Es una de las letras más cortas del catálogo, y de las más sinceras.

Reposiciones: La que se avecina en otras canciones

Como toda serie de éxito, «La que se avecina» se repone una y otra vez en la parrilla del planeta. Y cada vez cumple una función distinta.

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Solo me apetece ver la temporada enteriiiiiiiiitaaaaaaaaa» de «Judith Bécker»

En «Igual que en las pelis slasher», la serie sirve para cerrar una escena: lo que pasa con el villano es «como exige un buen guión / de La que se Avecina». En «La casa de los mil cadáveres», sirve para pararle los pies a un ex que se cree protagonista: «Te crees que esto es la que se avecina». En «Me rindo», sirve como medida del drama: «igual que si fuera un episodio dramático de La que se avecina».

Lo interesante es que la serie aparece casi siempre en momentos de conflicto. Es lógico. «La que se avecina» es, en el fondo, una serie sobre vecinos que se pelean, se engañan, se espían y se reconcilian sin parar. Es el espejo perfecto para las letras del planeta, que también hablan de engaños, espionaje y peleas de escalera. La diferencia es que en la serie todo se arregla en el siguiente capítulo. En las canciones, no siempre.

Programa de madrugada: la astróloga

Hay una franja de la tele que solo conocen los insomnes: la madrugada, con sus programas de tarot y astrología en directo. En el planeta, esa franja tiene una presencia breve pero significativa.

En «La música me está salvando», del segundo álbum, la letra hace una lista de todo lo que no ha conseguido salvar a su protagonista. Y entre médicos, novios y veterinarios aparece una cara muy conocida de la televisión de astrología: «ni pediatras, ni veterinarios / ni Esperanza Gracia ni / rezar de rodillas en Madrid El Rosario».

La inclusión es divertidísima. Esperanza Gracia, la astróloga televisiva, aparece en la misma lista que los psiquiatras y que rezar el rosario. Como si fueran tres recursos de la misma categoría: las cosas a las que uno se agarra cuando está mal. Ninguna funciona. Lo que funciona está en el título de la canción.

Gala especial: Eurovisión y unas elecciones galácticas

Toda parrilla tiene sus noches especiales. La más esperada del año para mucha gente LGTBI es la final de Eurovisión, el festival que se ve en grupo, con quinielas, banderas y comentarios a gritos.

Collage con un detalle de la carátula de «Judith Bécker» y las carátulas de «Me rindo», «3 años de garantía», «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro»

En el planeta, Eurovisión aparece como un destino. En «La dieta del cucurucho», del primer álbum, la letra recuerda una canción guardada que por fin sale a la luz: «¡Tenía esta canción! / Guardada en un cajón / Destino Chueca / Destino Eurovisión / Buscando a / Paco León». Tres destinos en fila: el barrio, el festival y el actor. Es el mapa de los sueños de un chaval que creció viendo la tele en Madrid.

La otra gala especial es inventada, y es de las más divertidas del universo. El videoclip de «Vota Malena Gracia», del primer álbum, plantea una noche electoral. Según el texto que acompaña al vídeo, en el universo GayFolk «ha surgido una crisis inesperada: Donald Trump y Elon Musk quieren comprar este planeta de libertad y arte queer». Para evitarlo, «se convocan elecciones galácticas en las que Malena Gracia y Noemí Argüelles se presentan como símbolos de la resistencia colorida».

El mismo texto lo define como «ante todo, un tributo a Malena Gracia», la artista que tantas veces se vio en los platós, «un homenaje a su espíritu y a la lucha por la diversidad, el amor y la ironía camp frente a la codicia y el poder». Es una noche electoral como las de la tele, con su suspense y sus candidatas, pero con purpurina en las urnas.

Y como en toda noche electoral, hay seguimiento de las encuestas. En el segundo álbum, la historia continúa con una canción cuyo título suena a rótulo de informativo especial: «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas». La letra arranca con la urgencia de una conexión en directo, «¡Están reunidos! ¡Están reunidos! / Elon Musk y Donald Trump», y sigue con el lenguaje de los comentaristas de plató: «Ojo al dato». El grito final es de mitin, pero de mitin del planeta: «¡Arriba tu chocho Noemí que vas ganando en las encuestas!». Ninguna cadena lo emitiría tal cual. Por eso está en una canción.

Paco León y Carmina: de la pantalla a la familia soñada

Hay dos caras de la televisión que el planeta trata casi como de la familia. Paco León, el actor sevillano, y su madre, Carmina Barrios, que el público conoció en la pantalla.

Paco León aparece en tantas letras que tiene ya su propio rincón en el catálogo, desde «La dieta del cucurucho» hasta «Trabalenguas para meter la lengua», donde su nombre se enreda con el de Mike en un juego de palabras: «Miguel Ángel de León y Paco León». Y Carmina tiene su propia canción, «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», que imagina una familia política ideal: «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios, / en compañía de Paco León, mi chiquitín».

Aquí la tele hace algo que solo la tele sabe hacer: meter a desconocidos en el salón hasta que parecen parientes. Quien ha visto muchas veces a una actriz o a un actor en pantalla acaba sintiendo que los conoce. El planeta lleva esa sensación al extremo y los adopta como suegra y novio soñados. Son personajes reales usados con admiración, nunca con burla.

Cierre de emisión: el que no ve las noticias

Hubo un tiempo en que la tele se acababa. A cierta hora de la noche sonaba el himno, aparecía la carta de ajuste y el aparato se quedaba en silencio. En la parrilla del planeta, ese cierre lo pone una canción que habla justo de apagar la tele.

«Como a mi chihuahua», del segundo álbum, empieza con una confesión en cadena: «Te voy a contar por qué no veo las noticias / Te voy a contar por qué me afectan tanto las injusticias / Te voy a contar por qué estoy totalmente desconectado del mundo real». Y explica su método: «de las desgracias importantes / prefiero enterarme por Twitter dos meses más tarde».

Después de tanta tele encendida de fondo, la parrilla del planeta acaba con alguien que elige no ver el telediario. No por ignorancia, sino por exceso de sensibilidad: «me afecta tanto ver a alguna persona llorar». Es una buena forma de cerrar la emisión. La tele puede ser compañía, consuelo y risa. Pero hay noticias que hacen daño, y apagar el aparato a tiempo también es cuidarse. Y la canción, después de explicar por qué no ve las noticias, cambia de canal hacia algo mucho más pequeño y más cálido: una pregunta directa a alguien, «si cuando me ves también te late el corazón / a mil por hora como a mí / chihuahua». Del telediario al latido de un perro diminuto. Esa es la programación que de verdad importa.

Los anuncios entre programa y programa

Entre programa y programa, la tele mete cortes publicitarios, avances, rótulos y voces en off. Esa forma de hablar también se ha colado en las letras, aunque no se nombre ninguna cadena.

Ficha de la canción «Judith Bécker» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Hay canciones que empiezan como un pregón de teletienda, como «Igual que en las pelis slasher», con su «¡Compren compren! / Señoras y señores». Hay otras que usan el «Atención, Atención» de los avisos urgentes. Y hay una, «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», que corta la escena con la autoridad de una presentadora que pide calma al público: «Señoras, señores, stop, stop, un momento».

Son frases que no significan nada por sí solas, pero que todo el mundo reconoce. Sirven para lo mismo que en la tele: para llamar la atención antes de lo importante. Cuando una letra dice «Señoras y señores», el oyente sabe que viene algo gordo. Y casi siempre viene.

Por qué la tele

Recorrida la parrilla, queda la pregunta de fondo: ¿por qué un proyecto musical se llena de televisión?

La primera razón es práctica. La tele es un idioma compartido. Decir «La que se avecina» ahorra una descripción entera: el oyente ya sabe que se habla de vecinos, de gritos, de enredos. Decir «Caso cerrado» invoca un juicio con público. Es una forma de economía poética: con dos palabras se monta un decorado.

La segunda razón es estética. El camp se alimenta de la tele: de sus decorados de cartón, de sus presentadoras exageradas, de sus dramas en directo. La forma de hablar de muchas letras del planeta, con sus «Señoras y señores» y sus «¡Compren compren!», viene de los platós. La tele no solo aparece en las canciones: les presta la voz.

La tercera razón es más íntima. Para mucha gente LGTBI que creció en los noventa y los dos mil, la tele fue una ventana. Ahí se veían, a veces por primera vez, personajes y personas que se parecían a ellos, aunque fuera de lado, aunque fuera en broma. Las letras del planeta devuelven el favor: meten a esas caras en canciones donde, por fin, son protagonistas.

Y la cuarta, la más sencilla, es la de «Judith Bécker». La tele está ahí cuando no está nadie más. En un día de ojeras hasta el suelo, una temporada entera de una serie conocida es un refugio. No arregla nada, pero acompaña. Y a veces, acompañar es suficiente.

Programación recomendada

Para quien quiera hacer su propio maratón del planeta, aquí va una parrilla posible. Mañana: «3 años de garantía». Sobremesa: «Me rindo». Tarde: «La Shakira y el Piqué de todo a 1 euro» y «Yo apoyo públicamente a Ylenia Padilla». Prime time: «Judith Bécker». Madrugada: «La música me está salvando». Cierre: «Como a mi chihuahua».

Todas las letras se pueden leer completas en el archivo de letras, con la tele de fondo o, mejor, con ella apagada.

Créditos finales

«Judith Bécker» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.

Y ahora, como decían las locutoras antes del cierre: les deseamos buenas noches. Mañana, más.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Judith Bécker»?

Es una canción sobre un día de mucho llanto en el que solo apetece ver una temporada entera de «La que se avecina» donde más salga el personaje de Judith Bécker. Su estribillo concluye: «Mejor estar solo con mis animales que rodeado de gente falsa».

¿Qué programas de televisión aparecen en sus letras?

Sobre todo «La que se avecina», que se cita en varias canciones, y «Caso cerrado». También aparecen Telecinco, Eurovisión, un anuncio de televisión en «3 años de garantía» y un programa inventado llamado «Facha Rosa».

¿Qué famosos de la tele salen en sus canciones?

Entre otros, Paco León, Carmina Barrios, Malena Gracia, Ylenia Padilla y Esperanza Gracia.

¿Por qué hay tanta televisión en sus letras?

Porque la tele es un idioma compartido: una referencia a «La que se avecina» explica una situación sin necesidad de describirla. Además, el humor de plató encaja con el camp del proyecto.

¿En qué disco está «Judith Bécker»?

En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primera parte de la trilogía GAYFOLK.

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