Planeta Gayfolk

Relaciones tóxicas

Abrir un disco contando el final: «Spoiler», pista 1 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk»

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Portada de «Spoiler», canción de Mike Sain't Louis

«Empezó dando solo me gusta a fotos de Madonna.»

Así arranca el segundo disco de la trilogía GAYFOLK. No con una nave rosa despegando, ni con un himno de despegue interestelar, ni con una obertura de sintetizadores. Con un pulgar. Un pulgar que pulsa un corazón debajo de una foto de la reina del pop. Parece inofensivo. Todos sabemos que no lo es.

«Spoiler» es la pista 1 de 86 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Y tiene la desfachatez de contar el final antes de que el disco haya empezado de verdad. Esta crónica va de esa desfachatez. De por qué un álbum que trata del deseo de llegar a otro planeta empieza con un señor mirando el Instagram de su pareja y diciendo: ya sé cómo acaba esto.

El segundo disco

Para entender la jugada hay que saber qué viene antes. El primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», terminaba con el descubrimiento. Se había dicho adiós a la Tierra, se había avistado el planeta, se había fundado su primera ley: no hay aplicaciones, no hay complejos. La página del segundo álbum lo resume así: una vez descubierto el planeta, el relato se centra en el anhelo de llegar a él, la distancia, la espera y las ganas de viajar a un lugar donde vivir sin pedir permiso.

Es decir: el segundo disco es la sala de espera. Ya sabes adónde quieres ir, pero todavía estás aquí. Y aquí, en la Tierra, las cosas siguen como estaban. Los móviles siguen encendidos. Las parejas siguen dando likes donde no deben.

Por eso tiene tanto sentido que la primera canción sea esta. Antes de soñar con el planeta, el disco te recuerda de qué estás huyendo. De una pantalla de cinco pulgadas donde se cocina la próxima ruptura.

Cronología de un pulgar

La letra de «Spoiler» es, sobre todo, una cronología. Una línea temporal de redes sociales contada con la precisión de un detective privado o de una madre que revisa el historial del ordenador. Merece la pena ordenarla, fase por fase, como si fuera un informe.

Fase uno: Madonna. El sujeto da me gusta a fotos de Madonna. Nada que objetar. Medio planeta gay ha dado me gusta a fotos de Madonna desde que existen los me gusta. Es lo más inocente que puede hacer un marica con un móvil.

Fase dos: el aburrimiento. «A la semana parece que eso es poco, ya no le emociona.» Madonna ya no basta. Esto, para cualquier fan del pop, es la primera señal de alarma. Si a alguien le aburre Madonna en una semana, algo está buscando.

Fase tres: la foto de perfil. «Y ya tiene foto de perfil posando con los labios perfectos.» El sujeto cambia su imagen. Labios perfectos. La letra no dice si son de filtro, de clínica o de naturaleza, pero el adjetivo lo dice todo: perfectos. Ya no se presenta como era. Se presenta como quiere que lo vean.

Fase cuatro: las historias. «Empezó también a subir historias con frecuencia / Seduciendo a la cámara y a los espectadores con insistencia.» Aquí la cronología se acelera. El sujeto ya no mira: se exhibe. Y seduce a la cámara, que es la manera más moderna de seducir a todo el mundo a la vez.

Fase cinco: las cuentas. Al principio solo seguía cuentas oficiales. Ahora el narrador ha contado al menos diez me gusta en el de las abdominales.

Diez. Contados. Esta es la línea más graciosa y más triste de la canción. Alguien se ha sentado a contar los likes que su pareja ha dado en el perfil de un desconocido musculado. Uno, dos, tres. Hasta diez, por lo menos. Es la imagen exacta de los celos en la era del móvil: no son una sospecha, son una estadística.

El de las abdominales

Hay que dedicarle un apartado propio al de las abdominales, porque es un personaje magnífico y no dice ni una palabra en toda la canción.

Fotogramas del videoclip oficial de «Spoiler», de Mike Sain't Louis

No tiene nombre. Tiene una característica. Es «el de las abdominales», como en los pueblos se dice «el de la tienda» o «la del quinto». Es un perfil de los que todos conocemos: fotos sin camiseta en un gimnasio con espejos, a veces en una playa de Ibiza, siempre con la luz de la tarde y un pie de foto motivacional. Cientos de miles de seguidores. Ninguna idea de que existe una pareja en Madrid contando los corazones que recibe de alguien.

Y lo más cruel es que el de las abdominales no ha hecho nada. Ni siquiera sabe que es el villano de esta historia. Es como el decorado de una película de terror: está ahí, quieto, y es el que da miedo.

El planeta tiene un historial con los cuerpos de gimnasio, que en otras canciones aparecen como los dioses de la aplicación que bloquean a los gordos y a los calvos. Aquí el cuerpo perfecto ni siquiera bloquea. Simplemente existe en una pantalla, y eso basta para que una relación empiece a hacer aguas.

Por eso estabas en los directos

La cronología se cierra con una conclusión de detective: «Por eso estabas todo el día en los directos, / rodeado de esos chicos tan perfectos».

«Por eso.» Es la palabra del que ha unido los puntos. Las horas con el móvil en el sofá, el brillo de la pantalla en la cara a las dos de la mañana, las risitas sin explicación. Todo tenía un motivo. Los directos. Esas emisiones en vivo donde alguien habla a cámara y cientos de personas comentan en tiempo real, con corazones flotando por la pantalla como pompas de jabón.

Y «esos chicos tan perfectos». Otra vez el adjetivo. Perfectos los labios, perfectos los chicos. La palabra se repite como un síntoma. La pareja del narrador vive rodeada de perfección digital, y el narrador, que es de carne y hueso, con sus ojeras y su barriga de domingo, no puede competir con eso. Nadie puede. La perfección de los directos no existe fuera de la pantalla.

Maldito e inocente

Hay un verso en la mitad de la canción que tiene una contradicción preciosa y que merece pararse: «Ya sabes como va a acabar este maldito e inocente tonteo».

Maldito e inocente. Las dos cosas a la vez, unidas por una «e» que no pide perdón. Es una forma muy española de describir los pecados pequeños. El tonteo es inocente porque no ha pasado nada: unos likes, unos corazones, un emoji sonriente. Y es maldito porque todo el mundo sabe adónde lleva. Como las tapas de la feria que empiezan con una caña y acaban con el coche en la grúa.

El narrador no exagera la gravedad del tonteo. Lo reconoce inocente. Pero no se deja engañar por la inocencia. Esa doble mirada, la que ve a la vez lo pequeño del gesto y lo grande de lo que anuncia, es la mirada de alguien que ya ha estado aquí. Por eso puede hacer el spoiler. Y por eso añade, como quien jura sobre la Biblia: «Te puedo asegurar que con esto no bromeo».

En un catálogo donde casi todo es broma, que alguien diga que no está bromeando es una alarma con luces.

La cámara como tercero

Otra línea que conviene leer despacio: el sujeto sube historias «seduciendo a la cámara y a los espectadores con insistencia».

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Ya estamos en la fase de corazones, y carita sonriente en un comentario» de «Spoiler»

En las relaciones de toda la vida, los celos tenían una cara. Era el compañero de trabajo, la vecina, el ex que volvía en verano al pueblo. En esta canción, el tercero en discordia es una cámara. Y detrás de la cámara, un público sin rostro. Los espectadores.

Es una imagen muy precisa de lo que pasa hoy en tantas parejas. No hace falta que haya otra persona para que alguien se aleje. Basta con que encuentre un público. La atención de cientos de desconocidos que dan corazones vale más, a ciertas horas, que la de la persona que tiene al lado en el sofá. El narrador no compite con un hombre. Compite con una audiencia.

Y eso le da a «Spoiler» una tristeza que la letra no subraya pero que está ahí, debajo del chiste de los likes. Uno puede perder a alguien sin que ese alguien se vaya de casa. Se va a la pantalla.

Videoclub de barrio

Volvamos a la serie B, porque la elección del género tiene más miga de la que parece. Las películas de terror de serie B eran el alimento de los videoclubs de barrio en los ochenta y los noventa. Carátulas con letras goteando sangre, títulos traducidos de cualquier manera, una pareja de adolescentes gritando en un bosque. Se alquilaban por cien pesetas y se devolvían al día siguiente rebobinadas, que si no te cobraban un recargo.

Lo bueno de esas películas es que todo el mundo sabía cómo acababan. El que baja al sótano muere. La pareja que se besa en el coche muere. La rubia que dice «ahora vuelvo» no vuelve. No había suspense de verdad. Había ritual.

Eso es exactamente lo que dice el narrador de su relación. No hay suspense. Hay ritual. El like a Madonna es el que baja al sótano. Los labios perfectos son la pareja en el coche. Los diez corazones al de las abdominales son el «ahora vuelvo». Y el final, «lo acabamos dejando», es la escena de los créditos, con la música chirriante y el asesino que se levanta otra vez para la secuela.

Labios perfectos

Un último detalle de la cronología, porque es el que más dice sobre la época: la foto de perfil con labios perfectos.

Hace veinte años, cambiar de foto de perfil era cambiar de foto. Hoy, muchas veces, es cambiar de cara. Filtros que afinan la nariz, que agrandan los ojos, que rellenan los labios. La perfección está a un deslizamiento de dedo. El narrador no dice que haya filtro, pero el adjetivo «perfectos» suena a pantalla, no a espejo.

Y ese cambio es una señal. Cuando alguien empieza a presentarse ante el mundo de otra manera, es que está buscando que el mundo le mire de otra manera. No es delito. Pero en la cronología de la canción, es el momento en que el sujeto deja de dirigirse a quien ya le conoce y empieza a dirigirse a quien todavía no.

La fase de corazones

Y entonces la letra entra en el momento clave, con una expresión que cualquiera que tenga redes entiende a la primera: «Ya estamos en la fase de corazones, / y carita sonriente en un comentario».

La fase de corazones. Es una manera de medir el tonteo digital que debería estar en el diccionario. Primero el like, luego el corazón, luego el comentario con emoji, luego el mensaje privado. Cada fase es un escalón, y el narrador conoce todos los escalones porque ya los ha visto subir antes.

Y la remata con una ironía de las mejores del disco: «y lo que surja es totalmente involuntario».

Involuntario. Es la excusa de siempre. Yo no quería. Surgió. Fue sin querer. La letra la pone entre comillas sin comillas, como quien repite la frase del otro con retintín. Lo que surja, que será lo que tenga que surgir, será sin querer. Claro. Como los diez likes en el de las abdominales.

Se te ha cruzado un cable

Todo esto, por supuesto, tiene respuesta. Y la respuesta del otro es la de siempre, la que el planeta ha recogido en tantas canciones sobre luz de gas: «Y encima ofendido me gritas que se me ha cruzado un cable».

Collage con un detalle de la carátula de «Spoiler» y las carátulas de «Tus Fotopollas», «El productor de Madonna no compra en Mercadona», «Quien Miente Y Jura»

Ofendido. Encima. El que da likes al de las abdominales se ofende porque el otro los ha contado. Es el mecanismo de manual: el problema no es lo que hago yo, el problema es que tú lo veas. Se te ha cruzado un cable. Estás loco. Te lo imaginas.

El diario tiene una nota sobre luz de gas que explica este mecanismo con calma. Aquí basta con señalar que la canción lo despacha en un solo verso, sin dramatizarlo, como quien cuenta una cosa que ya ha pasado muchas veces. El cable cruzado es una expresión de electricista, de taller, de avería doméstica. Y el narrador no la discute. La deja ahí y pasa al spoiler.

El spoiler

Aquí está. El momento que da título a la canción:

«Si quieres te hago un spoiler de esta película de terror de serie B / lo acabamos dejando, pero esta vez soy inmune, no me va a doler»

Película de terror de serie B. No una tragedia, no un drama de Oscar, no una peli de Almodóvar. Serie B. De esas de bajo presupuesto, con sangre de pintura y actores que gritan demasiado. De las que se veían en el videoclub del barrio un viernes por la noche con palomitas de microondas. El planeta adora el terror como metáfora del amor, y aquí elige el más cutre. Porque esta historia, por lo visto, no da ni para una de las buenas.

Y el spoiler es seco: lo acabamos dejando. Cuatro palabras. Ningún giro final, ningún suspense. Ya está contado. El narrador ha visto esta película antes, con otro reparto quizá, y sabe cómo termina.

El diario ya trabajó este verso en su nota sobre cuando ya sabes cómo acaba la película. Esta crónica se queda con la segunda mitad.

Inmune

«Pero esta vez soy inmune, no me va a doler.»

Inmune. Es una palabra médica, de vacunas, de anticuerpos. Uno se vuelve inmune a una enfermedad después de haberla pasado. O después de haberse pinchado. El narrador dice que ya ha pasado esta enfermedad, que ya tiene anticuerpos, que esta vez el virus no le va a hacer nada.

Y luego la letra hace algo que la desmiente sin decirlo. Repite la frase. Una y otra vez. «Pero esta vez soy inmune, no me va a doler.» Tres veces. «No me va a doler.» Tres veces. Y otra vez todo. Y otra vez.

Cualquiera que haya dicho alguna vez «no me importa» sabe que si lo tienes que repetir doce veces, te importa. La repetición de la inmunidad es la prueba de que no hay inmunidad. Es como el niño que en la consulta del dentista repite «no me va a doler, no me va a doler» mientras se agarra a los brazos del sillón con los nudillos blancos.

El planeta no le quita la razón al narrador. Ni se la da. Deja que la frase se repita hasta que el oyente saque sus propias conclusiones. Es uno de esos finales donde el texto dice una cosa y la forma dice otra. Y el oyente, si está atento, escucha las dos.

Por qué empezar así

Volvamos a la pregunta del principio. ¿Por qué un disco sobre el deseo de viajar a otro planeta empieza con esto?

Ficha de la canción «Spoiler» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Porque el viaje no empieza en la nave. Empieza en el sofá, con el móvil en la mano, contando corazones. El deseo de irse nace siempre de algo concreto que no se soporta. En el primer disco era la aplicación de ligue y sus dioses de gimnasio. En el segundo, es la pantalla de la pareja. La misma Tierra, otra ventana.

Y empezar con un spoiler es también una declaración de intenciones para el resto del disco. Este álbum no va a jugar al suspense. Va a contar las cosas como son, sabiendo cómo acaban, con la honestidad de quien ya ha visto la película muchas veces. Las 85 pistas que vienen detrás, de «Me he tomado una pastilla gay» a «Gatekeeping», lo cumplen.

Es, además, una manera muy de la casa de reírse de sí mismo. El narrador que dice que ya lo sabe todo es el mismo que ha contado diez likes uno por uno. El experto en finales es el que más se ha tragado la película. Hay autoparodia en ese spoiler, como la hay en casi todo lo que el planeta firma.

Madonna, otra vez

Una nota final sobre la reina, porque merece cerrar la crónica igual que la abre.

Madonna aparece en la primera línea como lo inocente. Lo que está bien. Lo que cualquier marica de bien hace un domingo por la mañana. Y la letra la convierte en el punto de partida de la caída: empezó dando me gusta a Madonna, acabó en el de las abdominales. Madonna como primer escalón de una escalera que baja.

Hay algo injusto y gracioso en eso. La pobre Madonna, que no ha hecho nada, convertida en la puerta de entrada al tonteo. El planeta tiene otras canciones donde la reina del pop aparece, como «El productor de Madonna no compra en Mercadona», donde el glamour internacional choca con el supermercado de la esquina. Aquí choca con la pantalla del móvil. Y sale perdiendo, porque ya no le emociona.

Si una pareja tuya deja de emocionarse con Madonna en una semana, la crónica no tiene consejos profesionales que darte. Solo uno de barra: cuenta los likes si quieres, pero no se lo digas. Te dirá que se te ha cruzado un cable.

Lo que hay que saber

«Spoiler» es la pista 1 de 86 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segunda parte de la trilogía GAYFOLK. En el listado general de la web figura como la pista 191 de 273. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como el proyecto declara abiertamente. Los datos citables están en el centro de prensa.

Se escucha en Spotify, se descarga gratis desde su ficha y tiene videoclip propio.

Fin de la película

Y como esta canción es un spoiler, la crónica también podría tener uno. Pero no lo va a tener, porque el disco no lo da. Lo que sí se puede contar es lo que la propia letra deja caer en su última vuelta: alguien que repite que no le va a doler hasta que la frase se gasta.

A lo mejor eso es la inmunidad de verdad. No dejar de sentir, sino repetirse una frase hasta que deja de ser mentira. Mientras tanto, el móvil, mejor boca abajo en la mesilla.

Preguntas frecuentes

¿Qué cuenta «Spoiler»?

La escalada de un tonteo en redes sociales: alguien empieza dando «me gusta a fotos de Madonna», cambia la foto de perfil, sube historias, sigue cuentas de abdominales y entra en la «fase de corazones». El narrador ya sabe cómo acabará.

¿Cuál es el spoiler?

La propia letra lo dice: «lo acabamos dejando, pero esta vez soy inmune, no me va a doler».

¿Por qué es importante su posición en el disco?

Es la primera pista de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», la segunda parte de la trilogía GAYFOLK. El disco del deseo de viaje empieza, por tanto, con una despedida anunciada.

¿Quién la escribió?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como el proyecto declara abiertamente.

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