Planeta Gayfolk

Salud mental

Evaluación de desempeño: «So Insignificant» y la palabra «performance»

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Portada de «So Insignificant», canción de Mike Sain't Louis

Formulario de evaluación anual. Empleado: tú. Evaluador: tú. Resultado: insuficiente.

Cualquiera que haya trabajado en una empresa mediana conoce el ritual. Una vez al año, a veces dos, te sientas en una sala de reuniones con fluorescentes, frente a un jefe con un portátil, y repasáis tu desempeño. Objetivos cumplidos, objetivos no cumplidos, puntos de mejora. Una escala del uno al cinco. Y al final, una palabra en inglés que se ha colado en todas las oficinas de este país: tu performance.

«So Insignificant» tiene en mitad del estribillo esa misma palabra: «no performance». Y el planeta, que lleva un tiempo dando vueltas a esta canción, no puede dejar de oír en ella una evaluación de desempeño. La peor de todas. La que no te hace ningún jefe, sino tu propia cabeza, un martes por la noche, sin fluorescentes y sin escala del uno al cinco. Solo con un veredicto.

El diario ya escribió sobre por qué esta canción está en inglés, en la crónica sobre decir el cansancio en otro idioma. Hoy el planeta se queda con una sola palabra y tira del hilo. Performance. Que en inglés significa dos cosas a la vez, y las dos importan mucho en este universo.

Las dos performances

En inglés, performance es rendimiento. El de un coche, el de un ordenador, el de un empleado. Es la palabra de los informes, de las gráficas, de los indicadores. Es cuánto produces.

Pero performance también es actuación. El número que se hace en un escenario. La función de teatro. El show. Y en el mundo queer, la palabra tiene un peso enorme: la performance drag, el lip sync, el número de cabaret, la pluma como forma de arte. Hay toda una cultura construida sobre la idea de que actuar, subirse a un escenario y hacer el número, es una forma de existir y de resistir.

«No performance», dice la canción. Y el planeta lo oye con los dos sentidos a la vez. No rindo. Y no actúo. Ni produzco, ni hago el número. Ni sirvo para la oficina, ni sirvo para el escenario.

Es una doble derrota en dos palabras. Y es, también, una descripción muy exacta de cómo se siente uno en los días de agotamiento: no puedes trabajar y tampoco puedes fingir que estás bien. Las dos cosas fallan a la vez. Porque fingir que estás bien también es una performance. Y también cansa.

Apartado uno: estado del empleado

Todo informe de evaluación empieza con una descripción general. La canción la da en las primeras líneas:

«I'm so tired, / One more worry to acquire».

Estoy muy cansado. Una preocupación más que adquirir.

El planeta se detiene en ese verbo, acquire, porque es un verbo de empresa. Se adquieren acciones, se adquieren empresas, se adquieren competencias. En los cursos de formación se habla de «adquirir habilidades». Y aquí lo que se adquiere es una preocupación más. Como si la vida fuera una cartera de inversiones en la que solo entran pérdidas. Otra preocupación al portfolio. Otra decepción al balance.

Y la lista sigue: another letdown, fresh bad news. Otra decepción. Malas noticias frescas. Fresh, como los productos del supermercado. Como si las malas noticias tuvieran fecha de caducidad y estas acabaran de llegar a la estantería.

Y luego la pregunta de cualquier empleado quemado al final de un trimestre horrible: when will it end? ¿Cuándo se acaba esto?

Apartado dos: motivación

El segundo bloque de cualquier evaluación de recursos humanos mira la actitud. La implicación. La motivación. Y la canción tiene la respuesta preparada: «I'm so unmotivated».

Fotogramas del videoclip oficial de «So Insignificant», de Mike Sain't Louis

Estoy muy desmotivado.

Es una palabra que en las empresas se usa con mucho cuidado, porque es casi una acusación. Un empleado desmotivado es un problema. Hay que motivarlo. Hay que hacer dinámicas de grupo, darle un objetivo, ofrecerle un incentivo, llevarle a una jornada de team building en una casa rural con paintball. Las empresas tienen un arsenal entero contra la desmotivación.

Pero la canción no habla de una desmotivación de oficina. Lo dice en la línea siguiente: «Another breakup, so jaded». Otra ruptura. Hastiado. La desmotivación no viene de un mal trimestre, viene de la vida. De otra relación que se acaba. Y para eso no hay jornada de paintball que sirva.

Jaded es una palabra preciosa en inglés que no tiene traducción exacta. Es el cansancio de quien ha visto demasiado. De quien ya no se sorprende ni se ilusiona porque sabe cómo acaban las cosas. Es el hastío del veterano. Y en una canción sobre rupturas, es la palabra justa para quien ya ha pasado por varias y empieza a pensar que todas van a ser iguales.

Apartado tres: importancia para la organización

Y ahora el apartado más duro. El que en los informes de verdad se llama algo así como «impacto en el equipo» o «contribución a los objetivos de la empresa».

«I'm of little importance, / So insignificant, / no performance».

De poca importancia. Insignificante. Sin rendimiento.

En una empresa, decirle esto a alguien sería motivo de despido. Nadie se lo dice a la cara a un empleado, ni el jefe más cruel. Se usan eufemismos: «hay margen de mejora», «tu contribución no ha sido la esperada», «vamos a definir un plan de acción». Pero la cabeza, cuando hace la evaluación, no usa eufemismos. Va al grano. Eres insignificante. No rindes. No importas.

Y luego, la línea que lo remata todo:

«Never adding / to anyone's day».

Nunca sumando al día de nadie. Es un indicador que ningún departamento de recursos humanos mide, pero que la cabeza mide sin parar. ¿Le he alegrado el día a alguien? ¿He aportado algo? ¿Alguien ha estado mejor por haberse cruzado conmigo? Y en los días malos, la respuesta es siempre la misma: no. Nunca. A nadie.

El planeta quiere decir aquí una cosa, con la claridad seca de las líneas importantes: esa evaluación está mal hecha. No porque sea mentira que uno esté cansado o triste. Sino porque el evaluador está enfermo de cansancio. Ningún informe redactado por alguien agotado y triste es fiable. Y el informe que la cabeza escribe contra uno mismo en esos días, menos que ninguno.

El jefe imposible

Toda evaluación tiene un evaluador, y en esta el evaluador es un personaje que el planeta conoce bien porque sale en muchas películas.

Es la jefa de «El diablo viste de Prada», Miranda Priestly, que con una sola mirada por encima de las gafas te hace sentir que llevas el jersey equivocado desde que naciste. Es el jefe de cualquier comedia de oficina que llega el lunes a las ocho y te pregunta por un informe que te pidió el viernes a las siete y media. Es el entrenador de las películas de deportes que grita desde la banda que no vales para nada. En la ficción, esos personajes acaban humanizándose, o siendo derrotados, o teniendo una escena final en la que reconocen tu valía.

El jefe interior no tiene escena final. No se humaniza. No reconoce nada. Está ahí todos los días, con su portátil y su escala del uno al cinco, apuntando cada fallo. Si llegas tarde, lo apunta. Si no contestas un mensaje, lo apunta. Si te quedas en la cama un domingo hasta las doce, lo apunta. Y nunca, jamás, apunta lo que haces bien.

La canción es el informe que redacta ese jefe. Por eso suena tan conocida. No porque todos estemos igual de tristes, sino porque casi todos tenemos dentro, en algún despacho, a alguien con gafas que nos mira por encima de ellas.

Y aquí el planeta se permite un chiste, que también hace falta: a Miranda Priestly, al menos, le pagaban por ser así de cruel. El jefe interior trabaja gratis. Y encima hace horas extra.

Apartado cuatro: rutina

Hay una línea que el planeta casi se salta y que, en clave de oficina, tiene mucha miga: «Sad again, it's all the same».

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «I'm so tired, One more worry to acquire» de «So Insignificant»

Triste otra vez. Todo es igual.

Es la queja del que lleva años en el mismo puesto haciendo lo mismo. El mismo escritorio, el mismo café de máquina, la misma reunión de los lunes, el mismo atasco de vuelta a casa. Todo es igual. Y la tristeza, en los días de agotamiento, se vuelve también rutina. No es un drama que llega con música de violines. Es algo que está ahí cada mañana, como el ordenador que tarda en arrancar.

Hay una cosa muy honesta en esa línea. Mucha gente imagina la tristeza como un acontecimiento: algo que pasa, que tiene una causa, que tiene un antes y un después. Y a veces es así. Pero otras veces es simplemente el ambiente. La temperatura de la oficina. El ruido de fondo. «It's all the same». Ni mejor ni peor. Igual.

Y lo peor de la rutina triste es que deja de notarse. Uno se acostumbra. Deja de pensar que podría ser de otra forma. Y por eso, a veces, hace falta que alguien de fuera diga: oye, esto no es normal. Esto no tiene por qué ser siempre igual.

Apartado cinco: objetivos para el año que viene

Toda evaluación de desempeño termina con objetivos. Lo que el empleado debe conseguir antes de la siguiente reunión. Suelen ser cosas medibles, con fecha, con porcentajes.

El planeta, que no es una empresa ni quiere serlo, propone otros objetivos para quien haya salido mal parado de esta evaluación interior. No medibles. Sin porcentajes.

Comer algo caliente al menos una vez al día. Abrir la ventana por la mañana. Salir a la calle aunque sea a por el pan. Contestar un mensaje de alguien que te quiere, aunque sea con un emoji. Dormir, o al menos tumbarse. Escuchar una canción que no sea triste. Escuchar una que sí lo sea, si hace falta, pero solo una. Pedir ayuda si la cosa no mejora.

Ninguno de estos objetivos sale en los cursos de liderazgo. Ninguno te lleva a un ascenso. Pero son los únicos que el planeta pondría en un informe así.

Objetivos cumplidos el año que viene: los que se puedan. Y con eso basta.

La repetición como sello

La canción termina repitiendo «So insignificant» muchas veces. Ocho seguidas en la última vuelta de la letra publicada, después de las que ya había en los estribillos anteriores.

En la oficina, las evaluaciones terminan con un sello. Una firma, una fecha, un resultado. Apto. No apto. Y la repetición final de la canción funciona como ese sello. Insignificante, insignificante, insignificante. Como quien estampa el mismo sello en cada página del expediente para que no quede ninguna duda.

Pero el planeta, que ha escuchado muchas veces canciones así, oye otra cosa en la repetición. Cuando una palabra se repite demasiado, pierde su significado. Se convierte en sonido. Insignificante, dicho una vez, duele. Dicho ocho veces seguidas, empieza a sonar raro, a deshacerse, a parecer una palabra inventada. Es un fenómeno que cualquiera puede probar en casa: repetir una palabra muchas veces hasta que deja de significar nada.

Y quizá eso sea lo que hace la canción, sin decirlo. Repetir el veredicto hasta que deje de pesar. Hasta que «insignificant» sea solo un ritmo, una música, algo que se puede tararear. El sello de la evaluación, estampado tantas veces que ya no se lee.

El inglés de las oficinas

Un paréntesis lingüístico, que la palabra lo merece.

Collage con un detalle de la carátula de «So Insignificant» y las carátulas de «La insignia de artista», «Tattoo de fénix», «La música me está salvando»

En las oficinas españolas de los últimos veinte años, el inglés ha entrado como entra la humedad: por todas partes y sin pedir permiso. Ya nadie tiene una reunión, tiene un call. Nadie recibe una opinión, recibe feedback. Nadie tiene una fecha límite, tiene un deadline. Las cosas urgentes son ASAP. Los objetivos son KPI. Y el rendimiento, claro, es la performance. Hay quien pasa una jornada entera diciendo frases como «te hago un forward del mail para que lo tengas en el radar antes del call», y lo dice con total naturalidad, en una oficina de Alcobendas, rodeado de gente que se llama Mari Carmen.

El planeta se ríe mucho con eso, y con cariño, porque en este universo también se mezcla el inglés con el castellano a cada rato. Pero en esta canción la mezcla tiene un efecto curioso. Una letra entera en inglés, con una palabra como performance en el centro, suena por momentos a ese idioma de oficina. A informe. A correo de recursos humanos. Y eso hace que el dolor que cuenta suene todavía más frío. Más burocrático. Como si la tristeza se hubiera vuelto un trámite más.

No es casualidad que la gente quemada en el trabajo hable así de sí misma. «Estoy a tope», «no llego», «no rindo», «tengo la batería al cinco por ciento». Nos describimos con el vocabulario de las máquinas y de las empresas. Y luego nos extraña sentirnos como una.

La insignia de la canción siguiente

Hay una coincidencia en la lista de videoclips del planeta que no se puede dejar pasar.

Justo después de «So Insignificant», en el orden del canal, viene «La insignia de artista». Insignificant e insignia. Una al lado de la otra.

Las dos palabras vienen de la misma raíz latina: signum, que significa señal, marca. Una insignia es una señal que distingue, una medalla, un emblema, algo que se lleva en el pecho para que los demás sepan quién eres. Y algo insignificante es lo que no tiene señal, lo que no significa, lo que no deja marca.

El planeta no sabe si el orden de la lista es casual. Probablemente lo es. Pero le gusta pensar que, después de una canción que dice «no dejo marca en nadie», viene otra que habla de llevar una insignia. Como si la segunda contestara a la primera. Como si el expediente de «no apto» fuera seguido, inmediatamente, de una medalla.

Y justo antes, en esa misma lista, está «Tattoo de fénix». Un fénix: el pájaro que arde y renace de sus cenizas. Tatuado, además, que es una marca que no se borra. Insignificante entre un fénix y una insignia. El orden de la lista, a veces, escribe mejor que nadie.

El otro escenario

Volvamos a la segunda performance. La del escenario.

Ficha de la canción «So Insignificant» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En la cultura queer, la idea de actuar tiene una doble cara. Por un lado, es celebración. La drag que sale a escena, la pluma que se exhibe, el número que se hace con orgullo. Por otro, es supervivencia. Durante décadas, muchísimas personas LGTBI tuvieron que actuar todos los días: fingir una novia en la cena de empresa, impostar la voz en el trabajo, esconder los gestos en la calle. Esa actuación diaria cansa más que cualquier turno de doce horas.

«No performance» tiene, en ese contexto, una lectura más. La de quien ya no puede seguir actuando. Ni el número de la drag, ni el número de la normalidad. Quien se queda sin fuerzas para el escenario y para el disfraz. Y en esa rendición hay algo terrible y algo liberador a la vez. Terrible, porque el agotamiento es real. Liberador, porque a veces dejar de actuar es el primer paso para que alguien te vea de verdad.

El informe que falta

Toda evaluación de desempeño tiene, en teoría, una segunda parte: la del empleado. El espacio en el que uno puede responder, explicar, poner contexto, defenderse. En la práctica, casi nadie lo rellena. Se firma y se olvida.

El planeta quiere rellenar ese espacio por quien escucha esta canción en un día malo. No con frases de taza ni con ánimos de gimnasio. Con un par de observaciones, nada más.

Observación uno: el cansancio no es un defecto de carácter. Es un estado. Y los estados cambian.

Observación dos: quien escribió el informe estaba agotado. Pídase una segunda opinión.

Observación tres: si los días así se acumulan, si el informe sale igual semana tras semana, merece la pena hablar con alguien de verdad. Un médico, un psicólogo, una persona de confianza. No hace falta esperar a estar muy mal para pedir ayuda. Basta con estar cansado de estar cansado.

Firmado: el planeta. Con copia a quien haga falta, y sin fecha de caducidad.

Otras canciones del mismo departamento

En el planeta hay otras canciones que trabajan en esta planta del edificio. La más cercana, quizá, sea «La música me está salvando», que es casi la respuesta a esta: el lugar donde agarrarse cuando el informe sale mal. Y el diario tiene una entrada sobre la depresión como algo más que tristeza, escrita con calma, que el planeta recomienda a quien se haya reconocido en este expediente.

Quien quiera saber cómo trabaja este universo por dentro, cómo se hace una canción aquí, tiene la sección de proceso del universo GAYFOLK.

Ficha del empleado

Lo que consta en el expediente.

La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK. Su ficha la fecha el 8 de julio de 2026, bajo el sello propio del autor. El videoclip oficial supera los cuatro minutos y está en la sección de vídeos. La ficha del single ofrece fragmento de escucha, enlace a Spotify, YouTube y Deezer, y descarga gratuita sin registro.

Quién la firma: la letra, en inglés, es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, escrita por él sin inteligencia artificial. La música y las voces se hicieron con herramientas de IA, entre ellas Suno. Para el resto del expediente, la sala de prensa.

Se levanta la reunión

La evaluación termina. El jefe cierra el portátil. Tú te levantas, recoges el boli que no has usado y sales de la sala de reuniones con los fluorescentes zumbando detrás.

Fuera, en el pasillo, alguien te saluda. Un compañero te pregunta si vas a bajar a por un café. Una chica de otro departamento te sonríe porque el otro día le dejaste el cargador del móvil. Pequeñas cosas. Sumas pequeñas.

Ninguna sale en el informe. Ninguna tiene casilla en el formulario, ni porcentaje, ni gráfica de barras, ni cabe en la escala del uno al cinco.

Pero cuentan.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «So Insignificant»?

De días de agotamiento en los que uno se siente cansado, desmotivado y sin importancia para nadie. La letra, en inglés, encadena preocupaciones, decepciones y una ruptura, y repite como un mantra «So insignificant».

¿Por qué se habla de evaluación de desempeño?

Por la expresión «no performance» de la letra. En inglés, performance significa a la vez rendimiento y actuación. La crónica lee la canción como el informe que la propia cabeza redacta contra uno en los días malos.

¿En qué disco está?

En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single lo fecha el 8 de julio de 2026.

¿Quién la ha escrito?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial.

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