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Cultura

El Orgullo de Madrid, de 1978 al WorldPride: la historia de una marcha leída con las letras de Mike Sain't Louis

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Portada de «Madrid to Benidorm», canción de Mike Sain't Louis

Cada verano, Madrid cambia de piel durante unos días. Los balcones se llenan de banderas, las plazas del centro se convierten en escenarios, los bares de Chueca sacan la música a la calle y, el sábado por la tarde, una marea de gente baja por el Paseo del Prado camino de Colón. Para muchos visitantes es la fiesta más grande de Europa. Para quien conoce la historia, es también una manifestación que empezó siendo pequeña, vigilada por la policía y desterrada a las afueras del centro.

Este texto cuenta esa historia, la del Orgullo de Madrid, desde la primera marcha de 1978 hasta el WorldPride de 2017 y los años que vinieron después. Y la cuenta con un acompañamiento musical concreto: las letras de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que firma la trilogía GAYFOLK. En su catálogo hay un himno de Orgullo declarado, «Madrid to Benidorm», pero también hay miedo a Chueca, tacones, manos que se cogen donde nadie mira y una nave rosa que se marcha de la Tierra. Leídas junto a la cronología, esas frases ganan otra profundidad.

Los datos históricos de este recorrido proceden de fuentes públicas y conocidas: la crónica de El País del 27 de junio de 1978, los reportajes de aniversario de eldiario.es y Vanity Fair, la web oficial de MADO y la documentación recogida sobre las fiestas. Las citas de canciones reproducen las letras tal como están publicadas en la web del Planeta Gayfolk.

Antes del Orgullo: 1969, 1977 y una ley pendiente

El Día del Orgullo se celebra el 28 de junio en recuerdo de la madrugada de 1969 en la que la policía de Nueva York hizo una redada en el Stonewall Inn, un bar del Greenwich Village. La gente que estaba dentro, con mujeres trans y drag queens en primera fila, no se dejó llevar sin más, y aquella noche dio paso a varios días de protestas. Un año después, Nueva York celebró la primera marcha en su recuerdo, y la fecha se fue extendiendo por medio mundo.

En España, la noticia llegó tarde y filtrada. La dictadura franquista no solo perseguía a los homosexuales: lo hacía con leyes concretas. Primero con la Ley de Vagos y Maleantes, reformada en 1954 para incluirlos, y después con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970, que permitía internarlos en centros especiales. Cuando Franco murió en noviembre de 1975, esa ley seguía en vigor, y siguió estándolo durante los primeros años de la Transición.

En el catálogo del Planeta Gayfolk hay un single que señala esa fecha con nombre propio: «Franco ha muerto», del tercer álbum, «El día de la liberación». Su letra todavía figura como «próximamente» en la web, así que no hay versos que citar. Lo que sí hay es una portada: un funeral, Mike vestido de negro, gafas de sol y una rosa negra. Es imposible saber todavía si ese luto es de pena, de alivio o de puro teatro, y el propio título del disco deja la pregunta abierta con cierta intención.

La primera manifestación del Orgullo en España no fue en Madrid sino en Barcelona, el 26 de junio de 1977, convocada por el Front d'Alliberament Gai de Catalunya. Reunió a unas 4.000 personas y la policía la disolvió por la fuerza. Aquello dejó claro en Madrid que hacía falta una organización propia, y de ahí nació el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, el FLHOC. Madrid todavía no era comunidad autónoma, de ahí lo de Castilla.

25 de junio de 1978: «Qué demasiao»

La primera marcha madrileña salió el domingo 25 de junio de 1978, a las siete en punto de la tarde, de la calle O'Donnell, junto a la torre de Valencia. Recorrió la avenida de Menéndez Pelayo, pegada a la verja del Retiro, hasta la plaza de Mariano de Cavia. No era el recorrido que habrían elegido sus convocantes. Según recordó años después uno de ellos, Ramón Linaza, que puso su DNI en la solicitud, fue el que les impuso el Gobierno Civil porque no querían verlos por el centro.

Fotogramas del videoclip oficial de «Madrid to Benidorm», de Mike Sain't Louis

El País del 27 de junio contó más de 7.000 personas, y los testimonios posteriores hablan de entre 7.000 y 9.000. La cabecera llevaba una pancarta del FLHOC que pedía la derogación de la Ley de Peligrosidad Social. Detrás iban colectivos feministas, sindicatos, partidos de izquierda, asociaciones de madres solteras, de presos, de teatro independiente. Y, delante de todo, un numeroso grupo de travestis, como lo llamaba la prensa de la época. La crónica recoge los lemas más festivos: «Qué demasiao, todos los peligrosos nos hemos juntao» y «Somos personas, no payasos».

Hubo también un momento de silencio. A mitad del recorrido, la marcha se detuvo un minuto en recuerdo de Esmeralda la Francesa, que había muerto en 1976 al caer desde una tercera planta de la cárcel de Carabanchel. Y se gritó por las personas que aquel mismo día estaban presas por delitos tipificados como sexuales. Aquella primera manifestación era, ante todo, una protesta.

Es útil tener esa imagen en la cabeza al escuchar el puente de «Madrid to Benidorm», que habla de quienes se quedaron fuera:

For every heart that's been denied, In love's great ocean, we'll ride the tide.

Cada corazón al que se le negó algo. En 1978, lo que se negaba no era una metáfora: era la libertad, con artículo y número en el Código Penal y en la ley de peligrosidad. La reforma que sacó los actos homosexuales de esa ley se publicó en enero de 1979, siete meses después de aquella tarde en Menéndez Pelayo.

Las personas trans, en primera fila

Hay un detalle de 1978 que la historia tardó en reconocer. Como en Stonewall y como en Barcelona, la cabecera de la marcha de Madrid la ocuparon sobre todo personas trans y travestis, las más expuestas a la ley de peligrosidad porque no podían esconderse. En 2018, cuando se cumplieron cuarenta años, el entonces presidente de COGAM, Jesús Grande, lo recordó en El País y añadió que luego fueron dadas de lado por el propio colectivo. Ese año la manifestación de Madrid reivindicó precisamente la visibilidad trans.

En el Planeta Gayfolk hay una canción que se coloca en esa memoria: «Kaaa Miga», un homenaje a La Veneno. En el texto que la acompaña, Mike la presenta como «un tributo directo, sin filtros y con mucho arte, a una de las figuras más salvajes, libres y magnéticas que ha tenido España», y escribe que «fue escándalo, humor, coraje y espejo de una época que intentó silenciarla». Cierra con una frase que podría ir en cualquier pancarta: «Es una canción hecha desde el cariño, desde el respeto y desde el orgullo de ser quienes somos».

Cristina Ortiz, La Veneno, no estuvo en la marcha de 1978, pero su historia, recuperada por la serie de Los Javis en 2020, pertenece a la misma genealogía: la de las mujeres trans que pusieron el cuerpo y la cara cuando era más caro hacerlo. Una canción que grita su nombre con descaro es, a su manera, una forma de devolverles la primera fila.

Los años ochenta: Santo Domingo, Sol y el nacimiento de COGAM

Después de 1978, el Orgullo se celebró en Madrid casi todos los años. La documentación de las fiestas recoge solo dos excepciones: 1980 y 2020. En sus primeros años, la manifestación salía de la plaza de Santo Domingo y llegaba a la Puerta del Sol. Ya no era un recorrido desterrado junto al Retiro, pero tampoco era multitudinaria. El FLHOC se disolvió al cabo de unos pocos años, y a finales de los ochenta la marcha seguía siendo una concentración pequeña.

En 1986 se organizó en Chueca un seminario sobre homosexualidad que sembró la idea de un nuevo colectivo, y de ahí salió COGAM, el Colectivo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales de Madrid, que todavía hoy convoca la manifestación junto a la FELGTB. Era una época dura, marcada por la epidemia del VIH y por una sociedad que aún no había aprendido a nombrar estas vidas sin burla.

En esos años empezó también una costumbre que lo cambiaría todo: después de la manifestación, mucha gente volvía a Chueca a celebrarlo. El barrio, que entonces tenía fama de degradado, se fue llenando de bares, tiendas y negocios de ambiente, y en los noventa se convirtió en el barrio gay de referencia de la ciudad. La protesta empezaba a tener un después festivo, y ese después tenía una dirección postal.

Chueca: un barrio y un miedo

Para alguien que llegaba a Madrid desde fuera, o simplemente desde otro barrio, entrar por primera vez en Chueca podía ser cualquier cosa menos un paseo. Ese momento está en una de las canciones más personales del primer álbum de la trilogía, «La despedida», que repasa una vida entera con la palabra «Camela» como estribillo de cada recuerdo. Entre el primer beso, los veranos de fiesta y la laca de L'Oréal comprada en Mercadona, aparece esto:

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «For every heart that's been denied, In love's great ocean, we'll ride the tide.» de «Madrid to Benidorm»

CAMELA, LA PRIMERA VEZ QUE FUI YO SOLO CON MIEDO A CHUECA PENSANDO QUE ME IBAN A PEGAR

Es una frase muy sencilla y dice muchísimo. El barrio que en junio se llena de banderas es también el barrio al que se va solo la primera vez, con miedo. No a la gente de dentro, sino a lo que pueda pasar fuera: en el metro, en la esquina, a la vuelta. Cualquiera que haya vivido esa primera vez la reconoce. La letra no explica nada más, ni falta que hace. La pone en la misma lista que el primer beso y el trío en la sauna, porque forma parte de la misma educación sentimental.

Chueca vuelve en otra canción del mismo disco, «La dieta del cucurrucho», aunque en tono de comedia. Allí el barrio es el escenario de un cruce de miradas: «Te vi varias veces en Chueca», dice la letra, y más adelante cierra con un escueto «Destino Chueca». Entre una canción y otra está el arco completo del barrio: el sitio al que se llegaba con miedo y el sitio en el que se liga, se mira y se vuelve a casa con la cabeza llena de fantasías.

1996: la primera carroza

Si hubiera que elegir un año para el paso de la manifestación a la fiesta, sería 1996. Ese año, la revista Shangay metió en la marcha la primera carroza, con Alaska animando el desfile. Según las cifras recogidas de El País, aquella manifestación reunió a unas 4.000 personas según la organización y 2.000 según las cifras oficiales. A partir de entonces, la asistencia no dejó de crecer, y los camiones y carrozas de asociaciones, fiestas, empresas y partidos se convirtieron en parte del paisaje.

Mike Sain't Louis lo ha dicho sin rodeos al hablar de «Madrid to Benidorm» en su página de «Canción a canción»: «Lo imagino sonando desde una carroza, con mucha gente alrededor gritando la parte de Benidorm». El estribillo está hecho a la medida de ese formato:

Let's dance under the rainbow, Madrid to Benidorm,

Bailar bajo el arcoíris, de Madrid a Benidorm. Es una invitación a moverse, no a escuchar sentado, y es exactamente lo que hace una carroza: convierte una manifestación en un baile que avanza. El propio Mike explica el trayecto con humor: Madrid, «con su Orgullo enorme y sus calles llenas», y Benidorm, «con su playa, su sol y su ambiente tan particular», como si la fiesta empezara en la capital y terminara en la costa.

2005: la boda que llenó las calles

En 1998 miles de personas se manifestaron ya por el derecho al matrimonio civil. Siete años después, el 30 de junio de 2005, el Congreso aprobó la reforma del Código Civil que lo hizo posible, y la ley entró en vigor el 3 de julio. España se convirtió en el tercer país del mundo en reconocerlo. La manifestación de ese año, que coincidía prácticamente con la aprobación, fue una celebración sin precedentes, y según las cifras recogidas sobre las fiestas la asistencia rozó por primera vez los dos millones de personas.

En el Planeta Gayfolk, el matrimonio aparece casi siempre de lado, con más ironía que solemnidad. «El anillo de casado» cuenta una historia con un hombre casado «por la iglesia» y una pareja que no puede dejarse ver:

Y nosotros por Madrid de discretos buscando hostales

Esa discreción, esa búsqueda de hostales, es justo lo contrario de lo que se celebra en el Orgullo. Y por eso funciona como contrapunto: mientras la ciudad entera sale a la calle a celebrar que dos hombres pueden casarse, la canción recuerda que muchas historias siguen viviéndose a escondidas, por miedo, por costumbre o porque uno de los dos ya pasó por la iglesia con otra persona. No es una canción contra el matrimonio. Es una canción sobre todo lo que el matrimonio igualitario no arregla por sí solo.

2007 y 2017: Madrid, capital del Orgullo

Con el impulso de 2005, Madrid fue elegida sede del Europride de 2007, con el lema «Ahora Europa. La igualdad es posible». La organización habló de más de dos millones de asistentes. Cinco años después, en octubre de 2012, los miembros de InterPride votaron a Madrid como sede del quinto WorldPride, por delante de Berlín y Sídney.

Collage con un detalle de la carátula de «Madrid to Benidorm» y las carátulas de «La despedida», «Boys Like Us», «Soy marica sideral»

El WorldPride de Madrid se celebró del 23 de junio al 2 de julio de 2017, con el lema «Por los derechos LGTBI en todo el mundo». Las cifras oficiales hablaron de unos 2,3 millones de personas a lo largo de las fiestas. Museos como el Prado y el Thyssen prepararon recorridos especiales, y por los escenarios pasaron Conchita Wurst, Loreen, Fangoria, Amaral, Marta Sánchez, Rosa López y, entre muchos otros, Camela.

Ese último nombre no es un detalle cualquiera para este catálogo. Camela tiene una canción propia en el segundo álbum de la trilogía, «Camela», que Mike presenta como su «homenaje sincero a ese sonido que sigue sonando en cada coche, en cada pueblo, en cada corazón». En el texto que la acompaña añade: «No es nostalgia: es memoria viva, es alegría compartida». Y la banda madrileña es también el hilo de toda «La despedida». Que el grupo de tecno-rumba del extrarradio acabara en los escenarios del Orgullo más grande del mundo dice algo de cómo la fiesta se ha ido abriendo a todos los gustos, también a los que durante años se miraron por encima del hombro.

Tacones, pregones y plazas nuevas

Con los años, la semana del Orgullo ha ido fijando sus rituales. El pregón abre las fiestas el miércoles, y desde 2016 se lee en la plaza de Pedro Zerolo, que antes se llamaba de Vázquez de Mella y que ahora lleva el nombre del concejal socialista y activista fallecido en 2015. El jueves se corre en Chueca la famosa carrera de tacones. El sábado, la manifestación estatal sale desde 2013 de la plaza del Emperador Carlos V, en Atocha, sube por el Paseo del Prado y Recoletos y termina en Colón. Hasta 2012 pasaba por la Gran Vía, pero la cantidad de gente obligó a cambiar el recorrido.

Los tacones tienen su sitio en las letras del Planeta Gayfolk. En «Boys Like Us», del segundo álbum, son una forma de mantenerse de pie:

We wear our heels And stand tall

Y en «Soy marica sideral» aparecen en una de las imágenes más logradas del catálogo:

Soy silencio con tacones, soy marica sideral.

Silencio con tacones. Es casi un programa político. La canción entera habla de alguien que no pide permiso ni grita para brillar, que no se cambia ni se esconde, y que responde a quien lo llama exagerado con una frase rotunda: «no es mi pluma el problema». La carrera de tacones es ruido, risa y espectáculo. Esta letra propone otra forma de llevar los mismos zapatos: sin necesidad de que nadie aplauda.

Manos que se cogen donde nadie mira

Una de las ideas que más se repiten en los discursos del Orgullo es la de la visibilidad: salir a la calle, ocupar el espacio, que se vea. «Boys Like Us» tiene un verso que muestra el reverso de esa idea:

He holds my hand Where no one sees

Coger la mano donde nadie ve. Es la vida de antes del Orgullo, o la de quien todavía no puede ir a él. Y la misma canción da la vuelta enseguida con un estribillo que convierte la oscuridad en orgullo: «We turn the dark / Into pride». La letra cabe entera entre esos dos polos, el gesto escondido y la noche que se vuelve dorada, y en ese trayecto está resumida la historia que va de la marcha de 1978 a las carrozas de Colón.

El texto que Mike escribió sobre «Madrid to Benidorm» termina con una dedicatoria que va en la misma dirección: «Dedicada a quien viaja kilómetros para poder ser quien es, aunque sea solo un fin de semana». Esa es una de las verdades menos contadas del Orgullo de Madrid. Una parte enorme de quienes lo llenan no vive en Madrid, ni en ninguna ciudad donde coger una mano en la calle sea fácil. Vienen, se quedan unos días y se vuelven. Para ellos la fiesta empieza en la estación de autobuses.

Fiesta y protesta: el debate que no se cierra

El crecimiento del Orgullo ha traído también críticas. Desde hace años, colectivos como la Plataforma Orgullo Crítico organizan marchas alternativas y denuncian lo que consideran una mercantilización de la fecha: patrocinios, marcas que se pintan de arcoíris una semana al año y un modelo de ocio que, según ellos, deja fuera a quien no encaja en el consumo. En 2017, en pleno WorldPride, su manifiesto recordaba que el 28 de junio sigue siendo «un día de denuncia, reivindicación y lucha».

Ficha de la canción «Madrid to Benidorm» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Las fiestas también han tenido sus sobresaltos. En 2020 se suspendieron por la pandemia, la segunda vez desde 1978 que no hubo Orgullo en la calle. En 2022 se retrasaron una semana para no coincidir con la cumbre de la OTAN en Madrid. Y cada año el lema de la manifestación recuerda que hay reivindicaciones pendientes: en 2019, «Mayores sin armarios: ¡Historia, lucha y memoria!»; en 2021, la ley integral trans; en 2022, la respuesta frente al odio.

«Madrid to Benidorm» se coloca de forma clara en el lado festivo, y Mike lo dice sin complejos: es un himno «sin dobleces», «nada de ex a los que señalar, nada de despecho, ni de ironía». Pero incluso el himno más festivo del catálogo guarda una frase que sirve para las dos lecturas:

Love wins, come what may.

«El amor gana, pase lo que pase», traduce el propio Mike, que dice que es la frase que más le emociona. En una carroza suena a celebración. En una pancarta, a promesa que todavía no se ha cumplido del todo. La gracia de una buena consigna, y de un buen estribillo, es que funciona en los dos sitios a la vez.

La nave rosa y el planeta sin desigualdad

Toda la trilogía GAYFOLK está construida alrededor de una fantasía de huida: un planeta llamado Gayfolk al que se viaja en una nave rosa, lejos de una Tierra que no siempre ha tratado bien a sus habitantes queer. «La despedida» la formula sin rodeos:

ALLÍ DONDE VAMOS NO HAY DESIGUALDAD

Es imposible no leer esa frase al lado de la historia del Orgullo. Las primeras marchas pedían algo muy concreto, que dejara de ser delito existir. Las siguientes pidieron el matrimonio, la adopción, la ley trans, la memoria. Todas comparten la misma idea de fondo: imaginar un lugar sin desigualdad y luego intentar construirlo aquí, en la calle, con manifestaciones y leyes. La nave rosa del Planeta Gayfolk es la versión fantástica de ese deseo. El Orgullo es su versión terrestre, con pancartas y carrozas y metro abarrotado.

Hay algo bonito en que un catálogo que fantasea con abandonar la Tierra tenga también un himno tan anclado en dos sitios concretos del mapa como Madrid y Benidorm. Como si la conclusión fuera que, mientras la nave no llega, el planeta ideal hay que montarlo cada verano en las calles de siempre.

Para escuchar la historia en orden

Si alguien quiere recorrer esta historia con música, este es un orden posible, de la memoria a la fiesta:

  1. «Franco ha muerto», como punto de partida, aunque por ahora solo con su portada de luto teatral.
  2. «Kaaa Miga», por las mujeres trans que encabezaron las primeras marchas.
  3. «Boys Like Us», por las manos que se cogían donde nadie miraba.
  4. «La despedida», por la primera vez en Chueca y por la nave rosa.
  5. «El anillo de casado», por todo lo que siguió pasando a escondidas después de 2005.
  6. «Soy marica sideral», por los tacones y la pluma sin pedir permiso.
  7. «Camela», por el sonido que acabó en los escenarios del WorldPride.
  8. «Madrid to Benidorm», para terminar subidos a la carroza.

Quien quiera seguir leyendo sobre este tema en el diario puede pasar por la nota Orgullo cada día. Y todas las letras citadas, con sus mayúsculas y su ortografía originales, están en el archivo de letras.

Ficha

«Madrid to Benidorm» pertenece a «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los nombres y personajes de las letras son inventados. Las citas reproducen las letras publicadas tal como aparecen en la web, con su ortografía. Los datos históricos proceden de fuentes periodísticas y documentales públicas. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo fue la primera manifestación del Orgullo en Madrid?

El 25 de junio de 1978. La convocó el Frente de Liberación Homosexual de Castilla, salió a las siete de la tarde de la calle O'Donnell y recorrió la avenida de Menéndez Pelayo. El País contó más de 7.000 personas y pedía, sobre todo, derogar la Ley de Peligrosidad Social.

¿Qué significa MADO?

Es el acrónimo de Madrid Orgullo, el nombre de las fiestas que se celebran en torno al 28 de junio, con el pregón, los conciertos, la carrera de tacones y la manifestación estatal del sábado, convocada por COGAM y FELGTB.

¿Cuándo se celebró el WorldPride en Madrid?

En 2017, entre el 23 de junio y el 2 de julio, con el lema «Por los derechos LGTBI en todo el mundo». InterPride había elegido Madrid en 2012, por delante de Berlín y Sídney.

¿Qué canción de Mike Sain't Louis está dedicada al Orgullo?

«Madrid to Benidorm», del tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación». Él mismo la describe como un himno de orgullo sin dobleces y dice que la imagina sonando desde una carroza.

¿Qué canción del Planeta Gayfolk menciona Chueca?

«La despedida» recuerda la primera vez que el protagonista fue solo a Chueca con miedo a que le pegaran, y «La dieta del cucurrucho» también sitúa una de sus escenas en el barrio.

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