Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

Etiqueta de composición y lavado: «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», instrucción por instrucción

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Portada de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», canción de Mike Sain't Louis

Todas las prendas llevan una.

Una etiqueta blanca, cosida por dentro, en la costura del costado o en la nuca, que pica un poco y que casi todo el mundo acaba cortando con las tijeras de la cocina. En ella pone de qué está hecha la prenda, dónde se fabricó, qué talla es y cómo hay que lavarla. Unos simbolitos que nadie entiende: una tina con una mano dentro, un triángulo tachado, una plancha con puntos, un círculo, un cuadrado.

Es la parte más honesta de la ropa. La marca va fuera, en grande, para que la vean los demás. La verdad va dentro, en letra pequeña, para quien se moleste en darle la vuelta a la prenda.

«¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» es una canción que le da la vuelta a la prenda. Y luego le da la vuelta a otra cosa: a la persona que te la miraba con ese tonito.

Así que hoy la leemos como lo que es, una etiqueta interior. Composición, origen, talla e instrucciones de lavado. Con todos sus simbolitos.

Una advertencia antes de empezar, como las que vienen en las etiquetas: los nombres y apodos que salen en la letra son personajes inventados. El marrano de El Médano, el tonto de la verdellada, el coordinador de Villaverde. Ficción del universo GAYFOLK, con la misma realidad que el lobo de Caperucita. Que nadie se dé por aludido. O sí, pero por su cuenta.

Composición: 100 % SHEIN

La primera línea de una etiqueta siempre es la composición. Algodón, poliéster, elastano, viscosa. Porcentajes. La canción empieza exactamente igual, por lo que hay dentro:

«Los he comprado en SHEIN / como te gusta presumir y mentir»

Ahí está, en dos versos, todo el programa. Primero la confesión, sin adornos: los compré en la tienda online barata, la de los paquetes que llegan en bolsas de plástico gris y las prendas que cuestan menos que un menú del día. Después, la acusación. Porque la confesión no es para el público. Es para alguien que presume y miente.

Me encanta ese orden. No dice «tú mientes, y por cierto, yo compro barato». Dice primero lo suyo. Pone su etiqueta encima de la mesa. Y solo entonces, con las manos limpias, señala la del otro.

En el planeta esto tiene un nombre: orgullo low cost. Que no es presumir de comprar barato, ojo. Es negarse a mentir sobre ello. Que es muy distinto.

Origen: hecho en El Médano

La segunda línea de la etiqueta es el origen. «Made in» y un país. En esta canción, el origen del personaje viene con un apodo que se queda pegado como una pegatina de precio:

«Marrano de El Médano / narcisista de la almorrana»

El Médano es un pueblo costero del sur de Tenerife, famoso por su viento, por la Montaña Roja al lado de la playa y por las velas de windsurf y kitesurf que llenan el horizonte casi todo el año. Es un sitio precioso. Y precisamente por eso el apodo tiene tanta gracia: coges un lugar de postal, de arena y de viento, y le pegas al lado la palabra «marrano». La rima hace el resto.

Canarias se cuela mucho en el catálogo, y en Canarias tiene el planeta su rincón propio. Pero aquí la geografía no está para hacer turismo. Está para poner la dirección del remitente. Como cuando en una etiqueta lees un país y de repente entiendes por qué la prenda se ha desteñido a la primera lavadora.

Talla: no vales nada

En las etiquetas, la talla viene en letras: S, M, L, XL. En esta canción viene en frase entera, y no deja mucho margen para descambiar:

«Cada vez me das más asco / Has sido el peor chasco / No vales nada»

Asco, chasco. La rima es de patio de colegio y eso es justo lo que la hace funcionar. No hay metáfora, no hay poesía de diccionario. Hay la frase que dirías en el portal, con las llaves en la mano, después de la última discusión.

«Has sido el peor chasco» me parece el verso más triste de toda la canción, aunque esté rodeado de insultos. Porque un chasco solo te lo llevas con alguien de quien esperabas algo. Nadie se lleva un chasco con un desconocido. El chasco es la factura de la ilusión.

Y luego viene la segunda talla, la que cierra el estribillo:

«Porque tú y tu opinión no valéis nada»

Ese «valéis», en plural, es una maravilla. Ya no hablamos de él a secas. Es él y su opinión, como si fueran dos personas distintas que han venido juntas a la cena. Él, y esa otra cosa que siempre traía consigo, la mirada de arriba abajo, el comentario sobre la chaqueta, el «¿y eso de dónde es?». Las dos, fuera. Talla única.

Compañía no recomendada: la Verdellada

Algunas etiquetas incluyen una advertencia rara: «lavar por separado», «no mezclar con prendas blancas». La canción tiene la suya:

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Te lo dije en otra canción una vez Que tienes la memoria de un pez» de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!»

«Vete con el tonto de la verdellada»

La Verdellada es un barrio de La Laguna, en Tenerife. Pero en la letra no es un barrio, es un compañero de colada. Un segundo personaje, tan inventado como el primero, que aparece de pasada y desaparece, como un calcetín desparejado en el tambor de la lavadora.

Es un recurso muy de canción popular, muy de copla de carnaval: mandar a alguien con otro. «Vete con él». No hace falta explicar quién es el tonto de la verdellada. Basta con el apodo. El oyente se lo imagina solo, con su cara, su forma de andar y su camiseta de propaganda de un taller.

A mí me hace reír cada vez. Hay insultos que duelen y hay insultos que son pura música, y este es de los segundos.

Lavar a mano, en frío

El símbolo de la tina con una mano dentro significa que la prenda es delicada y hay que lavarla a mano. Con agua fría. Sin frotar mucho.

Lo curioso de esta canción es que la prenda delicada no es el traje de SHEIN. El traje aguanta lo que le echen, como todo lo barato, que parece que se va a deshacer y luego dura diez años. La prenda delicada es el orgullo de quien lo lleva.

Porque decir en voz alta «lo compré barato» delante de alguien que presume de marcas es exponerse. Es abrir el armario, literalmente. Y para eso hace falta cierto cuidado. Lavarse a mano el amor propio después de una relación con alguien que te miraba la ropa antes que la cara.

El estribillo es ese lavado a mano. Se repite, como se repite el gesto de frotar una mancha con el pulgar hasta que sale. «No pienso decir que mis trajes son de Zara». Y otra vez. Y otra vez. Hasta que la frase deja de ser una confesión y se convierte en un himno.

Sobre la marca de la etiqueta

Un apunte sobre la marca del título, porque la canción no va contra ella.

Zara abrió su primera tienda en A Coruña en 1975 y acabó convertida en la marca que medio planeta lleva puesta sin pensarlo. Para mucha gente en España, decir que algo es de Zara es decir que es normal. Ni caro, ni barato. Lo correcto. Lo que no da que hablar.

Y por eso el título es tan fino. El personaje de la canción no está diciendo «mis trajes no son de una marca de lujo». Está diciendo que ni siquiera va a fingir que son de la marca normal. Que no piensa subir ni un escalón en la escalera de las apariencias. Que se queda en el suelo, en el último peldaño, el de la bolsa de plástico gris que llega por mensajero, y que se está divinamente ahí.

Es el orgullo más difícil de todos: el de no necesitar ni el término medio.

No usar lejía: Benidorm

El triángulo tachado significa que la prenda no admite lejía. Que hay cosas que no se blanquean. La canción tiene un verso que funciona exactamente así:

«Y más te vale no pisar Benidorm / Que todos te esperan con los brazos abiertos»

Los brazos abiertos, normalmente, son un abrazo. Aquí son otra cosa. Son la cola de gente que tiene algo que decirle, el comité de bienvenida que no se va a dejar blanquear la historia. Benidorm, con sus rascacielos frente al mar, su verano eterno y su vida nocturna, es en el planeta un lugar muy querido. Hay una galería de punk en Benidorm en la web y más de una canción que pasa por allí.

Y si Benidorm es de los nuestros, el personaje de la canción no es bienvenido. Así de sencillo. Hay sitios a los que no puedes volver cuando has hecho daño a la gente que los habita.

Y entonces llega la retahíla, gritada como en una manifestación:

«¡Abusador! ¡Ladrón! Y por supuesto / Estafador»

Ese «y por supuesto» es puro teatro. Es la pausa que hace la presentadora de una gala antes de dar el último premio de la noche. Ya has dicho dos cosas gordas, y la tercera la sueltas con el aire de quien añade la sal al final.

Planchar del revés: el coordinador de Villaverde

Hay prendas que hay que planchar del revés para que no brillen. Y hay personajes que solo se entienden cuando les das la vuelta. En la canción aparece uno con nombre, cargo y barrio:

Collage con un detalle de la carátula de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» y las carátulas de «Narci de cutre culebrón», «Gofio de calcetín», «Andrés»

«Sí, se lo digo a usted Andrés, coordinador de saldo de Villaverde, de grupo mienten»

El verso entero es una tarjeta de visita. Un nombre, un tratamiento de usted que suena a carta de reclamación, un puesto de trabajo con algo de oficina de barrio, Villaverde, en el sur de Madrid, y una empresa con un nombre que es todo un programa.

Los que conocen el catálogo ya habrán reconocido a la familia. Andrés tiene canción propia, «Andrés». La empresa también: «En grupo mienten, explotan siempre». Y la figura del coordinador vuelve en «Asqueroso coordinador». Personajes inventados que se pasean de una canción a otra como los vecinos de una serie de televisión, cada uno con su manía.

Ese «se lo digo a usted» es lo que más me gusta. El tuteo de todo el resto de la letra se convierte de repente en usted. Como cuando una discusión de pareja se vuelve un trámite y empiezas a hablar como en una ventanilla. Es la distancia más fría que existe en castellano. Y viene justo después de gritar «estafador».

No limpiar en seco: café, bañadores y alianzas

El círculo de la etiqueta habla de la limpieza en seco. Del tinte. De lo que se lleva a la tintorería y vuelve en una percha con plástico. La canción tiene su propia lista de cosas que se llevaron sin pasar por caja:

«Guarda tu dinerito que a esta marrana / Le da igual mangar café, bañadores y / Hasta tus antiguas alianzas»

La enumeración es absurda y por eso es perfecta. Café. Bañadores. Alianzas. Lo más cotidiano, lo más de verano y lo más sagrado, en la misma frase, al mismo nivel. Como si la persona no distinguiera entre el paquete de café molido de la despensa y el anillo de una boda anterior. Todo es botín. Todo se mete en la mochila.

Y ese «dinerito», con diminutivo, es pura condescendencia de abuela. Guárdate tus perras, cariño. Que no hacen falta. Que el problema nunca fue el dinero, sino lo que hacías con lo de los demás.

Secar a la sombra: mensaje para la próxima víctima

El cuadrado con una línea dentro significa secar en plano, a la sombra, sin exponer al sol. Hay verdades que también se tienden así, de lado, para que las encuentre quien venga detrás. La canción tiene un tramo entero dedicado a eso:

«Mensaje para la próxima víctima»

Es la parte más ácida de la letra y también la más generosa, aunque no lo parezca. Porque escribir un aviso para la siguiente persona es un gesto de cuidado. Es dejar una nota en la nevera del piso compartido para que el próximo inquilino sepa que la caldera hace un ruido raro.

El aviso es de los que no se pueden escribir en la etiqueta de una camisa, así que lo dejo para quien vaya a escuchar la canción. Solo digo que habla de alguien que «separa el sexo de lo emocional» y que la respuesta de la letra es inmediata: «Pues no se nota». Y que el remate es un diagnóstico de bolsillo, «psicópata de manual», que en el diario del planeta ya se ha desmenuzado varias veces cuando se habla de narcisismo y de las señales que nadie ve a tiempo.

Precio de venta: el BMW blanco

Toda etiqueta tiene una pegatina con el precio. Y en esta canción, la pegatina está encima de un coche:

«Con tal de decir que el BMW blanco es de usted»

El BMW blanco es la prenda de marca de esta historia. Lo que se enseña en la puerta, en las fotos, en el aparcamiento del centro comercial. Y la letra lo deja claro: no es suyo. Para poder decir que lo es, el personaje sería capaz, según el verso anterior, de vender hasta a sus propios padres.

Es la contracara exacta del título. De un lado, alguien que se niega a decir que su ropa es de una marca normal. Del otro, alguien que dice que un coche caro es suyo sin que lo sea. La canción entera es ese duelo. Una etiqueta honesta de SHEIN contra un coche prestado.

Y ya sabemos quién gana.

Instrucciones de uso: Excel

Hay etiquetas que vienen con instrucciones extra, en un cartoncito colgado de un hilo de plástico. La canción guarda las suyas para el final:

Ficha de la canción «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

«Recuerda quién te enseñó Excel»

Este verso es de mis favoritos de todo el disco. Después de los gritos, de Benidorm, de los bañadores y las alianzas, de la próxima víctima, el golpe final no es un insulto. Es una hoja de cálculo.

Porque todo el drama baja de golpe a una oficina cualquiera, a un ordenador con la pantalla llena de celdas, a una tarde de martes en la que alguien se sentó al lado de otro y le explicó cómo se hace un SUMA. La ayuda que diste sin pedir nada. El favor que el otro ya ha olvidado. El ingrediente secreto del currículum ajeno.

Y luego, por si quedaba duda, el remate cruel: «que no sabes ni escribir / con un poco de suerte algo sabes leer». Es un golpe bajo, de pelea de patio. Y por eso mismo suena tan verdadero. Cuando se acaba la paciencia, no queda elegancia. Queda memoria.

Memoria de pez

La última línea de la letra es un guiño:

«Te lo dije en otra canción una vez / Que tienes la memoria de un pez»

Las canciones del universo GAYFOLK se hablan entre ellas. Se citan, se responden, se pasan personajes como quien se pasa un cigarro en la puerta de un bar. Este final lo reconoce abiertamente: ya te lo dije en otra. Es como si la etiqueta de esta prenda remitiera a la de otra camisa del mismo armario.

Y lo de la memoria de pez cierra el círculo con el resto de la letra. Alguien que olvida quién le enseñó Excel, que olvida a quién le cogió el café y los bañadores, que olvida lo que prometió con unas alianzas que acabaron en otra mochila. La memoria de pez como coartada.

Frente a eso, la canción hace lo contrario. Lo apunta todo. Con nombre, barrio, coche y hoja de cálculo.

Sección de devoluciones

En el catálogo, la canción está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», uno de los tres discos de la trilogía GAYFOLK, y salió el 12 de junio de 2026, justo a tiempo para el mes del Orgullo. Le hacen compañía dos vecinos con los que se entiende muy bien.

Antes va «Narci de cutre culebrón», que ya desde el título deja claro que en esta parte del disco hay un personaje que se cree protagonista de telenovela. Después va «Gofio de calcetín», que vuelve a Canarias por la puerta de la cocina.

Las tres juntas forman una especie de tríptico de la ruptura con alguien que aparenta: el culebrón, la etiqueta y el gofio. Si escuchas el disco seguido, pasas del melodrama al ajuste de cuentas y del ajuste de cuentas a la risa.

Y la risa, en el planeta, es la forma más seria de pasar página. Para eso está el camp: para convertir la herida en lentejuela.

El ticket

Para quien quiera guardar el ticket, por si acaso.

La letra de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que la escribió sin IA. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Todo eso, con más detalle, está en la sección de prensa.

Se escucha en Spotify y en el resto de plataformas, y se descarga gratis desde la web. Sin gastos de envío. Sin bolsa de plástico gris.

Y si alguna vez te preguntan con ese tonito de dónde es tu chaqueta, ya sabes qué contestar. O mejor aún, no contestes. Ponte los cascos y dale al estribillo.

La última línea de la etiqueta

Las etiquetas acaban casi siempre con una línea en muchos idiomas que nadie lee, repetida en castellano, inglés, francés, portugués, árabe y chino. Es la parte de la etiqueta que se dirige a todo el mundo.

La de esta canción diría algo así, en todos los idiomas a la vez: esta prenda no es de marca, no lo pretende y no se avergüenza. Se lava a mano, no admite lejía, no se plancha por el derecho y aguanta mucho más de lo que parece.

Igual que la persona que la lleva.

Y ahora sí, coge las tijeras de la cocina. Corta la etiqueta, que pica. La verdad ya te la sabes de memoria.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!»?

De negarse a mentir sobre la etiqueta de la ropa para quedar bien delante de alguien que vive de presumir. La letra empieza confesando «Los he comprado en SHEIN» y acaba en un ajuste de cuentas con un personaje que aparenta lo que no es.

¿Los personajes de la canción son personas reales?

No. Los nombres y apodos de la letra, como el «marrano de El Médano», «el tonto de la verdellada» o Andrés, el «coordinador de saldo de Villaverde», son personajes de ficción del universo GAYFOLK.

¿En qué disco está?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», uno de los tres álbumes de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis. Salió el 12 de junio de 2026.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

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