Planeta Gayfolk

Manifiesto

Las siete leyes del Manifiesto de la Colonización, leídas con las canciones en la mano

Por ·

Portada de «Soy Marica Sideral», canción de Mike Sain't Louis

Los bandos municipales de antes se fijaban con chinchetas en la puerta del ayuntamiento. Un papel con sello, un encabezamiento solemne y unas cuantas normas: prohibido tirar basura en la acera, obligatorio barrer la puerta los sábados. El Planeta Gayfolk tiene el suyo. Se llama Manifiesto de la Colonización, está «dado en órbita a los 7 días de la era, año 2026 de la Tierra», y su última línea lo explica todo: «se fija este bando en las puertas del planeta y en todas las lunas de su órbita».

Lo firma «El Colono Nº 000, Mike Sain't Louis». Y contiene siete leyes. Son cortas, casi refranes. Se pueden leer en medio minuto. Pero cada una lleva detrás un puñado de canciones que ya la habían dicho antes, con otras palabras, en algún rincón del catálogo. El manifiesto no inventa el planeta: lo resume.

Este texto las lee una a una, con las letras al lado. Como se lee un reglamento cuando uno acaba de mudarse a un edificio nuevo: despacio, con un lápiz, subrayando lo que de verdad importa.

Ley I. Todo cuerpo es territorio; aquí no se rinde frontera

La primera ley es la más política. Habla del cuerpo como tierra propia y de una frontera que no se entrega. En un manifiesto de colonización espacial, la frase tiene un doble filo: se coloniza un planeta, pero el primer territorio que se defiende es la propia piel.

Las letras del planeta están llenas de cuerpos que alguien ha querido controlar. En «Tu mendigo», del segundo disco, la queja contra el ex enumera lo que le molestaba: «Te dolía mi arte, / mi cuerpo, mi suerte». El cuerpo aparece en la misma lista que el arte y la fortuna. Tres cosas que eran de él y que el otro no soportaba.

Y en «Soy marica sideral», la canción que mejor anticipa este manifiesto, la frontera se dice en spanglish: «No vine a salvar tu mood, / vine a tomar mi space». Tomar mi espacio. No pedirlo. Tomarlo. Unas líneas más abajo, la ley entera en otra forma:

«I don't shrink pa' que te sientas / más seguro en tu papel. / No me cambio ni me escondo»

No me encojo para que te sientas seguro. Eso es exactamente no rendir la frontera. El cuerpo no se hace pequeño para que quepa el miedo del otro.

La palabra frontera aparece también en otro texto del planeta, y con un sentido opuesto que la completa. En la presentación de «Outsider radical», del tercer álbum, Mike escribe: «Y si el arte tiene que evolucionar, que me culpen de ser de los primeros en cruzar la frontera.» Ahí la frontera se cruza; en la ley, se defiende. No hay contradicción. Hay fronteras que se protegen, las del propio cuerpo, y fronteras que se atraviesan, las que otros ponen para decidir qué cuenta como arte. El colono sabe distinguirlas.

En la galería del planeta hay un cartel que convierte esta ley en imagen. Se titula «Canarias en erupción», y en él Mike sostiene a la vez la bandera de Canarias y la bandera trans, con un volcán detrás. Territorio y cuerpo, sostenidos en la misma mano.

Ley II. La rareza no se cura: se corona

La segunda ley es la que más se va a tatuar la gente, si alguna vez se tatúan leyes. Tiene la estructura de un refrán: primero lo que no se hace, luego lo que sí. No se cura. Se corona.

Fotogramas del videoclip oficial de «Soy marica sideral», de Mike Sain't Louis

La frase dialoga con una historia larga. Durante décadas, a las personas queer se les ofrecieron curas: médicos, psiquiatras, terapias de conversión, curas de otro tipo. La ley responde con una coronación. Es el gesto de la drag que se pone la corona de plástico en el concurso del pueblo, y es también el de las reinas de verdad que el planeta adora. Hay una diferencia enorme entre las dos palabras. Curar supone que algo está mal y hay que arreglarlo. Coronar supone que algo es excepcional y hay que celebrarlo. La ley no discute el diagnóstico de rareza. Lo acepta entero y le cambia el tratamiento: en lugar de una consulta, una ceremonia. En lugar de pastillas, purpurina. Es la misma operación que hace el lenguaje queer con tantos insultos, que los recoge del suelo, los limpia y se los pone como broche.

Las canciones han practicado esta ley desde el principio. «Soy marica sideral» la dice con una lista de insultos convertidos en medallas:

«Me han llamado exagerada, / teatral y emocional. / Pero nadie dice nada / del puto narci de manual.»

Exagerada, teatral, emocional. Tres diagnósticos que la letra recoge sin discutirlos, y que luego desvía hacia el verdadero problema. Y más abajo, la frase que podría ser la segunda ley en versión pop: «Y si no sabes mirarme, / no es mi pluma el problema».

Hay incluso una canción que funciona como cartel de bienvenida a la rareza: «Vas a escuchar un disco muy raro», del segundo álbum. El aviso está en el título y se repite en la letra: «Vas a escuchar un disco muy raro. Si vienes con prejuicios, échate a un lado.» No pide perdón por ser raro. Avisa, como se avisa en la puerta de una atracción de feria. Quien entre, que sepa dónde entra.

Ley III. La máquina es instrumento; el universo es autor

La tercera ley toca el punto que más discusión genera alrededor del proyecto: la inteligencia artificial. La frase lo resuelve en dos partes. La máquina es instrumento, como lo es una guitarra o un sintetizador. El autor es el universo, es decir, la obra entera, con su mirada, sus personajes y sus letras.

La web del planeta lleva tiempo explicándolo. En la página de tecnología del universo se lee: «La inteligencia artificial forma parte del discurso, no del atajo». Y la nota de prensa sobre el proceso dice que el proyecto «usa herramientas de inteligencia artificial en la creación de su música y lo declara abiertamente».

Pero la ley tiene otra cara, la de las letras. En el texto que acompaña a «Tus letras son basura», del tercer álbum, Mike lo dice con todas las letras: «Lo que muchos no soportan es que mis letras las escribo yo. / No las firma una discográfica, no las corrige un productor, y desde luego no las escribe una máquina.» Y en el de «Esta canción es una mierda», con más ironía todavía: «Las letras son mías, la ironía también».

El mismo texto de «Outsider radical» lo plantea como un debate que no se esquiva: «Me han dicho muchas veces que usar IA no es arte. / Que lo que hago no cuenta. / Que eso lo hace una máquina.» Y responde con una comparación sencilla: nadie dice lo mismo «de un pintor que usa pinceles, / ni de un músico que usa un sintetizador». La frase clave viene después: «yo no uso la IA para esconderme, la uso para revelarme». La tercera ley del manifiesto es la versión comprimida de esa defensa.

Así que el reparto queda claro. Las palabras son del letrista. La música y las voces se producen con herramientas de IA. Y el autor, el que firma el conjunto, es el universo que todo eso construye. Es una forma muy contemporánea de entender la autoría, y a la vez muy antigua: el compositor de una zarzuela tampoco tocaba todos los instrumentos de la orquesta.

Ley IV. 273 canciones no son ruido: son cartografía

La cuarta ley lleva un número, y eso ya la hace rara entre las demás. 273 canciones. La cifra es la del momento en que se fijó el bando; la web del planeta habla hoy de 275 pistas en la trilogía, y el catálogo sigue creciendo. Lo importante no es el número exacto sino la palabra que viene después: cartografía.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Soy silencio con tacones, soy marica sideral.» de «Soy marica sideral»

Es la respuesta a una crítica frecuente. Publicar tanto, se dice, es hacer ruido. La ley contesta que no: cada canción es un punto en un mapa. Lo dice también el manifiesto largo del universo, el de las cincuenta capas: «No es una discografía, es un mapa. El catálogo se recorre como un territorio: cada canción es un capítulo, cada portada una habitación nueva.»

Y lo practica la propia trilogía. Hay canciones que son ciudades (Madrid, Barcelona, París, Ámsterdam, Benidorm), otras que son playas (El Médano, La Tejita, el Mal Pas), otras que son casas, oficinas, cruceros, saunas, lavanderías. Si uno pusiera una chincheta por cada lugar nombrado en las letras, saldría un mapa de España y de medio mundo con una densidad sorprendente. La página de la trilogía GAYFOLK es, en ese sentido, el índice del atlas.

La palabra cartografía tiene además algo de oficio antiguo. Los cartógrafos de otros siglos dibujaban mapas de tierras que no habían pisado, a partir de relatos de marineros, y rellenaban los huecos con sirenas y monstruos. El planeta hace algo parecido: dibuja un territorio inventado a partir de experiencias reales, y en los márgenes pone sus propios monstruos, que suelen ser exnovios. Una de sus canciones se titula, de hecho, «En Canarias no existen las sirenas». El cartógrafo del planeta corrige los mapas viejos. Donde ellos ponían sirenas, él pone un aviso.

Ley V. La vergüenza se queda en la Tierra; la antena viene en el equipaje

La quinta ley es la más bonita, y también la más práctica. Habla de qué se lleva uno cuando emigra a otro planeta. La vergüenza, no. Se queda aquí, en la Tierra, como un mueble viejo que no cabe en el camión. La antena, sí. La antena para captar señales, para seguir conectado, para escuchar.

La vergüenza es la emoción que el planeta lleva años desactivando. En «Marica chill», del segundo disco, se dice con la ligereza de una mañana de playa:

«Y si me miran, I wink back / Porque la vergüenza no se me da»

Si me miran, guiño. La vergüenza no se me da. Es la quinta ley en versión de chiringuito. Y la canción entera es un ejercicio de vivir sin ella: abanico, short transparente, tacones para bajar a la playa, besitos a la vecina que critica desde el balcón.

En el texto de presentación de «Hetero», del mismo álbum, la palabra vuelve para definir el estilo del proyecto entero: «GayFolk sin maquillaje, sin poesía y sin vergüenza». Sin vergüenza, en las dos acepciones. Sin pudor y sinvergüenza.

La antena, por su parte, es una imagen muy del planeta. Todo el proyecto vive en internet, en las plataformas, en el móvil. La antena es la conexión que no se corta. Uno se va, pero sigue escuchando.

Ley VI. Nadie sobra en la hoguera; la pista tampoco tiene fondo

La sexta ley junta dos imágenes de fiesta: la hoguera y la pista de baile. En las dos cabe todo el mundo. La hoguera no tiene lista de invitados. La pista no tiene fondo: siempre se puede bailar un poco más atrás.

Collage con un detalle de la carátula de «Soy marica sideral» y las carátulas de «Vas a escuchar un disco muy raro», «Tus letras son basura», «Al fuego»

La hoguera tiene canción propia en el tercer álbum. «Al fuego» es una de esas despedidas del planeta en las que uno reconoce sus errores con rabia y luego quema lo que sobra:

«Pero como soy tan fracasada / Que ya me conozco el juego / He tirado todo al fuego»

Ahí está la hoguera como ritual: se echa al fuego lo que hace daño. Pero la ley añade algo que la canción no dice: nadie sobra. Alrededor del fuego cabe la que se equivocó, la que se llamó tonta, la que tardó en darse cuenta. La hoguera es purificación, no castigo.

Y la pista aparece en muchas letras como el sitio donde se sobrevive. En «Dark Corners», del segundo disco, el baile es refugio y es también tristeza: «La pista es mía, la pena igual». En «Mi salvador», del tercero, la pista promete otra cosa: «Aquí en la pista, let's live forever». La pista sin fondo es eso: un sitio donde cabe la pena y cabe el para siempre, sin que nadie te pida que te vayas.

Ley VII. Ser raro es ser capital

La última ley es la más corta y la más ambigua. Ser raro es ser capital. Capital como lo más importante, lo esencial, lo que encabeza. Capital como dinero, como valor acumulado. Y capital como ciudad, la capital de un país, el centro.

Las tres lecturas funcionan. La rareza como lo esencial del proyecto, eso ya lo dijo la segunda ley. La rareza como valor: en una industria que fabrica canciones parecidas, lo raro es lo único que no se puede copiar. Y la rareza como capital del planeta: si GAYFOLK fuera un país, la capital estaría en lo raro.

Hay un eco de esta ley en el texto de presentación del segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», que describe el planeta como un lugar «donde los raros no tuviéramos que pedir perdón por serlo». La séptima ley va un paso más allá. Ya no se trata de no pedir perdón. Se trata de que lo raro sea la moneda del sitio.

Y hay una ironía preciosa en que la última ley de un manifiesto sobre un planeta independiente, autoeditado, «sin major», hable de capital. El planeta no tiene dinero de discográfica. Tiene rareza acumulada. Y la ley dice que eso vale más.

Lo que el manifiesto no dice

Hay algo llamativo en las siete leyes, y se ve mejor si uno conoce el resto del catálogo: no hay ningún enemigo. Ni ex, ni narcisista, ni coordinador, ni suegra. En un universo donde casi cada canción tiene un villano con nombre y apellido, el texto fundacional de la nueva era no señala a nadie.

Es un cambio de tono importante. Las canciones del planeta se escribieron, muchas veces, contra alguien. El manifiesto se escribe a favor de algo. Habla del cuerpo, de la rareza, de la máquina, del mapa, de la vergüenza, de la hoguera y del valor de ser raro. No habla del daño. Es el texto de alguien que ya ha salido y está organizando la casa nueva.

Visto así, el manifiesto encaja con el final de la trilogía. El tercer álbum termina con «El día de la liberación», la canción en la que por fin se le dice adiós al «manipulador perdedor». El manifiesto empieza justo después. Es lo que se escribe la mañana siguiente a la liberación, cuando ya no hace falta gritar contra nadie y se puede pensar en cómo vivir.

Tampoco habla de éxito. No hay cifras de oyentes, ni premios, ni promesas de llegar a ningún sitio. La única cifra es la de las canciones, y está ahí para decir que forman un mapa, no un ranking. Es coherente con otra capa del manifiesto largo del universo: «No una carrera, un legado».

Cómo cumplir las leyes desde la Tierra

Un bando sirve para algo si se puede cumplir. Las leyes del planeta tienen la virtud de que se pueden practicar sin salir de casa.

Ficha de la canción «Soy marica sideral» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La primera se cumple cada vez que uno no se encoge para que otro esté cómodo. La segunda, cada vez que alguien te llama exagerada y decides tomártelo como un título. La tercera, cuando se usa una herramienta sin esconderla ni dejar que firme por ti. La cuarta, cuando se deja de medir lo que uno hace por su ruido y se empieza a medir por el territorio que dibuja.

La quinta es la más difícil y la más necesaria: dejar la vergüenza en la acera, como un mueble viejo, y quedarse solo con la antena. La sexta se practica en cualquier fiesta: no dejar a nadie fuera del corro. Y la séptima se cumple sola, con el tiempo, cuando uno entiende que lo que le hacía raro es justo lo que no tiene nadie más.

Ninguna requiere nave espacial. Ese es el truco del manifiesto: habla de colonizar otro planeta, pero todas sus leyes se aplican aquí abajo, en el portal, en el trabajo, en la playa, en el grupo de WhatsApp familiar.

El bando como género

Merece la pena mirar también la forma del manifiesto, porque dice tanto como su contenido. No es un ensayo. No es una entrevista. Es un bando: un texto oficial, con fecha, firma y número de colono, que se fija en una puerta.

La elección es puro camp. Toma el lenguaje más burocrático del Estado, el de los edictos y las ordenanzas, y lo usa para decir que la rareza se corona. Es el mismo gesto de las canciones que hablan del amor con lenguaje de inspección de trabajo o de prospecto farmacéutico. El planeta disfruta haciendo que las formas solemnes digan cosas que nunca dijeron.

El número de colono, el 000, es otro guiño. No el uno: el cero. El que estaba antes de que empezara la cuenta. Es la firma del fundador que todavía no ha visto llegar a nadie, pero que deja la puerta preparada.

Y el cierre de la página añade una fecha y una hora: «Era La Colonización · 6 NOV · 22:22 · Nos vemos en órbita». Qué pasará ese día, el manifiesto no lo cuenta. Como buen bando, solo convoca.

Las siete leyes, en una canción

Si hubiera que elegir una sola canción para acompañar el manifiesto, sería «Soy marica sideral». Su último bloque podría colgarse junto al bando:

«Soy silencio con tacones, / soy marica sideral.»

Sideral: de las estrellas. Marica: de aquí, de la Tierra, del insulto del patio convertido en nombre propio. La canción junta las dos cosas en un verso, igual que el manifiesto junta la colonización espacial con la defensa del propio cuerpo. Cada ley está ahí: el espacio que se toma, la pluma que no se esconde, la vergüenza que se queda abajo, el brillo sin pedir permiso.

Las letras citadas están en el archivo de letras. Son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, tal como dice la tercera ley. Para datos del proyecto está la sala de prensa. Y la canción sideral está en Spotify, para escucharla con la antena puesta.

Bando fijado. Puerta abierta. Que pase quien no tenga vergüenza.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Manifiesto de la Colonización?

Un texto breve publicado en gayfolkplanet.com y firmado por «El Colono Nº 000, Mike Sain't Louis». Fija siete leyes del planeta para la era que el proyecto llama La Colonización.

¿Cuáles son las siete leyes?

I. Todo cuerpo es territorio; aquí no se rinde frontera. II. La rareza no se cura: se corona. III. La máquina es instrumento; el universo es autor. IV. 273 canciones no son ruido: son cartografía. V. La vergüenza se queda en la Tierra; la antena viene en el equipaje. VI. Nadie sobra en la hoguera; la pista tampoco tiene fondo. VII. Ser raro es ser capital.

¿Qué significa «La máquina es instrumento; el universo es autor»?

Que la inteligencia artificial se usa como herramienta de producción, no como autora. Las letras las escribe Mike Sain't Louis; la música y las voces se hacen con herramientas de IA como Suno, y el proyecto lo declara abiertamente.

¿Qué canción resume mejor el manifiesto?

«Soy marica sideral», del segundo álbum, adelanta varias de sus leyes: la pluma sin disculpas, el rechazo a encogerse y la idea de un planeta propio.

¿Dónde se puede leer el manifiesto completo?

En gayfolkplanet.com/manifiesto-colonizacion.

Más notas

Apoyar en Ko-fi