Relaciones tóxicas
Esquela, velatorio y cinta de la corona: «Un puñetazo al día», orden del funeral de un matrimonio
Por Mike Sain't Louis ·

En los periódicos de antes había una página entera de esquelas. Recuadros con una cruz arriba, las letras D.E.P., el nombre del difunto en mayúsculas, la fecha, y debajo la lista de los que lo lloraban: su desconsolada esposa, sus hijos, hijos políticos, nietos, hermanos y demás familia. Al final, la información práctica. El velatorio será en tal tanatorio. La misa, en tal parroquia. No se admiten flores, o sí.
Es uno de los géneros literarios más rígidos de España. Nadie inventa nada en una esquela. Todo tiene su orden.
«Un puñetazo al día» escribe una esquela que rompe todas las reglas. El difunto está vivo. La viuda es un exmarido. El velatorio es en un bar. Y en lugar de misa hay jarras de cerveza.
«Hoy estoy celebrando un entierro en Madrid con mi mejor amigo y casi hermano»
Así empieza una de las letras más largas y desbordadas de todo el catálogo. Una canción de más de siete minutos y medio que es, en realidad, un funeral completo, con todas sus partes: la corona, el velatorio, el llanto, el responso, los recuerdos, las cuentas pendientes y la despedida.
Una advertencia antes de entrar al tanatorio. Todos los nombres de la letra son personajes inventados del universo GAYFOLK. El exmarido, los amigos de la barra, todos. Ficción de principio a fin, aunque el dolor que cuenta sea de verdad.
El planeta ha preparado el programa del funeral. Por orden, como mandan los cánones.
La esquela
Si alguien redactara la esquela de esta canción, quedaría algo así.
D.E.P. Siete años de matrimonio. Fallecidos en Madrid, sin recibir los santos sacramentos ni falta que hacía. Su exmarido, que no le llora más que esta noche, y sus amigos del alma, que no le olvidan porque no le pueden ni ver, comunican que el velatorio se celebrará en un antro de los de toda la vida. Se ruega traer cerveza. No se admiten pésames hipócritas.
La canción no lo dice así, claro. Pero lo dice en otro verso que es casi una esquela de verdad:
«esta noche vamos a celebrar el entierro de mi exmarido y los años que me ha robado»
Fíjate en lo que se entierra. No solo al exmarido. También los años. Esa es la parte de la esquela que nunca se escribe: lo que se lleva el difunto. Y aquí la letra hace la cuenta exacta. Siete años. De todo eso, lo que ha quedado, dice, es «un vacío tan frío en esta casa».
Las relaciones largas no se acaban de golpe. Se acaban con papeles, con mudanzas, con cajas de cartón. Pero nadie te organiza un funeral. No hay velatorio para siete años de vida compartida. No hay día marcado para llorar en público.
La canción se lo inventa. Y lo inventa a lo grande.
La corona en el maletero
En los entierros de España, las coronas de flores llegan al tanatorio en furgonetas de floristería. Grandes, redondas, de claveles o de gladiolos, con una cinta morada o blanca cruzada en diagonal y un mensaje en letras doradas: «Tus amigos no te olvidan». «Tu familia». «Tus compañeros de trabajo».
En esta canción, la corona viaja en el maletero de un coche. Y el momento en que aparece es de los mejores de la letra:
«Y mira, Ismael, lo que tengo en el maletero del coche. / Montalvo suelta: "Será un cadáver". / Carcajada.»
Ahí está el humor negro que sostiene toda la canción. Un amigo abre el maletero, el otro bromea con que dentro hay un muerto, y todos se ríen. Y la siguiente línea es casi un aplauso: «Isidro ya tardaba». Como si el amigo gracioso del grupo tuviera la obligación de soltar la burrada, y todos estuvieran esperando el momento.
Luego llega la explicación: es una corona de flores. Para el entierro. Del exmarido.
Me encanta que la letra no diga qué pone en la cinta. Cada oyente la escribe a su gusto. «Tu ex no te olvida, por desgracia». «Con cariño, el que fregaba». «Siete años, ni uno más».
El velatorio en el antro
Los velatorios de ahora se hacen en tanatorios, con salas numeradas, sofás de skay, máquinas de café y una pantalla en la entrada con los nombres de los difuntos del día. Los de antes se hacían en casa, con la familia sentada alrededor y las vecinas trayendo tortilla.

El de esta canción se hace en un bar:
«en ese antro por el que parece que no pasó el tiempo, y donde siempre hay gente»
Todo el mundo tiene un sitio así en Madrid. El bar que no ha cambiado nada en veinte años. El mismo camarero, la misma tele en la esquina, la misma luz amarilla, la misma gente en la barra. Un sitio donde el tiempo se ha quedado quieto, y por eso es perfecto para un velatorio: los muertos, en los sitios así, siguen un poco vivos.
Y en ese antro esperan los amigos. Haciendo bromas, como siempre. Con un abrazo de verdad. Y unas lágrimas que, dice la letra, «han empezado a brotar».
Esa es la verdad de los velatorios, por cierto. En todos se llora y en todos se ríe. Hay un momento en que alguien cuenta una anécdota del difunto y la sala entera se ríe, y luego vuelve el silencio. La canción hace exactamente eso, una y otra vez.
Los amigos que cargan el féretro
En los entierros, los amigos más cercanos cargan el ataúd. Es un honor y una prueba de cariño.
En esta canción, el féretro lo cargan dos amigos con nombre y apellido, que la letra presenta con un cariño desbordante:
«Tengo al grande de los grandes aquí al lado»
Y al otro, que bebe una jarra de cerveza «tan despreocupado», lo llama «el genio de los genios». Uno a punto de soltar otra genialidad. El otro mirándole, ya acostumbrado.
Son personajes de la canción, inventados como todo lo demás, y su función en el funeral es la de los mejores amigos en cualquier entierro: sostener. No dan consejos. No dicen «ya encontrarás a otro». Están ahí, con la cerveza en la mano, haciendo bromas cuando hace falta y callándose cuando hace falta también.
Uno de los nombres, además, se pasea por más canciones del catálogo, como «El concierto de Ismael Serrano». Es una de esas figuras recurrentes del universo GAYFOLK que aparecen y desaparecen como los vecinos de una serie. En esta, le toca el papel de amigo del alma.
El responso: siete años
En los funerales, el cura dice unas palabras sobre el difunto. Un responso. Un repaso de su vida.
El responso de esta canción es corto y demoledor:
«Hoy vamos a olvidar lo mal que me ha tratado. / Hoy vamos a olvidar que después de siete años, / de todo eso lo que ha quedado es un vacío tan frío en esta casa.»
Siete años. Es un número que pesa. No es un rollo de verano ni una relación de dos meses. Son siete cumpleaños, siete veranos, siete Nochebuenas. Es un piso compartido, una rutina, unos animales en casa, unos amigos en común. Es una vida entera que se ha construido entre dos y que de repente queda vacía.
Y lo que la letra elige destacar de todo eso no es lo que pasó, sino lo que quedó: el frío. Un vacío frío en la casa. Esa es la imagen más precisa que conozco de una ruptura larga. No es el ruido de la pelea. Es el silencio de después. La otra mitad del armario vacía. Su taza en el escurridor que nadie usa.
El llanto estirado
En la letra escrita hay algo que no se puede pasar por alto. Algunas palabras están estiradas, con las vocales repetidas una y otra vez:

«aunque ahora mismo estoy llooooooooooooraaaaaaandoooooo»
Y también «taaaaaaaaanto», varias veces. Es la forma de escribir un llanto de verdad, de los que se alargan y se rompen, de los que no caben en una sílaba.
Es también un gesto muy de copla, muy de plañidera. En los entierros de los pueblos había mujeres que lloraban a gritos, alargando las palabras, como si el dolor tuviera que ocupar todo el espacio de la iglesia. La canción recupera ese llanto teatral y lo pone en un bar de Madrid.
Y lo hace sin vergüenza. Que es lo importante. Porque a los hombres, durante mucho tiempo, se les dijo que no lloraran. Y aquí hay un hombre llorando por otro hombre con todas las vocales del mundo.
El puñetazo diario
Llega el título. La imagen central de la canción:
«Esto es peor que día tras día te den un puñetazo»
Un puñetazo al día. No uno fuerte y ya. Uno cada día, todos los días, sin descanso. Esa es la forma en que la canción describe el dolor de una ruptura así. No como un golpe, sino como una rutina del golpe.
Y al final de la letra hay un verso que lo hace todavía más duro:
«Y no me acordaba cuánto dolía que te den un puñetazo al día. / Pensaba que eso era parte del pasado y ya estaba superado.»
Es decir: no es la primera vez. El narrador ya conocía ese dolor de antes. Creía que lo había dejado atrás. Y vuelve. Esa es la parte más triste del funeral: descubrir que el dolor que creías enterrado tenía otra tumba preparada.
El planeta tiene escrito sobre cómo superar una ruptura, y una de las cosas que más se repiten es esa: las rupturas no se superan en línea recta. Vuelven. Te pillan en el supermercado, en una canción, en una foto. Y te dan otro puñetazo.
Las pesas de trescientos kilos
Hay una imagen en la letra que parece sacada de una película de mafiosos:
«Porque me has dejado atado, en los tobillos, dos pesas de trescientos kilos, / y después me has tirado al mar. / Nunca se supo más.»
Es la forma de hacer desaparecer a alguien en las películas de gánsteres: los pies en cemento, al agua, y nunca más se supo. La canción la usa para contar lo que se siente cuando alguien te deja sin explicación. No hubo una conversación sincera. No hubo esfuerzo. Te ataron y te tiraron.
Y la pregunta que viene justo antes es la que duele de verdad:
«¿Pero por qué después de taaaaaaaaanto tiempo juntos no te has molestado ni siquiera en hacer el esfuerzo de haber sido sincero?»
Esa es la herida. No que se acabara. Que se acabara así. Sin sinceridad. Con las pesas y el agua fría.
Del mito al vómito
Y entonces, en mitad del drama, llega una de las rimas más famosas del proyecto:
«y en ese momento el mito se convierte en vómito por pensar con el pito»
Mito, vómito, pito. Es una rima absurda, de chiste de patio, y por eso funciona tan bien. Porque es exactamente lo que pasa cuando se cae una idealización. La persona que tenías en un altar se convierte, de un día para otro, en algo que te da náuseas. Y la causa, según la letra, es muy poco elevada.
La frase se ha convertido en un pequeño lema dentro del universo GAYFOLK. El diario del planeta le ha dedicado incluso otra lectura en de mito a vómito. Y la letra insiste en la idea con un detalle muy concreto: «Es mirar tus fotos y me sale solo el vómito».
La barba teñida y la mirada azul
Los velatorios tienen un momento para mirar las fotos del difunto. Las que se ponen en un marco al lado del ataúd. Las que la familia elige para recordarle en su mejor momento.

La canción también mira las fotos. Pero no las de su mejor momento:
«Solamente es ver esa barba teñida, junto a una mirada azul, más falsa aún. / Es que esa mirada que en su día era maravillosa, hoy me resulta asquerosa.»
La barba teñida es un detalle cruel y perfecto. Es lo que se maquilla, lo que se disimula, lo que se arregla para parecer otra cosa. Y la mirada azul, que antes era maravillosa, ahora es falsa. Los mismos ojos. Otra forma de verlos.
Eso es lo que hace el final de una relación: cambia el significado de todo lo que antes amabas. No cambia la cara del otro. Cambia la tuya mirándola.
Fregar y cuidar a los animales
En los velatorios también se habla de lo que hacía el difunto. De sus aficiones. De su día a día. La letra lo cuenta con una ironía amarguísima:
«Nosotros nunca estábamos en crisis, porque se iba de cruising, / mientras yo en casa, fregando y cuidando a los animales. / ¡Fliping!»
Crisis, cruising. Otra rima de esas que hacen reír y escuecen a la vez. Nunca había crisis porque uno de los dos estaba fuera de casa, de ligue, y el otro estaba fregando. La paz del hogar como coartada.
Y ese «¡Fliping!» final, en spanglish, es una exclamación de amiga escandalizada. Es lo que diría cualquiera al oírlo en la barra del antro. Alucinando. Flipando. Con la boca abierta.
El aparte del sarro
En todo funeral hay un momento íntimo. Alguien se acerca al ataúd y dice algo en voz baja que solo es para el difunto.
La canción tiene su aparte. Y es de lo más camp de todo el catálogo:
«Ah, se me olvidaba, y esto entre tú y yo, ahora que no nos escucha la gente: / lávate los dientes y hazme caso, que tienes mucho sarro»
En mitad del entierro, con la corona, las lágrimas y las cervezas, el narrador se acerca y le da al ex un consejo de higiene dental. Que tiene sarro. Que tiene los dientes amarillos. Que nunca escucha lo que le dice.
Es el colmo. Es lo más ridículo y lo más humano que se puede decir en un momento así. Porque después de siete años, lo que queda no son solo los grandes reproches. Son también las pequeñas manías. La pasta de dientes que no se usaba. Lo que le dijiste cien veces y nunca hizo caso.
En el camp del planeta, esto es oro. La tragedia y la odontología en la misma frase.
Mojo o gofio
Antes del final, la letra se va a Canarias. Y trae un apodo que ya conocen los habituales del catálogo:
«Y sabes qué te digo, marrano de El Médano, que te cuides ese pito, / por mí como si lo metes en mojo o mejor gofio, lo que prefieras.»
El marrano de El Médano aparece en más canciones del universo GAYFOLK, y aquí recibe su despedida con salsa canaria. Mojo o gofio. Lo que prefiera. Es una forma soez y muy divertida de decir que ya da igual lo que haga, con quién y cómo.
Es exagerado, es grosero y es muy gracioso. Porque la rabia también tiene derecho a ser graciosa. Y en un funeral así, sin una carcajada de vez en cuando, no se aguanta.
Karma
Y todo desemboca en el estribillo. Estirado hasta el infinito, como el llanto:

«Que todo llega, y se llama KAAAAAARMAAAAAA»
Es el final de todos los funerales del planeta. No se le desea mal a nadie. Simplemente se recuerda que las cosas llegan. Que lo que se hace, vuelve. Que no hace falta vengarse cuando el universo lleva su propia contabilidad.
Y lo de estirar la palabra es un gesto de diva. Es la nota larga del final de la copla, la que se sostiene hasta que se acaba el aire. Karma, con todas las aes del mundo.
Los pésames que sobran
En todos los entierros hay una fila de gente que se acerca a dar el pésame. «Te acompaño en el sentimiento». «Lo siento mucho». «Era tan buena persona». Algunos lo dicen de corazón y otros porque toca.
En este funeral no hay fila. No hay conocidos de compromiso, ni compañeros de trabajo que vienen diez minutos, ni primos lejanos que preguntan por la herencia. Solo están los que tienen que estar: el mejor amigo y casi hermano, el que suelta las burradas y el que le mira acostumbrado. Y eso también lo dice la canción sin decirlo. Que cuando se acaba algo grande, el círculo se reduce. Y que los que quedan dentro son los que valen.
Hay una frase en la letra que lo resume: «Y aún no nos hemos emborrachado». Como si la noche acabara de empezar. Como si lo importante no fuera el muerto, sino quedarse juntos hasta tarde.
Ningún pésame consuela tanto como una mesa de amigos que no se va.
La cinta de la corona: el disco
Para los que quieran mandar flores, estos son los datos del tanatorio.
La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», uno de los tres discos de la trilogía GAYFOLK. Tiene un videoclip oficial de más de siete minutos y medio, que es lo que dura un buen velatorio en un antro.
Antes va «El señor Garrison», y después «Dreams Drift Afar», que llega como la calma suave de después del entierro, cuando ya se ha ido todo el mundo y solo queda el olor de las flores.
Información práctica
La letra de «Un puñetazo al día» es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que la escribió sin IA. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno. En la sección de prensa está todo explicado.
Se escucha en Spotify y en el resto de plataformas, y se descarga gratis desde la web.
Y si necesitas cerrar algo a lo grande, ya sabes: corona de flores, amigos de verdad, un antro donde no pase el tiempo y una jarra de cerveza.
Misa de cabo de año
En España, al año de un fallecimiento, se celebra la misa de cabo de año. Se vuelve a reunir la familia, se recuerda al difunto y, en cierto modo, se da por cerrado el luto.
La canción no llega a esa misa. Se queda en la primera noche, la del velatorio, la del llanto y las carcajadas. Pero deja la puerta abierta. Porque el verso que dice que «todo llega» también vale para lo bueno. También llega el día en que ya no duele. En que ves una barba teñida por la calle y no piensas en nadie. En que el antro sigue siendo tu bar, y no el sitio donde enterraste a tu ex.
Ese día habrá que volver. Con los mismos amigos. Con otra jarra.
Y sin corona.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Un puñetazo al día»?
De celebrar el entierro simbólico de un matrimonio de siete años. El narrador lleva una corona de flores en el maletero a un antro de Madrid donde le esperan sus amigos, y lo que se entierra es al exmarido, que sigue vivo.
¿Los personajes son reales?
No. Los nombres que aparecen en la letra, el exmarido y los amigos del velatorio incluidos, son personajes de ficción del universo GAYFOLK.
¿Tiene videoclip?
Sí. Tiene videoclip oficial, de más de siete minutos y medio, en la web y en YouTube.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.