Cultura pop
Western sin duelo al amanecer: el vaquero de «Mejor hierba que guerra» deja el revólver en casa
Por Mike Sain't Louis ·

El sol está bajo. El viento levanta polvo. Las nubes de tormenta se amontonan en el horizonte como un ejército que espera la orden.
En cualquier película del Oeste, este es el momento en que dos hombres se colocan a veinte pasos en la calle principal, con la mano rozando la culata. Suena una armónica. Una señora cierra los postigos. Un perro se esconde debajo del porche del saloon.
En la portada de «Mejor hierba que guerra» no pasa nada de eso.
Hay un chico con sombrero de vaquero, chaqueta tejana abierta, una hebilla grande en el cinturón y un cigarro entre los labios. Está apoyado en una camioneta oxidada. Y según lo describe el propio Mike en su ficha, tiene la calma de quien no tiene ninguna prisa por ir a ninguna parte.
El duelo se ha suspendido por falta de interés.
La letra de la canción no está publicada todavía. En /letras pone «próximamente», y el planeta no va a rellenar ese hueco con versos inventados. Esta crónica va a leer otra cosa: la portada, el título y el género cinematográfico que la imagen pone patas arriba. Porque si hay un sitio donde la masculinidad se ha medido a tiros durante más de un siglo, es el western.
Un lema para camiseta
Empecemos por el título, que es lo único que dice algo en voz alta.
Mike lo describe como uno de esos títulos que podrían ir en una pancarta o en una camiseta. Tiene la rima fácil de los lemas de siempre y el espíritu de aquel «haz el amor y no la guerra». La comparación es exacta. «Make love, not war» fue la consigna de los jóvenes que protestaban contra la guerra de Vietnam en los años sesenta. Se pintaba en las chapas, en las furgonetas y en las pancartas de las manifestaciones de Berkeley y de Washington.
«Mejor hierba que guerra» hace lo mismo con otra palabra. Cambia el amor por la hierba y mantiene la estructura: una cosa blanda contra una cosa dura. Una cosa que se fuma tumbado contra una cosa que se hace de pie y con casco.
Tiene algo de refrán de abuela, también. Esos dichos que empiezan por «más vale» o por «mejor» y que sirven para cualquier ocasión: mejor solo que mal acompañado, mejor tarde que nunca, más vale pájaro en mano. El título se cuela en esa tradición sin pedir permiso, como si llevara siglos en el refranero.
Y el planeta, que es muy de refranero, aplaude.
El pistolero que se sienta
La gracia de la portada, según Mike, es que lo diga un cowboy. La figura del pistolero por excelencia. Aquí ha dejado el revólver en casa y ha preferido sentarse.
Para entender por qué eso tiene guasa hay que acordarse de lo que ha significado el vaquero en la cultura popular. Durante décadas, el hombre del Oeste fue el modelo de hombre a secas. John Wayne con su andar de piernas abiertas. Clint Eastwood con su poncho y su cara de no haber dormido. Gary Cooper esperando el tren de mediodía. Hombres que hablaban poco, disparaban rápido y no lloraban nunca.
El western enseñó a generaciones de niños que ser un hombre consistía en aguantar el duelo. En no apartarse. En sacar el arma antes que el otro.
Por eso un vaquero apoyado en una camioneta, fumando, sin revólver a la vista y sin ninguna prisa, es una imagen subversiva. No hace falta que sea marica para serlo. Basta con que no quiera pelear.
Aunque, en un planeta que se llama Gayfolk, la sospecha está ahí.
Almería, el Oeste que estaba aquí
Hay un dato que a los españoles les gusta mucho contar a los extranjeros: buena parte del Oeste americano del cine está en Almería.
En los años sesenta y setenta, el desierto de Tabernas se llenó de equipos de rodaje. Sergio Leone rodó allí parte de su trilogía del dólar, con Clint Eastwood mascando un puro. Los pueblos del Oeste se construían con madera y cartón piedra en mitad de un paisaje que se parecía a Arizona más que la propia Arizona. Algunos de esos decorados siguen en pie como parques temáticos, con sus duelos de mediodía para turistas y su saloon con bailarinas de cancán.
La llanura de la portada de «Mejor hierba que guerra» no es necesariamente Almería. El planeta no tiene ningún dato que lo diga y no se lo va a inventar. Pero la imagen tiene ese aire de western rodado en otro sitio, de Oeste trasplantado, de decorado con camioneta oxidada.
Y Almería guarda una historia más reciente que encaja aquí como un guante. En 2023, Pedro Almodóvar estrenó «Extraña forma de vida», un mediometraje rodado en el desierto almeriense con Pedro Pascal y Ethan Hawke como dos pistoleros que se quisieron hace veinticinco años. Un western queer de media hora, manchego de dirección y americano de paisaje. El planeta tiene una nota sobre Almodóvar en el diario, y esa película habría merecido una línea.
Lo que hace Almodóvar en ese corto se parece a lo que hace la portada de Mike: coger el género más macho del cine y dejar que los vaqueros se miren de otra manera.
Brokeback y los que vinieron después
Hablar de vaqueros y del colectivo es hablar, tarde o temprano, de «Brokeback Mountain».

La película de Ang Lee, estrenada en 2005 y basada en un relato de Annie Proulx, contó la historia de dos vaqueros de Wyoming que se enamoran en una montaña y pasan veinte años sin poder vivirlo. Ang Lee ganó el Óscar a la mejor dirección. La película perdió el de mejor película, y todavía hay quien no lo ha perdonado.
«Brokeback» fue un terremoto. Por primera vez, una película de estudio grande ponía a dos vaqueros a quererse en la pantalla de los cines de centro comercial. Y lo hacía con un final triste, porque en 2005 todavía era difícil imaginar otro.
Después llegaron más cosas. Lil Nas X arrasó en 2019 con «Old Town Road», un tema country con rap que se hizo enorme, y salió del armario ese mismo año, en pleno éxito. El vaquero de sombrero y botas se convirtió en un icono de purpurina. Las tiendas de ropa de Chueca empezaron a vender camisas de flecos y hebillas como quien vende camisetas de tirantes.
Y antes de todo eso, claro, estaban los Village People, con su vaquero de bigote al lado del policía, el obrero y el indio. Una caricatura que los maricas de los setenta convirtieron en himno.
La portada de «Mejor hierba que guerra» vive en ese linaje. No es el vaquero trágico de Brokeback. Es el vaquero que ha sobrevivido a la película y ahora se toma la tarde libre.
La tormenta que no llega
Hay un elemento de la portada que merece una línea aparte: las nubes de tormenta.
Mike dice que la llanura tiene nubes de tormenta y que el chico está tranquilo. Las dos cosas a la vez. El cielo amenaza y él no se inmuta.
En el western, la tormenta suele anunciar el duelo. El cielo se oscurece justo antes del tiroteo. Es un recurso de dirección tan viejo como el género: el paisaje se pone del humor del guion.
Aquí el paisaje se pone nervioso y el protagonista no. Es una inversión pequeña y muy eficaz. Si tuviera que resumirse en una frase, sería esta: el mundo puede estar en guerra, pero yo no.
Mike lo apunta en la última línea de su ficha: es una canción para quien está harto de telediarios con bombas y prefiere bajar las revoluciones.
Cualquiera que haya encendido la tele a la hora de comer en los últimos años sabe de qué habla. Los telediarios llevan tiempo convertidos en un parte de guerra continuo. Mapas con flechas, sirenas, edificios en ruinas, cifras de muertos que se suceden mientras uno intenta terminar la sopa. Hay días en que apagar la tele no es frivolidad. Es higiene.
El chico de la portada ha apagado la tele. Se ha ido a la llanura, ha aparcado la camioneta y ha encendido otra cosa.
Lo que sí es una guerra
En el catálogo de Mike, la palabra guerra no aparece solo en este título. Hay una canción que se llama «Otro bombardeo», y el planeta ya le dedicó una crónica escrita desde el refugio. El bombardeo, ahí, es otra cosa: el de la cabeza, el de las noticias, el de las relaciones que caen como bombas.
La guerra, en las letras de Mike, casi nunca es solo la de los telediarios. Es también la de la ex pareja, la del hater, la del narcisista. Es la guerra de desgaste de quien te castiga con el silencio, de quien te hace luz de gas, de quien te convierte la casa en un campo de minas.
Por eso un título como este tiene doble filo. Mejor hierba que guerra puede ser una consigna pacifista de pancarta. Y también puede ser una decisión mucho más íntima: mejor una tarde tranquila que otra discusión. Mejor el humo que el grito. Mejor la llanura que el pasillo de casa con alguien que te odia.
El planeta no sabe cuál de las dos lecturas elige la letra. Le gustan las dos.
Una nota seria sobre la hierba
Aquí el planeta tiene que ponerse serio un momento, porque la palabra hierba no es inocente.

Hablar de cannabis en una canción no es lo mismo que recomendarlo. La portada muestra un cigarro, el título hace un juego de palabras con la hierba, y el catálogo de Mike tiene otros temas con humo en la etiqueta, como «Amigos y weed», que en la lista de singles va justo después de este. Eso es cultura popular, no un prospecto.
En España, el consumo en privado no es delito, pero consumir o llevar cannabis en la vía pública está sancionado con multa por la ley de seguridad ciudadana. Y más allá de la ley está la salud. El diario del planeta tiene una nota específica sobre cannabis y salud mental que conviene leer entera: habla de los riesgos, sobre todo en gente joven o con tendencia a la ansiedad, y de cuándo el humo deja de ser un rato tranquilo y se convierte en una forma de no mirar lo que duele.
Si notas que lo necesitas para dormir, para estar con gente o para no pensar, merece la pena hablarlo con un profesional. Y si estás pasando un momento muy malo, en España existe el 024, la línea gratuita de atención a la conducta suicida, a cualquier hora.
La calma de la portada es bonita. Pero la calma de verdad no cabe en un papel de fumar.
Inventario de la camioneta
Volvamos a la imagen, que tiene más detalles de los que parece. El planeta ha hecho inventario.
Un sombrero de vaquero, ala ancha, de los que protegen del sol y de las miradas.
Una chaqueta tejana abierta, sin camisa debajo o con muy poca, que en la iconografía marica es casi una declaración de intenciones.
Una hebilla grande en el cinturón, de las que se ganan en los rodeos o se compran en los mercadillos de Texas por cuarenta dólares.
Un cigarro entre los labios, que es el único gesto activo de toda la escena.
Una camioneta oxidada, el caballo del siglo XXI, con más kilómetros que el chico y menos prisa que él.
Cinco objetos. Ningún arma.
En las películas del Oeste, el inventario del protagonista siempre incluía un revólver, un rifle, un caballo y una botella de whisky. Aquí el caballo se ha convertido en chatarra, el whisky en humo y el revólver ha desaparecido. Es el mismo personaje con la mitad de equipaje y el doble de tranquilidad.
El hombre del cigarro
El cigarro de la portada tiene antepasados ilustres y un poco siniestros.
Durante décadas, el vaquero fumando fue la imagen publicitaria más famosa del mundo. El hombre de Marlboro cabalgaba por las vallas de carretera y las páginas de las revistas desde los años cincuenta, con su sombrero, su cara curtida y su cigarrillo encendido contra un cielo de Montana. Era la masculinidad en estado puro, vendida por paquetes. Varios de los modelos que le pusieron cara a esa campaña murieron después de enfermedades relacionadas con el tabaco, y alguno de ellos pasó sus últimos años haciendo campañas contra el mismo producto que había anunciado.
El planeta se acuerda de eso al mirar el cigarro de la portada. Porque esa imagen, el vaquero que fuma con la mirada perdida en el horizonte, se ha usado para vender muchas cosas que hacían daño.
La portada de Mike la recicla y le cambia el sentido. No vende nada. No promete una vida de aventuras. No dice que seas más hombre por encenderte algo. Lo único que muestra es a alguien que no quiere pelear.
Es la misma postura del anuncio con el mensaje contrario. Y eso, en publicidad, se llama dar la vuelta a la tortilla.
Rodeo con flecos
Hay otra tradición que el planeta no quiere dejar fuera: los rodeos gays.
En Estados Unidos existen desde hace décadas. La Asociación Internacional de Rodeo Gay se fundó a mediados de los ochenta y organiza competiciones con las mismas pruebas que cualquier rodeo de pueblo: monta de toros, lazo, carreras de barriles. Con la diferencia de que en las gradas hay más purpurina que en una carroza del Orgullo y que entre prueba y prueba se celebran concursos de drag con sombrero.
Para muchos chicos del campo norteamericano, esos rodeos fueron el primer sitio donde se podía ser vaquero y marica a la vez. Sin elegir. Sin mudarse a San Francisco. Sin tirar las botas.
El planeta no sabe si el chico de la portada ha pisado alguna vez un rodeo. Pero su hebilla grande tiene algo de trofeo. Y su manera de apoyarse en la camioneta, de quien ha domado algo y ahora descansa.
Hierba también es pasto
Una última lectura, de pueblo. En el campo, antes que lo que se fuma, la hierba es lo que comen las vacas.

Un vaquero, al fin y al cabo, es alguien que cuida ganado. Su trabajo consiste en llevar a los animales de un pasto a otro, buscar la hierba buena, evitar los terrenos secos. Las guerras del Oeste de verdad, las que no salen en las películas con tanto glamur, fueron muchas veces por eso: por el agua y por la hierba. Por quién tenía derecho a dejar pastar a sus vacas en qué valle.
Mejor hierba que guerra, leído así, es casi un consejo de ganadero viejo. Si hay pasto para todos, no hace falta pegarse.
El planeta no tiene ni idea de si Mike pensó en las vacas al escribir el título. Probablemente no. Pero un buen lema funciona también en las lecturas que su autor no planeó, y este aguanta hasta la de los pastos.
Autoparodia de forastero
Una confesión de la casa: el planeta ha intentado ponerse un sombrero de vaquero una vez. Fue en un Orgullo, en una despedida de soltero ajena, con una camisa de cuadros de Primark. El resultado se parecía menos a Pedro Pascal que a un figurante de la feria de abril perdido en el tren de vuelta.
Hay cuerpos que nacen para la hebilla y cuerpos que nacen para la riñonera. El planeta es de los segundos.
Por eso la portada da un poco de envidia. Ese chico lleva el traje de vaquero como si lo hubiera llevado toda la vida. Sin disfraz, sin ironía, sin el gesto de quien se pone un sombrero para hacer gracia en una fiesta. Y eso, en un planeta tan camp como el de Mike, también es un logro.
El tercer acto
«Mejor hierba que guerra» está en «El día de la liberación», el último disco de la trilogía GAYFOLK. La página de prensa explica la estructura de los tres discos: descubrimiento, deseo de viaje, liberación.
Que esta canción esté en el tercero tiene sentido. En el primer acto aparece el planeta. En el segundo se desea llegar. En el tercero ya se está ahí, y uno se da cuenta de que la liberación no consiste solo en irse de algo, sino en dejar de pelear.
Liberarse, a veces, es exactamente lo que hace el chico de la portada. Bajarse del caballo. Dejar el revólver en casa. Apoyarse en una camioneta oxidada y mirar cómo se acerca la tormenta sin sentir la obligación de hacer nada.
El western clásico terminaba siempre con el pistolero alejándose hacia el horizonte, solo. Este western, si fuera una película, terminaría antes. Con el pistolero quieto, sin moverse, mientras los créditos suben.
Los datos, sin humo
Lo comprobable, por si alguien quiere verificarlo: la ficha del single fecha «Mejor hierba que guerra» el 12 de junio de 2026, y el tema tiene videoclip oficial de 3:30 en la sección de vídeos del planeta. Según mikesaintlouis.com, el vídeo se subió al canal en septiembre de 2025. Se puede escuchar en Spotify o bajarse gratis desde la propia ficha.
El texto lo firma Mike y lo escribió sin IA. Para la parte sonora, música y voces, ha usado herramientas de inteligencia artificial como Suno. Lo explica él mismo en la nota de prensa sobre independencia y proceso creativo: las palabras, el concepto y la selección final son suyas.
Cuando la letra se publique, el planeta volverá a esta llanura para ver si el vaquero habla, de qué habla y si la tormenta acaba llegando. Hasta entonces, esta crónica se queda con lo que hay: una imagen, un título y una película que nunca termina en tiroteo.
Al atardecer, sin armónica
Último plano. El sol baja un poco más. Las nubes siguen en su sitio, amenazando. El chico da otra calada.
No suena ninguna armónica. No hay nadie a veinte pasos. No hay señora cerrando postigos.
Solo una camioneta oxidada, un sombrero y alguien que ha decidido que esta tarde no va a pelear con nadie.
En el Oeste de las películas eso habría sido de cobardes.
En el planeta Gayfolk se llama tener la tarde libre.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Mejor hierba que guerra»?
La letra todavía no está publicada en gayfolkplanet.com, así que este post no la cita. La portada muestra a un chico con sombrero de vaquero, chaqueta tejana, hebilla grande y un cigarro, apoyado en una camioneta oxidada en una llanura con nubes de tormenta. Mike describe el título como un lema de pancarta, en la línea de «haz el amor y no la guerra», y la canción como una pieza para quien está harto de telediarios con bombas.
¿En qué disco está?
En «El día de la liberación», el tercer acto de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single lo fecha el 12 de junio de 2026.
¿Tiene videoclip?
Sí, un videoclip oficial de 3:30 en la sección de vídeos de gayfolkplanet.com.
¿Este post recomienda consumir cannabis?
No. Habla de la imagen y del lema de la canción. Para información seria sobre cannabis y salud mental, el diario del planeta tiene una nota específica.
¿Quién la ha hecho?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.