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Un chihuahua que cierra los ojos, una sábana blanca y un cojín de punto: las siestas de Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Hay una hora en España que tiene nombre propio. Después de comer, cuando el sol aprieta y las calles se vacían, las persianas se bajan a medias y las casas entran en una especie de pausa. El reloj sigue corriendo, pero todo lo demás se detiene. Se oye el zumbido de un ventilador, algún perro que ladra a lo lejos, la televisión encendida en un volumen bajo. Es la hora de la siesta, y quien la ha vivido en un verano de pueblo sabe que tiene algo de sagrado.
Mike Sain't Louis, al que se conoce como «el primer cantautor IA», es letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA), y en su repertorio hay una canción que convierte ese momento en una escena íntima. Un perro pequeño que se duerme, una sábana blanca, una nana. Este paseo recorre las siestas de Planeta Gayfolk, y la canción que nos mete en la cama es «Limón».
Una nana para un perro
«Limón» es, literalmente, una canción de cuna. Pero no para un bebé, sino para un chihuahua. Empieza con una frase de gratitud: «Muchas gracias por hacerme tan feliz». Y enseguida entra en el ritual del sueño: duérmete, toca descansar ya. Le recuerda al perro lo pequeño que es, «Que tú eres chiquitín», y le asegura que no está solo.
Hay algo conmovedor en esa inversión. Las nanas suelen ser canciones de adultos para niños, de quien protege a quien necesita protección. Aquí el adulto le dedica la nana a su perro, pero a la vez le da las gracias. Como si el pequeño también le protegiera a él. Como si la relación fuera de ida y vuelta.
La canción tiene además un momento de humor muy tierno. Según la letra, dueño y animal se entienden por telepatía, y hasta un gurú lo habría confirmado. Es una exageración divertida, de esas que solo se permiten quienes quieren mucho a un animal.
Un chihuahua que cierra los ojos
El vídeo de «Limón» es de una sencillez absoluta. Un chihuahua real, de pelo claro, está tumbado sobre una cama. Las sábanas son blancas, arrugadas. Junto a su cabeza hay cojines de punto, uno de ellos con dibujos rojos. Todo el vídeo tiene un filtro cálido, casi amarillo, que le da aspecto de fotografía antigua o de recuerdo de verano.

No pasa casi nada. El perro abre los ojos, los cierra. Se estira. Suspira. Apoya la barbilla en la sábana. Vuelve a cerrar los ojos. En algún momento parece dormirse del todo, con la boca entreabierta y las patas relajadas. Luego se despierta un poco, mira a cámara con los ojos medio cerrados, y se vuelve a acomodar.
Es un vídeo que se parece a una siesta. Lento, repetitivo, sin sobresaltos. Exactamente lo contrario de lo que suele ser un videoclip. Y precisamente por eso funciona como lo que es: una nana visual.
La sábana blanca
Hay algo en las sábanas blancas recién lavadas que invita al descanso. El olor, el tacto, la luz que reflejan. En el vídeo de «Limón», el perro está rodeado de blanco, como envuelto en una nube. Las arrugas de la tela forman pequeñas montañas y valles alrededor de su cuerpo.
Las camas son el territorio de los perros pequeños. Cualquiera que comparta casa con un chihuahua sabe que buscan siempre el calor, el hueco entre las sábanas, la almohada del dueño. Se meten bajo las mantas, se enrollan en los pies, se acurrucan contra la espalda. Dormir con ellos es dormir acompañado de una pequeña estufa que respira.
Para mucha gente que vive sola, esa compañía nocturna es enorme. El perro que duerme en la cama hace que la casa no esté vacía. Que la noche no sea tan larga. Que al despertarse haya alguien.
Dormir sin miedo
Me emociona sobre todo, del vídeo es la confianza con la que duerme el animal. Un perro que se duerme así, panza arriba o con la cabeza apoyada, sin vigilar, está diciendo que se siente seguro. Los animales no duermen profundamente cuando perciben peligro. Solo se relajan del todo cuando saben que nadie les va a hacer daño.
La letra de «Limón» lo explica: el dueño está aquí, siempre te voy a proteger. Y el perro, al dormir así, le responde que le cree.
Para muchas personas, dormir sin miedo es un lujo. Quien ha vivido en una casa con violencia, quien ha compartido cama con alguien que le hacía daño, quien sufre pesadillas recurrentes, sabe lo difícil que puede ser relajarse por la noche. El cuerpo no termina de soltarse. Se despierta con cualquier ruido. Duerme en alerta.
Ver a ese chihuahua abandonado al sueño es ver algo que uno desearía para sí mismo.
La siesta como cultura
La siesta es una de esas costumbres que se asocian inmediatamente con España, aunque en realidad se practica en muchos países de clima cálido. Durante mucho tiempo se ha visto desde fuera como un símbolo de pereza. Hoy, la ciencia del sueño la mira con otros ojos.
Varios estudios sugieren que una siesta corta, de veinte o treinta minutos, puede mejorar la atención, la memoria y el estado de ánimo. No sustituye al sueño nocturno, pero lo complementa. El cuerpo humano tiene una bajada natural de energía a primera hora de la tarde, y descansar en ese momento es simplemente escucharlo.
Lo que se ha perdido, en muchos casos, es el tiempo para hacerla. Los horarios laborales, los desplazamientos largos, las prisas han ido arrinconando la siesta a los fines de semana y las vacaciones. Recuperarla, aunque sea de vez en cuando, puede ser una pequeña forma de cuidarse.
El insomnio de los que sufren
En el otro extremo de la siesta está el insomnio. Las noches en vela, mirando el techo, contando las horas que faltan para que suene el despertador. La cabeza que no se apaga, los pensamientos que dan vueltas, el cuerpo cansado que no consigue dormir.
El insomnio es una de las compañías más habituales de la depresión y la ansiedad. Y funciona en círculo: la angustia impide dormir, y la falta de sueño aumenta la angustia. Quien lo ha vivido sabe lo desesperante que puede ser. Las noches se hacen eternas, y los días se vuelven grises por el cansancio.
Hay tratamientos eficaces para el insomnio, y no todos pasan por la medicación. La terapia cognitiva específica para el sueño ha demostrado buenos resultados. Pero el primer paso es reconocer que es un problema y consultarlo. No hay que resignarse a dormir mal.
Las nanas de la infancia
Casi todas las culturas tienen nanas. Canciones lentas, repetitivas, con melodías sencillas, pensadas para acompañar el paso de la vigilia al sueño. En España hay nanas andaluzas, gallegas, castellanas, vascas, cada una con su carácter. Algunas son dulces. Otras, sorprendentemente, hablan de miedos, del coco que viene a llevarse a los niños que no duermen.
La nana tiene una función que va más allá de dormir al bebé. Crea un vínculo. Quien la entona se detiene, se sienta junto a la cuna, dedica unos minutos a esa tarea. Y el niño aprende que alguien estará ahí cuando llegue la oscuridad.
«Limón» recoge esa tradición y la aplica a un perro. Pero en el fondo habla de lo mismo: de la necesidad de que alguien nos acompañe al cerrar los ojos. Y quizá también de la necesidad de acompañar a alguien, de tener a quien cuidar.
Gracias por hacerme feliz
El primer verso de la canción merece una pausa. No empieza diciendo duérmete, sino gracias. Gracias por hacerme tan feliz. Es una gratitud que se dirige a un animal pequeño, que no entiende las palabras, pero que ha hecho algo enorme por quien se las dice.
Quien ha atravesado una época muy oscura y ha tenido un perro al lado sabe de qué habla esa gratitud. El perro no resolvió nada. No pagó las facturas ni curó la depresión. Pero estuvo. Cada mañana, cada noche, cada paseo. Y en los días en que nada tenía sentido, su presencia era una razón para levantarse.
La gratitud es, además, uno de los sentimientos que más se trabajan en algunas terapias. Fijarse en lo que sí está bien, en lo que sí funciona, aunque sea pequeño. Un perro que duerme en la cama puede ser una de esas cosas.
Siestas de verano
Pienso en las siestas de la infancia, cuando los adultos dormían y los niños tenían prohibido salir al sol. Aquellas horas eternas tumbados en el suelo fresco de la casa, leyendo tebeos, escuchando a las chicharras, oyendo roncar a algún abuelo en el cuarto de al lado. El tiempo pasaba de otra manera.
Muchas personas recuerdan esas tardes con una nostalgia enorme. Eran momentos sin obligaciones, sin pantallas, sin prisa. El aburrimiento era una especie de tesoro que hoy casi se ha perdido. Y en ese aburrimiento se imaginaban mundos, se inventaban historias, se fantaseaba.
El vídeo de «Limón», con su filtro amarillo y su ritmo lento, tiene mucho de esas tardes. Es como si el perro estuviera durmiendo la siesta en una casa de pueblo en agosto, con las persianas bajadas y el sol entrando a rayas.
Perros que sueñan
Los perros sueñan. Cualquiera que haya convivido con uno lo ha visto: mientras duermen, mueven las patas como si corrieran, emiten pequeños gemidos, tuercen el hocico, a veces incluso ladran bajito. Los científicos han comprobado que su cerebro atraviesa fases de sueño parecidas a las nuestras.

Nadie sabe exactamente qué sueñan. Quizá con el parque, con otros perros, con la comida, con su dueño. Es bonito imaginarlo. El chihuahua de «Limón», con los ojos cerrados y la barbilla en la sábana, podría estar soñando con un paseo, con una galleta, con la persona que le tararea la nana.
En otra canción del planeta, «Chihuahua», una manada galopa bajo auroras y saltan bajo dos lunas. Quizá ese vídeo sea el sueño del perro de «Limón». Lo que imagina mientras duerme sobre la sábana blanca.
Dormir acompañados
El vídeo de «Como a mi chihuahua» muestra perros reales descansando sobre una colcha morada, uno apoyado en otro. Es una imagen muy parecida a la de «Limón»: animales que duermen juntos, buscando el calor ajeno.
Los perros son animales de manada, y dormir en grupo es para ellos una forma de seguridad. Se turnan, se vigilan, se dan calor. Cuando un perro duerme con su dueño, está incluyéndole en esa manada. Le está diciendo que es de los suyos.
Hay algo de eso en todas las formas de dormir acompañado. Compartir el sueño es compartir la vulnerabilidad. Durante esas horas no controlamos nada, no nos defendemos, no vigilamos. Hacerlo junto a alguien es un acto de confianza enorme.
El cansancio que no se va
Hay un tipo de cansancio que la siesta no cura. El agotamiento profundo de quien lleva años sosteniendo una carga demasiado pesada. Uno duerme diez horas y se levanta igual de cansado. Es un cansancio del alma más que del cuerpo.
Ese agotamiento es habitual en la depresión, y también en quien ha vivido mucho tiempo en estado de alerta, como ocurre en el estrés postraumático. El cuerpo ha estado en tensión tanto tiempo que ya no sabe relajarse del todo. Necesita tiempo, cuidados y, muchas veces, ayuda profesional para aprender de nuevo a descansar.
El limón y la luz amarilla
El título de la canción es un pequeño misterio. «Limón» puede ser el nombre del perro, un apodo cariñoso de esos que se ponen sin pensar. Pero también encaja con el color del vídeo, ese filtro amarillento que lo baña todo. Las sábanas parecen tostadas por el sol, el pelo del chihuahua brilla como la piel de una fruta madura.

El amarillo es un color asociado al calor, a la tarde, a la luz que entra por la ventana antes de que oscurezca. Es el color de las siestas largas de agosto. Y el limón, además, tiene algo de fresco y ácido que contrasta con la dulzura de la escena. Una fruta pequeña, redonda, que cabe en la mano. Como el perro.
Los apodos que damos a los animales dicen mucho de nosotros. Se les llama con nombres de comida, de flores, de personajes. Son nombres que nacen del cariño y que, con los años, se convierten en palabras íntimas que nadie más usa.
Rituales para la noche
Los especialistas en sueño insisten en la importancia de los rituales. Acostarse más o menos a la misma hora, bajar la intensidad de las luces, apartar las pantallas un rato antes, hacer siempre las mismas cosas en el mismo orden. El cuerpo aprende esa secuencia y empieza a prepararse para dormir.
Una nana es, en el fondo, un ritual. La misma melodía, las mismas palabras, cada noche. El niño, o el perro, reconoce la señal. Ya es hora. Se acabó el juego. Ahora toca descansar.
Los adultos también necesitamos rituales, aunque a veces lo olvidemos. Una infusión, unas páginas de un libro, un paseo corto con el perro antes de acostarse. Para quien vive con un animal, ese último paseo nocturno puede convertirse en uno de los momentos más tranquilos del día. Las calles vacías, el aire fresco, el perro olfateando sin prisa. Y luego, volver a casa y meterse juntos en la cama.
Quien sufre ansiedad suele notar que la noche amplifica los miedos. Lo que de día parece manejable se vuelve enorme a oscuras. Tener un ritual sencillo y repetido ayuda a anclar la mente, a decirle que el día ha terminado y que ya no hay nada que resolver hasta mañana.
La ternura sin vergüenza
Hay canciones que se atreven a ser tiernas sin ironía, y eso tiene su mérito. Vivimos en un tiempo en que la ternura a menudo se disfraza de broma, como si mostrar el cariño abiertamente fuera algo ridículo. «Limón» no se esconde. Dice gracias, dice duérmete, dice aquí estoy. Sin capas, sin guiños.
Para muchos hombres, y en particular para muchos hombres gais que crecieron escuchando que la sensibilidad era sospechosa, permitirse esa ternura no es algo menor. Durante años se aprendió a endurecer el gesto, a no mostrar demasiado, a protegerse. Dedicarle una nana a un perro, en público, es una pequeña forma de desaprender todo eso.
La ternura cuenta igualmente como salud. Cuidar de otro ser vivo, acariciarlo, hablarle bajito, tiene efectos medibles en el cuerpo: baja la tensión, calma el pulso, libera hormonas relacionadas con el apego. Quien acaricia a un perro dormido se está cuidando también a sí mismo.
La casa en silencio
Hay un silencio especial en las casas donde alguien duerme. No es el silencio de la soledad, sino el de la compañía tranquila. Se camina de puntillas, se baja el volumen, se cierra la puerta con cuidado. Todo el hogar se organiza alrededor del sueño de otro.
Cuando ese otro es un perro pequeño, el gesto es el mismo. Uno evita despertarlo, se queda quieto para no moverlo, aguanta en una postura incómoda en el sofá porque el animal se ha dormido encima. Son pequeñas renuncias que nacen del cariño y que, a la vez, obligan a parar.
Quizá ahí está uno de los regalos que hacen los animales a quienes viven con prisa o con angustia. Nos obligan a detenernos. A respetar su descanso. Y, de paso, a descansar con ellos.
Despertar despacio
Tan importante como dormirse es despertarse bien. Hay despertares bruscos, con alarmas estridentes y el corazón acelerado desde el primer minuto. Y hay despertares lentos, en los que uno abre los ojos, se queda un rato mirando la luz, se estira, vuelve a cerrarlos un momento antes de levantarse.
El chihuahua del vídeo despierta así. Abre un ojo, luego el otro. Mira sin mirar. Bosteza con la lengua curvada. Se estira hasta temblar. Y, a veces, decide que todavía no es hora y vuelve a acomodarse. Es una lección pequeña sobre el ritmo que los humanos hemos perdido.
Quien vive con depresión conoce bien la dificultad de las mañanas. Levantarse puede parecer imposible. La cama se convierte en refugio y, al mismo tiempo, en trampa. En esos casos, los profesionales suelen recomendar pasos muy pequeños: abrir la persiana, sentarse en el borde, beber un vaso de agua. Un perro que pide su paseo matinal ayuda más de lo que parece, porque obliga a salir, a respirar aire, a mover el cuerpo aunque cueste.
Entre el sueño y la vigilia hay un territorio intermedio, borroso, que los poetas han visitado muchas veces. Es el lugar donde los sueños se mezclan con la realidad, donde todavía no hemos recordado nuestros problemas. Unos segundos de paz antes de que el día empiece. El vídeo de «Limón» vive en ese territorio.
Una historia que busca descanso
Mike ha contado en público que pasó cerca de dos décadas atrapado en dos parejas sucesivas, ambos narcisistas, que le sometieron a maltrato psicológico. Al romper el silencio descubrió que esos hombres ya habían envenenado a parte de su entorno contra él, y se quedó con muy pocos apoyos. La idea de quitarse la vida estuvo muy cerca. Hoy le acompaña un equipo de profesionales de salud mental, y sus diagnósticos incluyen estrés postraumático, depresión mayor grave, fobia social, ansiedad y trastorno de la personalidad por evitación. En medio de todo eso, los perros de casa no le han fallado ni un día, y «Limón» es una forma de agradecerles las noches en que hicieron que la casa no estuviera vacía.
Si a ti también te cuesta dormir porque la angustia no te deja, no lo dejes pasar. Pide cita en tu centro de salud o busca un psicólogo, y apóyate en quien tengas cerca. Si alguna noche aparece la idea del suicidio, en España el 024 está disponible a todas horas, de forma gratuita y confidencial. Ante un peligro inmediato, llama al 112.
Escucharla antes de dormir
El vídeo completo de «Limón», con su chihuahua que se duerme sobre la sábana blanca, está en su página de vídeo, y el audio lo tienes en Spotify. «Chihuahua» y «Como a mi chihuahua» tienen su ficha propia, y el resto de canciones está en el catálogo.

Si quieres tenerla para dormir, descárgala gratis y sin registro desde la tienda de esta web o desde mikesaintlouis.com/descargas. Para medios, prensa.
Cerrar los ojos
Vuelvo al perro del vídeo. La barbilla sobre la sábana, los ojos que se cierran despacio, el suspiro largo. Fuera, quizá, el mundo sigue con sus prisas y sus ruidos. Pero en esa cama no pasa nada. Solo un animal pequeño que se duerme confiado.
Quizá eso sea lo que ofrecen las siestas de Planeta Gayfolk. Un recordatorio de que descansar no es perder el tiempo. De que dormir sin miedo es un derecho. Y, en ocasiones, lo único que hace falta para cerrar los ojos es que alguien nos susurre que está aquí.
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el vídeo de «Limón»?
A un chihuahua real, de pelo claro, que se va quedando dormido sobre una cama con sábanas blancas y cojines de punto. La imagen tiene un filtro cálido, casi amarillo, y el perro abre y cierra los ojos, se estira y suspira durante todo el vídeo.
¿De qué trata «Limón»?
Es una nana para un perro pequeño. Su dueño le da las gracias por hacerle feliz, le dice que es hora de dormir, le recuerda que está ahí para protegerle y le habla de la conexión especial que tienen.
¿Por qué es importante descansar bien?
El sueño influye directamente en el estado de ánimo, la memoria y la capacidad de afrontar el estrés. Dormir mal de forma continuada empeora la ansiedad y la depresión, y a la vez estas dificultan el sueño.
¿Dónde puedo escuchar o descargar la canción?
Se oye completa en su ficha de gayfolkplanet.com. Puedes descargarla sin coste en la tienda de la web o en mikesaintlouis.com/descargas, y también está en Spotify.
¿Qué hago si no consigo dormir por la angustia?
Si el insomnio dura semanas o va unido a tristeza o ansiedad intensas, consulta con tu médico. Si de noche aparecen pensamientos de quitarte la vida, en España el 024 responde gratis las veinticuatro horas, y el 112 en una emergencia.