Planeta Gayfolk

Cultura pop

Lo camp, explicado con el Planeta Gayfolk: de Susan Sontag a la folclórica engañada

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Portada de «Vota Malena Gracia», canción de Mike Sain't Louis

Hay palabras que se explican mal porque se entienden antes de definirlas. Camp es una de ellas. Cualquiera que haya visto a una folclórica lanzar un pañuelo al público, a una drag hacer playback con lágrimas de purpurina o a una vecina de Chueca bajar a por el pan con abanico sabe de qué se habla, aunque no sepa decirlo. Es el exceso tomado muy en serio y, a la vez, nada en serio. Es reírse con algo, nunca de algo.

Las letras del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, están llenas de esa sensibilidad. Hay una canción que nombra lo camp en su presentación, hay una reina del plástico, una marica que baja a la playa en tacones y una folclórica engañada que se depila antes de ir al cruising. Este texto intenta explicar qué es lo camp con ayuda de la historia y de la crítica, con datos públicos, y lo pone al lado de esas canciones. Las citas salen del archivo de letras, tal como están publicadas, y cuando una canción no tiene letra publicada se cita su presentación.

Una palabra con historia: de los teatros a Isherwood

El origen de la palabra es discutido. Se suele relacionar con el francés «se camper», que puede significar plantarse con una pose exagerada, y en el inglés del teatro y de los ambientes homosexuales de finales del siglo XIX ya se usaba para describir gestos afectados, ropa llamativa o un comportamiento teatral. Durante décadas fue jerga: una palabra que se entendía dentro y casi nadie fuera.

La primera vez que alguien la trató como idea seria en una novela fue en 1954. Christopher Isherwood, el escritor británico de las historias de Berlín que inspiraron «Cabaret», dedica en «The World in the Evening» unas páginas a explicar el camp a través de un personaje. Ahí distingue entre un camp bajo, el del chico de bar que se disfraza de Marlene Dietrich, y un camp alto, el que permite tomarse en broma lo que uno ama en serio, como el ballet o la ópera. La frase que suele citarse de ese pasaje dice, más o menos, que no se puede hacer camp de algo que no se toma en serio: uno no se burla de ello, lo hace divertido a partir de ese amor.

Esa idea es la llave de todo lo que viene después. Lo camp no es desprecio. Es cariño con exceso.

Susan Sontag y sus 58 notas

En 1964, la ensayista estadounidense Susan Sontag publicó en la revista Partisan Review un texto titulado «Notes on "Camp"», traducido al castellano como «Notas sobre lo camp». Lo organizó en 58 apuntes numerados y lo dedicó a Oscar Wilde, a quien cita varias veces. El ensayo la hizo famosa casi de la noche a la mañana y, sobre todo, sacó la palabra de la jerga y la metió en las universidades y en las revistas.

Sontag define lo camp como una sensibilidad, no como una idea, y dice que es una manera de ver el mundo en términos de estilo. Insiste en que su esencia es el amor por lo no natural, por el artificio y la exageración. Propone un ejemplo que se ha repetido miles de veces: lo camp ve todo entre comillas. No una lámpara, sino una «lámpara»; no una mujer, sino una «mujer». Y añade una distinción muy útil. Hay un camp ingenuo, el de quien hace algo excesivo creyendo que es serio y elevado, y un camp deliberado, el de quien juega a ese exceso sabiendo lo que hace. La última nota resume el ensayo con una frase que se ha convertido en eslogan: es bueno porque es horrible.

Sontag reconoce además algo que importa para este planeta. Escribe que, aunque lo camp no pertenece únicamente a los homosexuales, estos han sido su vanguardia y su público más fiel. Y lo explica como una forma de integrarse en la sociedad a través del sentido estético: si no te dejan ser serio, conviertes la seriedad en espectáculo.

Oscar Wilde, santo patrón de la pose

No es casual que Sontag dedicara sus notas a Oscar Wilde. El escritor irlandés, nacido en 1854, convirtió la pose en una forma de pensamiento. Sus comedias, como «La importancia de llamarse Ernesto», estrenada en Londres en 1895, están hechas de frases que dan la vuelta a las verdades solemnes de su época, y sus aforismos siguen circulando hoy como si fueran memes. Uno de los más conocidos, publicado en 1894, aconseja a los jóvenes ser una obra de arte o, al menos, llevar puesta una.

Fotogramas del videoclip oficial de «Vota Malena Gracia», de Mike Sain't Louis

Ese mismo año de su gran estreno, 1895, Wilde fue procesado en Londres por «indecencia grave» a causa de su relación con otro hombre y condenado a dos años de trabajos forzados, que cumplió en buena parte en la cárcel de Reading. Salió arruinado y murió en París en 1900. Su historia explica algo esencial de lo camp: el ingenio, la ropa y la frase ingeniosa eran también una armadura en una sociedad que castigaba el deseo entre hombres. Cuando Sontag lo pone al frente de su ensayo, está señalando de dónde viene la risa camp: de alguien a quien no se le permitía ser serio y que decidió ser deslumbrante.

Camp y kitsch: no es lo mismo

Conviene separar dos palabras que a menudo se confunden. El kitsch, término que viene del alemán y que se popularizó en el mercado del arte a finales del siglo XIX, designa el objeto que imita el arte con materiales o intenciones baratos: la figurita de porcelana, el cuadro de ojos llorosos, el souvenir dorado. El kitsch es una cualidad de las cosas.

Lo camp, en cambio, es una mirada. Un mismo objeto kitsch puede ser despreciado por alguien y adorado por otra persona que lo pone en su salón con una sonrisa. Esa sonrisa es lo camp. No se trata de reírse del objeto ni de quien lo hizo, sino de disfrutar de su exceso con una mezcla de ternura y de ironía.

En España tenemos una palabra cercana, hortera, que no coincide del todo. Lo hortera suele ser un juicio de clase: alguien dice que algo es hortera para separarse de ello. Lo camp hace justo lo contrario: se acerca al exceso y lo abraza. Por eso tantas cosas que alguien llamó horteras acabaron siendo de culto en el ambiente.

Pasa con los trajes de lentejuelas de las galas de Nochevieja, con los decorados de cartón piedra de los concursos de los ochenta, con las portadas de revista del corazón y con los estribillos de verano que todo el mundo jura odiar y todo el mundo se sabe. El ambiente los recogió del contenedor del buen gusto y los puso en el centro de la fiesta. Lo camp funciona así como una especie de punto limpio sentimental: lo que la cultura respetable tira, alguien lo recoge, lo limpia y lo enseña con orgullo. Y en ese gesto hay una idea muy queer: lo que otros consideran ridículo puede ser precisamente lo más tuyo.

«La ironía camp frente a la codicia y el poder»

En el catálogo del Planeta Gayfolk hay una canción que nombra la palabra en su presentación. «Vota Malena Gracia», del primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», plantea un argumento de ciencia ficción de serie B. La presentación lo cuenta así:

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «La belleza aquí se convierte en un acto político, una flor frente al acero.» de «Vota Malena Gracia»

«En el universo GayFolk ha surgido una crisis inesperada: Donald Trump y Elon Musk quieren comprar este planeta de libertad y arte queer.»

Para evitarlo se convocan unas elecciones galácticas en las que dos mujeres se presentan como símbolos de resistencia. Y la presentación lo resume con una frase que podría ir en una antología:

«Este videoclip es, ante todo, un tributo a Malena Gracia: un homenaje a su espíritu y a la lucha por la diversidad, el amor y la ironía camp frente a la codicia y el poder.»

Es lo camp en estado puro, en el sentido de Sontag y en el de Isherwood. Un argumento exagerado, con multimillonarios que quieren comprar planetas y unas elecciones intergalácticas, sirve para decir algo serio. La presentación lo cierra así: «La belleza aquí se convierte en un acto político, una flor frente al acero.» La flor frente al acero es una imagen muy camp: lo frágil, lo bonito y lo aparentemente frívolo plantado delante de la fuerza bruta.

Las comillas de Sontag: «I Am Yurena»

Si lo camp ve todo entre comillas, «I Am Yurena», del tercer álbum, «El día de la liberación», es una canción escrita entre comillas. Su arranque en inglés parece la etiqueta de un juguete:

«Neon light, plastic love, / Shining fake, high above. / Cheap romance, fantasy, / I am Yurena, all you see.»

Luz de neón, amor de plástico, brillo falso, romance barato. La letra no esconde el artificio; lo enumera con orgullo. Es exactamente lo que Sontag describía: el amor por lo no natural. Después la canción cambia de idioma y de tono, y se vuelve castiza:

«Yo no soy Tamara la mala / Tira de / hemeroteca»

Yurena es la artista que durante años se presentó como Tamara, y la letra juega con ese cambio de nombre como quien cambia de vestido. El verso siguiente es una respuesta sin filtro a quien se moleste, de esas que en el ambiente se celebran con aplausos. Y el estribillo convierte el nombre en afirmación: «Yo soy Yurena / ¡Yo soy Yurena!». La identidad como número de escena, con corona de plástico incluida: «Plastic crown, melody».

Lo interesante es que la canción no se ríe de su protagonista. Pone el plástico, el neón y el romance barato en un escaparate, pero lo hace con el cariño del fan. Eso es lo que separa lo camp de la burla.

La reina sin filtro: «Kaaa Miga»

«Kaaa Miga» es el homenaje del planeta a La Veneno, Cristina Ortiz, la mujer trans que se hizo famosa en los años noventa en el programa de televisión «Esta noche cruzamos el Mississippi» y cuya vida contaron Los Javis en la serie «Veneno», estrenada en 2020. La presentación de la canción la define así:

«Ella fue escándalo, humor, coraje y espejo de una época que intentó silenciarla.»

Y describe el universo en el que encaja: «Este tema forma parte de mi universo GayFolk, donde la memoria queer se mezcla con el pop art, la crítica y la ternura.» Esa lista final, pop art, crítica y ternura, podría servir como definición de lo camp. El pop art comparte con lo camp el gusto por lo popular convertido en icono; la crítica le da filo; la ternura evita que se convierta en desprecio.

La Veneno es un caso perfecto de lo que Sontag llamaba camp ingenuo y deliberado a la vez. Su forma de hablar, sus frases y su desparpajo eran espontáneos, y al mismo tiempo ella sabía perfectamente el efecto que producían. La presentación de la canción termina con una de esas frases suyas convertidas en grito de guerra, y con una despedida que lo dice todo: «Viva La Veneno, hoy y siempre.»

La folclórica engañada: el melodrama como traje

La tradición española tiene su propia escuela de camp, y es la copla. Las folclóricas de la posguerra, con sus batas de cola, sus peinetas, sus abanicos y sus historias de amores imposibles, fueron adoradas por el público gay durante décadas. No era casualidad. La copla contaba amores que no se podían confesar, mujeres señaladas por el pueblo y pasiones vividas en secreto, y muchos hombres homosexuales encontraban en esas letras su propia historia con otro vestido.

Collage con un detalle de la carátula de «Vota Malena Gracia» y las carátulas de «I Am Yurena», «Kaaa Miga», «Marica Chill»

«¿Me hago un folclórica engañada?», del primer álbum, toma ese personaje y lo planta en el presente. El título ya es una pregunta muy camp: ¿me pongo el traje de la abandonada? La letra empieza con un recuerdo familiar:

«De pequeño mi padre siempre decía un antiguo refrán: / Los niños, / Oír, / Ver, / Y callar.»

Y salta de golpe a la madurez: «¿Y ahora que el niño tiene cincuenta y pico? / ¿No se le puede regañar?». Lo que sigue es una ruptura contada como sainete, con depilaciones antes de ir a la playa de La Tejita, un novio que no se lavaba ni los dientes y un corte seco: «¡Pues Next! Embustero.» El melodrama de copla, con su mujer burlada y su hombre traicionero, convive con el spanglish de las redes, «Yo fliping», y con un estribillo de risa: «Ja, jé, jí, jo, jú».

Eso es lo camp a la española: tomar el dramón de la folclórica y vestirlo con chándal y móvil, sin perder ni el drama ni la risa. La letra no se burla de la copla. Se la pone.

«Si soy ridículo, pues mejor»: la marica chill

Hay un verso del catálogo que podría colgarse en la puerta de cualquier bar del ambiente. Aparece en «Marica Chill», del segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk»:

«Si soy ridículo, pues mejor / I'd rather that than be un señor»

Es la ética de lo camp resumida en dos líneas. Antes ridículo que señor. La canción entera es un retrato de alguien que ha decidido vivir con todo el volumen subido. Empieza con una mañana después: «Hoy me levanté con glitter en la cara». Sigue con un vestuario imposible: «And I still wear heels pa' bajar a la playa». Y añade un complemento que es casi un emblema: «Con un abanico y mi short transparente».

Lo camp tiene mucho de esa actitud ante la mirada ajena. La letra lo cuenta con un balcón: «Si me critican desde el balcón / Les mando besitos y pongo reggaetón». Es la respuesta camp clásica al insulto: no se discute, se exagera. Si te miran por tener pluma, sacas más pluma.

El título del segundo álbum tiene otra canción que habla de lo mismo desde el título: «Mueve las plumas», cuya letra figura en la web como disponible próximamente. Las plumas son a la vez el adorno de la vedette y la palabra con la que en castellano se ha nombrado durante décadas la forma de moverse de muchos hombres gais. Moverlas en lugar de esconderlas es, de nuevo, una decisión camp.

Melodrama de telenovela: «La dieta del cucurrucho»

Otra escuela del exceso es el culebrón. La telenovela, con sus celos desmedidos, sus revelaciones y sus giros imposibles, ha sido una fuente constante de camp. «La dieta del cucurrucho», del primer álbum, es una escena de celos contada con esa lógica. Empieza con estabilidad doméstica y se rompe sin aviso:

«Llevábamos dos años sin ataques de celos / y ahora me estoy casi tirando de los pelos»

Y en la tercera línea llega el giro de telenovela, con exclamación incluida: «¡Está implicado el futuro presidente!». La pelea de pareja se convierte en trama nacional. Luego aparecen las preguntas sobre los «numeritos» de dos figuras públicas, el director Eduardo Casanova y el actor Paco León, y la letra admite el motivo de la tensión con una sinceridad muy cómica: «tan solo te he dicho que me gustan los ojos de Eduardo Casanova».

La casa de la pareja, según la letra, tiene «vistas a la Supernova». Ese detalle, una casa con vistas a una estrella que explota, es el tipo de exageración que hace que una escena doméstica se vuelva teatro. El culebrón y lo camp comparten la convicción de que una discusión de cocina puede tener el tamaño de una ópera.

De la gala del Met a la folclórica: lo camp hoy

En mayo de 2019, el Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York eligió como tema de su gala anual «Camp: Notes on Fashion», en referencia directa al ensayo de Sontag, y abrió una exposición con el mismo nombre. La alfombra roja se llenó de plumas, lentejuelas y trajes imposibles, y medio mundo se preguntó qué significaba esa palabra. Muchos artículos de aquellos días acabaron citando las 58 notas.

Ficha de la canción «Vota Malena Gracia» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Aquella gala demostró algo curioso: lo camp había pasado de ser un código privado, como lo llamaba Sontag, a ser un tema de revista. Pero también provocó un debate. Si lo camp se convierte en disfraz para famosos, ¿sigue siendo lo mismo? Para muchas personas LGTBI, lo camp nunca fue una moda, sino una herramienta de supervivencia: una manera de sobrevivir al insulto haciéndolo espectáculo, de convertir la vergüenza en vestuario.

En España, esa herramienta tiene nombres y caras conocidas. La copla y sus folclóricas, el cine de Almodóvar con sus colores imposibles, la Movida con sus pelucas, los programas de televisión de los noventa y, más recientemente, la televisión de concursos drag. Las letras del planeta beben de todas esas fuentes a la vez.

Cómo se escribe una letra camp

Repasando el catálogo se pueden reconocer algunos recursos que se repiten cuando una letra del planeta se pone camp.

El primero es la exageración de escala. Un ataque de celos implica al futuro presidente, una elección local se convierte en elección galáctica, una casa tiene vistas a una supernova.

El segundo es el cambio de registro sin aviso. Una letra pasa del drama de copla al spanglish de las redes, del inglés de etiqueta al castizo de mercadillo, en la misma estrofa.

El tercero es el artificio declarado. «Plastic love», «Shining fake», «glitter en la cara»: en lugar de esconder lo falso, se pone delante.

El cuarto es la respuesta exagerada al juicio ajeno. A la crítica desde el balcón se contesta con besitos y reggaetón; al ridículo, con un «pues mejor».

Y el quinto, quizá el más importante, es el cariño. Ninguna de estas letras desprecia a sus personajes. Las divas, las folclóricas, las reinas de plástico y las maricas que bajan a la playa en tacones están escritas desde la admiración. Es la lección de Isherwood: no se puede hacer camp de algo que no se toma en serio.

Un pequeño museo camp del planeta

Si alguien quisiera montar una vitrina con lo más camp del catálogo, podría organizarla como un museo pequeño.

En la primera sala, «Vota Malena Gracia», con sus elecciones galácticas y su flor frente al acero.

En la segunda, «I Am Yurena», con su amor de plástico y su corona de baratillo.

En la tercera, «Kaaa Miga», el pop art con la cara de La Veneno.

En la cuarta, «¿Me hago un folclórica engañada?», con la bata de cola puesta sobre el chándal.

En la quinta, «Marica Chill», con su abanico, su short transparente y su lema: antes ridículo que señor.

Y en la sala de salida, «La dieta del cucurrucho», con su ataque de celos con vistas a la supernova.

Ficha

«Vota Malena Gracia» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes de las letras son inventados; las figuras públicas citadas aparecen solo con datos conocidos de su trayectoria. Los datos sobre Susan Sontag, Christopher Isherwood y la gala del Met proceden de fuentes públicas. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa camp?

Es una sensibilidad estética basada en el artificio, la exageración y el gusto por lo teatral. Susan Sontag la describió en 1964 en sus «Notas sobre lo camp» como una manera de ver el mundo en términos de estilo, y la cultura LGTBI la ha usado desde hace más de un siglo como lenguaje propio.

¿Qué diferencia hay entre camp y kitsch?

El kitsch suele designar el objeto de mal gusto o la imitación barata. Lo camp es una mirada: la manera de disfrutar de ese exceso con cariño y con ironía a la vez, sin desprecio. Un objeto puede ser kitsch; lo camp está en cómo se mira.

¿Qué canción del Planeta Gayfolk habla de camp?

La presentación de «Vota Malena Gracia» describe el videoclip como un homenaje a Malena Gracia y a «la ironía camp frente a la codicia y el poder». En el catálogo hay más letras con esa sensibilidad, como «I Am Yurena», «Marica Chill» o «¿Me hago un folclórica engañada?».

¿Qué fue la gala del Met de 2019?

La gala anual del Costume Institute del Metropolitan Museum de Nueva York eligió en 2019 el tema «Camp: Notes on Fashion», inspirado en el ensayo de Susan Sontag, y acompañó una exposición con el mismo título.

¿Quién escribe las letras del Planeta Gayfolk?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA». La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

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