Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

«Quien miente y jura»: el refranero, los padres por testigo y un final con acuse de recibo

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Portada de «Quien Miente Y Jura», canción de Mike Sain't Louis

«para salvar su amor,».

Así empieza la letra publicada de «Quien miente y jura»: en minúscula, con coma, a media frase. Como cuando entras en la cocina y tu madre ya va por la mitad de la bronca. No hace falta oír el principio. El principio lo pone el título, que llevas leyendo desde que le diste al play.

Quien miente y jura. Para salvar su amor. Y la sentencia cae entera en cuanto la canción da la primera vuelta: «Quien miente y jura / para salvar su amor, / en realidad / lo está condenando».

Del que jura, teme la impostura

Ese estribillo tiene hechuras de refrán, y no es casualidad que lo parezca. El español lleva siglos desconfiando del que jura demasiado. El Refranero multilingüe del Instituto Cervantes recoge, por ejemplo, «Del que jura, teme la impostura», que según su ficha «previene contra quien enfatiza mucho con juramentos afirmaciones o promesas». Y al lado tiene otro primo hermano: «De quien mucho miente, huye la gente», con una observación que podría ser el subtítulo de este tema: «No se cree al mentiroso, incluso cuando dice la verdad».

Los dos refranes están marcados como «en desuso». La desconfianza, no.

La canción de Mike Sain't Louis recoge esa sabiduría de abuela con el delantal puesto y le cambia el objeto. El refranero habla de tratos de feria, de herencias, de mulas cojas y de lindes de fincas. Aquí se habla de una pareja. Y la tesis va un paso más allá que los refranes: el que jura en falso no solo pierde credibilidad, sino que mata justo lo que intentaba proteger. Para salvar su amor, lo condena. El salvavidas es de plomo.

Hay una manera muy castiza de decirlo que la letra no usa pero que flota por encima: «Lo has arreglado, majo». Lo has arreglado tan bien que ya no hay nada que arreglar.

El engaño es el peor traidor

La segunda mitad del estribillo hace algo raro. Personifica al engaño y lo convierte en un traidor, «el peor traidor». Es una imagen de folletín, de novela por entregas con duelo al amanecer. El engaño no es aquí un acto, es un personaje que traiciona a su propio dueño. Quien miente cree que el engaño trabaja para él, y el engaño se pasa al otro bando a la primera ocasión.

Y lo que deja ese traidor al marcharse es muy poco: «un corazón / llorando».

Luego viene lo que hace que esta canción sea de este planeta y no de otro: «Llorandoooooo / Llorandoooooo». Dos veces, con la «o» estirada hasta que no queda aire. En la letra escrita se ve como un estiramiento de goma de mascar, siete oes que no caben en la línea. Es el momento copla del tema, el que en otro siglo habría ido con mantón y pañuelo. Y es también, por qué no decirlo, un poco de exageración marica: si hay que llorar, que se oiga desde el patio de luces.

Y es que yo sé

Después del estribillo, la letra baja la voz. «Y es que yo se, que no estás / enamorado / Que me tienes cariño sí / Pero no estás / enamorado».

(El «se» va sin tilde en la letra publicada. Se respeta: así está escrita.)

Fíjate en los cortes de línea. «Que no estás», salto, «enamorado». «Pero no estás», salto, «enamorado». La palabra que duele siempre se queda sola en su renglón, como quien tiene que tomar aire antes de decirla. Es la misma frase dos veces y las dos veces la palabra llega tarde. No es un recurso de poeta de taller: es lo que pasa en la vida cuando tienes que decir algo que llevas meses sabiendo.

Y luego, la prueba. La letra no dice «me lo has confesado», ni «lo he leído en tu móvil». Dice «Por las cosas que haces». Sin detalle, sin inventario. El diario ya dedicó una nota entera a esa diferencia entre cariño y amor, «cuando el cariño se disfraza de amor», y no hace falta repetirla. Basta con señalar que la canción no necesita pruebas de juzgado. Le basta con lo que se ve en la mesa de la cocina.

Tan insignificante

«Porque soy para ti tan insignificante».

Fotogramas del videoclip oficial de «Quien miente y jura», de Mike Sain't Louis

Es el renglón más largo de toda la primera parte. Lo de antes está troceado en pedacitos de una o dos palabras («en realidad», «al final», «el engaño») y este va entero, de corrido, como un golpe en la mesa. Es el diagnóstico seco en mitad del lamento.

La palabra, además, tiene historia en el planeta. En el primer disco, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», hay una canción en inglés que se llama directamente «So Insignificant» y que dice «I'm of little importance, / So insignificant». Allí la insignificancia es un estado de ánimo, el cansancio de quien se siente un nombre sin peso. Aquí es una acusación: no soy insignificante, es que tú me tratas como si lo fuera. La misma palabra, primero hacia dentro y luego hacia fuera. De un disco a otro, el planeta ha aprendido a devolverla.

Que me tienes cariño, sí

Entre las dos negaciones hay una concesión que la letra escribe sin coma: «Que me tienes cariño sí». Ese «sí» al final es un encogimiento de hombros. Es el «sí, vale» que se dice mirando el móvil. Reconoce algo y lo desprecia en el mismo gesto, porque el cariño, aquí, es el premio de consolación: la cesta de Navidad que te dan cuando no te suben el sueldo.

Y justo después llega el «Pero». Sin él no habría canción.

Si pones las tres frases en fila se ve el mecanismo entero: no estás enamorado / me tienes cariño / no estás enamorado. El cariño va en medio, rodeado, como un rehén. La letra lo encierra entre dos «no» para que no se escape.

Él, tú, yo y nadie

Hay una cosa que no se nota a la primera escucha y que cambia la manera de leer el tema: quién habla con quién.

El estribillo está en tercera persona. «Quien miente y jura para salvar su amor», «lo está condenando». No hay ni un «tú». Suena a sentencia de juez o a pregón de plaza: alguien que habla de los mentirosos en general.

La estrofa siguiente salta a la segunda persona sin avisar: «no estás enamorado», «me tienes cariño», «las cosas que haces». Ya no se habla de «quien miente». Se habla contigo, el que está sentado al otro lado del sofá.

La última estrofa cambia otra vez, ahora a la primera persona: «yo tengo mis defectos», «no soy perfecto», «Necesito alguien». Quien narra se mira al espejo antes de cerrar.

Y el verso final se va al impersonal: «Nunca se volverá a confiar». Nadie. Ni tú ni yo: el «se» de los letreros.

Es un recorrido de cámara muy preciso. Plano general de la plaza; primer plano del otro; contraplano de uno mismo; y, al final, fundido a negro con un cartel. Dicho en cristiano: primero se habla del delito, luego del culpable, luego de la víctima y, por último, se cuelga el bando en la puerta del ayuntamiento.

Por sus padres

Y llegamos al final, que es donde está el título completo y el juramento con nombre y apellidos: «Nunca se volverá a confiar / En quién miente y jura por sus padres».

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Nunca se volverá a confiar En quién miente y jura por sus padres» de «Quien miente y jura»

Jurar por los padres es la bomba atómica del juramento de barrio. Por encima de eso solo queda jurar por los hijos, y no todo el mundo tiene. Es el «te lo juro por mi madre» del patio del colegio, el que se decía con la mano en el pecho cuando nadie te creía lo del balón. Y por eso mismo es el que más rabia da cuando se usa para mentir. Si alguien está dispuesto a poner a su madre de testigo falso, ¿qué no pondrá?

El planeta tiene una obsesión con ese juramento. En «No quiero otro novio cojín», la canción que acaba con el ex rebajado «a la altura de un calcetín», hay un aviso muy parecido: «No me hagas volver a lo de antes, / Que juras hasta por la memoria / De tus padres». Y la misma amenaza reaparece en «Gofio de calcetín», con su comentario de que «ojalá se atragante con el gofio canario». En el texto con el que Mike presenta «El canario que miente», el retrato del personaje empieza igual: «los que juran por sus padres mientras preparan la siguiente mentira».

Cuatro sitios distintos del catálogo con el mismo gesto. A estas alturas, en el planeta GAYFOLK, quien jura por sus padres ya tiene ficha policial.

Jurar o prometer

En España hasta los ministros pueden elegir. El Real Decreto 707/1979, el que fija la fórmula para tomar posesión de un cargo público, pregunta literalmente: «¿Juráis o prometéis por vuestra conciencia y honor cumplir fielmente las obligaciones del cargo?». Basta con «una simple afirmativa». Desde 1979, quien no quiere jurar, promete, y el Estado se da por satisfecho.

La canción no deja esa salida. Aquí no hay promesa laica para quien no cree: hay juramento, y juramento por los padres, que es el de más peso. Y por eso mismo, cuando se rompe, no se rompe un trámite. Se rompe la familia entera puesta como aval.

Si el BOE se conforma con la conciencia y el honor, el barrio pide más. Y cobra más cuando le fallan.

Sintiéndolo mucho

La última estrofa cambia de tono antes del juramento final, y es la que salva a la canción de ser un simple ajuste de cuentas: «Y por supuesto yo tengo mis defectos / Claro que no soy perfecto / Pero sintiéndolo mucho este es el final».

Lo que hace gracia es ese «sintiéndolo mucho». Es una fórmula de ventanilla, de carta del banco, de «lamentamos comunicarle que su solicitud ha sido denegada». Quien narra se despide con la cortesía fría de un funcionario de Hacienda. Ya no hay gritos, ya no hay «llorandoooo»: hay un trámite. Sintiéndolo mucho, su relación ha caducado. Puede pasar a recoger sus cosas de lunes a viernes de nueve a dos. Traiga fotocopia del DNI y una bolsa de Mercadona para los táperes.

Y justo antes, la autocrítica: «por supuesto», «claro». Dos adverbios que conceden antes de que nadie acuse. Es la defensa preventiva de quien ya sabe lo que le van a responder («tú tampoco eres perfecto, ¿eh?») y se adelanta. Sí, ya lo sé. Tengo mis defectos. Y aun así, este es el final.

Después, una petición que no tiene ni un adorno: «Necesito alguien que me quiera valorar».

No dice «que me quiera». Dice «que me quiera valorar». Querer, aquí, es casi un verbo auxiliar, como en «quiero ir». Lo que se pide no es amor de novela, es algo mucho más pequeño y mucho más difícil de encontrar en Chueca un sábado a las cuatro: alguien que te dé tu sitio.

Nunca se volverá a confiar

El último verso tiene un truco gramatical. No dice «nunca volveré a confiar» ni «nunca volverás a engañarme». Dice «Nunca se volverá a confiar». Impersonal. Como un letrero: se prohíbe fumar, se alquila, no se fía.

Collage con un detalle de la carátula de «Quien miente y jura» y las carátulas de «El canario que miente», «No quiero otro novio cojín», «So Insignificant»

Ese «se» convierte una decisión personal en una norma general. Ya no es que yo no vaya a confiar en ti: es que, en este planeta, en quien miente y jura por sus padres no se confía. Punto. La canción empieza con un refrán y acaba fabricando otro. Del refranero vino y al refranero vuelve, con una entrada nueva para la próxima edición.

Enamorado, en masculino

La letra no da nombres ni ciudad. No hay Médano, ni Villaverde, ni Mercadona, ni los 100 Montaditos, que tanto abundan en otras canciones del planeta. Pero la gramática se chiva. «No estás enamorado», en masculino. «Claro que no soy perfecto», en masculino también. Son dos hombres.

Parece una tontería y no lo es. Durante décadas, la canción de desamor española con forma de sentencia, la del engaño como traidor y el corazón llorando, se escribió en clave de él y ella. Las palabras eran las mismas; los géneros, otros. Aquí basta una vocal, la «o» de «enamorado», para cambiar de casa sin cambiar de mueble. No hay bandera ni discurso: solo una terminación.

Y esa «o», por cierto, es la misma que se estira hasta el infinito en el «Llorandoooooo». La vocal del duelo es también la vocal del pronombre.

Pista 3 y pista 4

Ahora, el contexto, que en este caso es medio tema. En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía, el de las 86 pistas y el deseo de viajar al planeta, el orden de salida es este: «Spoiler», «Me he tomado una pastilla gay», «El canario que miente» y, en cuarto lugar, «Quien miente y jura».

El canario y el que jura, uno detrás de otro. Dos canciones sobre mentirosos puestas como dos fotos de una misma ficha policial: de frente y de perfil.

«El canario que miente» es el retrato del personaje visto desde fuera, el «qué majo parece» de los vecinos, el pájaro amarillo del que nadie sospecha. «Quien miente y jura» es lo que pasa cuando ese personaje entra en casa. Ya no es el vecino simpático: es la pareja que te tiene cariño, sí, pero no está enamorada. Ya no se habla de su sonrisa, se habla de lo que hace.

Según mikesaintlouis.com, los dos videoclips se publicaron con un día de diferencia, el de «El canario que miente» el 18 de febrero de 2025 y el de «Quien miente y jura» el 19. En la transmisión de vídeos de gayfolkplanet.com siguen pegados: el videoclip de «Quien miente y jura», que dura 4:17, es el 188 de 276, y el siguiente es el del canario. Quien los vea en orden tiene sesión doble.

En el listado de singles de la web, en cambio, la canción aparece como la pista 100 de 273, entre «Veneno» y «No quiero otro novio cojín». Es decir: entre un título que suena a víbora y la canción del ex que jura por la memoria de sus padres. Ni aposta.

Razones para hacer la maleta

El segundo disco de la trilogía tiene un argumento muy claro: una vez descubierto el planeta, el deseo de llegar a él. La página del álbum habla de «la distancia, la espera y las ganas de viajar a un lugar donde vivir sin pedir permiso». Para querer irse a otro planeta hacen falta motivos, y el disco los va apilando desde el principio.

En la pista 3, un mentiroso con plumas amarillas. En la pista 4, un novio que jura por sus padres y te tiene cariño, sí, pero. Con ese arranque, cualquiera mira el cielo buscando la nave.

El rumor y el juramento

Hay una tercera canción que completa el cuadro. El diario la juntó con esta en su nota sobre rumores, cotilleo y salud mental: «La vecina cotilla», la que todo lo ve y todo lo comenta. La vecina reparte la versión que se ha inventado. El que jura la defiende con la mano en el pecho. Entre los dos tienen montado el telediario del bloque.

Ficha de la canción «Quien miente y jura» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En un pueblo, o en un barrio de Madrid, el juramento y el rumor son dos caras de la misma economía. Uno pone la palabra; el otro, la difusión. Y quien está en medio, con el corazón llorando y la «o» estirada, tiene que decidir qué se cree. La respuesta de la canción es seca: ni a uno ni a otro.

La copla que no lo es

¿Es esto una copla? No en sentido estricto. La copla, como forma métrica, es una estrofa de cuatro versos de arte menor, casi siempre con rima en los pares, que viene del latín «copula», unión. La letra de «Quien miente y jura» no respeta esa medida: sus renglones se rompen donde se rompe la voz, no donde lo pide la métrica.

Pero tiene cosas de copla en el espíritu. La sentencia moral en el estribillo. La pena dicha sin vergüenza. El amor contado como un pleito. La rima fácil de «amor» con «traidor», que es de las de toda la vida, de las que se aprenden de oído en la radio de la abuela. El planeta GAYFOLK hace eso a menudo: coge un molde popular español y lo rellena con una historia entre hombres, sin pedir permiso a nadie. Lo explica su propia página de camp español: reírse en serio y emocionarse sin ironía barata.

Aquí hay más emoción que risa, eso sí. Es una de las canciones del segundo disco en que el humor se queda en la puerta. Si acaso entra de puntillas en el «sintiéndolo mucho».

Para escucharla con la maleta hecha

Escúchala en Spotify o descárgala gratis desde su ficha en gayfolkplanet.com, y prueba a seguirla con la letra delante.

Primero, cuenta cuántas veces aparece «enamorado» solo en su renglón. Son cuatro, y las cuatro van precedidas de un «no estás». La palabra nunca llega a decirse en positivo en toda la canción.

Después, fíjate en el momento en que el estribillo arranca por segunda vez, ya con el «Quien miente y jura» completo delante. Es la primera vez que el título suena entero dentro de la canción, porque la primera vuelta empieza a media frase.

Luego busca la segunda vuelta de la confesión. En la letra publicada empieza con un tartamudeo: «Y Y es que yo se». Dos íes seguidas. Puede ser una errata de transcripción o puede ser lo que se oye, pero en el papel queda como queda la gente cuando tiene que repetir algo que ya dijo y no sirvió: arrancando dos veces. La segunda vez cuesta más.

Y al final, espera al último verso. Después de tanto «llorandoooo», la canción no se va con un grito. Se va con un aviso de consumo.

Una última cosa, por si te sirve. Si alguien te jura algo hoy por sus padres, no hace falta que le pongas la canción. Basta con que te acuerdes del refrán. Del que jura, teme la impostura. Lo dice el Cervantes.

Preguntas frecuentes

¿Qué dice el estribillo de «Quien miente y jura»?

Que quien miente y jura «para salvar su amor, / en realidad / lo está condenando», porque «el engaño / es el peor traidor, / y solo deja / un corazón / llorando».

¿Qué significa «jurar por sus padres»?

Es el juramento de más peso en el habla popular española: poner por testigo lo más sagrado. La letra cierra diciendo que «nunca se volverá a confiar» en quien lo usa para mentir.

¿En qué disco está?

Es la pista 4 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK, justo después de «El canario que miente».

¿Quién la ha hecho?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces están producidas con herramientas de inteligencia artificial, entre ellas Suno, como detalla el press kit.

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