Planeta Gayfolk

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Reparto del planeta: los personajes que vuelven de canción en canción

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Portada de «Carta De Recomendación», canción de Mike Sain't Louis

En las series de barrio de la tele española había siempre un reparto fijo. La portera cotilla, el vecino del cuarto que nunca pagaba la comunidad, la pareja que discutía a gritos, el presidente de la escalera con su carpeta. Daba igual de qué fuera el capítulo: ellos estaban. Entraban por la puerta del portal, soltaban su frase y se iban. Y el público los esperaba como se espera a un familiar en Navidad.

Así funcionaban series como «Aquí no hay quien viva» o «Médico de familia», y así funciona también el universo GAYFOLK. Las canciones de Mike Sain't Louis no son piezas sueltas. Son capítulos. Y en esos capítulos hay personajes que vuelven una y otra vez, con su nombre, su apodo, su manía y su frase.

Algunos aparecen en una sola línea. Otros tienen canción propia. Y otros cambian de nombre según el episodio, como si la memoria del narrador no acabara de decidir cómo llamarlos.

Hoy el planeta reparte las fichas. Como en los créditos de una serie, por orden de aparición, con sus capítulos y sus frases.

Una advertencia antes de levantar el telón, y es la más importante de este texto: todos los personajes de esta ficha son inventados. Ficción del universo GAYFOLK. Los nombres, los apodos, las empresas y los cargos son parte de la historia, como los vecinos de una comedia de situación. Que nadie busque a nadie en la guía telefónica.

Ficha 1: el ex con nombre y dos apellidos

Si el universo GAYFOLK tuviera un villano principal, sería él. Aparece con nombre y dos apellidos, Sergio Antonio Lara, y su presencia recorre el catálogo como la de esos malos de telenovela que siempre vuelven aunque parezca que los han matado.

Su presentación más famosa es en «María Teresa de Calcuta», donde la canción se le dedica con tono de gala de los sábados: «esta canción va dedicada a mi ex que como todos ustedes saben se llamaba y se llama Sergio Antonio Lara». Ese «como todos ustedes saben» es la confirmación de que es un personaje recurrente. El público ya lo conoce. No hace falta presentarlo.

En «Un puñetazo al día» vuelve como el exmarido al que se entierra simbólicamente en un antro de Madrid, con corona de flores incluida: «querido Don Sergio Antonio Lara, mi alma». En «Me hago una folclórica engañada» aparece otra vez, casi como una pregunta: «¿te gusta ese nombre o te llamo mejor Sergio Antonio Lara?».

Y luego hay un giro de guion. En «En grupo mienten, explotan siempre», el mismo nombre aparece en otro papel: ya no es el ex, sino el coordinador de una empresa. «Dice mi coordinador Sergio Antonio Lara». Y la letra añade su retrato robot: «¿El morenito con barba bajito?». Igual que en «Que me coma el chumino la jefa de servicio», donde es «el coordinador» y comparte reparto con una jefa.

Es como si el personaje tuviera dos vidas. En casa, el ex. En la oficina, el jefe. Y en las dos, el mismo comportamiento.

Ficha 2: el marrano de El Médano

El segundo personaje más repetido no tiene nombre. Tiene apodo y tiene lugar. El marrano de El Médano.

Fotogramas del videoclip oficial de «Carta de recomendación», de Mike Sain't Louis

El Médano es un pueblo costero del sur de Tenerife, famoso por su viento, su playa y sus velas de windsurf. Y en el catálogo es el lugar de origen de un personaje que aparece en media docena de canciones, siempre con el mismo apodo y casi siempre en el último verso, como quien firma una carta.

En «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!» es el destinatario del estribillo: «Marrano de El Médano, cada vez me das más asco». En «Un puñetazo al día» recibe su despedida con salsa canaria, entre mojo y gofio. En «Escupiré sobre tu tumba», la canción se cierra con una despedida de lo más cariñosa en apariencia: «Hasta nunca, mi niño. Un besiño, marrano de El Médano».

En «Ese Pinocho nunca me comía el chocho» se explica de dónde viene el mote: «creo que así es como te llaman todos en El Médano». Y en «En un musical gay» aparece de pasada, convertido en referencia de lo que hay que ser en un musical: «un pelín marrano, como el novio que tuve una vez de El Médano».

Es un personaje que funciona como una muletilla. Cada vez que aparece, el oyente que conoce el catálogo sonríe. Ya está aquí. Ha vuelto.

Ficha 3: el coordinador de mercadillo

El tercer personaje es un cargo. Un título de honor inventado que se repite con distintas variantes: coordinador de mercadillo, coordinador de saldo, asqueroso coordinador.

Tiene canción propia, «Asqueroso coordinador», y aparece en muchas otras. En «Doña Rogelia» se le presenta como en una feria: «Con ustedes, de mercadillo, el coordinador». En «Esperma» se le despide sin beso: «Coordinador de mercadillo, no me voy a despedir ni con un beso». En «Igual que en las pelis slasher» se le da otro apellido: «coordinador, sí, pero de la mentira y de la cicatriz».

El cargo es la clave de su gracia. Un coordinador es alguien que manda, que organiza, que lleva una carpeta y da órdenes. Pero de mercadillo. Es decir, de lo más cutre, de lo más barato, de lo que se monta y se desmonta en una mañana. Es la burocracia aplicada a la nada, con acreditación plastificada y todo.

Y es un personaje que permite al catálogo reírse de algo muy concreto: la gente que se cree importante por un cargo pequeño. Todos hemos tenido un coordinador así. En el trabajo, en la comunidad de vecinos, en el grupo de amigos.

Frases de personaje

Los grandes personajes de las series tienen frases propias. Muletillas que repiten en cada capítulo y que el público acaba diciendo en la vida real. En el universo GAYFOLK pasa lo mismo, aunque las frases no las dicen los personajes, sino el narrador cuando habla de ellos.

Está «el de la almorrana», que aparece en varias letras como una especie de apellido alternativo del ex, siempre con desprecio y siempre con gracia. Está «marrano», que se usa como saludo y como despedida. Está el «mucho cuidadito», repetido como una amenaza de madre en «Que me coma el chumino la jefa de servicio». Está el «¡Fliping!» y el «Yo fliping», que salen en más de una canción cuando el narrador se queda con la boca abierta ante lo que acaba de descubrir. Y está el karma, que funciona como la frase final de muchos capítulos: todo llega.

Estas muletillas son la argamasa del reparto. Hacen que, aunque cambie el nombre del personaje o el decorado de la canción, el oyente reconozca enseguida el tono. Es como reconocer una serie solo por la sintonía.

Y además, como todas las buenas muletillas, están hechas para pegarse. Es fácil imaginar a alguien que, después de escuchar el catálogo, llame «marrano de El Médano» a cualquier ex que se porte mal, sin haber pisado Tenerife en su vida. Ese sería el mayor éxito de un personaje de ficción: salir de la canción y colarse en las conversaciones de la gente. Como pasó con tantas frases de las series de barrio, que acabaron diciéndose en los patios de los colegios y en las cenas de Navidad sin que nadie recordara ya de dónde venían.

¿Son el mismo?

Y aquí llega la pregunta que cualquier fan de una serie se hace en algún momento: ¿estos personajes son en realidad la misma persona?

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «A la que no sé si ya se la habrá cargado, pero lo tenía todo planeado.» de «Carta de recomendación»

Hay una canción que parece responder. «Carta de recomendación» empieza con una presentación en tres partes: «Tu ex marido, el coordinador de mercadillo, el marrano de El Médano». Tres fichas en una sola línea. Como si la letra juntara a los tres personajes en uno.

Y la canción sigue con un retrato demoledor, dirigido a la próxima pareja del personaje: que no se fíe de sus ojos azules, que son lentillas de colores; que tampoco se fíe de lo que cuenta de su edad; que los primeros días todo será maravilloso y que luego llegará el descarte. Es una carta de advertencia en toda regla, el mismo gesto del «mensaje para la próxima víctima» que aparece en otras canciones.

Pero el planeta no va a cerrar el caso. Porque lo bonito de un reparto así es precisamente la ambigüedad. Cada canción muestra una cara. Y el oyente decide si son la misma persona vista desde ángulos distintos, o una galería de personajes que se parecen mucho porque todos hacen lo mismo.

Ficha 4: Grupo Mienten y la oficina

Toda serie necesita un decorado fijo. El portal, el bar, la consulta. En el universo GAYFOLK, uno de los decorados más repetidos es una empresa: Grupo Mienten.

El nombre ya es un chiste completo. Una empresa que se llama como lo que hace. Y su canción principal, «En grupo mienten, explotan siempre», es una consulta a un inspector de trabajo: si la formación hay que hacerla en el tiempo libre, si eso es legal, si es normal que te miren mal por no hacerla. Con un estribillo pegadizo que lo resume todo: «que en grupo mienten se quedan con tu dinerito».

Grupo Mienten aparece después en muchas otras letras, a veces solo como una mención, a veces como el sitio donde trabaja algún personaje. En «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», por ejemplo, se le dedica un verso a «Andrés, coordinador de saldo de Villaverde, de grupo mienten». Andrés, otro personaje con canción propia, «Andrés», que también entra y sale del catálogo.

La oficina es un escenario perfecto para este universo. Porque las relaciones tóxicas no solo pasan en casa. También pasan en el trabajo, con los jefes, con los compañeros, con las órdenes de arriba.

Ficha 5: la jefa de servicio

En el escalafón de Grupo Mienten hay alguien por encima del coordinador. Una jefa. Aparece en «En grupo mienten, explotan siempre» como la que da las «órdenes de arriba», y tiene canción en el título de otra: «Que me coma el chumino la jefa de servicio».

Es la figura de la autoridad lejana. La que nunca baja a la planta, la que manda correos, la que firma los despidos. Y en esa canción aparece junto a una compañera despedida a la que el narrador ofrece su apoyo: «que cuente conmigo si hace falta ir a declarar como testigo».

Ese verso es de los más bonitos del reparto. Porque en medio de tanto villano aparece un gesto de solidaridad. Una compañera a la que han echado. Alguien que se ofrece a testificar. La oficina tóxica también tiene sus aliados.

Los secundarios

Toda serie tiene secundarios. Personajes que aparecen en un solo capítulo, dicen dos frases y se quedan para siempre en la memoria del público.

Collage con un detalle de la carátula de «Carta de recomendación» y las carátulas de «En Grupo Mienten Explotan Siempre», «María Teresa de Calcuta», «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!»

El catálogo está lleno. La Patry de «Ese chulito», que avisa tranquila y serena de un control de la Guardia Civil mientras se guarda algo en el escote. Los dos amigos del alma de «Un puñetazo al día», uno a punto de soltar otra genialidad y el otro mirándole ya acostumbrado. La amiga que presta su maldición en «El panda del acoso sexual». El tonto de la verdellada, al que se manda a paseo en «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!». La hermana del ex en «Me hago una folclórica engañada», descrita como «otra lagarta, y no lagarta del Teide, sino de las liantas».

Y la pandilla entera de «Los fuegos artificiales de Móstoles»: Isa, Estela, Darío, Lidia, la monóloga, el conejo slowly. Personajes que no vuelven, pero que forman el paisaje de fondo de todo el universo. Como los figurantes de una serie de barrio que pasan por la calle en cada capítulo.

Por qué funciona un reparto

Los guionistas de series saben que el público no se engancha a las tramas. Se engancha a los personajes. Puedes olvidar de qué iba un capítulo, pero no olvidas a la portera cotilla.

En la música pasa algo parecido, aunque se usa mucho menos. La mayoría de las canciones de amor y desamor hablan de un «tú» sin nombre, de un ex genérico, de alguien que podría ser cualquiera. El universo GAYFOLK hace lo contrario. Le pone nombre, apellido, apodo, lugar de origen, cargo en una empresa y hasta una manía de higiene dental.

Eso tiene un efecto muy curioso. Cuanto más concreto es el personaje, más universal se vuelve. Porque todo el mundo ha tenido un coordinador de mercadillo en su vida. Todo el mundo ha conocido a alguien que presumía de ojos azules que no eran suyos. Todo el mundo ha tenido un ex al que le gustaría dedicarle una canción en una gala.

El planeta ha escrito sobre cómo se construye un universo musical, y esta es una de sus claves: los personajes que vuelven crean un mundo. Hacen que el oyente sienta que entra en un sitio conocido cada vez que pone una canción nueva.

Las canciones que se citan

Hay un verso del catálogo que lo dice abiertamente. En «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», la letra se despide así: «Te lo dije en otra canción una vez, que tienes la memoria de un pez».

Esa frase es una declaración de principios. Las canciones se hablan entre ellas. Una remite a otra. Un personaje que aparece en un disco vuelve en el siguiente. Un apodo que se dijo de pasada se convierte en el estribillo de otra canción.

Es lo que en las series se llama continuidad. Y en la trilogía GAYFOLK funciona a lo largo de los tres discos: «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» y «El día de la liberación». Los personajes van y vienen entre los tres como vecinos que se cruzan en distintas plantas del mismo edificio.

Cómo escuchar el reparto

Para quien quiera seguir la pista a los personajes, el planeta propone un orden de escucha. Como una maratón de una serie, por temporadas.

Primera temporada, el ex: «María Teresa de Calcuta», «Me hago una folclórica engañada» y «Un puñetazo al día». Ahí se presenta al personaje, se le dedica la canción y se le entierra.

Segunda temporada, la oficina: «En grupo mienten, explotan siempre», «Que me coma el chumino la jefa de servicio» y «Asqueroso coordinador». Ahí el ex cambia de traje y se convierte en jefe.

Tercera temporada, El Médano: «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», «Ese Pinocho nunca me comía el chocho» y «Escupiré sobre tu tumba». Ahí se le pone apodo y lugar de origen, y se le despide con un besiño.

Y el capítulo final, la carta: «Carta de recomendación», donde todos los personajes se juntan en una sola línea y se escribe una advertencia para quien venga después.

Cada canción se puede escuchar por separado. Pero juntas cuentan otra historia: la de alguien que, canción a canción, va recuperando el derecho a contar su propia historia frente a quien quiso contarla por él.

El protagonista sin ficha

Hay un personaje que no aparece en ninguna de estas fichas, y sin embargo está en todas las canciones. El narrador.

Ficha de la canción «Carta de recomendación» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

El que entierra al exmarido con una corona de flores. El que se niega a decir que sus trajes son de Zara. El que pregunta al inspector de trabajo si lo de la formación es legal. El que se ofrece como testigo de la compañera despedida. El que escribe la carta de recomendación para la próxima víctima.

No tiene nombre. No tiene apodo. No tiene cargo. Pero es el que da sentido a todo el reparto, porque es quien mira, quien recuerda y quien cuenta. Los demás personajes existen porque él los nombra.

Y su evolución a lo largo del catálogo es la verdadera trama de la serie. En las primeras canciones está herido, confuso, con la autoestima por los suelos. Poco a poco se va riendo más. Va soltando la lengua. Va poniendo nombres y apodos. Y al final, en la carta, se permite incluso desearle suerte al siguiente.

Es el protagonista que no sale en los créditos. Y el único que de verdad importa.

Ficción y verdad

Hay una pregunta que se hace mucha gente al escuchar estas canciones: ¿cuánto hay de verdad?

La respuesta del planeta es la de cualquier escritor. Los personajes son inventados. Los nombres son inventados. Las empresas son inventadas. Lo que no es inventado es el sentimiento que hay detrás. La rabia, la tristeza, el alivio, la risa. Eso es universal y es de verdad.

La ficción sirve precisamente para eso. Para coger algo que duele, ponerle un nombre de mentira y convertirlo en algo que se puede corear. Es lo que hicieron siempre la copla, el romance, el teatro de sainete. Personajes que no existen contando cosas que le pasan a todo el mundo.

Y por eso este reparto es tan querido en el planeta. Porque cuando alguien escucha «marrano de El Médano» y sonríe, no está pensando en ninguna persona concreta. Está pensando en la suya. En su propio coordinador, en su propio ex, en su propia oficina tóxica. Y se ríe. Que es la mejor forma de pasar página.

Créditos finales

En las series, al final de cada capítulo, aparecen los créditos. Una lista de nombres que nadie lee mientras suena la música.

Los créditos de este reparto son sencillos. Todas las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que las escribe sin IA. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Todo eso, con más calma, está en la sección de prensa. Y si quieres empezar la maratón por el capítulo final, «Carta de recomendación» está en Spotify.

Y los personajes, todos, son de ficción. Vuelven cuando quieren. Se van cuando les apetece. Y siempre, siempre, se quedan con el último verso.

Como en las buenas series de barrio, el público ya sabe que volverán en el próximo capítulo.

Y los está esperando, con el sofá preparado y el mando en la mano.

Preguntas frecuentes

¿Los personajes de las canciones de Mike Sain't Louis son personas reales?

No. Los nombres, apodos y empresas que se repiten en las letras, como Sergio Antonio Lara, el marrano de El Médano o Grupo Mienten, son personajes de ficción del universo GAYFOLK.

¿En qué canciones aparece el marrano de El Médano?

Entre otras, en «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», «Un puñetazo al día», «Escupiré sobre tu tumba», «Ese Pinocho nunca me comía el chocho», «En un musical gay» y «Carta de recomendación».

¿Por qué se repiten los personajes?

Porque las canciones del universo GAYFOLK se hablan entre ellas. Funcionan como los capítulos de una serie: cada una cuenta una parte y los personajes pasan de una a otra.

¿Quién escribe las canciones?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Las letras son suyas y están escritas sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

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