Planeta Gayfolk

IA y autoría

Hemeroteca del susto: «Tampoco Te Escandalices Tanto» y todo lo que ya nos escandalizó antes

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Portada de «Tampoco Te Escandalices Tanto», canción de Mike Sain't Louis

Sales sinfónicas, señoras con abanico, un señor del fondo que se levanta y dice «¡esto es una vergüenza!». Cambian los trajes y los muebles, pero la escena se repite cada pocos años desde que el mundo es mundo.

Alguien hace algo nuevo. Alguien se escandaliza. Pasan diez años. Lo nuevo se vuelve normal. El escandalizado se muere o se olvida de que lo estuvo. Y en algún cajón queda un recorte de periódico amarillento que hoy da risa.

«Tampoco Te Escandalices Tanto» es una canción con nombre de consejo de abuela. De esas frases que se dicen en la cocina, con el trapo al hombro, cuando la nieta llega contando algo que a la madre le ha parecido fatal. El texto que la acompaña en la web es un manifiesto con un título en mayúsculas, «El arte también se crea con IA», y una queja muy concreta: a Mike le han dicho muchas veces que lo suyo no cuenta, que eso lo hace una máquina.

El diario ya leyó ese manifiesto en clave de autoría e intención. Hoy el planeta hace otra cosa. Baja al sótano de la biblioteca, enciende el lector de microfichas y busca en la hemeroteca todo lo que escandalizó antes que esto. Para comparar. Para relajar. Para que el señor del fondo se vuelva a sentar.

Traed rebeca, que en las hemerotecas siempre hace frío.

Ficha 1: la cámara que iba a matar la pintura

Empezamos lejos, en el siglo XIX, que es donde empiezan casi todos los sustos modernos.

Cuando apareció la fotografía hubo pintores y críticos que se pusieron muy nerviosos. Una máquina que reproducía la realidad sin pinceles, sin años de academia, sin mezclar óleos ni pasar hambre en una buhardilla de París. Le dabas a un botón, como quien dice, y ya estaba. Hubo quien escribió que aquello no era arte y que acabaría con los artistas de verdad.

No acabó con nadie. La pintura se puso a hacer cosas que la cámara no hacía, y la fotografía acabó colgada en los museos que la despreciaban. Hoy nadie entra en una exposición de fotos con el ceño fruncido diciendo «pero esto lo ha hecho una máquina».

El manifiesto de «Tampoco Te Escandalices Tanto» apunta justo ahí. Señala que nunca le dicen lo mismo «a un pintor que usa pinceles, ni a un músico que usa un sintetizador». Y es verdad: a nadie se le ocurre decir que el cuadro lo ha pintado el pincel. Pero el pincel, en su día, también fue tecnología. Y la cámara. Y el óleo en tubo, que permitió a los pintores salir al campo en lugar de quedarse moliendo pigmentos en el taller.

Cada herramienta nueva tiene su señor del fondo.

Ficha 2: el bikini que llegó en Vespa

Avanzamos un siglo y bajamos a la costa. Benidorm, años cincuenta.

La historia se cuenta mucho en Benidorm, casi como leyenda local: llegaron las turistas del norte de Europa con bikini, una prenda que en la España de entonces era pecado mortal y multa segura, y el alcalde del pueblo tuvo que ir a Madrid a defender que se permitiera. Hay versiones que dicen que fue en Vespa. A lo mejor la Vespa la añadió alguien después para darle color, que es lo que pasa con las buenas historias.

Lo que sí es seguro es el resultado. Hoy en Benidorm puedes ir en tanga, con peluca rosa, disfrazado de flamenca o de astronauta, y nadie te mira dos veces. El bikini, que fue un escándalo con sotana y guardia civil incluidos, se vende en el Mercadona al lado de las chanclas.

El planeta tiene una relación muy especial con Benidorm. Es escenario de muchas canciones del catálogo, y en una de ellas, «La primera drag de Benidorm», hay una figura que se arrastra por la ciudad con los tacones rotos. La letra no tiene nada de postal:

«Aquí me arrastro, / con tacones rotos, / escupiendo sueños / por cada semáforo.»

Esa drag también fue escándalo antes de ser costumbre. El diario le dedicó su propia nota. Lo que el planeta quiere apuntar aquí es una cosa sencilla: alguien tuvo que ser la primera en ponerse los tacones en esa calle. Alguien se llevó los insultos para que hoy la siguiente pueda ir tranquila. El escándalo siempre lo paga el primero.

Ficha 3: la guitarra enchufada

Saltamos al extranjero, a un festival de folk en Estados Unidos, a mediados de los sesenta.

Fotogramas del videoclip oficial de «Tampoco Te Escandalices Tanto», de Mike Sain't Louis

Bob Dylan, que era el niño mimado del folk acústico, de la canción protesta con guitarra de palo y armónica, sale un día al escenario con una guitarra eléctrica y una banda de rock detrás. Parte del público lo abuchea. Hay quien lo llama traidor. Durante una temporada, en sus conciertos, alguien le gritaba desde la grada como si hubiera cometido un crimen.

¿Qué crimen? Enchufar la guitarra.

Hoy aquello se estudia como uno de los momentos que cambiaron la música popular. Nadie recuerda el nombre de los que gritaban. Recordamos la canción.

El planeta trae esta ficha porque GAYFOLK lleva el folk en el nombre. Y porque la pregunta de fondo es la misma que hace cincuenta y tantos años. ¿Es menos folk una canción si la guitarra va enchufada? ¿Es menos canción si la música y las voces se hacen con inteligencia artificial, pero la letra es de alguien que se sentó a escribir lo que le pasó? Mike contesta en otra canción del catálogo, «Discutiendo con la IA», con una pregunta que podría haberle hecho Dylan a la grada:

«¿Por qué decías que como lo mío era / IA / no valía?»

Ficha 4: los sintetizadores que iban a dejar sin trabajo a los músicos

Esta ficha está un poco más cerca y tiene hombreras.

En los ochenta, cuando los sintetizadores y las cajas de ritmos se colaron en todas las listas de éxitos, hubo músicos que vieron en ellos una amenaza. Una máquina que hacía de batería, de bajo, de sección de cuerdas entera. Hubo debates, quejas y discursos apocalípticos: el fin de los músicos de verdad, la música sin alma, los robots.

Luego salió media movida madrileña con sintetizadores. Luego el tecno, la música de baile, el bakalao de la ruta. Luego la rumba tecno de Camela, que es patrimonio sentimental de este planeta y que suena a teclado de gasolinera con orgullo. Nadie en su sano juicio diría que Camela no tiene alma.

Y sin embargo, en algún momento, a alguien le pareció un escándalo. Seguro que hubo un batería con bigote que miró una caja de ritmos en un escaparate de la calle Mayor y pensó que se le acababa el mundo. Luego se compró una, que es lo que suele pasar.

Ficha 5: La Veneno en la tele de las doce

Volvemos a España, a los noventa, a la tele de madrugada.

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «La pérdida, el abuso emocional, la rabia, la belleza, la locura y la esperanza» de «Tampoco Te Escandalices Tanto»

Una mujer trans que trabajaba en el parque del Oeste de Madrid aparece en un programa nocturno de Telecinco y revienta la audiencia. Habla como habla, sin pedir permiso, con una gracia que nadie había visto en un plató. Hubo quien se escandalizó en el sofá, quien escribió cartas al periódico, quien la convirtió en chiste de oficina al día siguiente.

Hoy La Veneno tiene serie, libros, homenajes y una canción en este catálogo. «Kaaa Miga» termina su texto con una frase de ella que en el planeta se repite como un rezo:

«Porque, como diría ella: “¡Yo soy La Veneno, y tú quién eres, maricón!”»

Esa pregunta es, en el fondo, la mejor respuesta que se le puede dar a cualquier escandalizado. ¿Y tú quién eres? ¿Quién te ha dado el carné para decidir qué cuenta y qué no? La Veneno escandalizó a media España en pijama. Treinta años después, la media España en pijama le pide perdón.

Hay una tristeza enorme en esta ficha, y el planeta no la quiere tapar con purpurina. A ella el reconocimiento le llegó tarde, muy tarde. El escándalo, cuando cae sobre una persona y no sobre una idea, deja heridas que el tiempo no cierra. Esa es la parte de la hemeroteca que no da risa.

Ficha 6: el cine de un chico de La Mancha

Ochenta y tantos. Un cineasta que había llegado a Madrid desde el campo manchego estrena películas con monjas que se drogan, travestis, madres que matan a sus maridos con un hueso de jamón y diálogos que en el cine de barrio provocaban gritos y risas a partes iguales.

La crítica seria se tapaba la nariz. Muchos espectadores salían escandalizados. Algunos ni entraban.

Hoy Pedro Almodóvar es probablemente el director español más conocido del mundo, y sus películas se ven en los institutos. El diario tiene una nota sobre Almodóvar en el planeta, y el catálogo una canción con su apellido por título. En ella, Mike usa al director como unidad de medida del drama: «No me hagas hablar / Que ni Almodovar / en sus mejores / tiempos».

Esa es la prueba definitiva de que un escándalo ha terminado: cuando se convierte en adjetivo. «Almodovariano» ya no escandaliza a nadie. Describe.

Ficha 7: unos chicos de Ibiza con abanicos gigantes

Finales de los ochenta. Tres o cuatro chicos con hombreras imposibles, pantalones de colores, melenas cardadas y unos abanicos enormes que abrían y cerraban a la vez con un golpe seco, como si fueran un ejército de folclóricas espaciales.

Locomía.

En los colegios de España, quien imitaba sus abanicos en el recreo se llevaba de regalo el insulto de siempre, ese que empieza por «m». Los programas de humor los parodiaban. Los tíos de las bodas los imitaban después del tercer cubata, con el abanico de la tía, entre carcajadas que tenían bastante de miedo. Había algo en aquellos chicos que incomodaba a mucha gente y que nadie sabía nombrar, o no quería.

Hoy Locomía es memoria pop. Sus abanicos salen en fiestas de los noventa, en documentales, en despedidas de soltera. Y en este catálogo tienen un papel de honor: son la banda sonora de la discusión con la máquina. «Si estoy a todas horas discutiendo con la IA mientras escucho a Locomía», dice la letra de «Discutiendo con la IA». La canción empieza, además, «sin abanicos», como quien guarda el arma reglamentaria antes de entrar en la pelea.

El planeta tiene una teoría sobre esta ficha. Lo que escandalizaba de Locomía no era la música, ni siquiera las hombreras. Era la pluma a la vista en horario infantil. El abanico era una bandera que entonces no se podía nombrar. Por eso hoy nos hace tanta gracia, y por eso, en su día, a alguien le dio tanto miedo.

Ficha 8: una boda en el Congreso

Ahora una ficha que el planeta saca con las manos limpias, porque está muy cerca y todavía quema un poco.

Collage con un detalle de la carátula de «Tampoco Te Escandalices Tanto» y las carátulas de «Discutiendo con la IA», «Kaaa Miga», «Almodóvar»

Año 2005. España aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo. Hubo manifestaciones en contra por las calles de Madrid, obispos en primera fila, discursos que anunciaban el fin de la familia, de la sociedad y casi del mundo. Hubo tertulias de radio en las que se dijeron cosas que hoy, leídas en voz alta, dan vergüenza.

Han pasado más de veinte años. La familia sigue ahí. La sociedad, también. Y miles de parejas como las de este planeta se han casado, se han divorciado, han adoptado perros, han discutido por el mando de la tele y han hecho todo lo aburrido y maravilloso que hace cualquier matrimonio. El escándalo, visto desde aquí, parece una película de sobremesa mal doblada.

No significa que la homofobia se acabara con una ley. El diario lo cuenta en muchas notas, y el catálogo lo grita en muchas canciones. Pero esta ficha sirve para recordar que hay escándalos que se quedan en el lado equivocado de la historia. Los que se escandalizaron en 2005 no van a contárselo a sus nietos con orgullo.

Y cada vez que el planeta oye a alguien escandalizarse de algo nuevo, piensa en esas pancartas. Tampoco tanto, hombre. Tampoco tanto.

Lo que tienen en común todas las fichas

Si uno extiende todas las microfichas sobre la mesa, ve un dibujo que se repite.

Primero, el susto siempre va contra lo que parece demasiado fácil o demasiado libre. La cámara era demasiado fácil. El bikini, demasiado libre. La guitarra eléctrica, demasiado fácil y demasiado ruidosa. La Veneno, demasiado libre en un plató. Almodóvar, libre hasta el exceso. Y ahora la IA, que al escandalizado le parece fácil: le das a un botón.

Segundo, el escandalizado casi nunca ha mirado de cerca lo que critica. No ha tocado una cámara antigua, no ha estado en Benidorm, no ha escuchado el disco entero de Dylan ni ha visto la película hasta el final. Critica el titular. Critica la miniatura.

Tercero, el tiempo siempre gana. No siempre a favor de lo nuevo, ojo: también hay inventos que escandalizaron y desaparecieron, y con razón. Pero el tiempo separa lo que tenía algo dentro de lo que solo hacía ruido. Y eso no lo decide el señor del fondo de la sala sinfónica.

El manifiesto de esta canción lo dice a su manera, con una frase que el planeta copia sin tocar: «Ojalá algún día entiendan que el alma no está en la técnica, sino en la intención».

Lo que la IA no inventa

Aquí el planeta tiene que dejar la hemeroteca y hablar claro, porque en este tema las confusiones son muchas y algunas malintencionadas.

En el proyecto de Mike Sain't Louis, la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como Suno. Las letras, no. Las letras las escribe Mike, sin IA. Así consta en la página de prensa, en las fichas y en cada nota de este diario. Mike es letrista, compositor y productor musical. La herramienta pone el sonido; el texto viene de él.

El manifiesto lo explica con una lista que es casi una biografía: cada imagen, cada nota, cada verso del proyecto nace de algo que sintió antes de escribirlo. «La pérdida, el abuso emocional, la rabia, la belleza, la locura y la esperanza». Y después, la frase clave: «La IA no inventa eso. Solo me ayuda a convertirlo en universo».

El planeta añadiría un ejemplo práctico. Ninguna máquina sabe que la suegra soñada es Carmina Barrios. Ninguna sabe que el crucero era un tanatorio de alta mar con sardinas en el minibar. Ninguna sabe a qué hora exacta se rompe alguien a llorar. En «El segundo exacto» esa duda está escrita con una sencillez que desarma:

«Eso es inteligencia artificial, y un corazón real.»

Las dos cosas a la vez. Sin escándalo.

Quien quiera profundizar en esto con datos y sin aspavientos tiene la nota del diario sobre la IA como herramienta creativa. Aquí basta con decir que confundir la herramienta con el autor es como pensar que el bolígrafo Bic escribió el Quijote.

La frase de la abuela

Volvamos al título, que tiene mucha más miga de la que parece.

Ficha de la canción «Tampoco Te Escandalices Tanto» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

«Tampoco te escandalices tanto» no dice «no te escandalices». Dice «tampoco tanto». Es decir: entiendo que te sorprenda, entiendo que te choque, tienes derecho a que no te guste. Pero baja un poco el volumen. Siéntate. Respira. Mira la cosa antes de gritar.

Es una frase muy de abuela, muy de cocina de pueblo, muy de mujer que ha visto pasar mucha vida. Las abuelas españolas vieron llegar la tele, el bikini, el divorcio, el matrimonio igualitario, el móvil y el WhatsApp. Se escandalizaron un poco con cada cosa y luego aprendieron a mandar audios de cuatro minutos. Si alguien sabe relativizar un susto, son ellas.

El planeta imagina a una de esas abuelas escuchando un tema de GAYFOLK por primera vez. Al principio frunce el ceño. «¿Y esto lo hace una máquina?». Luego se fija en la letra. Se ríe con lo de las croquetas del crucero. Se le escapa una lágrima con lo de la playa del Mal Pas. Y al final dice lo que dicen las abuelas cuando algo les ha gustado y no quieren reconocerlo del todo: «Pues mira, tiene su aquel».

Tiene su aquel. Ese es el veredicto que importa.

El recorte que guardaremos

Toda hemeroteca termina con una ficha en blanco: la del escándalo de ahora, que todavía no sabemos cómo acabará.

El manifiesto de Mike termina con una apuesta. Si el arte tiene que evolucionar, escribe, «que me culpen de ser de los primeros en cruzar la frontera». Y luego, casi en un susurro: «cuando uso la IA, no pierdo humanidad: la multiplico».

El planeta no sabe qué dirán las microfichas dentro de veinte años. Puede que este debate dé la misma risa que los que gritaban a Dylan. Puede que no. Lo que sí sabe es que, cuando alguien abra el recorte, encontrará algo que no hacen las máquinas: más de doscientas setenta canciones con nombres, barrios, ex, perros, programas de tele y madrugadas que solo podía haber escrito una persona concreta de Madrid.

Al planeta le gusta imaginar ese momento. Una estudiante de dentro de veinte años, con su rebeca, en una hemeroteca que a lo mejor ya ni tiene microfichas. Busca «IA» y «música» y «2026». Le salen columnas indignadas, hilos de foro, comentarios con faltas de ortografía, señores muy enfadados. Y en medio, una canción con nombre de consejo de abuela, firmada por un letrista de Madrid con sus chihuahuas, que ya entonces pedía calma. La estudiante se ríe. Hace una foto con lo que tenga entonces en lugar de móvil. Y la pone en su trabajo de fin de curso, al lado del bikini de Benidorm y de los abanicos de Locomía, en la sección de sustos que acabaron en nada.

O a lo mejor no. A lo mejor el escándalo de hoy acaba siendo de los que tenían razón. La hemeroteca no adelanta resultados. Solo guarda.

Mientras tanto, para el señor del fondo de la sala, el consejo de siempre, con el trapo al hombro y la sartén al fuego.

Tampoco te escandalices tanto. Y escúchala en Spotify antes de escribir la carta al director.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Tampoco Te Escandalices Tanto»?

Es una respuesta a quienes se llevan las manos a la cabeza porque el proyecto usa IA. El texto que la acompaña en la web es un manifiesto: el arte también se crea con IA, y el alma está en la intención, no en la técnica.

¿Usa Mike Sain't Louis la IA para escribir las letras?

No. Las letras son suyas, escritas sin IA. Mike Sain't Louis es letrista, compositor y productor musical madrileño; la música y las voces del proyecto se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿En qué disco está?

En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single la fecha el 12 de mayo de 2026.

¿Qué otras canciones tratan este tema?

«Discutiendo con la IA», «El segundo exacto» y «Tus Letras Son Basura» responden a quienes desprecian el proyecto por usar inteligencia artificial.

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