IA y autoría
Bestiario de la caja de comentarios: «Tus Letras Son Basura» y las nueve especies que opinan sin escuchar
Por Mike Sain't Louis ·

Debajo de cada videoclip hay un sótano. Se baja con la rueda del ratón, despacito, como quien baja a por el vino a la bodega de una casa de pueblo, y allí abajo vive gente.
No toda. La mayoría de los que pasan por un vídeo no dicen nada: miran, se ríen, se van a hacer la cena. Pero hay una fauna que se queda. Que escribe. Que ha encontrado en el recuadro gris de «Añade un comentario» su balcón, su púlpito y su plató de «Sálvame» particular. Y de esa fauna sale, tarde o temprano, la frase que da título a la canción: «Tus Letras Son Basura».
Este diario ya contó quién escribe cuando la música la hace la IA, y no lo vamos a repetir con otras palabras. Hoy el planeta hace otra cosa, más de documental de La 2 a la hora de la siesta: coge la libreta, se pone el chaleco de explorador y clasifica. Porque quien comenta «basura» no es una persona sola. Son especies. Y cada especie tiene su hábitat, su manera de atacar y, lo mejor de todo, su respuesta ya escrita en el catálogo.
Félix Rodríguez de la Fuente lo hacía con lobos. Nosotros, con perfiles sin foto.
Cuaderno de campo
Antes de empezar, una advertencia de explorador: no hay que odiar a los animales que uno estudia. Hay que observarlos, apuntar lo que hacen y no darles de comer.
Lo segundo cuesta más.
El texto que acompaña a la canción en la web explica de dónde viene todo esto. Durante años, cuenta Mike, le dijeron que sus letras eran «demasiado raras, demasiado intensas, demasiado personales». Que no encajaban. Que nadie las entendería. Y luego, cuando esas mismas letras empiezan a moverse un poco, a sonar en algún sitio, a recibir alguna visita, aparecen «los de siempre: los que opinan sin escuchar, los que juzgan sin sentir».
Esa frase es el mapa del territorio. Opinar sin escuchar. Juzgar sin sentir. Todas las especies del bestiario cumplen al menos una de las dos condiciones, y las mejores cumplen las dos a la vez.
Vamos con ellas.
Especie 1: el que no ha dado al play
Es la más abundante. La paloma de la plaza Mayor de los comentarios.
Se le reconoce por el reloj. El vídeo dura tres minutos y medio y el comentario llega a los cuarenta segundos de publicarse. Nadie, ni siquiera un crítico de El País con prisa, escucha una canción entera, la piensa y escribe su veredicto en cuarenta segundos. Este señor sí. Este señor ha visto la miniatura, ha leído el título y ha decidido.
Su hábitat natural es la notificación del móvil. Vive de ella.
Lo curioso es que suele comentar justo lo que el título le ha servido en bandeja. Si la canción se llama «Tus Letras Son Basura», escribe «pues sí, son basura», y se va contento a dormir, convencido de que ha sido ingeniosísimo. No se da cuenta de que ha hecho exactamente lo que la canción esperaba que hiciera. Es como entrar en una casa del terror de feria y gritar «¡qué miedo!» justo cuando sale el muñeco. Para eso estaba el muñeco, cariño.
Respuesta del catálogo: la propia canción. Con su título en mayúsculas, como un cartel de obras. Él ha venido a decir basura y se ha encontrado con que la basura ya estaba en la portada, firmada y con fecha. Ha llegado tarde a su propio insulto.
Especie 2: el del botón
Esta especie tiene una sola frase y la repite como un loro del Retiro. «Eso lo hace una máquina». «Eso es IA». «Le das a un botón y ya está».

En el planeta la conocemos bien, porque Mike la metió entera en una canción. En «El segundo exacto», el comentario aparece sin retocar, con sus palabras y su tonito:
«Eso es inteligencia artificial, / le das a un botón y ya está.»
Lo que hace este espécimen es confundir dos cosas que no tienen nada que ver. En el proyecto GAYFOLK, la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como Suno. Eso está dicho en la web, en la página de prensa y en cada ficha. Lo que no hace ninguna máquina es la letra. La letra la escribe Mike, sin IA. El texto de «Tus Letras Son Basura» lo dice con todas las letras, nunca mejor dicho: no las firma una discográfica, no las corrige un productor, «y desde luego no las escribe una máquina».
El del botón no lee esa parte. No porque no esté, sino porque está en un párrafo, y los párrafos son su kriptonita.
Su error de fondo es pensar que un sintetizador, una caja de ritmos o un programa que genera voces escriben lo que hay que decir. Ninguno lo hace. Ningún botón sabe que la suegra soñada se llama Carmina Barrios, ni que el crucero tenía sardinas en el minibar, ni que el ex tiene un nombre con el que no vamos a manchar este diario. Eso lo sabe quien lo vivió y se sentó a escribirlo.
El planeta tiene una pregunta para el del botón, sacada de la misma canción. Es la mejor línea de todo este debate y no tiene ni un chiste:
«¿Será que podrá la inteligencia artificial escoger el segundo exacto donde rompiste a llorar?»
El del botón no contesta. Nunca contesta a las preguntas. Solo a las notificaciones.
Especie 3: el contable
Pariente cercano del anterior, pero con calculadora. A este no le importa tanto cómo se hace la canción como para qué. Su pregunta es económica: «¿Y eso para qué, si no te da dinero?».
También está en «El segundo exacto», casi palabra por palabra: «¿Pero qué ganas haciendo eso? / Si no te da dinero». Es una especie muy española, muy de sobremesa de domingo, muy de cuñado con la servilleta al cuello. Para el contable, todo lo que no da para pagar el alquiler es una tontería, y quien lo hace, un tonto.
Lo divertido es que el contable suele tener aficiones que tampoco le dan dinero. Colecciona chapas, hace maquetas, sube vídeos de su moto a un canal con catorce suscriptores, juega al pádel tres tardes por semana. Pero eso es diferente, claro. Eso es «desconectar».
El planeta no le va a explicar al contable que escribir a veces es la forma de no volverse loco. No lo entendería, y además el diario ya tiene una nota entera sobre el síndrome del impostor, que es la vocecita que el contable lleva dentro y que proyecta sobre los demás para no oírla él.
Le basta con una cuenta sencilla. El catálogo de la trilogía GAYFOLK pasa de las doscientas setenta canciones. Si cada una fuera una inversión, el contable ya habría dejado de mirar. Como no lo son, sigue comentando. Algo le estará dando.
Especie 4: la loca de los abanicos
Atención, que esta es de las nuestras. Y por eso duele más.

No es un señor de Forocoches. Es alguien del ambiente, que se mueve por Chueca como pez en el agua, que va de artista, que firma los mensajes con «os quiero mucho, tías» y que, sin embargo, ha decidido que lo de Mike no vale porque está hecho con IA. «Discutiendo con la IA» la retrata con una precisión que da miedo:
«Hija mía si usar IA es / dar a un botón / hazlo tú maricón, que vas de artista y de / “¡Os quiero mucho, tías!”»
Ahí está la especie entera, con plumas y todo. La que va de mente abierta para lo suyo y de inquisidora para lo ajeno. La que aplaude la libertad en el pregón del Orgullo y luego, en privado, reparte carnés de artista auténtico como quien reparte flyers en la puerta de una discoteca.
La canción no le pide que le guste. Le hace una propuesta mucho más incómoda: si es tan fácil, hazlo tú. Dale tú al botón. A ver qué sale. A ver si te sale una letra sobre Locomía, sobre la Esperanza Gracia de las cartas, sobre los cuarenta años y la playa del Mal Pas. A ver si el botón te da el verso que no tienes.
Spoiler: no te lo da.
Hay algo triste en esta especie, y el planeta no lo quiere esconder. Cuando el desprecio viene de fuera, de un perfil sin cara, se aguanta mejor. Cuando viene de alguien que comparte contigo barrio, bar y memoria, pica. Pica porque esperabas otra cosa. Porque la familia elegida también tiene primos que solo aparecen en las bodas para criticar el menú.
Especie 5: el profesor de literatura sin alumnos
Es el que corrige.
No discute lo que dice la letra, discute cómo lo dice. Señala una rima fácil. Una palabra repetida. Una errata. Un «haber» que debería ser «a ver». Y desde ahí concluye que todo es basura, porque una coma mal puesta, según su ciencia, invalida un sentimiento.
Al profesor sin alumnos el planeta le debe una confesión: sí, hay erratas. Las letras se publican como salieron, y a veces salen con un tropiezo. La propia guía de estilo de este diario lo advierte: cuando citamos a Mike, copiamos literal, con sus erratas incluidas. No las corregimos porque no queremos maquillar el original. El que quiera la versión con barniz tiene a su disposición la discografía entera de la industria, revisada por siete personas con másteres.
Lo que el profesor no sabe ver es que la rareza es el estilo. Que el texto de «Tus Letras Son Basura» empieza justamente con eso: le decían que sus letras eran demasiado raras, demasiado intensas, demasiado personales. Esos tres «demasiado» que para él son defectos son, en realidad, la descripción exacta del producto. Es como quejarse de que el gazpacho está frío.
Y luego hay otra cosa. El profesor de literatura sin alumnos nunca ha publicado nada. Si lo hubiera hecho, sabría lo que se siente al leer debajo de tu texto la palabra «basura» escrita por alguien que no ha terminado de leerlo.
Especie 6: el de Forocoches
Este no necesita presentación porque ya tiene canción propia. «Forocoches» lleva en el título el nombre de uno de los foros más conocidos de España, y en el planeta funciona como sinónimo de una cierta manera de estar en internet: en grupo, con mote, a carcajadas y sin mirar a quién se pisa.
Su método es la manada. Nunca comenta solo. Uno lanza el enlace en un hilo, otros cuatro bajan a dejar su huella, y en media hora hay quince comentarios que dicen lo mismo con distinto avatar. Cuando uno lee eso de madrugada parece que el mundo entero te odia. Luego mira los perfiles y son seis señores que se conocen de otro hilo.
La nota de este diario sobre la toxicidad en internet lo explica con más calma de la que el planeta tiene hoy: recibir odio de forma repetida afecta a la salud mental aunque venga de desconocidos. No por lo que dicen, que suele ser poca cosa, sino por la repetición. Una gota no hace nada. Un grifo abierto toda la noche te deja la cocina inundada.
Contra la manada, el catálogo tiene su propia arma: la risa en mayúsculas. Ponerle título al insulto, enmarcarlo y colgarlo en la pared del salón. Es lo que hacía la abuela con las fotos feas de la boda: no se tiran, se cuelgan en el pasillo para que todo el mundo vea lo poco que importan.
Especie 7: el amigo que no comenta
Esta es la más rara de todas, porque no escribe nada. Y aun así hace daño.

Es el que lo ve y calla. El que pasa por el estado de WhatsApp, deja su visto y sigue. En «El segundo exacto» hay un recuento que el planeta no puede leer sin que se le encoja algo: veinte estados vistos en WhatsApp, el novio, su madre, la hermana, el suegro, el ex. Y luego el remate:
«Ni un solo 'me gusta', ni tan solo un comentario, / y es hoy en YouTube mi primer aniversario.»
Hay quien piensa que lo peor es que te digan «basura». No siempre. A veces lo peor es que no te digan nada los que te quieren. El hater, al menos, ha escuchado diez segundos. El amigo callado ni eso.
Esta especie no es mala, ojo. Es despistada, o tímida, o no sabe qué decir, o piensa que ya lo dirá otro. Pero conviene ponerla en el bestiario porque es la que más pesa en el ánimo y la que menos se nombra. Un comentario de odio se borra. Un silencio de los tuyos se queda dando vueltas en la cabeza a las tres de la mañana.
Si eres de esta especie y estás leyendo esto: dale a «me gusta». Cuesta menos que un café en Malasaña.
Especie 8: el entendido en industria
Llega con datos. O con algo que se parece a datos.
Que si eso no es música de verdad porque no tiene discográfica. Que si sin productor no hay disco. Que si un artista independiente que sube muchas canciones «satura». Que si en sus tiempos había que ganarse el sitio tocando en bares.
El entendido en industria tiene una idea muy romántica del sistema que lo dejó fuera a él también. Defiende con uñas y dientes un club que nunca le dio el carné.
El texto de «Tus Letras Son Basura» le contesta de lado, sin mirarle a la cara. Dice que la canción es para los artistas independientes que prefieren ser auténticos a ser «comerciales», y para quien escribe sin pedir permiso. Sin pedir permiso. Esa es la frase que más molesta a esta especie, porque toda su teoría se basa en que hace falta permiso: de un sello, de una radio, de un jurado, de un señor con coleta y gafas que decide en una oficina de la Castellana lo que suena el verano siguiente.
Este diario ya habló de esto en la nota sobre la música hecha con IA y la autoría, con más calma. Lo resumimos aquí en una línea para el entendido: el sello de Mike se llama Mike Sain't Louis. Está en cada ficha del catálogo. No hace falta preguntar quién da el permiso.
Especie 9: el que vuelve
La última especie es la más interesante, y la más difícil de ver.
Es el hater que vuelve. El que dejó «basura» en el primer vídeo y, sin embargo, está en el segundo. Y en el tercero. Y en el quinto. Comenta lo mismo, más o menos, pero ya no llega a los cuarenta segundos: llega a las dos horas, o al día siguiente. Se ha quedado. Algo le ha enganchado.
No lo reconocerá nunca. Pero el que vuelve ha escuchado más canciones de Mike que muchos de sus amigos. Se sabe los títulos. Sabe quién es Locomía en el planeta, sabe lo de las sardinas del minibar. Su odio, a fuerza de repetirse, se ha convertido en una forma rarísima de fidelidad.
En los zoos lo llamarían impronta. El patito que sigue a lo primero que ve moverse.
El planeta no le va a dar las gracias, porque tampoco hay que pasarse. Pero tampoco le cierra la puerta. Si un día deja de escribir «basura» y escribe otra cosa, lo que sea, aquí habrá sitio.
Lo que el cuaderno no apunta
Hasta aquí el bestiario, con su tono de explorador y sus chistes de documental. Ahora toca la parte que no tiene gracia.

Detrás de cada una de estas especies hay una persona que lee los comentarios. Que los lee de noche, con el móvil a dos palmos de la cara, mientras los perros duermen. El texto de «Tus Letras Son Basura» no lo esconde: cada palabra, dice, tiene detrás «noches sin dormir, recuerdos, miedo, pero también coraje». Y añade una línea que conviene leer despacio: «Cada verso es una herida transformada en arte».
Uno puede reírse del de Forocoches. Puede clasificar al del botón y burlarse del contable. Pero lo que llega, al final, llega a una sola persona, a un señor de Madrid con sus chihuahuas que se sentó a escribir lo que le había pasado. Y para esa persona, «basura» no es una opinión musical. Es una patada en la puerta de casa.
Por eso esta canción existe. Porque había que hacer algo con esa patada.
Reciclaje
Hay una ironía bonita en el título y el planeta no se la quiere perder.
La basura, en España, se separa. Amarillo para los envases, azul para el papel, verde para el vidrio, marrón para lo orgánico y el gris para lo que no sabes dónde va. Hay campañas enteras en la tele para enseñarnos a hacerlo, con dibujitos y sintonías pegadizas. Lo que nadie te dice es qué hacer con la basura que te tiran a ti.
Mike encontró su contenedor. La metió en una canción, la puso en mayúsculas, la colgó en YouTube y en Spotify y la convirtió en la pista que contesta a todas las demás. Es reciclaje en estado puro. Lo que venía a ensuciar acabó sirviendo de material.
Si uno se fija, todo el catálogo tiene un poco de eso. «El segundo exacto» recicla el comentario del botón. «Discutiendo con la IA» recicla a la loca de los abanicos. «La música me está salvando» recicla a un ex mentiroso y lo convierte en estribillo de verbena. Nada se tira. Todo vuelve con otra forma.
El texto de la canción termina con una frase que el planeta firma sin tocar una coma. Dice que quizás esas letras no sean perfectas. «Pero son mías». Y que eso, «en este mundo de máscaras, vale más que cualquier aplauso falso».
Pero son mías. Tres palabras.
Instrucciones para la próxima visita al sótano
Si eres de los que escriben, una sugerencia de explorador: escucha primero. La canción entera. Lee la letra en la página de letras, mira la fecha en la ficha, entérate de quién escribe qué. Y luego, si sigue sin gustarte, dilo. Con argumentos, si los tienes. Con educación, si te sobra. Con la palabra «basura», si no se te ocurre otra cosa, pero sabiendo ya que está cogida y que tiene dueño.
Si eres de los que leen los comentarios de madrugada, otra: no te quedes solo con ellos. Baja la rueda del ratón hasta el final y vuelve a subir. Entre el de Forocoches y el del botón suele haber alguien que ha escrito «me ha llegado», o un emoticono con lagrimita, o una frase en otro idioma. Esos también cuentan. Esos cuentan más.
Y si eres el amigo que no comenta: ya sabes lo que tienes que hacer.
El sótano seguirá ahí, con su fauna y sus perfiles sin foto. El planeta seguirá bajando de vez en cuando con la libreta. Y la canción seguirá en lo alto de la escalera, con la luz encendida, el título en mayúsculas y la puerta abierta para quien quiera subir.
Escúchala en Spotify. Luego, si quieres, comenta. Pero escúchala.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Tus Letras Son Basura»?
Es la respuesta de Mike Sain't Louis a los comentarios que desprecian sus letras sin haberlas escuchado. El texto que la acompaña en la web recuerda que esas letras las escribe él, con su historia, y que no las firma una discográfica ni las escribe una máquina.
¿Quién escribe las letras de Mike Sain't Louis?
Él mismo. Mike Sain't Louis es letrista, compositor y productor musical madrileño. Las letras son suyas, escritas sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.
¿En qué disco está?
En «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single la fecha el 28 de junio de 2026.
¿Hay otras canciones que contesten a los haters?
Sí. «El segundo exacto» y «Discutiendo con la IA» recogen frases literales de quienes desprecian el proyecto y las convierten en estribillo, y «Forocoches» se ríe de la cultura del foro.