Proceso creativo
«No tienes abuela»: «My Favorite Artist» y el arte de pegarse uno mismo el cartel
Por Mike Sain't Louis ·

«Hijo, no tienes abuela.»
Lo decían las abuelas de verdad, con el delantal puesto y la cuchara de palo en la mano, cuando un nieto se pasaba de listo. Cuando contaba en la mesa que había sacado un diez, que era el más rápido de la clase o que la vecina le había dicho que era muy guapo. No tienes abuela. Es decir: como no tienes a nadie que te alabe, te alabas tú solo.
La portada de «My Favorite Artist» es exactamente eso, pero en rosa chicle y con brocha gorda.
No hay foto. No hay pose. No hay chico con plumas ni vaquero en camioneta. Mike la describe en su ficha como una de las más sencillas del catálogo y quizá la más descarada: un fondo oscuro, granulado como un póster viejo pegado en la pared de un local, y encima, en letras rosa, el título y el nombre del artista. Subrayados. Por si había dudas.
Mi artista favorito. Firmado: yo.
La letra de la canción no está publicada. En /letras pone «próximamente», y el planeta no va a inventarse lo que dice. Esta crónica se queda con lo que está a la vista, que en este caso es poco y grita mucho: dos palabras en inglés, un nombre propio y dos rayas debajo.
Lo que no se dice en España
En este país hay una regla no escrita que todo el mundo aprende en el colegio: uno no habla bien de sí mismo.
Puedes hablar bien de tu madre, de tu equipo de fútbol, de la croqueta de tu bar, de la playa de tu pueblo. Puedes decir que tu hijo es el más listo de la guardería, que tu perro entiende tres idiomas y que tu cuñado hace la mejor paella de la provincia. Pero de ti, nada. De ti, humildad.
Si te dan un premio, dices que no te lo esperabas. Si te felicitan por algo, dices «bah, no es para tanto». Si alguien te dice que estás guapo, contestas que es la luz. El refranero está lleno de avisos: no tienes abuela, la modestia es la virtud de los que no tienen otra, el que se alaba se envilece.
La portada de «My Favorite Artist» se salta todos esos avisos de golpe. Pone tu nombre en grande, debajo de las palabras «mi artista favorito», y lo subraya dos veces.
En un país de «bah, no es para tanto», eso es casi un delito.
Las abuelas del autobombo
No es la primera vez que alguien lo hace, claro. La historia del arte está llena de gente que se declaró su propio favorito sin que se le moviera un pelo.
Salvador Dalí, en su «Diario de un genio», escribió aquella frase famosa sobre el placer supremo que experimentaba cada mañana al despertar: el de ser Salvador Dalí. Lo decía con el bigote engominado, en entrevistas de televisión, con un ocelote de compañía. Medio país pensaba que estaba loco. El otro medio sabía que era una estrategia: si te pones tú mismo en un pedestal, al menos ya estás en el pedestal.
Muhammad Ali, antes de cada combate, gritaba a las cámaras que era el más grande. «I am the greatest.» Lo repetía hasta que el mundo entero lo repetía con él. Luego, además, ganaba los combates, que es la parte que no todo el mundo puede imitar.
Y en el mundo marica, la frase de cabecera es de RuPaul, que cierra cada programa de su concurso de drag con una pregunta que se ha convertido en mantra: si no puedes quererte a ti mismo, ¿cómo diablos vas a querer a otra persona?
Dalí, Ali y RuPaul. Un surrealista de Figueres, un boxeador de Kentucky y una drag de San Diego. Los tres serían los abuelos espirituales de esta portada. Los tres sabían que a veces hay que gritar tu nombre para que el mundo lo aprenda.
Narcisista no, gracias
Aquí conviene hacer una distinción importante, porque en el planeta Gayfolk la palabra narcisista es casi un insulto profesional.

El catálogo de Mike está lleno de canciones sobre narcisistas. El que castiga con el silencio. El que hace luz de gas. El que descarta a sus parejas como colillas. El diario tiene incluso una carta a la siguiente víctima en la nota sobre el descarte del narcisista. Así que cualquiera podría pensar: ¿un planeta tan crítico con el narcisismo tiene una canción que se llama «Mi artista favorito» firmada por él mismo?
La respuesta está en la ficha de Mike. Pregunta si es una broma, si es un acto de amor propio o si es lo que te dices delante del espejo antes de salir a comerte el mundo. Y contesta: seguramente un poco de todo.
El narcisista de las canciones de Mike no se quiere a sí mismo. Se necesita en el espejo de los demás. Vive de que lo admiren y castiga a quien deja de hacerlo. Es un agujero que se llena de miradas ajenas.
Lo que hace la portada es otra cosa. Es alguien que no espera a que nadie le diga que es su artista favorito. Se lo dice él. Y se ríe un poco mientras lo dice.
La diferencia es la risa.
Un narcisista de verdad no podría hacer esta portada, porque no soporta que se rían de él, y esta portada invita a la risa desde el primer vistazo. Nadie pone «mi artista favorito» encima de su propio nombre sin saber que alguien, al verlo, va a soltar una carcajada. Esa carcajada está prevista. Forma parte del diseño.
El autobombo con guiño es una tradición muy española, aunque parezca lo contrario. Las folclóricas la dominaban. Salían al plató, se ponían la mano en el pecho, decían que eran las más grandes y luego se reían de sí mismas antes de que lo hiciera el presentador. Era una manera de quedarse con la última palabra. Si ya me he reído yo, a ti no te queda nada.
El cartel pegado con engrudo
Mike compara el fondo de la portada con un póster viejo pegado en la pared de un local. El planeta sabe exactamente de qué pared habla.
Durante décadas, la música independiente de este país se anunció así. Carteles fotocopiados en blanco y negro, pegados con cola o con engrudo en las paredes de los bares, en las columnas de los soportales, en las vallas de las obras. Conciertos de grupos que nadie conocía en salas de doscientas personas. Fanzines grapados a mano. El famoso «hazlo tú mismo» del punk, que venía a decir: si nadie te da un escenario, móntatelo.
Esos carteles tenían una estética propia. Letras hechas a mano o con plantilla, tinta que se corría, fotos granuladas de tanto fotocopiar. Nadie los diseñaba para que fueran bonitos. Los diseñaban para que se leyeran desde la acera de enfrente.
La portada de «My Favorite Artist» tiene ese grano y esa urgencia. Mike dice que el trazo rápido, casi de grafiti hecho con prisa, le da energía punk. Y es verdad. Parece algo que alguien ha pintado a las tres de la mañana con un bote de pintura que sobraba, antes de que llegue la policía municipal.
Hacerse la publicidad uno mismo
Hay una frase en la ficha que es la clave de toda la portada: en un ambiente donde muchos artistas independientes tienen que hacerse su propia publicidad, ponerlo en grande y en rosa tiene algo de chiste y algo de reivindicación.
El planeta conoce bien esa situación, porque el propio Mike la vive. Según su página de prensa, publica toda su música en su sello propio, la autoedita y la deja descargar gratis desde la web. No hay multinacional detrás. No hay departamento de marketing. No hay jefe de prensa que llame a las radios.
Eso significa que, si no lo dice él, no lo dice nadie.
La nota de prensa sobre independencia y autoedición lo explica con más detalle: qué parte del proceso queda en sus manos y qué parte hace la inteligencia artificial. Las letras, el concepto y la selección final son suyos. La música y las voces se hacen con herramientas como Suno. Y la promoción, como en cualquier sello independiente, también es cosa suya.
Cualquiera que haya intentado sacar adelante un proyecto propio conoce esa sensación incómoda. Tienes que compartir tu trabajo en redes, mandar correos a gente que no te contesta, pedir a tus amigos que lo escuchen, explicar a tu familia que no, que no ganas dinero, pero que es importante. Y en algún momento te das cuenta de que te estás haciendo publicidad a ti mismo y te da muchísima vergüenza.
La portada de «My Favorite Artist» es lo que pasa cuando esa vergüenza se convierte en chiste. Si tengo que hacerme publicidad, que sea a lo grande. En rosa. Subrayado.
La canción de al lado
En la discografía de la web, «My Favorite Artist» es la pista 199. Justo después viene «Primer aniversario», y la vecindad no es casual en lo temático, aunque el orden lo sea.

El diario ya contó cómo «Primer aniversario» habla de celebrar algo tuyo cuando nadie aplaude: veinte estados de WhatsApp vistos y ni un solo «me gusta». Es la canción del artista independiente que sube su trabajo con ilusión y recibe un eco.
Puestas una al lado de la otra, las dos canciones parecen dos caras de la misma moneda. En una, nadie te aplaude. En la otra, te aplaudes tú.
Y antes de las dos está «Karma», en versión alternativa, que tiene su propia lógica: lo que das, vuelve. El planeta no va a construir una teoría sobre el orden de tres pistas. Pero si alguien quiere escucharlas seguidas, tiene ahí un pequeño tríptico sobre el reconocimiento: lo que esperas, lo que no llega y lo que te das tú.
Haters a la izquierda
Hay otra canción del catálogo que conviene recordar aquí: «Tus letras son basura». El diario la ha leído como un bestiario de la caja de comentarios, el sitio donde los desconocidos van a decirte que lo tuyo no vale nada, que la IA no es arte, que te busques un trabajo de verdad.
Contra eso, «My Favorite Artist» funciona como un antídoto casero. Si alguien escribe que tus letras son basura, tú pegas un cartel que dice que eres tu artista favorito. No es un argumento. Es una pared.
El diario ya trató en profundidad la discusión sobre autoría y máquinas en la nota sobre «Tus letras son basura». Esta crónica no va a repetirla. Solo apunta que, cuando el debate se pone muy serio, a veces la mejor respuesta es una brocha rosa.
Rosa sobre negro
Los colores de la portada son dos, y no son cualquiera.
El negro granulado del fondo es el color de la noche, del garito, del póster que lleva tres semanas en la pared y ya tiene encima la marca de otros carteles. Es un negro sucio, con textura, de los que no salen en las pantallas limpias de los anuncios.
El rosa chicle de las letras es el color del planeta. Está en las plumas de «Mueve las plumas», en la mitad derecha de la cara partida de «Mitad Venezuela, mitad Pakistán», en la tipografía de verbena de «Me gusta el verano». Es el rosa de lo que no pide perdón.
La combinación tiene antecedentes en la historia del punk. En 1977, la portada del único disco de estudio de los Sex Pistols, diseñada por Jamie Reid, puso letras recortadas como de nota de secuestro sobre un fondo amarillo y rosa chillón. Fue un escándalo. Los colores de una caja de caramelos al servicio de un disco que se metía con la reina.
La portada de Mike no copia aquella, ni falta que hace. Pero pertenece a la misma familia: colores de golosina para decir algo que no es dulce. O que es dulce y además muerde.
Subrayado dos veces
Mike insiste en un detalle tipográfico: el título y el nombre están subrayados. Por si había dudas.
Subrayar es un gesto de colegio. Se subraya lo que entra en el examen. Se subraya dos veces lo que el profesor ha dicho que es muy importante. Se subraya con rotulador fluorescente lo que hay que memorizar la noche antes.
También se subraya en las cartas. Las abuelas, cuando escribían a mano, subrayaban las palabras que querían que se leyeran con énfasis: «ven pronto», «no te olvides de la medicina», «te quiero mucho». Una palabra subrayada en una carta era una palabra dicha en voz alta.
En la portada de «My Favorite Artist», el subrayado tiene esa doble función. Es escolar, porque marca lo que hay que aprenderse. Y es de carta de abuela, porque marca lo que se quiere decir con fuerza.
Lo que hay que aprenderse, según la portada, es un nombre. Lo que se quiere decir con fuerza es que ese nombre merece estar ahí.
Cinco momentos para ser tu propio fan
La ficha de Mike plantea la portada como algo que te dices delante del espejo antes de salir a comerte el mundo. El planeta, que es muy práctico, propone cinco momentos concretos para ponerla.
Antes de una entrevista de trabajo, en el baño de la cafetería de enfrente, mientras te repasas el cuello de la camisa.
Después de que alguien te haya dejado en visto, para recordar que tu valor no depende de un doble check azul.
El día que publiques algo tuyo, sea una canción, un dibujo, un texto o una foto de la tortilla que te ha salido perfecta.
La mañana después de una ruptura, cuando la casa está demasiado callada.
Y el día de tu cumpleaños, si nadie se ha acordado. Que pasa más de lo que se cuenta.
En los cinco casos, la canción hace lo mismo que la portada: te pone un cartel delante con tu nombre en rosa. Lo demás depende de ti.
Autoparodia con brocha
Una confesión de la casa. El planeta tiene una cuenta de Instagram con ochenta y tres seguidores, de los cuales unos quince son bots, seis son primos y uno es la exnovia de un primo que se olvidó de dejar de seguirle.

Cada vez que sube algo, lo mira a los diez minutos. A la media hora. A la hora. Luego se va a dormir fingiendo que no le importa y se despierta a las cuatro para mirarlo otra vez.
Un día, harto, se puso de foto de perfil un cartel que había hecho con una aplicación del móvil. Ponía «el mejor del mundo» en letras amarillas. Duró tres horas. Lo quitó porque su madre le escribió preguntando si estaba bien.
Esta portada es más valiente que el planeta. Ha aguantado más de tres horas.
Dos palabras en inglés
¿Por qué en inglés? «Mi artista favorito» funcionaría igual en castellano. Pero no suena igual.
En inglés, «my favorite artist» es lo que la gente escribe en sus redes cuando comparte una canción de alguien famoso. Es la etiqueta de los fans. Es la frase que acompaña la foto de un concierto de Beyoncé o de Rosalía. Usarla para uno mismo es apropiarse del lenguaje del fan y darle la vuelta.
Además, el inglés le quita un poco de solemnidad. «Mi artista favorito soy yo», dicho en castellano, suena a señor que se ha venido arriba en una comida de empresa. «My Favorite Artist», en brocha rosa, suena a camiseta. A pegatina. A broma con un punto de verdad.
Y luego está el detalle que lo cambia todo: el nombre que va debajo es el de Mike Sain't Louis. Un nombre artístico que ya es, en sí mismo, un poco de autobombo. Un santo con apóstrofe y apellido de ciudad americana, para un letrista madrileño. Quien se pone ese nombre ya tenía claro hace tiempo quién era su artista favorito.
El tercer acto
«My Favorite Artist» vive en «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía GAYFOLK. El de después del descubrimiento y del deseo de viaje. El de cuando ya has llegado.
Tiene toda la lógica. Al principio de cualquier historia de liberación, uno necesita que otros le digan que vale. Que su forma de ser está bien, que su trabajo merece la pena, que su cuerpo es bonito. Al final de esa historia, si sale bien, uno aprende a decírselo solo.
No en plan narcisista. En plan abuela al revés. Como si te dijeras, por fin, lo que siempre te habría gustado oír de alguien que no llegó a decirlo.
Si a ti no te sale decírtelo, si te miras al espejo y lo único que oyes son críticas, que sepas que eso también se puede trabajar, y que no hace falta hacerlo solo. Y si un día las voces de dentro se ponen muy oscuras, en España está el 024, gratis y a cualquier hora.
Los datos, sin subrayar
El single tiene videoclip oficial, de 2:37, en la sección de vídeos del planeta. La ficha lo fecha el 31 de mayo de 2026. Se puede escuchar en Spotify y bajar gratis desde la web.
La letra es de Mike y no lleva IA. La música y las voces sí: se han hecho con herramientas de inteligencia artificial como Suno.
Cuando la letra se publique, el planeta la leerá con lupa a ver si el autobombo sigue dentro de la canción o si la portada era solo el cartel de la puerta. Lo que diga la letra manda sobre lo que imagina esta crónica.
El voto
Mike termina su ficha con una frase corta: escúchala y luego decide quién es tu artista favorito. Yo ya he votado.
El planeta también ha votado. No va a decir a quién, porque en este país el voto es secreto y la modestia es obligatoria.
Pero si alguien pasa por delante de su casa y ve un cartel rosa pegado en la puerta, con unas letras de brocha gorda y dos rayas debajo, que no se extrañe.
Las abuelas ya no están. Alguien tenía que hacerlo.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «My Favorite Artist»?
La letra todavía no está publicada en gayfolkplanet.com, así que este post no la cita. La portada es tipográfica: un fondo oscuro y granulado como un póster viejo y, en letras de brocha gorda rosa chicle, el título y el nombre del artista, subrayados. Mike se pregunta en su ficha si es una broma, un acto de amor propio o lo que uno se dice delante del espejo, y responde que seguramente un poco de todo.
¿En qué disco está?
En «El día de la liberación», el tercer acto de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 199 de la discografía de la web y la ficha del single lo fecha el 31 de mayo de 2026.
¿Tiene videoclip?
Sí, un videoclip oficial de 2:37 en la sección de vídeos de gayfolkplanet.com.
¿Quién la ha hecho?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.