Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

El despacho de detrás, con lámpara verde: «Perverso narcisista» y la calavera que se ajusta la corbata

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Portada de «Perverso Narcisista», canción de Mike Sain't Louis

No mires al chico. Mira detrás.

Es lo que pide Mike en la primera línea de su ficha: fíjate en el fondo antes que en el primer plano. Y en el fondo de la portada de «Perverso narcisista» hay un despacho. Madera oscura, lámparas verdes de banquero, el silencio de las oficinas donde se firman cosas importantes. Sentado o de pie, no importa, un señor con traje impecable, corbata bien ajustada y, en lugar de cara, una máscara de calavera con una cruz en la frente.

Manda, dice Mike, sin levantar la voz.

Delante, el chico. Tatuado hasta el cuello, envuelto en un abrigo de plumas blancas, mirando a cámara. No parece asustado. Mike lo describe con una frase que cualquiera que haya salido de una relación así reconoce al momento: parece cansado de fingir que no lo ve.

La letra de la canción no está publicada en la web. En /letras pone «próximamente», y el planeta no va a escribir versos que no existen ni va a ponerle cara a la calavera. Esta crónica va a hacer lo que propone la ficha: entrar en el despacho de detrás, mirar los muebles y leer la placa de la puerta. Que en este caso dice, en letras rojas de película de terror, dos palabras.

Perverso narcisista.

La placa de la puerta

Mike llama al título un nombre de diagnóstico de sobremesa, de esos que se sueltan entre amigas cuando por fin entiendes lo que te pasó.

Es una definición exacta. «Perverso narcisista» es una expresión que en España se ha vuelto muy popular en la última década. Se oye en las terrazas, en los grupos de WhatsApp, en los vídeos de psicología de las redes. «Tía, es que era un perverso narcisista.» Y la amiga asiente, porque ha leído lo mismo.

La expresión tiene un origen concreto. La propuso un psicoanalista francés, Paul-Claude Racamier, en los años ochenta, para describir un tipo de funcionamiento en el que una persona se protege de su propio vacío dañando y manipulando a otra. Luego la popularizó otra francesa, la psiquiatra Marie-France Hirigoyen, con su libro sobre el acoso moral de finales de los noventa, que se tradujo a muchos idiomas y llegó a las librerías de aeropuerto de medio mundo.

Hay que decir una cosa con claridad: no es un diagnóstico oficial. Los manuales de psiquiatría hablan de trastorno narcisista de la personalidad, que es otra cosa y que solo puede diagnosticar un profesional. «Perverso narcisista» es más una descripción que una etiqueta clínica. Por eso Mike la llama de sobremesa. No es la palabra del médico. Es la palabra de la amiga que por fin te ayuda a ponerle nombre a algo.

Y ponerle nombre, a veces, es lo primero.

Las lámparas verdes

Volvamos al despacho. Hay lámparas verdes de banquero.

Esas lámparas tienen nombre propio y fecha de nacimiento. Son de pie de latón con una pantalla de cristal verde esmeralda, alargada y curva, que ilumina la mesa sin deslumbrar los ojos. Se patentaron en Estados Unidos a principios del siglo XX y se hicieron tan populares en bancos, bibliotecas y despachos de abogados que hoy son el símbolo universal de la oficina seria. En cualquier película donde un señor importante firma algo, hay una lámpara verde encima de la mesa.

Ponerlas en la portada de «Perverso narcisista» no es un capricho decorativo. Es decir que el peligro está en un sitio respetable. No en un callejón oscuro, no en una cueva, no en una casa abandonada. En un despacho con muebles caros.

Así funcionan muchas veces estas relaciones. El que hace daño no tiene pinta de monstruo. Tiene pinta de señor de despacho. Es el que tus amigos encuentran encantador en las cenas, el que tu madre adora, el que todos dicen que tiene mucha suerte de tenerte y tú mucha suerte de tenerle a él.

La lámpara verde ilumina la mesa. Lo que pasa debajo, no.

El traje y la máscara

El señor del fondo lleva traje impecable y corbata bien ajustada. Y en la cara, una calavera.

Fotogramas del videoclip oficial de «Perverso narcisista», de Mike Sain't Louis

Mike lo resume en su ficha con una imagen muy precisa: va detrás, colocándose la corbata, con una sonrisa pintada que no se mueve.

Una sonrisa pintada que no se mueve. El planeta lleva un rato pensando en esa frase. Las calaveras sonríen siempre, porque no tienen labios. Es la sonrisa fija del esqueleto, la que se ve en los dibujos de los piratas y en las catrinas mexicanas. Es una sonrisa que no responde a nada. Que no cambia si lloras, si gritas, si le suplicas.

Cualquiera que haya convivido con alguien así conoce esa sonrisa. La que se mantiene mientras te dice que te estás inventando las cosas. La que no se mueve cuando le enseñas un mensaje. La que sigue ahí mientras tú pierdes los nervios y él, con calma, te pregunta por qué te pones así.

El traje es la parte que ve el mundo. La calavera es la parte que ves tú.

El cine tiene un personaje que encaja como un guante en ese despacho. Patrick Bateman, el protagonista de «American Psycho», la novela de Bret Easton Ellis que se llevó al cine en 2000. Un ejecutivo de Wall Street obsesionado con sus trajes, sus tarjetas de visita y su rutina de cremas faciales, que por las noches hace cosas terribles. Lo que daba miedo de Bateman no era la violencia. Era lo normal que parecía de día.

La cruz en la frente

La máscara de calavera tiene una cruz en la frente. El planeta no va a sacarle a ese detalle más de lo que la ficha dice, porque la ficha no dice nada de él. Pero está ahí, y tiene sus lecturas.

Una cruz en la frente recuerda a la ceniza del Miércoles de Ceniza, cuando el cura marca a los fieles para recordarles que polvo son y en polvo se convertirán. Recuerda también a las marcas de los personajes malditos de las historias antiguas, como la que llevaba Caín. Y recuerda, sobre todo, a algo muy de este país: la respetabilidad que da la religión. El señor que va a misa, que tiene buena reputación en la parroquia, que nadie sospecharía.

Una calavera con una cruz en la frente es la muerte con certificado de buena conducta.

La catrina con corbata

Las calaveras con ropa elegante tienen una tradición propia, y es mexicana.

A principios del siglo XX, el grabador José Guadalupe Posada dibujó una calavera de mujer con un sombrero enorme lleno de plumas y flores. La llamó la Calavera Garbancera, y era una burla de los mexicanos pobres que se vestían a la europea para aparentar lo que no eran. Décadas después, Diego Rivera la pintó en un mural de la Alameda de Ciudad de México y la rebautizó como la Catrina. Hoy es el símbolo del Día de Muertos, y se ve en cualquier escaparate de octubre.

La lección de Posada era muy sencilla: debajo de la ropa cara, todos somos huesos. La elegancia no cambia lo que hay dentro.

El señor del despacho de la portada de «Perverso narcisista» es una catrina con corbata. Va vestido de lo mejor, en el despacho de lo mejor, con las lámparas de lo mejor. Y tiene cara de calavera. La ropa disimula, pero no engaña a quien mira de cerca.

Letras de sangre

Mike apunta que las letras rojas del título son como de cartel de película de terror. El planeta conoce bien esos carteles.

Las letras goteantes, rojas, temblorosas, que anunciaban en los cines de barrio las películas de vampiros y de monstruos. Las de la productora británica Hammer, con Christopher Lee de Drácula. Las del cine de terror español de los setenta, el que se llamó fantaterror, con Paul Naschy haciendo de hombre lobo en películas de presupuesto mínimo que hoy se ven con cariño en festivales. Eran letras que avisaban: aquí va a haber sangre.

Usar esa tipografía para un título que es, en el fondo, una etiqueta psicológica tiene mucho de Mike. En su catálogo, el terror es una metáfora constante del amor que hace daño. Hay vampiros emocionales, ataúdes de neón, matanzas de Texas, casas de los mil cadáveres. El planeta ya ha dicho alguna vez que estas canciones tratan las relaciones tóxicas como películas de miedo, y esta portada lo hace explícito.

Perverso narcisista, en letras de sangre. Como si fuera el nombre del monstruo de la película.

Que, en cierto modo, lo es.

Una lámpara de gas

Hay una palabra que va siempre de la mano del perverso narcisista, y tiene su origen en una lámpara. No verde, en este caso, sino de gas.

Collage con un detalle de la carátula de «Perverso narcisista» y las carátulas de «El narcisista», «Ni con un palo», «Gaslighting»

En 1938, el dramaturgo británico Patrick Hamilton estrenó una obra de teatro sobre un marido que intenta volver loca a su mujer. Le esconde cosas, le dice que ella las ha perdido, le niega lo que ella ve. Y cada noche, cuando él sube al desván a buscar unas joyas, las luces de gas de la casa bajan de intensidad. Ella lo nota. Él le dice que se lo imagina.

La obra se llevó al cine varias veces. La versión más famosa es la de 1944, con Ingrid Bergman, que ganó el Óscar por ese papel. De ahí viene la expresión luz de gas, que hoy todo el mundo usa para describir esa forma de manipulación en la que el otro te hace dudar de tu propia percepción.

Mike tiene una canción entera sobre eso, «Gaslighting», que el diario ya leyó como un número de drag en cinco movimientos. Y en la portada de «Perverso narcisista» la iluminación vuelve a ser clave: lámparas verdes en un despacho en penumbra. Una luz que ilumina lo justo para que no veas lo que hay en las esquinas.

El chico de las plumas

Ahora sí, el primer plano.

El chico lleva un abrigo de plumas blancas y está tatuado hasta el cuello. Es lo contrario del señor de detrás en todo. El señor va de oscuro, el chico de blanco. El señor esconde la cara, el chico la enseña. El señor va abrochado, el chico envuelto en algo que vuela. El señor es todo control. El chico es todo exceso.

En el planeta Gayfolk, las plumas son una seña de identidad. Están en «Mueve las plumas», en «Mirror», en las drag de los bares. Son la pluma de la que nos acusaron y que nos pusimos de corona. Aquí, delante de un señor de traje, el abrigo de plumas parece una armadura blanda.

Pero lo que más importa del chico es su cara. Mike la describe así: mira a cámara con cara de saber perfectamente quién tiene a la espalda. No parece asustado. Parece cansado de fingir que no lo ve.

Esa es la frase clave de toda la portada.

Porque en este tipo de relaciones hay una fase muy larga en la que uno finge que no ve. Ve las señales, nota el frío, escucha las mentiras, siente el castigo. Y finge. Se dice que son imaginaciones, que todas las parejas tienen sus cosas, que él no es así en el fondo, que la culpa es de uno mismo por ser tan sensible. El diario tiene una nota sobre cómo reconocer una relación tóxica que describe muy bien esa fase.

El chico de la portada ya ha salido de ella. Ya no finge. Sabe quién está detrás.

Y está cansado.

Lo que se finge no ver

El planeta quiere detenerse un momento en esa fase de fingir, porque la portada la da por superada y no todo el mundo la ha superado.

Fingir que no se ve tiene formas muy concretas. Es borrar del móvil la captura de pantalla que demostraba la mentira, para no tener que pensar en ella. Es contestar «nada, cosas mías» cuando tu amiga te pregunta por qué tienes esa cara. Es pedir perdón por algo que no has hecho para que vuelva el buen humor a casa. Es ensayar en la ducha cómo vas a decir una cosa para que no se enfade. Es apuntarte mentalmente que el martes estuvo cariñoso, como prueba de que no es tan malo.

Cinco gestos pequeños. Ninguno parece grave por separado. Juntos, durante años, son una vida entera vivida de espaldas al despacho.

El chico de la portada ha dejado de hacer esas cosas. Por eso está cansado. Fingir agota, pero dejar de fingir también, al principio. Es como quitarse unos zapatos que te han apretado durante mucho tiempo: el alivio duele.

Diagnóstico seco

En el catálogo de Mike, el narcisismo no es un tema. Es casi un género propio. Hay decenas de canciones que hablan de él, y algunas tienen letra publicada con frases que funcionan como diagnóstico.

En «Ni con un palo», por ejemplo, hay dos versos que el planeta cita a menudo porque condensan en dos líneas lo que otros explican en libros enteros:

«No es rechazo, es cálculo. / Es saber que el otro sufre y quedarse quieto.»

Esa es exactamente la postura del señor de la portada. Quieto. Detrás. Sabiendo.

Y en «El narcisista», Mike le pone humor a la frialdad, con una de esas vocales alargadas que tanto le gustan:

«Lo has intentado hasta con un lanzallamas, / pero está frozeeeeeeeeen»

Hielo y cálculo. Dos rasgos de la calavera del despacho. La portada de «Perverso narcisista» no necesita decirlos en voz alta porque el catálogo ya los ha dicho muchas veces. Aquí basta con la imagen.

Lo peligroso va detrás

Hay una idea en la ficha de Mike que el planeta quiere subrayar: lo peligroso casi nunca va delante.

Ficha de la canción «Perverso narcisista» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Es una verdad incómoda que mucha gente aprende tarde. Nos enseñan a temer al desconocido que nos aborda en la calle, al tipo con mala pinta del parque, al que grita en el metro. Pero el daño más profundo casi nunca viene de ahí. Viene de alguien que está detrás de ti. En tu casa, en tu cama, en tu despacho, en tu familia.

La portada lo pone en imagen con una composición muy sencilla. El chico, en primer plano, es lo que se ve. El señor, al fondo, es lo que se nota. Y la relación entre los dos es la de alguien que te tiene a la espalda y no te deja ver su cara.

Una vez que lo ves, ya no puedes dejar de verlo. Cada cena con amigos, cada foto sonriente en Instagram, cada mensaje de buenos días pasa a tener un fondo nuevo, con su lámpara verde y su máscara. Y esa visión, aunque duela, es el principio de la salida.

Autoparodia de terraza

Confesión de la casa: el planeta ha usado la expresión «perverso narcisista» en una terraza de Malasaña con una caña en la mano y sin haber leído ni a Racamier ni a Hirigoyen. Estaba hablando de un ligue que no le había contestado un mensaje durante cuatro horas.

No era un perverso narcisista. Era un señor con el móvil sin batería.

Lo cuenta para que conste que las etiquetas de sobremesa también se usan mal. Hay que tener cuidado con ellas. Llamar perverso narcisista a cualquiera que te haya decepcionado le quita fuerza a la palabra cuando de verdad hace falta. Y cuando de verdad hace falta, hace mucha falta.

La portada de Mike no la usa a la ligera. La pone en letras rojas de cartel de terror, encima de un señor con calavera en un despacho de banquero. Es una etiqueta para lo grave.

Cuando hay que salir del despacho

Si al leer esto te has reconocido en el chico de las plumas, si llevas tiempo fingiendo que no ves a quien tienes detrás, el planeta quiere decirte algunas cosas sencillas.

Que no es culpa tuya. Que no estás exagerando. Que la confusión que sientes es parte de cómo funcionan estas relaciones. El diario tiene un análisis de la luz de gas que puede ayudarte a ordenar lo que te pasa.

Que no tienes que salir solo. Un amigo de confianza, un psicólogo, un servicio de atención LGTBI de tu comunidad autónoma pueden ayudarte a ver el despacho con otra luz. Hay muchas parejas de dos hombres o de dos mujeres donde pasa esto, y durante mucho tiempo se habló poco de ello, como si el maltrato solo existiera en un tipo de pareja.

Y que si en algún momento todo se pone tan oscuro que piensas en hacerte daño, llames al 024. Es gratis, es a cualquier hora y te atiende alguien formado. En caso de peligro inmediato, el 112.

Entre el casting y el asombro

En la discografía de la web, «Perverso narcisista» es la pista 71. Justo antes está «Casting» y justo después «Que isso», una exclamación brasileña de sorpresa que pone una portada de dos vaqueros dándose la mano. El planeta encuentra gracia en el orden: primero el casting, luego el narcisista, luego el asombro. Como una relación contada en tres pistas.

La canción vive en «El día de la liberación», el tercer disco de la trilogía. La página de prensa explica la estructura: descubrimiento, deseo de viaje, liberación. Y que una canción sobre el señor de la calavera esté en el disco de la liberación dice algo: que liberarse incluye, a veces, darse la vuelta y mirar al despacho de frente.

Los datos

El single tiene videoclip oficial, de 3:27. Según mikesaintlouis.com, se subió al canal en octubre de 2025. La ficha lo fecha el 21 de junio de 2026. Se puede escuchar en Spotify y descargar gratis desde la web.

Mike escribe sus letras sin máquinas; para la música y las voces usa herramientas de IA como Suno, y lo dice en cada nota de prensa.

El planeta volverá a este despacho en cuanto la letra aparezca en la web, a ver si la canción le pone voz al chico, al señor o a los dos. Lo que diga la letra manda.

Volumen alto

Mike termina su ficha con una instrucción y una pregunta. Ponla con el volumen alto, dice, y piensa en quién llevaba la máscara en tu historia.

El planeta añade una sola cosa.

La calavera sonríe siempre igual.

Tú no tienes por qué.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Perverso narcisista»?

La letra todavía no está publicada en gayfolkplanet.com, así que este post no la cita. La portada muestra a un chico tatuado con abrigo de plumas blancas en primer plano y, detrás, a un señor de traje impecable con una máscara de calavera con una cruz en la frente, en un despacho de madera oscura con lámparas verdes de banquero. Mike resume la clave así: lo peligroso casi nunca va delante, va detrás.

¿Qué significa «perverso narcisista»?

Es una expresión que propuso el psicoanalista francés Paul-Claude Racamier en los años ochenta y que se popularizó con los libros de Marie-France Hirigoyen sobre el acoso moral. No es un diagnóstico oficial de los manuales de psiquiatría, que hablan de trastorno narcisista de la personalidad, pero se usa mucho para describir a quien manipula y daña a su pareja de forma sistemática.

¿En qué disco está?

En «El día de la liberación», el tercer acto de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 71 de la discografía de la web y la ficha del single lo fecha el 21 de junio de 2026.

¿Tiene videoclip?

Sí, un videoclip oficial de 3:27. Según mikesaintlouis.com, se subió al canal en octubre de 2025.

¿Quién la ha hecho?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

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