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Un mar turquesa visto desde el aire, una ola que se levanta y un volcán gris sobre la espuma: los azules de Planeta Gayfolk

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Fotograma de «Madrid to Benidorm»: un mar turquesa visto desde el aire, con rocas oscuras bajo el agua transparente y franjas de azul profundo hacia el horizonte

Hay un momento, al bajar en coche desde la meseta hacia la costa, en el que el azul aparece de golpe. Llevas horas viendo ocres, amarillos de rastrojo, el gris de los polígonos, y de pronto, al salir de una curva, una franja de color que no se parece a nada de lo anterior. Es el mar. Y aunque lo hayas visto mil veces, algo en el pecho se afloja. Mucha gente del interior conoce esa sensación desde la infancia, con la nariz pegada a la ventanilla.

Mike Sain't Louis tiene su base en Madrid y se presenta como «el primer cantautor IA»: firma letras, composición y producción musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Una de sus canciones hace exactamente ese recorrido, del centro de la península al Mediterráneo, y su vídeo está bañado en azules de todas las intensidades. Este paseo sigue esos azules por Planeta Gayfolk, y la canción que marca la ruta es «Madrid to Benidorm».

De la meseta a la orilla

«Madrid to Benidorm» es una canción de orgullo escrita en inglés. Empieza en las calles de España, donde el espíritu no se deja domar, y sube al corazón de Madrid, que late fuerte. Después viaja hacia la costa y llega a Benidorm, desde donde se grita con amor. Por el camino invoca todos los colores, todas las tonalidades, y propone bailar bajo el arcoíris a lo largo de toda la ruta.

Mike Sain't Louis con camiseta de tirantes de camuflaje y tatuajes en los brazos, en un callejón nocturno de piedra con un espejo dorado, junto al verso «Under the Spanish skies so wide,» de «Madrid to Benidorm»

Es una canción de unión. Habla de ir de la mano, de abrir camino, de noches más luminosas y días más valientes. Pero lo que más me interesa de su letra está al final, cuando el arcoíris cede el paso a otro color. «Under the Spanish skies so wide,», dice, bajo los cielos de España tan anchos. Y enseguida: «In love’s great ocean, we'll ride the tide.» En el gran océano del amor, cabalgaremos la marea.

El cielo y el mar. Los dos grandes azules. La canción empieza en las calles y acaba en el agua, como si el orgullo, después de tanto caminar, necesitara por fin zambullirse.

Turquesa desde el aire

El plano más hermoso del vídeo es una vista aérea del mar. La cámara vuela alto sobre un agua tan transparente que deja ver las rocas del fondo, manchas oscuras rodeadas de un turquesa casi luminoso. Más allá, el color se va espesando en franjas cada vez más profundas: verde agua, azul cobalto, azul marino, hasta fundirse con el horizonte.

Fotograma del videoclip de «Madrid to Benidorm»: un mar turquesa visto desde el aire con lanchas blancas y rocas bajo el agua transparente, junto a tres miniaturas del mismo mar sin barcos, de una playa con palmeras y bañistas diminutos y de una costa con hoteles y una piscina

Es el Mediterráneo en su versión de postal, el que aparece en los carteles turísticos y en los sueños de quien pasa el invierno en una ciudad sin mar. Pero visto desde arriba tiene algo más. Se aprecia la geografía secreta del fondo, las zonas donde el agua es poco profunda y las fosas donde se vuelve oscura. El azul deja de ser una superficie y se convierte en un mapa.

Otro plano parecido añade unas lanchas blancas que dejan estelas de espuma, y otro más muestra la orilla: una playa clara bordeada de palmeras, con hileras de sombrillas y bañistas tan pequeños que parecen granos de arena de colores. Nadie tiene cara. Solo hay agua, roca y luz.

La bahía desde la terraza

Hay también un plano tomado a ras de tierra, desde lo que parece una terraza con barandilla de madera. Al otro lado, una bahía tranquila con veleros fondeados y montañas que bajan hasta el agua. El mar aquí es de un azul más profundo, más quieto, de esos que invitan a quedarse mirando sin hacer nada durante horas.

Ese azul de terraza es muy mediterráneo. Es el de los cafés con vistas, el de las sobremesas largas, el de los veranos en los que el tiempo parece detenerse. Y es también el azul de la jubilación soñada, de las parejas mayores que se instalan en la costa para pasar sus últimos años frente al mar. El vídeo de «Madrid to Benidorm» está lleno de esas parejas, sentadas en terrazas, charlando con el agua de fondo.

Un volcán gris sobre la espuma

Pero el vídeo no se queda en la postal. En su tramo final, el azul se oscurece. Aparece un mar gris, revuelto, bajo un cielo plomizo. Al fondo, un volcán de laderas negras deja escapar una columna de humo. Las olas rompen con fuerza contra unas rocas oscuras en primer plano.

Es un cambio de tono brusco. De la calma turquesa se pasa a la amenaza. El volcán recuerda que la tierra no siempre es amable, que bajo las playas de postal puede haber fuego. Y el mar, que antes era transparente y acogedor, se vuelve opaco, agitado, peligroso.

La letra lo anticipa. Habla de mantenerse juntos a través de cada tormenta. El orgullo tampoco se limita a una fiesta bajo el arcoíris. Es también la capacidad de resistir cuando el cielo se pone gris y el suelo tiembla.

La ola que se levanta

Y luego llega la ola. Un plano que ocupa toda la pantalla con una masa de agua blanca que estalla hacia arriba, enorme, como una nube que naciera del mar. Debajo, el océano oscuro y espumoso. Es una imagen de pura energía, de fuerza desatada.

Fotograma del videoclip de «Madrid to Benidorm»: una ola enorme que estalla en espuma blanca sobre un mar gris y oscuro, junto a tres miniaturas de un volcán humeante ante el mar revuelto, una bahía con veleros vista desde una terraza y otro tramo de mar turquesa con rocas bajo el agua

Me gusta leerla en relación con el último verso de la canción. Cabalgar la marea en el océano del amor. Esa ola gigantesca puede ser una amenaza, pero también puede ser la marea que hay que montar. Quien hace surf sabe que las olas grandes dan miedo y a la vez son las que más merecen la pena. El amor, según «Madrid to Benidorm», se parece a eso: una ola que hay que atreverse a coger.

Los nombres del azul

El español tiene muchas palabras para el azul. Celeste, añil, cobalto, turquesa, zafiro, marino, cerúleo, índigo, ultramar. Cada una remite a un objeto, una piedra, un lugar, una época. El ultramar, por ejemplo, era el pigmento más caro de la pintura medieval, porque se fabricaba moliendo lapislázuli traído desde muy lejos, de más allá del mar. De ahí su nombre. Los pintores lo reservaban para el manto de la Virgen.

En «Marica chill», otra canción del planeta, aparece esa misma palabra en un sentido distinto: el protagonista quiere brillar en el ultramar, en lo que hay más allá del mar. Es curioso cómo un nombre de color puede ser a la vez un lugar y un deseo.

Los vídeos de Mike recorren casi toda esa gama. El celeste de los cielos despejados, el turquesa de las calas, el marino de la noche, el eléctrico de las luces de neón. Cada canción elige su azul, y cada azul cuenta algo distinto.

Un mar de neón

En «Pura magia», escrita en portugués, hay un azul diferente. La canción habla de una noche de fiesta en la ciudad, de luces que brillan y de una pista donde los corazones laten al ritmo. Y en mitad de todo aparece una imagen preciosa: «Neste mar de neon», en este mar de neón, guiados solo por la luna.

Es un azul artificial, eléctrico, nocturno. El de los letreros luminosos, las barras de discoteca, los reflejos sobre el asfalto mojado. Un mar que no es de agua sino de luz. Y sin embargo la canción lo llama mar, como si la noche de fiesta tuviera también su oleaje, sus corrientes, sus mareas que te llevan.

Muchas personas LGTBI encontraron en esos mares de neón su primer espacio de libertad. Los bares y discotecas de ambiente, con su luz azulada y fucsia, fueron durante décadas los únicos lugares donde se podía ser uno mismo sin miedo. Ese azul eléctrico tiene, para generaciones enteras, el color de la libertad recién descubierta.

La azotea de Barcelona

En «Barcelona» el azul es el de la noche urbana. La canción, mezcla de inglés y español, transcurre a altas horas, bajo un cielo iluminado por la luna, con la ciudad brillando alrededor. Habla de dos personas que se pierden en la mirada, que se acercan, que bailan juntas hasta que la noche las envuelve.

El vídeo incluye una azotea al anochecer, con agujas góticas al fondo y farolas encendidas, donde una figura de espaldas hace girar aros de luz alrededor de su cuerpo. El cielo es de un azul profundo, casi tinta, ese azul de la hora en que el día ya se ha ido pero la noche aún no se ha cerrado del todo. Los fotógrafos lo llaman la hora azul.

Esa hora tiene algo mágico. Dura poco, apenas unos minutos, y en ella las ciudades parecen otra cosa. Las luces artificiales y la última claridad del cielo se equilibran, y todo adquiere un tono irreal, de sueño. Es la hora perfecta para un primer beso en una azotea.

Estar azul

En inglés, decir que uno se siente azul significa estar triste. Es una expresión antigua, ligada a la música: el blues nació de ahí, de la melancolía hecha canción. En español no tenemos esa asociación tan directa, pero el azul también puede tener algo de nostálgico. El azul del mar en invierno, cuando las playas están vacías. El azul de las tres de la madrugada, cuando no se puede dormir.

Hay un periodo famoso en la obra de uno de los grandes pintores del siglo XX en el que casi todos sus cuadros son azules. Lo pintó siendo muy joven, después de la muerte de un amigo íntimo, en una época de pobreza y tristeza. Mendigos, madres pobres, figuras enfermas, todo bañado en tonos fríos. El azul se convirtió en el color de su duelo.

En el universo de Mike conviven los dos azules: el de la celebración y el de la pena. «Madrid to Benidorm» es pura alegría, pero el volcán gris y el mar revuelto de su vídeo recuerdan que la tormenta existe. «Dark Corners», en cambio, habita la penumbra azulada de los rincones donde alguien baila solo con su sombra.

Las piscinas del litoral

Uno de los planos iniciales del vídeo muestra la costa desde lo alto de un edificio: una avenida bordeada de palmeras, coches aparcados, tejados de teja naranja y, entre los bloques, una piscina de un azul imposible. Más allá, el mar. Dos azules uno junto al otro, el natural y el artificial, separados por unos metros de asfalto.

Esa convivencia es muy característica del litoral español. Hoteles con piscina a cien metros de la playa, urbanizaciones con su lámina de agua clorada mirando al Mediterráneo. Durante años se ha criticado como un exceso, y no sin razón. Pero también tiene algo conmovedor: la piscina es el mar domesticado, el azul que cabe en un patio, el que permite bañarse a quien teme las olas.

Para muchas personas mayores, para quienes no saben nadar bien, para quienes se sienten observadas en la arena, la piscina del hotel es el único azul accesible. Y está bien que exista. No todo el mundo está preparado para el océano. A veces hay que empezar por un agua tranquila, sin corrientes, donde se ve el fondo.

Azul de cielo, azul de pantalla

Hoy pasamos muchas horas delante de otro azul: el de las pantallas. La luz que emiten los móviles y los ordenadores tiene un componente azulado que, según los especialistas del sueño, puede alterar el descanso si se mira hasta muy tarde. Es un azul que no viene del cielo ni del mar, sino de un rectángulo que llevamos en el bolsillo.

Pienso en la diferencia entre ese azul y el del vídeo de «Madrid to Benidorm». Uno nos encierra, el otro nos abre. Uno se mira de cerca, con la cabeza agachada; el otro exige levantar la vista hacia el horizonte. Quizá una de las cosas que propone la canción, sin decirlo, es precisamente eso: apagar la pantalla, coger el coche o el tren, y bajar a ver el azul de verdad.

Quien vive con ansiedad o con depresión sabe lo fácil que es quedarse atrapado en el resplandor del móvil a las tres de la madrugada. Y sabe también lo difícil que resulta salir. Pero a veces un paseo junto al agua, aunque sea un río, aunque sea un estanque en un parque, consigue lo que no consiguen horas de pantalla: devolver un poco de calma.

El color de las banderas

El azul tiene además un lugar propio en las banderas de la diversidad. En la bandera del arcoíris de seis franjas que se popularizó a finales de los setenta, el azul representa la serenidad y la armonía. En la bandera trans, el azul claro comparte espacio con el rosa y el blanco. En la bandera bisexual, una franja azul se encuentra con una rosa y entre ambas aparece el lavanda.

Me gusta que el color del mar y del cielo forme parte de esos símbolos. Es como si cada bandera llevara dentro un trozo de horizonte. Y en una canción como «Madrid to Benidorm», que pide bailar bajo el arcoíris de punta a punta del país, el azul del final no contradice los colores del principio: los completa.

Bañarse en octubre

Hay una costumbre que mucha gente del interior no entiende hasta que la prueba: bañarse en el Mediterráneo fuera de temporada. En octubre, en noviembre, incluso en pleno invierno, cuando las playas están casi vacías y el agua conserva todavía algo del calor del verano. El azul en esas fechas es distinto, más limpio, más silencioso. No hay sombrillas ni música de chiringuito. Solo el rumor de las olas y algún paseante con su perro.

Entrar en ese mar es un pequeño acto de valentía. El primer contacto con el agua fría corta la respiración. Pero después llega una sensación de claridad que pocas cosas dan. Quienes lo practican hablan de cómo les despeja la cabeza, de cómo les ayuda a empezar el día.

El Mediterráneo como refugio

Para muchas personas LGTBI del interior de España, la costa mediterránea ha sido históricamente un refugio. En los años sesenta y setenta, cuando la homosexualidad se perseguía por ley, algunas localidades turísticas se convirtieron en lugares donde, gracias a la llegada de visitantes extranjeros y a cierta tolerancia de facto, se podía vivir con un poco más de libertad que en otras partes.

Ese pasado convierte la ruta de la canción en algo más que unas vacaciones. Ir del centro a la costa fue, para muchos, ir del armario a la orilla. Huir de las miradas del pueblo o del barrio para encontrar, junto al mar, una comunidad. Hoy esas mismas ciudades celebran sus propios desfiles del Orgullo, con carrozas que recorren el paseo marítimo bajo el sol.

«Madrid to Benidorm» une las dos cosas: el orgullo de la capital, con su manifestación multitudinaria cada verano, y el orgullo de la costa, más playero, más festivo. Del asfalto a la arena, siempre bajo el arcoíris.

El cielo tan ancho

Vuelvo a ese verso: los cielos de España tan anchos. Quien ha vivido en la meseta conoce bien esa anchura. El cielo de Castilla es enorme, sin montañas que lo corten, sin edificios altos que lo tapen en buena parte de su extensión. Un azul inmenso que en verano se vuelve casi blanco de tanta luz y en invierno se pone limpio, frío, de un celeste cortante.

Mike Sain't Louis con gorra junto a un brocal de piedra con un planeta rosa reflejado, al lado del verso «In love’s great ocean, we'll ride the tide.» de «Madrid to Benidorm»

Ese cielo tiene algo de promesa. Bajo un cielo tan amplio cabe todo el mundo. Y la canción lo usa precisamente así, como imagen de una unión sin límites: todos juntos, codo con codo, bajo el mismo azul. Por cada corazón al que se le negó algo, dice la letra. Bajo ese cielo hay sitio también para ellos.

Lo que guarda el agua

El mar, además de belleza, es memoria. En sus fondos hay barcos hundidos, ánforas romanas, restos de civilizaciones enteras. Y en sus orillas hay historias personales: el primer baño de la infancia, el verano en que alguien se enamoró, la última vez que se vio a una persona querida.

Pienso en todas las personas que han llevado al mar sus secretos. Que se han sentado en la arena a llorar porque en casa no podían hacerlo. Que han escrito un nombre en la orilla para que lo borrara la ola. El azul del mar ha sido confidente de muchísimas vidas escondidas.

Una marea distinta

Mike ha contado que durante cerca de veinte años vivió dos relaciones, una tras otra, con hombres narcisistas que le maltrataron psicológicamente. Al romper el silencio comprobó que ellos habían sembrado la desconfianza entre gente de su entorno, y muchos se apartaron. Pasó por momentos en los que estuvo muy cerca de suicidarse. Ahora le siguen especialistas en salud mental, que le han diagnosticado un trastorno de estrés postraumático, depresión mayor grave, ansiedad, fobia social y trastorno de la personalidad por evitación. Una canción tan luminosa como esta nace también de alguien que conoce bien los mares grises.

Si tus días se han vuelto de ese gris del volcán y no ves la manera de que cambien, no tienes que esperar a la tormenta perfecta para pedir ayuda. Cuéntaselo a alguien cercano o acude a tu centro de salud. Si se te pasa por la cabeza quitarte la vida, en España el 024 está disponible a cualquier hora del día y de la noche, es gratuito y confidencial. Y si el riesgo es inmediato, el 112.

Llevarse el mar a casa

El vídeo completo de «Madrid to Benidorm», con su turquesa aéreo y su ola gigante, puede verse en su página. La canción está también en Spotify. «Pura magia», «Barcelona» y «Dark Corners» tienen cada una su ficha, y el resto de canciones espera en el catálogo.

Todo se puede descargar sin pagar, sin registrarse: en la tienda de gayfolkplanet.com y en la página de descargas de mikesaintlouis.com. Quien prepare un reportaje encontrará material en prensa.

Mar adentro

Vuelvo al primer plano, el del vuelo sobre el agua. El turquesa sobre las rocas, las franjas cada vez más hondas, el horizonte donde el mar y el cielo se confunden. Desde esa altura no se distingue dónde termina un azul y empieza el otro.

Quizá esa sea la imagen que mejor resume los azules de Planeta Gayfolk. Un color que cambia constantemente, que puede ser fiesta o tristeza, refugio o tormenta, pero que siempre está ahí, esperándote al salir de la curva. Y una canción que propone algo muy sencillo: dejar atrás la meseta, llegar a la orilla y meterse en el agua con quien quieras, aunque venga la ola.

Preguntas frecuentes

¿Qué azules aparecen en el vídeo de «Madrid to Benidorm»?

Un mar turquesa visto desde el aire con rocas bajo el agua, una bahía con barcos blancos, una playa con palmeras y bañistas diminutos, y en la parte final un mar gris y revuelto con un volcán humeante y una ola enorme que estalla en espuma.

¿De qué habla «Madrid to Benidorm»?

Es una canción de orgullo LGTBI en inglés que recorre España del interior a la costa: bailar bajo el arcoíris, unirse frente a las tormentas, borrar los miedos con los colores del amor y navegar juntos en un gran océano.

¿Qué otras canciones de Mike Sain't Louis tienen el azul como protagonista?

«Pura magia», en portugués, habla de un mar de neón bajo la luna; «Barcelona» transcurre en una noche de luces sobre la ciudad; y «Dark Corners» se mueve entre la penumbra azulada de los rincones oscuros.

¿Dónde puedo escuchar o descargar estas canciones?

Todas tienen ficha en gayfolkplanet.com para oírlas de principio a fin. Las descargas son gratuitas en la tienda de esa web y en la página de descargas de mikesaintlouis.com, y además están en Spotify.

¿Qué puedo hacer si llevo tiempo con el ánimo por los suelos?

Si la tristeza dura semanas y te quita las ganas de hacer cosas, puede ser una depresión, y tiene tratamiento. Pide ayuda a tu médico o a un psicólogo. Si piensas en suicidarte, en España el 024 atiende gratis y a todas horas; si la vida de alguien corre peligro ahora, llama al 112.

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