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La saga de los León: «Trabalenguas para meter la lengua» y una familia de ficción

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Portada de «Trabalenguas para Meter la Lengua», canción de Mike Sain't Louis

«Paco León y Miguel Ángel de León / Miguel Ángel de León y Paco León.»

Dos nombres que se persiguen como dos perros en un parque. Uno es un actor y director sevillano que conoce cualquiera que haya visto la tele en España en los últimos veinte años. El otro es el nombre que aparece en otras letras del planeta como el del propio narrador. Comparten un apellido. Y con eso basta para montar una canción.

Lo que no todo el mundo sabe es que esta canción no va sola. En el catálogo del planeta Gayfolk hay por lo menos tres temas que giran alrededor del mismo hombre y de su familia. Juntos forman algo parecido a una telenovela por entregas, con su suegra, su boda, sus celos y su trabalenguas. Una saga.

En el diario ya hay una nota sobre esta canción que va del doble sentido como deporte y de los trabalenguas de la infancia. Esta crónica abre el álbum de familia. Quiénes son los León, los de verdad y los de la canción. Y por qué el planeta les ha dedicado un ciclo.

Los León de verdad

Primero, los hechos, que son de dominio público.

Paco León nació en Sevilla en 1974. Se hizo famosísimo en «Aída», la serie de Telecinco, con el personaje de Luisma, aquel hermano inútil, tierno y siempre colocado del barrio de Esperanza Sur. Luego se puso detrás de la cámara. Dirigió «Carmina o revienta» en 2012 y «Carmina y amén» en 2014, dos películas protagonizadas por su propia madre. Después llegó «Kiki, el amor se hace», una comedia coral sobre las filias sexuales, y más tarde «Arde Madrid», la serie sobre Ava Gardner en el Madrid de los sesenta. En «La casa de las flores», la serie mexicana, interpretó a María José, una mujer trans, y se convirtió en icono para otra generación.

María León es su hermana. Actriz también. Ganó el Goya a la mejor actriz revelación por «La voz dormida», la película de Benito Zambrano sobre las presas republicanas en la cárcel de Ventas.

Y la madre de los dos es Carmina Barrios. Una mujer de Sevilla que, ya mayor, debutó en el cine de la mano de su hijo y se comió la pantalla con una naturalidad que no se enseña en ninguna escuela de interpretación.

Esa familia es la que la canción toma prestada. Y la convierte en trabalenguas.

Los León de la canción

Luego están los otros. «Miguel Ángel de León» y «mi hermana Ana María de León».

En las letras del planeta, el narrador se presenta con ese nombre. En otra canción del catálogo lo dice tal cual: «Hola Paco León / Soy Miguel Ángel de León». Así que el juego tiene un espejo. Hay una familia León famosa, con su hermano y su hermana, y otra familia de León en el planeta, con su hermano y su hermana también. Paco y María. Miguel Ángel y Ana María.

La simetría es perfecta. Parece inventada. Y la canción se adelanta a la sospecha: «parece un trabalenguas para meter la lengua a Paco León, tienes razón / pero no hay ninguna invención».

Ahí está la gracia. Lo que parece un chiste de guionista es, según la letra, una casualidad de registro civil. Y el narrador la aprovecha como aprovecharía cualquiera una coincidencia así: para imaginarse lo que no va a pasar.

Primer capítulo: los celos

La saga tiene un orden, aunque no sea cronológico. En «La dieta del cucurrucho» aparece Paco León por primera vez, y aparece para crear problemas en una pareja. El narrador dice que le gusta. La pareja se enfada. Hay gritos, hay celos, hay escenas en la habitación.

Fotogramas del videoclip oficial de «Trabalenguas para Meter la Lengua», de Mike Sain't Louis

Y la letra tiene un verso que resume la fantasía entera: «Hola Paco León / Soy Miguel Ángel de León / Te vi varias veces en Chueca / que pena tener pareja».

Ese «que pena tener pareja» es oro. No es una declaración de amor. Es una queja de quien ve pasar un tren que no puede coger porque ya va en otro. Y la pareja, claro, lo oye.

En ese primer capítulo, Paco León es la tentación. El famoso que se ve por el barrio. El que enciende los celos en casa. Todavía no hay boda ni suegra. Hay un vistazo en Chueca y una bronca doméstica.

Segundo capítulo: la suegra

El segundo capítulo es más ambicioso. Se llama «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios» y ya no habla de un flechazo. Habla de una vida entera.

La fantasía se expande. Ya no basta con Paco: ahora se quiere a la madre. «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios, / y comer con ella en el jardín, / en compañía de Paco León, mi chiquitín.» Hasta se ponen fecha: el decimocuarto aniversario.

Es una canción sobre suegras, en realidad. Sobre la suegra que tocó y la que se hubiera querido. Y en esa comparación, Carmina gana por goleada, porque Carmina, en las películas de su hijo, es la madre que todo el mundo querría tener en una comida de domingo: lista, deslenguada, con una carcajada que se oye desde la calle.

Ahí la saga ya ha subido de nivel. Del vistazo en Chueca a la comida en el jardín con la familia política.

Tercer capítulo: la boda

Y el trabalenguas es la boda. «Paco León y Miguel Ángel de León / Miguel Ángel de León y Paco León / os invitan a su boda.»

Ese verso es una invitación de boda de verdad. El formato de las tarjetas de cartulina con letras doradas: «Fulano y Mengano os invitan a su boda». Con los nombres colocados uno detrás de otro, como en los recordatorios que se mandan a la familia del pueblo.

Y hay invitadas especiales: «María León, junto a mi hermana Ana María de León». Las dos hermanas, la famosa y la del planeta, juntas en la misma mesa. Las cuñadas.

Así que la saga se cierra en el altar. Primero los celos, luego la suegra, luego la boda. Tres canciones que, puestas en ese orden, cuentan una historia de amor que solo existe en la cabeza del narrador. Y la cuentan con la seriedad de un culebrón de las cuatro de la tarde.

El trabalenguas como ritual

¿Por qué la boda tenía que ser un trabalenguas?

Porque los nombres lo piden. Paco León, Miguel Ángel de León, María León, Ana María de León. Cuatro León seguidos. Es imposible decirlo rápido sin trabarse. Y en un trabalenguas, trabarse es lo bueno. Es lo que da risa.

Pero hay algo más. Una boda es, en el fondo, una mezcla de apellidos. Dos familias que se juntan. Los apellidos se cruzan en los papeles, en los libros de familia, en el registro civil. En esta canción no hace falta mezclar nada, porque los apellidos ya vienen mezclados de fábrica. Los León se casan con los León. La boda es un trabalenguas porque los dos novios ya se llaman igual.

Y luego está la lengua. «Trabalenguas, lengua lengua lengua.» El título juega con las dos lenguas, la que se traba y la que se mete. La nota del diario ya se ocupó de ese doble sentido. Aquí solo cabe añadir que, en una boda, la lengua tiene su papel también: el beso de los novios. «Puede besar al novio.» Y ahí, claro, la lengua se mete.

Una boda que antes no se podía imprimir

Hay algo en la invitación del trabalenguas que se da por hecho y que no es tan viejo. «Paco León y Miguel Ángel de León os invitan a su boda.» Dos hombres. Una boda.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Paco León y Miguel Ángel de León Miguel Ángel de León y Paco León.» de «Trabalenguas para Meter la Lengua»

En España eso se puede imprimir en una cartulina desde 2005, cuando se aprobó la ley que abrió el matrimonio a parejas del mismo sexo. Antes, la tarjeta habría sido una broma imposible o una provocación. Hoy es una fantasía como cualquier otra. Tan normal que se puede meter en un trabalenguas y que nadie se escandalice por la boda, sino por la lengua.

Esa normalidad es una de las cosas que celebra, sin decirlo, todo el planeta. Las canciones de Gayfolk hablan de bodas, de suegras, de aniversarios y de divorcios entre hombres con la misma naturalidad con la que las coplas hablaban de novias y de maridos. No hay que explicar nada. La boda es una boda.

Y por eso la fantasía funciona. Si la boda fuera imposible por ley, la canción sería triste. Como solo es imposible porque el novio no sabe que se va a casar, la canción es graciosa.

Las hermanas en la mesa

Hay un detalle muy tierno en la invitación que se pasa por alto. Las invitadas especiales son dos hermanas: «María León, junto a mi hermana Ana María de León».

Las hermanas tienen un papel enorme en la vida de muchos hombres gays. Son a menudo las primeras en saberlo. Las que guardan el secreto en casa. Las que acompañan al primer bar, las que conocen al primer novio antes que nadie, las que se ponen de tu parte en la comida de Navidad. Hay toda una mitología de la hermana cómplice en el ambiente, y casi todo el mundo tiene una historia que contar.

Así que, en la boda imaginaria, la hermana del narrador está en primera fila. Y la sienta al lado de la hermana de Paco León. Como si las dos tuvieran que conocerse. Como si las cuñadas fueran lo más importante del banquete, que en muchas bodas de verdad lo es.

Esa mesa de hermanas es lo más realista de la fantasía. El novio es inventado. La hermana, no.

De Sevilla a Madrid

La saga tiene también una geografía. Los León de verdad son de Sevilla. El narrador del planeta es de Madrid. Y entre las dos ciudades hay una historia de ida y vuelta que la cultura popular española conoce muy bien.

Sevilla pone la gracia, el habla, la madre de patio y la Semana Santa. Madrid pone la tele, los teatros de la Gran Vía y Chueca. Muchos artistas andaluces han hecho carrera subiendo a Madrid, y muchos madrileños han ido a Sevilla a buscar lo que aquí no se encuentra. Las películas de Paco León suenan a Sevilla aunque se estrenen en los cines de la capital.

El trabalenguas junta las dos ciudades en una boda. El novio sevillano, el novio madrileño, la suegra de Triana o de donde sea y las cuñadas de los dos sitios. Es una boda de AVE. Y, como en tantas bodas de verdad, seguramente habría una discusión sobre dónde celebrarla.

A ver si os vais a pensar

La canción tiene un verso de autodefensa que se repite varias veces: «A ver si os vais a pensar que soy un acosador».

Collage con un detalle de la carátula de «Trabalenguas para Meter la Lengua» y las carátulas de «La dieta del cucurrucho», «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios»

Esto es muy de nuestra época. Hace treinta años, nadie habría puesto ese verso en una canción de fantasía con un famoso. Se hacían canciones enteras de admiración desbocada a actores, presentadoras y futbolistas, y a nadie se le ocurría pensar en los límites. Hoy, cualquier fantasía pública con una persona real viene con su aviso.

El narrador se pone la venda antes de la herida. Sabe que está jugando con el nombre de alguien de verdad, alguien que no le conoce, que no ha pedido estar en su canción. Y deja claro que es un juego, un trabalenguas, una broma de apellidos. No una persecución.

Ese verso tiene, además, mucho de autoparodia. El narrador se ve desde fuera, imagina lo que pensará la gente al oír una canción de boda con Paco León, y se ríe de su propia obsesión. Es el «pero ¿cómo soy tan tonto?» de otras letras del planeta, en versión de tarjeta de invitación.

Por qué Paco León

Una pregunta legítima: de todos los famosos de España, ¿por qué él?

La canción no lo explica. Pero hay pistas en su carrera. Paco León es de los pocos actores españoles de éxito masivo que han construido una obra entera alrededor de lo popular, lo andaluz, lo camp y lo marica sin pedir permiso. «Carmina o revienta» es una película con su madre haciendo de sí misma, en su casa, con sus vecinas. «Kiki, el amor se hace» es una comedia sobre el sexo raro de la gente normal. «Arde Madrid» es la historia de una estrella de Hollywood y de su criada en el Madrid franquista, rodada en blanco y negro con un descaro que en la tele española no se había visto.

Es decir: Paco León hace con el cine algo parecido a lo que el planeta Gayfolk hace con la música. Coge lo de barrio, lo exagera, lo quiere mucho y lo enseña sin vergüenza. Y, además, es de Sevilla, que en este universo es una ciudad con peso propio.

Así que la fantasía tiene su lógica. El narrador no se ha enamorado de un galán cualquiera. Se ha enamorado de un colega de oficio. De alguien que, imagina, le entendería.

Una saga de culebrón

Tres canciones dedicadas a la misma familia famosa son muchas. Y eso, lejos de ser obsesivo, tiene un aire muy de culebrón.

Los culebrones latinoamericanos que se vieron en España en los noventa, «Cristal», «Topacio», «Café con aroma de mujer», funcionaban así: un amor imposible, una suegra decisiva, una boda que siempre se retrasaba. La saga de los León tiene los mismos ingredientes. El galán inalcanzable, la madre poderosa y las cuñadas en la boda.

Lo bueno es que la saga no termina nunca de verdad. No hay capítulo final en el que el narrador despierte y vea que todo era un sueño. Cada canción se queda en su fantasía, sin desmentirla. Y eso permite que el oyente vuelva a ella cuantas veces quiera, como quien vuelve a ver el capítulo de la boda de su serie favorita.

Lengua, lengua, lengua

Hay un momento en la letra que es pura fonética: «trabalenguas, lengua lengua lengua ¡y Paco León!».

Ficha de la canción «Trabalenguas para Meter la Lengua» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Es un ejercicio de logopeda. Repetir la palabra hasta que deja de tener sentido y se convierte en sonido. Lengua, lengua, lengua. Al cabo de tres veces, ya no se sabe si se habla del órgano, del idioma o del juego. Y entonces, de golpe, el remate: «¡y Paco León!». Como quien termina un número de magia sacando un conejo.

Esa forma de jugar con el lenguaje es muy de patio de colegio. Los niños repiten palabras hasta que suenan raras, se ríen, vuelven a empezar. La canción trae ese juego al mundo adulto y le pone un nombre propio al final. El conejo es un actor sevillano.

Los trabalenguas clásicos tienen siempre un personaje con nombre y apellido. «El perro de San Roque no tiene rabo porque Ramón Rodríguez se lo ha robado.» ¿Quién es Ramón Rodríguez? Nadie lo sabe. Lleva generaciones robándole el rabo a un perro en la boca de los niños españoles y nunca ha ido a juicio. Este trabalenguas hace lo mismo, pero con gente que existe. Ramón Rodríguez se ha convertido en Paco León, y el rabo, bueno, el rabo es otra cosa. La estructura es idéntica: un nombre propio, una acción absurda y una lengua que tropieza. Lo único que cambia es que aquí el niño que lo repite ya tiene edad de ir a Chueca.

Pero no hay ninguna invención

El verso que más se repite, después de los nombres, es este: «pero no hay ninguna invención».

Es un juramento de niño. «Te lo juro por Snoopy.» El narrador insiste en que todo es verdad, en que los apellidos existen, en que no se ha sacado nada de la manga. Y lo dice justo después de reconocer que la canción parece un plan para meterle la lengua a Paco León. O sea: confiesa la intención y jura la casualidad en la misma frase.

Ahí está la gracia de la canción y de toda la saga. La coincidencia es real. La fantasía es inventada. Y el narrador juega a confundir las dos, como quien enseña el DNI para demostrar que tiene derecho a casarse con quien sea.

Cómo suena la saga en el planeta

La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», la primera parte de la trilogía. La del primer contacto con el planeta, con sus personajes y su vocabulario. Y pocos personajes hay más recurrentes en este planeta que la familia León.

Tiene videoclip oficial, de casi tres minutos, en la página del vídeo. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor madrileño; la música y las voces se han hecho con inteligencia artificial, como cuenta la sala de prensa. Y el humor es el del camp español de siempre: cariño exagerado por lo popular y una sonrisa de medio lado.

Para escuchar la saga entera

Si quieres la experiencia completa, ponlas en orden.

Primero «La dieta del cucurrucho», con los celos y el vistazo en Chueca. Luego «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», con la comida en el jardín. Y al final este trabalenguas, con la boda y las cuñadas. Tres capítulos, tres canciones, una familia que no sabe que está en ellas.

Y luego, si tienes tiempo, ponte «Carmina o revienta». Verás a la suegra soñada en acción y entenderás por qué el narrador la quería en su mesa.

La letra completa del trabalenguas y los enlaces de escucha están en la ficha del single. Y en Spotify, para practicar la dicción en la ducha.

Fin de la saga

Las fantasías con famosos suelen ser privadas. Se cuentan a las amigas, se escriben en un diario, se piensan antes de dormir. Esta saga las hace públicas, con nombres y apellidos, en tres canciones. Y lo hace con tanta gracia que no se puede tomar en serio.

Hay quien colecciona autógrafos. Hay quien colecciona fotos con famosos en la puerta de un teatro. El narrador colecciona canciones sobre una familia sevillana que no le conoce.

No le van a invitar a la boda. Ya lo sabe. Y, además, es su propia boda, que es el colmo de no estar invitado.

Pero la invitación ya está impresa.

Preguntas frecuentes

¿Quiénes aparecen en la letra?

Paco León, María León, Miguel Ángel de León y Ana María de León: «Paco León y Miguel Ángel de León / Miguel Ángel de León y Paco León, / María León, Ana María de León».

¿Es una historia real?

Es un juego de humor con una coincidencia de apellidos y una boda imaginaria. La propia letra se adelanta: «A ver si os vais a pensar que soy un acosador».

¿En qué disco está?

En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», la primera parte de la trilogía GAYFOLK.

¿Quién la ha hecho?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se han hecho con inteligencia artificial.

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